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R.O.L. Beta

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26 Re: R.O.L. Beta el Jue Ago 07, 2014 12:54 am

DALIA




Lagrimas cruzaban mi cara, e Ítalo apareció para consolarme. Estaba transpirada, en parte por mi sueño y en parte por el aire denso que pegaba mis nuevas ropas a mí. Ropas limpias, de clase, que Aldara me había comprado muy amablemente con su dinero luego de que llevara una remera desgarrada por una araña desde el comienzo de nuestro viaje. Pensando en ese aire pesado, mire hacía los cielos y aprecie, entre nubarrones oscuros y calurosos, que estaba por amanecer.

Mierda –Fue mi primer pensamiento.

Había jurado no dormir. Me lo había prometido, y fue en vano. Falle en cumplir la voluntad que me había impuesto, no pude correr la mirada a mis sueños y ahora… Lo sabía.

Carajo… –Balbucee, y hundí mi rostro entre las piernas. Me había levantado, apenas, pero sin salir de mi manta. Lang nos había comprado mantas a todos, pero yo no quise aceptar. La manta que tenía había sido de mamá… y ahora me aferraría a ella con más fuerza que nunca.

Dalia, ¿qué paso? –Pregunto Ítalo, apoyando sus manos en mis hombros por detrás. Normalmente, me hubiera corrido de un salto, insegura. La mañana en la casa de Wendagon, nuestro señor de tierras, me vino a la mente. También había reaccionado así esa mañana al contacto con otros. Sin embargo, en esa oscuridad pronunciada por las nubes, donde solo éramos siluetas… Me pareció bien aceptar esa silueta. Éramos un grupo. Compartíamos nuestras ganancias. Eso era como una familia… Una familia.
Solo podía llorar, pero logre articular unas palabras.
Era papá… Mi padre murió.

Ítalo se sacudió, y sin poder evitarlo sus siguientes palabras no pudieron ser más desubicadas.
A-Ah… ¿Entonces no era nada sobre nuestros enemigos?
Me gire hacía él, furiosa. Por supuesto, las sombras no me dejaron distinguir nada entre su rostro. Sacudida por una ola de soledad, me sentí impulsada a arrojarme entre sus brazos… Pero entonces se escucho la voz de Lang entre los pastos.

El pistolero se había acostado contra la carreta para dormir, el vehículo que ahora usábamos para desplazarnos comprado también con su dinero.
Eh. ¿Está todo bien?

Se paro, y se acerco a nosotros. Yo también me senté apropiadamente, saliendo de una vez de la manta. Cregh, Aldara y Malo aun dormían, pero en ese momento bajar la voz parecía lo menos importante del mundo. Empecé a hablar.

Yo… sabia que esto iba a pasar. Mi padre estaba gravemente enfermo, y yo me ocupaba de cuidarlo todos los días. Al aceptar marcharme, venir hasta aca, supongo que sabía que esto podía pasar… Que aceptaba–Mi voz fallo, teñida por el dolor. Use un momento para recomponerme antes de seguir—. Eh… Ya había tenido un sueño sobre mi hogar hace unos días. Toda la casa se veía cubierta por un hilo de oscuridad, y quise engañarme sobre lo que podía significar eso. Pero después del sueño de esta noche… De ver su cuerpo… Es claro lo que representaba ese vacío oscuro. Y me explica otro sueño más. Un sueño del distrito privado de la capital Veringrad… Diciendo que también Wendagon está muerto.

Ítalo se sacudió, y Lang pareció tomarse su túnica a la altura del pecho.

Huh… vaya. –Dijo Lang, inseguro de cómo proceder, e intercambiando una mirada en la oscuridad con Ítalo—. ¿Queres, uh, hablar con alguien sobre tu perdida o algo así?
Creo que ahora solo quiero estar sola.
Uh, bueno, podría hacer algo para comer.

Lang corrió a unos pasos del campamento, recogiendo varias ramas para hacer un fuego en el mismo lugar donde había muerto el anterior. No tardo en volver y, mientras se levantaba Aldara, empezó a sacudir dos ramas entre sí con la esperanza de que apareciera alguna chispa.

Note que Aldara se me acercaba.
Hey, Dalia… ítalo me conto lo que paso y pensé que quizá hablar de ello te facilitaría las cosas…
Está bien. Yo acepte que causaría esto al venir aca, Aldara. –Balbucee. Las lágrimas habían parado; en ese momento era como si no pudiera sentir nada. Aldara se altero, preocupada.
Eso no es…
—Eh, vagabundo, ¿qué haces? –Interrumpió Cregh, apareciendo de pronto entre el grupo—. No tiene sentido comer algo ahora. Vamos yendo de una vez que esta por llover.
Hubo un momento de silencio entre todos por el cambio de tono.
Lang miro a Cregh, irritado.
Tene un poco más de tacto, vos… –Y sin darse cuenta, movió las ramas con aun más fuerza y logro prender el fuego. Se dio vuelta hacía él—. ¡Ah! Muy bien.

Pero entonces sonó un trueno, y como en una cascada una lluvia torrencial nos baño a todos. El fuego se apago al instante.
Cregh, aun medio dormido, solo se sacaba una lagaña de los ojos.
—¿Ves? ¿Qué te dije? Vamos yendo a la carreta.



Y así, pronto estuvimos en marcha una vez más. Pudimos meter todas las mantas adentro antes de que se arruinaran, y los caballos aceptaron el agua con dignidad, sin perder el control. Cruzábamos las montañas, que se levantaban siempre en el horizonte como en un bosque, pero también se veían bañadas de negro por culpa de esas nubes.

Vaya –Exhalo Ítalo, mirando hacia afuera—, es la última despedida del invierno. –Entonces se dio vuelta al resto—. Los mares deberían estar cálidos y resplandecientes cuando los crucemos.
Sonreí, sin animó. Aldara seguía queriendo hablar, pero le pedí que dejara de insistir.

¿Qué sentido tenía, pensé, todo lo que estaba haciendo? ¿Sí estaba realmente escrito que todos siguiéramos ese viaje, si era acto de Destino, como podía conllevar que mi padre muriera? Parecía todo un gran chiste, y simplemente no podía entender esa mirada de determinación en Ítalo desde que nos habíamos despedido de su primo.

—De verdad queres llegar ahí, ¿no? –Comento Cregh al arquero.
Sí. Siento que por fin tengo algo claro; tenemos que ir a esa ciudad.
Sus palabras parecían llenas de buenas promesas, pero el tono con el que continuo hablando Lang fue mucho menos alegre.
Pero esta toda esa gente con la que nos estuvimos encontrando. Esos monstruos.
Es verdad… ugh. –Dijo Aldara, claramente recordando por lo que había pasado en Craster.
El cuervo decía que quería despertar a su deus… El demonio del Oeste. –Dije en voz baja—. Y durante el festival apareció junto al humano con las pistolas, así que…
Sí. –Dijo Lang—. Junto a esa criatura de la armadura negra, diría que es seguro que trabajan juntos.

Ítalo, que había tenido la cabeza gacha durante ese intercambio, de pronto miro hacía nosotros.

Esto es algo que solo se dice entre los miembros de mi familia, así que no había creído prudente mencionarlo entre todos. Pero después de hablarlo con mi primo, creo que todo cuadra…
—Ítalo, ¿qué pasa? –Dijo Cregh.
Es una antigua profecía. Está escrito que, bueno, mi familia ya se encontró con el demonio del Oeste hace tiempo… y hay una profecía sobre el momento en que este demonio va a volver a despertar y como diez personas van a estar involucradas. Y cuando le comente a mi primo eso que nos había dicho el cuervo, ese “Testamento del Oeste” en el que parecen creer esas criaturas, todo pareció coincidir.
¿Estás diciendo que hay varias escrituras sobre este demonio despertando? –Murmuro Lang—. A mí eso no me parece muy bueno.

Ítalo sonrió con una soltura que no estaba acostumbrada a ver en su cara; una soltura que parecía haber tomado prestada de su primo Marco.

Pero la profecía también habla de “elegidos” que detienen este alzamiento. No hay de qué preocuparse.
Malo gruño, de forma enigmática. Casi parecía divertido.
Lang, no muy entretenido por toda esa charla idealista, carraspeo y enseguida volvió a poner la conversación en rumbo.
Claro, bueno. Entonces, si está prácticamente “escrito” que vamos a volver a encontrarnos con esta gente, es importante que no nos separemos.
El tipo negro; a mí me levanto en el aire cuando estábamos con Ítalo. –Dije—. Creo que fue magia; se sintió como cuando Cregh nos transporta y su magia toca mi piel.
—Magia, ¿eh? –Dijo Cregh, despreocupado—. Entonces yo voy a poder ocuparme de él.
Y yo –Dijo Ítalo, levantando un pergamino violeta de entre sus pertenencias—. También vine preparado. Esto puede repeler un hechizo que haría que todo el oxigeno a nuestro alrededor se convierta en fuego en un segundo; es decir, muy poderoso. Estoy seguro de que va a sernos útil cuando más lo necesitemos y hasta nos salve la vida.

El ambiente de lluvia no llegaba a ser molesto; sin embargo, el terreno rocoso y con pocas hierbas y arboles no ayudaba a los caballos, que sumado al temporal se veían muy ralentizados. Después de medio día de viaje, hubo que acudir finalmente a la solicitud de que Cregh nos transportara a todos hacía la ciudad puerto.

El hechicero suspiro.

—Los caballos, la carreta, el equipaje y todos nosotros… Sería mucho que transportar. Para evitar que cayéramos en cualquier lado y perdiéramos a los caballos… Como ocurrió la última vez que intente transportarlos, buenos dioses, supongo que podría… –Cregh hizo unos cálculos en su cabeza—. Podría prometer dejarnos fuera de la región de las montañas, o incluso después de Notio, a medio camino entre esa ciudad de paso y Havenstad.
Era un buen negocio. Lang paro a los caballos, esperamos a que la lluvia bajara un poco, y el mago puso en efecto su magia.



Cuando el aura blanca desapareció de nuestro alrededor, nos encontrábamos en un bosque. Como la última vez que nos movió con caballos… pensé desairada, pero esta vez todo parecía estar bien. Nuestro equipaje estaba revuelto, sí, y el suelo era más bajo en esa zona así que la carreta tuvo que “aterrizar”… Pero todos estábamos enteros.

Salimos de la carreta un momento y reconocimos el terreno.

¿Y el camino? –Pregunto Ítalo, ansioso.
—Nos moví hacía adelante donde estábamos, hacia el norte, no siguiendo el camino –Escupió Cregh, con la dignidad de quien espera un agradecimiento—. La carretera debería aparecer si nos movemos apenas un poco hacía el Oeste. Si todo salió bien, ya pasamos Notio.

Como si de hecho estuviera agradecido, Malo se le acerco y maulló un par de veces. Entonces hablo Lang:

Perfecto, puede que esto nos haya ahorrado una semana de viaje. –El hechicero se lo quedo viendo, a lo que el pistolero suspiro mirando al cielo—. Es decir, gracias.

Mirando al cielo a mi vez, note que estaba despejado. Le habíamos ganado a la tormenta; íbamos a recibir su llegada en Havenstad.

Ahora en un bosque, los caballos podían comer algo. Sin darles el gusto por demasiado tiempo, Lang pronto nos tuvo a todos arriba de la carreta, espoleo a los animales y partimos a realizar el trecho final hacía la ciudad, su puerto, el límite del continente… y nuestro siguiente paso para alcanzar el continente del Oeste, hogar de los bichos.

Como Cregh había dicho, encontramos el camino rápidamente, y así es que estuvimos encaminados correctamente.

Con el sol radiante, todo parecía un poco más alegre, e incluso llegue a olvidar lo que había soñado e ilusionarme porque íbamos a ver el mar. Lang, sin embargo, se veía serio.

Malo no huele… Es decir, temo que el cuervo no esté por aca; quizá podamos pasar nuestra estadía sin problemas después de todo.

Sin embargo, como respondiendo a eso, una explosión de luz ilumino el bosque a nuestra derecha; alguien acaba de ser transportado a ese lugar, como nosotros aparecimos en el bosque. Entonces un pie se asomo entre dos troncos… y el pistolero humano se mostro frente a nuestra carreta.

—¡Ah! –Exhalamos todos, saliendo de la carreta a los saltos. Ítalo y yo nos miramos: ¿Cómo podía ser? Lo habíamos matado en Craster. Lang lo apunto con su revólver.

El enemigo se mostro cordial. Sin sacar las armas, sin apenas moverse, con la cabeza gacha dijo:

No esperábamos. Encontrarlos de nuevo. Pero. Su ruta. Parece clara.
Ítalo me miro de nuevo. Su forma de hablar… Algo era extraño.
Si. Realmente. Viajan hacia el viejo continente… Esta es la última oferta. Dejen de. Avanzar… Ahora.

Lang escupió al piso. Aldara se movió para tomar algo en su cintura. Cregh tenso las manos.

Al ver que no obtenía respuesta de nuestra parte, el humano volvió a hablar.

Muy. Bien. Entonces. La entrada del puerto será. Donde el. Mago. Los. Matara.

Y tras pronunciar todo esto lentamente, cubierto por las sombras de los arboles bajo los cuales estaba, tomo algo en su túnica, se puso eso en el dedo y desapareció.

Ítalo, enfurecido, casi deja disparar la flecha que había tensado. Aunque ni siquiera lo había visto cuando movió la mano para buscar esa flecha. Todos dejamos salir el aire.

Cielos… ¿Qué… Qué paso? –Dije.
—Vino en una luz blanca, pero se fue con el anillo –Murmuro Cregh—. El mago debe haber sentido nuestra magia cerca y tuvo que usar un hechizo para que el pistolero apareciera en la fuente de esa magia. Después se fue con ese puto anillo…
¿Pero qué mierda es ese anillo? –Mascullo Ítalo.
—Yo solo… no sé. Podría haber varias explicaciones… pero no sé. Tendría que tener una fuente de magia enorme para construir solo uno de esos.
Note que Aldara estaba algo agitada, al ver a su raptor. Le puse una mano en el hombro y trate de formular una sonrisa… Sin embargo, en ese momento pensé en la amenaza que habíamos recibido y mi mirada solo se ensombreció.
¿Y qué hay de lo que dijo…?
Un mago nos va a matar, ¿eh? –Lang se revolvió el pelo mientras pensaba—. Qué carajo… Al final teníamos razón, ese tipo de negro era un mago. Qué carajo.
—¿Creen que realmente nos esté esperando en la entrada de la ciudad? –Dijo Cregh.
Ítalo aun no había guardado su flecha, y jugueteaba con ella atravez de su arco.
Va a haber que considerarlo como una posibilidad –Dijo.
Pues muy bien. –Apreté los dientes, y mi espada negra.
Bien. –Dijo Aldara, mostrando un brillo en sus ojos… una tempestad.
Esta vez nos preparamos para ellos. Esta vez puede ser nuestro turno de causar un daño.
Va a ser mejor que dejemos la carreta. –Dijo Lang—. Podemos venir a buscar nuestras cosas después, y no podemos estar a demasiados pasos de la ciudad. El mago podría hacerles algo a los caballos si entramos con ellos.
¿Y qué pasa si nos roban? –Dijo Ítalo.
El truco de Cregh nos ahorro muchos días y nos puso en ventaja de cualquier viajero. Voy a ocultarlos en el bosque, pero la gente ni siquiera empezó a volver del festival de Craster por estos días.

Una vez hecho esto, y con nuestras armas encima, caminamos hacia adelante por el camino, con nuestros pies sobre la tierra seca, y la tormenta por detrás. Los cinco teníamos la intención de causar un asesinato… Eso no tenia disputa alguna. Ellos nos habían lanzado hasta ese precipicio, ellos nos habían golpeado de semejante manera en nuestro cuerpo y nuestra moral… Y ahora íbamos a actuar en consecuencia. Yo llevaba mi espada; Ítalo, su arco, su carcaj y algo más en su cinturón, bajo sus ropas. Lang mostraba su revólver, lo giraba en su mano, y también tenía un palo y una daga bajo la túnica. Aldara se había llenado la cintura de recipientes de agua y Cregh, que nos había transportado hace el tiempo suficiente, ya estaba recargado para hacer cualquier hechizo.

Subimos una colina, y la figura de un hombre nos recibió en el horizonte, esperándonos.

Más adelante, un arco abría a la ciudad-puerto, Havenstad, y un hombre esperaba plantado en él.

A medida que nos acercábamos, sin decir palabra, podía observarlo mejor. Sin embargo, eso quería decir que solo podía observar mejor cuan poco había para ver; todo su cuerpo estaba cubierto, o por su capa negra o por una extraña mascara de hierro que se desfiguraba en una muesca demoniaca. Los cinco continuamos avanzando, estábamos a solo unos metros, él continuaba sin moverse ni un centímetro… Y desapareció en el aire.

—¡Debe haber corrido al interior de la ciudad! –Grito Cregh—. Rápido.

Pronto empezamos a correr, irrumpiendo en la ciudad; sus edificios, famosos por su arquitectura, se elevaban por varios metros para contemplar el mar a la distancia. Así es que las primeras posadas, de piedra blanca, eran las más elevadas; recordaba como mamá me contaba al respecto. Ahora los estoy viendo con mis propios ojos, pensé. Ahora mamá está sola en casa. Es como si todo lo anterior… Esa vida en calma… Nunca hubiera pasado…

Pero mis ensoñaciones no duraron mucho. Llegando al centro de una intersección entre calles, Lang pego un grito y todos nos giramos hacía la calle de la izquierda… Donde el mago negro había aparecido. Ítalo busco algo entre sus ropas, Cregh dejo salir una luz de su mano, y Lang apunto el revólver… Pero fue muy tarde.

El mago movió su mano, y toda la calle exploto en una tempestad. La ráfaga de Cregh se disolvió en el aire, insignificante, y los edificios a nuestro alrededor se dividieron por la mitad; todos sus fragmentos volando. Me pregunte como era posible que el suelo no se derrumbara, mientras las construcciones que abarcaban mi vista de deshacían alrededor de la mano del mago negro… Y entonces mire hacía Ítalo. Sostenía un pergamino violáceo. El mismo que nos había mostrado antes, aunque ahora se tornaba muy gris… Y cuando lo mire por un segundo entero, el pergamino se deshizo en pedazos. La expresión de Ítalo era de incredulidad absoluta. Todos contemplábamos en el paroxismo del abatimiento. ¿Cómo era posible que ningún mago desatara semejante fuerza?

El puño del mago se cerro y se volvió a abrir, y… En una nueva ráfaga de viento con fuerzas dobladas, y sin pergamino para cubrirnos, los cinco salimos volando, convirtiéndonos en borrones debido la velocidad. Divididos por la fuerza del impacto, volé en el aire por un instante, y pronto mi cabeza se encontró con una pared de ladrillo. Había logrado sostenerme a mi espada, de alguna manera, y pude conseguir que el golpe no me dejara inconsciente… Mientras intentaba levantarme del suelo, con la mirada dada vuelta, contemple como el mago detenía su efecto. El viento se paro. Entendí que no se trataba de viento, sino de una especie de presión más coordinada… Mire hacía el suelo, y note que las grietas se movían en forma recta desde el mago hacía nosotros. Era como si hubiera lanzado una pared invisible en nuestra dirección.

Mientras meditaba todas estas cosas, el mago negro abandono su posición de inacción, y comenzó a caminar hacia adelante. Paso tras paso, sin prisa alguna.




dawg


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La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
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27 Re: R.O.L. Beta el Jue Ago 21, 2014 2:17 pm

Croft

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La ráfaga había sido sorprendente, un segundo estaba tratando de crear una llama y en el otro volaba por los aires con los demás, era sorprende que no nos había matado al instante, las paredes mas cercanas al mago habían quedado destrozadas, los adoquines en el suelo se habían quebrado, algunos habían volado mientras otros se enterraban mas en el suelo, si lo mirabas se podía detallar la trayectoria y expansión de la onda, originándose desde el mago. Mire a mi alrededor, el vagabundo se encontraba a mi derecha, había golpeado unas vasijas contra una pared, parecía inconsciente, podía ver unos pies salir detrás del vagabundo, el resto del cuerpo se escondía detrás de una pared, supuse que era Italo.
No había rastro del Aldara, a mi izquierda estaba Dalia, se estaba parando lentamente usando su espada de apoyo, detrás de ella una pared que había soportado todo su peso se desplomaba, trate de levantarme pero no tenía fuerzas, mire al cielo y un humo negro empezaba a oscurecer el cielo, busque la fuente del humo, un estante de madera se estaba quemando, restos de comida estaban desparramados a su alrededor, no había rastro del dueño, se debió haber incendiado cuando salimos volando, detrás de las llamas Aldara se levantaba y no paraba de mirar al mago.

El mago, ahora estaba al lado de Dalia, se sorprendió al ver que aun estaba conciente, dijo que le seria mas fácil transportarnos si estábamos inconscientes, con un movimiento de su mano alzo a Dalia en el aire dijo algo que no logre escuchar y la estrello contra la pared que termino de caerse, de alguna forma dalia seguía luchando. Recuperando mi fuerza me levante pero me detuve cuando dos disparos sonaron a mi derecha, el vagabundo había disparado hacia al mago que ahora estaba de rodillas en el suelo, Dalia cayó al suelo y rápidamente alzo su espada pero termino volando por los aires antes de poder atacar, el mago se levantó como si no hubiese pasado nada, no había sangre en su ropa ni en el suelo, ahora caminaba hacia al vagabundo, era imposible vencerlo no tenía sentido tratar de atacarlo, debíamos huir.

—Corran— Grite mientras dirigía todo el humo negro del aire hacia donde estábamos, si no podía vernos tal vez podríamos huir, corrí hacia donde Dalia que se levantaba y le señale un callejón, corrimos sin mirar atrás, al final del camino vimos a Italo y los demás, corrimos hasta alcanzarlos y lo seguimos haciendo hasta no poder mas-

—¿Que vamos a hacer?¡Mis balas no le hacen nada!— dijo el vagabundo
—Correr, por ahora debemos huir— les dije mientras corríamos por los callejones del a ciudad, no había rastro del mago.
—Muévenos, sácanos de aquí Cregh—Grito Aldara
—No puedo, si lo hago, el sentirá la magia y nos encontrara, debemos, correr. — Apenas podía hablar, mis piernas no aguantaban mas.
—Ahí— Grito Dalia—El puerto, ahí lo podemos perder, escondernos en un barco y escapar al oeste.

Mire hacia atrás en busca del mago, nada, la calle estaba totalmente vacía, los demás se habían detenido al frente mío, el pistolero del bosque estaba al frente de nosotros.

—Ah, llegamos, el muelle, oh, y su amigo ya llego— dijo señalando atrás de nosotros, todos volteamos para ver al mago de nuevo, a diez metros de nosotros.
—No— Susurro Aldara.
—Bueno, acá están, mátalos, secuéstralos, has lo que quieras— Dijo el pistolero mientras se ponía el anillo, desapareció al finalizar la frase.

—Aldara— Le dije en voz baja.
—Uh— Italo saco una flecha y la tenso.
—¿Controlas el agua, no?— Italo solto la flecha, fallo, primera vez que lo veía fallar, no lo podía creer, tiro de nuevo.
—Si— Volvió a fallar, el mago empezó a caminar hacia nosotros
—El mar, míralo—A la distancia las olas golpeaban el muelle de piedra, los barcos se mecían con el mar, la gente caminaba sin prestarnos atención, el mago se acercaba.
—Nunca había visto tanta agua— Dalia sujeto su espada, el vagabundo disparo, un grito se escucho a la distancia, las balas rebotaron en el suelo a varios metros del mago.
—Seria un buen momento de que pruebes tu limite Aldara— Dalia empezó a correr hacia al mago. La gente hacia lo mismo, alejándose de nosotros.
—Prepárate— Le dije, prepare mis manos y nos moví a todos, aparecimos al final del muelle, había agua en todas las direcciones excepto el camino de regreso.

Dalia tropezó y se cayo al suelo —¿¡Que haces!?— Me grito, segundos después el mago apareció frente a ella, el vagabundo e Italo se tensaron , dalia se paro, lista para enfrentarse al mago.

El mago siguió caminando hacia nosotros, Aldara se preparo.

Sin anunciarme lance una llamarada al mago, mas humo que fuego.
Lang disparo, Italo soltó la flecha, la llamara se detuvo al frente del mago, la flecha se desvió hacia el agua, la bala se detuvo en el suelo, pero el tentáculo de agua no, golpeo en la espalda del mago y lo mando hacia el agua, antes de caer desapareció y cayo donde estaba antes. Empezó a decir algo pero Lang lo interrumpió con dos disparos, esta vez si dieron en el blanco, el mago volvió a caer al suelo, las balas rebotaron en su cuerpo,  italo disparo su arco y yo lance mas llamaradas, el vagabundo recargaba su arma, las flechas rebotaron y las llamaradas solo lo rozaban, el mar se agito y de el una ola de al menos seis metros salió, golpeo justo donde estaba el mago y lo tiro al agua de nuevo, esta vez se hundió por un segundo antes de aparecer al frente de nosotros .

Dalia empezó a correr pero el mago se levantó antes de que llegara, sus brazos se extendieron y un grito lo acompaño, esta vez nadie salió volando por los aires, en cambio, toda el agua alrededor de nosotros se convirtió en hielo, unos treinta metros totalmente congelados.

—Dioses— Dijo lang—Es imposible vencerlo.
—Es el anillo, debe serlo— El mago se calmó y nos miraba a todos, de su mano corría un hilillo de sangre.
Lang me miro, miro al mago y de nuevo a mi antes de soltar un suspiro —Mierda— fue todo lo que dijo.

A la distancia un grupo de gente se formaba, todos miraban con suspenso hacia nosotros, esperando su siguiente movimiento.




Aldara controlaba el agua cierto? CIERTO!? No estoy loco, diganme que no me confundi de personajes ºJº.

Edit segundos despues de postearlo: Jesus acabo de revisar y mi parte es como un quinto del promedio posteada, como escriben tanto a mi me tomo dos dias escribir ese cosito :<

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Y en el muelle nos encontrabamos con el mago, acorralados contra el mar congelado. Su poder estaba a un nivel completamente distinto al nuestro, o al de cualquier cosa a la que nos hubieramos enfrentado. El cuervo, el pistolero, ellos no eran nada mas que una pequeña advertencia de lo que encontrariamos.
El era imposible de vencer.
-Es el anillo, debe serlo. -dijo Cregh, mientras que de la mano del mago apenas salia un poco de sangre.
Mis balas se desviaban, como cualquier cosa que intentaramos lanzarle, y si lo tocabamos, no lograbamos hacerle daño. A este paso...

El mago se acerco calmadamente una vez mas. Dalia intento atacarlo con la espada, pero el con solo un movimiento la lanzo por los aires hasta nuestros pies. La ayudamos a levantarse, y antes de darnos cuenta, el mago lanzo otra onda contra nosotros, rompiendo el muelle de madera. Caimos al hielo cerca de un barco que quedo atrapado, y lentamente el mago bajo de los restos a nuestro nivel, y camino hacia nosotros. ¿Que es lo que queria? ¿Por que tenia que transportarnos a algun lado? Me puse de pie con dificultad debido al hielo, y abri el barril de mi revolver. Lo recargue, aun cuando sabia que de nada me serviria.
-Si le quitaramos el anillo... -si pudieramos tomarlo por sorpresa...- Cregh, Dalia. -dije cerrando el barril y mirando hacia atras. Si, quizas si me serviria.

Nos paramos en formacion los cinco, mirando hacia el mago. Yo y Dalia al frente, Italo, Cregh y Aldara atras nuestro. Italo preparo una flecha y yo apunte hacia adelante, hacia el mago, con la daga en la otra mano. Y Cregh hizo una pequeña bola de fuego. Ibamos a atacarlo a la vez.
Corrimos sobre el hielo manteniendonos lo mas cerca que pudieramos. Solo necesitabamos precision, hacerlo todo al mismo tiempo.
Italo se deslizo por el hielo y disparo una flecha, la señal. La bola de Cregh se deshizo en el aire, y por un segundo el brillo de sus manos cambio de color. La escena cambio ante nuestros ojos.

Dispare a quemarropa con el revolver a la espalda del mago. Chocamos contra el por atras y Dalia le enterro con el impulso la espada. La flecha se habia desviado, pero el mago grito, por primera vez lograbamos hacerle daño real. Nos habiamos transportado justo atras de el. Logre tomarle el brazo y enterrarle la daga, y rapidamente intente sacarle el anillo de la mano. Era calido al tacto aun cuando su mano era fria, y brillaba incluso bajo el hilo de sangre de la mano del mago. Nisiquiera el anillo de Cregh era asi. Era decididamente diferente. Italo, que estaba aun con Aldara acercandose al mago por adelante, preparo otra flecha mas para disparar. Gire un poco el anillo y alcance a sacarlo, pero el mago cerro la mano con fuerza cuando la flecha estaba en el aire.

Una fuerza descomunal me golpeo el cuerpo. Solte el anillo, y me levante por los aires con mucha mas fuerza que las veces anteriores. Vi como el mago, los demas, todos se alejaban de mi. Los restos del muelle, los barcos, todo pasaba bajo mi cuerpo. Escuche gritos de la gente que miraba, y de pronto golpee el suelo de espalda. Rode descontroladamente por la calle del muelle y entre la multitud, hasta estrellarme contra la pared de una casa. Nunca antes algo me habia golpeado de tal forma. Esto era irreal. Mis huesos eran duros, pero quizas esta es la primera vez en estos años que creia haberme roto alguno. No podia estar seguro con el dolor que me recorria todo el cuerpo. De alguna forma, seguia consciente, quizas no me habia golpeado muy fuerte la cabeza.

Apenas podia distinguir a los demas desde tan lejos, pero el mago logro alejarlos a todos. Estaban separados, en el suelo. Dalia habia perdido la espada, e Italo no se movia. El mago apenas podia levantarse, pero el hecho de que pudiera significaba que poco habiamos logrado. Mas que nada, ahora no habia mucho que pudieramos hacer en contra.
La gente se acerco rapidamente a verme, y uno trato de atenderme. Me di cuenta entonces de cuanto estaba sangrando. No importaba, si lograba ponerme de pie, quizas pudiera hacer algo. Contra las indicaciones del sujeto, me apoye contra la pared, pero mis pies no se movian ni tenia suficiente fuerza en los brazos. El mago estaba haciendo algo, similar a lo que hizo el doctor con Marco alla en Craster. Se estaba recuperando de alguna forma. Me empece a arrastrar entonces. Perdi el revolver y la daga, y el palo se rompio con la primera rafaga, pero tenia en mente la idea de volver al campo de batalla a seguir peleando, no podia dejar a mis amigos solos contra el mago, no ahora.

Quizas si me habia golpeado la cabeza fuerte.

Escuche un maullido entonces. Al mirar atras, me encontre con la mirada de Malo.
No tenia su mirada burlesca de siempre. Esta vez era una mirada de odio. Una que en contadas ocaciones habia visto.
Sin pedir permiso, Malo corrio por entre la multitud, y de un salto bajo al hielo del muelle. El mago, que parecia haber dejado de sangrar, ahora iba por Cregh, que parecia estar inconsciente. ¿A donde queria llevarnos? Malo se detuvo frente a el, y entonces empezo la verdadera pelea.

Una llamarada de fuego naranja y azul envolvio a Malo. El hielo cercano se derritio y una figura enorme emergio entre el vapor. El pequeño gato de unos centimetros de alto se convirtio en una criatura de un tanto menos de un metro. Este era el Perro Malo.
El mago retrocedio, y con una mano lanzo su rafaga de aire contra Malo. Pero el logro mantener su posicion, protegiendo a Cregh detras de el. Se podia oir el ruido del hielo rompiendose por la fuerza cada vez mayor de la rafaga, poco a poco Malo iba deslizandose hacia atras. Pero el viento solo aviva el incendio. Malo empezo a correr hacia el mago, su rafaga teniendo poco efecto sobre el. El mago se detuvo y trato de levantar el hielo, pero Malo lo alcanzo antes y lo mordio en el hombro. Oimos su grito de dolor, e incluso logre ver que le arranco un pequeño pedazo de carne.
Una de las personas de la multitud de pronto se transporto a la escena. Por un momento estuve preguntandome estupefacto, pensando si habia sido el pistolero.
El sonido de los disparos lo confirmo. Ese maldito le disparo a Malo.

Malo solto al mago y cayo a un lado, pero volvio a transformarse en gato y empezo a correr hacia el pistolero como si no hubiera sido herido.
Tecnicamente, no lo fue.
El pistolero intento disparar, con una mano cubriendo su estomago. Pero no podia darle a un objetivo tan pequeño en movimiento. Malo alcanzo rapidamente una alta velocidad, al punto que parecia que el espacio entre el y el pistolero se hacia mas pequeño. El pistolero bajo el arma y trato de desvanecerse, pero Malo lo alcanzo antes y se transporto junto con el. Aparecieron en el aire, y Malo volvio a transformarse. Cayeron sobre un bote y Malo le arranco la pistola de la mano.
Una nueva figura aparecio entonces sobre el hielo. No un cuervo o alguna otra criatura. Parecia ser una persona. Tenia el pelo largo, era lo unico que podia distinguir. Posiblemente era una mujer. Malo lanzo lejos la pistola y corrio hacia la nueva figura, pero esta con un gesto lo levanto en el aire. Malo se movia, pero permanecia alli flotando en el aire. ¿Quien demonios era ella?

Empece a arrastrarme una vez mas, pero afortunadamente, Italo disparo una flecha. Habia fallado desde tan lejos, pero con la sorpresa la mujer dejo a Malo caer y desaparecio. Al siguiente momento, aparecio junto al mago, le parecio entregar algo, y ambos se desvanecieron. El pistolero se transporto a buscar su pistola y se fue el tambien.
Se habian ido.

Bien.


Lo siguiente que recuerdo es que desperte en una cama en un cuarto. Estaba al lado de una ventana abierta con cortinas blancas, y veia las motas de polvo flotando a la luz del sol. Me sentia con mucho sueño y solo podia distinguir lo que miraba directamente. Pensaba lo que veia. Como por inercia gire la cabeza hacia la luz, aunque me dolia el cuello al hacer eso. Varios edificios por una calle en bajada, con gente en las calles pero sin ningun ruido, ¿o quizas era yo el que no escuchaba?. Al final se veia el mar con el sol pronto a ocultarse. Cada ola en el agua se podia diferenciar por el brillo. Cada barco y cada gaviota...
Trate de levantarme. Un dolor fuerte en el brazo derecho y en el torso me lo impedian. Con la otra mano logre erguirme. El cuerpo entero me pesaba y me dolia. Je, era de esperarse con todo lo que me habian masacrado. Estaba cubierto de vendas.
...¿Pero donde estaba?
Era un cuarto de madera vacio, las paredes de un color verde claro y desteñido. Al otro extremo, la puerta, al lado de mi sombra difusa. Solo una simple silla pequeña de madera y un estante se encontraba al lado de mi cama.
¿Y los demas?
Si apenas podia levantarme, el dolor no me dejaria caminar. Solo iba a salir a dar pena.

Afortunadamente, no alcance a aburrirme mucho antes que escuchara pasos afuera. La puerta se abrio lentamente, y una cabeza se asomo entremedio.
-Despertaste. -me dijo sonriendo.
Aldara entro dando pasos lentos, no se si para evitar molestarme o por que estaba herida tambien, y se sento en la silla a mi lado.
-¿Como estas? -ya casi esperaba esa pregunta
-Bien, supongo. Considerando que estoy vivo. -dije riendo un poco. Aldara solo me miro.
-Que bueno... -dijo mientras bajaba la cabeza durante un momento. Pude ver que lentamente su sonrisa se fue borrando.
-¿Pasa algo? ¿Estas bien? -Me parecio ironico que yo que estaba casi inmobilizado por el dolor le preguntara si estaba bien.
-Si, si... solo unos cuantos golpes y raspones pero... -Aldara pauso un momento, como si no quisiera seguir.- E... Estabamos muy asustados, ¿sabes?... De que fueras a morir. -me empezo a contar.- Estabas cubierto de sangre... toda tu ropa y un poco de la calle tambien. Lleno de moretones... -hizo una pausa mientras recordaba.- Te veias muy mal, Lang. Con algo de ayuda de la gente logramos traerte hasta aca y unos medicos te trataron. Pero aun asi... temiamos que fueras a morir antes de llegar. Apenas respirabas... De verdad lo temimos.
-Oh... -era... extraño, por asi decirlo. He pasado estos ultimos años vagando solo con Malo, pero nunca habia necesitado la ayuda ni la preocupacion de nadie. Habia estado cerca de morir, si, pero nunca tan herido para necesitar de alguien mas.- Bueno, lamento haberlos hecho preocupar. Pero estoy aqui, ¿no?. Vivo y parlante, je. No era necesaria tanta preocupacion. -dije sin pensar mucho. No es que pudiera ahora, al parecer. Aldara solo siguio mirando el piso. Esperaba una risa pero... no. ¿Dije algo malo?
"Que su preocupacion te vale hongo, genio. Cambia el tema."
-¿Y los demas? ¿Donde estan? -dije tratando de cambiar el tema, pero quizas lo dije de forma algo fria. Mientras mas autoconsciente, peor.
-Fueron a buscar la carreta y los caballos cuando se empezo a hacer tarde. -dijo volviendo a mirarme. Antes que se perdieran o se los robaran.
-¿Hace cuanto se fueron?
-No se. -dijo mientras levantaba la vista, tratando de calcular.- Supongo que hace dos horas, no llevo mucha pista del tiempo.
-¿Y has estado ahi afuera todo este tiempo?
-Si. Me dijeron que me quedara a ver que estuvieras bien.
-Oh... Bueno... gracias Aldara. -le dije, y ella volvio a mirarme y sonrio otra vez. Al fin hacia algo bien.- Oye, ¿y Malo?
-Esta aqui, bajo la cama durmiendo. -dijo agachandose a mirar. Malo salio y de un salto se subio a la cama. Se hizo bolita y ronroneo a mi lado. Aldara rio.- Ha dormido tanto como tu. Es bastante flojo... pero supongo que se lo merece luego de lo que hizo...
-Si... mas de una vez me ha sacado de apuros. -tantas veces...
-Me hubiera gustado tener a gente que se preocupara por mi antes. Tenia un gatito parecido a Malo, pero... -empezo a hablar de nuevo Aldara, con una mirada triste hacia Malo.- Bueno, no se transformaba. -rio.- Pero nunca es lo mismo que una familia. -Aldara dejo a Malo, que ya se habia dormido de nuevo y miro por la ventana. Solo quedaba un poco del sol a la vista.- Ya no debe haber mucha luz en el bosque.

Una familia...

La habitacion se empezo a oscurecer rapidamente. Afuera, la gente empezaba a encender luces. Una brisa helada entro, y Aldara cerro la ventana y las cortinas.
-Temo que vuelvan a aparecer. Que nos vuelvan a hacer daño... Que alguno muera. -me dijo triste, mirandose las manos.
-Podemos vencerlos. Tenemos a Malo... -le dije tratando de calmarla
-No, no. Aparecio una mujer en la batalla. Malo la ataco y ella lo levanto en el aire como si nada, sin tocarlo. -me interrumpio, aun mas preocupada.- Si no hubiera sido porque Italo aun tenia fuerzas... Ella nos hubiera matado. Tuve mucho miedo en ese momento. -las manos le temblaban.- Aun lo tengo. Y si aparecen y estamos sin ti...
-Aldara--
-Son lo mejor que--
La puerta se abrio. Dalia asomo la cabeza, y sonrio al vernos.
-Eh, Lang, ¿te encuentras bien? -dijo Dalia, al parecer con animo.
-Uh, bien, supongo. Considerando que. . . estoy vivo. -dije mirando a Aldara. Ella miraba a Dalia, que traia una botella con algo.
-¿Que es eso?
-Un regalo para Malo. -dijo mientras abria la botella. Malo levanto la cabeza solo con el sonido. Licor. Que mejor.
Dalia virtio parte del contenido en un pequeño plato que traia y se lo dejo a Malo en el piso para que bebiera. Este bajo de un salto y bebio como si se fuera a acabar el mundo. Italo entro cargando dos sillas, mientras Cregh traia una vela apagada. Ya poco se distinguian en la oscuridad. Cregh puso la vela en el estante la vela y saco una pequeña caja.
-¿Que es eso Cregh? -le pregunte intrigado. El sonrio.
-"Fosforos". -me dijo, dejandome con la misma duda. En vez de explicarme, prefirio enseñarme. Abrio la caja y saco un pequeño palito con una punta negra, y lo froto con uno de los lados de la caja.
-Rayos. -Cregh intento de nuevo y saltaron chispas. La punta del fosforo se encendio con fuego, y prendio la vela.
-Las maravillas de nuestra era...
-Podias haberlo encendido con las manos, Cregh. No habia para que gastar dinero inutilmente. -le señalo Italo mientras se sentaba. Cregh lo miro.
-Preferiria no usar magia por ahora. Podrian estar siguiendonos. -Cregh acerco su silla y se sento tambien. Dalia al ver que no tenia donde sentarse se sento en el suelo cerca de mi cama. Podia ver que tenia algunas heridas en los pies por no usar zapatos.
-Es solo hacer una chispa. Dudo que puedan siquiera detectarla. Y deben haber mas personas cerca que usan mucha mas magia.
-Seria dificil que nos detectaran, pero tambien es dificil conjurar energia suficiente para destruir un pergamino de repulsion en unos segundos. -le dijo molesto. A Italo no le hizo mucha gracia.- No se porque querran transportarnos a algun lado, pero dudo que Lang pueda oponer resistencia en ese estado. Prefiero no tomar riesgos, al menos por aqui.
-¿Que hay de Aldara? ¿Puede usar ella su magia? -pregunto Dalia. Cregh se rasco la cabeza.
-Esa... es una buena pregunta. Veran, cuando Aldara controla el agua, no se siente como magia. No se como lo hace pero sea lo que sea no es magia. Es distinto... -nos explico Cregh, mientras acercaba la mano a la botella con licor. Aldara alcanzo a quitarle la botella y la dejo fuera de su alcance.- Pero es similar a esa mujer que aparecio. -Cregh miraba ahora el plato con licor de Malo. Estoy comenzando a pensar que tiene cierta atraccion por el alcohol.
-¿La que levanto a Malo?.
-Si. Tampoco uso magia. -dijo volviendo a levantar la vista.- Bueno, es eso o estaba muy adolorido para prestar atencion. Me inclino mas por la no-magia. -¿no era magia? ¿que rayos fue entonces? ¿control sobre la materia?
-¿Tu sabias Lang que Malo podia hacer eso? Lo de transformarse, me refiero. -me pregunto Dalia, sacandome de mi hilo de dudas. Asenti con la cabeza, y mi cuello lo lamento. Si no es por la resaca, es por los golpes.
-Si, pero casi nunca lo hace. Por eso se me olvido contarles. -le respondi casi sin pensar. Me quedaron mirando un momento, dudosos. ¿Desconfiaban de mi? Les habia mentido con el nombre 2 veces y sigo haciendolo, pero tampoco era para tanto.- Hey, Dalia, tienes aun esa enciclopedia en tu bolso, ¿no? -dije cambiando un poco con el tema antes que pasara algo.
-Si, si tengo. Es sobre criaturas. -dijo mientras abria el bolso. Desde la cama podia ver el grueso libro.
-Busca "Quitnar" en ella. -creo que asi se llamaba la especie, espero. Dalia lo saco, pero se detuvo a mirar la cubierta. Mierda.


-¿...Dalia? -pregunto Italo pasados unos segundos de silencio. Dalia parecio volver en si.
-Oh... lo siento. -dijo bajando un poco el libro, y su voz cercana a quebrarse- Es solo--...
-Esta bien. Te entendemos. -dijo Aldara sonriendole. Dalia devolvio el gesto y abrio la enciclopedia.
Una por una fue girando las paginas, hasta que se detuvo al fin en una cerca de la mitad.
"Quitnar. Especie felina-canina sin domesticar nativa de las montañas norteñas que delimitan el reino de Alles. Son gatos comunes reconocidos por su habilidad de cambiar a un cuerpo grande y fuerte de perro rapidamente y a voluntad, poseyendo caracteristicas de ambos segun su estado. Aunque no tienen una resistencia fisica destacable, son extremadamente resistentes a la magia e inmunes al fuego al convertirse. Son violentos hacia los humanos y se sabe que pueden ocacionar incendios." -Dalia levanto la vista para mirarme. He pasado años junto a Malo y aun le gusta atacar a algunas personas. Nunca habia provocado un incendio, eso si.- "Segun las leyendas fueron creados por un poderoso mago con el proposito de proteger su cueva y secretos de intrusos y otros magos, y los doto de un fuego interno que es la fuente de su poder y afinidad. No se sabe si son inmortales o solo tienen vidas inusualmente largas, pero pueden ser matados." Huh.
-Resistencia a la magia. Eso explica algunas cosas. Si es asi, efectivamente esa mujer no uso magia. Debe controlar algo al igual que Aldara, pero podria ser cualquier cosa, hasta el pelo.
-Un pistolero, un mago, una mujer que usa algo distinto a la magia... Parece que tenemos contrapartes del oeste o algo asi tambien. Pero que se podia esperar de una profesia...
-Bueno... oi al cuervo decir algo sobre una "nereida". Pero no se que significa. Supongo que se referira a Aldara, porque los otros titulos que dijo en la mansion encajaban bien con los nuestros.
-Si, efectivamente lo dijo. Creo que me suena, pero de verdad no se que significa. O lo olvide, cualquiera de las dos. Hace tanto deje la universidad... -Por un demonio Cregh...- Buscalo en la enciclopedia, puede que ahi este. -sugirio. Dalia volvio a girar rapidamente las paginas, buscando la palabra, pero termino revisando toda la N y no encontro nada.
-No sale nada. -dijo al terminar. Italo rio.
-Bueno, es una enciclopedia de criaturas. -dijo mirando a Cregh. No olvido lo del pergamino. Decidi a hablar antes de que empezaran con las dagas mentales.
-Ehem, al menos sabemos que no agregaran mas gente. Podriamos hacerles frente uno a uno...
-No creo que sea tan facil. -dijo Italo apenas di esa posibilidad. Claramente no estoy pensando mucho ahora.- En el mejor de los casos estamos al mismo nivel tu y yo con nuestras contrapartes. Pero Cregh por ejemplo esta a años de poder hacerle frente al mago. -oh genial, van a empezar a acuchillarse ahora.- Y Dalia aunque tiene inmunidad mientras tenga la espada no tiene habilidad con ella. No sabemos sobre la "nereida" de su parte pero considerando a los demas, debe estar a un nivel muy alto con lo que maneje. Aldara quizas no pueda hacerle frente. Menos aun si tienen con esos anillos...
-Los anillos son lo de menos. Su fuerza no viene de ellos. -dijo desmintiendo a Italo.- Pero les permite transportarse sin usar magia propia.
-Si. Alcance a quitarle el anillo y aun asi... -Dioses, solo recordarlo me hacia doler el cuerpo de nuevo.- ¿Que paso con mis cosas? El revolver y la daga, digo... y el abrigo.
-El revolver y la daga las tiene Italo. Las recogimos luego de la pelea. -dijo Aldara, que hablo por primera vez en toda la conversacion.- El abrigo esta con tu ropa aqui en el hospital... pero esta lleno de sangre.
-Las cosas las dejamos en la carreta. Por tu estado creo que no te haria bien usar el revolver hasta que te recuperes. Te podria hacer mal a los huesos. Aah... mierda.
-El doctor dijo que te rompiste un hueso de la mano derecha y algunas costillas, y que el resto estaban muy fragiles. Te curaron con algo de magia para que no sintieras mucho dolor, y dijeron que en unos dias podian hacerte volver a moverte bien.
-Unos dias, unos dias. Mierda. No podemos perder tanto tiempo aca. Me da lo mismo como esten mi costillas, con caminar me es suficiente. -"Si, porque te fue tan facil siquiera erguirte..."
-Eh, calmate Lang. No es para tanto... -me dijo Cregh. Si, no me era normal actuar asi... Suspire.
-Si, si, me calmo. Pero no me gusta la idea de esperar a que me curen para que salgamos en barco al oeste. Podriamos haber salido hoy...
-Tenemos tiempo, Lang. Con los saltos de Cregh llegamos con algunos dias de anticipacion... -me dijo calmada. Supongo que tenia razon en eso...- Ademas, no sabemos a donde ir.
-¿A que te refieres con eso? -le pregunte intrigado.
-Se refiere a que no sabemos a cual ciudad del oeste tenemos que ir. Dalia tuvo una vision que le dijo que debiamos ir a Laertes, basicamente por eso fuimos. "El Oeste" cubre un continente muy grande. Si elegimos mal, podriamos perder dias tratando de recuperar nuestro camino. Lo mejor es esperar una señal. -Italo parecia de esas personas que podian esperar pacientemente. Yo no podria haberme quedado mucho tiempo en un lugar si no estuviera obligado. Como ahora.
-Concetra tu energia en recuperarte Lang. No nos estas retrasando o algo por el estilo. Nos preocupamos por ti, queremos que estes bien.

Nos dejaron solos a mi y a Malo luego de eso. Se fueron a comer y a buscar alojamientos cerca. Tenia una sensacion rara en el estomago. Malo se subio a la cama y se hizo bolita al lado mio. Afuera en la calle, se veian pocas personas en medio de la oscuridad, la unica luz viniendo de las ventanas.

Una familia. Huh...

Un hombre llego al poco tiempo con una bandeja con comida y agua. Era carne con arroz. Simple pero delicioso. Empece a comer de inmediato, casi olvidando que habian cubiertos.
-¿Tiene leche? -le pregunte mientras comia y tragaba. El hombre miro a Malo por alguna razon, y salio de la habitacion. Extrañamente, Malo no parecia interesado en quitarme la carne esta vez. Le aparte un pedazo y se lo di para que comiera de todas formas. Termine antes que el sujeto volviera con la botella con leche, y luego se fue sin decir mas. Destape la botella y empece a beber.
"La fuerza de la vida" decia mi gente.


La luz de la luna se filtraba entre las cortinas. Era una noche clara al parecer. Me acomode lo que pude sin causarme mucho dolor y me cubri con las sabanas hasta mas arriba de la cabeza. Creo que nunca habia estado tan calmado durante una tarde. Y creo que tampoco habia tenido tantas ideas.
-¿Que crees Malo? ¿Crees que tengamos alguna oportunidad contra los del oeste? -Malo levanto la cabeza para mirarme feo. Al parecer estaba interrumpiendo su cuarto sueño.
-Mau.
-Ooh, gato optimista. Tus palabras son inspiradoras. -le dije sarcasticamente. A Malo no le hacia ninguna gracia.- Tengo muchas dudas tambien, pero aun asi... no es para tanto.
-Mau.
-Es solo un pequeño retraso. Me asegurare de hacer pagar a ese maldito que te disparo, y al mago tambien, de alguna forma. ¿No te duele asi como estas?. -Malo bajo la cabeza.
-Mau.
-Lo siento... debi haber pensado mejor, descargar todo el barril cuando pude... La proxima vez no los dejare escapar vivos.
-Mau.
-Si, es muy debil. Es momento de ponerse serios. Necesito un arma mas grande para hacerles daño, en especial al mago intocable, no me importa que mi cuerpo no aguante ni tres tiros.
-Mau.
-Como siempre, Malo, como siempre. -le dije acariciandolo. Malo pronto se quedo dormido, y guarde mi mano izquierda bajo las sabanas.

Mañana iba a investigar. De alguna forma lograria salir.

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Huh, creo que esta es la parte mas rapida desde... el primer GW, ese con los zombies y las partes de 500 palabras la primera pagina.

Iba a revisar errores ahora y explicar cosas aca pero me estan gritando que me vaya a acostar, asi que

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29 Re: R.O.L. Beta el Miér Sep 10, 2014 1:05 am

Ítalo


Salí a calle apurado,pero mi cuerpo funcionaba lento.Una ansiedad sin igual me rebalzaba,aunque mis movimientos se efectuaban con calma y paciencia.Tomé asiento en un borde de la calle y miré arriba.La luna brillaba blanca,sin ninguna nube cerca que interrumpa su confortable luz.
Sabía que estaba pasando,no quería ponerlo en palabras,no quería siquiera pensar en las letras que la componen.No estaba permitido siquiera acercame al tema,tenía que pensar en cosas lindas.Un poema,un recuerdo,una sonrisa,cualquier cosa que me pudiese sacar de ahí,de ese maldito agüjero.Mi respiración se cargaba más y más. Mi piel se enfríaba,mis ojos se desentendían del realidad.Podía sentirlo subiendo en mi,desde mi estómago.
Mi cabeza era un fuerte zumbido,tratando de evitar formular ese pensamiento.A pesar de todos mis esfuerzos cada vez era peor.Tragaba saliva todo el tiempo.Nada lo iba a parar.
Podía verme a mí mismo,sentado en la calle,tomandome de las rodillas,temblando.Con la mirada perdida en otro mundo,totalmente indefenso.Ínutil y un idiota.Herido y débil.Conociendo todo lo que podía ser,me encontraba ahí.Me encontraba temiendo por pronunciar una sola palabra.
Intenté tragar saliva una vez más y noté cuán seca estaba mi garganta.Mis labios se abrieron,y hesitando pronunciaron la palabra.

-Sombra.

Y nada pasó.
Nada realmente paso.Solo un escalofrío que me recorrío entero,desde mis pies el día que nací y mi cabeza en Havenstad hoy.
Respiré hondo y trague saliva.
Sentí un quiebre en mi interior y alcancé solo a girar la cabeza.De mi interior salió el vómito más espeso que podía haber imaginado.Intentaba respirar,pero no era posible.Solo seguía y seguía.Realmente creí que mi estomago se había consumido a si mismo.Imaginaba mis entrañas llenas del ácido que estaba sacando de mí.Iba a morir,no había manera de que pudiese volver a vivir como antes después de eso.
Logré tomar una bocanada de aire puro para sentirme vivo de nuevo.
Mi cuello ardía,mi estómago ardía.Mis párpados se tornaron de piedra en un segundo.No era humanamente posible que me volviera a mover.Cada parte de mi cuerpo pedía morir en ese instante,cerré los ojos y lo deseé.
Hubo un momento de silencio profundo.Profundo como nunca un silencio había sido.Entonces,volví a pensar.

-Sombra-me dije a mi mismo

De a centimetros sentía mis extremidades volver.De a poco mi pecho y abdomen volvían a funcionar.Mi corazón latía como solía latir en esas ocaciones.Los párpados volvieron a ser de piel fiel y los abrí con encontrarme de nuevo con la noche.
Había pasado en segundos,pero había sido un infierno.
Estaba totalmente inmerso en el estado de sombra,como nunca antes había estado.Una fuerte ansiedad golpeaba mis venas con cada latido.Con cada inhalación, con cada exhalación.
Mi cabeza todavía daba vueltas,pero entendía que necesitaba.Entendía a la perfección que pedía mi cuerpo.

Me reincorporé y sentí como el espeso ácido que quedaba en mí bajaba lentamente por las paredes de mi interior.Incluso respirar era difícil y mi piernas no estaban firmes. Apoyé mi mano en la pared hasta que volví a estar lo suficientemente lúcido.Escupí los restos que tenía en la boca y luego de unos largos minutos pude volver a caminar.Sentía que habían hecho un nudo con mis intestinos y que podría desmayarme con solo hacer 3 pasos más.Pero no,la noche era demasiado joven e irse a dormir no era una opción.Si no muriera en el camino podría ser a algun restaurante a una hora razonable para la cena.

Esa noche Havenstad era un desierto.Las luces me acompañaban,junto con el frio viento del mar. Mi paso era lento,sin embargo el ritmo de todo era lento.Por lo menos el fuego ya no quemaba y el dolor se apaciguaba.Mis ojos se centraban,mi voluntad crecía y crecía.Tuve la corazonada de que antes de encontrar un bar tendría la lucidez suficiente para seducir a una chica porteña.

No me sentía mal estando envuelto en la sombra,sentía que me estaba recuperando más rápido del combate que con el mago y de como deje la mitad de mi estomago en la calle.Poco a poco me sentía más rápido,más ágil. Totalmente decidido. No sabía como lo haría,pero esa noche lo iba a hacer.
El ritmo volvía a ser el de siempre en cuánto las luces del centro se empezaron a multiplicar y los negocios que seguían abiertos hacían propaganda.No había notado cuán fría estaba la noche,una buena razón para que apurase el paso para entrar a un restaurante y también una buena explicación de la soledad de la noche.

Las palabras de Marco parecían haberse esfumado de mi cabeza,igual que la pelea de hoy con el del oeste.
Quería un vaso de Vera y una comida abudante.Mis otros 2 objetivos se cumplirían solos.Lo presentía,no tendría que hacer algun tipo de esfuerzo.Sabía que los astros estaban iluminandome,aunque en mi interior la sombra estuviera presente como nunca había estado.
No entendía como debería sentirme al respecto de estar inmerso en esa sensación de ansiedad,pero mi pecho había dejado de latir fuerte.Sentía que estaba al borde de un abismo todo el tiempo.Supuse que era la mejor forma de describirlo antes de comenzar a tomar.
Encontré un lugar adecuado,con poca luz pero lo suficientemente elegante.Me senté en una mesa al lado de una ventana.Un mozo se acerco a tomar mi orden.


-Un vaso de Vera,por favor.Y la especialidad del día.

Mi voz salía clara y perfecta pero no podía parar de sentir un cosquilleo atrás de la lengua.Sentía como si las palabras no saliesen pero en realidad,si salían.-Un puto abismo-pensé.Cerré los ojos e imagine estando literalmente al borde de un abismo.No,de un acantilado.Mis pies descalzos desprendían las pequeñas piedras del borde y caían al agua.De alguna manera quería saltar.De alguna manera sentía que el agua no estaría del todo mal,sin embargo podía morir en la caída.Mis pies se llenaban de adrenalina y aferraban al piso.¿Debía soltarme?
El ruido del plato y los cubiertos me sacaron del trance.La comida estaba servida,igual que el burbujeante vaso de Vera.Levanté la mirada alrededor del lugar en buscando lo que necesitaba y termino siendo tan fácil como subir los ojos.Me reí.Reí mucho.Se sentía muy raro estar lleno de lo que escape durante años y sentirse bien.Cada segundo que pasaba me sentía todavía más cerca de saltar.-Voy a saltar-pensé-No puedo retrasar más esto.

Al bajar la vista al plato me encontre con algo que no había visto en mi vida.Tal vez debería pedir cosas más comunes que el especial del día en un puerto.Tomé un poco de Vera y noté que mi lengua estaba tan entumecida que con cierto esfuerzo sentía sus búrbujas en mí boca.Mi garganta estaba en el mismo estado.Permanecía esa sensación de que las palabras no salían de mis labios y ahora sentía también que no estaba respirando realmente.

Comí callado mientras miraba su espalda desnuda.No entendía que hacía esa noche allí sola.
No entendía como era posible que me encuentre envuelto en esta sensación.

Mi mente se perdió mirandola,de pies a cabeza.Llevaba un vestido negro de un estilo que jamás había visto.Era tan elegante como polémico.Ella insistía en no voltearse,seguía con la mirada perdida en alguna botella que exhibía la barra.Sabía que iba a permanecer ahí sentada toda la noche y nadie más se acercaría.Terminé el vaso de Vera y dejé casi vacío el plato del día.Era hora.
Al levantarme de la mesa sentí como un pie ya estaba en el aire.Ya estaba cayendo.

Tomé lugar en la barra,a su derecha.El hombre que atendía me pregunto por mi bebida mientras limpiaba un vaso con entusiasmo.-Crystalina-dije casi en un susurro.
El mozo tardo unos pocos en servirme y cobrarme el trago. Bebí un buen trago que paso sin algun tipo de problema por mi garganta entumecida.Hey,eso podría ser malo. Excesos y estar sentado al lado de una dama como ella eran muy buenos amigos en estos días.

Paso un largo rato y varios vasos hasta que ella pareció salir de su trance.Fue allí donde logré el primer contacto visual.La mirada fue penetrante y clara.Sus ojos eran de color cielo y combinaban de una manera perfecta con su pelo negro.Una pequeña arruga al sonreir.

-Otra Crystalina.Y una para la señorita,por favor.

La pequeña curva de su sonrisa se había ensanchado más y seguía mirandome.Su mirada me recordo a mi reina.Eso me recordo a mi hermano,a mi padre,a los revólveres.Pero desde que estaba inmerso en la sombra eso no cambió en nada.Sus labios eran un caos sensual. Me atrevía a decir que,a pesar de no conocerla, esa noche podría estar más hermosa.Ni ayer,ni mañana hubiera sido lo mismo.

Llegaron los 2 vasos de crystallina.Recuerdo haber preguntado su nombre y otros detalles,pero no recuerdo ninguna de las respuestas.Ella tomó el vaso de crystalina y poniendo las manos como una pistola saco una llama de su dedo índice.Acerco su mano al vaso y este se encendió.Lo sopló y tomo todo el vaso de un solo trago.Luego tomo un largo respiro y comenzó a reir.No entendía como había tomado tanta crystalina de un trago,pero acerque el vaso para que aplique su magia.Seguí sus instrucciones,sin dejar de admirar cada rincón de su cuerpo que insistía en ser perfecto.Embobado con sus encantos pedí 2 vasos más de Crystalina.No recordaba una sola palabra que hayamos intercambiado,solo eran miradas y alcohol de por medio.Al tiempo que el mozo vacíaba la botella y traía los vasos ya las cosas carecían de sentido para mí.El tiempo comenzó a distorcionar,aunque todavía seguía clavado en ella.
Sin darme cuenta,estaba rozando mis pies con los de ellas.Tan sútilmente como puede un borracho baje la mirada para comprobarlo.Volvió a sonreirme y tomo el vaso bebiendo suavemente,disfrutando ahora del suave sabor de la Crystalina.
Intentaba reaccionar,pero era ínutil.Tomé varios sorbos de mi vaso extacionandome con el ardor que producía la bebida en el fondo de mi garganta,que seguía entumecida.Traté abrir la boca para intentar decir algo y me sorprendía al encontrar que no había manera.Simplemente no era posible,solo tomaba y la miraba.Nos mirabamos.Y rozabamos nuestos pies.
Mis pies no estaban ya en tierra firme.Ya había saltado,lo sentía.Solo quedaba caída libre.

Este vaso que compartí con ella se tornó largo.Era un silencio placentero el que compartíamos.No hacían falta palabras ya.Tampoco quería palabras y ella no las quiso desde el principio.A pesar de que mis sentidos se perdían y alteraban todo mi entorno su figura seguía siendo clara y impecable.Recordaba con todo detalle la ideal curva de sus labios.El color exacto de sus ojos,podría hacer un mapa de su cuerpo.
Sentía que en caso de no estar en caída libre ella hubiera podido cambiar mi vida esa noche.Con su simple existencia,con el simple hecho de estar sentada ahí esa noche.


Revolvía el último resto de mi vaso, mientras ella ya lo había terminado. Sus labios se movieron pero su voz fue imposible de escuchar.Pero leer sus labios fue algo tan fácil como nunca me había parecido.Cumplí su deseo y deje al descubierto el fondo del vaso en un abrir y cerrar de ojos.Dejo ver por primera vez sus dientes en una dulce sonrisa y me tomo de la mano mientras intentaba correr a la salida.Corrimos calle abajo mientras ella reía. Su espalda desnuda era el guía perfecto para no caerme.Sí,era difícil mantener el equilibrio,pero no me caí hasta llegar a la playa,unas cuadras abajo.
Caí encima de ella y rodamos sobre la arena. Tome sus brazo y la sostuve contra el piso para mirarla una vez más.Clavó una última vez su mirada en mí y cerro sus ojos.Me acerque a su boca,sin hesitar.
Sus labios eran la combinación perfecta a esa sensación en mis pies.Esta cayendo y me importaba
muy poco. Y mientras más cerca estaban mis manos de sacar su vestido negro menos interesaba.
Rodabamos en la arena como si fueramos adolescentes bajo el hechizo de su primer amor.
El ritmo era rápido,desenfrenado.Su tacto era cálido y no tenía ningun tipo de delicadeza.Paso un rato en el no pensé realmente en nada y me limité a disfrutar del contacto de su piel con el mío.
Ella me separó y se paró.Acomodó sus prendas y me hablo.Por primera vez escuché y grabe su voz.
-Quiero llevarte a un lugar-dijo.
Tomó mi mano de nuevo y me llevo hasta la orilla.Señalo el mar,hacia el horizonte.No distinguía nada a lo lejos,solo una masa negra que se movía.Me reí de ella.
-¿Ahí vamos?-inquirí

Ella sacudió la cabeza sonriendo.Estabamos hasta las rodillas metidos y nisiquiea nos habíamos dado cuenta.Una ola potente me golpeo,perdí el poco equilibrio y caí de lleno en el agua. Mientra reía me reincorporé parandome a su lado.Tomo mi mano y nos metimos más profundo,hasta que el agua nos llego al pecho.Saltamos adentro del mar y nos sumergidos en una oscuridad absoluta.No entendía absolutamente nada de lo que estaba sucediendo.
Una pequeña luz blanca salío de ella,iluminandonos.Abrió su boca y un búrbuja del mismo blanco que la luz comenzó a crecer y crecer.Pronto nuestras cabezas estaban rodeadas de cúpula.Sin haber soltado mi mano,comenzamos a nadar hacía delante.Su mano nos guíaba en la oscuridad.Me hizo recordar mucho al mismo tono de blanco de los hechizos de transportación de Cregh.

Abajo,nuestros cuerpos deslizaban por las aguas negras de Havenstad.Sin duda era increíble,en ningun momento me sentí sobrio,pero fue algo sin igual.Me miró y aceleramos el nado un poco.
Sin poder aguantar la curiosidad un solo instante más,le pregunté -¿Donde vamos?. Su sonrisa se ensanchó apenas,casi imperceptible -A los campos elíseos- murmuró.
Temí que se refiriera a que ibamos a morir ahogados esa noche.La sensación de mis pies se amplificó,pero se mantuvo en caída libre.El impacto todavía no había sucedido.

Unas pequeñas búrbujas como las que puso a nuestro alrededor para poder respirar salía de una formación rocosa muy grande.Ella señaló ahí y suavemente nos dirigimos.Nos encontrabamos casi al raz del fondo del mar,donde a pesar del alcohol en sangre pude ver algo de la fauna marina del lugar.Allá abajo solo había paz.

Las búrbujas se empezaron a hacer más visibles y en más cantidad.Entramos en un tunel que parecía iluminado artificialmente por las simpáticas búrbujas.Así comenzamos a ascender por ese tunel,dentro de la formación rocosa.El agua se tornaba mucho más cálida ahí dentro.Se sentía como los baños que me daba de pequeño mamá.Tal vez solo era agua caliente y estaba demasiado borracho,cabía la posibilidad.

Ascendimos y ascendimos hasta encontrarnos con la superficie de nuevo. El cielo ahora era de piedras,iluminadas por unas raíces de color blanco que irradiaban luz.En la orilla frente a nosotros un pequeño muelle iluminado con antorchas muy altas.Nos acercamos a la orilla,donde apoyamos nuestros pies sobre tierra firme de nuevo.Desconocía cuánto tiempo había pasado en verdad,pero todo esto era increíble.El aire que se respiraba era otro,mucho,muchísimo más cálido.Se sentía como verano sin viento.

-Campos...Elíseos-dije mientras ella se deshacía de su vestido negro.

Todavía había suficiente alcohol en sangre para vivir una noche de descontrol.Y no había manera de resistirse,había algo en el aire. En la manera que el agua era cálida y no me molestaba tener mis prendas mojadas.El color negro del agua con los tintes rojos y dorados del fuego que se reflejaban en la orilla. Era simplemente perfecto.Estaba loco de hacer el amor con ella esa noche,en ese lugar en ese momento.
Solo con el sostén cubriendo su torso,puso las manos en mi pecho y me empujó hasta más atrás.Nos movimos unos cuántos metros hasta donde parecía un lugar más discreto y la hierba era lo suficientemente suave.
No sabría como describir lo que sentía al ver sus ojos y su cuerpo en ese lugar.Mi mente estaba volando,flotando extasiada.
Agradecí los dioses por cada vaso de Crystalina que había tomado.Nada podía ser mejor.

Mientras ella me sacaba la ropa y la besaba,pensé en como podía crecer hierba sin sol.Aunque claro,una vez que sus labios tocaron mi cuello esos pensamientos desaparecieron.Toda conciencia desapareció,toda preocupación.Se sentía tan cómodo,por que todo era perfecto. Encontraba plenitud en cada rincón de mi cuerpo.Sentía que entraba en su cuerpo también.Mi cerebro se derritía con su caricias y con el roce de su piel.
Dudé.Dudé si estaba vivo.



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La luz se filtraba de alguna manera o tal vez el mismo agua,ahora clara,refleja el día del mundo exterior.Ahora hacía un poco más de frío,pero todo seguía siendo igual de encantador.Mi cuerpo había estado en otro planeta por un rato y ahora me sentía totalmente exhausto.Ella seguía a mi lado,todavía dormida. Agarre una de mis prendas para taparnos y decidí dormir un poco más.
Creía que era la primera vez que me despertaba con una chica en medio de unos pastizales.Era bastante romántico,realmente había sido una noche de adolescente que se choca contra el mundo de frente.Cerré los ojos para descansar un rato,de todas maneras parecia que recién amanecía.

¿Cómo crecerían las hierbas sin sol?


Desperté de mi siesta al sentir la ausencia de ella en mi pecho. Se encontraba vestida ya y se veía algo preocupada.
Afuera parecía que ya era de día,tal vez mediodía. El color del agua era muy agradable de ver,transmitía tranquilidad.Un poco lo que le estaba faltando a ella.Tomé mis prendas y me vestí sin apuro.Tenía un leve dolor de cabeza pero no había notado el hambre canina que había despertado.Me pregunté si alguna de las hierbas que crecían darían algun fruto comestible.O si la gente que viviese ahí fuera hostil.

-Hay que irnos,rápido.

Si,debían ser hostiles.
Arriba,las raíces blancas se desparramaban y noté como dejaban caer algunas gotas.Inclusive había una muralla con una residencia adentro,a lo lejos.No había notado lo inmenso que eran los Campos Elíseos.

-Sí.En camino.

Se escondió entre el pastizal y me hizo señas.Corrió hacía el mar y seguí su ejemplo.Sin voltear atrás saltamos al agua.Una vez adentro,repitió lo hecho por la noche y nos envolvió en una búrbuja,esta vez fue el cuerpo entero.Avanzamos con un ritmo apurado,buscando la salida.
El viaje fue mucho más rápido que por la madrugada.Cruzamos miradas ocasionales y nos sonreímos.Llegamos a la orilla de Havenstad dónde nos despedimos con un tierno pero corto beso.
Me quede parado en donde la arena se une con el agua,pensando como nuestras vidas seguían su curso tan fácil después de una noche como esa.
No había olvidado la sensación en mis pies,no podía dejar de sentir la ansiedad en mi cuerpo.Mis puños estaban cerrados transpiradando.Sudor frío por mi espalda.Esta señorita no hizo más que prorrogar el impacto.
Inmovil,con mi mirada enroscada en mis pies,traté de volver a la realidad.El oeste,la piedra,la salud del pistolero.Mundo real a Ítalo.

Busqué el primer restaurante donde haya comida común y corriente para que pudiese saciar el hambre que tenía.Mientras mis ojos buscaban un cartel llamativo,trataba de recordar el nombre que me había dicho Marco.
Entre en el primer lugar que vendían comida y pedí carne asada con un vaso de agua.Esperé impaciente la comida,mientras trataba de atar cabos sueltos.Sabíamos poco del Oeste,sabía poco de la piedra.

La comida llegó caliente,echando humo y se veía tan sabrosa como sabía.La carne duro menos de 4 minutos en mi plato. Con el pan limpie cada rincon del plato,hasta la última gota de salsa.Creía nunca haberme llenado tan rápido.Temí devolver todo lo que había ingerido tan rápido pero con un poco de agua las cosas cambiaron a mi favor.
Miré por la ventana el mar de nuevo.El nombre que Marco me había dado era Tammi,del cual no sabía absolutamente nada.También específico poco. Creía que era algun primo muy lejano al que nunca había visitado.-Tammi-resonó en mi cabeza-Tammi del Valle. Sonaba mejor así,aunque desconocía si era un del Valle,no lo había específicado.Tampoco recordaba familiares o algo cercano en Havenstad,de lo contrario la piedra estaría en la familia hace bastante.Creía haber escuchado que la familia se instalo en un principio en Havenstad,o al lado de la costa, y con el paso del tiempo migraron para el este.Siendo Craster la ciudad más al Oeste con descendencia directa del Valle.Aunque quien sabe,la familia se había hecho muy numerosa en el último siglo.
¿Qué podría conocer Tammi del oeste? Nisiquiera estaba seguro si era una mujer o un hombre.
Sobre la piedra el tema era más fácil.Era sabiduría universal que la piedra del rayo estaba en algun lugar de Havenstad.Por alguna razón todo el mundo lo sabía,como que el sol sale por el este y se pone en el oeste.
No encajaba el hecho de que ningún del Valle la hubiese recuperado antes,mas allá de la leyenda de que la piedra del rayo es intocable.Según tenía entendido pertenecía a una familia muy reservada,que lo mantenían en forma de amuleto.Todo muy privado.Pero también se hablaba de un castillo.Un gran castillo,cosa que en Havenstad era muy difícil de encontrar,esto no era Veringrad con las largas praderas.
Tal vez había sido Marco,pero no estoy seguro.En teoría esta familia,poseedora de la piedra,era los creadores del Vera.Si recordaba que Marco había sido el que me conto de que en sus viajes de pesca con su padre escuchó sobre piedras del Oeste y que esta familia podría ser del Oeste.

El cielo comenzaba a llenarse de negras nubes que esperaban a estar arriba de la ciudad para desatar su lluvia.El viento soplaba fuerte,mi corazón latía.Comencé a caminar vuelta a casa a recoger mis cosas,que quedaban de pasada a mi próximo destino.Necesitaba localizar a Cregh también.
Mientras caminaba sentía como la nueva sombra se volvía cada vez más pesada y cargaba todavía más mi respiración.Me estaba empezando a enfermar,creía que la fiebre estaba empezando a remontar.Mis ojos estaban demasiado abiertos,demasiado atentos.Buscando.Buscando.
Hacía un largo rato que había despegado del acantilado y mis pies estaban volando.De pronto sentí miedo al impacto contra el agua.¿Realmente podía evitarlo?
Mi cabeza explotaba en pensamientos.Era imposible caminar tranquilo de ahora es más.
Tal vez podría matarme antes de caer.Pero la duda de que había debajo del agua era tiraba con la misma fuerza en mi cabeza.El Oeste,esperaba.Tammi,debía encontrarlo.Cregh,necesitaba su magia.Li,estaba malherido.Sombra,sombra,sombra.

Llegué finalmente a la casa donde nos habían hospedado.Saludé a los presentes sin darles demasiada importancia y me dirigí al cuarto donde había dejado mis cosas.Recogí mi carcaj,los pergaminos y las pólvoras. Era todo lo que necesitaba.Salí rápido de la habitación y choqué con el mago,que justo estaba saliendo del baño.

-Cregh,necesito que vengas conmigo.-dije ignorando las palabras que intercambiamos el otro.No me importaba mi dignidad,orgullo o lo que sea. Hubiera salido a buscar a Tammi vestido de bailarina de ballet,si lo hubiera pedido.
-Hmmm.-dudó
-Es sobre el Oeste.-dije dirigiendome hacía afuera.Se quedo parado un segundo,me volvió a mirar y comenzó a caminar.

Una vez afuera comenzamos a caminar hacía el sur,donde se veían las grandes embarcaciones llegar y despegar.Era un paisaje bastante artístico,pero desde que esto no me importaba aceleramos el paso para llegar lo antes posible.Serían unos buenos 20 minutos hasta allá abajo.
Caminando por la calle pegada a la orilla caminamos tranquilos,sin tener demasiados problemas.

-Hey,a donde se supone que estamos yendo?
-Al puerto,tenemos que encontrar a mi contacto.
-¿Tenemos?-dijo mientras se quedaba quieto en su lugar.
-Necesito tu ayuda.Tu magia puntualmente.
-Si,claro.Tu problema,supongo.-volteó y comenzó a caminar para el lado contrario.
-CREGH!-grité mientras lo tomé del brazo.-¿Acaso pensas que esto es un juego?-saco mi brazo de encima y volteó con una llama prendida en su mano derecha.-Mi contacto sabe sobre el Oeste,sobre nuestro destino.

Cregh mantuvo su llama apuntandome.Lo mire a los ojos.

-No llevemos todo esto a un plano de niños.-le dije mientras le daba la mano.

Volvió a dudar,pero nos dimos la mano.Realmente esperaba dejar los juegos de niños para otro momento.Sin darme cuenta,estabamos llegando al puerto,al otro centro de Havenstad.

-Marco me hablo de un tal Tammi.Me dijo que lo buscase por estos lugares,cercanos al puerto.Necesito que hagas lo mismo que hiciste en Craster,con mi apellido.
-Tammi?¿Quién se supone que es?
-Desgraciadamente,no tengo ni idea.Se escribe con dos m,por cierto.

Asintió y comenzó a escribir el nombre con un pequeña flama que se sostenía en el aire y seguía a su mano.Al igual que en Craster,el nombre Tammi estaba escrito en el aire.Y al igual que en Craster,no tardó en dar efecto.

Llegamos hasta donde comenzaba el puerto,y el caudal de gente aumentó.Considerablemente.Cregh evitaba la gente y les decía que se mantengan alejados para evitar incenerar a alguien por accidente.Nuestro paso se volvió,tal vez, demasiado lento.El caminar lento aumentaba todavía más mi ansiedad y ahora el sudor frío comenzaba a sentirse en mi espalda y frente.Mis ojos se sentían muy cansados de buscar amenazas que no existian.La ansiedad había llegado a una etapa en la que se confundía con paranoia.

Dioses,no podía esperar a encontrar una salida a todo esto.

Caminamos por el piso empedrado,al lado de las embarcaciones.La gente nos miraba,pero ninguna se acercaba.O ninguna se ocultaba al ver su nombre escrito en fuego.El círculo que nos separaba del resto se hizo más y más grande.Parecía que caminabamos con un escudo de fuerza.A pesar del esfuerzo de ambos,no podía encontrar esos ojos que me comunicaran que era Tammi,o que almenos lo conocían.No entendía como nadie salía a encontrarnos,sea con un cuchillo a amenazarnos o para calmar su curiosidad.La masa nos esquivaba y simplemente caminabamos hacia delante,sin encontrar nada.Esperaba que el efecto fuera más rápido,posiblemente por las ansias,pero en realidad no había pasado tanto tiempo.

Derepente, todo tomo sentido.En los ojos de la masa no había lo que creía,de hecho, era todo lo contrario.Todo el mundo sabía quién era Tammi.

-Cregh,es suficiente.Lo encontramos.
-Eh?Donde esta?

Cregh apago la llama y me siguió.

-Quién es?
-No sé,pero muy pronto lo averiguaremos.


La masa poco a poco comenzó a compactarse de nuevo y volvimos a ser iguales a cualquier otro ciudadano del puerto.Esperamos sentados mientras esto pasaba.Logré una suerte de paz y recuperé mis sentidos un poco de la sombra.Empecé a escuchar los pasos de la multitud,a sentir el viento y la sal del mar. Me gustaba Havenstad,me gustaban los barcos,me gustaba el mar.Había venido solo un par de veces de mucho más pequeño,recuerdo que teníamos una pequeña embarcación y saliamos a pescar al medio del mar. A pesar del mal tiempo,las malas decisiones y el azar,papá nunca se perdía en el mar.Estuvimos un día a la deriva luego de una tormenta espontanea,pero llegamos sanos y salvos.Aunque luego tuvieramos que soportar el ego de papá estando por las nubes por un par de semanas.

Nos levantamos y nos dirigimos a la primera embarcación que vimos.

-Viste esas expresiones en los demás?Creo que todo el mundo conoce a Tammi.Puede que no te haya necesitado molestar,después de todo.
-Esta bien-dijo,formando una sonrisa que se me torno no del todo falsa.Sonreí,mientras volteaba para seguir nuestro camino.

Una embarcación bastante grande,que pareciera estar en sus últimos preparativos para sarpar,me pareció la indicada.Nos acercamos sin demasiado temor a un hombre común y corriente.Simplemente otro marinero.Corrí mi capucha lo justo y necesario para que pudiera ver la corona.

-Disculpe buen hombre,estamos buscando a Tammi.Venimos en nombre de Marco,si es que tiene alguna importancia,claro.-dije con el tono más amable que pude decir.
-¿Tammi?-dijo riendo-Si,claro.Ahora mismo,debería estar gastandose la vida en el bar del muelle.

volteé para ver como Cregh se tomaba la cara.

-Gracias,buen hombre.

No estabamos lejos del muelle por suerte y todavía faltaba mucho para el atardecer.

-Un puto borracho es tu contacto? -dijo,molesto,mientras nos dirigiamos al punto
-Hey,Marco nunca me daría información así de mala.Estoy igual de sorprendido que ti.
-Si,lo que sea.-dijo con la cabeza baja.Caminamos hasta llegar al muelle,donde había un cartel luminoso.Adentro esperaba la verdad.
-Creo que vamos a lograrlo,de alguna manera.-le comenté al mago.Él levantó una ceja,pidiendo más explicaciones-Esto,el Oeste.Lo que sea que nos aguarde allá afuera.

Cregh no respondió y simplemente entramos al bar del muelle.Tragué saliva esperando que supiera lo que necesitaba,de lo contrario, iba a pedir prestado un revólver de Li para sacarme los sesos a balazos.Me acerqué al mozo le prengunté sobre Tammi,levantó la cabeza señalando a un hombre al lado de la ventana mientras limpiaba energicamente un vaso de cerveza.Agradecí y nos acercamos hasta Tammi.

-Tammi?Soy Ítalo,el es Cregh.Venimos en nombre de Marco del Valle.-le dije,en voz fuerte y claro.Él se encontraba con la cabeza baja.Esperaba un aspecto mucho peor.Parecía una persona común,sucia y desprolija, pero sin demasiados desperfectos además del alcohol.
-Ítalo,eh?De parte de Marco del Valle?Je,que suerte que todavía no tomé demasiado.Tomen asiento compañeros.

Su aspecto era realmente mejor de lo que esperabamos,Cregh no se veía tan desepcionado ahora.Su barba tal vez llevaba una semana sin afeitar.Su cabello estaba algo largo y despeinado.Intenté oler algo,pero noté que tenía incluso mi nariz entumecida por la sombra.Nada en él era repugnante como esperaba,pero había algo en su sonrisa que me hacía perder la cabeza.Era demasiada siniestra.Sonreía de oreja a oreja,como exhibiendo sus dientes.Sus ojos adquirian aspectos parecidos a los de un demente.Su manera de gesticular con las manos y su postura al hablar termina de cerrar un personaje muy oscuro,pero ridiculizado por su adicción al alcohol.

-Entonces,que necesitan?
-Estamos en una misión hacía el Oeste...Marco dijo que podía contar contigo.
-Ohhh,el Oeste.Es un vasto continente,saben?¿Qué quieres saber de él?
-Estamos en una....
-Misión-intervinó Cregh.
-Necesitamos detalles del Oeste,saber a que puerto podemos llegar.
-Saben?La gente recurré mucho a mi preguntadome cosas más parecidas y ninguno pregunta sobre las maravillas del oeste.Por desgracia,no conozco demasiado de los centros costeros del Oeste,pero los hay de seguro.También no estoy muy seguro de cuán dóciles seran con su llegada.Imagino que su misión no es del agrado de la gente del Oeste.
-Supongo que no seran demasiado amigables,cierto.Necesitamos saber algun lugar puntual,por donde podamos entrar al continente y adentrarnos.
-Adentrarse? Ja,supongo que seran cadaveres más rápido de lo que pensé.
-Acaso estuviste en el Oeste,todas tus afirmaciones-
-Claro que sí.Nací en el Oeste,buen hombre. He visto cosas que no creerías.-dijo muy seguro.Mató lo que quedaba dentro de su vaso y ordeno otro.Miré a Cregh,su cara era una mezcla de sensasiones variadas,pero no había que ser un genio para darse cuenta de que no veía verosimil la historia de Tammi.
-¿Algun nombre?¿Algun contacto? Realmente buscamos cualquier detalle concreto.
-Posiblemente H'vyah será lo más cercano a la costa,pero no estoy seguro.Hace un largo tiempo que no estoy por esas tierras puras.
-¿Algun contacto?
-Posiblemente esten todos muertos,así que no,compañero.
-Supongo que será todo muy improvisado,al fin y a cabo.
-Estoy seguro de todo ha cambiado mucho todo.Pero hay cosas que no van a cambiar.
-¿Como qué?-preguntó Cregh,impaciente.
-Su paz,su blanca vida.-dijo sonriendo y cerrando los ojos.Quedo así por un buen par de segundos.Acto siguiente,Cregh se paró y se fue.
-Necesito saber algo más.La piedra del Rayo,necesito su ubicación.
-Pides mucho chico,sabes?-dijo lanzando una carcajada-Creo que es más fácil entender a las mujeres que conseguir detalles de la familia Reblor.
-¿Reblor?-era una familia bastante conocida,de la que se sabía más bien poco-Ellos poseen la piedra del rayo?
-Claro que sí,hijo.La tienen en su castillo que nadie puede encontrar.
-Un castillo que nadie encuentra?Un castillo no es fácil de esconder.
-Lo sé,lo sé.Son magos,no crees que podrían esconder un castillo en el cielo,o abajo del agua?-rió.
-Nadie lo encontró nunca?
-Tal vez si,y la piedra simplemente no esta ahí.Pero quién sabe.
-¿Los campos elíseos te suenan a algo?
-Al Oeste.

Asentí.Me paré y miré hacía afuera,donde estaba Cregh.Le invité un trago y lo saludé.Cregh esperaba afuera,estaba sentado y parecía bastante molesto.

-Realmente vas a creer historias de un borracho?
-No,claro que no.-dije,aunque de lo que dijo algo me había quedado claro -Al menos tenemos un nombre,H'vyah.
-Es real? No estoy seguro ni de como se escribe siquiera.

Guardé silencio un momento.

-Cregh,necesito un ayuda una vez más.
-Ahora que necesitas?
-No voy a mentirte,esto es de índole personal.Pero es muy importante para mí.Es la razón de por que tengo estos dibujos en la cara.-le contesté,señalando mi cara.Parecía cansado,con ganas de cenar y dormir una buena y larga siesta.-Realmente necesito de tu magia,otra vez.De alguna manera esta conectado con el Oeste,los Reblor.
-¿Reblor?-inquirió
-Es la familia que posee la piedra.Nunca encontraron la ubicación de la piedra,pero puede que haya sido el primero.
-¿Acaso vas a seguir los cuentos de ese pobre Tammi?Pensé que eras más inteligente.
-Es algo mucho más grande que el delirium tremens de un pobre diablo.Mucho más.
-Esta bien,¿que necesitas que haga?
-¿Sabes hacer búrbujas?

Llegamos un rato antes del atardecer al mismo punto donde habíamos llegado con la chica de ayer.El muelle se veía muy a lo lejos,lo mismo que las embarcaciones.El sol estaba apunto de ponerse.

-Justo a tiempo.Si no nos apuramos,se va a volver todo muy oscuro allá abajo.
-Hagamos esto rápido.
-Me gusta la actitud.

Cregh creo una búrbuja antes de entrar al agua,para que no se mojara la pólvora y las flechas que llevaba.Descendimos suavemente y nos encontramos con un fondo marino que se fundía con los colores del ocaso.Había la suficiente luz para guiarme y no terminar ahogados allá abajo.El paso era más lento sin la guía de la chica.El aire de la búrbuja se empezó a tornar más difícil de respirar.

-Por allí.No falta demasiado.

Seguimos las búrbujas blancas que llegaban desde el estrecho tunel.Ascendimos bastante más rápido de lo que recordaba haber hecho con la mujer.Cregh mantuvo la búrbuja hasta la orilla y una vez que el agua nos llegaba a eso de las rodillas la deshizo.Lo tomé de la mano y lo llevé hasta detrás de los pastizales.

-Por Dios,¿que es este lugar?
-Los campos elíseos,Cregh.
-Como es posible que haya un lugar así debajo del agua?
-Yo tampoco lo podía creer.Además no sentis esa sensación única?Es un lugar muy extraño.
-¿Qué?Ya habías venido?
-Sí,pero es bastante difícil de explicar.Cuándo terminemos esto,te cuento todo con lujo de detalles.

Los pastizales eran enormes,el escondite perfecto mientras avanzabamos hacia delante.Nuestro destino era el castillo,que coincidia con una pared de luz blanca que chocaba con el techo de roca.Casualmente,todas las raices blancas se unificaban ahí. Era aquí. El vertigo en mis pies me decía que el Impacto estaba muy cerca.Muy pronto conocería que me esperaba al tocar el agua.

La noche caía,inclusive dentro de ese domo.La oscuridad se fue apoderando de los campos elíseos mientras nos acercabamos a la muralla que rodeaba al castillo,a paso de camello.Todavía no vimos a ninguna otra persona viva alrededor.La flora se volvía de menor altura mientras nos acercabamos a la muralla llegando un momento en el que no era seguro seguir caminado hacia adelante.

-Podes teletransportarnos dentro de la muralla,tardará un segundo.
-No.Estoy muy seguro de que estos tipos son magos y que pueden detectarte.Dejame esto a mí.

Tomé el pergamino adherente y lo pegue en mi antebrazo derecho.El otro pergamino lo até a una flecha.Preparé el arco,apunté lo más arriba posible para poder pasar la muralla apesar del peso extra.El disparo fue perfecto,como de costumbre.

-Toma mi mano.

Cregh se acercó y tomo mi mano.Pensé en el destello característico del hechizo de teletransportación y aparecimos dentro de la muralla.

-¿COMO HICISTE ESO?
-SHHH,silencio!Son pergaminos mágicos.Estoy familiarizado por que mi sangre me impide hacer cualquier tipo de hechizo.

Miré el pergamino de la flecha.El esfuerzo realizado al llevar 2 personas era bastante más grande,pero todavía quedaban un par de teletransportaciones.De todas maneras tome otro pedazo de los pergaminos adherentes y lo pegue debajo del anterior.

-Genial,ahora necesitamos un plan.
-Esperaría a todo termine de oscurecer,creo ver gente a lo lejos.

Nos sentamos esperando que la noche llegase.Estaba muy ansioso por entrar al puto castillo y robar la piedra.Demasiado,sentía que mi corazón podía explotar en cualquier momento.

-Sigo sin entender como puede haber algo de estas dimensiones abajo del agua.Quiero decir,podría ser una ciudad entera!
-Es increíble.Realmente no termina de entrar en mi cabeza.
-¿Qué tipo de familia vive aquí?
-Se supone que son los Reblor,pero no estoy seguro de nada.No conozco algun escudo o distinción propia de ellos...Hey,creo que tengo un plan.

La luz era suficientemente tenue para movernos sin que nos vieran.Nos acercamos más al valle donde se encontraba el castillo.Estabamos lejos del pequeño puente que separaba el castillo del resto de los campos encerrados por la muralla.

-Esto es un puto paraíso-masculló Cregh.

Até el pergamino de la tinta a la flecha y lo lancé a la otro lado del castillo.El hecho de que el viento fuera practicamente nulo,ayudaba mucho al tiro.

-El plan es simple.¿Ves esos 2 de allá hablando?Voy a darles con la flecha de pólvora,procurando lastimarlos,pero no matarlos.Esperamos que los ayuden,lo que nos permite darnos una idea de cúantos son adentro.Inmediatamente después nos teletransportamos donde sea que cayó la flecha,y entramos por el otro lado.Mientras se desviven buscando al tirador por el lado equivocado,tomamos la piedra y nos vamos.No te voy a obligar a ser participe de esto,podes esperar en la playa hasta dentro de 2 horas.Si no vuelvo,simplemente vete.
-Si,claro-Cregh rió-voy a dejarte solo para que te maten.De hecho es un buen plan,pero es una pena que tenga que protegerte para que se cumplan los escritos del Oeste.
-Estupendo,-dije tratando de esconder la sonrisa que se había formado-hagamoslo.

Mi cuerpo estaba totalmente revolucionado,no podía mantenerme quieto un solo segundo más.Iba a explotar.Explotar en muchas direcciones,por una bola de sentimientos que no hacía más que crecer y crecer.Me sentía exhausto,aunque la adrenalina en mis pies me tenían despierto como nunca.Simplemente iba a colapsar en cualquier momento.
Preparé una flecha con la mezcla de pólvora de Craster,y dudé acerca de la cantidad.También de la calidad de la pólvora.Eché un poco más de lo que tenía calculado.
Arriba,sobre sus cabezas,a unos 3,tal vez 4 metros, había el piso de una escalera superior.Debía volar su base para que las piedras cayeran encima de ellos.
Un escalofrío me recorrió entero justo antes de que lanzará la flecha,pero por suerte no afecto en mi tiro.Luego de haber pasado un segundo del sílbido una enorme explosión desprendió el piso encima de sus cabezas.Temía que estuvieran muertos ahora. Varios hombres salieron de diferentes puntos a acercase para ver el origen de la explosión. Por la tranquilidad del lugar,podía decir que todo el que estuviese en la isla lo había escuchado.
Tras 60 segundos que se tornaron infinitos,había alrededor de 12 hombres alrededor de los escombros que mantenían a las víctimas atrapadas.No había gritos de dolor,así que posiblemente estuvieran muertos,o en el mejor de los casos inconcientes.

-Vamos,toma mi mano.

Le extendí la mano y la tomo sin hesitar.Concentré mi mente en el pergamino y aparecimos del otro lado del castillo en menos de un parpadeo.
El plan parecía funcionar a la perfección.Volví a tomar la flecha del pergamino y apunté adentro del castillo.Otra vez extendí la mano a Cregh y volvió a tomarla.En menos de 75 segundos estabamos adentro del castillo.

-Genial,ahora solo falta la parte improvisada.-tomé la flecha con el pergamino y volví a lanzarla afuera del castillo.Noté que el primer pergamino se estaba despegando de mi brazo.Solo quedaba un par de ases bajo la manga.

Dentro del castillo había un hueco en el medio de cada piso por donde pasaba la luz blanca que se veía desde lejos.Decidimos bajar hasta el último piso,donde suponiamos que se encontraba la piedra.
Mi corazón latía demasiado rápido,mis sentidos estaban demasiado agudizados.Mis manos transpiraban como si fueran un río.Mis pies ya no seguían mis ordenes,se movían solos.Se movían hacia adelante,hacia abajo.Elegían cada camino correcto para llegar.Para llegar vivos al Impacto.
Sin darme cuenta había matado a 3 hechiceros con la daga que me había dado Marco y mi mente nisiquiera había hecho una sola decisión.Eso era lo que tenía que pasar y no podía hacer nada para evitarlo.A la siguiente curva a la derecha,bajando las escaleras,en esa sala inmesa de granito.

-Yo te cubro,ve y tomala rápido!

Volteé y vi como Cregh preparaba una bola de fuego enorme.Justo detrás de él,un grupo de Reblors se acercaban corriendo y preparando sus ataques.La bola de Cregh impactó contra la pared y todo tembló.Las paredes se comenzaron a razgar.Tomé la polvora y una flecha.

-ABAJO,CREGH!-grité desgarrando mi garganta.

La flecha hizo volar el pasadizo que nos separaban de los Reblor.Todo allá abajo comenzó a temblar,las piedras a romperse y caer.
Sin perder más tiempo bajé hasta la sala donde estaba la Piedra del Rayo.
Allí,flotando en la luz blanca que emanaba.Allí,esperandome.Allí,rodeada de hilos que se fundian en el piso y parecían brillar con la misma intensidad que las raíces.Allí,acompañada de enormes engranajes y máquinas que parecían revólveres gigantes.
Todo este tiempo,no había hecho más que prepararme para el Impacto.
Levanté mi mano derecha y caminé en su dirección lentamente.Tan lentamente que mi mente gritaba correr,tomar la puta piedra y huir.Pero mi cuerpo no me pertenecía.
Me encontraba a centimetros de sus paredes de delicado cristal tallado,de un hermoso celeste claro.Tan cerca que podía sentir como los pelos de mi brazo se erizaban.Cuándo el último músculo faltaba estirarse para tomarla,una piedra cayó desde arriba.La piedra que había caido había partido la piedra del rayo en 2.Nisiquiera había tiempo para reaccionar cuando sentí una horrible punzada en mi hombro izquierdo.Mi mano seguía estirada,tratando de llegar a la otra parte de la piedra,pero mi cuerpo entero comenzó a convulsionar.
Mi cuerpo entero colapso en ese momento,mi sangre se congeló.Rebotaba una y otra vez contra el piso,sin parar.Mis gritos de dolor no aliviaban nada.Mi cerebro se derrita y mis ojos se desconectaron casi al instante.Recibía una descarga tras otra.Una tras otra.Sentía que mi corazón latía en todos los centimetros de mi cuerpo.Era cuestión de tiempo para que estallase.Mi espalda comenzó a doblarse hacía atrás y mi conciencia simplemente se apagó.Derepente,tan cerca y tan repentino,había pasado al otro lado.
Habiendo colapsado mi cuerpo entero,no era más que un cadáver.Sentí las manos de Cregh levantando mi cuerpo inerte.Comenzó a hacer presión en mi pecho.Lentamente volví a percibir sonidos a mi alrededor,pero todavía era incapaz de ver.

-Ítalo,tenes que sacarnos de acá!

Sin darme cuenta,el Impacto ya había sucedido.Y me encontraba abajo del agua actualmente.También noté como mi garganta había sido cortada por los gritos.Sentí como mi corazón latía con temor a que con un solo error volviera a ser castigado de esa manera.

-Ítalo!

Sí.Estaba vivo,pero todavía no entendía que sucedía.Mis ojos volvieron a ver formas,que se tornaron cada vez más claras.La piedra seguía allí y la otra parte estaba incrustada arriba de mi pecho.Me arrastré hasta la piedra y la tomé.Quedé tirado boca arriba,observandola.-Al fin te tengo,hija de puta.-pensé.
Mi mente tuvo un segundo de lucidez y entendió que el lugar se estaba desmoronando,y cada segundo que pasaramos ahí era un segundo más cerca para que los Reblor no asesinaran.
Le tendí la mano a Cregh y el la extendió.En un abrir y cerrar de ojos,estabamos afuera del castillo.
Mi cerebro estaba despierto ahora,pero no podía hablar y apenas moverme. Cregh tomo mi arco y tomo la flecha del pergamino.Apuntó hacía la costa,pasando la muralla y disparó.

-Ítalo,necesito que lo hagas una vez más.

Cerré los ojos y me concentré en movernos.Cregh me guardó el arco y el pergamino cargó conmigo hasta la costa.Mientras me llevaba por los pastizales me dormí en su espalda.
Desperté en la cama contigua a Li.Mi cabeza seguía dando vueltas.

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30 Re: R.O.L. Beta el Dom Sep 14, 2014 4:45 pm

HEIR

23 de Abril. Abrí la puerta de la cabaña con un cierto desánimo, pues ya sabía lo que iba a encontrar. Efectivamente, los restos de la familia que la habitaban ocupaban la cocina. Estaban bajo los estantes de comida, el último rincón del cuarto a donde debían haber podido huir. Entre las extremidades que quedaban en medio de la masa de sangre pude ver a dos humanos adultos, pero también había un dedo demasiado chico. Había visto a las arañas marchándose de la casa desde la lejanía, y había tenido que entrar a comprobar que había quedado en pie adentro.

Pase a otro cuarto. Todo estaba aplastado; los cuerpos de las arañas maduras habían comprimido los mismos cimientos de esa pobre cabaña de madera gastada. Era un dormitorio. Ahí debían dormir los chicos. Como con pereza, revise los muebles en la habitación sin buscar por nada en particular. Abrí un armario de ropa; tome un pijama y lo sentí con mis dedos un poco. Era tan pequeño… Las personitas que habían usado esas ropas debían haber cedido más rápidamente que la madera.

Ya no quedaba nada. Salí de la casa, respirando el aire del campo abierto; era denso y picante, como el sol amarillo arriba. La primavera apenas estaba comenzando, pero ya se mostraba intensa. Bien, me dije. Esos eran tiempos de cambios.

Hacía tres días que estaba marchando hacía el festival de Craster. Todavía me quedaba un largo trayecto, pero entendía que debía ser así. Cada uno tenía su trabajo para ayudar al Oeste, y el mío no necesitaba poder transportarse con un anillo del espacio. Aunque el calor hacia que mis plumas sudaran, nunca me sacaba la túnica; no era seguro que un cuervo se mostrase fuera de las grandes ciudades, en los lugares donde la gente no sería tan amable con ellos. Teniendo que evitar la ruta principal, caminando a un lado de los caminos secundarios, de barro, me encontraba con menos viajeros. Me alimentaba del ganado suelto que encontraba y animales salvajes, y mi mente estaba serena. Ya no tenía ninguna duda. Podía sentir que cada paso que daba era en la dirección correcta.
Pero esa era la primera vez que veía arañas entre los caminos. ¿Cómo se habían adentrado tanto? Creer que una cosa así podía suceder era imposible, aunque acababa de verla. Se decía que la especie había entrado al continente por el mar, y desde entonces migraron en manadas hacía el centro del reino, como una plaga que no dejaba de reproducirse y que los humanos no podían parar. Pero nunca habían subido tan al norte…

Me pregunte si estaban viniendo más desde abajo del continente. Me pregunte si traería problemas para el festival de Craster, o si las arañas llegarían a entrar a la capital…Pero solo había visto un grupo. En cualquier caso, sí sabía porque estaban tan agitadas. Lo que las estaba volviendo salvajes.

Es su despertar –me dije.

Nuestro Deus estaba despertando, y hasta los animales lo sentían.


Continúe caminando por el resto del día, apreciando el silencio. Mire los campos áridos, y el pasto amarillo que crecía bajo; el Camino Real se adentraba en las montañas, por lo que la vegetación bajaba poco a poco. Habían siembras a la distancia: más cabañas dispersas o agrupaciones de chozas que trabajan la tierra todos los días. Cuando los caminos de tierra pasaban cerca de las plantaciones, apretaba mi capucha y podía pasar sin problemas mientras veía como la gente trabajaba por un poco de comida. Cientos de personas trabajando los terrenos entre las grandes ciudades… Miles de horas de esfuerzo para que los señores de tierras tuvieran sus placeres.

Stercore –Insulte, mirando al cielo. Entonces pensé en el cuervo con el que me había encontrado, Krieg. Sus plumas tenían un verdadero negro, su mirada era de completa convicción a pesar de que estuviera manando sangre. Su cuerpo era alto, noble, como un huginn de proceder puro. Un cuervo de verdad, a diferencia de las alimañas que se escondían en la capital. Seguir las leyendas valdría la pena si podía conocer a más personas así.

A pesar de todo, caminar era demasiado lento. Faltarían otros cinco días antes de que llegara a Valle Hondo, y no podía dejar de pensar que sería de más utilidad actuando dentro de Veringrad, no alejándome de la capital. No podía entender que quería decir todo eso…


Pase esa noche al borde de una estancia abandonada que había visto junto al camino. Estaba sentado contra la esquina de una cerca antes de la entrada, arrodillado y quieto. Sin pensar en nada, solo esperando que llegara el sueño y, con él, un nuevo día. Otro día para poder continuar recorriendo los caminos de la Ruta del Acero. Así es que apareció el primer ruido, pero no me sobresalte. No lo reconocí como algo importante.  Apareció el segundo ruido, y después otro más. Los tres ruidos se repetían en los mismos intervalos. Con el silencio de la noche, entendí que eran tres personas. El primero apareció por encima de la cerca, apuntando a mi cabeza; pude escuchar las cuerdas de su arma tensándose. Los otros dos se acercaron a mí desde los lados, con armas filosas que brillaban en la oscuridad.
Tres ladrones. Me pare despacio, sin mover un musculo de más. El que estaba sobre mi dio un paso atrás a medida que mi cabeza subía, pero solo eso. Pude ver en sus ojos que no sabía que yo era un cuervo. Aun sin decir nada, solo mire a los tres, y baje mi capucha.
Una expresión de disgusto se dibujó en sus caras.
—Hey… Escuchá –Me dijo el del arco—. No hagas nada, y saca los cobres que tengas. No hagas…
—¿De qué hablás? –Pregunto el hombre a mi izquierda, acercándose lentamente con su cuchillo en guardia—. Es un bicho, tarado, un bicho. Matémoslo y vayámonos de acá…
—Uh…
—Pájaro de mierda –Dijo el de mi derecha, que no había visto acercándose. Antes de poder notarlo ya estaba pegado a mí, y con un cuchillo propio se dirigió a mi espalda.
Unió mis manos, como queriendo inmovilizarme. El de la izquierda se unió, entonces, e intento correr mi túnica para revisar mis bolsillos.

Eso era todo lo que podía aguantar. Levante una pierna hacía su rostro, arañándole con mis garras, y me zafe del agarre del otro con un solo movimiento. Mientras el primero chillaba por sus cortes, me gire hacía el de atrás, tomando la daga en mi cinturón. Para cuando nuestros rostros se vieron, mi mano ya estaba por los aires y le hice un corte por el cuello.

Entonces el arco fue disparado. Me moví un pie hacia la derecha, simplemente, y el tipo frente a mí me sirvió de cubierta. Con una flecha en la espalda, cayó al suelo, al igual que su compañero con un rio rojo brotando de su cuello. Salte hacía adelante y alcance al humano del arco.

En su rostro se dibujaba una expresión de terror. Los humanos no eran ningunos diablos, no daban la misma pelea; su piel era más frágil, más suave, más capaz de quebrarse bajo el peso como un montón de madera mojada…

El último hombre yacía en el suelo, terminado. La luna estaba por lo alto. El silencio seguía igual de imperturbable.


Caminaría durante todo el día siguiente. Los bandidos me procurarían un apetito saciado por el resto del día, y pude continuar avanzando por esas tierras humanas que nos pertenecieron a nosotros alguna vez.
Volvería a encontrarme con el hechicero negro al caer la noche. Había formado una fogata a un lado del camino, y su figura negra solo se acercó lentamente. Apareciendo entre la niebla nocturna, su casco negro no pronuncio palabra hasta que llego al lado mío, y se sentó junto al fuego.

Por un minuto nadie dijo nada. El mago no parecía él mismo. Decidí mostrar respeto, y espere.

¿Sabes por qué los llaman cuervos? –Dijo al fin.
¿…Eh? ¿A los huggin?
El mago asintió.
Pues… por unas aves negras de los continentes de los hombres.
Sí. –Asintió de nuevo—. Los hombres llegaron en sus barcos hace doscientos años, y vieron a nuestras especies y las llamaron monstruos. Bichos. Nos pusieron nombres en base a los animales que ellos ya conocían. Es… –El hechicero tomo aire. Parecía agotado—. Nos cazaron y nos persiguieron, e incluso pusieron a nuestro Deus a dormir a fuerza de sus espadas.
¿Esta, uh, está bien? –Grazne.
Sí, sí… Que la gracia de deus y su bien nos acompañen, sí. Oí, caballero. ¿Qué viste hasta ahora? ¿Qué te enseño tu viaje?
Vi… a hombres y familias trabajando como nunca lo había visto en la capital.
Contá… Caballero… ¿Qué viste en las ciudades fuera de la capital?
Vi hambre.
¿En bichos o en humanos?
En bichos y en humanos. Vi muerte… También en bichos y en humanos.
A veces causada por nosotros, ¿no? ¿Cómo estaba Laertes?
Me acerque al fuego un poco. Había pasado por el interior de Laertes sin problemas, sin que nadie me descubriera por lo duro de la situación allá.
Ya no habían señores de tierra para ocupar la Sala Legal y tomar decisiones. La institución de policía se había desintegrado, pero algunos ciudadanos se reunieron para servir como una fuerza provisoria.
Sin señores de tierra no habría nadie para recibir la mercancía ni las cosechas, ni para pagar.
Immo –Asentí—. Al parecer el rey estaba mandando algunas provisiones de parte de la capital.
Tienen que dejar claro que es un regalo, por supuesto. Todo tiene que ser una deuda de alguna manera. Ese rey…
El Hechicero dibujo un círculo en la tierra, con una mano cubierta por un metal negro.
Conquistan tierras y claman que les pertenecen, y aun así dicen que adoran a las fuerzas que los crearon originalmente. Un rey gordo que dice ser un representante de esos mismos dioses.
Unos grillos sonaban en la distancia. Yo miraba al hechicero con solemnidad.
¿Podes entenderlo? Los señores de tierras, el rey, todos son el mismo tipo de fuerzas. Elementos egoístas que desgarran al reino para ellos mismos. Mientras tanto, en las ciudades hacen festivales y la gente que vive ahí solo practica para hacer bailes o entretener. Para eso murió nuestro pueblo.
¿Paso algo? –Pregunte al fin. Debía haber un motivo para su encuentro.
Encontramos a la nereida. –Murmuro—. Krieg hizo un buen trabajo, como siempre. Ese huginn se ocupó de buscar a todos ustedes. Él fue quien me dijo que estarías en Veringrad, también. Cumplió ese rol bien.
¿Entonces? ¿Le paso algo…?
No, no. No. Pero hubo otro problema, el Pistolero fue asesinado.
¿Qué?
Recibió un corte mortal cuando trataba de probarse, como vos te probaste asesinando a ese viejo. Ni siquiera había salido de Craster. Pero no pudo matar a su nereida, y él recibió ese golpe.
El hechicero levanto su mano, mirando al anillo, que reposaba en ella, brillar contra el fuego.
Pude hacer que continuara el viaje moviendo su cuerpo yo mismo, usando mi magia para hacerlo hablar y caminar como un muñeco. Pero ya encontramos a la nereida, y pudimos moverlo al Oeste. Ahora están todos allá.
Entonces… ¿Yo también puedo viajar? ¿Ya es hora?
Cuervo. –Exclamo. Su tono era grave, y retrocedí por instinto—. ¿De qué nos serviría estar allá? No seas idiota. El enemigo está en estas tierras, no en las nuestras, y los otros cinco ni siquiera abandonaron el continente.
Pero…
Pero… Hay que apurar las cosas. Vine para llevarte a Craster. Los señores de tierra tienen que empezar a morir, ahora.
Immo… ¿Y si los cinco zarpan?
No van a poder acercarse a Deus. Pero… si lo hicieran, entonces vamos a ocuparnos de que las escrituras se cumplan.

Los grillos se callaron. El fuego dejo de crepitar. El hechicero levanto la vista hacía las estrellas, y yo hice lo mismo.

Sí realmente llegan al Oeste, entonces van a morir.


_________________
La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
Spark-a-dark, who's my sire? Will I lay me? Will I stay me? Bless this camp with fire.



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31 Re: R.O.L. Beta el Lun Sep 29, 2014 10:32 pm

Croft

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Cregh

Italo se encontraba descansando junto con el vagabundo, había llegado cerca del amanecer a la posada, cuando entre en la habitación Aldara se encontraba cuidando al viejo, había una cama vacía en el otro lado de la habitación, solté al loco con una piedra en el pecho sobre la cama y antes de que Aldara formulase una pregunta salí de la habitación, algo me decía que iba a terminar conmigo haciendo más favores, y es que eso era lo que habia estado haciendo desde que comenzó este viaje, favores, salí a la calle, totalmente vacía excepto por un gato parecido a Malo atravesando la calle, al inicio creí que era el gato del vagabundo pero cuando mis ojos se ajustaron a la tenue luz del amanecer note que tenía manchas, Malo no tenía manchas, o tal vez si y nunca las habia notado, no importaba.

Camine calle arriba, o lo habría hecho de haber alguna inclinación en las calles, Havenstad era totalmente plana comparada con las colinas de Veringrad, incluso Craster era una colina gigante, de hecho en algunas calles cuando no habia edificio alguno podía ver el mar, iluminado a la distancia por la luz del sol, nunca me gusto el mar, el olor a sal era fuerte y a pesar de que el sol aun no habia terminado de salir y yo llevaba una camisa de lino y unos pantalones que fácilmente podrían convertirse en vestido con unos cortes, no tenía frio alguno, ya podía sentir el sudor corriéndome por la frente cuando el sol estuviera en su apogeo.

Seguí caminando por las calles, cada minuto más iluminadas y pobladas, me dirigía hacia el centro de la ciudad, o eso suponía ya que en realidad no conocía nada de Havenstad, supuse que encontraría el centro o el fin de la ciudad, y si llegaba al final solo tenía que darme media vuelta y regresar por mi camino.

Supongo que tuve suerte porque no camine más de media hora antes de llegar a una gran plaza, un edificio cuya torre habia visto sobresalir hace unas diez calles se encontraba frente a mí, parecía una iglesia aunque no estaba muy seguro de que religión, a pesar del reino tenía una sola religión, de la cual no se mucho para ser sincero, no era poco común ver templos de otras culturas en las ciudades fronterizas y no me sorprendería ver un templo del alguna cultura del oeste en Havenstad, la capital del comercio con el oeste. Dude sobre si entrar sería una buena idea, podría conseguir información sobre lo que sea que nos enfrentábamos, también podría conseguir a los locos que nos están siguiendo en plena ceremonia sacrificando una cabra o quien sabe que, al final decidí ir al otro lado de la plaza donde unas tiendas se alzaban y estantes de productos empezaban a ser llenados con mercancía. Igual lo más probable es que en el templo me encontrase un par de viejos arrepintiéndose y pidiendo segundas, terceras y cuartas oportunidades.

Mientras me acercaba a la plaza empecé a dudar sobre mis intenciones, quería comprar algo aun me quedaba algo de dinero, pero no sabía que, y no me parecía lógico comprar algo solo por gastar dinero, aunque justo por habia decidido salir a comprar, era mi dinero y probablemente la última vez que tendría algo de dinero, Dalia ya estaba mencionando el barco hacia el oeste, claro completar nuestra misión y todo eso, pero lo cierto era que el viejo de Veringrad habia muerto, dioses ya ni me acordaba su nombre, y junto con nuestra oportunidad de obtener su dinero, la recompensa, la única razón por la que habia si quiera pensado en hacer este viaje.

Y ahora como están las cosas, partiendo hacia un continente medio explorado donde es casi seguro que nos van matar al vernos y eso es solo si no morimos en el camino en alguna tormenta, y para que, no era para conseguir dinero de eso estoy seguro, creo que a los demás no les interesaba la recompensa en lo más mínimo, Dalia seguía con su deseo de cumplir los deseos del viejo sea lo que sea que le haya dicho, Italo parecía más interesado en probarse algo así mismo o tal vez a su familia que en conseguir dinero, para que necesitaría dinero el en primer lugar.

Aldara, Aldara era un libro cerrado y tengo mis dudas sobre si ella misma sabe porque se unió a este viaje, el único que tenía algo de prioridades correctas era el vagabundo y ahora está en cama y al menos pasara una semana antes de que pueda caminar sin dar lastima, y que hacia yo acá, ya no habia dinero, pero eso lo sabía desde hace tiempo, tuve mis oportunidades de escapar pero no, habia seguido con el grupo, si quería irme esta era mi última oportunidad para hacerlo, pero por alguna razón no quería hacerlo, tampoco quería ir al otro lado del mundo a morir en tierras desconocidas, pero tampoco quería abandonarlos.

Deje de pensar cuando llegue al mercado y me encontré cara a cola con algo salido de una de una mis pesadillas, en ese momento hubiera preferido entrar al templo y ser secuestrado por un culto que enfrentarme a lo que tenía al frente, trate de huir pero era muy tarde, ya me habia visto.

— CREGH! Hermano, que haces acá!?

Sin importar los ojos de todos los presentes que habían oído sus gritos, que eran bastantes porque la sutileza no era uno de sus fuertes, Crezzo se acercó y antes de que pudiera terminar de saludarlo me abrazo con todo y cola.

—Crezzo, por favor, para.

Cuando me abrazaba, sintiendo sus brazos exprimir todo el aire de mis pulmones, su cola enredada en mi pierna y su perfume luchando por ver quién me dejaba inconsciente primero contemple mi situación, de pronto el oeste no parecía tan mala idea.

—Que haces acá, solo hay dos razones para venir a Havenstad, largarse o manejar mercancía, y como yo soy el que esta acá tratando de expandir el negoc-
—Crezzo.
—Oh como sea, a donde vas, no me digas que por fin cumplirás tu sueño de ir a Dirgrain a ver las danzas desnudas de las b-
—CREZZO.

Una buena casa en el oeste, si, esa era mi meta, debía haber alguna ciudad seguro allá, tal vez una librería cercana, lejos de cualquier taberna de poca clase, tal vez un local especializado, nada de cerveza solo lo mejor del continente, no, del mundo y podría comp—

Y así paso la mañana, Crezzo me conto de todo lo que habia ocurrido desde la última vez que nos vimos, al parecer una chica lo habia cambiado por otro y el habia ido a darle una golpiza pero termino con un par de costillas rotas y en reposo por semana cuando llegaron los amigos del nuevo novio de su novia, también menciono un ascenso, o un nuevo trabajo, era difícil prestarle atención a la conversación cuando esta cambiaba de tema tan rápido como olas chocaban en el puerto, donde nos encontrábamos ahora ya que Crezzo habia decidido ir a comer mientras contaba la historia de cómo casi se llevaba a la cama a una chica humana cuando su novio los encontró en la salida del local y de nuevo, lo dejo en cama por un par de semanas.

—Pero ya basta de mí, has encontrado otra chica, tú siempre eras el que no regresaba a casa cuando salíamos junt—
—Crezzo que llevas ahí?
La habia notado mientras hablaba sobre su viaje por un rio cuyo nombre no se acordó y termino viendo a un hombre morir a manos de un pez gigante, o tal vez el habia empujado al hombre, no importaba, llevaba una bolsa de cuero sencilla, muy sencilla de hecho, contrastaba con su fina camisa morada, con su chaleco verde y sus guantes blancos, básicamente contrastaba con Crezzo, por los dioses por que llevaba esos guantes.

—Oh cierto lo habia sacado para dártelo pero supongo que me distrajiste antes de dártelo, se me habia olvidado la última vez que nos vimos, mira— Abrió la bolsa y dejo caer sobre la mesa una especia de collar o cadena plateada con un amuleto de un rojo oscuro metálico, tenía forma de rombo y en su centro un cristal reflejaba la luz del sol en mi cara, lo agarre para apreciarlo mejor y note que tendrás del cristal habia una especie de dibujo, parecía una persona con una túnica concentrándose, el metal estaba trabajado, los bordes del rombo estaban detallados para tener la apariencia de flamas, habían más detalles que apreciar pero Crezzo continuo hablando como era de costumbre.

—Me llego con un mensajero, la emoción que tuve el ver que recibía un paquete fue solo superada por la decepción que tuve al ver que era para ti.
—Cuanto tiempo llevas guardando esa frase?
—Medio mes, en fin, venía con esta carta.

Crezzo metió sus manos en su bolso y luego de unos segundos saco una carta doblada y arrugada por el uso.

—Dice que es de un tal Wendagon y que espera que sepas usarlo.
—Venia sellada vedad?
—Si— Y sin una gota de vergüenza continuo contando su historia de cómo habia terminado el viaje en el rio, al parecer se habían chocado con una roca en medio de un lago y una mujer mitad pez los rescato, a los diecisiete miembros de la tripulación, obviamente Crezzo no necesitaba ayudar en el mar, pero según el igual se dejó manosear por la mujer pez.

Poco antes de que se oscureciera llegue a casa, Crezzo dijo que si iría la semana que viene y que estaría listo para encontrarnos mañana, al entrar a la posada una parte de mi deseaba escuchar a Dalia gritar "Salimos esta noche!".

Pero no, de hecho no vi a nadie en el local, ni si quiera la dueña del lugar, entre a mi habitación y me puse a inspeccionar el amuleto, incluso después de muerto ese viejo lograba conversernos, incluso si el amuleto era inútil, al menos me vería bonito.


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La luz se fue todo el dia y tuve que escribirlo en la laptop, sin la EÑE ºJº

Y como no habia luz, no tenia forma de revisar partes viejas asi que todo lo que escribi fue de lo que recordaba de la historia, y tengo muy mala memoria.

La idea es que el amuleto, lento pero seguro convertira a cregh de un encendedor barato a un soplete profesional... y aprender mas poderes y blah blah blah, no todo de un golpe claro, poco a poco sentira el poder y como liberar el suyo y mas blah blah blah.

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32 Re: R.O.L. Beta el Miér Oct 08, 2014 10:12 pm

Con cada paso sentia el dolor de los huesos en todo mi cuerpo. Arrastrando el pie izquierdo y encorvado hacia adelante, llegue hasta la salida del hospital. Seguro algun doctor me dijo que debia descansar y que iba a empeorar si caminaba, y yo no le hice caso. Ya habia estado aca 3 dias, el sol apenas saliendo por sobre las montañas, y no podia soportar el encierro. Aldara me mantuvo compañia el segundo dia, Dalia pasandose ocacionalmente. Les pedi que me trajeran mis cosas, pero solo pudieron pasar la ropa, las armas, obviamente, no estaban permitidas aca. Y ayer en la mañana llego Italo que estaba inconsciente por alguna razon. Entraron un camilla por lo visto a peticion de Cregh y lo dejaron ahi, sin explicarme que habia pasado. Eventualmente desperto, miro alrededor y... no hablamos mucho, mas que la pregunta ocacional sin importancia. Se fue luego del almuerzo, diciendo que se encontraba bien. No se que tan verdad habra sido.

No habia mucha gente afuera a esta hora. Calle abajo podia ver el mar mezclandose con el cielo, y a unas cuadras de distancia una carreta familiar. Me habra tomado 20 minutos llegar hasta ella por lo lento que caminaba, pero era la carreta que compre con Cregh, los caballos durmiendo cerca. Los desperte y los desate del poste al que estaban amarrados, que pertenecia a la posada en que estaban alojados los demas. "Rincon de Lucia". Un nombre interesante, la verdad.
Me subi a la carreta con esfuerzo e hice andar a los caballos, tratando de ubicar en que direccion estaba en la plaza, cosa dificil porque con suerte habre estado dos veces en mi vida a Havenstad, conocia mejor las otras ciudades del reino. Una bola negra de pelos salio de la nada y se subio de un salto a la carreta mientras estaba en movimiento. Era Malo que me habia seguido, y sin siquiera saludarme se fue al fondo de la carreta a seguir durmiendo sobre una manta. Gato flojo...

Para no aburrir con detalles llegue a la plaza luego de mas o menos una hora, porque ademas debia ir lento para que la carreta no saltara con las piedras y agujeros del camino. Para mi buena suerte, una feria se estaba armando alrededor, con puestos de fruta, pescado, ropa, juguetes, y todo lo que uno espera encontrar en una feria. Pero algo faltaba aqui. Llegando a un espacio que aun estaba vacio, estacione mi carreta y me baje a buscar piedras. Piedras pequeñas, de todas las formas y colores, principalmente grises y en forma de piedra, que eran las que mas abundaban. Puestos se armaron alrededor mio y mas de un feriano me dijo que sacara la carreta, pero los espante diciendo que este era mi puesto. Ordenando las piedras, escribi en el suelo

"VENDO CARRETA
3Ø 50ϱ"

y me subi a esperar el dinero. Era un plan infalible.

Por otro lado, no habia desayunado.

Las horas volaban mientras la gente se movia de un lado a otro. Algunos pasaban sin darse cuenta de mi oferta, otros la veian y seguian, y en una ocacion llego el niño que se cree gracioso y desordena las piedras. Malo se entretuvo tratando de sacarle el brazo. Reordene las piedras mientras me preguntaba porque nadie venia. 3 ocatos y medio ya era una buena oferta, a ese precio la habiamos comprado y fue lo mas barato que habia. ¿Quizas la gente de puerto es fuerte y no necesita carretas?
No me hubiera importado tener poca demanda, tenia tiempo para seguir intentando, pero el hambre me estaba matando y no tenia dinero para comer. Y tampoco queria gastarlo, ya que iba a necesitar cada moneda. En retrospectiva, podria haber comido en el hospital antes de salir. Y podria haberles avisado a los demas que iba a vender la carreta, quizas esten pensando que se la robaron.

Mire al cielo despejado. Iba a ser un dia largo y caluroso.


Senti que me estaban sacudiendo el brazo. Abri levemente los ojos, era Aldara que me estaba despertando.
-Oye Lang, despierta. -me decia. ¿No podia alguien descansar tranquilamente estos dias? Bostece y trate de estirarme, pero senti un fuerte dolor en el hombro y en la espalda, incluso peor que el del primer dia, creo que hasta me retorci un poco de dolor. ¿Se estaba pasando la anestesia?
-¿Que te paso? ¿Te encuentras bien? -me pregunto, preocupada obviamente. Me ergui apoyandome en el brazo y disimule el dolor.
-Si si, no es nada. He estado peor. -no recordaba haber estado alguna vez peor, pero no queria recibir un sermon de que deberia quedarme en cama ni que me obligaran a devolverme. De aqui no me iba hasta vender la carreta o que se acabe la feria.
-Deberias haberte quedado en cama. Ven, volvamos al hospital. -puta madre.
-Estoy bien Aldara, sino no podria haber llegado hasta aca en primer lugar.
-Es que me preocupas. ¿Que pasa si llegan los del Oeste y te atacan? -cielos, esta niña. Me sente completamente para responderle, y note que Dalia tambien estaba aca, sentada mirando afuera.
Eh, hola Dalia. -le dije, y se giro para verme.
-Hola. -me respondio con poco animo, y siguio en lo suyo. Uh.
-Uhm... Bue, los del Oeste no saben donde estamos. -le dije a Aldara.- Es mas, deben creer que ya nos fuimos en barco. Asi que no pasa nada, no hay de que preocuparse y definitivamente no me duele mucho el cuerpo. -si, con eso iba a quedarse tranquila.
-Si tu lo dices... -uh, no esperaba convencerla asi de facil. Bue, sera.
Mire hacia afuera y me asegure de que mi anuncio siguiera aun armado. Ya parecia ser mediodia y la feria tenia mas actividad que antes de dormirme, pero nadie venia a comprar. Santas putas celestiales...
-¿No hay clientes?
-Nisiquiera han venido a regatear. -con mirar a una mujer con una bolsa llena de comida ya sentia ese vacio en el estomago- Y me estoy muriendo de hambre.
-Si quieres voy por comida. -sugirio mientras se bajaba, Dalia seguia en lo suyo.
-Oh por favor... Nisiquiera he desayunado. -Aldara me quedo mirando feo con eso ultimo.
-Eres bastante irresponsable, ¿sabes? -
-Gracias. -le dije sonriendo. Aldara suspiro.
-Bueno, volvere en 5 minutos. ¿Vienes conmigo Dalia? -le dijo estirandole la mano.
-Si... -le respondio, y se bajo sin mucho animo con ayuda de Aldara. Esa niña esta rara hoy. Y yo que pense que ibamos a recuperar fuerzas mientras esperabamos aca. Dalia esta rara, a Italo le sucedio... algo, y Aldara seguro esta preocupada por los tres. El unico que parece estar bien es Cregh, pero no me sorprenderia si se encontrara con un esqueleto viviente o un lagarto gigante. Jeje, seria gracioso ver un esqueleto golpeando a alguien con su femur.

Aldara llego pronto con algunas manzanas y una botella de leche. Creo que dijo algo de los huesos, pero estaba mas concentrado en destapar la botella sin hacerme doler mas el brazo y beber un buen trago.
-No sabes cuanto te lo agradezco. -dije tomando una de las manzanas y dandole un mordisco.- Pense que iba a seguir asi hasta la tarde. -ñam- Aparte que dan muy poca comida en ese hospital, la cena de anoche fue apenas un plato. -ñam- Debo tener hambre acumulado de hace tres dias. -le conte de alguna forma hablando y tragando a la vez. Ñam.- ¿Te pasa algo, Dalia?
-No he dormido bien, eso es todo. -dijo apenas girandose a mirarme. Note que tenia ojeras, y no parecian las de alguien que tuvo una mala noche.
-¿Por? ¿Te preocupa algo? ¿Ansiosa por el viaje? -pregunte, aunque tenia mas o menos una idea de que estaba pasando. Le di otros mordisco a la manzana y mordi una pepa. Me la saque de la boca y la tire afuera, esos ferianos no van a tener puesto cuando cresca ese arbol.
-Si, un poco... -no dio mucha mas explicacion que eso. Deje el corazon de la manzana frente a mi y segui con otra.
Ñam -¿Y no has visto nada en sueños? -esta manzana era mas acida.
-No realmente.
-¿Por tres dias? -Dalia me miro confundida- ¿Segura que no es porque no quieres dormir?
No hubo respuesta. Segui masticando.
-¿Tienes miedo de ver algo malo? ¿Es eso? -miramos a Dalia yo y Aldara durante unos momentos, mientras yo seguia masticando la manzana. Dalio miro hacia afuera por unos segundos, hasta que finalmente asintio con la cabeza
Seguimos en silencio hasta que termine la segunda manzana, y la deje al lado de la primera. Tome una tercera manzana, distinta a las otras.
-No puedes estar despierta para siempre, solo te va a hacer mal... -le dije mientras sujetaba la manzana.- Aunque no veas las cosas, el mundo seguira igual. En ese sentido, saber lo que no nos gusta es mejor que no saber, aunque duela.
Dalia solo miro hacia afuera un momento, y luego se volvio a mirarnos.
-Se que mi mama esta sufriendo... Que esta sola ahora y que no sabe cuando volvere o si volvere viva... No quiero verla asi, sin poder abrazarla, sin poder ayudarla o decirle "te quiero". Se que tengo que ver a donde hay que ir, pero no quiero ver a mi madre llorando sola... No quisiera tener este poder. -dijo con tristeza, bajando la mirada al terminar. Aldara y yo la miramos y luego suspire.
-Siempre pense que eras muy joven para una mision asi. -dije jugando con la pequeña manzana.- Tener que abandonar tu hogar por una mision tan peligrosa... Ahora Wendagon esta muerto. Posiblemente no haya recompensa, nada que salga de terminar bien esto. Puedo llevarte en carreta hasta tu pueblo con tu madre, mientras los demas siguen hacia el oeste. Despues de todo, Wendagon nunca los obligo a esto... Que dices, ¿aceptas?
-¿Hablas en serio Lang? -dijo bastante confundida con mi oferta
-Aun no vendo la carreta. Tomara mas o menos dos semanas considerando cuanto nos tomo llegar hasta aca, pero me daria tambien tiempo de recuperarme completamente.
-¿Pero y la mision? ¿La abandonarias?
-No me importa mucho la mision, pero puedo alcanzar a los demas. Si sabemos nuestro destino final, nos encontraremos eventualmente.

Dalia se miro las manos durante lo que parecio un minuto, decidiendo si seguir y devolverse. Un pajaro se paro afuera de la carreta y empezo a picotear el suelo. Agarro la semilla que habia tirado y se fue con ella. Saque otra pepa de la manzana y la tire al mismo lugar, esos ferianos no iban a apropiarse de este lugar. Dalia levanto la cabeza.
-¿Ustedes van a seguir con la mision aun si no hay recompensa? ¿Con el peligro que implica? -nos pregunto. Aldara me miro, como preguntando si hablaba yo o ella primero. Decidi hablar yo.
-Pues si. Lo hago porque... -me detuve un momento, pensando bien mis palabras.- ...para ir a un lugar lejano, quizas lo mas lejos que pueda ir y conocer en mi vida. No me preocupa el riesgo, considerando como he vivido. Cazando criminales con Malo... -efectivamente, sin ayuda de Malo tendria que dedicarme a otra cosa.
-¿Escapas de alguien?
-No realmente.
-¿Y tu Aldara?
-Pues... Si... Al principio lo hacia porque escape de prision, -¿q-que? ¿Aldara en prision? Jajaja, no lo creo. ¿Que hizo? ¿Mato a alguien?- pero ahora se que hay una profesia y... pienso que si nos separamos nos van a matar. Me da miedo la verdad, pero lo hago por el bien de nuestro grupo y, si Wendagon esta en lo correcto, de todo el continente.
-No lo haces porque quieres... -resumio Dalia, pero Aldara nego con la cabeza.
-Quiero, porque es lo mejor para todos, quizas no para mi. Pero si todos se separaran yo no seguiria. -corrigio. Dalia volvio a mirarse las manos.
-Ya veo. -durante unos segundos se mantuvo en silencio, hasta que levanto la cabeza y miro a Aldara tratando de sonreir.- Supongo que seguire con el viaje. -suspire profundamente y empece a comerme de una vez la tercera manzana. No tenia mucho sabor esta.
-Pues esperemos que Cregh e Italo digan lo mismo. No tengo muchas expectativas del mago. -les conte a las dos.
-¿Crees que nos abandonara?
-No lo se. Me da la impresion que Italo es el tipo de persona que seguiria de cualquier forma con tal de demostrarse, pero no se Cregh. Seria una pena, porque nos ayudaria bastante, aunque no sea tan bueno como el mago del oeste. -me dolian los huesos con solo pensar en el poder que tenia esa bestia. Brrr.
Termine de comer la manzana y la deje al lado de las dos que me habia comido. Con eso habia sido suficiente, aunque quedaba la duda de que iba a almorzar. No queria tener que volver al hospital pero si ese efecto anestesico se seguia desvaneciendo tendria que hacer el sacrificio. Por otro lado la comida era gratis aunque poca...
-Disculpe, ¿usted esta vendiendo esta carreta?
Oh cielos.


Me dolia horriblemente la pierna y la espalda por bajarme muy rapido, pero con la venta... me dolia lo mismo, pero al menos estaba contento.
-Volvere en mas o menos una hora, cuando empiecen a desarmar la feria. -me dijo el hombre. Parecia una persona importante, cosa rara de ver en una feria. Era mas o menos similar a Wendagon, solo que con una nariz un poco mas pequeña y un poco mas grande de los lados. Luego de negociar durante algunos minutos quedamos con un precio de 3 ocatos y 35 rorintios (cosa que no fue facil de lograr, por poco y lo dejaba en 3 ocatos cerrados). Lo mejor de todo, lo convenci de pagarmelos ahi mismo. Considerando que no podia salir con toda la feria alrededor, estaba seguro de que iba a seguir aqui mismo cuando llegara.
Cuando me gire a ver a las chicas, me encontre con Dalia durmiendo sobre las piernas de Aldara, un hilo de baba cayendo.


Debo decir que este fue un buen negocio. Comprar cosas con ayuda de alguien mas y despues venderlo todo por cuenta propia. 35 ronrintios mas que con los que empece (aunque hubiera preferido quedarme con los 12 ocatos). Debia hacer negocios con Cregh mas seguido. O mejor, formar una sociedad. Sin que el se entere.
En fin, caminando a paso lento, cojeando por el pie, me dirigi a la armeria que debia estar cerca si este pueblo era vagamente similar a los demas. Deje a Dalia durmiendo con Aldara mientras esperabamos a que se desarmara la feria. Aprovechando el viaje, me detuve en un puesto a ver algo de ropa... no manchada. La mia habia sido lavada, pero aun se veia manchada con algo y dudo que alguna vez se salga.
Alli entremedio de varias prendas, habia un abrigo perfecto para mi. Aunque era gris en vez de cafe como el mio, tenia bastante bolsillos adentro y afuera. Lo mejor es que costaba una ganga; nadie lo queria.
Compre el abrigo y algunas prendas mas para el viaje junto con un bolso grande para llevar todo lo que iba a necesitar.

Al abrir la puerta de la armeria sono una campanilla. Un sujeto viejo de mas o menos mi estatura aparecio tras el mostrador.
-¿Se le ofrece algo? -me pregunto el vendedor. En las paredes habia una enorme variedad de espadas, dagas, arcos, mazas... todo menos armas de fuego.
-¿Revolveres, tiene? -el vendedor sonrio ante la pregunta.
-Por supuesto. ¿Busca alguno en especifico?
-Depende. ¿Que es lo mejor que tiene por mas o menos 3 ocatos?. -le pregunte sin dar una cantidad especifica. El anciano se llevo la mano a la barbilla
-Espereme un momento. -dijo mientras se devolvia por la puerta. Habra pasado medio minuto cuando volvio con una caja de madera. En su interior acolchado, un brillante revolver un tanto mas grande que el mio.- Hermanos Skowroneck calibre 40. 3 ocatos 10 rorintios. Lo mejor que podra encontrar a ese precio. De este lado del reino, al menos.
-¿Puedo tomarlo? -le pregunte. El señor asintio con la cabeza.
-Con confianza nomas. -me alento. Tome el revolver y apunte hacia un lado. Mas pesado que el mio, ciertamente.
-Es una mejora. Me pregunto si me sera suficiente.
-No hay ser vivo que pueda seguir caminando con un disparo de esta belleza. A menos que sea un elefante o un lagarto gigante, claro. Esas cosas pueden seguir hasta con 6 tiros en el cuerpo... ¿Va a cazar un lagarto? -me pregunto intrigado.
-No realmente, pero es casi intocable. Las balas se desvian. -el hombre me miro confundido con eso ultimo.- Es un mago. -aclare.
-Un mago... Aah, tu estuviste en esa pelea en el muelle hace unos dias. -Huh, no esperaba que alguien se acordara.
-Si. ¿Estuvo ahi?
-Me lo conto mi señora. Casi todo el pueblo hablo de eso. Que edificios enteros y el muelle habia sido destruido por un mero mago, y el mar congelado y los barcos varados. De verdad no lo crei hasta que vi todo el daño por mi mismo... No me diga que va a enfrentarse a esa bestia. -me dijo el hombre casi pasmado. Me dio un poco de risa incluso. Santas putas me duelen las costillas...
-Voy a enfrentarme a esa bestia.
-No le creo... -dijo con cara de asombro, y miro el revolver de cerca.- ¿Que desviaba sus balas decia? ¿Que modelo es su arma?
-Pues... -me revise los bolsillos, y recorde que no la traia.- No lo se.
-Uhm... Venga, acompañeme. -el viejo me hizo una seña para seguirlo a la otra habitacion atras de la tienda, donde guardaba el resto de las armas. Sobre una mesa larga habian varias cajas entre otras armas, y empezo a abrirlas una por una, mostrandome los revolveres. En una de ellas habia uno que era igual al mio, modelo Skowroneck al parecer. El mio tenia la marca borrada, nunca habia entendido bien que decia.
Se lo señale al viejo. Este tomo el revolver y lo inspecciono un momento.
-¿Dices que las balas se desviaban?
-Si. Al disparar golpeaban el suelo a unos centimetros o no le daban a nada. Tuve que dispararle a quemarropa para hacerle algo, pero siguio dando pelea luego de eso. -le conte. El viejo inspecciono el revolver un momento mas y luego miro el que me presento.
-Este revolver es una buena mejora... pero no se si podria servir. No podria estar seguro a menos que le disparara. Dice la gente que ese mago no era humano. ¿Es cierto eso?
-Es un bicho del oeste. No se que raza pero sabemos que es del oeste... ¿Tiene eso algo que ver con esto? -pregunte. No veia la relacion entre el arma y la raza del mago.
-Esos bichos del oeste no son de fiar... Son resentidos, la gran mayoria seguro lo es, la que no esta aca. Es un odio profundo y siempre presente hacia la humanidad. Han pasado siglos desde la Guerra y se han mezclado entre nosotros los que ya lo han superado de cierta forma, pero para el resto es como si hubiera sido ayer. Y mas aun, no mueren facil.
El viejo se dirigio cerca del final de la larga mesa y se acerco con una caja.
-Este es un revolver un poco mas caro, 3 ocatos y 40 rorintios normalmente, pero estoy dispuesto a negociarlo. Dasmadchen calibre 45. Hay otros mas potentes como el Skowroneck pero los precios suben bastante por menos beneficio, y creo que este cumplira bien con tu proposito.
-Parece algo interesado en que acabe con el mago. -el viejo rio
-Mas que interes diria que es una... "precaucion". Un mago con ese poder en estos lugares... No hay muchos magos humanos que pudieran hacerle frente. Pareciera que la era de los grandes magos acabo luego de la Guerra. Me da miedo, la verdad. Preferiria perder unos pocos rorintios a dejar a un bicho asi rondando libremente.
-Bien... ¿que le parece 3 ocatos y 20 rorintios por el?
-Me parece una estafa. -rio el viejo.- 35 rorintios.
-33. No ofrezco mas que eso.
-Te estas aprovechando de mi buena voluntad. -me dijo. Yo me rei.
-Usted se aprovecha de la billetera de un pobre vagabundo. 33 rorintios y el resto en municion. ¿Le parece?
-Bien... supongo que seria un trato. -el viejo me estiro la mano y se la estreche.- Ahora veamos... municiones...


Llene el bolso que traia con cajas de municiones, tanto para el revolver nuevo como el viejo. No se como sera el continente pero no me puedo fiar que vendan municiones alla, o siquiera armas de fuego.
-Creo que una maza con cubierta de metal te vendria bien. -dijo mientras sujetaba una maza con cubierta de metal con una mano como si no fuera nada. Este viejo era fuerte.
-Creo que ya me ha robado suficiente por hoy. Estare bien con esto, gracias. -dije mientras me dirigia a la puerta.
-Que tenga suerte, ¿señor...?
-Lang. Lang me llaman. -le dije confidente.
-Que tenga suerte, señor Lang el vagabundo.
Huh, "Lang"... supongo que me gusta ese nombre despues de todo...
Cerre la puerta de la armeria, y... agh, mi pierna... iba a tener que irme directo al hospital.
Me dirigi a la feria a paso lento, con una rama de arbol como apoyo y con mi ropa y nueva arma en el bolso. Entre puestos desarmados me encontre con Aldara y Dalia esperando, Malo comiendose un pescado que seguro robo, la carreta por ningun lado.
-Bien, vamos de vuelta al hospital.
-Lang. -me detuvo Dalia.
-¿Que?


-Hay que ir a Gangshi. -declaro Dalia cuando Cregh e Italo entraron a la habitacion mia en el hospital.- Vi un letrero con ese nombre en un sueño.
-Pues ya era hora. -dijo Cregh notablemente entusiasmado por la noticia.- Eh, ¿y cuando nos vamos?.
-Tan pronto como podamos. Hay que ir al puerto y buscar algun barco que se dirija hacia alla.
-Podrian haber ido ustedes ya que aprovecharon de salir. Con la carreta. -dijo Italo, solo tanto menos entusiasmado que Cregh.
-No me estaba sintiendo muy...
-¿Y que paso con la carreta? -me interrumpio Cregh.- No me digas que la vendiste Lang. Espero mi parte de la venta. -por las santas...
-Te lo pagare despues Cregh, ahora no tengo dinero. -hasta ahi llego nuestro negocio.
-Mientras ustedes ajustan cuentas yo ire al muelle a ver si hay un barco hacia alla. Si no tendriamos que pagarle a alguien para que nos lleve. -dijo Italo mientras se giraba para salir.
-Voy contigo entonces. -dijo Cregh metiendose las manos en los bolsillos.
-Yo tambien. -Dalia se levanto para seguirlos, pero Italo se giro a mirarla.
-Te ves algo cansada, deberias quedarte.
-Me encuentro bien, aparte que yo soy la que sabe donde ir.
-Como digas. -y salieron los tres de la habitacion. No me quedaba nada mas que esperar.

Mientras estaba almorzando un almuerzo no muy abundante volvieron los tres con buenas noticias. Podiamos salir esta misma tarde si queriamos.
-¿Tan pronto? Yo pense que iba a ser mañana o en unos dias mas. No tan rapido... -apenas se me estaba pasando el dolor del cuerpo
-Un marinero va a dejar una carga hasta alla y nos puede llevar a buen precio. Es el unico que va a ir durante un tiempo, pero si quieres unos dias mas para recuperarte podemos esperar.
-Creo que seria lo mejor. Recuperarse de los huesos toma tiempo...
-No hay problema. Puedo caminar perfectamente hasta alla. -mas o menos...
-Entonces empecemos a guardar lo nuestro. -dijo Dalia, y fue con los demas a buscar sus cosas en la posada.
Termine de comer y sali una vez mas junto con Malo. Con cada paso sentia el dolor de los huesos en todo mi cuerpo. Arrastrando el pie izquierdo y encorvado hacia adelante, llegue hasta la salida del hospital. Seguro algun doctor me dijo que debia descansar y que iba a empeorar si caminaba, y yo no le hice caso. Ya habia estado aca 3 dias, el sol estaba en lo alto y ya iba a dejar este lugar. Iba a ir a un lugar que nisiquiera imaginaba como seria, y que nisiquiera imaginaba si iba a volver vivo. Que emocion...
En la posada los demas me estaban esperando. Tome mis cosas, y me guarde mis dos revolveres en los bolsillos de mi abrigo nuevo. Ese mago y el cuervo de Laertes no iban a tener tanta suerte ahora.
Pasamos en el camino frente a un... prostibulo. "Amanda y Maria". La señaletica era todo lo contrario de discresion.

En el muelle, un marinero viejo, alto y experimentado nos estaba esperando. Italo le pago el costo del viaje y subimos a su barco. Nos tomaria 8 dias llegar hasta Gangshi, en la peninsula de Bandao. Quizas 9 o 10 si el clima no era muy bueno mas alla.
-Es raro ver a gente que quiere ir al viejo continente por un viaje. Casi siempre es por negocios. -¿viejo continente?
Me empece a sentir mareado apenas salimos, y termine acostandome en mi cama hasta que se me paso luego de algunas horas. A nadie mas parecia afectarle el vaiven, nisiquiera a Malo. Gente suertuda...
Llegada la hora se la cena y ya sentia el dolor de los huesos volviendo. Comimos pescado con limon, y el marinero empezo a hablar como si nunca hubiera hablado con alguien y nos conto el primer capitulo de la completa historia de su vida, que consistia en toda su infancia y como a los 14 decidio se encanto con el mar y decidio ser marinero. Una historia memorable ciertamente.

Para el segundo dia desayunamos merluza con limon. Tenia un mal presentimiento sobre eso. Ese dia fue cuando mas me dolio el cuerpo; apenas me levantaba de la cama para comer. El marinero nos conto como a los 18 sus padres alcoholicos lo hecharon de la casa, y como a los 20 años habia juntado suficiente dinero para comprarse un barco de pesca, que fue su nuevo hogar, y se enamoro perdidamente de una mujer llamada Angela. A Aldara parecio interesarle la historia. Ciertamente fue mejor que el pedazo de anoche.

El tercer dia ya estaba mas aburrido que lo que estuve en el hospital. Al menos ya todo me dolia un poco menos. En una salida afuera, me encontre con el marinero, Ernesto creo que se llamaba, mirando hacia el horizonte en la punta de su barco.
-¿No se aburre viendo el mar todo el dia? -le pregunte al ver que estuvo alli varios minutos.
-¿Ah? ¿Tu te aburres? -me pregunto de vuelta. Dioses...
Comimos salmon con limon mientras Ernesto continuaba su historia. Cuando tenia 21 ocurrio la revolucion de los rios del 53. Se enlisto en la marina y fue encargado con proteger Havenstad del ataque del puerto de Fairier. Ellos atacaron con 3 barcos con cubierta de metal en un momento en que solo habian 2 defendiendo. Las balas de cañon rebotaban contra el blindaje. El general del barco de Ernesto murio luego de un cañonazo, asi que decidio asumir el mando aun cuando el solo era vigilante. Empece a pensar que quizas este viejo marino era el famoso Ernesto Alibar...

Para el cuarto dia teniamos el sabor del mar en la lengua. Y tambien el del limon. Ese dia almorzamos cangrejo. Con limon. Cregh me pregunto por el revolver nuevo. Decidi probarlo, y por la fuerza del disparo casi me hice mierda el brazo, ademas que el arma se me fue de las manos y me golpeo en la nariz. Cregh no hizo mas que reirse mientras yo sangraba. No hubo historia para mi ese dia porque estuve en cama recuperandome, pero parece que no me perdi de mucho.

El quinto dia empezamos a ver nubes grises en el cielo a lo lejos. Los huesos me empezaron a doler mas. ¿Se venia una tormenta?.
-Va a haber un poco de lluvia mas adelante. Nada muy grave. -dijo el capitan sin mayor preocupacion.
Ernesto y su tripulacion lograron hacerle frente a los dos barcos restantes (habian hecho encallar a uno acercandolo a la costa) incluso luego de que se habian quedado sin armamento. Los marinos de Havenstad entonces salieron en sus barcos, armados con cañones y se defendieron ellos mismos de sus atacantes. En la distancia avistaron mas barcos enemigos acercandose, y la gente de Havenstad dio la buena pelea. Los refuerzos llegaron, y procedieron a tomarse el puerto de Fairier. La revolucion acabo y los lideres fueron ejecutados por sus crimenes. Ernesto volvio para pedirle matrimonio a Angela como le habia prometido si volvia vivo. Esta si fue una historia memorable. Comimos pulpo con limon.

El sexto dia desayunamos chorizos con limon. Tanto mar ya me estaba hartando. Le pregunte a Ernesto que carga era la que traia.
-Oh, nada. Algunas especias, te, frutas y verduras...
Casi me tiro por la borda.
Ernesto vive de la pesca durante 5 años, y Angela se empezo a comportar de forma extraña. Lo termino abandonando porque segun ella Ernesto la estaba engañando con las sirenas (jaja ¿q-que?). Ernesto considera tirarse al mar y ahogarse, segun el era donde pertenecia. Lo salva un amigo al ultimo momento.

El septimo dia empieza a llover fuertemente. Nos desviamos un poco de curso, y Ernesto dice que nos retrasaremos un poco. Luego de no morir a los 27, decide dejar la pesca y transportar gente por los oceanos. Empieza a tener bastante exito. A mi me duelen las rodillas por la tormenta al igual que a Ernesto.

El octavo dia llegamos al anochecer a la costa con algo de tormenta. Nos desviamos hacia el sur, y tenemos que dirigirnos al norte hasta Gangshi. Ernesto nos cuenta sobre la vez que tuvo que transportar al rey de Alles por asuntos diplomaticos al oeste.
-Nunca habra un rey como el Rey Opren V. Podria haber hundido los tres barcos blindados durante la revolucion yo solo y aun asi hubieramos perdido si no fuera por ese hombre. Tuve el honor de transportarlo cuando el se entero quien era yo.
En el viaje de regreso, una fuerte tormenta los atrapado, y Ernesto jura que afuera se formo un remolino que trato de tragarse el barco. Apenas logra escapar, y cuando cree estar bien, una ola enorme los alcanzo y dio vuelta el barco, destruyendolo en el proceso.
-Nunca me he podido perdonar eso... El Rey confio en mi por haber demostrado mi valor en el campo de batalla, y deje que muriera.
Ernesto logro sobrevivir de alguna forma y termino en la costa casi muerto. Se cambio el apellido para evitar la verguenza y por 50 años hasta hoy solo ha transportado mercancias.
-Casi nunca he transportado gente porque me recuerda mis errores. A los pocos que he llevado ha sido porque nadie mas ha querido llevarlos... Pero les prometo que no importa si nos cae el cielo encima, los voy a llevar a salvo hasta Gangshi.
Y Ernesto cumplio su palabra. Grandes olas se formaban cerca de la costa del continente del oeste, pero nuestro barco nunca se devio de su trayectoria. Aldara intentaba controlar el agua pero la fuerza del mar era cientos de veces superior al poco poder que tenia ella. Una ola mas grande que el resto se alzo en la distancia, y el barco giro para enfrentarla de frente. Pasamos a traves de ella, y continuamos nuestro curso. Ernesto no durmio esa noche, no hasta que nos dejara en Gangshi.

Al dia siguiente el tiempo se calmo un poco, y en la tarde llegamos al puerto de Gangshi con un viento helado, nubes grises en el cielo. Nos bajamos del barco con nuestras cosas y Ernesto se saco su gorra.
-Llegamos bien hasta aca -nos dijo, sin orgullo sino que con calma en su voz.
Camino con nosotros por el muelle, las calles completamente vacias, mientras contaba el final de su historia. Ernesto nunca mas pudo enamorarse de otra mujer. Nunca olvido a Angela, ni dejo de pensar en ella. Mas de 50 años han pasado y sigue con la esperanza de que algun dia ella vuelva, aun cuando el mismo admite que ella podria haber muerto hace ya varios años con otro hombre.
Ha vivido solo durante los ultimos 50 años, con solo el mar de compañia. Ya no espera nada de la dura vida.

Nos encontramos con una criatura sentada al lado de un fuego que a cada momento amenazaba con apagarse. Era una masa de pelos negra con manos y pies, lo unico blanco siendo sus ojos. Llevaba una gorra y un abrigo que seguro le quedaba bien, pero por la cantidad de pelo se le veia muy ajustado. El bicho levanto la vista y nos miro.
-Ernesto. Tanto tiempo sin verte. -nos dijo mientras nos deteniamos al frente de el.
-2 años, Dalir. -le dijo el marino y acerco una roca para sentarse. Nosotros hicimos lo mismo.- Necesito pedirte un favor.
El viejo le explico a la bola de pelos sobre nuestro viaje, y que nos diera buen alojamiento. El bicho termino aceptando y Ernesto se levanto.
-Dalir se encargara de ustedes. Yo no conozco bien estos lugares, y tengo que entregar la carga. Pero los esperare para el viaje de vuelta. Los llevare a salvo hasta Havenstad. -nos dijo Ernesto, mientras se ponia su gorra y volvia para entregar la carga que alguna vez prometio. Que te vaya bien en tu vida, grumete Ernesto Alibar.
-Ese Ernesto. Siempre inventaba historias largas para pasar el rato. -dijo Dalir mientras movia algunas ramas en su fogata... mierda.- Supongo que estoy a cargo de ustedes ahora. Les sere sincero, si hubieran hecho eso de sentarse al lado de un... "bicho", como les llaman, en cualquier otro lado por lo menos los hubieran hechado a golpes. -nos dijo con una mirada fria.- En los puertos hay humanos como ustedes de un lado a otro por razones de comercio, y pueden andar sin preocupacion. Pero mas adentro del continente, la gente no es tan tolerante. Nisiquiera puedes mirar feo o por mucho tiempo a alguien sin meterte en problemas. Les aviso para que no lloren que nadie los advirtio cuando salgan de aca.
-Esta bien. Sabemos como cuidarnos. -le aclaro Italo. Dalir solo miro hacia el fuego.
-Mas les vale. Adentro viven los resentidos, y ustedes no tienen derechos. -dijo mientras movia las ramas del fuego, hasta que una brisa fuerte lo apago completamente. Dalir dejo la rama a un lado y se levanto.- Vengan. Los llevare a mi posada. Solo porque Ernesto me lo pidio pueden quedarse gratis.
Seguimos a Dalir por unas cuadras, nosotros siguiendolo unos dos metros mas atras.
-¿Creen que sea tan asi? ¿Lo de que nos pueden atacar por cualquier cosa?. -nos pregunto Dalia en voz baja, con preocupacion en su voz.
-Pienso que quizas lo hace para asustarnos, pero podria ser asi. Mas adelante lo sabremos.
-Si hablan asi de fuerte si va a ser asi. Se los digo para que no lloren despues. -nos grito Dalir desde adelante, y Dalia e Italo se quedaron callados. Tenia buen oido al parecer, aunque con tanto pelo no se si tendra oidos exactamente.

Caminamos durante unos minutos hasta que llegamos a la posada de Dalir, señalizado por solo un pequeño letrero. "Refugio del Mar". No era exactamente un lugar de lujo, pero era suficiente para pasar la noche. Prendimos alguna velas para darnos iluminacion mientras sacabamos nuestras cosas. El cuerpo aun me dolia bastante, pero parecia que al menos podia saltar sin hacerme mas daño. Desearia poder decir lo mismo del revolver nuevo...
-Entonces, ¿tenemos que hacer algo aca antes de seguir? -le pregunto Cregh intrigado a Dalia
-No lo se. Si no sucede nada, deberiamos partir... hacia algun lugar. -dijo Dalia insegura de hacia donde habia que proceder. Ibamos tan bien...
-Ahora que llegamos, es posible que los del oeste nos busquen y nos ataquen. Deberiamos estar preparados...
Si. Ahora es cuando se pone bueno...



5936 palabras. No esperaba llegar a escribir tanto cuando empece ºwº

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33 Re: R.O.L. Beta el Lun Oct 27, 2014 11:32 pm

Ítalo


Mis ojos estaban abiertos. Mis ojos veían. Mi corazón latía.
No podía coordinar las señalas que envíaban mis ojos a mi cerebro.Mi alrededor se componía de bultos que poco a poco tomaban lucidez luego de varios segundos mirandolos.Mi conciencia se volvía intermitente,cada parpadeo significarmente a aventurarme a perder el hilo de mis acciones.En mi claros de lucidez notaba que algo estaba distinto. Estar en mi propio cuerpo se volvía incomodo, muy antinatural. Aunque tal vez no fueran las palabras adecuadas. Simplemente algo cambia cambiado, desde muy profundo.
Mi cuerpo se movía involuntariamente, mi conciencia se perdía cada vez más.Temí no volver a sentir,pero los bultos comenzaron a tomar definición.Con un par de párpadeos mis ojos se entendieron con mi cerebro. Me encontraba en el comedor,solo. Había un sandwich sobre la mesa, aunque no lo toque porque mi apetito todavía no había despertado. Es más,no estaba seguro si mi apetito iba a volver algun día después del día de ayer.Si algo podía recordar en cada instante era el halo en la que la piedra estaba sostenida en el aire. Y podía ver la cara de Cregh con claridad también. Guié los ojos hasta mi mano izquierda,mano con la que había tomado la piedra.
Ella seguía ahí encerrada en mi mano totalmente rígida como metal sobre ella.Traté de abrir,pero noté permanecido en esa posición por un durante todo un día. Mi mano izquierda se rehusaba a largar la piedra incluso frente a la presión de la mejor y más grande mano derecha.Simplemente se revelaba ante mis órdenes y se negaba a dejarla ir. Sacando dedo por dedo, finalmente cedió. Tomé la piedra y la dejé sobre la mesa.
Realmente lo había conseguido.La piedra del Rayo estaba en poder de un del Valle.La piedra que tantos habían buscado y no habían podido encontrar.La piedra que según las leyendas era imposible de tocar. Ante el más mínimo contacto con ella,el poder de la piedra destruiría tu cuerpo. Osado era el que se atrevía a manejar con levitación y suicida el que acercaba su mano.
Su perfecta simetría se veía alterada por un corte en diagonal sobre la punta derecha. Y si,todavía recordaba que tenía inscrustada parte de ella en mí pecho. Alguien se había tomado el trabajo de venderme y cuidarme. Me sentí increiblemente débil,como si me hubieran sacado una parte del alma.Y esa parte que había expritado,era la más pesada de todo mi alma.Todo se sentía muy diferente.
Presté atención a mis latidos.Se sentían cómodos y libres, casi podía controlarlos y quedarme a vivir en su lento pulso. Es...
Mi cabeza se sentía descomprimida.Mi respiración ya no estaba cargada.Me paré y levanté la cabeza buscando un espejo.Caminé hasta el baño y me miré al espejo.Comencé a borrar las marcas del ritual,ya que todo había terminado.Podría volver a casa sabiendo que lo había hecho.Mi misión estaba cumplida y me pregunté si era esa la razón por que me sentía como me sentía.
Regresé al cuarto por mis cosas y me vestí.Tomé mi bolso y saqué el envoltorio de la piedra. Un estuche negro,pequeño, con detalles dorados. Guardé la piedra allí y el estuche en mi bolso. Cregh había dejado mi arco y las flechas a los pies de la cama. Me hice con ellos y salí a la calle.

El cielo brillaba contagiando el celeste del cielo el mar con tonos dorados.Respiré hondo.Mis pulmones se inflaron y llenaron de aire puro.Llené de sal marina todo mi organismo.Sentí que hacía mucho que no respiraba tan profundamente. Y no podía recordar cuando mi respiración había sido tan,tan... ¿normal?
Busque el resto por la feria calle abajo y mientras caminé me perdí en mis pensamientos.Mi cabeza parecía un diccionario buscando la palabra justa a como me sentía.Tal vez no era suficiente con una palabra. Amplié mi búsqueda a una oración,o tal vez a alguna frase. Mi fuerte no eran las frases, no podía parafrasear a ningun personaje de importancia y tampoco conocía esas frases que llenaban el corazón y el espíritu. No se me ocurría nada concreto.Pensé en libertad,viendo unos pájaros sobre mi cabeza,pero no cuadraba.Pensé en felicidad y me quedé con ella varias cuadras.Luego la rechacé,sabiendo que estaba siendo feliz ahora mismo por la obtención de la piedra.Era algo más profundo.Cuando doblé a la derecha,antes de toparme con Cregh pensé en que el término más acertado, generalmente hablando, era liviano.Lo confirmé con mis pasos.Se sentían suaves,como haciendo caricias al suelo con cada pisada. Y además todo estaba un poco más lento.Al notarlo,parapadeé para que volviera a la normalidad,pero nada paso.
Un brazo me giró hacía atrás.
-Ítalo -dijo Cregh,con cierto alivio.-Estas vivo.
-Claro-le sonreí.Había aprendido a querer a Cregh mucho en muy poco tiempo.No es que todas nuestas diferencias esten arregladas pero se transformaba paulatinamente en algo más que un mago por ahora inútil del que cuidar.-Me siento bien ahora. Gracias por lo de ayer.Bueno,creo que fue ayer.

Cregh solo bajo la cabeza riendo.

-De nada,pero vamos al hospital a ver a Li.
-Li?-pregunté pensando en voz alta.
-¿Acaso te olvidaste de tus compañeros?Li,el vagabundo.Del gato negro.
-Ahh,Li,claro.-como había podido olvidar al vagabundo tan simpático.
-Las chicas debe estar allá.Apuremosnos.

¿Las chicas?¿Quién demonios eran las chicas?Mierda.
Llegamos hasta el hospital a visitar al vagabundo. Con el ya estaba las chicas. No entendía por que había olvidado a Dalia y a Aldara.El impacto de la piedra seguro provocó alguna conmoción en mi cabeza que todavía no había sanado.
Al llegar Dalia nos recibió con el nombre de nuestro del Oeste. Gangshi se llamaba.
Miré uno por uno a cada uno de nosotros.Estabamos a punto de partir al Oeste. El viejo continente.El hogar del Dios.
No podía sacarme la sonrisa de mi cara.Me sentía increiblemente entusiasmado. Sentía ganas de saltar de la emoción.
Terminamos decidiendo de que buscaríamos un barco que tuviera destino el continente del deus así ahorrariamos mucho dinero.También tendríamos alguna advertencia sobre lo que nos encontraríamos allá.
Cregh volvió a estar a mi lado cuándo salimos y Dalia se quedó.
Mi mente en la ida se lleno de nuevo de palabras como si fuera un diccionario.Y entre esas palabras ahora también rebotaba Gangshi.Cregh encontró un barco de un simpático navegante.Tal vez no era tan simpático,pero nos llevaría hasta el Oeste.Creo no haber abierto la boca en ningún momento.Pero si recuerdo claramente cuando Cregh abrió la suya, luego de acordar el trato con el marinero.
-Ítalo,sabes que Wendagon esta muerto,si?
-Wendagon.Si.-me costó un poco recordarlo,pero recordé al viejo.
-Lo que significa que ya no hay recompensa alguna.

Su última silaba se mezclo con una palabra de la voz de ella.Recordé el calor de su piel y en mi mente se instalo la imagen de su ancha sonrisa.-¿Tu...reina?. Ya no habría castillo para ella.No habría fama y gloria al volver.Aunque más me importaba ella. Su futuro no podía terminar ahí,siendo solo una puta en un lugar de mala muerte.A pesar de la mala memoria por la que estaba transitando recordaba cada rincón de su cuerpo.Me negaba a creer que aquella vez fue la última que tocaba su cuerpo.
Volviendo a la realidad,o a solo un escalón abajo de la realidad,no entendía mis sentimientos sobre aquella chica.Estabamos defediendo el continente de un Dios, había logrado obtener la piedra del rayo. Formabamos parte de una puta escritura sagrada.Pero aun así no me gustaba romper promesas y aquella no fue solo una mentira para que su cuerpo se derritiera sobre el mío.
Pensé ahora en si,objetivamente. Realmente no me importaba el dinero ahora.

-Creo que estabamos a otro nivel del dinero.Esto... es un bien mayor.

Cregh se limitó a asentir con la cabeza.No parecía disgustado con la respuesta.Me sorprendía que no había dicho nada por el tiempo que había pasado pensando, porque se había sentido como una eternidad. Cregh también estaba lento,mierda! Todo estaba lento.Froté mis ojos y zapateé.¿Qué carajo estaba pasando?

Una vez en el hospital le contamos sobre la buena oferta del viejo marinero. A pesar de la ansiedad, esperar al vagabundo a que se recuperara no sería un problema. Pero con determinación y mintiéndonos un poco tomo la oferta de viajar esa misma tarde.El sol recién comenzaba a bajar de su punto más alto cuando partimos hacía el puerto. Un sudor frío me recorrió la frente pensando en que realmente entraríamos en el continente viejo. Hogar del mago negro y del Deus. De ahora en más sería solo hostilidad.¿Quién podría decir que encontraríamos allí?¿Tendríamos que matar animales salvajes para comer?¿O robar para sobrevivir?¿Usar capuchas y máscaras para ocultar nuestra humanidad? Nada sería fácil. Y nada fue fácil hasta ahora,pero todo se volvería más complicado.Aunque podía sentir que eramos más fuertes,más unidos. De estar rodeado por 4 potenciales incompetentes termino encontrando que en el fondo de mi corazón sentía que esto se podía lograr.A pesar de la sangre que hubiera que derramar,de las heridas que hubiera que curar,de los sacrificios que hubiera que realizar.
Mirando hacía atrás podía ver Alles,el nuevo continente.Ese que recuperaron nuestros ancestros.Ese que habitamos pensando que nada puede pasar.Ese que gobernamos con corrupción total.
Todo ese porción de tierra dependia de las 5 personas elegidas que abordaban ese barco en dirección al Oeste.Y con cualquier error que cometieramos,esa porción de tierra gigante caería.Cada segundo que hayamos vivido,cada recuerdo de nuestras familias,cada olor de las calas en primavera,ya nada sería lo mismo.

Una vez que el barco encaró aguas oceánicas,tomé mi bolso y revolví las cosas hasta encontrar el pequeño estuche con las yerbas. Fui hasta el baño,esperando que hubiera un espejo. Me resultó raro encontrar un espejo ahí.Y con raro quiero decir realmente raro. Aunque pensando en frío puede que los espejos sean moneda corriente en el Oeste y Ernesto haya comprado uno.
Molí las yerbas y con un poco de agua de mar se volvió una pasta verdosa. Giré mi cabeza y pusé la pasta en mi cara,para borrar el tatuaje que ahora se encontraba camuflado por una barba de unos cuántos días ya. Puse la pasta en mi otra mejilla y froté energicamente.La tinta negra se desprendía como si fuera acuarela. Sin otro tipo de esfuerzo solo con enjuagar mi cara el tatuaje había salido.Ya que no encontraba otra cosa para hacer,me afeité con la daga que Marco me había regalado.Conocía los riesgos,pero me había afeitado con ese tipo de cuchillos toda mi vida. Aunque gracias al gran oleaje terminé con un simpático corte horizontal en mi cuello.
Salí afuera a la popa del barco y me senté mirando como dejabamos Havenstad atrás.Sostuve las gotas de sangre que caían desde mi cuello.No era un corte profundo ni grave,pero sangraría un poco más.Me encontraba satisfecho con la definición para este estado en el que me encontraba.Liviano.Si,liviano.Lo pensaba una y otra vez y encontraba una palabra que lo definiera mejor. Sentía como si hubiera tenido siempre una pesa detras de la nuca,tirando mi cabeza hacia atrás.
Seguía dando vueltas a lo mismo como felicitandome por tan gran hallazgo.Aunque entre más tiempo pasaba se parecía más a estar chocando los 5 conmigo mismo.
Una pequeña luz salió de mi mano.Como un destello muy rápido pero existió. Con la mano manchada con sangre y la herida ya coagulada, me paré y mire mi mano izquierda.No recordaba que había hecho cuando salió el destallo.Me saqué mi ropa y vendajes para ver si la piedra había cambiado en algo. Su azul parecía estar vivo y latiendo al mismo tiempo que mi corazón.La herida estaba rodeada sangre seca y en un rojo apagado que lentamente parecía volver más blanco para convertirse en piel nueva. Toqué la piedra con mi mano esperando que de alguna manera se hiciera luz de nuevo. La golpeé un poco más fuerte,cada intervalos cortos pero la herida comenzó a dolerme bastante.No podía realizar movimientos bruscos con mi brazo por que el dolor punzante era insoportable.
Pase el resto de la tarde tratando de volver a producir la luz.Pero no funciono.
Por la noche cenamos y Ernesto nos conton la primera etapa de su vida.
Por la mañana del segundo día seguí intentando reproducir el pequeño rayo que había hecho.Me enganche y pasé todo el día solo en la popa.Sobre el final del día me sentía horriblemente cansado. Apenas coordinaba mis pensamientos.Ese día falté a la cena. Luego se haría costumbre.
Comencé a dormir mucho,pero en intervalos cortos.Solía despertar y volver a dormir haciendo la realidad mucho más ambigua. Mis sueños eran negros y profundos. Pesados,todo lo contrario a como estaba viviendo. Sentía como si mi cabeza fue el triple de pesada y si estuviese siendo absorbida por la almohada.No fue hasta el cuarto día de viaje cuando algo concreto salió de mis sueños. Esa masa negra,inmesa y vasta en la que me surmergía en los sueños era mi sombra.Ella había desaparecido.Luego de llegar a su pico la noche con la hechicera y la mañana/tarde del día siguiente,se había ido para no volver. Ese día pude replicar otra luz. Y cené con un hambre canina.Eran cangrejos y estaban buenísimos. Felicité el chef por su gran trabajo. Por la cara del resto el gran sabor de los cangrejos fue por mis 2 días de ayuno.
Al quinto día el sueño fue más liviano,más largo pero mi cabeza amaneció más suave. Las redes negras perdían densidad.Ni bien salió el sol me dispuse a ir a la popa,mi lugar claramente marcado en el barco. Al rato vino Cregh con unos palos y algo así como una túnica vieja.
-Estas rojo,no deberías pasar tanto tiempo al sol.
-Rojo?
-Si-dijo Cregh y toco mi cara.Grité del dolor.-Ves?
-Dioses,no lo había notado.
-Toma

Cregh ato los palos y con la tunica hizo algo para que me de sombra.

-Gracias,Cregh
-Pasaste ya varios días acá solo.Sigo esperando las explicaciones de lo del otro día.
-Si,te las debo.Te agradecí por lo del otro día? No lo recuerdo
-No interesa,no lo veas como un favor.Pero quiero conocer la historia y también creo que todos deberían conocerla.

Pensé que podría servir para unir al grupo,mostrarse por dentro.Integridad,unidad.Podría servir.

-Si,sería una buena idea.Pero estoy en medio de algo grande.Estoy pensando que esto no fue solo azar.-le dije señalandome el pecho-Necesito probar algo.

Me acerqué a Cregh y lo toque con mi mano izquierda.Nada paso.
Me concreté más, lo solté y volví a intentarlo.Estaba vez Cregh saco el brazo buscamente.

-¿Qué carajo hiciste?
-Magia-le dije riendo-Ahora parece que soy una suerte de farol.

Unas cuántas nubes empezaron a juntarse y a hablar por lo bajo en el horizonte.Era posible que pronto lloviera.Ese día tampoco cene.Pero antes de apoyar la cabeza en la almohada ya podía crear destellos a voluntad.Sin embargo la señal venía desde la nuca y costaba entenderla. A veces perdía el ritmo y me costaba volver. Ya era todo un chispitas.
Con la lluvia decidí descansar y dormir la mayor parte del día. Ese día puse la mesa y la levanté también.Volvímos a repetir cangrejos.Con limón.
Limón.
Con la luz que se filtraba pude ver al limón desde la misma perspectiva que una vez ví. Hacía ya 8 años. Papá amaba ponerle limón a la mayoría de las comidas,por eso no me molesto en absoluto tanto limón en las comidas. Recordé ese día con una precisión increíble.
Era verano y estabamos cenando mucho más temprano de lo común. Todavía el sol no se había puesto.Esa misma noche partiríamos a Laertes a el cumpleaños de un gran amigo de papá.Ese día también puse la mesa y lleve los limones. Ese día mamá cocinó,dejando ir a el cocinero más temprano a casa. Sin verme en ningún espejo podía recordar la felicidad flotando en el aire,como un polvo que se sostenía,negando la gravedad. En medio de la comida,justo después de que mama se sirviera vino por segunda vez,mi hermano tomo un limón cortado por la mitad y me lo lanzó en la cara.Devolví el limón manchando una de sus camisas favoritas,que llevaba aquel día. Papá se limitó a reir,pero recuerdo que mama tomo 2 limones y con solo puntería que adquiere una mujer que va entrando en años nos acierta los 2 limones entre ceja y ceja.Sin darnos cuenta una guerra familiar de limones comenzó y se extendió en el tiempo y lugar,conviertiendose en una guerra a lo largo de toda la casa. Recuerdo correr hasta la cocina,donde estaban todos los limones. Llené mis bolsillos y usando como una bolsa mi camisa había logrado recolectar 21 limones. Corrí a buscar a mi hermano para darle la lección de su vida.
Al llegar al comedor encontré a los 3 juntos esperandome a mi para liquidarme.Perdiendo algunos limones,resbale en el piso hasta llegar a un sillón que utilicé como bunker.
-MUERAN!!!!
Lancé todos mis limones de mi camisa de una vez hacía su posición.Esperando que algun limón les diera,salí a una posición más favorable y me defendí con los que tenía en mi bolsillo.La batalla se perpetuó hasta tarde,tan tarde que ese día fue la primera vez que utilizamos los pergaminos de transportación para motivos festivos.
En mis recuerdos no había ningún mal. Nada, era recuerdos.Ya no le temía.Ya no había sombra.
El limón permaneció inerte allí.





Al noveno día, por la tarde, llegamos hasta Gangshi.
Fuimos recibidos por una bestia peluda que permanecía sin moverse demasiado al lado de un fuego moribundo. La bestia se llamaba Dalir y era de una especie que nunca había visto antes. El iba a ser nuestro primer tumor en las tierras del Oeste. Ernesto consiguió que nos de un techo gratis al explicarle sobre nuestro viaje.Nos advirtió sobre los peligros casi evidentes del Oeste comenzamos a caminar hacia su posada.
La luna estaba arriba y brillaba con un blanco mucho más intenso que en el Este. A pesar de no ser tan tarde las calles permanecían desiertas. Las casas parecían muchísimo más precarias que en el Este. Ninguna pasaba a un segundo y parecía que movíendo un poco sus soportes estas caerían. Ninguna casa resaltaba,eran todas idénticas. A simple vista se podían establecer los patrones con la que se construían. Habiendo 3 patrones el techo a 2 aguas y la puerta a la calle era la más común.
En las esquinas brillaban los faroles,pero lo de adentro no eran velas,ni la tecnología de los más ricos como el señor de Laertes.Una luz blanca y nítida. Al pasar por las esquinas se sentía un calor inocente. Y estos faroles no estaban hecho de hierro ni madera. Eran raíces que salían del suelo y su fruto era la luz que nos guíaba por la calle.
Sentí curiosidad y eché varias miradas por las ventanas de las casas pero no había nadie mirandonos.No era como en Laertes donde podía ver sus ojos fríos atraves del cristal espiando a la gente que pasaba en la calle.Simplemente no había nadie detrás de los cristales. El pueblo entero parecía muerto. Tuve un escalofrío pensando en que nosotros eramos los causantes de esto. Como si no quisieran vernos.
Algunas luces rebeldes en casas lejanas disiparon un poco mis miedos. Era posible que para esa hora todos ya estuvieran dormidos.
No podía negar que el aire que se respiraba era otro.Encontraba cierta paz en él,pero la calle que parecía nunca termina y tal silencio me daban una muy mala espina.
Y las malas impresiones no hicieron más que aumentar cuando me di cuenta que las mismas luces blancas eran las raíces blancas en el territorio prohibido de los Reblor.

Miré hacía adelante y comprendí cuan vasto era el Oeste.Miré hacía atrás y entendí cuan solos estábamos.

Pasamos la noche en el "Refugio del Mar". Para ser nuestra primera noche inmersos en el continente,me pareció un lujo.Para la intranquilidad de todos,Dalia no sabía a donde debiamos partir.
Intenté conciliar al sueño rápido,pero sentía que mis ojos no podían cerrarse. Un ámbito pesado como piedra nos rodeo.Tan solo pensar en una emboscada del Oeste en su hogar erizaba cada pelo del cuerpo. Sentía una gran tensión en mi espalda mientras daba vueltas en la cama. Nadie se atrevía a apagar la luz,pero luego de un buen rato esta se apago y nos sumergimos en una incómoda oscuridad. Creí poder habla con el resto con solo pensarlo,como si nos pensamientos se coordinaran en una nube y cada uno pudiera estirar la mano y traerlo a su mente para decodificarlo.
Poco a poco el cansancio nos ganó pero los ojos no se cerraban tranquilos. Nisiquiera podíamos saber si esta bola de pelos no nos degollaría cuando el primero cierre los ojos. Podría ir a venderle nuestra posición al Mago Oscuro. Podrían pasar tantas cosas. Pero entre más pensamientos vinieron el sueño gano la pulseada.

Me desperté de golpe,transpirado y con mi brazo izquierdo encendido con la luz,lista para atacar. Toqué mi cuello para comprobar que no había sido cortado. Había despertado antes que el resto y para mí sorpresa había dormido bastante bien. Sin duda una noche más con ambos ojos cerrados podía costar el mundo entero.
Segundos más tarde vino Dalir a servirnos el desayuno.Parecía bastante...humano. Un factor importante en el que no habíamos pensando es que la comida del Oeste podía ser realmente un asco para nosotros.Eran unas tostadas con manteca y agua para tomar.Le agradecí y le dije que despertaría a los demás. El olor a el pan recién tostado abrió mi apetito,pero volví a mi paranoia.
¿Y si estaban envenendas? Era la forma más simple de matarnos,nisiquiera tenían que manchar de sangre las sábanas. Las miré fijamente como un interrogatorio,esperando que se intimidaran y me contaran con que había sido preparadas. Las tostadas permanecieron en silencio y consideré que por como se había dado todo,si nos querían muertos ya lo estaríamos. Probé la primera tostada con mi mano hesitando,temblando. La unté con manteca y mastique intranquilo. Después de ver que nada pasaba,desperté al resto y les ofrecí sus tostadas.
Comieron sin el menor miedo y se los veía bastante tranquilos.Excepto por Dalia.Era claro que tenía un sueño atragantado en el medio de la garganta.Su ojos abiertos empalidecían su dulce rostro. No podía ser bueno lo que fuese a venir.
-Terminen su desayuno sin apuro,vistanse y luego nos iremos.
-¿A donde iremos?-dije el vagabundo limpiandose con una servilleta y luego girando los ojos a Dalia.
-No lo sé,pero tenemos que salir de acá.Parece cómodo pero hay que movernos.Dalia,¿algo para decirnos?
-No...no hay nada claro en mis sueños desde que dejamos Alles...
-No estoy seguro acerca de salir de acá.Podríamos quedarnos más tiempo.Esperar a L-
-Solo... hay que seguir hacia adentro.Hacia donde se pone el sol.

Un gran silencio se produjo.

-Al Oeste será entonces.

Al terminar el desayuno nos despedimos de Dalir y posiblemente de la última noche cómoda.
Al salir a la calle nos encontramos con un ambiente bastante hostil.La mañana era fría y nos encontrabamos con una neblina encima. Bien pegados,partimos hacía el punto contrario donde estaba el sol escondido entre algunas nubes.La neblina se hacía espesa y no diferenciabamos que bestías teníamos enfrente.Había demasiadas de todos tamaños,apariencias y olores.Con la cabeza gacha y paso rápido tratamos de eludir a la mayoría. Sentíamos como sus miradas se depositaban en nosotros con cada paso que dabamos.Parecía que formaban un hueco,un pasillo para que pasemos y todos pudieran observarnos.Con la capucha puesta,lideraba al grupo para tratar de lograr más discreción.
Los empedrados se volvían eternos y parecía que la ciudad no encontraba final. La misma suerte corría el pasillo de habitantes de Gangshi. Me sorprendí al ver humanos,que se mimetizaban perfectamente con el resto de las bestias. Estaban todos vestidos de manera muy parecida,con una túnica clara con detalles en color oro. Y sus miradas eran igual de condenatorias que el resto de las personas,o incluso peor. Sentía como todo estaba por explotar,estaban a solo media palabra de gritar algo.
El aire se volvió tan denso que si escupía al piso,la saliva tardaría más de 20 minutos en caer al piso.
El pasillo imaginario se empezo a perder justo cuando pensaba que todo terminaba. Más bichos y algunas personas caminaban entre nosotros en nuestro intento.
-Los huggins...-susurró Dalia.

Ya los había visto,con su gran estatura se destacaban entre el resto de los mortales presentes. A lo lejos se acercaban con sus brillantes picos.Venían directo a nosotros.

-Guarda los revólveres Li.Yo me encargo del de la derecha.Dalia,ve por el de la izquierda.Preparense para correr.

Me adelanté varios pasos chocandome con varias personas.Mi moví mis dedos,separandolos y volviendolos a contraer hacia mi palma.Necesitaría una buena descarga para tumbar a un Huggin.
Encendí el rayo en mi mano justo antes de tenerlo cara a cara. El cuervo realizó un lento movimiento con su ala izquierda pero mucho antes de que pueda reaccionar golpeé su pecho con mi mano izquierda cargada de luz.Sentí como la descarga recorría su cuerpo sorprendido y terminando el movimiento con mi brazo terminé tumbando a la bestia de 2 metros y tanto en un solo movimiento.Seguí caminando sin mirar atrás imaginando que nada había pasado. Dalia fue no fue tan discreta,pero terminó el trabajo en un limpie corte con su pequeña espada. Con Dalia justo detrás mios y el resto un par de pasos más adelante la gente comenzó a abrirse dejando en evidencia a los culpables.Después de unos buenos 25 metros nos encontrabamos en una hilera formada por la gente del Oeste.Nos señalaban con el dedo y se tapaban la boca por la tragedia que había ocurrido.El resto comenzo a acelerar el paso y me quedé atrás.
Dediqué una última mirada hacia atrás antes de comenzar a correr.El cuervo al que le había pegado ya se volvía a incorporar.Lejos de matarlo,pero cayo por la sorpresa del golpe de no haber sentido nada así antes en su vida,ser impactado por un pequeño rayo.El huggin apuñalado por Dalia parecía seguir vivo,pero no por demasiado tiempo. Su negra sangre empezaba a llenar el empedrado del suelo. Entre los susurros pude escuchar como los habitantes hacían referencia a mi marca del ojo.Distinguían la corona de la gloria.
Con el resto a una cuadra ya de distancia,comencé a correr para llegar a su lado.Con manteniendo paso apurando y ayudando a que el vagabundo no se cayerá llegamos a las afueras de Gangshi.
Una vez en la salida de la ciudad Cregh se ofreció a movernos con su magia,pero Aldara lo detuvo recordandole que no conocíamos donde estabamos y cualquier intento de alejarnos mucho podía meternos en el medio de otro lugar,incluso más hóstil.Tomamos el riesgo y la transportación fue mucho más corta de lo que estabamos acostumbrados.Fueron unos 400 o 500 metros. Nos daba el tiempo necesario para escapar a pie sin depender de sobresaltos.
El camino parecía una meseta seca,con un poco de verde alrededor del camino que hacia el horizonte era eternamente plano.No sabíamos cuanto tiempo tendríamos que caminar hasta encontrar otra ciudad de nuevo.

-¿Como vamos a sobrevivir de ahora en más?
-Vamos a tener que robar comida,a ocupar casas.Solo nos queda hacer el trabajo sucio.No es tan malo.
-Me pregunto como sobreviven los humanos acá.
-Humanos?Somos los únicos.
-No los has visto? Usaban unas túnicas,todas muy parecidas.
-No entramos en la misma definición que ellos.He visto como nos señalaban,como cualquier otro ciudadano de Gangshi.
-No puede ser tan difícil pedir prestado comida de los bichos.Malo puede ayudarnos a conseguirla.
-Ahora el problema es encontrar la próxima ciudad,claro esta.
-Dalia,cuán al Oeste debemos ir?
-No lo sé.

Caminamos por unas horas,con intervalos para descansar y pequeños trayectos con la magia de Cregh .El oeste parecía un desierto perfectamente liso,alguna sierra infertil atrevida aparecía en la lejanía,pero solo caminamos y caminamos hasta que cayo la tarde y con ella la noche.Nos pusimos a la par del río,respetando una buena distancia. La flora parecía ser un poco más heterogenea y encontramos una casa de piedra abandonada al pie de una de las pequeñas sierras.

Cregh se ocupo del fuego,yo me dediqué a buscar algun animal que cazar o frutas que recolecar. El vagabundo y las chicas revisaron la casa.

Ese día pasaríamos hambre,la fauna del lugar era inexistente.La flora,por lo menos cerca del río no era tan diferente a lo que se podía encontrar en el Este. Conseguí un par de hierbas comestibles para lograr al menos algo parecido a una sopa.También encontré una especie de tuberculos que se podían comer crudos. Eran crujientes y estaban bastante buenos. Claro que peor era nada.

Al volver vi a todos,excepto por Dalia reunidos en la fogata. Ella estaba con una rama encendida como antorcha para investigar la morada de la tan curiosa casa.
Le mostré que había conseguido y lo repartí. No teníamos un recipiente para la sopa,pero tal vez si patearamos unas piedras conseguiriamos alguna lo suficientemente grande y con una depresión para calentar agua y tomar algo.
Dalia volvió con una expresión rara en su cara.

-Esto...es una capilla de la religión del Oeste.

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34 Re: R.O.L. Beta el Miér Oct 29, 2014 8:27 pm

DALIA



Luego de pasar cuatro días en la ciudad-puerto, finalmente conseguimos a alguien que pudiera llevarnos al otro continente. El viaje duro más de una semana, y tuve mucho tiempo para contemplar mi situación… nuestra situación, en la que nos habíamos metido todos nosotros.

Recordé como me había sentido después de la batalla al llegar. Que el mago del Oeste nos estuviera esperando en la entrada de Havenstad… el borde del reino, la última parada antes de que pudiéramos cruzar. Casi perdimos nuestras vidas justo cuando estábamos tan cerca. Ítalo disparaba sus flechas, Lang sus balas, Cregh creaba hechizos y Aldara movía el agua, pero nada llegaba al mago. Era capaz de repeler todo lo que hiciéramos, como si tuviera cien veces las habilidades de Cregh. Mi espada parecía un pedazo de piedra sin filo, como cuando me la entregaron, antes de que yo dijera esa palabra mágica que hizo que mi espada empezara a cortar.

La espada… que me había dado papá. Él dijo que siempre iba a protegerme mientras la llevara encima. Me dijo que llevarla era mi camino en la vida, lo que el dios Destino escribió para mí en mi nacimiento. Él… quería que yo partiera para servir al reino. Lo quería aunque probablemente sabía lo que iba a pasarle.

Y en ese momento, mi espada no pudo cortar al mago. Malo, el gato negro de Lang, revelo ser un quitnar, un bicho que podía cambiar su forma y que era inmune a la magia. Malo tuvo que cambiar a su cuerpo canino para que pudiéramos hacerle algo de daño al hechicero. Y aun así, la batalla no fue ganada. Un quinto asesino de Oeste apareció, una mujer que se llevó al mago negro de la escena, que lo ayudo a huir.

¿Habíamos ganado? ¿Eso era un triunfo? ¿Apenas habíamos logrado sobrevivir?



Después de eso, Lang tuvo que estar en cama por días.

Luego de que lo visitamos, en cuanto despertó por primera vez, salí afuera con Aldara siguiéndome. Mire a las calles abajo, donde podía ver las ruinas que habíamos creado, a todos los hombres trabajando para tratar de reconstruir el muelle y las casas perdidas. Mire a mi espada, y la tire al suelo.

¡Carajo!... –Insulte entre dientes. Estaba a punto de perder la calma… Y la mano de Aldara apareció en mi hombro.
Dalia… ¡Dalia! ¡Ey! ¿Estás bien…?
Al sentir su mano note lo tenso que estaba todo mi cuerpo. Me relaje, girándome hacía ella.
Es Lang. –Bufe—. Lang está así…
Um, ¿por qué sonas furiosa? Digo, ya estaba mejor…
Le di la espalda a Aldara, caminando hasta el borde de esa calle que ascendía y permitía ver a la ciudad debajo.
Cregh e Ítalo salieron a buscar una posada, ¿no?
Sí. Y nosotros tendríamos que cuidar la carreta. Ya oscureció; traer la carreta del bosque tomo bastante tiempo y no sería bueno que nos robaran y… –Se quedó callada. Camino hasta donde estaba, y me miro a los ojos—. Eh, ¿Qué pasa?
Si no hubiera partido para este viaje… –Susurre para mí misma, y entonces mire a Aldara—. Ey, estamos en Havenstad… Ya estamos lejos, digo, ya estás lejos de casa, ¿no? ¿Nunca… extrañas a tus padres?
La respuesta de Aldara no tardo un instante.
Sí.
Y si nunca hubiéramos aceptado las invitaciones de Wendagon… seguirías con ellos. Lang no estaría en el hospital. Esas casas de abajo no estarían destruidas.
Aldara negó con la cabeza.
No es así. Nada es tan sencillo, si yo volviera a mi hogar… –Se interrumpio, eligiendo sus palabras cuidadosamente—. Yo extraño a mamá. A pesar de todo lo que me hizo quisiera volver a verla. Pero volviendo las cosas no serían tan sencillas. Y, en cierta manera, al atreverme a seguir adelante en este camino también la estoy protegiendo. Ya escuchaste a Ítalo… Su familia tiene una leyenda como la de los bichos del Oeste, todas las leyendas hablan de lo mismo… Esta escrito que nosotros tenemos que seguir.
¿Nosotros? –Proteste, mirando al suelo y sacudiéndome el pelo colorado—. Entonces, ¿entonces qué? ¿Está escrito que a nosotros nos toca tragarnos un montón de sufrimiento y pelear y que nos lastimemos para que otros no lo hagan?
¡Podemos hacer esto si seguimos todos juntos! Si no seguimos…
Sino… ¿Ahí abajo habrían todavía más casas destruidas?
Aldara cerró los ojos, asintiendo.
Así que eso es lo que crees –Musite—. Divino Destino…

Me quede respirando, exhalando e inhalando hasta que recupere la calma. Recogí mi espada del suelo. Mire a Aldara, durante un momento. Pero luego me gire, caminando calle abajo.

Esa noche la pasaría en el muelle. El borde de Havenstad. Con mis pies en el aire, solo mirando el mar negro hasta que otro día llego.



En la mañana siguiente, cuando volví a subir a la ciudad, note que Cregh e Ítalo habían encontrado una posada. Era el “Rincón de Lucia”, y tenía un precio bastante moderado, pero Ítalo no había pasado la noche allí. Entré cuando Aldara y Cregh estaban comiendo algo en la recepción. Aldara me miro, preocupada, queriendo saber si ya estaba mejor. Le mostré una sonrisa. Cregh dijo que creía que el arquero había salido a visitar algunos bares la noche anterior, y que probablemente andaba tirado con resaca.
—Aunque también es cierto que él estaba muy ansioso por llegar a la ciudad. Tendrá algún negocio que hacer acá, pero andaba muy nervioso desde que entramos.
Bueno… todos estábamos nerviosos cuando entramos, con aquel mago esperándonos en la puerta. –Comento Aldara, tratando de reír.
—Sí… Uh, tenes razón.

Cregh tomo un trago de agua. Parecía que esos dos no eran muy capaces de que fluyera conversación. Me les uní en la mesa, e hice que hubiera un poco más de charla. “Podemos hacer esto si seguimos todos juntos”, había dicho Aldara. Mantuve ese pensamiento junto a mí, y pude sonreír de verdad.

Ítalo aparecería por la tarde, con nubes negras juntándose por encima de él. Entro a la hostería corriendo hacía su cuarto, casi sin mirarnos, y luego salió junto a Cregh. Esa noche, ninguno de ellos dormiría en la posada. Ítalo sí tenía un asunto que resolver en la ciudad, y ese trabajo termino poniéndolo en el hospital a él también. Me enteraría de esto luego del mediodía, cuando Aldara volvió del hospital. Había ido a cuidar a Lang, cuando vio a Cregh entrando con Ítalo en brazos. Cregh había recostado al arquero, y se había marchado sin dar más explicaciones.

Cielos… –Suspire, comiendo un pedazo de pan. Aldara parecía un manojo de nervios.
Ehm. ¡Por favor! Otro más resulto herido, pero no… Digo, esto no significa que este viaje es… Por favor no te deprimas.
No pude evitar sonreír. Estaba empezando a sentir sueño, y las cosas perdían solidez. Ver a Aldara tan preocupada, en ese momento parecía… lejano.
No tenes que preocuparte por todos. –Le dije—. No pongas esa cara… Tan asustada…
Aldara puso una mano sobre la mía. Sus ojos azules parecían brillar, y entendí que esa no era una cara asustada.
No tengo miedo. Estoy segura de que Lang e Ítalo se van a recuperar… Solo me preocupo porque vos tengas la misma confianza.
Mi sonrisa se hizo más grande. Algo entonces me hizo pensar en mamá. Pero, por eso, me di cuenta de que ella debía estar más sola que yo. Ella debía haber visto a papá morir. Mi sonrisa desapareció.
Ey… Aldara –Empecé a hablar, tratando de distraerme—. Dijiste que ver a tu mamá sería complicado… ¿Dónde está tu papá?
Aldara se mordió el labio.
Él… falleció hace mucho tiempo.
Me sacudí durante un momento, sorprendida.
Q…Que pena –Musite.
Está bien –Aldara sacudió una mano, tratando de aliviar la tensión—. Fue hace mucho tiempo. —Entonces acerco su mirada, aguda—. Se hace más fácil, Dalia.
S-Sí –Solté—. Claro, por supuesto.

Me levante de la mesa, algo perdida. Tampoco había dormido la noche anterior, y me estaba afectando. Empecé a caminar hacía el hospital, casi sin darme cuenta. De todas maneras, era mi turno de visitar a Lang.

“Se hace más fácil…” “Se hace más fácil…” Las palabras se repetían en mi cabeza. ¿Y para mamá?, pensé. ¿También se haría más fácil?



No estuve mucho tiempo en el hospital. Lang trato de intercambiar algunas palabras conmigo, pero yo no tenía ánimos, mientras que pensaba que una buena hija debería consolar a sus padres en tiempos como esos. Pero cuando Lang me pidió que le trajera sus cosas, yo escuche, y volví de vuelta por donde había venido. Antes de ir a la posada, sin embargo, quise tomarme un trago.

Me senté en la barra de un bar pequeño, que atendía en una esquina al aire libre. Temí que me dijeran algo por verme muy chica, pero no ocurrió nada. Nadie me pregunto mi edad. Ya no debía tener la misma cara de la joven de hacía un mes, que nunca había visto nada en su vida. En ese mes había viajado más de lo que nunca había hecho; había recorrido más kilómetros, había visto más ciudades que nunca en mi vida. Había matado bichos. Había atacado humanos, incluso había atacado con la intención de matar. En Craster, realmente había querido matar a ese pistolero.
Nuevas experiencias.

Mientras tomaba la cerveza, jugueteaba con mis pies descalzos en el suelo. Con mi espada en la cintura, no había riesgo de que me cortase. Me pregunte si podía ponerme borracha con la espada tocándome y curándome del alcohol, y decidí ponerlo a prueba. Pedí por otro trago.
—Parecés alguien que ya está un poco ida, nena. –Me dijo el camarero—. Vos necesitas un vaso de Vera. –Empezó a servirme de la bebida violeta, sin que yo pudiera decir nada—. ¡De lo más efectivo! Hecha acá mismo en Havenstad.

Y era efectiva, realmente. Luego de ese vaso solo, mis oídos parecieron destaparse; casi podía olvidar mi falta de sueño. Corrí hasta la posada y le lleve sus cosas a Lang; sin embargo, cuando termine de volver ya había oscurecido. Entre al Rincón de Lucia, que a esa hora se encontraba en la penumbra, por su falta de luces en el frente. Camine hasta nuestro cuarto, donde pude escuchar a Aldara durmiendo. Permanecí ahí, en la puerta, durante un instante, y volví a salir. Me puse a buscar otro bar. Y así pase la noche.



Aldara no sabía de mi falta de sueño. Volví a la posada por la mañana, y ella me encontró en la recepción, esperando comida como si simplemente me hubiera despertado para desayunar. Comimos juntas y charlamos en paz; ella se mostró muy animada, tratando de que la charla fuera constante, como si quisiera ser activa por las dos. Después de todo, no era posible ocultar mi falta de energía. Le agradecí su apoyo por dentro, otra vez.

El día anterior debía haber sido agotador para Cregh, porque siguió durmiendo hasta tarde. Aldara y yo decidimos salir a pasear al centro, pues ese día hacían una feria.

¿Cómo estuviste ocupando estos días? –Le pregunte mientras íbamos calle abajo.
Bueno… Estamos junto al mar –Dijo—. Con tanta agua cerca tenía que practicar un poco. Lo que hice durante la pelea, levantar una ola entera contra el mago negro… Fue increíble. Cregh en ese momento me dijo que tenía que probar mi límite. Y eso estuve haciendo.
Trague saliva. No sabía mucho de magia, pero creía que lo que hacía Aldara era parecido a lo de Croft… Sin embargo, si realmente solo era controlar el agua, en teoría, ¿podría mover todo un mar? ¿Qué significaba realmente “controlar el agua?”
Estuve pasando algunas horas junto al muelle, solo sentándome hacía el agua. –Continuo—. A veces, por momentos, me parece ver que la corriente cambiaba de dirección. Y logro eso con solo mirarla… Es más fácil si también dirijo con las manos.
Era increíble. Demasiado cansado para expresarle mi entusiasmo con la voz, le di una fuerte palmada en la espalda. Ella sonrió, un poco confundida.
Y todavía no sabemos que le paso a Ítalo –Suspiro, cambiando de tema—. Le pregunte a Croft, pero solo me dijo que Ítalo le había pedido que lo ayudara a robar a un castillo…
¿Qué? ¿Robar? –Reí.
Sí… Él tampoco entiende mucho qué era ese lugar. Pero me preocupa que Ítalo haya terminado tan herido… Si ese mago volviese a aparecer…
Cielos… –Aferre el mango de mi espada. No había pensado en eso, pero Aldara tenía razón. Salir sola por la noche podía ser peligroso. Mi espada no iba a poder ayudar si eso pasaba—. Tenes razón… Con dos de nosotros en el hospital…

Entonces levante la mirada, y vimos a Lang detrás de uno de los puestos de la feria. Había montado un puestito para vender nuestra carreta; ya no íbamos a necesitarla cuando viajáramos en barco. Sin embargo, estaba durmiendo. Aldara lo despertó e intento que volviera a la cama del hospital, pero Lang era muy terco y no quería quedarse quieto sin ser de ninguna ayuda. Finalmente, Aldara tuvo que resignarse, y se conformó con conseguirle algo de comida. Trajo un montón de manzanas, y tuvimos ese segundo desayuno todos juntos. Una multitud de gente iba y venía por las calles, con ocasión de la feria. Ninguna parecía fijarse en nuestra carreta. Estaba segura de que debía haber muchos sonidos, pero el ruido casi no llegaba a mí. Ver a Lang me había dejado todavía más dormida… No pude evitar un bostezo.

¿Te pasa algo, Dalia? –Me pregunto Lang.
No dormí bien, eso es todo.–Balbucee.
¿Por qué? ¿Te preocupa algo? ¿Estás ansiosa por el viaje?
Eh… Sí, un poco...
¿Y no viste nada en sueños?
No realmente.
¿Por tres días? –Lang estaba haciendo muchas preguntas. Me gire hacía él, insegura de adónde iba—. ¿Segura de que no es porque no queres dormir…? Dalia, ¿tenes miedo de ver algo malo?
Su certeza se clavó en mí como una daga. Mire hacia afuera por unos segundos, hasta que finalmente asentí con la cabeza.
No podes estar despierta para siempre, solo te va a hacer mal… –Empezó a decir—. Aunque no veas las cosas en el mundo, van a seguir pasando. En ese sentido, saber lo que no nos gusta es mejor que no saber, aunque duela.
Ya lo sabía. Ya había pensado en todo eso. Sabía que no iba a poder estar despierta para siempre, pero…
Y empecé a hablar.
Sé que mi mamá está sufriendo... Que ahora está sola ahora y que no sabe cuándo voy a volver o si voy  volver... No quiero verla así, sin poder abrazarla, sin poder ayudarla o decirle "te quiero". Sé que es importante que mire sobre nuestro destino, pero no quiero ver a mamá llorando sola... Quisiera no tener este poder.
Siempre pensé que eras muy joven para una misión así. –Declaro Lang—. Tener que abandonar tu hogar por una misión tan peligrosa... Ahora Wendagon está muerto. Posiblemente no haya recompensa, nada que salga de terminar bien esto. Puedo llevarte en la carreta hasta tu pueblo mientras los demás siguen hacia el oeste… ¿Qué te parece?
¿Hablas en serio, Lang?
Todavía no la vendí. Tomaría algún tiempo… pero también me daría tiempo de recuperarme completamente. –Trate de ajustar mi cabeza a lo que estaba escuchando. Pensé en Wendagon, que se había ido. Mi mamá, sola. Y mi papá, que se había ido, y como creía en Destino. Nuestro destino.
Entonces… ¿y la misión? –Dije.
No preocupa demasiado, pero puedo alcanzar a los demás. Sí sabemos nuestro destino final vamos a encontrarnos eventualmente.
Me mire las manos durante lo que pareció un minuto. A mí nunca me había importado la recompensa, pero…
¿…Ustedes van a seguir sin recompensa? ¿Con el peligro que implica?
Pues sí. –Dijo Lang, tranquilo, a pesar de que él era el más golpeado en ese momento—. Lo hago porque… quiero viajar a un lugar lejano, lo más lejano que vaya a ver en mi vida. No me preocupa el riesgo, considerando como viví hasta ahora, cazando criminales con Malo...
Aldara también se sumó a la conversación.
Bueno… Yo también voy a seguir… Al principio lo hacía porque necesitaba moverme, y había escapado de la prisión de Veringrad. Pero ahora sé que esto está escrito, y… pienso que si nos separamos nos van a matar. Tengo miedo, pero si Wendagon estaba en lo correcto, hago esto por todo el continente.
Entonces… No lo haces porque queres. –Balbucee.
Quiero, porque es lo mejor para todos, aunque no lo sea para mí.
Ya veo.
Me mantuve en silencio unos segundos, pensando en todo aquello. Aldara había huido de la cárcel… Pero no me podía imaginar que hubiera hecho nada malo. Confié en que, si ella creía que no merecía estar encerrada, es porque era así.
“Podemos hacer esto si seguimos todos juntos”… Levante la cabeza, tratando de sonreír.
Supongo que voy a seguir adelante.
Lang suspiro, y Aldara dejo salir el aliento que estaba conteniendo. Estábamos al borde del continente de los bichos. Era hora de dar el siguiente paso adelante, y tenía que darlo con valentía.

Abrí los ojos, aunque no había notado que los había cerrado. ¿Qué pasaba…? Me costaba mantenerme despierta. Mi cabeza había estado agitada por demasiado tiempo. De pronto sentí unos brazos alrededor mío, y vi a Aldara a mi lado. Acepte su abrazo, sintiendo que mi pecho perdía una gran presión.  Aldara  se sentó junto a mí… y dormí a sus pies.

Vi al grande mar. Sus olas fluían y fluían, como se suponía que debían hacer siempre, pero no era el nuestro. Lo que estaba viendo ya no era familiar. Era bicho. Un territorio extranjero. Y contra las olas, sobre la costa, vi el nombre del puerto al que debíamos dirigirnos. Escrito sobre madera, me entere de Gangshi.



Cuando desperté, los puestos de la feria ya estaban siendo desarmados. El centro del puerto ya estaba quedándose sin gente, aunque no debía ser después del mediodía. Pero había dormido mucho… Me levante apurada, avergonzada por haber aplastado las piernas de Aldara durante tanto tiempo. Ella no me estaba mirando, sin embargo. Parecía bastante feliz, y estaba acariciando la panza de Malo, que giraba en el suelo con un pedazo de pez en la boca. No pude evitar sonreír yo también.

Pronto apareció Lang, que acababa de concretar la venta de nuestra carreta. Y yo había visto el nombre de nuestro destino… Ya podíamos salir.

Como ya no podía negar que estaba débil por haberse levantado de su cama tan pronto, llevamos a Lang al hospital. Ahí saludamos a Ítalo, que estaba despierto… Y actuaba como siempre, como si no notara el pedazo de roca que parecía haberse fundido en su piel, como si no hubiera hecho esfuerzo alguno. Era un poco raro, por lo que decidí preguntar después.

Aparentemente descansado, el arquero no quiso perder tiempo. Yo y Cregh lo acompañamos ciudad abajo, a los muelles, a buscar una tripulación que estuviera dispuesta a aceptar nuestro dinero y viajar hasta el otro continente. Ítalo parecía vibrante y distraído… Cregh trato de llamar su atención un par de veces, pero entendió que era mejor que él fuera el que hablara. Tras probar con algunos barcos, el hecho de que un grupo estuviera preguntando tanto acerca del Oeste termino por llamar la atención. Un marinero antiguo avanzo en nuestro camino… diciendo que si queríamos llegar a Gangshi, él zarparía en esa dirección esa misma tarde. Era su última oferta, pues estaba por zarpar. Cregh miro a Ítalo, consultándole si tenía dinero, y se aproximó y estrecho la mano de Ernesto Alibar. Estaba decidido. Zarparíamos esa misma tarde.

Cregh parecía querer hablar con el arquero, así que deje que ellos le contaran todo a Lang en el hospital y fui a esperarlos en la posada, donde hice mi equipaje. Los sujetos del Oeste no habían vuelto a mostrar sus caras. Jugué con la idea de que los hubiéramos hecho retroceder, de que nuestras victorias en Craster y Havenstad hubieran sacado fruto, pero no era realista creerlo. Cuando los seis, contando con Malo, bajamos de nuevo al muelle, Ernesto Alibar nos estaba esperando. Un marinero que llevaría mercancía a otras fronteras… Con esa barba blanca y aspecto veterano, sentí que debía ser un hombre misterioso. Sin embargo, resulto todo lo contrario, y en los siguientes días Ernesto hablaría hasta agotar su garganta, contándonos cada momento de su larga y esforzada vida. Resultaría útil para pasar el tiempo.

Pero todavía no sabía todo eso cuando solo acabábamos de subir. El piso de madera se inclino bajo mi peso, lo que me sorprendió. Una pequeña tripulación nos saludo con reserva. La nave circular era pequeña, comparada a los otros barcos anclados al gran puerto de la ciudad, pero iba a servir. Ernesto se veía muy seguro de sus habilidades. Y así fue que zarpamos hacía el Oeste… más allá de los reinos de los hombres.



Llegaríamos a Gangshi ochos días después. Avistar tierra fue maravilloso para todos, que saltamos en el mismo barco; incluso Malo. Todos excepto Lang, que no podía soportar los movimientos de la nave y que aun estaba afectado por la tormenta que había habido el día anterior. Esas olas, pensé, son realmente las olas con las que soñé. La embarcación encasillo. Mucho había sido hablado en esos días de tranquilidad, incluyendo el trabajo que Ítalo había llevado a cabo en Havenstad… Explicación que al parecer había prometido a Cregh.
Ítalo nos conto sobre su familia, aguardándolo en las tierras del este; nos conto sobre su hermano y su padre, y como vivía en la sombra de ellos. Nos conto que había tenido que hacer ese viaje para probarse así mismo ante la familia, y que la prueba consistía en tomar una extraña piedra que se rumoreaba oculta entre Havenstad. Ítalo la había encontrado, aunque la aventura termino con todo desmoronándose a su alrededor… Y cuando Ítalo recobro la consciencia, un pedazo de la piedra estaba fundido contra su pecho. Pero no le dolía, termino de explicar con cierta ingenuidad, pues resultaba muy difícil de creer que no doliera viendo la roca ahí entre su piel.
Creo que ya era momento de contarles –Nos dijo—. Este viaje nunca fue acerca de Wendagon, para mí… Entonces, no va a detenerse por la falta de él. Hale, Hale por el Este… –Exclamo, levantando una copa de aguardiente que nos había convidado la tripulación—. Sigamos adelante.

Llegamos a tierra y despedimos a Ernesto. Y, un día después de eso, nos encontrábamos avanzando dentro de esa gran masa de tierra nueva, ese suelo que no era para los humanos. El Oeste. Gangshi era una ciudad pequeña para estar junto al mar, pero su población era más que suficiente para que entendiéramos que no éramos bienvenidos. De casas pequeñas de no más de un piso de altura y poco solidas, y con cuadras de distribución azarosa y sin orden, el pueblo parecía destartalado y rustico. Parecía la noche en la que había entrado a Veringrad… Entre la niebla, solo llegaba a ver las siluetas de criaturas diversas, de bichos que nos miraban mientras avanzábamos por las calles. Sentí miedo como aquella vez. Pero no era la misma de ese entonces. Retire la espada de mi cinturón, aferrándola con fuerza. Las palabras de Wendagon cuando lo conocí, aquella noche, volvieron a mi cabeza. “Algo está surgiendo en el otro continente… Puedo sentir su alzamiento, que va a traer oscuridad.

Mire a izquierda. Una hilera de gente enana y verde nos miraba… Atrás de ellos había un topo con ropas, y un hombre lagarto; como un hombre cubierto de escamas. No despegaban su vista de nosotros, y yo no podía correr la mirada. Todos parecían estar medio agachados. A punto de saltar hacia adelante. Hacía nosotros.

Las tensiones crecen…
Recordé a las arañas acercándose a los pueblos, como si algo las hubiera vuelto rabiosas. Recordé que violenta era la gente en Laertes. Recordé a mi papá, muerto, a Wendagon, muerto. A Marr, el policía que nos había ayudado… muerto. A Marco, el pariente de Ítalo, sangrando en el suelo. Y todo era culpa del Oeste. Mire a derecha. Lo que parecía una cochinilla con mi altura, con su cuerpo cubierto de placas negras y llevando solo un pantalón, hacía chasquear sus pinzas; un troll miraba de soslayo y se ajustaba su saco para protegerse del frio. Parecíamos movernos en una nube. El cielo había desaparecido de la niebla. Todos ellos… Toda esa gente quería acabar con lo que habíamos construido desde la capital, Veringrad, y atravez del esfuerzo de generaciones. Mi espada ya estaba a altura de mi pecho. Me pegue a Aldara, que mantenía su mirada baja y evitaba hacer ruido… Solo queríamos llegar al otro lado de la ciudad, poder salir de ahí para adentrarnos en el continente. Desde que nos habíamos subido al barco, mis sueños habían sido nebulosos. Pensaba que podría ser útil conseguir información con alguien de ese pueblo, pero… habíamos sido advertidos cuando llegamos a tierra. Los bichos no querían a los humanos, no les gustaban y…

Humanos. Detuve el paso sin quererlo. Los hombres, que iban adelante, no se dieron cuenta. Había visto humanos entre la multitud… gente. Rostros cubiertos por túnicas. Por un momento mi mente fue un remolino, pero entonces vi algo más. Había otra clase de túnicas andando entre la multitud silenciosa… Huginn. Dos túnicas negras giraron en la calle, encaminados hacia nosotros. No había duda. Venían por nosotros. Huginn reales. Una gota de sudor cayó por mi cara.

¡Li, guarda los revólveres! –Se escucho de pronto a Ítalo—. Yo me encargo del de la derecha. Dalia, anda por el de la izquierda. Prepárense para correr.

Y eso fue todo lo que necesite para ponerme en guardia. Todos empezamos a correr hacia adelante; yo avance, tratando de ponerme por delante del grupo, mientras veía a esas figuras acercándose… Dioses, debían tener la altura de dos hombres. Entre las sombras, podía distinguir sus ojos negros… Mis piernas empezaron a temblar, sin que pudiera evitarlo. Podía tratarse del mismo cuervo que habíamos visto antes. Podía…

De pronto hubo un fogonazo de luz, y uno de ellos cayo a metros de distancia. Mire, por un segundo, que Ítalo ya estaba junto a ellos y había hecho algo, y antes de llegar a entender qué, salte con mi espada y apuñale al segundo. Exhale un grito.  Cregh, Aldara y Lang siguieron corriendo, aprovechando el tiempo que estábamos consiguiendo; removí mi espada con sorprendente facilidad, y cerré los ojos por el golpe que me esperaba. Pero ese golpe nunca llego.

El huginn solo me miraba con los ojos bien abiertos, con sus manos alrededor de la herida. Su capucha había caído, y ahora solo parecía una criatura asustada. Doblo las piernas, cayendo al suelo, y su sangre oscura empezó a tocar las baldosas. No pude ver más, y corrí junto al resto. La variedad de bichos se había alejado de nosotros, y gritaban cosas que no podía entender. Tarde unos segundos en alcanzar al resto, pero parecieron una eternidad bajo esa marea de gritos. De horror. Habíamos causado horror entre los bichos. Recordé el tiroteo de Craster. Era momento de que los bichos supieran lo que se sentía.

Me uní al resto, y todos corrimos hasta llegar al límite de la ciudad. Quedarse a hacer preguntas ya no era una opción. Mire a Ítalo, que estaba jadeando, intentando entender que había sido ese brillo de antes. Él no me devolvió la mirada, y le pidió a Cregh que nos sacara de ahí. Fuera de las paredes que marcaban el límite de Gangshi, todo era niebla… más adelante podía haber cualquier cosa. Pero el riesgo no importaban en ese momento; Cregh movió las manos, una luz blanca nos envolvió, y de pronto estuvimos bajo un camino de tierra.

Mire hacia atrás. La ciudad estaba iluminada con una luz extraña, y gracias a esa luz todavía podía reconocer algunas siluetas de Gangshi, y algunos sonidos aun llegaban hasta nosotros. Cregh no se había atrevido a llevarnos muy lejos. Estábamos en lo que parecía ser una llanura, un terreno seco y árido y sin caminos. Pero sin otro camino que adelante, empezamos a andar. Siempre sabíamos lo que habíamos sabido desde el comienzo de nuestro viaje… El Oeste era el destino. Marchando hacia adelante seguiríamos nuestro camino.

Anduvimos por el resto del día, solo marchando. Comentamos algunas cosas sobre qué haríamos a partir de ese momento, qué íbamos a comer… Pero nadie hablo sobre lo que había pasado. Yo aun estaba agitada, sudando. El sol empezó a ponerse, pasando justo por sobre nuestras cabezas. Ese mar de niebla se disipo para dejarle lugar a la oscuridad, y en ese momento escuchamos un rumor de agua. Estábamos cerca de un rio. Era ideal para que acampásemos. Para entonces el suelo ya empezaba a elevarse, y en el horizonte se levantaban pequeñas sierras. Encontramos una casa de piedra al pie de una de ellas, y decidimos detenernos ahí. La casa era un poco más alta que los hogares que había en Gangshi, y tenía escrituras en las paredes. Mientras Cregh e Ítalo preparaban el campamento, el resto decidimos echarle un vistazo al lugar.

Lang, Aldara y yo metimos nuestras cabezas adentro, pero estaba muy oscuro. No podíamos ver nada. Pero Lang no fue para atrás.
Hey… ¿Qué tal? –Hablo de pronto, antes de que pudiéramos volver con el resto.
Aldara lo miro sin entender que quería.
Que día, ¿eh? –Suspiró el vagabundo—. El oeste parece ser muy divertido.
… Parece que es así. –Dijo Aldara, con la cabeza gacha.
No esperaba que nos pasara algo tan rápido. Suerte que actuaste muy bien, Dalia. –Dijo Lang, alzando su voz hacía mí.
Eh… Sí…
Ni Aldara ni yo estábamos muy animadas. Lang sonrió.
Anímense. Vamos. Todavía queda mucho viaje por delante.

En ese momento, Cregh encendió un fuego. Aldara y Lang fueron y se sentaron alrededor de él, pero yo fui a buscar una ramita. Use el fuego para encenderla, y entonces volví a la casa de piedra. Ahora podía ver.

La casa era más alta que lo normal, pero no muy ancha. Estaba compuesta por un solo cuarto, sin muebles; parecía vacio, aunque una pared se hundía hacía adentro. Recordé los libros que mi mamá tenia para dar clases en mi pueblo natal, y me pregunte si ese espacio en la pared habría sido usado para guardar libros. Pero eran un lujo… Fabricar un libro traía demasiado trabajo, no había manera de que una casa aislada del Oeste tuviera libros.

Entonces, las paredes. El punto más impresionante de la capilla. Todas estaban cubiertas de dibujos, de pinturas; partiendo desde el techo, que se elevaba hacía arriba, mostraban a un gran árbol que se ramificaba hacía abajo. El árbol se dividía entre la izquierda y la derecha de la casa, y las ramas se detenían por la mitad de la pared. De ese punto, seres aparecían entre las ramas, y cada vez había más hasta formar varios grupos. Todos eran distintos, con líneas distintas. No creí ver a ningún humano. Uno de ellos, pintado de negro, podía ser un cuervo. Tampoco creí ver a su dios, o a nada dibujado que pudiera ser él. Las criaturas pequeñas se extendían hasta casi llegar al suelo, donde aparecía un extraño patrón de lanzas terminadas en punta… O una reja. También parecía una puerta. Todo el dibujo en conjunto era muy hermoso, y lo contemple asombrada por unos momentos.

Salí afuera, donde vi que Ítalo se había sumado en la fogata, y estaba repartiendo las hierbas comestibles que había podido recolectar. Les comente lo que había encontrado; que la casa de piedra debía ser una capilla de su religión, mas seguramente. Todos tomaron la ramita y fueron a ver.

Pocos minutos después, estábamos todos comiendo alrededor del fuego. Permanecimos pensativos por unos momentos.
¿Qué creen que cuente el dibujo? –Dijo al fin Lang. Ítalo se alzo de hombros.
—Ni idea. –Dijo Cregh. Entonces agrego—: Hey, quería hablar sobre lo de esta mañana.
Todos nos giramos a mirarlo. Masticábamos las hierbas y hongos despacio.
—Esos cuervos que atacaron… ¿Están seguros de que iban a atacarnos?
Claro, Cregh. –Bufó Ítalo—. Venían directo hacía nosotros. Quizá uno de ellos era él que nos encontramos dos veces… Uno de esos asesinos que nos persiguen.
P-Pues… no estoy tan segura. –Hablé, insegura de si quería hacerlo—. El cuervo que apuñale se veía muy asustado… como si no supiera que estaba pasando. Parecía que lo asustaba ver su sangre.
Quizá solo lo tomaste por sorpresa. Y el que ataque yo podía ser.
—Hey, esto es serio. –Dijo Cregh—. Quizá dejaron sangrando a dos personas inocentes…
No podemos decir eso ahora, después de todo lo que hicimos… –Menciono Aldara, de pronto—. Ya sabíamos lo que íbamos a hacer cuando cruzamos todo el mar. Esta escrito que el Oeste quiere acabar con nosotros. –Bajo la cabeza—. Sera duro, pero…
—¿Entonces, qué? ¿Vamos a matar a todos los bichos? Mi hermano es un bicho, saben…
Y mi gato también. Pero lo que hagamos será lo que tuvimos que hacer. –Interrumpió Lang—. Ya dije antes que si es necesario que ocupemos sus casas para conseguir comida, vamos a hacerlo. Aldara tiene razón. Ahora queda el trabajo sucio.
Arañe un poco el piso, insegura.
…Es cierto. –Susurre—. Los bichos pueden ser personas amables como los lagartos, pero… También pueden ser monstruos peligrosos como las arañas, o los cuervos. –Malo largo un pequeño maullido. Sonreí—. O los quitnar.
Ítalo, que no había dicho mucho, suspiro.
…Escuchen. Puedo admitir que es posible que haya hecho un error. Pero no creo que sea cierto. En todo caso, quizá debamos ser más cuidadosos de ahora en adelante.



Poco después, fuimos a dormir. Íbamos a recostarnos adentro de la capilla, cuyas paredes podrían retener nuestro calor. Ítalo y yo fuimos los últimos en levantarnos de la fogata. Justo antes de entrar al edificio, lo detuve.

Ítalo, por cierto… Ese brillo que hiciste en Gangshi, contra el huginn. ¿Qué era?
Es… –Ítalo pensó su respuesta, y se toco el pecho. Bajo sus ropas, ahí estaba esa piedra pegada a él—. Algo que puedo hacer ahora. Aun no estoy muy seguro de qué es. Pero si se aparecen los cinco del Oeste de nuevo, va a ser mejor que tengan cuidado.
Y con una sonrisa, Ítalo entro a la capilla.



El día siguiente amaneció tan frio como antes. Lang había sido el primero en despertar, y nos grito para que nos apresuráramos. No quería perder el tiempo.
No sabemos cuándo vamos a encontrar comida. –Dijo—. Es mejor que empecemos a caminar lo más pronto posible, así avanzamos más terreno.

Así es que empacamos prontamente, y unos minutos después ya estábamos de nuevo en el camino. Marchamos una hora, y el rio que oíamos apareció frente a nosotros; no era muy ancho, y se perdía entre la niebla hacía las dos direcciones que miráramos. Cregh nos transporto del otro lado. Las llanuras empezaron a hacerse más comunes; el camino se levantaba más y más, y la vegetación también aumentaba de a poco. Unos minutos adelante del rio vimos otra capilla, que parecía igual a la anterior, y luego vimos otra más. Se estaban haciendo más frecuentes.

Anduvimos por dos horas más, en las que podíamos ver varias capillas en las montañas alrededor.

—¿Qué onda con las torres? –Pregunto Cregh.
Vamos, avancemos… –Suspiro Ítalo. Estaba cansado, pero todos lo estábamos.
Para ese momento, ya había comprobado que los temores de Lang eran ciertos; el hambre ya empezaba a atacarme, y eso podía ser preocupante. La espada no me protegería del hambre, y ciertamente no protegería a mis compañeros. Aldara nos dejaba usar sus cantimploras, pero aun así…

Con el estomago vacio, nuestra marcha se hizo más lenta. Mi mente estaba tan cansada que creía que la niebla debía ser el sol, porque no me dejaba ver; el frio era tan irritante que me hacía transpirar como si fuera calor.
Entonces subimos por una elevación que cruzaba por nuestro camino, y cuando pudimos ver del otro lado un edificio enorme nos recibió.

Por el techo en punta, estaba claro que era un templo. Era como las otras capillas, pero cuatro veces más grande, y varias veces más alto. Todos nos miramos, sorprendidos, y bajamos la colina con paso rápido. Las paredes tenían grabados, igual que las capillas. Palpamos la piedra enorme un par de veces, y entonces Aldara nos llamo con un grito.

Había andado hasta una de las esquinas, y estaba mirando hacia otra de las paredes.

¿Ahí está la puerta? –Le pregunte.
Sí. ¡Pero, miren…!

La acompañamos, y a medida que nos acercamos lo que había visto se hizo obvio. Contra la puerta cerrada del templo, tirado en el suelo, había un bicho. Parecía jadear pero estaba inmóvil, y cubierto por una capa blanca y gastada. Era delgado y de estatura, pero su piel gris solo llegaba hasta su cuello. Su rostro mostraba todos sus huesos… Un rostro con hocico, de animal. Y unos ojos sobre sus cavidades, vivos.

Aldara no se dejo atemorizar por su aspecto, y le arrojo algo de agua sobre sus hileras de dientes. Entonces sus ojos se movieron… Se giraron hacia nosotros, mirándonos de arriba abajo. La criatura se incorporo un poco, aun débil.

¿E-Está bien…? –Murmuro Aldara. La criatura pareció mover su dentadura un poco. Aldara acerco el oído, y todos también nos acercamos.

Empezó a hablar muy lentamente, susurrando para sí mismo…

La Nereida… El Caballero, El Cazador, El Hechicero y El Pistolero… –Su voz bajo aun más—. Creía que ya no era un Oráculo digno, pero parece que me equivocaba. Creía que todas mis habilidades se habían ido… Pero parece que mi último sueño sí se hizo realidad. Humanos del Este… –La criatura se inclino para toser, escupiendo—… Los estaba esperando.


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La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
Spark-a-dark, who's my sire? Will I lay me? Will I stay me? Bless this camp with fire.



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35 Re: R.O.L. Beta el Mar Nov 11, 2014 1:15 am

-Creia que ya no era un Oraculo digno, pero veo que me equivocaba... Humanos del Este... Los estaba esperando...

Nos miramos entre nosotros, dudosos de que hacer con esta extraña criatura, hasta que esta se dejo caer al parecer inconsciente. Aldara lo movio y trato de que siguiera hablando, pero la criatura parecia solo mirar mas alla del cielo, respirando levemente. No tenia parpados, nada que indicara si estaba durmiendo o solo demasiado cansado para hablar.
-Vamos, hay que hacer algo. -dijo Italo, y se acerco a la criatura para levantarla.
Dalia se acerco a ayudar a Italo mientras yo abria la pesada puerta de madera del templo, y Cregh se me sumo. Hechamos solo una mirada al interior, oscurecido por las gruesas cortinas que cubrian las ventanas. No podiamos ver bien el interior por el cambio de luz, yo apenas distinguia las bancas que estaban cerca de la puerta. Pero si habia un olor que nunca habia sentido.
-¿Puedes ver eso Lang? Alli en el piso... -señalo Cregh, pero no podia ver nada por mas que intentaba.
-Por alla hay una casa. Quizas sea la del Oraculo. -escuchamos decir a Dalia. Dejamos la puerta cerrarse y nos unimos al resto.
La casa del Oraculo era de madera y muy modesta, con el marco de la puerta algo descuadrado. No se podia cerrar completamente. En su interior solo habia una habitacion, que tenia una cama, una mesa con una silla y una pequeña biblioteca llena de libros. Recostamos al Oraculo en la cama, y nos quedamos en silencio mirando el lugar.
-¿Vamos a esperar a que despierte?
-No es que tengamos mas opcion. El definitivamente sabe algo importante.
-Podria ser una trampa... -dije preocupado
-Estaba casi muerto cuando lo encontremos. No creo--
-Pero los del Oeste podrian saber que llegariamos aca. -interrumpi a Italo- ...A eso me refiero.
-...Pues vamos a tener que arriesgarnos.
Habremos estado esperando mas o menos una hora. Esto era ya como el hospital, solo que por voluntad propia. Pero finalmente, escuchamos un suspiro.
Aldara fue la primera en acercarse. El Oraculo giro sus ojos hacia ella y trato de hablar.
-Aldara... -logramos oirle decir.- Al fin llegaron.
-¿Quien es usted exactamente? -dijo Italo, directo al grano.
-Olvidamos nuestros nombres al tomar nuestra profesion. -dijo, ganando un poco de fuerza.- Cualquier reconocimiento personal queda atras, para ver la realidad libre de prejuicios. Soy el Mal Oraculo de Bandao.
Nos quedamos unos momentos en silencio, tratando de entender. ¿Que era eso del Mal Oraculo?
-Ehm, ¿y como exactamente supo que vendriamos, señor Oraculo? -pregunto Dalia, cambiando el tema.
-Usted es Dalia, ¿no es asi? Usted debe saber... -dijo inclinandose y sonriendo un poco. Tanto como lo permitia en su estado, al menos- Lo vi... Lo vi en sueños. Noche tras noche veia su llegada y mas, siempre igual, siempre algo nuevo. Nunca fue una vision tan vivida... Pense que me habia vuelto loco.
-¿"Y mas"? ¿Que mas vio? ¿Es sobre nuestro viaje?
-...
-¿Señor Oraculo?
-Es peligroso que esten aqui. El grupo del Oeste podria volver...
-¿De que esta hablando?
-El Katet del Oeste nos ataco. A mi y a los que creyeron mis palabras. Solo media hora antes que llegaran, encerraron a todos en el templo y los desangraron para entregarlos de sacrificio. -Cielos... senti un escalofrio en la espalda.- El Mago me arrastro a la entrada, y me dijo que por mis blasfemias sufriria la peor muerte. Que moriria antes que se pusiera el sol... Podrian volver en cualquier momento.
-¿P-Por que hicieron eso? ¿Que fue lo que dijo? -dijo Dalia algo inquieta por lo que acababa de escuchar.
-...Que ellos solo provocarian muertes innecesarias, por una Guerra que no acabara... Alli, en mi biblioteca. -dijo señalando con dificultad.- Ese libro negro y grande. Aquel es el Thi-yit. El libro santo que recuenta las antiguas leyendas de Deus. Tomenlo. Tomenlo y llevenselo con ustedes. Todo lo que vi no es mas que confirmacion de la ultima seccion, la de Profecias.
Cregh saco el libro del estante y abrio la primera pagina. Nos acercamos a ver, pero solo vimos letras desconocidas, sin sentido.
-Esta en otro idioma. -dije consternado.
-No es otro idioma. Es la letra del Oeste. -me corrigio Cregh- Lengua similar con escritura distinta... En la universidad tuvimos que leer textos asi, pero espero poder recordar toda la interpretacion...
-En Aqlatan esta la Gran Biblioteca. -dijo el Oraculo, mirando fijo hacia el techo.- Si tienen problemas, busquen el Libro de Rossetta. Todas las lenguas del mundo estan en el. Usenlo para entender...
-¿Pero como llegamos--?
-Sigan los letreros. Caminen juntos, eviten los conflictos, hablen solo si les preguntan... -dijo el Oraculo respirando mas profundo- Despues de Varoa, nunca mas pongan pie en un pueblo hasta su destino...
-Miau.
-¿Dijiste algo, Malo?
-Miau.
-Oh... -al levantar la vista, pude ver a que se referia, y note que los demas me quedaron mirando.
-¿Hablas con tu gato? -me pregunto Cregh.
-S-si... Pero solo dice que tiene hambre. -menti.
-Afuera hay... una olla... y un huerto con verduras. Llevense la olla y saquen todas las verduras que puedan... Creo que ya no las necesitare mas. -dijo riendo un poco al final
-Si. Creo que deberiamos irnos rapido. Como dijo el Oraculo, el grupo del Oeste podria volver. -dije apurando la causa.
-Pero podemos ayudarlo. Sacarlo--
-No. -dijo el Oraculo inclinandose, y luego se recosto de nuevo- Estoy maldito. Llevarme solo hara que me busquen y que los sigan. No hay nada mas que pueda hacer por ustedes ya. Nada mas que sea esencial... Solo vayanse antes de que vuelvan.
Dalia nos miro durante un momento, y se acerco al Oraculo. Nosotros empezamos a salir.
-Señor Oraculo, hubo una persona en el reino de Alles que me dio el poder de ver durante mis sueños para guiarnos en nuestro viaje, pero veo mas que solo pistas. El murio luego de que nos fuimos. ¿Dejare de tener estas visiones luego de nuestra mision? -le pregunto Dalia rapidamente. El Oraculo miro al techo una vez mas, pensativo. Pero el solo respondio
-No lo se.
Dalia solo quedo mirando al Oraculo, como esperando alguna aclaracion o alguna respuesta definitiva, pero no hubo nada. Malo maullo una vez mas, ahora un poco mas fuerte. Le susurre al oido a Italo, y este se quedo mirando la cama, y luego se acerco y tomo a Dalia del brazo.
-Hay que irnos, Dalia. No hay tiempo. -Italo empezo a llevarse a Dalia del brazo, pero esta trato de resistirse, deseando que el Oraculo recordara algo.
-Estas cosas van y vienen, Dalia. -le dijo el Oraculo- Yo una vez me volvi el Primer Oraculo, y luego perdi el don por años. Pero como algunos tuve un pequeño momento de virtuosismo, y ahora acabo.
Italo saco a Dalia del cuarto, y se alejaron todos de la casa.

Yo me quede a cerrar la puerta.
-¿Sabe si lograremos ganar? -le pregunte antes de irme.
-Quizas si, quizas no. Ningun otro Oraculo podra ver si sobreviviran. Es demasiado incierto. -hablo por ultima vez.

-...Gracias.

Cerre lentamente la puerta. Al menos, todo lo que permitio el marco descuadrado. Corri hasta encontrarme con los demas. Habian sacado una olla y la empezaron a llenar con vegetales. Pero cuando Malo maullo de nuevo, empezamos a correr. Corrimos hasta perdernos en un bosque cercano.

Malo dijo que veia un espiritu negro sentado en la cama del Oraculo, jugando con un pendulo, esperando.

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36 Re: R.O.L. Beta el Miér Nov 19, 2014 1:10 am

DALIA

El extraño bicho que encontramos, con cabeza de calavera, se rebeló ante nosotros como un Oráculo del Oeste, al igual que Wendagon, el señor de tierras que nos había contratado, era un Oráculo con una visión que le permitía sentir los cambios en el mundo; una visión con la que supo que un mal se estaba alzando en el continente de los bichos, y que nosotros debíamos ser las personas que debían detenerlo. En esos días, casi un mes después, ya sabíamos que ese mal que podía amenazar a nuestras tierras era conocido como Deus por los bichos de ese continente podrido. Pero no era un dios real. Toda mi vida, mi mamá había sido mi maestra y me había enseñado eso. Los Etéreos componían toda la creación, y procurar que el equilibrio de su mundo no se torciera también era otra forma de venerarlos.

Pensaba todas esas cosas mientras miraba el edificio gigante de la religión del Oeste, a medida que nos alejábamos de él. El Oráculo que nos encontramos estaba por morir y solo pudo decirnos un par de palabras, pero ahora sabíamos adonde ir.

Así que Varoa, ¿eh? –Bufó Lang, mientras subíamos una colina y dejábamos ese templo religioso atrás, junto a todas las pequeñas capillas.
Sí. Y vamos a estar un paso más cerca de la Gran Biblioteca –Dijo Ítalo. Cregh se rasco la cabeza.
—Hey, ¿pero por qué habrán tantos templos pequeños alrededor de este lugar, en medio de la nada? Qué extraño…
Todos parecen congregarse alrededor del edificio grande –Dijo Lang, que llevaba una cacerola con comida—. Supongo que ahí se reunía la gente para rezar, o algo así… Pensándolo bien, quizá era algún terreno sagrado, importante.
Y esos asesinos que nos persiguen masacraron a todos los que estaban ahí, ahí mismo –Mascullo Aldara, seca—… Todo porque el Oráculo tuvo una visión de nosotros acercándonos.
Malo, que andaba bajo ella, maulló algo.

Sí, es una tragedia. –Dijo Lang, no muy preocupado.
—El solo hablar de que se acercan personas que se oponen al Deus ya es suficiente para ser considerado blasfemia, y para hacer sacrificios por el Deus… –Cregh trago saliva—. Esos monstruos mataron a otros bichos, hermanos suyos.
Sí, es muy malo, pero tenemos que pensar fríamente sobre lo que significa. Si nos vieron llegar, entonces ya saben que estamos en este continente. Podrían intentar algo.
Aldara dejo de caminar, girándose hacía Lang.
El Oráculo dijo que ellos iban a volver antes de que se pusiera el sol, a confirmar su muerte. Quizá podríamos esperarlos y enseñarles que ellos no son los únicos que pueden intentar algo.
Me sorprendí. No esperaba cosas así de temerarias de Aldara, pero estaba claro que lo que habían hecho en ese templo la había afectado. No entramos en el edificio para verlo, pero escuchar toda esa historia en el hogar de un Oráculo… Eso fue casi como una segunda oportunidad para ver a Wendagon morir.

No. –Dijo Ítalo, de pronto—. Un Oráculo es alguien que está fuertemente conectado con Destino. Tenemos que seguir sus palabras. Y él nos dijo que fuéramos hacía la Gran Biblioteca, no a buscar venganza. Si nos advirtió que nos alejemos, él debía saber que era lo más sabio.
Aldara miró hacía el suelo por unos momentos, pensativa. Parecía molesta, lo que hizo que Ítalo cambiara su cara.
Um… No hay nadie que quiera venganza más que yo. –Agregó.
Está bien, Ítalo. Tenes razón. –Dijo ella, levantando la mirada—. El Oráculo hablo del grupo como si fueran todos ellos a la vez. Y si es así, no tendríamos oportunidad de poder matarlos.
Entonces retomo la marcha, y cuando el resto reacciono la siguieron por detrás.
La misión quiere que lleguemos a Varoa. –Termino de decir, con un tono determinado.

Uh… Dalia, estuviste muy callada. –Murmuró Lang, entonces—. ¿Te molesto lo que dijo el Oráculo sobre que puede que tus poderes duren años?
Me gire a él, algo sorprendida. Había estado algo perdida durante la conversación.
Ah… No, no es eso, Lang. Creo… que no me molestan mis poderes. Entendí que si quiero hacer que mi mamá deje de sufrir lo antes posible, si quiero poder reunirme con ella y consolarla, entonces solo tengo que procurar cumplir nuestra misión lo antes posible. Y para eso me sirven los sueños. –Sonreí, algo cansada. Pero mi corazón estaba latiendo con fuerza. No estaba menos determinada que el resto por lo que habíamos oído—. Solo hay… que matar a esos monstruos.
Lang sonrió a su vez.



No pasaron muchas horas antes de que se pusiera el sol. A medida que la meseta por la que caminábamos ganaba más y más elevaciones del terreno, también aumentaba la vegetación, y pronto estuvimos caminando sobre pasto. Fue un alivio para mis pies descalzos. Pensé sobre el libro que ahora llevaba en la mochila, el que nos había dado el Oráculo. El Thi-yit. Supuestamente contenía todas las profecías sobre el Deus… me pregunte si tendría ese “Antiguo Testamento” que nos había mencionado aquel cuervo gigante cuando luchamos en Laertes.

La casa del bicho tenía muchos libros… Mamá solo había podido conseguir tres o cuatro con los que dar clases, y era la única en nuestro pueblo que los tenía. Los libros no eran fáciles de hacer; el Oráculo debía ser rico como un señor de tierras. Entonces pensé en los extraños faroles blancos que vimos en Gangshi. Quizá las cosas simplemente se hacían de maneras diferentes en el reino de los bichos…

Pronto también aparecieron arboles, y estuvimos metidos en un pequeño bosque. La luna se había levantando. Anduvimos hasta encontrar un claro, e hicimos campamento. Como antes, Cregh preparo un fuego, e Ítalo salió a buscar comida.

Cregh pronto estuvo listo, y nos sentamos todos alrededor del fuego a esperar al arquero. Rodeados de arboles, con solo negro por encima, parecía que estábamos aislados del mundo.

Hm… No hay ningún ruido de animales, espero que Ítalo encuentre comida. –Dijo Lang, haciendo conversación.
—Bah, ¿por qué no solo comemos las verduras en la olla? –Dijo Cregh, haciendo que el fuego baile entre sus dedos, ansioso.
Es mejor guardarlas hasta que volvamos a estar en un desierto o algo así, tonto. No son para gastarlas ahora que estamos en el medio de un bosque que puede estar lleno de frutos.

Al igual que Cregh, Aldara abrió una de sus cantimploras, e hizo que el agua se elevara hasta su dedo y bailara alrededor de él.

Uau… –Dije, incapaz de ocultar mi admiración—. Ya lo controlas muy bien. –Aldara parecía seria, pero al escuchar esto sonrío.
—¿Segura que no hacés magia, Aldara? –Comento Cregh.

De pronto, Lang aplaudió con fuerza. Aldara dejo caer su agua, y Cregh soltó el control sobre la fogata, quemándose el dedo.

—¡Au! –Se quejo—. ¿Qué hacés?
Bien, suficiente descanso. Es hora de pensar en la misión. Cregh, necesito que hagas un dibujo luminoso con tu magia.

Cregh levanto una ceja, cubriéndose el dedo quemado, pero prendió una luz con su otra mano.

—Uf, ¿qué queres?
Muy bien, vos anda dibujando mientras yo hablo. Nosotros entramos al continente desde Havenstad, así que estaríamos por el centro de nuestro reino… Fueron nueve días de viaje, así que más o menos esta distancia… Mmm… y unas treinta horas desde que vimos tierra hasta que encontramos Gangshi… Ítalo hablo con un contacto que le dijo que el puerto más cercano a la costa se llamaba H’vyah, escribilo ahí, Cregh… Escribí Gangshi en esa parte… Bien, perfecto, y Dalia dijo que teníamos que seguir al oeste. Así que la ciudad de Varoa puede estar más o menos por acá, y también la Gran Biblioteca esa.

Cregh corrió la mano. Sobre el aire había dibujado una suerte de mapa, mostrando adonde habíamos dejado Alles y lo poco del viejo continente que habíamos visto. Me pareció que la entrada de Gangshi se parecía un poco a una boca. Más allá de Gangshi, dos puntos estaban marcados hacía la izquierda, marcando Varoa y Aqlatan.

—Vagabundo, este mapa es inútil, nada más nos dice que tenemos que seguir caminando hacia adelante.
¡Bah! –Bufó Lang—. Al menos tenía que revisar donde estábamos.
—Me hacés gastar mi magia solo por esto, y…

Cregh iba a quejarse un poco más, pero de pronto se escucho movimiento por detrás. Ítalo apareció entre los arbustos; llevaba su capucha puesta, y el arco en una mano.

Ítalo –Lo salude—. ¿Conseguiste algo…?

El arquero se llevo un dedo a la boca, ordenando silencio.

–Susurró—. No había ningún animal salvaje en todo el bosque, pero tengo frutos en los bolsillos. Ahora escuchen…

Miro hacía la fogata de Cregh, y se mordió el labio. Se acerco a la fogata, pero se quedo parado, y siguió susurrando.

No estamos solos. Hay alguien más en el bosque; escuche demasiados ruidos mientras buscaba comida, y no hay animales. Ahora es muy tarde para apagar el fuego… Ya deben saber que estamos acá.

Lang se mantuvo impasible, calculador.
¿Que sugerís?
Sí todavía no nos atacaron, quizá estén esperando que nos durmamos…
Aldara perdió la compostura, y su cuerpo se hizo tenso.
A-Ay… ¿No creen que sean arañas de nuevo, no?
Le puse una mano en el hombro.
Están siendo muy inteligentes para eso… Deben ser simples bandidos…
—No crees que alguien nos haya seguido desde Gangshi, ¿no, Ítalo? –Dijo Cregh—. Con las buenas obras que hiciste allí.
Esperaba que Ítalo respondiera en un salto, pero solo le sonrió al mago.
Puede ser. Pero no van a ser arañas, al menos.
Entonces, ¿qué? –Dijo Lang—. Vamos a tener que tomar turnos para hacer guardia…

Y la fogata se apago.

Estábamos en un negro absoluto. Empezaron a oírse arbustos moviéndose a mí alrededor. Me aferre a mi espada. Se escucho el rumor del agua al moverse. Un revolver al cargarse. Pasos que se acercaban. Entonces, Cregh genero una explosión de luz, y todo el claro quedo cegado. De alguna manera, quizá por mi espada, yo pude ver: cinco seres alados, con plumas en vez de piel, se acercaban al campamento entre los árboles, cuchillos en mano. Aunque Ítalo tenia la capucha baja, había sido cegado por el resplandor de luz como todos, pero ya estaba apuntando sus flechas en dirección a uno de los atacantes. ¿Se había guiado por los sonidos? Lang también tenía los revólveres en alto, y Malo estaba agazapado delante de él, como protegiéndolo.

El instante de ceguera paso. Cregh cambió la magia que salía de sus manos a dos bolas de fuego, iluminando más normalmente; entonces Ítalo libero su flecha, y el agua de Aldara salió disparada desde su cantimplora. Una de las criaturas se agacho, esquivando la bala; el látigo de agua le pego y lo sacudió hacía adelante, haciéndole perder el equilibrio y cayendo dentro de nuestro circulo. Los otros cuatro ya habían entrado, mientras tanto, y avanzaban hacía Lang y Cregh. Corrí hacía ellos, tomando mi espada con las dos manos, y ellos giraron hacía mi. Uno choco los cuchillos que llevaba en cada mano con mi espada, levantándome los brazos; otro se lanzo hacía el suelo y pateo mis piernas. Me golpearon de nuevo y mi espada cayó de mis manos.

Aldara apareció detrás de mí… y me tomo de los hombros para hacerme caer al suelo, esquivando la ruta de un cuchillo. Entonces movió su mano hacía adelante una vez más, y otro látigo de agua golpeo a uno de los pájaros. Mientras ese se agarraba el estomago, los otros daban un paso adelante hacía Lang. El pistolero mostraba sus revólveres por lo alto, dubitativo.

Oigan, bichos, no quiero matarlos. –Y Cregh no podía lanzar su fuego pues acabaría con la luz.

Silbó una flecha, y cayó en el centro de toda la muchedumbre. Los pájaros dejaron de avanzar.

Suficiente –Dijo Ítalo—. ¿Qué quieren?

Las aves se miraron entre ellas, y retrocedieron d un salto. El que Aldara había tumbado antes también había vuelto en dirección a los arboles. Cregh movió la luz de sus flamas hacía ellos, revelando plumas blancas y unos rostros de búho.  

—No tendrían que haber cruzado este bosque –Dijo uno.
—¿De qué hablan? –Exclamo Cregh—. ¡Solo estábamos por comer!
—Si pasan por aca, entonces tienen que tratar con nosotros.

Eran ladrones, masculle en mis pensamientos. Simples y llanos ladrones.
¿¡Y qué se suponía que hiciéramos?! –Proteste mientras levantaba mi espada del suelo—. Este es el único pasaje hasta otra ciudad…
—¿Qué? –El búho giro la cabeza—. ¿Qué dicen? Deberían usar los caminos la próxima vez.
Caminos… Me aplaste la cabeza. Quizá salir de un pueblo por el oeste no había sido la mejor idea. Por supuesto que habíamos encontrado una meseta en vez de con la salida del pueblo.
Muy bien, escuchen. –Alzó la voz Lang—. La situación es muy simple. Nosotros tenemos revólveres, y ustedes no. Y un mago, y un quitnar… y ustedes no. Podemos no seguir con esto o puede salir alguien herido.

El búho ululo algo. Los ladrones se miraron entre sí, los cinco reunidos, e intercambiaron algunas palabras. No estaban muy lejos, pero no podía entender el lenguaje que usaban. Al final, el portavoz nos miro de nuevo.
—Dejen el bosque –Dijo al fin.
Mire a Ítalo. No podíamos hacer eso. El bosque era el oeste.
—No lo creo. –Dijo Cregh.
—¿Creen que podríamos tener el control de este bosque con solo cuchillos? En nuestras garras son revólveres, son magia, son más que eso; los ibines sabemos manejar cuchillos… Nosotros somos capaces de acabar con los huginn, y los humanos no son mucho comparados a eso…

El fuego de las llamas de Cregh empezaba a morir. El mago empezaba a prepararse para lanzarlas, poco preocupado en servir de iluminación. Temí que las cosas volvieran a ponerse violentas… y en eso se escucho como se movían otros arbustos. Una silueta apareció detrás de los búhos, más alta que todos ellos; era más alto que nosotros, como un huginn. Los bajitos búhos dejaron paso, asustados, y un enorme halcón entro a nuestro claro.

¿Humanos? –gañó.

Su voz era profunda, y ninguno de los presentes pensó en decir nada mientras él nos escrutaba despacio. Antes temía que tuviéramos que enfrentarnos a unos bandidos; ahora temía que se repitiera el debacle de Laertes. El halcón se volvió a las aves.

¿No quieren pagar el tributo?

Los cinco búhos negaron enérgicamente al mismo tiempo, agazapados. Y el halcón nos miro a nosotros.
Bueno, bueno. Miren, ustedes decidieron pasar por nuestro bosque, así que tienen que pagar un tributo. Ustedes fueron los que quisieron pasar.
—No siento capacidad mágica en él… –Nos susurro Cregh. Más confiado, dio un paso adelante ante ese líder—. Hey, ¿quién dice que este bosque es suyo? ¿Acaso estas cosas son normales en este reino?
Tan normales como las serán en el suyo, bichos.
El mago respingo ante oírse llamado así.
No pedimos mucho. Llevamos nuestras vidas adelante como cualquier otro, y tenemos necesidades que llenar para vivir. Vamos a querer la mitad de lo que estén llevando, con lo que les permitiríamos quedarse.
Eso es un cuento. Necesitamos nuestro dinero y mantas para sobrevivir; estarían matándonos. –Dijo Ítalo.
Todos quitan y dan… Esa es la esencia de todo. Edificios y viviendas dignas vienen a cambio de impuestos, el salario viene a cambio del trabajo… Ya saben, es el principio de todos los pueblos que nos rodean… por eso estamos en el bosque.
Pero… Pero…
Ítalo parecía realmente consternado. El halcón noto esto. Aldara y yo nos miramos, y nos dijimos que era mejor no meternos por ahora.
¿Hmm? –Incito el halcón, haciendo que el arquero hablase.
Es que… ¿Cómo pueden hacer esto? Bichos… ¿Cómo pueden pretender ser mejores que nosotros, querer barrernos, y solo para que todo sea lo mismo? Creí… imagine que las cosas serian diferentes aca.
Humano…
El halcón parecía confundido. De pronto, Lang alzo la voz.
Voy a decirte lo mismo que le dije a esos búhos. Nosotros tenemos revólveres… Y no queremos matar a nadie.
¿Búhos? Ah, los ibines… Sí…
Gotas de sudor caían por mi rostro. No entendía la manera de pensar de ese halcón, ni entendía que sería capaz de hacer si se desataba un combate.
Díganme… ¿por qué se desviaron de los caminos?

Lang e Ítalo se miraron. Pero antes de que pudieran decidir nada, Cregh hablo.

—Tenemos que caminar hacia el oeste… Nuestra misión hace que tengamos que caminar en esa dirección.
Croft, ¿por qué le estás diciendo…? –No pude evitar preguntar.
El ave enorme agudizo la mirada.
El oeste. ¿A Varoa?
Todos permanecimos en silencio. Nuestras armas estaban en alto, pero note que Malo ya no gruñía.
Cinco humanos andando por estos lares… ¿qué buscan hacer? ¿Qué es esta misión de la que hablan?
Ítalo no dio vueltas en el asunto.
Ustedes tienen escrito que van a tomar sobre las tierras del este en este año, ¿no? Si Veringrad va a caer, y nuestro rey morir, entonces es justo que nosotros cacemos al suyo.
¿Nuestro rey?
Casi cierro los ojos, esperando que algo me golpease. Ítalo ya había declarado nuestras intenciones. Pero cuando los abrí, el porte del halcón era la misma. Su postura no era agresiva.
Rey de los bichos… Huh… ¿Hablas de dios? –El halcón bajo la mirada—. Bah, esa iglesia…
¿Qué dice? –Susurré.
Esos que se llaman a si mismos mensajeros del señor… Y los oráculos… Nunca me gustaron mucho esas personas. Pero, claro, por eso vivimos en el bosque.
Pero no hay mucho de comer aca. No hay animales –Dijo Ítalo.
Por eso tenemos el tributo, immo.
El ave parecía pensativa. Mientras tanto, los búhos habían bajado sus armas; no entendía mucho qué estaba pasando, pero las alianzas en el oeste no eran lo que había creído; de eso estaba segura.
¿Así que quieren matar al dios? Pero… él creó el mundo. No puede ser fácil. ¿Van a hacerlo cinco personas? –El halcón sonaba genuinamente curioso.
Pues no van a hacerlo seis pájaros –Dijo Ítalo, al parecer ofendido.
Ah, humanos –El halcón sonrió---. Nuestra familia en este bosque es de varias docenas. No todos seguimos al Thi-yit como los huginn… En fin… No son como los otros humanos por aca, ¿eh? Ustedes realmente vinieron de las viejas tierras para atacarnos.
Ustedes son los que van a atacarnos primero.
No estaba quejándome –El halcón se cruzo de brazos—. Solo díganme… ¿Piensan matar a todos los “bichos”? ¿Eh?
Pues… pues…
Ítalo dudaba, pero nos miro a todos, y entonces fue claro.
Solo a los cinco que pretenden despertar al deus… De eso estamos seguros.

Hm.
Y si nos sacas la mitad de nuestras cosas, no vamos a ser capaces de sobrevivir ahí afuera.
Váyanse de este bosque.
¿Eh?
Solo voy a permitirles esto. Sigan su camino, levanten el campamento ahora, y no voy a cobrarles la estadía. Considérenlo un gesto de buena fe.
Ítalo no sabía bien que decir. Lang reacciono primero, tirando todos los frutos secos en la olla con las verduras y levantando las mantas en un nudo.

Vamos, apúrense, idiotas. -Nos susurró.

El halcón había dado un paso atrás, cubriéndose entre las sombras de los arboles; solo su pico amarillo resaltaba. Los búhos que lo acompañaban se habían ido, fundido con el escenario, y ahora solo se escuchaban murmullos indefinidos entre los arbustos. Realmente podía creer que hubieran muchos más en esos lares. Mire al ave, absorbida. Sin darme cuenta, avance hacia él.

Humanos, humanos –Gañó jovial al notarme.
¿Por qué no querrían vivir en las ciudades de su propia tierra? –Me sorprendí preguntando.
No todos estamos de acuerdo con la forma en que son llevadas las cosas, nena. Quizá algunos estábamos preparando un cambio hace tiempo.
Pero… Pero… –Había mucho que no comprendía. Entendía que el Oeste estaba en contra de los humanos por haber tomado sus tierras, y eso era todo, y todos estaban del mismo lado… El Oeste era más grande de lo que había creído.
No pude evitar preguntarme si aquel halcón tenía más planes en su cabeza de los que dejaba ver.
¿Por qué? –Dije entonces.
Estos bosques… son mi tierra. Un pequeño territorio sobre el que mando. No tengo problema con que maten a un rey, cuando yo soy uno.

¿Dalia?

Era Aldara. Me di vuelta para ver que el resto ya había juntado sus cosas.

Hacía el oeste –Bufó Lang, cansado a esas horas de la noche.

Yo asentí, y corrí a juntar mi bolso. El halcón ya se había ido. Pronto salimos del claro, marchando entre los troncos oscuros; teníamos hambre, y nuestros cuerpos estaban agotados, pero caminamos sobre la hierba sin detenernos. Caminamos y caminamos hasta encontrar que los arboles se abrían, y las tierras volvían a expandirse ante nosotros. Mientras salíamos del bosque, mire hacia el cielo negro, y volví a pensar que el oeste era más grande de lo que creía.


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La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
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37 Re: R.O.L. Beta el Jue Dic 04, 2014 5:19 am

Ítalo


Matarlos hubiera sido demasiado fácil. Y algo me detuvo. Eran solamente unos 5 pobres delicuentes.
Notaba como mi mano izquierda relampageaba esperando ansiosa por probar mis nuevos límites.Quizás ahora pudiera freir personas con solo chasquear los dedos. Tal vez lograría me volvería tan rápido que podría cortarles el cuello antes de que pudieran levantar sus brazos. No había nada de verdad en eso,pero sentía como los rayos se mimetizaban con mi cuerpo.Lentamente, cada vez que respiraba me sentía más poderoso que el segundo anterior. Y si bien realmente hubiera buscado cualquier excusa para utilizar mis nuevos poderes,ese algo me lo impidió. Y noté como ese algo ya era una plaga entre nosotros. Nos mostramos con demasiadas dudas,con muchas preguntas. Insisto en que matarnos no hubiera significado un problema. Podía olerlo, lo sentía en nuestro círculo,incluso antes de que el halcón empezara a hablar.
¿Cuál es el precio que debemos pagar por ser los elegidos?
Era consciente de que de ahora en más sería días de trabajo sucio. Robar,usurpar casas, correr de las fuerzas de defensa,pero ,¿estabamos listos para cargar con tanta sangre inocente? Recordé que miré mi mano izquierda y sabía que iba a estar empapada de sangre en lo que restaba del viaje.
No quería creer que lo del puerto del Oeste había sido un error.Conteplaba la posibilidad, pero no lo creía así.Sabía que sus intenciones no eran buenas.Claro, no eran buenas para nosotros.
Según Tammi todo era perfecto en el Oeste y este... intento de cuervo se mostraba tan parecido a cualquier delicuente humano. Y nisiquiera parecía un delicuente, sino que solo trataba de sobrevivir.
Luego de que decidiera dejarnos ir,salimos del bosque después de una buena caminata.
No encontraba palabras para describir como veía al grupo. Pensaba que lo más acertado era decir que nos sentíamos sucios,o equivocados. Sabía muy bien que lo que nos esperaba todavía más al Oeste no era mejor. Sabíamos que esto solo había sido el primer filtro. Y en algun lugar de nosotros habíamos perdido la fuerza para seguir. Perder sería tan fácil como sentarse a esperar que el Deus despierte y dejar que nos mate a todos.
¿Y si los dioses habían elegido mal al katet de querido Alles?
Un pequeño destello salió de mi pecho. Recordé la piedra que se inscruto en mí,casi matandome para luego eliminar la oscuridad de mi ser y darme estos nuevos. Suspiré y sonrie con muy pocas ganas.
En el cielo de noche brillaba una de mis cosas favoritas en el planeta.
-Me gustaría pasar unas vacaciones en la Luna cuando todo termine.-me dije a mi mismo.

Débiles,pero vivos, seguimos por Inercia hacia el Oeste bajo la luz de la luna.


Desde que había llegado al viejo continente había recibido una importante cantidad de información respecto a nombres a los que debía recordar. No recordaba como se llamaba la ciudad de la biblioteca,pero estaba bastante seguro que la luz de la luna nos llevaría a Varoa justo antes del alba.

No había señales de Varoa a la distancia. Un camino marcado vagamente se perdía en el horizonte. Seguíamos muy cansados y la llanura del Oeste no daba ningun lugar adecuado para poder descansar.Con cada paso nuestros cuerpos estaban cada vez más motivados en la idea de apoyar las rodillas y caer de cara al suelo.El bosque se alejo poco a poco y nos recibió más y más llanura.
Eran altas horas de la noche y convengamos de que los descansos en este continente no eran los más profundos y rejuvenecedores de la existencia. Realmente quería encontrar cualquier tipo de refugio para poder recostarme,pero Varoa insistía en no aparecer.Nisiquiera un cartel era digno de aparecer en nuestro camino.
Cregh lanzó un fuerte suspiro y dejo caer sus manos en su cadera.

-Dioses,estoy cansado de esto.¿Cuán lejos creen que este la próxima ciudad?

Nadie se atrevió a lanzar una aproximación. Nadie quería gastar saliva en abrir la boca.

-Bien,no pienso dar un puto paso más en esa llanura eterna.-dijo Cregh con un tono muy poco común en su voz.

Levantó su mano y el brillo blanco nos envolvió.

-No sé muevan ni un poco-advirtió.

El brillo nos envolvió por un período de tiempo un poco más largo. No tardo en hacerse presenciar la sensación de flotar justo debajo de nuestros pies. El aterrizaje fue suave como nunca lo había sido.La búrbuja de luz blanca se deshizo rápidamente y volteé. Parecía que nada había cambiado,el paisaje era exactamente el mismo.

-Dioses...-suspiró Li mirando a Cregh. Cregh parecía exhausto,pero con una gran sonrisa en su rostro.
-Woooow, apuesto que rompí el récord de longitud en relación a cantidad de personas transportadas -exclamó el mago volviendo a un tono mucho más acorde a su personalidad.
-JAJA-reí instintivamente-parece que no avanzamos ni un ápice.

Cregh levantó la cabeza y abrió sus ojos como platos.

-¿DÓNDE CARAJO ESTÁ ESA CIUDAD?-lanzó gritando y poniendose adelante de nosotros. -Ya me arrepiento de no haber incinerado a esos pájaros en el bosque. No se muevan ni un poco. -nos advirtió.

El brillo blanco cubrió nuestras cabezas en menor tiempo que la vez anterior,pero estaba vez la sensación de flotar duro unos segundos más. El aterrizaje volvió a ser impecable. Cregh se había vuelto bastante bueno en esto.
Fuimos transportados hasta una bifurcación del camino. Hacia el sur un camino todavía más vagamente marcado se disolvía en el cielo oscuro de la noche.
-El camino es hacia el Oeste.Sin excepciones.-dijo muy sólida Dalia.
Cregh luego de un largo minuto levantó su cabeza. Se veía demolido. No sabía de que tipo de fatiga trataba el esfuerzo mágico,pero apostaba que Cregh solo pensaba en apoyar su cabeza en la cama y despertarse con un desayuno servido por una señorita luciendo un vestido azul sin sostén.
Siendo el más alto del grupo pude divisar una pequeña elevación en el camino,a lo lejos.Era apenas imperceptible.
-Adelante,en el horizonte parece haber una pequeña loma.-levanté el brazo en su dirección.-Justo a la izquierda del camino.
-No alcanzo a ver nada-dijo frustada poniendose en puntitas de pie.
Dí un salto,pero no alcancé a ver demasiado más de lo que podía ver.
-Sigamos caminando,vamos.
-Esperen.-interrumpió Aldara.

Hizo levitar toda el agua que traía encima y la puso debajo de sus piernas. Mostro sus palmas al cielo e inflando el pecho las levantó como si fuera un ritual religioso. El agua que empezo a levantarla del suelo. Una columna de agua sostenía su trono en la que ella estaba sentada y era ascendida hacía arriba. Escala centímetro por centímetro,pero en unos rápidos segundos ella se encontraba tal vez un metro más arriba que mi cabeza. Llego a unos 3 metros de altura.
-Allí es la ciudad.Esa debe ser Varoa.
Lo que Aldara estaba logrando era ... impresionante. Nadie tuvo el aliento suficiente para expresar palabra sensatas,menos Cregh que parecía incapaz de entender que veía.
-Está lejos. Pero es Varoa, algo me lo dice.

Aldara comenzó a bajar,la buena base de agua ahora era un delgado hilo.Una pequeña distracción y la nereida cayó al suelo.En un movimiento rápido pude atraparla con mis brazos y dejarla en el suelo.

-Aldara... Eso fue increíble.
-Gracias...-dijo ruborizandose.

Se apresuró a juntar el agua para perder la menor cantidad. Una vez juntada, Cregh estiró la mano en señal de pedir un poco.Aldara le dio una de sus bolsas y Cregh dio un buen trago.

-¿Así que allá esta Varoa? Yo los llevo.-dijo en un tono muy seguro de sí mismo.-No se muevan ni un poquito-volvió a repetir.

El brillo blanco nos volvió a engullir,esta vez por poco tiempo. La sensación de flotar fue muy corta. El aterrizaje fue más forzoso, pero estaba lejos de la primera vez en Veringrad.Cregh yacía en el piso respirando de a grandes bocanadas.Lang se apuró a levantarlo y sostenerlo con sus hombros.

-Bienvenidos a Varoa -dijo con una gran sonrisa en su rostro.-Para serles sinceros,imaginaba que estaba mucho más cerca-dijo y rió haciendonos confundir cuan débil se encontraba realmente.Aldara se acercó para ofrecerle agua que él ofreció con mucha gratitud. La terquedad de Cregh nos había salvado esa noche.Y era un hecho, estábamos en Varoa.
Había un cartel que parecía indicar su nombre,pero nuevamente, las letras eran ilegibles. Nisiquiera pensé en molestar a Cregh para verificar si eran las tierras que buscábamos. Faltaban unos buenos 200 metros para la entrada de ese...domo.Miré a Aldara para entender que ella también sabía que eso era lo que veíamos de lejos.
Me acerqué a Lang para serle de ayuda para cargar al mago. Cregh había dejado de hablar y tenía la cabeza baja.Su peso era  peso muerto ahora. Realmente había salvado el día. Suponía que nos había transportado unos buenos 60 kilometros.A todos juntos.Y seguía respirando. Tuve ganas de saber como se sentía gastar la magia interna de cada uno.Parecía un cansancio tan diferente al físico. Quise comprender que había hecho Cregh por nosotros. Sentía mi corazón palpitando muy fuerte,sabía que había una pregunta que moría por ser respondida. No podía aguantar el momento de llevar mi nueva habilidad al límite.
Adelante,justo enfrente de nosotros, estaba la entrada al enorme domo. Una entrada muy parecida a la de Veringrad por cierto. Esperaba que los guardias se negaran a dejarnos pasar, siendo 4 humanos y un posible cadaver. Es más,esperaba tener que pelear para meternos dentro de Varoa. Imaginaba que Aldara y Dalia se harían cargo de la situación. Siendo mujeres podrían parecer más inofensivas y tomarlos por sorpresa. Malo podría ayudar si las cosas se tornaban feas y por último Lang y yo dejaríamos a Cregh en el piso para pelear. Pero nada de esto paso.La garita de seguridad se encontraba vacía, muy posiblemente un cambio de turno.

-Vamos,hay que encontrar un lugar para que pueda descansar.

Apuramos el paso los últimos 20 metros antes entrar en Varoa. Me despedí de la luna y le prometí que volvería a ser mi acompañante cuando salga de la ciudad,ya que por el gigante domo era imposible ver siquiera una estrella.
Al estar dentro de Varoa entendí que lo que parecían grandes barras de metal enlazadas y en unificadas formando pequeños rombos eran sino raíces que enfocaban su brillo hacía el lado interior. Y no estaba equivocado pensando que eran las mismas de la fortaleza de los robler. Sin demasiados segundos con los pies dentro de Varoa entedí que no había ni día ni noche. La ciudad no veía el sol ni la luna eran iluminados y protegidos por estas raíces. Y la posibilidad de trabajar en las sombras se había esfumado.Eramos presas fáciles.

-Vamos,rápido.-volvió a repetir Lang.

Las calles de Varoa parecian perfectamente calculadas siendo cada manzana cuadrados iguales. Las casas eran altas y en su mayoría hechas de buena piedra. Parecía un lugar muy tranquilo. Otra vez,por la noche no había ni una sola persona en las calles. Las calles empedradas me hacían recordar a las de la capital del sector alto,no muy lejos de la casa de Wendagon.
Ningun parecía un lugar descansar y tampoco nada se parecía a una posada. El cansancio ya nos torcía la mano. Cada esquina se parecía mucho a la anterior. Parecía un laberinto cuadriculado. Levantando la cabeza se podía ver como hacía el centro del domo se levantaban unos edificios bastante más grandes.Estaba realmente impresionado por la arquitectura del Oeste.Estas deben ser las maravillas que contaba Tammi.

-Allí. Eso. Tiene que ser una posada.-dijo suspirando de alegría.Casi suelto a Cregh para ir corriendo y meterme en ella.Apuré el paso y noté que Lang no lo hacía. Dalia y Aldara se encontraban a punto de tocar la puerta.
-No es que conozca a el Oeste,pero imagino que nada es gratis. No tenemos monedas,no podemos pagar.-comentó un poco intranquilo,aunque de todos había sido el único con la cabeza suficientemente fría para darse cuenta de eso.-Somos humanos, así que descarto toda posibilida de actuar por buena fe.

No teníamos a Dalir,ni a el oráculo, estábamos completamente. Entendimos cuán hóstil podía ser una ciudad tan hermosa,un continente tan vasto. Esta vez, nos tocaba ser los bichos.
Agachamos la cabeza resignados. Realmente no quería dar ni un paso más. Mi respiración se había cargado de sentimientos. Mis hombros yacían intranquilos.
Por el este.
-Mañana saldremos a robar.-advertí

Nadie dijo nada,pero todos parecían entenderlo antes de que yo abriera la boca. No conseguiriamos un trabajo de mozo por unas horas para tener dinero para descansar y seguir nuestro viaje al Oeste.

-Mañana saldremos a robar.-repetí mientras Lang señalaba un callejón donde pasaríamos el resto de la noche.Bueno,digamos que no podíamos saber cuando era de noche.

El callejón tenía una sola salida por el lado que entramos.Limitaba con una pared no demasiada ancha,pero si bastante alta.Del lado izquierdo solo sobresalía una ventana con una persiana de madera y del lado derecho una puerta de metal,pintada de verde con una pequeña ventana en la parte de arriba. Había un par de bolsas y materiales juntados unos pasos antes de la puerta. Por suerte parecía un callejón limpio, lejos de los que había en los barrios del sudeste de Veringrad.
Nos apuramos a acostar a Cregh contra la pared y usar una de las cajas a modo de almohada.
Se durmió casi instantaneamente una vez que encontró cierta comodidad. El resto,uno a uno nos acomodando formando un semicírculo mirando para la salida.
Me senté contra la pared y apoyé mi cabeza contra mi rodilla derecha. Arrastré la capucha hasta un poco más abajo de mis ojos. Por fin podría descansar un poco. Mis ojos se cerraron por un largo minuto antes de combatir contra las ideas de que nos podrían robar, matar, violar y cualquier tipo de ejemplo que se me cruzo por mi mente.Por suerte,el cansancio fue más que la paranoia y clavé el entrecejo en un cómodo relieve de mi rodilla.


Mi sueño duró menos de un segundo.Nisiquiera había podido dejar de pensar del todo en el katet del Oeste y ya estaba despierto. Mi cansancio se había ido pero mis ojos se encontraban secos todavía. Estaba solo,el resto ya había empezado su actividad para sobrevivir,inclusive Cregh que estaba demolido.

-Dioses,¿cuánto dormí?

Me refregue los ojos y vi que el gato de Lang estaba arriba de la pila de cajas mirandome.No estaba solo después de todo.

-Buen día Malo.
-Miau.
-Si te dejaron cuidandome, ya podes irte con Lang de nuevo.
-Miau.-saltó de su pequeño trono de basura al piso y movió la cola.Pero no se movió.
-¿Queres que te siga?-le dije y comenzó a caminar hacia afuera.

Malo camino agilmente entre la gente que pasaba a mi alrededor. Las calles estaban repletas pero al punto de que era posible caminar sin chocarse a otro. El pequeño gatito, saltaba agilmente y eludía a todos. Parecía un pequeño fantasma ya que era ignorado por el resto de los mortales cercanos. Las miradas se dirigian a mi pero de una manera mucho más pasiva que antes. De todas maneras mantuve mi capucha puesta y la cabeza gacha mirando los pasos de Malo. Posiblemente ser una sola persona llamaba mucho menos la atención que 5. Pero definitivamente un encapuchado sin un arco,flecas y una daga llamaba mucho menos la atención que yo, debería haber pensado algo antes.
En un cruce de calles que parecían bastante grande perdí a Malo entre la muchedumbre.Levanté la cabeza para buscarlo,pero fui inútil.Fui hasta un lugar un poco más alejado y esperé sentado a que volviera.Sin tardarse demasiado se apareció meneando la cola con una moneda muy peliculiar en su boca. Estiré la mano para tomarla y entendí perfectamente que la había robado. La escondí entre mis dedos y la examiné. Era un poco más grande que un ojo humano,era redonda bordeada de dorado con un gris plata en el centro.Tenía un pequeño grabado en el centro plateado.

-Vamos Malo,tenes hambre?

Desconocía el valor de la moneda,pero parecía de las valiosas.Con suerte,se trataría de un ocato del Este.Necesitaba saber cuál era su valor y de que manera se negociaba en el viejo continente. Me dirigí hacía el centro del domo,donde se encontraban los edificios más grandes.
La ciudad parecía una gran feria cada calle de las anchas estaba llena de pequeños puestos de cualqueir tipo de cosa vendible.Encontré un pequeño puesto de comida y me senté lo más cerca posible. Trate de aislar mi oido para entender el saludo cordial y de paso el nombre de alguna cosa. Realmente quería mantener el perfil lo más bajo posible.
En mi abstracción noté que Malo había robado un pescado y lo estaba almorzando(o merendando?) a unos pocos metros de mi lugar. Un bicho muy parecido a un humano,pero considerablemente más bajo,cubierto de pelo y con una trompa de perro alargado salió a buscarlo.
-Volvé acá,stercore!
Malo tomó el pescado y corrió. Entendí fácilmente que esto no se trataba de negociar.Se trataba de sobrevivir.
Me acerqué al local ahora vació aprovechando la distracción de Malo y tomé unos cuantos pescados. Eran pequeños y estaban atrevesados con un palo.Los guardé en mi carcaj de flechas.Caminé una cuadra a la derecha y encontré un cómodo banco de piedra donde pasaba menos gente.Guardé la moneda en mi bolsillo y saqué los pescados del carcaj. Imaginé cuán divertido sería disparar braguettes de pescado ahumado por ahí,pero simplemente no era el momento.
Hasta ese día,encontraba al pescado como una comida neutra,la comía por que no había nada más para comer,pero ese pequeño pescado cocinado y atravesado con un palo era una delicia. Comí los 4 primero con un hambre canina,tomé el quinto y vi a Malo acercarse comiendo el resto del pescado de mucho mayor tamaño que había pedido prestado. Se acercó y comió tranquilamente el resto.Le ofrecí el sexto y último de mis pescados empalados.
Con el estómago lleno,quise saber que era del resto del equipo. Caminé despreocupadamente con Malo por unos minutos hasta que se me ocurrió una idea brillante.

-Malo,quiero probar algo.-le conté-Creo que podemos tener comida por el resto de la eternidad.

Pareció bastante convencido con lo último que le dije. Me siguió y nos dirigimos hasta los distritos con un poco más de gentes y ciertamente muchos más de los puestos. Imaginé que había muchísima gente viviendo dentro de ese domo, por eso la gran cantidad de puestos.Y no era algo que no se pudiera ver,las cuadras estaban compuestas de edificios de 2 plantas uno detrás de otro,todos con patrones similares,pero muy distintos a los que había en el puerto. El tipo de estilo que se promovía no era tan distinto a los barrios más adinerados de Veringrad.
Encontré un pequeño callejón que daba de manera no directa a un gran puesto de ...talismanes? Parecían tener un significado religioso. Apoyé mi espalda contra la pared y esperé a que viniera un cliente.Estaba muy lejos para ver con que tipo de moneda pagaban. Le indique a Malo que esperara por mi seña.
Uno de los humanos habitantes del Oeste,vestido de cabeza a pies de blanco,se acercó a comprar saben los dioses que. El cliente era zurdo y tenía vista preferencial para ver su mano pagando con esas monedas.Hice mi seña a malo y apunté mi mano hacía él. Cargué un poco de mi energía en mi mano y pensé en lanzarla. Imaginé a Cregh y a Aldara manipulando su magia y la energía fluyó sola. Un pequeño hilo salió de mí y dió en el humano justo en el momento que iba a pagar. El efecto por suerte fue el deseado, algo más que un escalofrío y algo menos que una trompada. Malo entendió a la perfección la situación y tomó la moneda que dejó caer el humano cuando recibió el impacto.
Nos alejamos con Malo,victoriosos por nuestro nueva moneda robada en un crimen perfecto.Bueno,casi.
Guardé la otra moneda en mi bolsillo.

-Bien hecho,Malo.¿Sabes dónde están los demás?Estoy preocupado.
-Miau.-maulló.

Caminamos como 20 minutos por la ciudad donde no atardecía, hacía los distritos más altos,los del centro.Caminé sin decir nada,tampoco con mucho apuro.Pensé en que si hubiera algún tipo de emergencia hubiera necesario mi presencia hacía tal vez... 1 hora.
Malo me llevó hasta un parque, donde estaba rodeado de edificios muy altos,entre ellos la torre más alta de la ciudad. Caminamos unos metros a su derecha y pude ver una gran acumulación de gente.Un tipo parecía estar parado encima de una caja con un instrumento que su voz se hiciera más fuerte.Me recordé a la forma de los cuernos que utilizaban algunos cuervos en la temporada de caza o bien en las competencias.
Si bien parecía un humano había algo en él que me extrañaba,partiendo de que sus prendas no eran blancas. Parecía más pequeño y más encorvado y algo en su cara simplemente no me daba buena espina.Tenía una voz más que irritable y estaba promocionando cosas.

-Vengan!Vengan! Acerquense! Estan a instantes de presenciar el gran inauguramiento del cinema de Varoa. Pasen y deslumbrense con lo que tenemos para ofrecer! Totalmente gratis! Immo!

¿Cinema? En mi vida había escuchado algo así. Había una gran convocatoria de gente. Parecieran todos tan entusiasmados que ignoraban mi presencia y tampoco parecían notar que el resto de mi equipo estaba allí también. Malo me guío hasta ellos esquivando los pisotones de la gente cada vez más loca.

-Hey,chicos.
-Ítalo,al fin despertas.
-¿De qué se trata todo esto?¿Un cinema? ¿Acaso vale la pena dejarme por esto?
-Miau.
-Dejar a Malo a cargar conmigo,corrijo.
-No lo decidimos,Dalia nos guío hasta acá.Se despertó y sin decir una palabra corrió hasta acá.-dijo.Miré a Dalia y pude ver mirada muerta en aquel hombre.Vi también que Aldara parecía tratar de reavivarla.-Luego le dije a Malo que fuera a buscarte.
-Oh... ya veo.¿Falta mucho para que esto comience?Realmente no tengo ni idea de que va esto.
-Cinema...-susurró Lang,como queriendo recordar.-Dalia no ha abierto la boca desde que se levantó.
-Solo queda esperar.

Pensé en preguntarles que tal les había ido evitando la atención de la gente,pero preguntar eso rodeado de personas era tan genial como apagar un incendio con pólvora.
Se organizó una fila y en menos de 10 minutos la gente comenzó a pasar al cinema.
Cregh tenía la olla con los alimentos entre sus 2 pies.

-Eh,Cregh,dudo que nos dejen entrar con eso. Y mirando mejor,tampoco con estas,o esas.-dije señalando mi arco y las pistolas de Lang
-¿Alguna sugerencia?-dijo bostezando,parecía estar todavía recuperandose de su esfuerzo titánico de anoche.
-No podes desaparecerlo y... volver a hacerlo aparecer? Justo como el truco del conejo en la galera.
-Ehhhh... Si!Si puedo!-exclamó feliz -Dioses..cómo se hacía.-dijo refregandose la cara -Hace años que no utilizó algo así.

Cregh dispuso sus manos para hacer un hechizo en la fila.Tomé sus manos y le dije al oído.

-Todavía estas dormido? ¿Se te ocurre algo más llamativo que hacer un hechizo en la fila para entrar a un hermoso cinema?

Cregh se limitó a asentir con una expresión de estupidez.

-Llevate todo,y hace como si fueras a mear,o algo así.Si es que en este continente mean,claro.
-Tranquilo Ítalo,ahora vuelvo.-exclamó en voz alta y muy seguro.

Se llevó nuestras cosas y se metió en un pequeño callejón.Al salir tenía las manos vacías,casi nos tocaba en la fila.Entramos tal cuál el humanoide prometió,gratis. Al entrar había un largo pasillo de una roca muy pura,muy pulida como mármol hasta el final del pasillo donde había un telón rojo. Pasando el telón, nos encontramos con un escenario todo oscuro. Era muy parecido a un teatro,por la excepción de que no había ni una sola luz prendida. Apenas unas raíces aisladas brillaban en el suelo a lo lejos. Dalia fue alfrente del grupo y a paso muy acelerado se metió y busco un asiento. Seguímos sus pasos y nos ubicamos al lado de ella.Nos pusimos cómodos y esperamos. Nos avisaron que el espectáculo estaba por comenzar y que guardaramos silencio.

Un cinema...¿sería un estilo de circo del oeste?

Creía que era posible. También creía que habiamos hecho un buen trabajo evitando la atención de los pobladores de Varoa.El aire era muy diferente al que respirabamos en Gangshi. Era mucho menos denso,no sentía las pesadas miradas condenatorias y estabamos más adentrados en el continente...quién sabe.
Derepente,se abrió el telón negro y una luz salió de arriba de mi cabeza.

El espectáculo había comenzado.

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38 Re: R.O.L. Beta el Vie Dic 26, 2014 8:53 pm

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Varoa era sorprendente, había escuchado de ciudades en el oeste cubiertas de raíces, pero no esperaba que fuera literal, toda la ciudad estaba envuelta en un domo, iluminada por una luz blanca que venia tanto del techo como del suelo, creada por unos pequeños arbustos sin hojas y sus raíces que decoraban  las calles de Varoa.

Cuando llegamos a la ciudad, las calles estaban totalmente vaciás, aunque no pude verificar que tan cierto era eso ya que venia totalmente dormido al entrar a Varoa, no se muy bien porque terminamos durmiendo en un callejón, pero al despertar me sentía como nuevo, después de lo de la noche anterior no esperaba pararme al siguiente día, pero a pesar de que aun me sentía cansado, era mucho mejor de lo que esperaba. No tuve tiempo de preguntar mucho antes de que Dalia saliese del callejón, se adentrase en la muchedumbre que ahora poblaba las calles de Varoa y nos hiciese perseguirla por unos buenos diez minutos.

La alcanzamos cuando se detuvo frente a un edificio, tenia al menos dos pisos y un techo en forma de cúpula, sobresalía ya que no había ventanas en el segundo piso, frente a el, una persona se montaba sobre un escenario improvisado y gritaba algo, primero en una lengua que desconocíamos, luego lo repetía en nuestro idioma.

Promocionaba un cinema, un termino que llevaba años sin escuchar, recuerdo que en la universidad presentaban varias obras a través de los cinemas, creí que nunca volvería ver uno, el vagabundo que cargaba la olla con verduras me la dio y dijo que iría a buscar a Italo, aunque su definición de buscar consistencia en enviar a su gato y sentarse a descansar mientras yo cargaba la olla. Poco a poco se empezó a formar una multitud y pasados unos diez minutos llego el gato del vagabundo seguido por Italo.

Dalia no había dicho nada desde que llegamos y cuando una fila empezó a formarse al frente del edificio, fue a formar parte de ella, sin mas opción que seguirla, nos detuvimos detrás de ella, Italo menciono que no seria buena idea entrar con armas, o con comida. Me mando a esconderla, entre a un callejón que estaba entre el cinema y otro edificio, iba a hacerla desaparecer cuando recordé que no seria buena idea usar magia tan rápido después de lo del día anterior, ademas no era buena idea usar magia si alguien podría detectarlo, me conforme con montarme en una caja y poner la olla en un espacio del techo del otro edificio, no parecía que alguien visitara mucho ese callejón tampoco parecía que lloviese mucho en Varoa, por el asunto de las raíces y el domo, aproveche para orinar ya que no lo había hecho en todo el día, ademas, así marcaba mi territorio a cualquier animal que quisiera robar nuestra comida, o armas quien sabe que clase de animales había acá.

Salí del estrecho callejón justo cuando la cola empezaba a avanzar, me re agrupe con el grupo y entramos al edificio, un pasillo servia como puente al teatro principal, aislándolo de la luz del exterior, un telón servia como puerta al teatro, una vez dentro me tomo unos segundos ajustar mis ojos, el lugar era totalmente oscuro excepto por unas pequeñas plantas a los bordes del teatro, gracias a ellas logramos ver que los asientos que poblaban el lugar, todos en la misma dirección, hacia un telón grande  al otro lado de la sala.

Paso poco tiempo para que Dalia empezara a caminar hacia el centro de la sala, atravesó varias filas de asientos y se sentó a esperar, sin objeción alguna la seguimos y nos sentamos también, los puestos mas adelante estaban comenzando a llenarse, y atrás de nosotros seguía entrando mas gente, los asientos eran cómodos, bastante suaves y con respaldares recubiertos de alguna especie de cojín, me costaba mantenerme despierto entre la oscuridad del teatro y la suavidad de los asientos, en poco tiempo todos los asientos estaban ocupados y el telón rojo se cerro, no se si habría sido mi imaginación pero sentí que la poca luz que había disminuía, sin darme cuenta cerré mis ojos por unos segundos y antes de que pudiese notarlo estaba perdido en sueños.

–¿Es magia?

Debí haberme quedado dormido porque lo siguiente que recuerdo es ver el frente del teatro iluminado y Aldara preguntándome algo.

–¿Sabes como lo hacen?

Tarde un par de segundos en entender que se refería al cinema, las cortinas que cubrían el frente del teatro habían sido recogidas y ahora un gran lienzo se encontraba mostrando imágenes, estaba dispuesto a explicarle como cuando me di cuenta que no sabia, los cinemas que había visto antes eran bastantes simples, consistía en un mago con una caja de cristal que contenía gases o agua con la cual el mago creaba formas y figuras, mientras otro mago creaba una luz que era filtrada por la caja, proyectando una imagen en un lienzo, no muy diferente a hacer formas con las manos y una vela en la oscuridad, incluso algunos magos podían crear imágenes directamente con luz, aunque requería mucha experiencia y destares, pero jamas había visto algo como lo que tenia al frente, tenia una fluidez y detalle que era imposible que usaran la misma técnica que había visto hace años.

–¿Te quedaste dormido?– Aldara pregunto.
–No, no, no, solo estaba pensando.

En la proyección, la imagen de un terreno era mostrado, luego una montaña emergía del suelo y la imagen se alejaba cada vez mas, ríos y lagos aparecían, valles y cordilleras se formaban mientras la proyección cada vez mostraba mas y mas del terreno, siempre moviéndose en la misma dirección, luego apareció una costa y un inmenso mar entendí que lo que se mostraba era la creación del mundo, era increíble lo real que parecía, era como ver un cuadro cobrar vida, estaba tan concentrado viendo la proyección que no note al hombre que se encontraba en una esquina del teatro, montado sobre un escenario, llevaba una túnica con una capa blanca, parecida al del oráculo que vimos en la iglesia, había estado hablando desde que preste atención, hablaba una lengua que no entendía, luego se callo y al otro lado del teatro otro hombre empezó a hablar, este era el mismo se encontraba llamando a todos afuera del edificio, esta vez hablaba en nuestra lengua.

–Luego, nuestro dios termino el mundo y nos creo a todos, cada uno de nosotros fue elegido por el, todos por igual, pero nuestro dios no había sido el primero en poblar  ste mundo, no, algo mas se encontraba en tierras desconocidas, creado por fuerzas perversas.


La proyección ahora mostraba Alles pero el ambiente había cambiado, lo que antes era azul y verde se tornaba rojo y marrón, el hombre de blanco seguía gritando algo en su lengua, mientras el traductor esperaba pacientemente.

–¿Entonces, sabes o no como funciona?– Me había olvidado de Aldara, quien ahora esperaba respuesta.
–No, la verdad no tengo la menor idea de como funciona.
–Oh.

–Criaturas salvajes y perversas eran, dominadas por la ira y el placer, trataron de invadirnos. ¡De dominarnos! Pero nuestro glorioso dios no lo permitió, ¡no!
Ahora ambas costas se veían en el mapa, el hombre de blanco continuo su discurso, en la imagen se veía una luz salir de oeste a este, pasando por el mar y llegando a Alles, supuse que significaba el pueblo y su dios.

–Y con la bendición de nuestro dios y señor los derrotamos, conquistamos estas perversas tierras en su nombre, con la intención de limpiarlas de maldad, de hacerlas un lugar habitable para nuestro señor.

Alles empezaba a cambiar de color ahora, poco a poco se tornaba verde, mientras el rojo marchaba hacia el este.

–Y colonizar hicimos, si, pero fuimos débiles, creímos ser superiores a nuestro dios, pero el es el único capaz de purificar esa maldita tierra, pronto nuestro pueblo cayo bajo el efecto de esa perversa tierra, mientras, sus antiguos habitantes se ocultaban como las bestias que eran, tratando de separarnos del señor, del amor de nuestro dios y nuestro origen.

Ahora el rojo volvía, esta vez desde el centro del continente, note que algunas personas se paraban de sus asientos y abandonaban el teatro.

–Pero no podían hacerlo solos, no, el odio en sus entrañas era tan grande que atrajo a malévolos espíritus, se dejaron poseer por fuerzas siniestras y atacaron a nuestro pueblo, cansado y poseído por la maldad de esa tierra nuestro pueblo fue derrotado, creímos ser dioses, y pagamos las consecuencias, pero el castigo no fue solo la humillación de la derrota, no, bajo sus macabras influencias estas criaturas afectaron nuestra mente, nos hicieron creer que eramos inferiores, nos usaron como esclavos y nos convirtieron en objetos para su disfrute, aun hoy en día, nuestro pueblo es usado por ellos, la influencia de estos demonios es tan grande que nos afectan las mente, tan bajo hemos caído que incluso hemos aceptado su maldita lengua como nuestra–Mas personas se empezaban a ir.

Ahora la proyección volvía al oeste, este lentamente cambiada a rojo.

–Pero no les basto con derrotarnos no, ahora estaban completamente dominados por esos demonios, así que zarparon al oeste, a nuestro hogar, a corromper nuestras tierras sagradas, creímos ser capaces de enfrentarlos, pero la corrupción era demasiada y olvidamos a nuestro dios cuando mas lo necesitábamos, los humanos marcharon, así se llamaban ahora, a través de nuestras tierras, hasta el corazón de nuestro hogar.

El rojo atravesaba todo el continente, en una linea que avanzaba hasta una luz brillante verde.

–Ahí, ahí debemos ir, mucho mas allá de Aqlatan, allá encontraremos al katet del oeste, allá terminaremos nuestra misión.– Dalia por fin dijo algo, señalaba el punto verde en la proyección.

–Abandonamos a nuestro dios, dejamos que las fuerzas malvadas corrompieran Verin, tomaron a nuestro dios y lo encerraron y trataron de que nos alejáramos mas aun de el, pero el nos ha perdonado, porque su amor es eterno, debemos aceptarlo en nuestros corazones y el nos devolverá nuestra merecida gloria, a nuestro pueblo, a nuestro hogar.

–¿Allá, Verin? –Italo hablaba con Dalia ahora.

–¡Pero el camino no ser facil! Para recuperar el amor de nuestro dios debermos luchar contra quienes lo  capturaron, deberemos liberar a nuestro pueblo en el este, en estos instantes, nuestro pueblo es torturado y humillado por los humanos, debemos liberarlos y llevarlos el amor de nuestro señor.

Imágenes de Alles ahora aprecian en el lienzo, Veringrad era mostrada, las paredes que la recubrían, cubiertas de sangre y cuerpos de no humanos.

–Miles de atrocidades son hechas cada día a nuestro pueblo, hace diez años trataron de liberarse de los humanos, solo querían igualdad, pero los humanos los masacraron, a los que lucharon los colgaron de las murallas de las ciudades, a dejar que se murieran por el sol, y los que no lucharon, igual fueron castigados porque el odio humano no tiene limites, la ciudad fue purgada de nuestro pueblo, hijos y madres ejecutados como animales, solo por pedir lo que todos merecemos ¡libertad!


–Creo que ya sabemos porque vinimos acá, deberíamos irnos– Dijo Italo, mientras el hombre contaba mas de las supuestas atrocidades cometidas por los humanos, todas eran fabricaciones, o eventos alterados tanto que no tenían ningún parecido con la realidad, habían tomado el saqueo de Veringrad, cuando un grupo de ladrones y bandidos compuesto de tanto humanos como no humanos habían tratado de saquear la ciudad a punta de armas, lo cual obviamente termino en la ejecución de todos ya que habían subestimado bastante a las tropas de Veringrad.

–En Craster, una ciudad donde la perversidad es lo cotidiano, anualmente seleccionan un grupo de nuestro pueblo y los ejecutan públicamente, no sin antes torturarlos, todo por el goce de los humanos.

–Si, es mejor que salgamos de esta ciudad lo mas rápido posible.– Dijo el vagabundo con intención de pararse, pero se detuvo cuando en la fila siguiente una criatura de al menos dos metros se levanto.

–¡Mentiras! Yo mismo he estado ahí, es un festival donde todos celebran la cosecha del año, exactamente como el levantamiento de la raíz que celebramos acá en Varoa, siempre la mismas mentiras.– Dicho esto empezó a caminar hacia la salida.

–¡Ahí esta, la influencia de los demonios es tan grande que ha perdido su mente, le han hecho creer que  que las atrocidades cometidas por los humanos son aceptables! Debemos liberarlos de la corrupción de los humanos.


Siguiendo al grandulon mas personas se levantaron –ahora, aprovechar la gente– Italo nos guio a todos y rápidamente nos mezclamos a con la gente hacia la salida.

Afuera, la luz de las raíces brillaban lo suficiente para cegarnos por unos instantes –Bueno, no fue una perdida total de tiempo, aprendimos el nombre de donde sea que esta este Deus– Dijo italo.


–Aunque esperaba algo mas de información, sobre toda por la forma que nos trajiste acá Dalia– Interrumpió el vagabundo.

– No hay tiempo que perder, Cregh anda a buscar nuestras cosas. – Dalia desvió la pregunta totalmente.

–Claro, iré a hacerlas aparecer– La gente con la que salimos ya se estaba alejando del teatro, iba a buscar las cosas en el callejón pero me detuve al ver que ya estaba ocupado, dos personas vestidas de blanco, al igual que el presentador del teatro, se encontraban al frente del grandote que interrumpió el espectáculo, por lo que veía, uno tenia escamas en vez de piel, el otro llevaba una capucha pero lograba ver el contorno de una cola entre sus ropas, ambos tenían una especie de cuchillos o dagas en sus manos y hablaban en su propia lengua con el grandote.

Por el tono con el que hablaban no parecían que fueran amigos, iba a interrumpir cuando Italo y el resto del grupo llego.

–¿Que esta pasando?– Dalia fue la primera en hablar y apenas vio a los sujetos armados trato de desenfundar su espadita, recordando no la cargaba puesta.

Ambos voltearon cuando Dalia hablo y el otro sujeto, el del teatro, aprovecho la distracción y con solo mover un brazo derribo a sus atacantes, uno quedo inconsciente de inmediato, pero el de la capucha se recupero inmediatamente y salto con su daga sobre el grandote, este trato de cubrirse con su pequeño brazo y cogió al de la daga por la túnica blanca con su otro brazo, luego lo estrello contra una pared noqueandolo de inmediato, probablemente matándolo ya que el golpe fue tan fuerte que la pared se agrieto y por un segundo creí que se desplomaría, segundos después una olla cargada de verduras y armas cayo a unos metros del gigante.

–Oh– Pensé en recoger las cosas pero vi que ahora el nos estaba mirando, era mucho mas grande de lo que parecía en el teatro, casi dos veces mi tamaño, calvo, con una cabeza que se podría hacer pasar por un humana si no fuera por su tamaño y color, un marrón mezclado con gris, vestía una camisa holgada blanca con un toque de amarillo, ahora tomaba un tono rojo en una de las mangas de donde salia la daga del encapuchado.

–¿Humanos?– Dio un paso hacia nosotros, ahora había un hilillo de sangre en su mano, detrás de el, la olla, verduras y armas descansaban en el suelo.


–No es tan raro ver humanos en Varoa, pero es mucho mas raro ver humanos armados– Dijo mientras señalaba la olla.

–¿Que paso acá?– Dalia dio un paso al frente –¿Por que te atacaron esos sujetos?– Señalo los cuerpos o  cadáveres de los sujetos.

–¡Ah, lo de siempre! Pero primero lo primero, me llamo Azus ¿Ustedes extraños?

Dalia dudo un segundo y se presento, luego nos miro a nosotros esperando.

–Aldara.

–Cregh

–Italo

–Lorenzo, y este es mi gato Malo– digo el vagabundo.

–Bien bien bien– Azus empezó a recoger nuestras cosas en la olla – ¿Pero tengo que saber, que hacen unos humanos acá, y porque necesitarían armas?

–Estamos de paso, vamos hacia Aqlatan.– Italo rompio el silencio.

–¿Aqtalan? ¿Humanos en Aqlatan? Ja, eso seria algo digno de ver, humanos yendo a Aqlatan por voluntad propia.

–¿A que te refieres, porque no deberíamos ir?

–¿No lo saben verdad? Hm, esa olla tiene suficiente comida para una excelente cena, vamos a mi casa y nos preparare un excelente estofado de rinor, justo hoy conseguí un buen pedazo y me preguntaba que haría con el.– Y justo así empezó a caminar con nuestra olla y armas.

–Tu brazo, esta sangrando.– Aldara señalo el brazo de Azus, aun con el cuchillo enterrado.

–Oh cierto, cierto. Ten esto. – Italo cogió la olla y por un segundo creo que pensó en correr con ella.

Azus cogió el cuchillo con la otra mano y rápidamente saco el cuchillo de su brazo, lo arrojo al suelo y presiono la manga de su camisa en la herida, que ahora votaba mas sangre.

–Ah listo, dame eso– y antes de que Italo pudiera negarse Azus tomo la olla y empezó a caminar.

–¿¡Eso es todo!?¿No te vas a limpiar al menos?– Dijo Aldara sorprendida.

–No, mi padre siempre dijo que era una deshonra para un gurag tratar sus heridas, que las debíamos mostrar con orgullo. Ademas es solo un rasguño, una lastima la camisa eso si.

–Increíble–Murmuro Aldara.

–Aunque murió cuando yo era niño por una herida que empezó a votar gusanos así que tampoco creo que sea muy buen consejo, no importa, vamos a pasar por el mercado a recoger unas cosas y los llevare  a casa, ahí podremos hablar.

Azus continuo caminando mientras todos nos quedamos mirando a Dalia, ella se limito a asentir y empezó a seguir al grandote.

Recoger unas cosas termino siendo una gran mentira, pasamos toda la tarde siguiendo al gurag por todos los mercados de la ciudad, todo el mundo lo conocía y el le compraba a todos, al final llegamos a su casa, al otro lado de la ciudad, cargados de bolas y cajas, estaba seguro que había dicho lo de la comida en la olla solo para usarnos de transporte. Durante todo el viaje tratamos de preguntarle que había pasado en el callejón.

–Ya tendremos tiempo para hablar, en mi casa.– Era todo lo que decía.

Creí que su casa era una posada al verla por primera vez, pero resulto ser un restaurante, uno bastante grande.

–Bienvenidos a mi humilde hogar y trabajo, por si no leyeron el aviso afuera, se llama el “este al fuego”, me especializo en comida de sus tierras, de Alles y mas allá.

El lugar estaba vacio, Asus tomo unas sillas y las puso sobre unas mesas. –Ahora, usualmente no cocino en mis días libres pero haré una excepción por ustedes, con una pequeña condición. No les cobrare, porque dudo que si quiera tengan algo de dinero, no, lo único que pido es esa hermosa olla de ustedes y nada mas, es difícil conseguir ollas de tan buena calidad en Varoa.

–Dinos que paso en el teatro y la olla es tuya. ¿Por que te atacaron esos sujetos?–Dalia sugirió en seguida.

–Entonces esta hecho, una cena y una platica mientras comemos por una olla, siéntense y esperen.

Pronto el fuego estaba encendido y el lugar se lleno de exquisitos aromas, afuera la luz disminuyo y supuse que era de noche, recogimos nuestras cosas y empezamos a discutir lo sucedido en el teatro mientras Asus preparaba la comida, Italo menciono que mucha gente se había ido del lugar en medio de la presentación, pero fue interrumpido por Azus.

–Por cierto– Dijo mientras cortaba un extraño vegetal –Vi que llevan el Thi-yit entre sus cosas – siguió cortando – No son iluminados – se volteo a mirarnos a todos, cuchillo en mano– ¿cierto?

–¿Que es eso, quien son los iluminados? –Jamas había oído el termino.

–Bien, supongo que no lo son entonces, seria una lastima si lo fueran.

–¿De que hablas?–Esta vez fue Dalia quien pregunto.

–Los iluminados, así los llaman ellos, son humanos que han, digamos, ascendido según la iglesia, y forman parte de esta con el fin de ayudar a nuestro pueblo, eso es claro, según la iglesia. Desde mi punto vista no son mas que idiotas a los que les lavaron el cerebro. – Sin nada mas que agregar se volteo y vertió el vegetal cortado en un recipiente con aceite que puso a cocinar sobre el fuego.

–No se si lo han notado –Continuo Italo– Pero acá en Varoa, creo que he visto un par de humanos, o tal vez solo se parecían mucho mas.

–No, es cierto, vi uno mientras esperábamos en el teatro, y la gente no se nos quedaba mirando, no como en Gangshi.–Rabia visto uno, caminaba con alguien con cola, me recordó a Crezzo.

–La gente acá es diferente, no parece ser una ciudad en mal estado, los mercados están llenos y la gente anda bien vestida.

–Y la comida es buena, ya lo verán –Interrumpió Azus mientras ponía unos platos en la mesa.

Y no mintió, unos minutos mas tarde la mesa estaba llena de comida, una mezcla de platos comunes de Alles y comidas que jamas había visto. –Este es el rinor –dijo señalando una carne blanca en un caldo. – Es un ave, mide un metro y medio y tiene un pico que puede arrancarte una mano, pero su carne es exquisita. –La disecciona quedo pospuesta para después de la comida, ya que después del primer mordisco, nadie quiso dejar de comer para ponerse hablar. –Están disfrutando de algo que muchos quisieran, una cena privada en el es al fuego– Azus decía entre bocanadas de comida.

Después de comer, y comer un poco mas, Azus se levanto de la mesa y nos llevo a unas escaleras, subimos un piso y luego otro mas para llegar al techo del edifico, podíamos ver gran parte de la ciudad desde ahí.
–Bueno, se ha acabado la comida y ha llegado la hora de las preguntas, empiezan pues.

–Que paso en el ci– Empezó Dalia antes de ser interrumpida por Azus

Si supuse que empezarían por ahí, esos dos que estaban en el callejón, eran miembros de la iglesia, los mismo que mostraron esa estúpida obra en el cinema, querían silenciarme por blasfemar, ja, todo el mundo sabe que la única forma de callar a un gurag es otro gurag, ja, o una buena cena, eso también sirve.

–¿Pero por que querían silenciarte?¿Por que mostraban esas mentiras? –Continuo Dalia.

–Eso, eso ya es mas complicado niña– Azus dejo soltar un suspiro– Es esa maldita iglesia, la iglesia de Deus la llaman, según mi madre solían ayudar a la gente, pero desde hace unas décadas algo paso, la iglesia empezó a ganar influencia en los tarnies, el primero en ser afectado fue el de Verin, al inicio nadie los tomo en cuenta, un solo tarni no era nada, incluso si era el de Verin, pero to– Aldara interrumpió a Azus antes de que pudiera continuar.

–¿Que es un tarni?

–Oh dios, se me olvia que no son de por acá, los tarnies, son, son como, eh. Es como un rey, no, así se lo llaman ustedes, ¿no? Pero no son como reyes exactamente, esta tierra esta separa en regiones, cada una dirigida por un tarni. Por ejemplo, la region de Bandao, que es esta misma, es dirigida por Ernir Azisid. La diferencia con sus reyes es que los Azisid llegaron al poder no por un apellido o un gran ejercito, sino porque fueron los que lograron unir esta región hace siglos, están en el poder porque fueron capaces de poner paz en esta tierra, y desde entonces no han hecho nada mas que mejorarla, en otras regiones cada decada hay un nuevo tarni, cuando el pueblo se molesta hay una pequeña revolucion y otra familia llega el poder, no en Vandao, tenemos a los Azisid desde hace dos siglos, siempre han hecho un buen trabajo.

–Desde hace varios siglos, los tarnies de cada región se reúnen en Verin, es lo mas parecido a una capital que tenemos acá, ya que es la ciudad mas grande, allá se resuelven todos los problemas y disputas que tenga cada región ademas del comercio entre regiones. Cada tarni tiene un embajador en Verin, que se encarga de transmitir sus ideas y opiniones a los demás embajadores, son básicamente el segundo al mando en la región ya que el tarni tiene que confiar en el para hacer un buen trabajo como embajador. Pero lo que nos mantuvo en paz por siglos hasta hace poco fue el llamado, básicamente un embajador puede proclamar un llamado ante una disputa, que es, bueno, llamar a todos los tarnies a Verin, una vez que todos los tarnies están presentes se deberá llegar a un acuerdo, si algún tarni no cumple con la decisión del llamado, entonces el resto de tarnies están obligados por el honor que tiene su titulo a enfrentarse a ese tarni, quitarle sus tierras y juzgar sus acciones.

–Como se darán en cuenta es bastante difícil que tuviéramos alguna guerra, ya que requeriría que al mayoría de los tarnies estuvieran de acuerdo en algo y bueno, eso es imposible, ja.

–¿Pero por que dijiste que no podíamos ir a Aqlatan?– Dalia interrumpió esta vez.

–Pero dejame terminar niña, querían información ahora tienen que escucharla toda, recuerden lo que les dije sobre un gurag, ¡ja!

–En fin, todo eso funciono bien hasta que, por razones que desconozco, la iglesia empezó a aumentar sus influencias con los tarnies, como ya les había dicho primero convirtieron al tarni de Verin, luego fueron convirtiendo otros tarnies, el de Latan fue el segundo, Aqlatan es una ciudad en Latan, lentamente fueron cambiando cosas en esas regiones, primero los humanos no eran aceptados en ciertos lugares, luego se les prohibió la entrada a las ciudades, y al final el hecho de ser humano era un crimen mortal.

–Los otros tarnies tardaron mucho en darse cuenta, y cuando lo hicieron ya era muy tarde, la iglesia controlaba mas de la mitad de las regiones, hace cinco años el tarni de Carin hizo un llamado para promover el comercio con Alles, en ese mismo llamado el tarni de Verin dijo que había sido influenciado por el este y decidió que debía ser ejecutado, la mayoría lo apoyo y ese mismo día enviaron otro tarni a Carin, uno que apoyaba totalmente a la iglesia.

–Por eso les digo que no pueden ir a Aqlatan, hace unos meses llegaron rumores de que el solo hecho de hablar la lengua de Alles era crimen, el castigo, la ejecución publica. En todas las regiones donde la iglesia esta en control los humanos son o ejecutados o usados como esclavos, y gracias a la influencia de la iglesia, ahora la gente, el pueblo, también odia a los humanos, que es lo que vieron hoy en el cinema. Intentos de la iglesia de crear mas súbditos y segregar a los simpatizantes de humanos. Aunque dudo que funcione en Varoa, diría que al menos la mitad de la gente tiene algún familiar en Alles y al menos un cuarto han ido por si mismo a Alles, la influencia de la iglesia es mínima acá, por no decir inexistente.

Azus continuo hablando, nos contó parte la historia de su pueblo y muchas cosas mas, como había visitado gran parte de Alles y se había enamorado de la cocina, también nos menciono que el tarni de Bandao se había ido a Verin y no había regresado, el mismo estaba pensando abandonar su hogar e irse a vivir en Alles, y por ultimo nos dijo que la idea de humanos avanzando hacia Aqlatan era sencillamente la idea mas estúpida que había oído.

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39 Re: R.O.L. Beta el Lun Ene 19, 2015 7:10 pm

Recuerdo que cuando vi las construcciones y la arquitectura de las ciudades de Alles pense que debia ser el lugar mas impresionante del mundo. Los templos alcanzaban varios pisos de altura y con intrincadas formas que se mantenian siempre estables. Las paredes estaban recargadas de detalles y los vidrios de colores jugaban con la luz. Eran una maravilla comparadas con nuestras pequeñas casas hechas para resistir el clima. Y nuestro arte, aunque complejo, carecia de la profundidad y el detalle de las obras que facilmente se podian encontrar alla. No habia comparacion.

Pero ahora, Varoa superaba cualquier cosa que pudiera haber siquiera visto en sueños. Estaba cubierta por un domo gigante que parecia estar hecho de barras de metal, y que brillaba con suficiente fuerza para asemejarse a la luz del dia, pero sin quemar la piel. No habia ninguna sombra bajo nuestros pies ni en cualquier lado, todo era iluminado. Hasta las casas mas sencillas estaban hechas de piedra y parecian sacadas de los barrios altos de Veringrad. Y hacia el centro, decenas de estructuras se levantaban por sobre todo.
Y luego estaba el cinema. La gente del oeste no solo habian igualado el realismo del arte de Alles, sino que ademas lograron agrandarlo y darle movimiento. De ninguna forma esto tenia comparacion en algun otro lado.
Si no hubieran estado esos dos idiotas narrando, me hubiera quedado hasta el final.

Conocimos a Azus, un agrable gurag que nos preparo comida a cambio de nuestra olla "de muy buena calidad". El habia visitado el reino de Alles algunas veces, y hablaba bien de los humanos, o al menos los de pueblos mas cercanos a la costa. En cierta forma nos daba una sensacion de familiaridad en medio de esta tierra extraña. Nos termino explicando la situacion de la Iglesia y del continente, y como funcionaban las cosas aqui. Incluso nos permitio quedarnos a dormir en su bodega que tenia al lado de la cocina, donde al menos teniamos sacos con granos de trigo para apoyar la cabeza. Me pregunto si es que el Oraculo nos habra dado esa olla a proposito...
-¿No le preocupa que podamos robarle comida? -pregunto Dalia mientras Azus se acercaba a la puerta.
-Oh, para nada. Esta puerta solo se abre desde afuera. Inevitablemente tendran que pasar por mi -dijo riendo- Que duerman bien. -y cerro la puerta, dejandonos a oscuras. Cregh produjo una pequeña llama de vela en la punta de su dedo mientras nos acomodamos para dormir. Con algo de concentracion logro suspenderla en el aire.
-Ten cuidado con esa llama Cregh. No vayas a quemarle la casa. -dije luego de tirarme sobre un saco cerca a la puerta.
-Lo dice el que tiene una mascota piromana. -reclamo- No me sorprenderia si hubiera sido el quien provoco ese incendio alla en Craster en medio de su borrachera. -A Malo no le hizo mucha gracia su comentario, pero en vez de protestar se fue a un rincon a dormir. Si no lo conociera pensaria que simplemente lo dejara pasar...

Cregh se concentro en la llama y la movio lentamente hasta el centro de la habitacion. La llama se mantenia estable.
-Excelente. -murmuro casi en silencio, y saco el libro que tomamos del Oraculo, el Thi-yit.
-Una pregunta Cregh, ¿sabes si fue magia lo del cinema? Aquel cuadro en movimiento...
-Je, Aldara me hizo esa misma pregunta cuando estabamos ahi dentro. -levanto la vista un momento hacia Aldara, que se recosto sobre otro saco que habia.- No lo se. He visto cosas vagamente similares, pero es imposible que lo hayan hecho de la misma forma. -dijo, y finalmente abrio el contenido del libro para intentar leerlo.
-Ya veo... -mire hacia la llama que habia producido Cregh por unos momentos, viendo como se movia ligeramente.- Otra pregunta. ¿Crees que pueda aprender a usar magia?
De pronto todos me miraron, y la llama se apagado repentinamente. Cregh murmuro algo mientras encendia otra llama, esta vez algo mas brillante. Ahora todos lo miraban a el, esperando su respuesta. Cregh se rasco la cabeza cuando termino.
-Eso es... Uhm... Sinceramente no me esperaba una pregunta asi de ti... Ven, acercate. -me dijo mientras dejaba el libro a un lado, y se sentaba directamente bajo la llama. Hice lo mismo, quedando frente a el.- Muestrame tus muñecas, sin apretar las manos.
Levante mis manos y Cregh empezo a examinarlas. Italo se acomodo un poco para mirar.
-Esto seria mas facil si te lavaras las muñecas -reclamo mientras trataba de ver bien- Aprieta las manos.
Aprete las manos y Cregh me empezo a tocar con los pulgares.
-Ya veo...
Y luego me solto.
-Nope. Nada. Jamas produciras ni una chispa en tu vida por mas que te esfuerzes.
Alli... se fueron mis sueños y esperanzas.

Dalia se levanto entusiasmada pidiendo que la examinara tambien. Cregh suspiro e hizo lo mismo, aunque se demoro un poco mas.
-No estoy seguro porque estas llena de mugre pero creo que podrias hacer cosas sencillas. Nada muy notable, la verdad.
-¿Que se supone que ves? ¿Las venas? -dijo mirandose las muñecas mas de cerca.
-Si. -respondio Cregh, y se levanto la manga- Fijate. Las mias apenas se notan. -dijo apretando la mano- Es dificil saber con certeza de esta forma y con esta luz, pero uno se puede hacer una idea.
-¿Y yo Cregh? -Aldara se acerco a la luz y Cregh la examino un momento.
-Hmm, gente que no se laba... Nada tampoco. Aun si pudieras, definitivamente no seria al nivel de controlar el agua como lo haces...
Cregh miro a Italo.
-¿No me vas a pedir que te revise tambien? -pregunto levantando una ceja, impaciente por seguir con el libro. Italo sonrio.
-Yo ya conozco la respuesta... -Italo se sento donde estuvo Aldara de todas formas y le mostro las muñecas a Cregh. El las observo un momento, pero su expresion cambio a una de confusion.
-Las venas de tu mano izquierda se notan menos que las de la derecha... -respondio y luego le solto las manos.- Es bastante inusual. ¿Alguna... idea de porque podria ser? -pregunto Cregh extrañado. Italo solo sonrio un poco mas.
-Tengo unas teorias.
-...Espero conocerlas pronto. -dijo Cregh, y volvio a donde estaba sentado para examinar el libro.
Me recoste sobre mi saco, mirando la llama de Cregh. Supongo que no perdia nada con preguntar. Me cubri los ojos con mi mano derecha, y rapidamente me quede dormido...



Desperte aun cansado en mitad de la noche. O lo que supuse era la mitad de la noche, estaba demasiado oscuro para saber o siquiera ver algo. Escuchaba un ruido en el ambiente, que no podia identificar por estar aun medio dormido. Me levante para ir a revisar, cuando recorde lo que habia dicho Azus sobre la puerta. Me deje caer de vuelta sobre el saco.
-¿Estas despierto, Lorenzo? -susurro Italo, que se habia dormido directamente frente a mi.
-No, Lang... -le respondi, y me tomo un momento recordar que ese era el nombre que le dije a Azus.- Ugh. ¿Que es ese ruido?
-Suena a una gran cantidad gente. -oh... claro. Eso tenia sentido.- Quizas sea un carnaval o alguna otra celebracion...
De pronto una luz se filtro por debajo de la puerta, y en unos momentos la puerta se abrio.
-Me parece que van a tener que irse de aqui. -nos dijo Azus apenas entro. Estaba vestido con un pijama un tanto pequeño.- Los de la Iglesia estan protestando afuera porque al parecer los dos tipos del teatro se murieron y creen que fueron ustedes.
-¿Q-Que demonios? -dijo Italo. Mire atras al resto que recien se estaban despertando. Cregh se habia quedado dormido con el libro abierto sobre la cabeza.- Pero si fuiste tu el que peleo con ellos.
-Si pero supongo que nos vieron a todos juntos ayer en la tarde. Seguro creen que ustedes me corrompieron o algo. En mi defensa, solo los queria dejar agonizando.
-Pense que su Iglesia no tenia influencia aca. -señalo mientras yo empezaba a tomar mis cosas.
-Bueno, con el tarni de Bandao aqui no podrian haber hecho lo del cinema sin ser arrestados por promover el odio, asi que se deben estar aprovechando. Creo que es mejor que se vayan antes que se ponga peor.

Con todas nuestras cosas listas, seguimos a Azus hasta la salida trasera de su casa/restaurante. La luz del domo parecia estar volviendose mas brillante ahora, asi que debia estar amaneciendo.
Azus camino cautelosamente hasta el final del callejon y se asomo a mirar afuera, e hizo una seña para que nos acercaramos.
-Parece que por aqui no hay nadie. Corran en direccion al este, hacia alla -dijo apuntando- hasta llegar a la puerta de la ciudad. Alli los guardias no les pondran problema para salir.
-¿Al este? Se supone que nos dirigimos al oeste. Es nuestra mision. -dijo Dalia. Azus suspiro.
-Miren, hablo en serio cuando les digo que mas hacia el oeste las cosas se ponen peores. No se que tan buenos sean en combate pero nunca podran contra una multitud que los venga a apedrear.
-El Oraculo dijo que luego de Varoa nunca pusieramos un pie en otra ciudad, -empece a decir- pero si que fueramos a la biblioteca de Aqlatan si era necesario.
-Pues yo no me fiaria de un Oraculo, algunos eventualmente empiezan a hacer predicciones erroneas...
-Estamos seguros que estaba en lo correcto, por que tambien es lo que yo he visto. -le contesto Dalia, ahora mirando fijamente a Azus. Ambos permanecieron con su mirada terca por un momento, hasta que Azus levanto la vista.
-Mierda, nos vieron. -Azus empujo a Dalia hacia el callejon y empezamos a correr hacia el otro extremo.

Salimos a la calle opuesta y pasamos por otros callejones para tratar de perderlos. Ahora ibamos en direccion al oeste.
-Como les dije, es imposible que se puedan acercar a la Libreria. -nos repetia Azus, hablando entrecortado- Es un centro de sabiduria publico, abierto a todos, excepto a ustedes.
-¿Y que hay de los "Iluminados"? ¿Podriamos entrar usando esas tunicas? -dijo Dalia casi gritando. Azus miro atras a la multitud, de ahora mas o menos 15 personas. Se podian distinguir a algunos humanos con las tunicas como las que vimos en Gangshi.
-...Supongo que al menos no los mataran.
-Con eso basta. Hay que quitarselas. -decidio Dalia, y se giro desenfundando su espada.
-¡Mierda Dalia, no lo empeores! -Italo se devolvio y la tomo del brazo. Nosotros nos detuvimos.
-¡No son tantos! ¡Podemos derrotarlos! -exclamo Dalia, pero Azus la levanto con facilidad y se la llevo al hombro.
-Solo les daras mas credibilidad. Cregh, sacanos rapido.
Las manos de Cregh brillaron, y la luz blanca de siempre nos envolvio. Pero al dar el siguiente paso, mis pies no tocaron el suelo. Aparecimos a unos centimetros del suelo, y cai de frente sobre mi brazo derecho, los demas no tuvieron mucho problema.
Trate de levantarme rapidamente, pero momentaneamente el dolor del cuerpo volvio, especialmente en el brazo. Aun no me habia recuperado completamente al parecer. Aun asi, ignore el dolor y me esforze en ponerme de pie.
-¿No podias hacer esto desde la bodega?. -dijo Azus, que dejo a Dalia en el suelo. Cregh estaba mirando alrededor rapidamente. Solo un par de personas que habian en la calle nos miraban.
-Un grupo del oeste nos ha estado siguiendo. Temia que estuvieran aca... -dijo Cregh finalmente poniendo sus ojos en la puerta el final de la calle.- Movamonos rapido de todas formas.
Caminamos a paso acelerado hasta que llegamos a la puerta de la ciudad, y miramos una vez mas atras. No habia un katet del oeste, ni una muchedumbre que nos siguiera. Habiamos escapado sin problemas.

-Aqui los dejo, entonces. -dijo Azus luego de recuperar el aire- Si siguen el camino mas ancho llegaran hasta Aqlatan, ya que al parecer no puedo hacerlos cambiar de opinion.
-¿Volveras? ¿Con toda esa gente? -le pregunte preocupado. Azus rio.
-Tranquilo Lorenzo. Aunque no este el tarni, los extremistas de la Iglesia nunca han tenido mucha credibilidad. Aparte que vivo aqui, jeje. De todas formas no creo que me hagan nada, por ahora. Pero voy a tener que irme a Alles mas pronto de lo que pense. Necesitare juntar el dinero que me falta pronto...
-Si te sirve de ayuda, en el puerto de Gangshi hay un marinero llamado Ernesto Alibar. Dile que vienes de parte nuestra, seguro te hara un buen precio.
-Lo tendre en cuenta. Estoy pensando en poner un restaurante en Havenstad, y servir comidas de aca. Si vuelven vivos de su mision, y me logran encontrar, le preparare un buen almuerzo.
-Esperamos poder probar su comida de nuevo.
-Je, gracias. Me voy antes de que esos idiotas empiecen a vandalizar mi negocio. Hasta luego.
Azus se fue caminando de vuelta, y nosotros, cruzamos la puerta de la ciudad.

Una vez afuera, volvimos a ver el cielo claro y azul, con algunas nubes esparcidas.
-Bien, entonces... -empezo a decir Dalia
-¿Si?
-Necesitamos de esas tunicas. Cinco de ellas.
-Mantengamos cierta distancia del camino. Si vemos a un grupo de "Iluminados", los asaltamos. No puede ser mas facil.
-Si tu lo dices...

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40 Re: R.O.L. Beta el Lun Ene 19, 2015 9:46 pm

-Estuve analizando el Thi-yit anoche. Sucede que es mas que simplemente nuestro idioma con otro alfabeto, eso no seria dificil de descifrar porque logro recordar varios de los glifos. El problema es que es una variacion muy arcaica, y tiene varios simbolos especiales, como uno para la doble ene y otro para "um" o "ium" al final de las palabras segun el contexto. Asi que el problema es entender las palabras mas que los simbolos. -nos contaba Cregh, mientras atravesabamos el hermoso bosque a un lado del camino. Ya era pasado el mediodia, y ya solo nos quedaba la mitad de la comida que habiamos tomado del Oraculo, mas unas papas que habia logrado sacar de la bodega.- ...Por lo que supongo que el "Libro de Rosetta" que menciono el Oraculo sera una especie de diccionario o alguna cosa asi que permita entender el texto.
-Si era un Oraculo tiene sentido que tuviera una copia de su texto sagrado cercano al original. He leido algunos libros con un lenguaje antiguo, quizas pueda entender algo. -Italo le extendio la mano a Cregh y este le entrego el libro. Luego de ojearlo un momento, se acerco a Cregh para preguntar por el significado de cada letra, y Cregh respondia lo que lograba recordar. Mientras tanto, yo miraba el bello paisaje.
-Espero que no hayan mas de esos pajarracos en este bosque. No quiero tener que salir de noche a un area abierta...
-Creo que buscar comida sera un problema mas grande. Ninguno de estos arboles da algun fruto.
-Ya aparecera algo. Por lo menos tenemos agua. -en retrospectiva, debimos haberle pedido a Azus alguna olla vieja para cocinar nuestro alimento. Parece que habra que comerlo todo crudo.

-Ya veo... -dijo Italo mientras leia algunas de las paginas. Lo quedamos mirando un momento en silencio.
-¿Y?
-No entiendo ni una mierda. -dijo devolviendole el libro a Cregh.- Es demasiado antiguo. Solo un profesor de literatura podria descifrarlo.
-¿No es posible que sea el idioma del oeste? Aquel que hablaba uno de los sujetos del cinema.
-Lo dudo. Algunas palabras se entienden. "Ferrum", "vita"... "digito" y creo que otras pocas mas, pero nada que de suficiente contexto. -Uh... Fierro, Vida... ¿Digito?
-Uhm...



En poco tiempo nos encontramos con un extenso campo de trigo con un enorme molino en medio, que giraba flojamente. No muy lejos habia a una casa con un bicho descansando enfrente sentado en una silla, que nos saludo desde lejos. Al menos aun habia gente amigable hasta aca.
-Ya quisiera que todos aca fueran asi. Quizas hasta algunas personas de Alles. -comente sin pensar mucho.
-Aja...
Pronto nos encontramos con un pozo, y Aldara logro sacar agua para llenar sus canteras.



Nos detuvimos a descansar bajo la sombra de unos arboles por unos minutos, y luego continuamos nuestro viaje. El sol golpeaba mas fuerte a cada momento, pero luego nos volvimos a encontrar con el bosque. De este lado encontramos algunas frutas que ciertamente no habiamos visto antes, pero que dudabamos si eran... saludables para nosotros.
-Llevemos algunas de todas formas. Solo por si acaso.



Oimos una gran cantidad de carretas acercarse a nosotros, en direccion a Varoa. Nos acercamos un poco al camino y nos detuvimos a observar. Eran cuervos principalmente, lo que no nos trajo muy buena espina. Nos quedamos observando hasta que pasaron todos, y luego seguimos nuestro camino. Aunque hubieran habido humanos entremedio, no nos hubieramos arriesgado.



Luego de una hora mas de camino nos encontramos con la calavera vieja de algun ser al pie de un arbol. No habia ningun otro hueso a la vista.
-Espero no haya sido grave. -dije al verla. Cregh rio.
-Le paso por cabeza dura. -agrego. Por lo visto eso solo a mi y a Cregh nos causo algo de gracia.
-Deberiamos detenernos a comer y descansar un rato. Tampoco tenemos prisa sin esas tunicas. -dijo Dalia mientras miraba la calavera.
-Diria que pronto va a atardecer. Preferiria ver si podemos encontrar un buen lugar para dormir antes de que no podamos ver nada, como uno de esos templos pequeños.
-No se... a mi no me agrada mucho la idea de dormir en un lugar donde podria llegar gente. Aun pienso en lo que ocurrio mas atras...
-Aldara tiene razon. Ademas, lo unico bueno que podriamos encontrar seria un huerto donde podamos sacar comida. No creo que detenernos un poco haga mucha diferencia en realidad. Disfrutemos el viaje...
-Yo diria que si hara diferencia. Miren, parece que alla termina el bosque. -dijo Cregh señalando entremedio de los arboles, hacia lo que supongo era el noroeste. Durante unos momentos miramos hacia donde apuntaba.
-Vamos entonces. Quizas haya algo.
Luego de acercarnos un poco se hizo evidente que lo que veiamos era en realidad un area abierta increiblemente grande en medio del bosque, cubierta unicamente por pasto largo y algunos arboles. Pero nos llamo mas la atencion el hecho de que habia una casa entremedio.
Logramos tener una mejor vista cuando salimos del bosque. Una simple casa de madera de un solo piso y una chimenea de metal, aunque era un tanto mas grande que las de ciudad. La madera se veia gris y vieja, una tabla estaba tan doblada que dejaba ver adentro de la pared, y algunas de las ventanas se habian roto.
Parecia abandonada, basicamente.

Nos acercamos cautelosamente hasta el frente de la casa. Tenia una pequeña entrada con dos escalones y dos ventanas a cada lado de una puerta que parecia podria romperse facilmente. No se escuchaba ningun ruido adentro, definitivamente estaba abandonada.
-Es mejor que dormir en el bosque. Veamos que hay. -dijo Italo, y nos subimos a la entrada para ver por la ventana los 5 a la vez. Adentro habian muebles y cuadros, en lo que asumimos era el comedor. Era un tanto oscura por dentro y casi tan gris como por afuera. Y vimos polvo, mucho polvo. Tanto flotando en el aire como pegado a algo.
Me aleje un poco ya que los demas me estaban apretando, y vi a Malo alejarse de la casa.
-Eh, ¿a donde vas? -le pregunte. Malo se giro y se sento en el pasto, que lo cubria casi completamente.
-Mau...
-¿Como que no te gusta la casa gato malagradecido? Deberias estar contento de que por lo menos tiene techo. -le reprimi. Malo se levanto y se dio la vuelta.
-Miau. -y siguio caminando hasta un arbol cercano moviendo la cola.
-Haz lo que quieras. -apenas me gire, me encontre con los demas mirandome raro.- ¿Q-Que, que pasa? -Italo tosio.
-Mejor entremos. -dijo acercandose a la puerta. Tomo la manilla y trato de girarla, pero esta apenas se movio.
-Oh por favor. -Italo la agito con mas fuerza, sin exito.- Esta cerrada. El dueño la dejo con llave. -lo que faltaba.
-¿Quizas porque volveria? -sugirio Aldara algo inocentemente.
-Si es asi parece que se olvido que tenia donde vivir. -dijo empujando y tirando la puerta.
-¿Y si la calavera que encontramos mas atras pertenecia al dueño? ¿Que pasa si alguien o algo lo mato?
-Si, quizas. Olvidemonos de la mision e investiguemos este crimen. O mejor tiremos la puerta abajo. -Cregh se acerco a la puerta y le hizo una seña a Italo para que se alejara. Iba a patearla.
-Espera Cregh. Viene alguien. -interrumpio Dalia, señalando atras. Una silueta encorbada se podia ver acercandose a paso lento.
-Parece ser un viejo. -dije acercando mis manos a los bolsillos- Aunque no me fiaria...

El viejo siguio caminando hasta estar a unos cuantos metros de distancia. Parecia una bola de pelos igual que Dalir, aunque su ropa, una camisa celeste y un pantalon cafe, eran de la talla correcta.
-Que sorpresa, ver humanos por aca en estos tiempos. Ya creia que se habian extinguido. -rio con su voz de viejo hasta que llego a la entrada de la casa- ¿Vinieron por el bosque?
-S-Si. Veniamos alejados del camino. -respondi. Al menos parecia amable.
-Me lo imaginaba. De otra forma los hubiera visto llegar.
-¿Usted vive aca?
-Vivo en una casa al lado del camino, detras de ese pedazo de bosque que sobresale. -dijo señalando hacia atras. Desde aca no se podia ver nada.- Esta es una casa que tengo para arrendar.
-¿De arriendo? -dijo Dalia girandose a mirar.- Se ve muy abandonada.
-Si, lo se... No viene mucha gente por estos lugares, y ya no soy tan joven como antes. Mantener mi propia casa ya es suficiente... ¿Necesitan alojamiento?
-No, gracias. No tenemos dinero.
-Esta a muy bajo precio, ya que casi nadie se quiere quedar. -y viendo como estaba, no era sorpresa.
-Solo tenemos una moneda. -insistio Italo. El viejo se quedo pensando un momento.
-Si me pudieran ayudar con algunas cosas, pueden quedarse gratis por hoy. Como dije, esta a bajo precio. -Italo, quizas no muy convencido, nos miro como pidiendo nuestra opinion.
-Yo digo que nos quedemos. Ya va a atardecer y no quiero tener que encontrarme con pajarracos mas adelante. -los demas asintieron, y aceptamos la oferta del viejo. Este busco en sus bolsillos y saco un enorme manojo de llaves. Probo tres de ellas y la puerta se abrio.
Lo primero que sentimos fue el olor a polvo y a encierro, y lo segundo fue el mismo polvo en nuestra cara, lo que provoco que Cregh empezara a toser. ¿Como se suponia que ibamos a poder dormir siquiera?
-Esta un poco sucia. -dijo el viejo, señalando lo obvio.- Pero tiene varias habitaciones asi que podran dormir sin problemas. Ahora, necesito ayuda para traer unos sacos de harina para el pan. Agradeceria que alguno me ayudara. -De pronto alguien me empujo hacia el viejo.
-El puede ir. -dijo Cregh.- Tiene bastante fuerza. Aparte el no queria encontrarse con "pajarracos". -Cregh hijo de...
-Vamos pronto entonces. El viejo Gregorio cierra temprano los sabados. -el viejo se puso a caminar de inmediato. Sin mas opcion, fui caminando tras el.


El viejo Roman me llevo en carreta de vuelta al campo de trigo por el que pasamos. Dejamos la carreta a un lado del camino y caminamos hasta la casa. Alli Gregorio, otro bicho similar a Roman, nos recibio y nos llevo hasta su molino.
-Te deje los sacos que me pediste aparte. -dijo Gregorio mientras abria la puerta. Adentro habian decenas de sacos medianos apilados uno sobre otro. Me hace preguntarme cual fue el proposito de apartarlos habiendo tantos.
-Hay que llevar 12 sacos. -me dijo Roman hechandose uno al hombro. Trate de hacer lo mismo y con suerte lo pude levantar. Estas cosas debian pesar mas de 30 kilos. Hasta ahora, parecia que todos en el oeste poseian una especie de fuerza sobrehumana. Y el decia que ya no era joven.
Logre cargar con 6 sacos hasta la carreta, y el ultimo lo deje caer con fuerza porque me estaba empezando a doler el hombro de nuevo. Cielos...
-Voy a ir a pagar ahora. Regreso enseguida. -me dijo Roman mientras sacaba una bolsa con monedas y se devolvia al molino. Yo me subi a la carreta a descansar, mientras los caballos se aburrian tanto como yo.
Asi pasaron unos minutos, en que me pregunte en que se estaba demorando tanto el viejo. Me levante para ir a ver, cuando note una nube de polvo levantandose por sobre los arboles a lo lejos. Pronto logre ver otra carreta acercandose a toda velocidad, y cuando se acercaron lo suficiente pude ver que venian tres personas arriba vestidas de blanco.

De un salto me baje de la carreta y corri a la mitad del camino. Los caballos se detuvieron y quedaron a mas o menos un metro de distancia de mi. Los tres hombres definitivamente eran "Iluminados"
-Oye ¿que te sucede? -me grito uno de los sujetos mientras se bajaba. Los otros dos hicieron lo mismo, y yo saque mi revolver pequeño.
-Esto es un asalto. -les dije apuntandoles. Los tres sujetos miraron mi arma, confundidos.
-¿Que es esa cosa? ¿Un juguete? -dijo uno alto. Apunte hacia uno de los arboles del bosque y dispare. Los caballos y los sujetos se asustaron por el ruido, y la rama de un arbol salio volando.
-...No quieren ver lo que le hace a una persona. -los sujetos retrocedieron asustados.
-E-Esta bien. Raul, entregale la carga. -dijo empujando al compañero que estaba mas cerca de la carreta, y este se subio a buscar algo.- Deus te castigara por tus actos...
-¿La carga? -alcance a preguntar. El sujeto que se subio lanzo frente a mis pies una bolsa con algo metalico adentro. Me agache a abrirlo, y vi un monton de cubiertos y calices de plata con adornos de oro. Otra bolsa callo al lado de la que veia.- No pedi tenedores. Quiero las tunicas. -exclame. Los tres sujetos se miraron entre ellos.
-¿Que?
-Las tunicas. Quitenselas. -dije haciendo golpear el martillo de mi revolver.- No quiero tener que mancharlas con sangre. -dije apuntandoles.
Los tres hombres se quitaron las tunicas, quedando uno de ellos... sin nada con que cubrirse. Me las lanzaron y se acercaron a recuperar las dos bolsas. Se fueron tan rapidos como el viento.

Eran bastante suaves y bonitas, de hecho. Y seguramente agradables de vestir. Esos Iluminados sabian como vivir bien. Escondi el tesoro entre los sacos de harina, y pronto Roman aparecio.
-Estupido Gregorio que se pasa de listo. Ya se las vera ese viejo decrepito... -murmuro mientras se subia a la carreta.- Eso fue todo. Gracias por tu ayuda... eh...
-Andrea. -dije casi sin pensar.
-Uh, bonito nombre. -dijo, e hizo andar a los caballos.
-¿Tuvieron problemas con las cuentas? -dije tratando de hacer algo de conversacion.
-Bah, siempre hace lo mismo. Desde hace 20 años me roba dinero sin que me de cuenta. Pero un dia de estos le dire... ¿Y ustedes a donde se dirigen?
-Vamos a Aqlatan. Tratamos de traducir el Thi-yit. -le respondi, y luego se me ocurrio- ¿Quizas nos pueda ayudar?
-¿El Thi-yit dices? ...No, lo siento. Creo que solo los sacerdotes de la Iglesia saben leerlo.
-Oh. Ya veo. -me preguntaba cual era la gracia de tener un libro sagrado que nadie podia leer. Cualquiera podria inventar lo que dice y nadie se daria cuenta. Aunque por lo que nos conto Azus, quizas esa es la idea.
Llegamos de vuelta y ayude a Roman a descargar los sacos, y una vez terminado me dirigi a la casa con las tunicas que habia robado.

Desde lejos vi a Cregh barriendo con una escoba. Y Malo, dormia sobre un arbol.
-Ya volviste. -dijo cuando me acerque- Estamos limpiando la casa. Haciendola habitable... ¿Y eso?
-Son tres tunicas. -dije levantandolas para que Cregh las viera.- Tres sujetos pasaron en una carreta y aproveche de quitarselas. No fue dificil.
-Por lo menos tres de nosotros podran entrar a Aqlatan
-Es algo. ¿Y los demas?
-Aldara esta limpiando los platos, y Dalia e Italo estan limpiando los cuartos. Quizas podrias ayudar.
-No gracias. Ya tuve suficiente. -le dije mirandolo feo.
Entre al comedor de la casa y deje las tunicas dobladas sobre la mesa. Durante un momento las contemple y me senti... deprimido, por alguna razon. Era raro. Mire alrededor de la habitacion. Se veia mas claro ahora que cuando lo vi por primera vez, pero aun asi igual de descolorido excepto por los cuadros colgados. Fue una sensacion extraña. Al medio estaba la mesa con algunas sillas, y en una esquina, un mueble pegado a la pared con algunas copas. A la izquierda, una puerta que llevaba a lo que creo era la cocina, y adelante, un pasillo con una puerta al final y seis a los lados. Decidi acercarme a los cuadros para verlos mas de cerca.
Se veian algo difusos. La pintura y las formas parecian mezclarse, en vez de estar claramente definidas como en los cuadros del este. Era peculiar, supongo, pero igual agradable de ver.
El primer cuadro era simplemente un dibujo de un florero con una flor amarilla sobre una mesa. Atras se veia una ventana con algunos arboles a lo lejos.
El segundo era de un simple puente de madera, con la silueta de un hombre y dos bueyes cruzando.
Y el tercero, era el mas interesante, porque parecia ser esta misma casa en un dia claro. De dos pisos y con la madera mas cafe que ahora. Supuse que el pintor de estos cuadros debio ser el dueño, y quizas en sus tiempos la madera se veia asi. En una esquina de abajo, habian dos letras, que decian algo vagamente similar a "R.C." ¿Quizas era el nombre del autor?
-¿Pusiste los cuadros de vuelta? -me pregunto Cregh de la nada.
-¿Uh? No, estaban puestos. -le respondi sin dejar de ver el cuadro. Creia ver algo detras de la casa.
-Debio ser Dalia o Italo entonces. Los habia sacado para barrer las paredes.
-Que. -dije mientras me giraba a verlo- ¿Barriste la pared?
-Queria sacar todo el polvo. Tambien barri el techo y saque algunas telarañas. -dijo señalando hacia arriba. Podia ver que el techo se veia limpio.
-Uhm... bueno... Que bien. -le dije volviendome al cuadro. Trate de buscar la figura de nuevo, pero ya no se veia por ningun lado. Seguro la perdi por distraerme. Gracias Cregh.
Como ya no habia mas espacio en la pared para colgar cosas, supuse que esos eran todos los cuadros. Sali de vuelta a la entrada de la casa. Ya no tenia ganas de hacer nada, menos con la sensacion que me provoco el cuarto. Si hubiera podido irme a tirar sobre una cama hecha, lo hubiera hecho.
Me sente en los escalones a descansar mientras los demas trabajaban. Debo admitir que me sentia un poco culpable por holgazanear, pero pronto, vi al viejo acercandose de nuevo.

El señor Roman llego con algunas sabanas para que le cambiaramos a las camas. Me las entrego, y luego entro al comedor de la casa.
-Habia olvidado como se veia la casa arreglada. Ha mejorado bastante en este poco rato que han estado. -dijo mientras pasaba la mano por la madera.- Solia ser de mi padre, aunque el no la construyo. Desde que murio que no la veia asi... -el viejo se giro a mirarnos con una sonrisa.- Estoy haciendo pan ahora. Puedo prepararles para que coman tambien con algo de mermelada. Por lo que han hecho aca.
-Es bastante generoso con nosotros. Dejando que nos alojemos y dandonos comida. -dijo Cregh, quizas un poco extrañado por la amabilidad del viejo.
-Se siente algo distinto sobre ustedes. Ya mucha gente se ha quedado y se ha escapado en las noches para no pagar. Ustedes en cambio ahora la estan limpiando. Es mas de lo que esperaba, la verdad.
-Bueno, nos vendria bien algo de pan para comer. Nos queda por recorrer. -el viejo se fue prometiendonos que pronto volveria, y eventualmente desaparecio tras los arboles. Cregh siguio barriendo, y me aleje antes que las sabanas se ensuciaran con el polvo.

En el pasillo habian solo 6 puertas, y una de las del medio estaba abierta. Adentro estaban Dalia sacudiendo con la ventana abierta e Italo haciendo la cama.
-Hola gente. El viejo mando sabanas para que le cambien a las camas.
-Oh, que bien. Las que habian eran un tanto asperas. -y Dalia de un tiron desarmo la cama que Italo habia preparado, y se empezo a reir. Italo tomo la almohada y se la lanzo.
-Gracias. -dijo mientras las tomaba y las dejaba sobre un mueble.- Aunque tendre que rehacer las otras dos que habia hecho.
-Te puedo ayudar. -dijo Dalia aun riendo.
-No se preocupen, lo hago yo. -dije.
Tome dos pares de sabanas y me dirigi a la habitacion que habia al lado. Supongo que algo podia hacer despues de todo.

Pero cuando abri la puerta, me encontre con la cama deshecha y la habitacion oscura.
-Aunque de todas formas la cama no estaba hecha Italo. -le dije en voz alta, mientras iba a abrir las cortinas. Italo se asomo por la puerta a ver.
-¿A que te refieres? Si la habia hecho. -me dijo, y se devolvio a la habitacion luego de ver la cama.- Dalia, ¿tu la deshiciste?
-¿Deshacer que cosa?
-La cama de al lado.
-tire las sabanas viejas y sucias a un lado y tome las nuevas.
-No le he hecho nada. Si incluso sali primero que tu. Lang te debe estar jugando una broma. -oi a Italo suspirar luego de eso. Mejor me hubiera quedado callado. Hice la cama a la rapida y segui con la otra habitacion, cuya cama si estaba hecha. Se notaba por la oscuridad que habia un pequeño agujero en la pared por donde entraba algo de luz. Espero que esta casa no este llena de termitas y que se nos venga encima a la noche.
Al final deje las sabanas viejas dobladas en un rincon y sali al pasillo. Podia escuchar que Italo y Dalia se estaban lanzando las almohadas.
-Por cierto, ya tenemos 3 tunicas. -dije mientras salia. Ni idea si me habran escuchado.
Fui a la cocina a beber algo de agua. Aldara estaba limpiando una olla en una fuente con agua, y tome uno de los vasos limpios y me servi agua de las cantimploras.
-¿Que te parece el lugar? -me pregunto Aldara de la nada mientras bebia. Deje el vaso hasta la mitad y me gire hacia ella. Estaba al lado de la ventana y le tapaba la luz del sol.
-Esta... bien. Creo que si alguien se dedicara a arreglarla podria ser como las de ciudad. Algo de pintura no le veria mal. -le dije. Note que al lado de la puerta habia una estufa para calentar comida.- Aunque me deprime un poco, la verdad. No estoy seguro porque. -agregue, y me tome el resto del agua casi de un trago.
-Oh, no era la unica entonces. -¿hm?
-¿Hm? -pude decir mientras pasaba el agua
-Me da cierta nostalgia. Quizas porque mi casa era parecida a esta, aun cuando no tenga muchos buenos recuerdos de ella.

-¿A que te refieres? -dije pidiendo mas detalles. No se me habia ocurrido que quizas no quisiera hablar de ello.
-No, no creo que te interese la verdad. -dijo como con casi una sonrisa, tomando otra de las ollas que habia.- No quiero deprimirte mas tampoco.
-Puedes decirme. No creo que me importe tanto. -dije descuidadamente.- O sea, me refiero a que no me pondre a llorar... No... Digo, no queria... Tu entiendes. -termine antes de volverlo peor. Aldara me miro.
-Bueno, mi mama no me queria mucho. -empezo a contar.- Recuerdo que de pequeña no era asi, pero cambio luego que se fuera mi papa. Empezo a tomar alcohol y siempre decia que era mi culpa que el se fuera, y me insultaba... Bueno, nos insultaba a todos, pero parecia que a mi en especial.
-¿Tenias hermanos?
-Tenia 3. Uno un poco mayor que yo. El siempre trataba de ayudarme. Me ayudaba a juntar dinero porque mi mama me obligaba a trabajar. Los dos menores fueron hijos que mi padrastro tuvo con ella, pero mi mama les inventaba historias y los ponia en mi contra, aunque pienso que quizas sabian que algo andaba mal.
-¿Y te escapaste de la casa?
-No... realmente. Mi papa me habia arreglado un matrimonio con un "buen" amigo de el antes que se fuera. Pero era un cerdo. -cuando empezo Aldara hablaba con tristeza, pero ahora se podia sentir un fuerte odio en su voz. No me esperaba escucharla asi, la verdad.- Mi mama me obligo a irme a vivir con el antes de casarnos, quizas porque queria deshacerse de mi, y yo acepte creyendo que seria mejor que estar con ella. Pero me equivoque. -puso la olla a un lado con las demas, y se quedo mirando hacia el agua negra.- Por lo menos mi mama solo me insultaba. El me golpeaba cuando hacia algo mal o cuando se le daba la gana. -Aldara tomo la tetera, lo unico que quedaba, y empezo a lavarla.
-¿Y que sucedio? -Aldara se quedo callada durante unos momentos mientras lavaba, hasta que respondio simplemente
-Me fui de ahi. -dijo dejando la tetera a un lado. Empezo a agitar las manos para sacarse el agua y se seco el resto en la ropa.- Poco despues recibi la carta de Wendagon, y los conoci. -dijo mirandome con una sonrisa.
-Espera espera, dijiste que estuviste en prision el otro dia. Que por eso hacias el viaje. -le señale. Aldara sonrio aun mas.
-Oh, si. -dijo riendo.- Trate de escabullirme para entrar a Veringrad y los guardias me encerraron por sospechosa. No sabia que uno podia llegar y entrar por la puerta. -Oh cielos.- Luego me escape y me encontre con Wendagon esa noche, que me llevo con un doctor para que tratara mis heridas.
-Ya veo. Ya estaba pensado que fue por algo grave. -dije riendo un poco tambien. "Que habia matado a alguien", que gracioso...

-Bueno... -dijo suspirando.- Voy a barrer aca ahora. ¿Podrias ir a llenar la tetera con agua al pozo? Si no es mucho problema...
Tome la tetera recien lavada y sali por la puerta de la cocina. A unos metros habia un pozo de piedra con un balde y una cuerda a un lado. Camine hasta el y deje caer el balde. Espere hasta que se hiciera mas pesado y lo tire hasta arriba. El balde tenia un pequeño agujero y me mojo el pantalon.
-Que bien.
Puse la tetera bajo el chorro que caia hasta que se lleno la tetera, y me gire para devolverme a la casa... pero...
Tuve una sensacion extraña al momento de verla. Se veia... como decirlo... ¿Nueva? En el sentido de verla por primera vez. Lo contrario a cuando uno sentia que ya habia visto algo antes.
Podia ver por la ventana a Italo haciendo la ultima de las habitaciones, pero no a Dalia desde donde estaba. La chimenea estaba arriba hechando humo. Conte las ventanas, una, dos, tres, cuatro. Habian 4, las cuatro de las habitaciones. Y abajo, por afuera, habia una tabla que se habia doblado. La sensacion se me paso, de verdad no habia nada raro con nada. Supuse que eso era tambien algo normal, aunque nunca me habia pasado. Lo que si, esa tabla salida me molestaba, quizas porque podia terminar durmiendo en esa habitacion. Iba a arreglarla despues si podia.

Volvi a la cocina. Aldara terminaba de barrer el suelo.
-Te demoraste un poco. ¿El balde tenia un hoyo? -dijo tomando la tetera.
-¿Que?... Ah, si. Se escapaba el agua. Me moje un poco de hecho. -dije mostrandole el pantalon. Luego me pregunte por un momento como no vio el agujero del balde si tuvo que sacar agua para lavar los platos. Pero claro, ella no necesita un balde. Aldara llevo la tetera hasta la estufa.
-Creeegh. ¿Puedes venir? -dijo asomandose por la puerta hacia el comedor. Escuche un suspiro desde afuera y Cregh aparecio.
-¿Que quieres?
-Tu. Fuego. -dijo Aldara señalando la estufa. Cregh se agacho con flojera y abrio la estufa para mirar adentro.
-4 años en la universidad para servir de encendedor... -decia mientras juntaba la madera en el centro.- Estos troncos parece que llevan años aqui. Por lo menos prenderan facil. -Cregh prendio una pequeña llama en una punta y cerro la puerta.- Listo. Estare afuera preguntandome cuando me equivoque en la vida por si me necesitan. -se fue medio lamentando. Aldara se rio.
-No te preocupes Cregh, te queremos igual. -le dijo en broma mientras salia.- Encontre un frasco con hojas de te. Voy a preparar un poco para comer con el pan. -me dijo mientras acaba de barrer.
-Ah que bien. Yo voy a arreglar una tabla.
Fui al comedor y considere ir a pedirle herramientas al viejo, pero vi que al final del pasillo habia una puerta. Supuse que seria alguna especie de armario, y fui a revisar para no tener que caminar tanto.
Habian varias repisas adentro, casi todas solo con mas polvo encima. Abajo, habia una caja de madera, que tenia clavos, un martillo y otras cosas adentro. Era justo lo que necesitaba, asi que la tome y me la lleve afuera.

Al parecer Italo y Dalia habian terminado con la ultima habitacion, ya que se veia vacia por la ventana. Y cielos, solo mirar adentro me deprimia. La historia de Aldara tampoco me ayudaba mucho.
Me acerque a ver la tabla, y note que tenia dos agujeros al final, pero ningun clavo.
"Seguro se cayeron porque se salio. Obviamente."
Tome dos clavos largos y los puse en los agujeros de la tabla, y empuje hasta dejar la tabla recta. Los dos clavos sobresalieron, y con el martillo los trate de clavar al otro lado de la pared. "¿No saldran los dos clavos del otro lado?" Quizas. No es mi problema. Tampoco creo que alguien se pinche.
Debia reconocer que la madera parecia ser buena. O quizas habia algo del otro lado, porque costaba hacer entrar los clavos. Nada que un poco mas de fuerza no pueda resolver.

La tabla se quedo en su lugar. Habia contribuido en algo. Quizas el viejo me de un estofado por esto. Quizas dos por arreglar la tabla del otro lado tambien. Tome la caja de herramientas y le di la vuelta a la casa por atras. No habia nada relevante de ese lado. Solo una pared de madera con una pequeña ventanita arriba en lo alto. Debia verse un buen paisaje desde alla arriba.
Llegue al otro lado y me acerque a la otra tabla doblada, que estaba mas o menos por el medio de la casa. Esta tenia los dos clavos puestos, aunque estaban ridiculamente oxidados. Puse dos nuevos y empece a clavar. Definitivamente era la madera la dura. Debio haber sido toda una hazaña construir esta casa.
El primer clavo mantuvo la tabla en su lugar, y clave el segundo para asegurarme que se quedara ahi. Ahi estaba el dolor del hombro otra vez. Levante la mano para tocarme el hombro, como si eso me calmara. A este paso no voy--

Mierda.

Me gire sobresaltado y me apegue a la pared. Habia tocado una mano. Una mano apoyada en mi hombro. Pero no se veia a nadie ahora por ningun lado. Me toque de nuevo, y no tenia nada. Ningun bicho o cosa que se pudiera asemejar. Pero santas putas, me habia asustado. Habia sentido sus dedos frios.
Me calme luego de unos momentos y me devolvi a la casa a guardar la caja. Habia visto a Cregh acostado en el suelo de la entrada. El podia teletransportarse, asi que supuse que el podria haber hecho algo parecido. Si eso fue una broma fue de bastante mal gusto.

El viejo Roman aparecio poco despues con una pequeña bandeja de pan, cubierta con una manta para guardar el calor, y un frasco con mermelada hasta la mitad. Considere que el tambien podria haberlo hecho, ¿pero como?. No parecia posible. El viejo me entrego todo lo que traia, y me dijo que estaria en su casa si lo necesitabamos. Sin decir mucho acepte todo lo que traia y lo deje en la mesa.
La mermelada parecia de frambuesa por el color, aunque quizas de que fruto extraño del oeste podria estar hecha. La abri para senti el olor. Definitivamente no era frambuesa, pero olia bien. Tenia un punto a favor. Tome uno de los panes calientes y estuve a punto de ponerme a comer, pero decidi esperar a los demas para cuando el te estuviera listo.

Sali afuera y me sente apoyado en uno de los postes de la entrada de la casa, opuesto a Cregh que estaba recostado en el suelo. De verdad parecia que dormia aquel tonto.



Oi a Aldara llamandonos para comer, junto con el sonido de la loza.
Cuando entre ya todo estaba puesto en la mesa. El cuarto resplandecia con la luz que entraba desde la cocina. Por lo menos asi se veia mas calido, aun cuando empezaba a hacer frio y hubieran motas de polvo flotando a la luz. Es mucho mejor que cuando lo vimos oscuro y sucio por primera vez. Si.
Aldara entro con la tetera y empezo a servir te. Segun ella, habia que tomarlo pronto porque esas tazas, muy bonitas y elegantes por cierto, se enfriaban rapido. Como era el primero en llegar me sente a la cabeza de la mesa. Tome un pan y con un cuchillo empece a ponerle mermelada. Aldara se devolvio a la cocina a dejar la tetera y luego se sento a mi izquierda. Cregh entro bostezando y se sento al lado mio, pero decidi no decirle nada. Al final llegaron Dalia y luego Italo, que al parecer tambien estuvieron durmiendo.
-Huele rico. -dijo Dalia toda despeinada apenas entro. Le dio la vuelta a la mesa y se fue a sentar al lado de Aldara. La mesa se sentia llena.
-Aja. -asintio ella, preparandose un pan tambien. Le di un mordisco al mio, para probar el sabor. Era dulce y sabia como a... uhm... no estaba muy seguro la verdad, pero era rico. Dalia me quedo mirando.
-¿A que sabe?
-A come y calla. -le dije. A mi siempre me decian eso cuando hacia esa pregunta. Y siempre me molestaba, pero ahora me doy cuenta que es hasta divertido cuando es uno el que lo dice.
Dalia le dio un mordisco al pan, y fue la primera en probar el te. Supongo que todos los demas estabamos esperando a que se enfriara un poco. Se iba a quemar la lengua.
Pero no protesto, nisiquiera hizo una mueca. Se quedo mirando la taza hasta que trago.
-Es te de canela. -dijo simplemente.
-¿Hm? -pregunto Aldara mientras comia.
-Mama solia hacer te de canela. Antes de que papa enfermara. -dijo dejando la taza en la mesa.- Lo extrañaba.
Baje la mirada y mire mi taza. Esperaba que Aldara se empezara a disculpar o algo. Asi creia que era ella. Pero no. Aldara levanto la taza para olerla de cerca y luego la probo.
-Yo no hice te de canela. -dijo, y volvio a probarlo como queriendo asegurarse de que ese era el sabor.- Creo que nisiquiera hay canela en la cocina. -Aldara se levanto y fue a revisar. Desde alla, nos dijo que habian hojas de canela en la tetera.
-Estoy segura de haber usado hojas de te. De esas habia en el frasco -dijo sentandose y mirando extrañada su taza.
-Quizas alguno la cambio. -sugirio Italo.- Quizas a Lang o a Cregh les guste la canela.
-Lo siento, pero jamas habia probado el te de canela. Esta muy bueno, por cierto. -dije tomando otro sorbo.
-Yo estuve durmiendo afuera todo este tiempo. Ademas, ¿para que lo cambiaria sin preguntar? -dijo Cregh.- Quizas fue Dalia porque, como tu dices Italo, le guste la canela. -dijo sonriendo
-Yo tambien estaba descansando, e Italo tambien. Yo nisiquiera sabia que iban a hacer te. -le respondio Dalia un tanto molesta.
-Pues entonces debio ser Lang. -concluyo Cregh mirandome.
-Pero si acabo de decir que yo no fui.
-No lo se, pienso que no seria la primera ni la segunda vez que nos mientes. -me dijo Italo.
-Esto -dije señalando con ambas manos.- es un simple te de canela. ¿Para que...?
-Lo tuyo era simplemente decirnos tu nombre, -me interrumpio apoyandose en la mesa.- y dos veces nos diste uno falso. Posiblemente tres, y lo sigues haciendo con todo el mundo. No se como esperas que confiemos en ti. -oh por favor
-Lo dice el que termino en mi misma habitacion en el hospital sin darnos ninguna explicacion de que ocurrio.
-Eso es--
-Si, muy distinto. -lo interrumpi- Porque Cregh te ayudo y entonces ya no es secreto. Es mas, Cregh puede usar magia y teletransportarse con facilidad. Me parece mucho mas plausible que el pudiera haber hecho esto entre otras bromas mas, -dije mirandolo directamente.- como cuando casi me mataste.
-¿Y cuando casi te he matado? Si te refieres--
-Cuando hace un rato estaba arreglando una tabla afuera, y una mano fria como piedra me tomo el hombro. Y cuando me giro a ver no hay nadie. Bastante facil de hacer para ti.
-Oh, ahora empezaste a inventar mas historias. A mi me parece--
-Yo me habia despertado hace un rato porque algo muy frio me toco la espalda mientras dormia, y por un momento crei ver a alguien alto. -dijo Dalia en voz alta.- Ahora que lo pienso el que tu lo hayas hecho tendria bastante sentido.
-Yo no fui a la universidad por 4 años para aprender a hacer bromas. -dijo ahora enojado.- Que seguramente es mas que a lo que cualquiera de ustedes podria aspirar.
-Pues si yo lo hiciera me ocuparia de graduarme tambien.
-Veamos entonces si pasarias el primer examen. -dijo levantandose la manga furioso. Yo me levante pero Italo lo tomo del brazo antes.
-Calmate Cregh por la mierda.
-O ven tu tambien con tu piedrita a ver si de algo sirve.
-¡Ah! ¿Quieres que te muestre? Te voy--
-Callense.



Aldara estaba apoyada en la mesa con los codos y las manos en la cabeza cuando nos hizo callar. Nos volvimos a sentar mientras ella respiraba profundo, y ordenaba sus ideas. Afuera, ya empezaba a oscurecer y a hacer frio.
-Miren, estamos cansados. Creo que todos lo estamos. Desde que llegamos al oeste no hemos hecho mas que preocuparnos de como llegaremos al dia siguiente y donde dormiremos, y ahora que tenemos una tarde para descansar en una casa que nos arrendaron gratis incluso, se ponen a pelear y a lanzarse amenazas como si se odiaran desde el principio. Digo, solo miren lo absurdo que es todo, -dijo riendo- peleando por que el te sabe a canela en vez de a te. Mientras peleaban fui a revisar de nuevo y habian hojas de te y de canela y seguro tome el frasco equivocado sin darme cuenta. Pienso que el cansancio nos esta afectando y nos hace ver cosas que... que no son, y que tratamos de racionalizar culpando a otro de ello. Deberiamos relajarnos y... ignorar esas cosas sin sentido. Descansar y mañana seguir hacia Aqlatan como lo hemos hecho hasta ahora, como un grupo. ¿Les parece?
Nos quedamos si decir nada por unos minutos, sin mirarnos, hasta que Aldara repitio la pregunta.
-Bueno... si, creo que tienes razon. -dijo Cregh mirando hacia abajo.- ...Lo siento.
-Si... -dije refregandome la cara- Perdona Cregh por hecharte la culpa.
-Perdon por lo que te dije yo tambien... -agrego Dalia.
-Disculpa Lang.

-Pues... supongo que ahora podremos terminar de comer. -dije tomando mi pan a medio comer y mi taza helada.- Aunque el te se haya helado.
-No esta helado. -me respondio Aldara, y soplo el vapor de su taza sonriendo. Pude sentir en mi mano que el te se calentaba.
Seguimos con nuestra merienda, ya con mejor animo. Era distinto a otras veces. Nos olvidamos de cualquier cosa que hubiera pasado aqui, extraña o no, y el ambiente se sentio mas familiar, mas calido y cositas bonitas asi. Quiero decir que fue agradable nada mas.
Terminamos felices de comer los 6 juntos.


Una vez acabado retiramos las tazas y decidimos dejar cualquier planificacion para mañana, cuando estuvieramos descansados. Luego nos fuimos cada uno por su lado.
Ordenando las sillas, note algo tras el mueble con las copas. Entre telarañas, encontre lo que parecian mas cuadros. Los saque de ahi y les sople el polvo para verlos. Estos eran distintos a los otros, pero...
El primero tenia lo que parecia ser una enorme chimenea en el centro, y una entrada con arcos de un edificio, similar a una sala legal del este, a la derecha del cuadro, pero con una perspectiva extraña. Al frente, habia un libro amarillo tirado en el suelo. Parecia estar atardeciendo, por el extraño color del cielo y las sombras largas y marcadas. Detras del edificio se veian las sombras largas de dos personas fuera del cuadro, y en el fondo a la izquierda habia algo que hechaba humo o vapor.
Mirar este cuadro era... desconcertante. Era misterioso, ambiguo, paradojico... no se como describirlo. Carecia de detalles, usaba pocos colores, rojo, blanco, cafe y verde para el cielo, y eran casi tan planos como era posible excepto por el cielo que era difuso. Pero provocaba una sensacion de rareza. En el borde decia algo con simbolos del oeste, asi que no lo podia entender. Despues tendre que preguntarle a Cregh.
El segundo cuadro era similar respecto a la luz. Habia una estatua de un caballo mas detallado en el centro, y alrededor mas de esos edificios, uno de ellos con una cabeza de estatua en el techo. Habian algunas personas en las sombras tambien pero estaban muy vagamente definidas, casi como si no estuvieran ahi. En una sombra habia una caja, y en el fondo otra de esas cosas tirando humo.
No entendia este arte. No se parecia a nada que hubiera visto. Los cuadros colgados usaban otra tecnica pero tenian una mayor semejanza con la realidad. Este parecia de un sueño, o quizas una pesadilla. El artista podia pintar cosas detalladas pero decidia dibujar asi.
Iba a girar el cuadro para ver si tenia algo escrito atras, pero mis ojos se fueron directamente al tercer cuadro.
Era un retrato de un bicho.

El fondo parecia similar a los otros cuadros, pero enfrente de todo, habia un ser lleno de plumas o pelo negro, no podia distinguir por el estilo, pero parecia llevar una mascara blanca con un largo pico de ave y ojos negros mirando al pintor. O quizas aquel era su rostro natural. Este por lo menos era menos ennervante de ver.
En la esquina de abajo, una firma como el otro cuadro. "C.C." o "G.C.", no podia disntinguir bien la diferencia. No habia nada mas escrito atras o a los lados. Mire las paredes del cuarto para ver si podia colgarlos, cuando note las otras pinturas.

Deje los cuadros en la mesa y me acerque a ver los que estaban colgados, y luego mire la pared, confundido. Era mas grande. Recordaba que no habia espacio para colgar mas cuadros, pero ahora la mitad de la pared estaba vacia y habian clavos puestos para poner las pinturas. Mire hacia la puerta de entrada y camine hasta ella. El cuarto era del mismo tamaño. Los cuadros eran del mismo tamaño. Pero ahora habia mas espacio.
Recorde lo que dijo Aldara. Debia estar cansado. Si, haciendo memoria, la pared siempre fue asi, solo que no le puse suficiente atencion a eso. Habia estado pensando mas en que Cregh barrio la pared y el techo. No habia nada fuera de lo normal, me decia. Colge los cuadros y me aleje de la pared. Ahi estaban todos puestos, como debia ser. No podia ser de otra forma.
Ya casi no habia luz natural, nisiquiera de la luna. Fui a la cocina y llene un vaso con agua para la noche. Pase por el comedor, y todo seguia igual. Y pense que quizas debimos haberle preguntado al viejo si tenia velas.

Me dirigi al pasillo a elegir cuarto. Supuse que los demas probablemente eligirian los mas cercanos, asi que fui a la ultima habitacion a la izquierda.
Al entrar, note que el cuarto estaba oscuro. Las cortinas estaban cerradas. Caminando casi a ciegas llegue hasta la ventana, y tanteando con la mano agarre la cortina y la corri hacia un lado. Pero solo vi una linea blanca.
Levante la mano para tocar el vidrio, y me encontre solo con la madera de la casa. Confundido abri las cortinas completamente, solo para encontrarme con el dibujo de una ventana.
-¿Como...? -golpee la pared con la mano sin creer lo que veia. Un dibujo hecho con un pincel y pintura blanca tras las cortinas
Escuche la risa y los pasos de alguien desde arriba. Debia ser Cregh. Ese maldito debia ser Cregh. Deje el vaso a un lado y sali a paso acelerado de la habitacion. Ahora si se las veria conmigo aquel idiota. Subi por las escaleras pisando fuerte cada escalon, siguiendo el sonido. Estaba todo oscuro, pero al llegar vi una luz de vela filtrarse bajo una puerta.

Segui caminando hasta la puerta, pero me detuve a medio camino. Respire hondo y recorde una vez mas lo que decia Aldara. Debia calmarme y pensar un poco. Y me parecio gracioso, porque ahora estaba culpando a Cregh por sacarme la ventana de la pared y poner un dibujo en su lugar. Me rei un poco, incluso. Era todo tan surreal. Seguramente fue el artista que se dibujo una ventana en vez de hacer una. Algunos eran asi de eccentricos. Riendo me di la vuelta y me dirigi de vuelta a mi cuarto. "Ahora seguro iba a soñar con tamaña estupides" pense cuando apoye la mano en el barandal.
Y entonces me llamo.
No crei haber escuchado nada, nisiquiera sabia porque tuve esa sensacion. Trate de ignorarlo pensando que ya estaba a punto de caerme dormido del cansancio. Pero lo escuche claro como el dia.
"hijo."
Me gire a mirar a la puerta iluminada. Estaba entreabierta hacia afuera. Me llamaron de nuevo.
"hijo."
Tire de la puerta para abrirla.

Tenia una perspectiva incoherente. Todo. La cama, la silla ocupada, la estatua del caballo, colores simples, sombras largas. Y por la ventana, una noche estrellada sobre el bosque oscuro, tan brillante como la luz del atardecer. Una impresion hermosa como nunca nadie ha visto.
"te extrañe."
puso su mano en mi espalda. Las estrellas brillaban con mas fuerza, y el reloj de la torre giraba cada vez mas rapido. Pronto crei entender.
-Yo tambien papa. -dije tratando de alcanzar su alto hombro con mi brazo. Me sentia cansado. Habia caminado lejos de casa por tanto tiempo...

Y de pronto todo se fue. Escuche pasos corriendo hacia mi, diciendo un nombre.
-¡Lang! ¡Lang!
Me gire, confundido hacia ella. Palida como el marmol, me dijo
-¡Esta casa no tiene segundo piso!
Mi corazon se detuvo.
La luz se apago,
y la puerta se cerro con fuerza.

Por acto reflejo me puse entremedio para mantenerla abierta, pero me aplastaba con una fuerza colosal. Dalia empezo a tirar sin exito, y tuve que dar un salto para salir. La casa se estremecio por el golpe, y una tenue luz roja que venia de la escalera ilumino todo.
-¡Vamonos!
Dalia me tomo del brazo y empezo a correr hacia la escalera. Ya no entendia lo que ocurria. Las habitaciones pasaban por nosotros, y una mano seguia tocando mi hombro. Por la ventanilla de atras nos miraba.

Bajamos saltandonos los escalones. La luz ahora iluminaba la casa hecha de pintura. Todas las puertas abiertas, todas las habitaciones vacias. Al final nos encontramos otra puerta, y al abrirla vimos el comedor, extendiendose al horizonte.
Dalia seguia corriendo, mas rapido que yo. Las mesas y las sillas dispersas en una perspectiva invertida. En las paredes, cuadros y mas cuadros cada vez mas bizarros. Cubos y figuras imposibles, pintadas cada vez con mas furia y...
Y frente a nosotros, el volvio a aparecer.
"hijo."
me dijo extendiendome sus brazos
-Papa... -pude ver el engaño de las imagenes al escucharla. No era mi padre. Dalia empezo a detenerse y me solto, pero la tome del brazo y empece a correr con mas fuerza.
-No es real. -me dirigi directo hacia el. No senti nada al empujarlo a un lado, no tenia peso. Nada mas que una impresion.
Pasamos la mesa, y la luz se volvio mas fuerte y mas caliente. Todo el cuarto se empezo a mezclar. La pintura escurria por las paredes como sangre. Llegamos a la puerta y la abrimos. El comedor en llamas estaba del otro lado, los cuadros tirados en el suelo y el techo a punto ceder. La puerta estaba en llamas. Sin detenerme, la golpee cargandome con el hombro, y la puerta cayo a un lado mientras todo se caia a pedazos.




-Lang.
Ahi estaba, diciendo ese nombre de nuevo.
Nos encontrabamos tirados en el pasto, viendo la casa consumirse por las llamas.
-Me estas apretando la muñeca.
La solte de inmediato, mientras recuperaba el aire. Los demas estaban a nuestro lado, mirando.
Una cosa se acerco caminando desde un lado, y se sento frente a mi.
-Malo quemo la casa. -dijo Italo mientras Malo movia la cola.
-Mau...
-Gato tonto. Tu sabias que habia algo malo ahi adentro y te quedaste callado. -le grite. El no se inmuto.
-"(no era malo.)"
Suspire y me lleve las manos a la cara. Otro pedazo de la casa colapso, lanzando un monton de humo y chispas al aire.
-Deberiamos irnos. Antes de que ocurra algo mas. -dijo Italo estirandome la mano.
-Si, deberiamos... -dijo Aldara. Tome la mano de Italo y me levante, y luego ayude a Dalia. Al ver al resto, vi que traian nuestras pertenencias, mas una olla que Cregh logro rescatar. Me entregaron algunas cosas para que cargara, y empezamos a caminar a paso lento.

-¿Que creen que haya sido? -pregunto Dalia unos metros mas adelante.
-Jugo con nuestros sentidos. Es imposible saber.
-¿Pero creen que quizas haya ocurrido algo asi con otras personas?
-No sabemos. Y no quiero hablar de eso. -le respondio molesto. Dalia se quedo callada, mirando al piso mientras avanzabamos hacia el bosque.
Ya nadie tenia animos, nisiquiera Malo, que se giraba a mirar atras de vez en cuando.
-Me da algo pena el señor Roman. Que dira cuando se levante a ver...
-Ese viejo era demasiado amable. Me daba mala espina...
-Yo fui el que mas interactuo con el. Sinceramente, creo que el no tenia idea alguna de que ocurria. -dije mirando al suelo.- De todas formas, no creo que le haga falta.
-Si. Ya no tiene caso seguir con ello. Hay que seguir hacia adelante. -dijo Italo, levantando la vista.- Al menos la luna nos acompaña de nuevo.

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41 Re: R.O.L. Beta el Jue Ene 22, 2015 2:13 pm

DALIA

Lang, ¿te pasa algo?
No, Aldara. Estoy bien… —El pistolero se estaba refregando los brazos sin pausa alguna, a pesar de que estábamos junto a una fogata.
Lo que vimos en esa casa fue muy extraño. Es normal que estés algo inquieto—dijo Aldara.
Es verdad… pero estoy bien, en serio.
Me rasqué el pelo. Ítalo y Cregh estaban sentados junto a mí en un tronco, y mirábamos a Cregh y Aldara frente a nosotros. Acabábamos de dejar esa casa tan extraña hacía unas horas, y pronto habíamos necesitado montar campamento y descansar para el día siguiente.
Un espíritu que adoptaba la forma de nuestros padres, ¿eh…? —murmure—. O algo así.
—Oh, bueno, bueno. Los espíritus no existen —dijo Cregh—. Yo sé de lo que hablo. Mis profesores estaban locos acerca de que usar la magia no era más que pedir prestado poderes a los dioses, y cosas así… Así que las clases incluían mucho de espiritualidad por más que no me gustara. Y luego de estudiar por muchos años, les puedo decir que esas cosas son estupideces.
Bueno, había algo ahí, Cregh —dijo Aldara.
…Sí —dijo Ítalo, luego de un segundo para pensarlo—. Me estaba sintiendo extraño adentro de esa casa. Como… sentimental; era raro.
—Pues yo no sé. Yo dormí la mayor parte del tiempo que estuve ahí —protesto Cregh, descansando la cabeza en sus dos manos.
Pues yo también dormí un poco —dije—. Pero no tuve ninguna visión acerca del Oeste. Vi a papá… Como si de verdad estuviera ahí, como si pudiera tocarlo. Fue un sueño muy real.
Bueno… No sé si era un espíritu, pero esa era una experiencia muy cruel para cualquiera que entrase. —Bufó Lang.
Malo maulló hacía las estrellas.





Encontramos el final del bosque al día siguiente. El trayecto que siguió no fue rocoso, por suerte, sino una pradera; los kilómetros que seguían estaban cubiertos de hierba y arbolitos, donde había más fruta exótica. Pronto, cuando el hambre gano terreno pero no había más animales, nos vimos obligados a probarlas, y estaban buenas. Cregh las uso para llenar la olla que llevábamos, y de esa manera pudimos avanzar. También había caballos pastando en el camino; Ítalo, que venía de la mejor familia entre todos nosotros, supo decirnos que Alles había intercambiado ganado con el Oeste desde que los reinos se habían encontrado hace doscientos años.

Cregh creyó que era mejor continuar de pie. Si lo que habíamos oído de Azus, el gurag, era cierto, el camino adelante sería más y más duro, con los humanos siendo menos deseados… Aunque de alguna manera me costaba creer en eso, decidimos caminar, así podíamos saber lo que había frente a nosotros. Si el mago trataba de transportarnos, no podíamos saber dónde íbamos a aparecer. Además, Cregh ya se había esforzado bastante en el camino a la ciudad de Varoa.

Fueron dos semanas antes de que viéramos nuestro destino. A veces encontrábamos caminos, pero estos seguían direcciones extrañas; después de todo, no estábamos siguiendo las rutas, sino que solo caminábamos hacía el oeste en línea recta. No esperábamos a la ciudad. No levantaba luces hacía los cielos, como Varoa. Cuando apareció frente a nuestros ojos, pasando una colina, Ítalo simplemente suspiro.

Así que ahí está Aqlatan.
La ciudad era una silueta a la distancia. En vez de una destinación deseada, brillante ante nuestros ojos, parecía ocultarse, estar unida a la tierra como solo otra roca más. La ciudad subía junto a una montaña, y la depresión que la precedía estaba cubierta por un puente. Hacía los lados, grupos de casas se separaban de la montaña y se desperdigaban por el valle. Edificios enormes se levantaban desde la montaña a medida que esta subía, con nubes bajas cubriéndolos y haciéndolos negros.

Es enorme —dijo Aldara.
Realmente hay mucha población en el Oeste —dije yo—. Son gente muy civilizada.
Lang también parecía muy impresionado, a juzgar por su expresión. Solo Cregh le restaba importancia al asunto, y dijo lo que todos debíamos haber estado pensando.
—Pero todavía no tenemos las ropas blancas que necesitamos, chicos.
Era verdad. No habíamos a visto ningún humano en nuestro camino; sí habían pasado otros bichos en carruajes, pero nos habían dejado en paz. Por suerte, no habíamos visto más cuervos luego de aquel grupo que iba en dirección a Varoa; parecía que estábamos haciendo un buen trabajo en mantener un bajo perfil hasta ese momento.
Está bien —dijo Lang—. Todavía pueden pasar tres de nosotros con los trajes que tenemos. Y quizá ni siquiera pase nada…
Es verdad, solo es un color de ropa —dije yo, animada.
—Ay, dioses, siento que todos se volvieron tontos en esa casa y yo solo me salve por haber estado durmiendo. —Se quejo Cregh—. ¿Acaso se olvidaron de todo lo que nos dijo Azus? Es verdad, quizá la gente que no cree en esa iglesia no nos haga nada, pero cuando el tarní de esta ciudad es un “iluminado”, la opinión de esa gente ya no es muy importante. Azus dijo que los humanos no iluminados no tienen permitido pasar a las ciudades… ¿Entienden eso? ¡Somos apedreados!
¿Como puede ser? —Se quejo Aldara—. ¿Todas las personas en esa ciudad hacen lo que les dicen ciegamente?
Nos encontrábamos bajando una colina hacía la ciudad. Había un par de docenas de metros antes del puente, y allí ya podíamos divisar a unos guardias. Aldara camino hasta un árbol y se apoyo en él, bajo su sombra.
Mmm —dije yo—. Alguna gente puede estar muy unida a sus dioses… Los etéreos pueden servirnos como apoyo, como un sostén para cualquier situación. Yo entiendo a la gente de Aqlatan. —Aldara desvió la mirada, no muy convencida. Me sentí un poco tonta—.  Hey… Si no hubiera creído en los etéreos, en Destino, nunca hubiera partido en este viaje.
Tiene razón. Ellos son libres de creer que su “deus” es real —dijo Ítalo—. No es culpa suya que esta iglesia les diga que los humanos van en contra de ese tipo.
—Pero ellos van en contra, ¿no? —Dijo Cregh con una risita—. Nosotros queremos matarlo. Es cierto, nosotros queremos matarlo, así que nosotros creemos que él es real, ¿no?
Bueno… eso vamos a saberlo en Verin. —Dijo Ítalo—. Pero Wendagon era como… un Oráculo, como el que vimos en aquel templo. Y él vio que este Deus estaba por despertar. Así que no se sí sea un dios, pero si debe ser alguna especie de animal.
Aldara suspiro.
Supongo que tienen razón. Es solo que la ciudad parecía tan bella antes de pensar en que iban a apedrearnos…
Sí. —Dijo Lang.

Camino unos pasos, hasta fuera de la sombra del árbol. Uso su mano para cubrirse del sol, y miro hacía la ciudad, hacía la montaña adelante.
Una ciudad que se contempla mirando hacía las alturas. —El pistolero tomo aire. Medito durante unos segundos—. Bien… no sería la primera vez que pasa una de estas cosas. Quien sea que controle esta iglesia seguro ni siquiera está interesado en este deus. Pero puede usarlo para dirigir a la gente, hacer que ataquen a la especie que él quiere que ataquen… Seguro que hasta trabaja con ese grupo con el que nos estuvimos encontrando, los que quieren matarnos.
—Pues no sé. —dijo Cregh. Se había sentado en el pasto—. Azus nos dijo que la iglesia venia tratando de influenciar a los tarnies de las ciudades hace más de cinco años.
Oh, bueno. No ganamos nada con hablar de ello. —Dijo Ítalo, también saliendo de la sombra del árbol—. Es mejor que nos pongamos en acción. Creo que es muy peligroso solo pasar caminando, está bien… Así que podemos entrar tres de nosotros, conseguir ropas para el resto y volver.
Bien. Que Dalia vaya —dijo Lang—. Yo no voy a ser de mucha utilidad, siendo franco. Ella puede aguantar un piedrazo, pero yo no…
—Y yo tampoco voy a servir. —Dijo Cregh—. La magia deja un rastro fácil de buscar. Si no usé magia en el camino hasta la ciudad, de menos utilidad será en la ciudad misma.
No seas tonto —dijo Ítalo—. Sos demasiado útil. Podes hacer fuego en los cuartos oscuros; transportarnos si nos atrapan. Sería tonto que no vayas.
—Bueno… si vos lo decís.
Sí, supongo que está bien —dije. Ahora que era una posibilidad tan real, el aspecto de la ciudad entre sombras me ponía algo nerviosa.
Y yo también quiero ir —dijo Aldara, mirando a Ítalo—. Quiero ver a esa iglesia de cerca.
Mmm… ¿estás segura? —Respondió el arquero—. Digo, ahora puedo hacer esto, ya sabes cómo es —y una chispa surgió de su mano. Fue solo un segundo, pero se vio iluminada por la luz eléctrica.
Sí, por favor.
No me molesta.
—Muy bien, entonces. Vamos. —Dijo Cregh, tomando una de las túnicas blancas. Aldara y él se las pusieron encima, y empezaron a andar.
Vamos a estar del otro lado de la colina —me dijo Lang—. Si no vuelven por la noche vamos a entrar a buscarlos. Recorda esto, Dalia. Vuelvan por la noche, aunque tengan que transportarse de repente para llegar a tiempo.

Asentí, con un escalofrió recorriéndome. Parecía como si estuviéramos tomando demasiadas precauciones. Tentando a la suerte.

Me saque mí vestido de abrigo y me puse la túnica. Incomoda como era, corrí colina abajo, detrás de Aldara y Cregh.
Pronto alcanzamos el puente. El valle se precipitaba hacía abajo en ese punto, volviendo a subir en la entrada de la ciudad, donde la montaña se elevaba a los cielos. Cubiertos por el sonido de los vientos a nuestro alrededor, volando nuestros trajes y haciendo que tengamos que sostenernos de las barandas del puente, alcanzamos a los guardias.  

Nadie dijo nada. Pasamos sin bajar el ritmo, como si fuera algo que hacíamos todas las mañanas, aunque sí los mire de reojo. Eran hombres lagarto, llenos de escamas y con una cola que parecía más larga que ellos. A su vez, todos ellos superaban nuestra altura. Uno de ellos giro su cabeza hacía mí, su armadura de hierro tintineando con el movimiento. Empezó a gruñirme. Pronto corrí la mirada, acelere el paso.
—Eran como mi hermano… pero dos veces más grandes —dijo Cregh, sorprendido.


El puente llevaba a unas escaleras de piedra. Los tres subimos en silencio, escuchando con atención ante cualquier cosa. Pero con flores de la montaña saltando a los lados del camino, y el calor de la primavera apretando la túnica blanca contra mí, no pude evitar sentirme viva. Empecé a silbar una tonada, una canción de mamá, y cerré los ojos. Cregh y Aldara, un par de escalones delante de mí, escucharon por un minuto, y Cregh se dio vuelta.
—Dalia… No quiero ser bruto, pero sería mejor que no cantaras ahora.
Vamos… estas preocupándote demasiado. —Proteste—. Los guardias nos dejaron pasar sin problemas, ¿no?
Sí, pero igual no queremos llamar la atención. Buscamos asaltar a dos personas, ¿te acordas? —dijo Aldara, susurrando esa última parte.
En serio. Se están preocupando demasiado. Nos dijeron que acá apedrean a los humanos, pero, ¿no nos habían dicho la misma cosa acerca de todo el continente? Y aun así… Dalir, Azus, Roman; toda esa gente fue amable con nosotros. En este lado del mundo no se ven arañas por ningún lado… Es casi más pacifico que allá.
—Bah, ¿qué? ¿Te vas a quedar a vivir acá? —Mascullo Cregh, sin ningún tacto.
No, solo digo… que no me pidan que tenga miedo —dije, algo molesta.
Pero al parecer eso molesto a Aldara. Frunció el ceño ante mi comentario, y se dio vuelta y siguió subiendo.
No tiene nada de malo tener miedo —dijo entonces.
Cregh y yo nos miramos. Aldara ya había subido hasta la calle. Pronto la alcanzamos.
Si la gente apedrea a los humanos que no usan esta ropa de iluminados… —siguió—. Lo harían por miedo. Y si nosotros viajamos hasta Verin y matamos al deus para que no destruya nuestras ciudades… también seria porque tenemos miedo.
Ahora estaba mirando al suelo. Por un segundo fui incapaz de moverme. Entonces avance hacía ella y le puse una mano en el hombro. Le sonreí. Ella me miro, pero no me devolvió la sonrisa.
Cregh, mientras tanto, miraba alrededor un tanto incomodo. Seguí su vista, y vi que estábamos en una calle de piedra que se dividía en varios caminos.  Las casas se repartían sin ningún orden, y más adelante aviste otra escalera. Debía llevar a otro nivel de la ciudad, supuse.

Una de las casuchas frente a nosotros se abrió, dejando salir a una mujer lagarto. Tomados por sorpresa, intentamos salir del centro de la calle, pero ella ya nos había visto. Llevaba un balde en las manos, y ropa colgada en un brazo. Sus ojos se cerraron ligeramente y nos hablo en su idioma.  
Cregh se mostro confundido durante un momento, y entonces sus labios empezaron a temblar. Muy despacio, con dificultad, intento darle una respuesta a la señora, hablando su idioma. Por la forma en la que giro la cabeza, supe que no había tenido mucho éxito.
—Que mal —suspiro Cregh—. Intente decirle alguna de las frases que Cresso soltaba a veces… Bueno, ¿acaso son todos tilisios en esta ciudad?
—¿Son humanos? —dijo la mujer lagarto, de pronto—. ¿Son… son nuevos en la ciudad?
Iba a decirle que sí, pero Aldara me paro. Mire bien a la mujer. Estaba estudiando nuestros vestidos blancos de arriba abajo; ¿cómo podíamos tenerlos si éramos nuevos?
Somos… bueno, es complicado —balbucee.
—Sí. Somos nuevos —Dijo Cregh entonces. La señora solo dejo el balde en el suelo y se froto la barbilla.
—Mmm… no saben, entonces, supongo yo. Sí, sí, acá los tilisios somos muchos… ocupamos toda la parte baja de la ciudad.
No sabía que se divieran por especie —dijo Aldara.
—Mm, nueva acá, ¿eh? —dijo la mujer. Con “acá”, estaba refiriéndose a todo el Oeste, pensé—. Sí, es muy común, muy normal que los pueblos se junten, al menos fuera de las ciudades de comercio… Nosotros los tilisios solo ocupamos la parte de debajo de la montaña, igual. Pero somos baratos, somos simples y fáciles de conseguir y buenos para ser soldados o guardias… —en este punto, el discurso de la señora se quebró y su mirada se hizo melancólica. Me pregunte si su hijo había sido tomado para trabajar como escolta o algo así, pero la verdad era que no teníamos tiempo para esas cosas.
Muy interesante —agradeció Aldara, mientras Cregh empezaba a andar y a dejarnos atrás. Aldara pronto fue tras él, pero la señora lagarto me detuvo.
—Sin embargo… escucha, nena, escucha. Somos buenos para matar, somos baratos, pero no somos tontos. Acá abajo no nos van a convencer de que hablar este idioma está mal, pero arriba…
—¿Q-Qué dice? —dije, algo confundida.
—Nada. —Se rindió, entonces—. Anda con cuidado, nena. —Y me dejo ir.



Mientras se daba vuelta hacía su balde, me di  vuelta y trote hasta el resto.
Um… Qué cosas, ¿eh? —dije.
Sí. Incluso debe haber una Ciudad Cuervo… —dijo Aldara, abstraída.
—Ay, dioses. No gracias —dijo Cregh.
Cielos —bufí, removiéndome el pelo. El comentario de Aldara logro distraer mi cabeza—. De verdad era una mentira que los últimos cuervos estaban en Veringrad, ¿eh?
—Bueno, no es tan así —dijo Cregh—. Al menos eran los últimos cuervos en nuestro reino. No conozco muy bien los detalles, pero creo que esa especie era tan agresiva que apenas podía convivir con los humanos. Y pronto el puñado que quedo se tuvo que resguardar en la capital, donde las leyes de protección contra bichos se toman más en serio.
Sí, yo también escuche algo así —dijo Aldara.
—Entonces, ¿cuál es el plan? —pregunto el mago.
Esa señora dijo que habían mas especies más arriba. No debería tomarnos mucho encontrar algún humano —dije.
A mi me interesa más saber algo de la iglesia… —dijo Aldara.



Subimos hasta otro acceso, y todo se hizo oscuro. El sol tapado, todo a nuestro alrededor se cubrió de sombras. Seguimos avanzando. Las calles ahí se elevaban naturalmente siguiendo a la montaña, pero las casas continuaban siendo sinuosas. Parecía como si nos adentráramos en un laberinto de piedras. Siguiendo esa caminata hacia arriba, muchos más bichos empezaron a aparecer, pero todos evitaban nuestra mirada. Esos vestidos blancos no eran muy amigables, pensé. Y destacaban mucho contra la oscuridad que causaban las nubes.

Cregh y nosotras nos separamos. Nos dividimos por dos caminos diferentes, y dimos una vuelta a la redonda. Luego de alrededor de una hora, Aldara pareció ver algo y me pidió que encontrásemos a Cregh. Volvimos hacía atrás, buscamos al único humano de traje blanco que había por esas alturas y luego volvimos.

Miren, ahí.
Doblando en una esquina, un grupo de hombres lagarto y un hombre peludo salían de un edificio con escrituras talladas en las paredes.
—Ey, es como… es como… —empezó a decir Cregh.
Una capilla —termino Aldara—. Vamos, quiero hablar con esa iglesia.
¿Estás loca? —Exclame. Fui incapaz de evitar levantar la voz—. ¡En cuanto hablemos con ellos van a saber que no somos parte de la religión!
Pues les decimos que encontramos las ropas en un callejón, y estamos interesados en unirnos. Vamos, Dalia…

Me mire con Cregh, insegura. Entonces, una mano rosada se extendió desde la capilla. Cuando el último hombre lagarto paso, cerró las puertas detrás de él, y pudimos ver el rostro de un humano al final de esas palmas. Un humano con túnica blanca. Me mire con Cregh de nuevo, y cerró los ojos. Ya no podemos protestar, decía.

Pasamos adentro de la capilla. Era un cuarto pequeño, con solo algunas sillas y un banco grande al frente de todo, donde debía sentarse el… que fuera el administrador en una iglesia, pensé. Desde donde los fieles podían escucharlo. En la pared del fondo, un lienzo colgando desde arriba separaba el paso a otro cuarto.

La habitación estaba vacía, pero no tuvimos que quedarnos mucho tiempo antes de que viniera alguien. Era el humano de antes. Bajo mi túnica, tantee el borde de mi espada, nerviosa. Nos saludo con una sonrisa.
—Bienvenidos. No los había visto antes por acá.
—Pues… eh, venimos de otra ciudad —empezó a decir Cregh—, de una capilla de otra ciudad…
¡No! —Lo callo Aldara—. Digo, no, venimos de la capilla de otra ciudad pero ahí eran miembros amigos nuestros… Y nos prestaron sus ropas…
—Entiendo, entiendo —dijo tranquilo el hombre. Era un hombre moreno, flaco, de bastante edad. Usaba uno de los vestidos blancos. Se parecía un poco a Cregh, excepto por lo de que era flaco—. Si vinieron por una de las charlas, la verdad es que tuvimos una hace justo un momento…
En realidad —dijo Aldara, eligiendo las palabras con cuidado— no somos parte de la religión. Ósea, iluminados. Quiero decir… que nos gustaría aprender.
— Mmm —murmuro el hombre—. Ya lo suponía. Porque hablan este idioma, quiero decir.
Hasta ese momento, la actitud de ese hombre me estaba poniendo nerviosa. Estaba tranquilo, demasiado tranquilo para alguien en un edificio que buscaba que ejecutasen a todos los humanos, y para estar hablando con un grupo de ellos que no creían en eso. Pero entonces se sentó en uno de los asientos pequeños, y acostó la cabeza entre los brazos.
—Sí… hablarlo es una de las cosas que más extraño —y soltó una risa amarga.
Aldara lo miro con una mirada profunda.
¿Podría ser…? Señor, ¿usted cree en las cosas que dice esta iglesia? —El hombre sonrío. Era una sonrisa pesada.
—Sí, linda. Lo lamento. Yo nací acá.
—¿Eh? —Dijo Cregh—. ¿De verdad?
Pero, ¡dice que los humanos son torturadores que deberían morir! —Exclamo Aldara—. ¿Cómo podes creer en eso?
—Así que escuchaste de eso, eh… Supongo que los cines ya habrán alcanzado Varoa. Sí… es verdad, dicen eso. Pero en realidad están hablando del este, no de los humanos.
El humano levanto su sonrisa hacía nosotros. Gesticulo con la mano para que nos acercáramos, y tomamos asiento frente a él.
—Vienen de allá, ¿no?
Aldara dudo un momento, y asintió despacio.
—Hmm. Lo suponía. Sí, en realidad están hablando del este, no de los humanos. Piensen en eso durante un momento. Nosotros escuchamos las historias. Lo que los humanos les hicieron a sus huginn, por ejemplo. —Tragué saliva—. E incluso sin eso, el hecho es que los humanos nos invadieron. Invadieron Veringrad y la hicieron suya.
—Veringrad fue construida por humanos —dijo Cregh, con la voz algo reseca.
—Eso… no es verdad —se limito a decir el hombre—. Y… en fin… algo tiene que hacerse. Ustedes entienden esto, ¿no? Yo se que mienten, al fin y al cabo. La verdad es que mienten, pero es un medio para que se haga justicia. Lo entiendo. Aunque tenga que usar estas ropas para que no me confundan con un humano que no esta iluminado.

Aldara parecía confundida. Parecía enojada. Decidí hablar yo.
Pero, entonces, ¿no creés en los Etéreos? —pregunte. No había podido contener mi curiosidad.
—No, linda —rio—. Deus es real. Todos saben que yace en Verin.
—Pero los Etéreos son la naturaleza —dijo Cregh de pronto—. Si tomar energía del aire nos permite hacer un hechizo, tiene que ser porque el aire es divino, más que normal, ¿no?
Me quede sorprendida durante un momento, pero entendí que Cregh estaba repitiendo cosas en las que no creía solo para ver que iba a responder el hombre.
Él pareció pensar su respuesta durante un momento.
—La magia solo es parte de las cosas que Deus creo cuando creo el mundo —dijo al fin.
—¿Entonces eso es todo? —Exclamo Cregh, enojado—. ¡¿Todo lo que hay hasta donde llega la vista son regalos de este Deus?! ¿Entonces somos, qué, sus putos sirvientes al vivir la vida?
El hombre frunció el seño.
—Cuida tus palabras. Deus nos dio la vida… Seguir sus caminos, lo que está escrito, solo es apoyar a la vida. Seguir el camino que va a darnos mayor prosperidad.
Cielos… —susurro Aldara a mi lado. Me gire hacía ella—. Es verdad. Esta gente no cree en Destino.
—No, no lo hacemos —dijo el hombre. La había escuchado—. Pero creemos… es decir, creo… en el destino mismo. El destino del Oeste. El camino que lleva al bienestar en la tierra.
—Y “la tierra” serian solo las tierras de los bichos, ¿no? —mascullo Cregh.

El hombre le dirigió una mirada molesta.

—Yo conozco a los etéreos —dijo—. Los estudie. Sé que se supone que ellos son todas las cosas que forman el mundo, y que se dice que Destino siempre visita a las personas, tarde o temprano, para llevarlas al camino para el que nacieron, y para que cumplan su cometido. Pero Deus es igual. Deus es parte del mundo, así que su bienestar es el bienestar del mundo. Apoyarlo es hacer lo correcto para el equilibrio del mundo… Estoy seguro de que ustedes piensan igual acerca de su tal Destino.
Ninguno le dijo nada. Todos nos quedamos callados por unos momentos.


Estaba segura de que Cregh estaba pensando en asaltarlo y quitarle sus prendas. Pero yo tenía otra duda en la cabeza. Quizá no necesitaríamos ir a la Gran Biblioteca.
Um… Por cierto… —hablé, temerosa de romper el silencio—. Por casualidad, ¿sabes qué es el Thi-Yit? ¿O el “Antiguo Testamento”?
Su mirada cambio. Parecía sorprendido.
—¿Qué…? —me dijo—. ¿Dónde escuchaste esos nombres?
¿Qué son? —Insistí.
—Son, bueno… Deus duerme hace doscientos años. Algunas personas creen que esta escrito que cuando despierte, eso va a significar que el Oeste también va a levantarse en poder, y a recuperar todas sus tierras de Alles… pero es solo una leyenda que se cuenta entre grupos revolucionarios. Si el Antiguo Testamento de verdad existe, entonces sería un registro escrito de las palabras del Deus, y eso es casi imposible de creer. Además, sería tan viejo que… No, es imposible. —Permaneció pensando durante unos momentos—. Y el Thi-Yit es aun más raro. Un libro que cuenta todas las historias sobre Deus, incluyendo el Antiguo Testamento. Mmm… ¿Dónde escuchaste esos nombres?
Bueno… lo escuche de un cuervo en el Este —dije, intentando evadir el hecho de que teníamos el libro. Sin embargo, mi respuesta agito al hombre de todas maneras.
—¿U-Un cuervo hablando del Antiguo Testamento? ¿Dónde paso esto?
—Um… No tenemos por qué decirte nada —balbuceo Cregh, algo confundido por la reacción del hombre.
—No, ¡escuchen! —Exclamo, alzándose de la silla—. La iglesia estuvo escuchando muchas cosas acerca de un grupo hablando del Antiguo Testamento… Dos cuervos y un mago, de más no estamos seguros… pero se los está viendo por demasiados lugares, están matando a gente de la iglesia. Tienen que decirme, o más gente podría morir.
—¿Qué? —Pregunto Cregh—. ¿No están trabajando con la iglesia?
—N-No —dijo el hombre—. ¿De qué estás hablando?

Bueno, ya es suficiente —dijo Aldara. Se levanto de su asiento, y abrió su túnica para tomar una cantimplora. Cregh entendió el gesto, y se levanto también.
Cregh salto contra el sujeto, apretándolo contra una pared desde el cuello.
—Tiene razón. Ya hubo demasiada cháchara. Ahora te vamos a mostrar un libro, y es mejor que lo puedas leer.
Cregh abrió su cartera, sacando el Thi-Yit. Los ojos del hombre se abrieron en incredulidad.
—¿Leer? ¿Leer eso? Pero… No…
—Ay, dioses. —Cregh se aplasto la cara—. ¿También nos vas a decir que no podes leerlo?
—Este texto… Este texto es… —El hombre intento liberar las manos para poder alcanzarlo. Cregh se corrió un poco para atrás, solo un poco, liberando algo de presión. El hombre tomo el Thi-Yit y hojeo algunas páginas—. Este texto es demasiado antiguo… Es sagrado… Solo un alto sacerdote de la iglesia debe ser capaz de leerlo, o un Oráculo…
—Puta mierda. Puta madre que lo pario…



Y antes de que Cregh pudiera seguir insultando, apareció una luz del otro cuarto. Y Cregh se quedo completamente callado.
Todos mirábamos hacía la cortina que ocultaba el siguiente cuarto. Ninguno decía nada. Y de pronto Cregh grito.

—Fue magia. ¡Acaban de usar magia ahí adentro! —Y el olor a quemado alcanzo mi nariz.

Cuando me di cuenta, Aldara ya estaba corriendo hacía el cuarto. Y la cortina se prendió fuego. La tela se partió en varios pedazos, cayendo. Entonces, la capilla se ilumino desde el otro cuarto. La luz del fuego. Del incendio que había allí. Pronto, el humo cubrió todo y empezó a pasar a nuestra habitación. Aldara estaba inmóvil, contemplando.  Y, de pronto, vi a una figura entre el humo. Que venía del otro cuarto. Como si las llamas no le significaran nada.

Aldara movió sus manos hacía su cintura. Trato de alcanzar su cantimplora, de abrir la tapa para poder lanzar el agua en su interior. Pero antes de que sus dedos alcanzaran abajo, su cuerpo se lleno de fuego, llamas surgieron de su piel y la cubrieron, y cayó al suelo. Cregh exclamo por su nombre. Mi corazón pareció detenerse cuando entendí que el siguiente en encenderse iba a ser él. La figura entre el humo levanto su mano hacía Cregh. Salte hacía ella. Sin embargo, ya era demasiado tarde.

Pero Cregh no se quemo. De alguna manera, flamas aparecieron en el aire una tras otra, pero eran arrastradas hacía el cuello de Cregh. Solo entonces note que llevaba un collar rojo en el cuello; el collar continuo absorbiendo las llamas, pero la figura no bajo su mano y estas se extendieron hacía los lados.

Y alcanzaron al hombre que Cregh sujetaba. Su vestido blanco se encendió como un montón de hojas, y alcanzaron su piel. Por un segundo me pareció ver como esta se derretía como una vela. Pero no se quedo quieto por demasiado tiempo; pronto estaba revolcándose en el suelo, chillando ante el dolor. Junto a él, el Thi-Yit se retorcía entre las llamas.
—¡No! ¡Nooo! —Exclamo Cregh.  


Salte hacía la figura, que vislumbre como una mujer humana. Para mi sorpresa, llevaba uno de los trajes blancos de la iglesia. Pero eso no tenía sentido, porque la reconocí…
Vos… Te vi en Havenstad —balbucee. Y ese momento de duda me condeno. Encendió mi cuerpo en llamas, aunque mi espada me protegía; entonces Cregh apareció entre nosotras, sin su vestido blanco. Golpeo a la mujer en la cara, doblándole la mirada y lanzándola contra una pared. Mientras mi espada se esforzaba en luchar contra el dolor, y recuperaba el aliento, de alguna manera entendí que Cregh había usado su traje para apagar el fuego alrededor de Aldara, y que no usaba su magia porque no tendría sentido lanzarle una bola de fuego a un ser así.

La mujer se dio vuelta hacía Cregh, que se preparaba para golpearla de nuevo. Yo vi que estaba sosteniendo un cuchillo, y salte contra ella con mi espada. Ella pudo evitar el corte, pero dejo caer su arma. Entonces estiro su mano hacía mis ojos; no había esperado eso. Las flamas aparecieron en mis pupilas y no pude evitar chillar de terror. Levante mis manos hacía mis ojos, dejando caer mi espada… Ella no tuvo problemas en tomarla.

Cregh la sujeto de un brazo, tratando de pararla. Ella se giro hacía él, acercándose en una especie de abrazo, y le clavo mi espada. Cregh cerró los ojos, pero entonces los abrió confundido. La espada no hizo ningún corte. Era inútil en sus brazos. Y las llamas que continuaba creando solo se torcían hacía el collar de Cregh. El mago salto sobre ella, lanzándola al suelo de ese cuarto incendiándose. Le apretó el cuello, y giro las manos, manteniéndolas en su cuello… Pero sus ojos perdieron fuerza, y al final se cerraron. Cregh cayó al suelo, inconsciente debido al humo que cubría todo el suelo. Yo vi todo esto casi sin fuerzas, casi sin aire, intentando arrastrarme hacía mi espada. Pero ella me vio. Se levanto tranquilamente y la junto del suelo.
Hm. Pedazo de metal inútil —susurro, aclarándose la garganta. Lanzo la espada a un lado, y miro al hombre de la iglesia que había incinerado—. Blasfemo.  Él tenía razón. Todo esto es blasfemo.
No… No entiendo —me queje, con los ojos llorosos—. Tenes un vestido blanco, ¿por qué haces esto…?
Karus sabe qué hacer. —Susurró en respuesta, sin mirarme—. Karus siempre sabe. Siempre nos dice que hacer… y sabe que esta gente es blasfema. Yo no lo sabía. Karus me dijo la verdad.
Y se puso a mirar alrededor del cuarto. Aldara estaba inconsciente, al igual que Cregh. El Thi-Yit estaba destruido. Despacio, muy despacio, como si pensara en cada paso, avanzo hasta mi bolso, que había dejado en la entrada del lugar. Las llamas aun no lo habían alcanzado. Bajo la mirada hacía él.
Me atragante para hacer que palabras salieran de mi boca; le grite que parara, que no lo hiciera. A pesar de eso, simplemente movió un dedo, y las flamas lo alcanzaron. La enciclopedia de mamá ardió.


Entonces tomo a Aldara del cuello y la arrastro hasta la salida de la capilla. Hizo lo mismo con Cregh, y entonces llego a mí.

Le rogué que se detuviera, pero no tenía fuerzas para levantarme y huir.

Karus dijo que era mejor sacarlos afuera. Que ser humano en esta ciudad es… pecado. Que van a ejecutarlos solo por estar en la calle… pero van a hacerlo en público… frente a todos —mascullo la mujer. Le seguí pidiendo que parara, pero mi voz era apenas reconocible ya. Me tomo del cuello de mis ropas, y me dejo afuera. Un grupo de bichos se había juntado y miraban preocupados.

Cuando me gire hacía la mujer, ya no estaba ahí; con mis últimas energías, entendí que debía haber desaparecido como siempre hacía esa gente. Debía haber puesto su dedo en un anillo, en un mísero anillo, y se había ido en un instante para aparecer en otro lugar en un instante y acabar con todo en un instante… Para arruinar vidas, para acabar con vidas. Con mi último pensamiento, supe que nada de lo que había dicho ese pobre hombre en la capilla era cierto si llevaba a eso. Simplemente no podía ser defendido. Y supe que me había equivocado. Mientras subíamos por Aqlatan, y cantaba en las escaleras, me había equivocado acerca del Oeste. No había nada de piadoso en él.


_________________
La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
Spark-a-dark, who's my sire? Will I lay me? Will I stay me? Bless this camp with fire.



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42 Re: R.O.L. Beta el Miér Feb 04, 2015 5:01 am

Ítalo


El telón de Varoa se cerró más rápido de lo que creíamos. El cielo seguía claro y el rumbo era imposible de cambiar. Una línea recta,siguiendo al sol mientras se escondía,el Oeste. Después de que el espectáculo fuera interrumpido prematuramente conocimos al gurag que nos dio estadía en su restaurante. Nos volvió a insistir sobre volver hacia el Este pero no comprendió jamás de que había fuerzas más grandes para llegemos hasta el Oeste.¿Cuán al Oeste? ahora lo sabíamos. Verin.

Arriba,desde el primer día de dejar el domo por la tarde hasta llegar a Aqlatan, nos protegió la luna con su manto de luz blanca. Las noches se hicieron cortas y los días largos y la distancia fue recorrida exclusivamente a pie por decisión de Cregh. Pensé que el mago se iba a resignar de caminar al tercer o cuarto día, pero desconocía cuán detectable era la magia.
Caminamos con el sol a nuestra espalda por la mañana y arriba de los ojos por las tardes. Tal vez fueron durante esas semanas cuando comprendimos todo, o almenos cuando terminamos de entenderlo. Sentíamos un nudo en el estomago al saber con cada mirada hacia atrás, todo dependía de nuestro desempeño en lo que teníamos adelante. Eran pesadas cadenas pero la brisa soplaba hacia el oeste y había algo que aligeraba toda la carga.

Pasando el mediodía llegamos a la colina donde se encontraba Aqlatan, la ciudad se disponía al pie de esta y se extendía hasta el punto más alto. Delante nuestro se encontraba una enorme depresión de la tierra. Un puente colgando unía las montañas con las praderas.Dalia,Cregh y Aldara,en ese orden, se pusieron las túnicas y partieron hacia la colina. Con Malo como guía nosotros nos dirigimos a rodear la montaña. El tiempo simplemente paso mientras caminabamos hacia la derecha. Encontramos un puente colgante más bien alejado,donde no había nadie que nos viera. Ya Aqlatan había quedado atrás,ahora estábamos el lado norte del lugar y recibiamos la mejor parte del sol. Nos metimos en una gran arboleada(por no decir bosque) e insistimos con la caminata. La flora del Oeste era hermosa,pero en una distinta a la del Este. Parecía tan...áspera. Sus colores no variaban de un verde demasiado profundo,pero sus colores no resaltaban. Aunque las formas de sus hojas eran muy variadas y de texturas que jamás había visto. Algunas parecía hechas a mano,cocidas,fabricadas con seda o algodón,pero había una extraña ley que prohibía que algo fuera distinto a ese color verde oscuro.
Al rato,encontramos un gran claro que contenía un lago en su seno.Ni a Lang,ni a mi-ni a malo- nos apeteció refrescarnos en el lago. Decidí solo tirarme en el pasto,mientras que Lang tomó lugar en una piedra a la sombra a un par de pasos de distancia. Ahí tirado pude notar cuán cerca estaban las nubes del piso,parecía podía soplarlas sin más.Mirando más allá de los arboles parecía que una gran tormenta se avecinaba. Si no recordaba más no habíamos tenido ningún cruce con nubes,solo pequeños pedazos dispersos en el cielo. Aunque claro,después de ver las imagenes en movimiento y el domo de Varoa nada se podía negar en el Oeste.
Con la suave brisa me quede inmerso en sueño ligero y muy agradable hasta que Lang me sacudió.

-Ítalo...mira eso..-habló lang,casi susurrando.

Había un animal al otro lado del lago que se había acercado a beber agua.

-Eso..es un oso?
-Dioses...es un oso de verdad, en el este.
-A-apenas vi unos pocos en Alles,que hace una bestia así acá?
-No me interesa, pero tenemos que cazarlo, son 400 kilos de carne asegurada.No tengo que recordar que es la primera cosa que no habla desde que llegamos.
-Bueno,estaban esos caballos y... todavía no sabemos si no habla y nos detesta por ser humanos.

Tomé mi arco y flechas mientras me incorporaba. Lang ya había desenfundado su pistola.Tan sutilmente como pudimos nos movimos rodeando el lago. Paso a paso nos acercamos a la bestia, que bebía sin preocupación alguna. Cerca más cerca, pero seguíamos estando lejos de un lugar donde se pudiera dar un disparo letal.No podía procesar el hecho de que hubiera una criatura libre en el Oeste,ciertamente era lo primero que veíamos después de los caballos de sangre pura. Era nuestro boleto para comer carne roja después de un buen hiato.
Uno no debe entusiasmarse tan fácil, por que lo que fácil viene,fácil se va. El oso levanto su cabeza con las orejas en punta y se escabulló en el bosque en un parpadeo.

-Maldición.-concluyó Lang.
-Es imposible que sea el único de su especie,debe haber más como él.
-Lo sé. Pero realmente quería cazarlo ahora.No puedo sacarme de la cabeza que algo va mal.

Miré a Lang y después miré al cielo. Tal vez habían pasado 4 horas desde que habían entrado. Quizás un poco más.El sol ya se encontraba en un parabola descendente.

-Calma,todavía falta para la noche.
-No,no es eso. Hay algo que me dice que esto va mal.-dijo inmediatamente después a que terminara mi frase.
-Imagino que Cregh los hubiera transportado hasta acá si algo se hubiera ido de las manos.
-Como sea,todo esto me da mala espina.-insistió-¿No lo sentís?

Noté algo en mi piel,pero era cuestión de que la temperatura había bajado. También pude ver que la tormenta estaba no muy lejos de nosotros. De todas maneras,podía olfatear algo más en el ambiente.

-No deberíamos dejarnos llevar por corazonadas. Pero puede que tengas razón.
-Es algo más que una corazonada, no creo poder describirlo en una palabra,pero esta acá. Por más que no lo vea siento que puedo abrazarlo e incluso hacerme un retrato con él  y aunque en el retrato no se va otra cosa que mi rostro, cada vez al mirar el retrato encontrar la misma sensación que siento ahora.

Era difícil contestar al discurso de Lang cuando lo único que sentía era un poco de frío.Podía sentir que algo pasaba pero no me desesperaba. Sabía que seguramente no estaba en lo correcto. Trataba de recordar y contar los segundos que tardaba Cregh en llenarse de luz las manos y las posibilidades parecian disminuir. Necesitaban un parpadeo para escapar.

-Todavía faltan 2 horas para que anocezcha,¿que preferis hacer?
-Envié a Malo a conseguir información mientras dormías. Con un poco de suerte vuelva pronto.
-Acortemos distancia,empecemos a caminar hacía allá.

Nisiquiera habían pasado 5 minutos de ponernos en marcha cuando vimos el puente colgante y Malo en su modo perro gato del infierno. Hasta un estúpido podía darse cuenta de que algo no iba bien.

-Miau-soltó Malo con una voz mucho más ronca y seca.
-Mierda.Vamos,rápido.

Lang agachó la cabeza y comenzamos a correr hacía la entrada que habían usado los chicos.Claramente esto se había ido de las manos.

-Cuán grave es?
-Más de lo que pueda explicar con palabras ahora mismo.

A toda velocidad llegamos a la entrada en unos largos 15 minutos. Lang se encontraba en buen estado físico,siendo franco.
Allí estaban los guardias uno a cada lado del camino.Soportando la ansiedad que nos pesaba en cada célula del cuerpo tuvimos que parar y pensar nuestro siguiente movimiento.

-Deberías acercate y simplemente volarle los celos. Yo mato al segundo desde acá.
-Del 1 al 10,cuanto debería confiar en tu puntería?
-10. Cuanto debería yo?
-11-remató-Vamos.

Lang cruzo el puente colgante con Malo en su forma común. Cuándo faltaban unos pocos metros para toparse con los guardias cruce el puente y preparé la flecha. Tan rápido como levanté la cabeza vi como la cabeza del guardia explotaba dejando una obra primitiva de sangre en la pared con  algunos relieves de carne junto a ella. Antes de que el guardia pudiera reaccionar a que su compañero estaba muerto la flecha ya había salido disparada de mis dedos y en una fracción de segundo se alojaba entre sus 2 ojos. Corrí hasta los guardias y saqué la flecha de la frente del guardia lagarto.

-Bienvenido a Aqlatan,Lang. Ya podes empezar a darme detalles de lo que paso.-dije y Lang suspiró.
-Bien,trataré de ser lo más directo posible.-busco en su cabeza las palabras adecuadas-Yo diría que estan por ejecutar a Dalia,Cregh y Aldara-dijo mucho más tranquilo de lo que en realidad estaba.
-Mierda-sabía que era grave-pero al menos estan con vida.
-Eso espero.

La ciudad parecía desierta,lo que nos hizo olvidar por un momento que necesitabamos prendas blancas si no queríamos ser ejecutados también. Malo nos guió hacia adelante en línea recta por unas cuantas cuadras. Escuché pasos justo detrás de los nuestros al pasar una esquina. Tomé del brazo a Lang y lo metí en un pequeño callejón.

-Parecían voces humanas-grité lo más bajo que pude-todavía necesitamos las prendas!

En un pequeño silencio afirmé lo que sospechaba,eran voces humanas.Lang sacó el revolver.

-No queremos sangre en nuestras túnicas.Malo,necesito que los distraigas.

Malo salió del escondrijo y sin pensarlo dos veces fue hacia el objetivo. Sacamos las cabezas para espiar.

-El plan es tan simple como parece. Malo los distrae y los noqueamos por la espalda.-saqué la cabeza para poder ver finalmente a nuestros objetivos.-Son 2 ,yo tengo al de la derecha,vos izquierda,bien?-Lang asintió-A mi marca.

Malo se había interpuesto en su camino y jugeteaba con sus túnicas como afilando sus garras. Era más que suficiente,estaban quietos y de espalda a nuestra posición.

-Ya

En 3 rápidos pasos llegamos hasta sus espaldas. Lang tomó posición detrás del de la izquierda y con un culatazo en la cabeza termino con su trabajo. Opté por cargar energía en mi mano izquierda y fundir a la Iluminada. No sabía cuanta energía era necesaria pero pegue mi cuerpo al de ella y sentí como su cuerpo sufría las mismas descargada que había sufrido la noche en la base de los Robler. Cerré los ojos mientras sentía como su cuerpo se unía a la violenta vibración. Sin que siquiera pudiera largar un suspiro ella yacía en el piso. Y lo más importante,sin sangre. Levanté mi cabeza y pude confirmar que nadie nos observaba en ninguna de las cuatro direcciones.

-Sin testigos.

Comenzamos a arrastrar los cuerpos hasta el pequeño callejón, cuando derrepente un lagarto salió de la ventana y nos encontro in fraganti. Mucho más rápido de lo que estaba acostumbrado,saqué el arco y la flecha, milesimas de segundo después el lagarto tenía una flecha en su trompa. Ya había notado como la piedra aumentaba la velocidad de mis reacciones y de mi cuerpo en prácticamente todos los aspectos.

-Sin testigos.-reiteré.

Rápidamente sacamos sus prendas y nos convertimos en un iluminado promedio.Comprobé que tenía una simpática capucha blanca de la que hice uso.

-Está muerta?
-No lo sé. Es la primera vez que pruebo esto en alguien con la intención de matar. Posiblemente este en un estado de conmoción,pero sigue viva.¿Deberíamos...

Lang estiró la mano,queriendo pedir algo.Le alcancé la daga que Marco me regaló.Se arrodilló y puso la daga en el cuello de su víctima.

-Sabíamos que en cuanto pisaramos el Oeste,solo quedaba el trabajo sucio.-dijo justo antes de que una lenta cascada roja surgiera de aquel iluminado.Sin perder el tiempo se paró y se dirigió a la chica-Sin testigos,verdad?

El pistolero ejecutó el corte y devolvió la daga. Lo miré de pies a cabeza para asegurarme que era realmente Lang. Su mirada había cambiado,¿cuánto realmente estabamos dispuestos a cambiar por el Este?

-Vamos,no tenemos tiempo de sobra.

Malo movió la cabeza para apurarnos y guiarnos en nuestro camino. La ciudad parecía desierta,no había un alma fuera en las calles.Habíamos tenido mucha suerte en encontrar a 2 iluminados.El camino se volvió cada vez más empinado,buscando llegar a la cima de la montaña.Nuestro paso se acelero hasta un trote intenso. Comprendimos cuan grande era Aqlatan.
Las calles se bifurcaban y la ciudad pareció volverse un laberinto. Un laberinto en el que los colores claros eran el principal protagonista. Sus paredes blancas parecían funcionar como reflejo del sol para aprovechar cada segundo de luz.
Cuando parecía que realmente no ibamos a encontrar a nadie más que los cadáveres que dejamos una pareja de lagartos parecidos a los guardias de la entrada aparecieron,una cuadra adelante.Bajamos el ritmo pero seguimos caminando rápido. Justo delante de esa pareja vimos más gente caminando en una misma dirección.

-Un Iluminado encapuchado con un arco siguiendo a un gato no te parece demasiado sospechoso?
-Ciertamente, y lo sería más si alguien nos escucha hablando nuestra lengua. Esa gente esta relacionado con los nuestros?
-Miau
-...
-Si,no estamos lejos. No hablemos más, y camina un poco más rápido.

Unos segundos más tarde nos mezclabamos entre el resto de los mortales que marchaban en una dirección única como un ganado. Tenía que guardarme todos los comentarios,opiniones e ideas hasta que llegemos a donde sea que estuvieran los chicos. Avanzar se volvió cada vez un problema más grande,cada vez era más el flujo de gente. Y la gran mayoría eran lagartos como los que habíamos matado, algun que otro Iluminado resaltaba con sus prendas blancas entre las pieles oscuras.No parecíamos llegar a nada y las ansias empezaron a ganarnos.Bufaba impaciente cuando un puto largato enorme tapaba el camino y no podiamos siquiera abrir la boca para que se corriera.
Con el perfil bajo y la mirada clavada en el piso seguimos avanzando tan rápido como se nos permitió.
En el punto en que seguir adelante realmente era tener que forzar pasar entre los hombros del resto,ahí aparecieron los cuervos. Si el ambiente no era lo suficiente malo,la presencia de sus picos y plumas negras inundaron nuestras mentes, mientras nuestra sangre parecía no fluir por lo fría que su presencia la dejaba. Caminamos con la cabeza todavía más inclinada hacía nuestros pies, pero sintiendo la necesidad de levantarla para encontrar algo,aunque sea en la lejanía.
Me atreví a levantar la cabeza y mirar el cielo. Y por si nada podía ser peor,todavía faltaban varias horas para que la luna nos acompañe y aconseje. Los días cada vez eran más largos y nuestras buenas vibras parecían derretirse justo debajo de nuestras narices.
Derepente un pequeño zumbido en mis oidos se transformo en una voz,que se hacía más nítida con cada paso. La gente ahora parecía dedicarse a tomar su lugar y ponerse cómodo. Miré a Lang que tenía los ojos como platos al escuchar la voz.Obviamente no entendíamos la voz,pero sabíamos que estábamos cerca. Nos estabamos dando cuenta de que todo esto no sería muy diferente a cualquier ejecución pública por herejía en el Alles.Esa tarde se asesinaría gente inocente por mandato divino.
La voz enturbecía el aire,hablaba con mucha claridad.Casi que sentía que podía entender el idioma.Pero tu voz se volvía fuera de sí y se llenaba de violencia.
Lang me golpeo el brazo y señalo hacia arriba.Me puse enpunta de pie y entre las bestias pude ver el escenario hecho de madera con sus 4 protagonistas arriba.
Una multitud nos separaba,realmente era imposible llegar hasta allá.

-Ítalo,necesitamos un plan...ahora.

Traté de encontrar un lugar,pero simplemente no lo encontraba. Realmente no había lugar donde ir. Nuestra movilidad solo se reducía cada momento más. Nos hallabamos rodeados de cuerpos gigantes,sin poder bien nada a nuestro al rededor. La voz le daba vida a la multitud que parecía empezar a enojarse. El vocero ya no estaba solo,el público ahora respondía y magnificaba todo lo que decía. El lugar se volvió una jungla,en un bullicio constante que anulaba cualquier idea con el fin de salvar al resto. Nuestro tiempo se había expirado.
Mi cabeza dejo de pensar en un plan para ponerse a pensar en la posibilidad de llegar a Verin siendo solo 2. Derrotar al mago,al cuervo,al deus. Mis ojos se perdieron pensando en lo retoma que se volvían las oportunidades, que si bien ellos 3 moririan ahora,los próximos seríamos nosotros en un pequeño lapso de tiempo.Que pequeños eramos frente al Oeste, que diminuto nos volvíamos frente a la multitud que latía al ritmo de los tambores del discurso del vocero. Qué inútil se volvía todo. Que fracasados fueros los Oráculos, que malditos fueron los dioses en ponernos en un camino donde los nuestros mueren y las almas que quedan no son suficientes.Si fueramos 2, sería más que una misión suicida. Pero entonces recordé que no eramos 2.
Metí mi mano en mi bolso buscando el pergamino verde.Una vez que tuve los 2 en cada una de mis manos,busque a Malo en el piso.

-¿¡Dónde esta Malo!? Dile que se suba a mi hombro.

Lang buscó con la mirada en el piso por tu gato negro y le indicó que se suba a mi mientras pegaba el otro pergamino en mi antebrazo izquierdo.
El gato se subió de un ágil salto.

-Necesito que lleves esto hasta los techos.-le indique mientras posaba el pergamino en su boca.

Los segundos en que Malo se dirigía hasta los techos se hacían eternos.No había manera de controlar las pulsaciones de nuestros corazones,cada segundo que seguíamos ahí sin poder hacer nada era el peor tormento que un humano pudiera tener. Tan rápido como pensamos que nuestra tortura estaba llegando a su fin,la voz cambió de repente. Su voz seguía igual de nítida,pero ahora podíamos entenderla.

-Bueno, voy a tomarme el atrevimiento de hablar esta lengua maldita para que estos 3 puedan entender que poco les falta para abrazar la eternidad.
-Dioses
-Seré breve antes que hablar demasiado tiempo este lenguaje pudra mi boca.- el vocero recibió abucheos,pero siguio hablando en la lengua maldita-Humanos... Hermanos,tenemos aquí 3 ejemplos de lo que estan hechos. Podríamos abrir sus cerebros y corazónes, cortarlos justo en 2 para poder admirar cuan oscura es lo que llevan adentro. Cuanta oscuridad,cuanta muerte,cuantos pecados,cuantos vicios afloran y festejan.

Por fin vi una mancha negra a unos cuantos metros de distancia.Perdí toda conexión con el discurso. Malo se encontraba trepando hasta lo más alto de un edificio.

-Lang, apoya tu mano acá.-le dije señalando el pergamino pegado en mi brazo-Ya.

Miré arriba,buscando a Malo que ya estaba en los techos. Lang puso su mano en mi brazo y en un abrir y cerrar de ojos estabamos donde queriamos.

-¿Co-co...que?-balbuceó.
-Pergaminos mágicos,un regalo de la familia.Gracias Malo por cierto.
-Pero-...Bueno, ahora podemos hacer algo realmente.
-No tenemos tiempo.Estan apunto de ejecutarlos-volteé para ver a Cregh,Dalia y Aldara con una soga en sus cuellos-Dioses,creo que jamás vi a tanta gente junta.
-El que esta hablando,acaso sera el tarní?
-Es posible,toda esta mierda tiene caracteristicas de algo más que trascendentes.Dioses,cuánta gente.
-PUSIERON A DORMIR A NUESTRO DIOS Y SE ATREVEN A PISAR NUESTRAS TIERRAS Y NO SOLO ESO, LLEGAR HASTA AQLATAN INFILTRANDOSE COMO ADEPTOS DE LA IGLESIA. NO VOY A HABLAR UN SEGUNDO MÁS ESTA LENGUA, TRAIGAN LA MUERTE A ELLOS. -gritó y la multitud perdió la cabeza.
-Mira en la fuente gigante aquella.¿Ves como se mueve el agua? Estoy seguro que es cosa de Aldara.
-No creo que pueda salir de esta sola.Mira,no hay nadie detrás del tarní.Hay de esos largos grandes con sus lanzas enfrente al escenario.
-No digas más.

Até el pergamino a una flecha y disparé. Era un tiro de unos 80 metros y con el peso extra era algo bastante difícil,pero la flecha cayo justo detrás del escenario.Le ofrecí mi brazo para que pudiesemos teletransportarnos.
Tomé el pergamino y vi que su efecto había expirado. Llevar 2 personas consumía mucho más de lo que debía.
Al levantar la cabeza se podía ver a los 3 subidos en el escalón que al caer debería romperles el cuello.

-Bien,todavía no terminó su discurso.-la voz del vocero todavía retumbaba,lanzando gritos en su idioma.

Rodeamos el escenario y nos escondimos detrás de las escaleras que llevababan arriba del escenario.
Unos metros más lejos estaba el cuervo que parecía el verdugo.El vocero terminó su discurso y ,rabioso, lanzó su cono que le permitia agigantar su voz al piso.Bajo del escenario riendo como un enfermo y se dirigió hacía al verdugo.

-Cubrime

Subí las 2 escaleras hasta el nivel donde estaban los 3 colgados.El primero de izquierda a derecha era Cregh.

-Que le den a toda tu puta iglesia y tus creencias-lanzó al sentir alguien en sus espaldas,anunciando su final.

Corté la soga de su cuello y la multitud no tardó en darse cuenta que algo iba mal.

-Que carajo?
-Inventa algo para protegernos,rápido.-le dije al cortar las cuerdas de su mano.

Rápidamente me dirigí a Aldara para la soga de su cuello y manos. Un estallido feroz interfirió en mis acciones y vi desplomarse al cuervo,ahora sin cabeza, que estaba tomando por el cuello a Cregh.
Corté la soga de nuestra Nereida cuando escuché su grito.

-DALIA!!!

Al voltear uno de los verdugos había subido por el otro apuñalando a Dalia por la espalda y empujandola hacia su muerte en la horca. Una ovasión siguió a esto,toda esa gente venía a ver morir a 3 herejes y ahi iba la primera. Tal vez nisiquiera había terminado de concretar una gran sonrisa en su cara cuando mi daga le atravesó el cuello. El cuervo se estabilizó,sin dejar de tocer y escupir sangre y levanto una de sus alas para intentar tirarme hacía abajo. Su movimiento fue muy fácil de esquivar y lo lancé hacia abajo de una patada. El verdugo cayó hasta el piso en un golpe seco. Corté finalmente la soga que mantenía a Dalia colgada en el aire.
Una luz roja nos envolvió a todos. Una especia de membrana roja en forma de cúpula rodeaba el escenario. El bullicio de afuera ahora apenas se escuchaba. Los guardias lo golpeaban queriendo romperlo,pero no lo conseguían.

-Cregh,nos vamos.Ahora mismo.-le advertí,al mismo tiempo que notaba que su mirada estaba clavada hacia sus pies y Aldara estaba llorando desconsoladamente.Ahí estaba Dalia en un charco de sangre,sin respuesta.
-Dioses,¿por que no se recupera?-Lang estaba en el piso inferior al lado de Dalia,tratando de revivirla de alguna manera.
-Cregh,vamonos ahora.Curaremos a Dalia en otr-No tiene pulso.-declaró Lang.-Está muerta.

Mi cuerpo se entumeció y mi mente se desconecto. Caí arrodillado al piso. Traté de controlar mi lengua para pronunciar las palabras pero nada funcionaba. Después de un largo silencio volví a insistir.

-Cregh!VAMONOS AHORA!-grité desesperado.

Tomé mi daga y liberé a Aldara que estaba en el piso llorando.Traté de ponerla de pie pero solo tomaba su cara tapando sus ojos. Cregh bajó de un salto hasta donde estaba Dalia. Volví a gritarle que nos saque de ahí lo más rápido posible. La membrana comenzó a agritarse e insistí en irnos. Aldara levantó una mano hacia adelante y se puso de pie. En ese momento,en el mismo en que me preparaba a cargar mi cuerpo con la energía de la piedra para combatir fue cuando vi los ojos de Aldara y noté que la tormenta ya había llegado.
La membrana desapareció como una búrbuja y vi como el agua de la fuente se tornaba un violento tornado que arrazaba todo lo que tuviera enfrente. El tornado de agua comenzó a moverse y repartir terror entre aquella multitud eufórica. Al mirar abajo vi que Lang y Cregh se estaba llevando a Dalia. Llené mi cuerpo con la rabia que sentía y recibí a los guardias ingenuos que intentaron atacar a Aldara. Acumulé la energía en mis 2 manos y proyecté la energía hacía afuera. Rayos en miniatura salían de mis manos y golpeaban a los guardias que se acercaban por ambos lados del escenario.
Noté que derepente la temperatura había descendido dramáticamente. Volví hacía Aldara,que estaba convirtiendo toda ese agua en un tornado de hielo poco a poco. Pedazos de cristales volaban en todas direcciones matando de manera azarosa a todos los presentes allí.
Para ese momento ya era demasiado tarde para impedir el baño de sangre que iba a recibir Aqlatan.
La gente corría en todas direcciones totalmente perdida. Una fiesta se tornaba una pesadilla en menos de 1 minuto y medio. Intenté detener a Aldara tomando sus brazos,pero al girar su rostro ella no me reconoció.
Me di vuelta,asustado, y corrí hasta un lugar seguro buscando al resto. Volteé una vez antes de ponerme bajo techo.Volteé para ver como esa increíble cantidad de gente amontonada para ver una ejecución se convertían en los ejecutados,de manera impiadosa y a sangre fría.
Sobre nuestras cabezas,las nubes negras lloraban sobre Aqlatan,dandole todavía más poder de destrucción a Aldara a quién nadie podía parar. Y solo cuando se hubiera hartado de matar,vengando a Dalia,ella pararía.

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43 Re: R.O.L. Beta el Jue Feb 26, 2015 9:37 pm

Croft

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Era increíble lo mal que había salido todo,  no solo no logramos entrar a Aqlatan, ademas perdimos el libro, la razón por la que estábamos en Aqlatan, no, ademas nos iban a ejecutar públicamente en el medio de la ciudad, y la peor parte es que no había sido un accidente, quiero decir, obviamente no era un accidente, pero tampoco fue una coincidencia que nos encontraran así, no, nos estaban esperando.

Claro que lo primero que pensé fue en movernos de acá, pero algo me detenía, no podía movernos, de hecho, no podía hacer magia, algo o alguien debía estar bloqueandome, y es por eso que se que nos estaban esperando, el mago que nos ataco en Havenstad, podía sentirlo, también podía sentir su bloqueo, nos estaban vigilando, no se desde hace cuanto, pero de lo que estoy seguro es que lo habían planeado.

Siempre pensé que iba a terminar de otra forma, moriría cayéndome por unas escaleras o apuñalado por la espalda, no en medio de una plaza ahorcado hasta morir, antes de que pudiera continuar analizando mis posibles finales me tomaron por la espalda, grite lo primero que me vino a la mente, no iba a morir callado, no esperaba oír a Italo y mucho menos recibir ordenes, pero el tenia razón, debíamos escapar.

Pero no podía, mi magia aun no funcionaba, mire a la multitud, tal vez el mago estuviera entre ellos, pero no pude detallar nada antes de ser agarrado por el cuello por algo, ese algo luego procedió a estallar y llenarme la cara de sangre cuando Lang uso sus armas, el rugir del revolver fue suficiente para que la gente huyera del escenario, los guardias empezaban a correr hacia nosotros mientras Italo liberaba a Aldara, antes de poder reaccionar Dalia había sido apuñalada y se encontraba en el suelo del escenario.

No se recuperaba, Dalia había sido golpeada innumerables veces antes pero ahora no se movía, nada, muerta y tiesa en el suelo, escuche a Italo gritar pero no podía quitar mi mente del cuerpo de Dalia, no podía morir así, no ahora, entonces lo recordé, recordé como la mujer que nos ataco trato de apuñalarme con la espada y nada sucedió, esa espada era de Dalia, sabia que había algo especial en esa cosa, una conexión, tenia un plan, estúpido pero debía intentarlo, en el peor de los casos apuñalaría un muerto, la espada estaba en una esquina del teatro junto al resto de las cosas de Aldara y Dalia, la cogí y salte hacia Dalia, Lang se encontraba al lado de ella, sin perder un segundo atravesé a dalia con la espada, justo donde haba sido herida, Lang me miro sorprendido pero rápidamente le dije que cogiera a Dalia y se la llevara lejos, sin responder Lang empezó a levantar a Dalia, no supe en que momento paso pero ya podía usar mi magia, la multitud se había ido y teníamos a los guardias encima. Lang corrió hacia un edificio con Dalia en un sus hombros y disparando su revolver, corrí tras el mientras lanzaba llamas hacia atrás, al resto de guardias. Entramos a una especie de tienda antes de que Aldara explotara, al perecer no había tomado muy bien la muerte de Dalia y había decidió exterminar a toda la ciudad, por la cara de Italo que ahora corría en nuestra dirección, nosotros también formábamos parte de la ciudad.

No sabia que Aldara tenia tanto poder, todo el lugar estaba lleno de hielo y agua, destrozando todo a su paso, personas o edificios, todos eran desintegrados mientras Aldara se desahogaba, no pasaría mucho antes de que llegara a la Tienda, vi que el gato de Lang lograba escapar la masacre para saltar sobre Dalia, que aun colgaba de los hombres de Lang.

–¿Esta muerta? – Pregunto Italo.

–No hay tiempo, nos moveré a un lugar seguro – Y sin dejarlo responder me concentre en una torre a un par de calles de distancia, caímos en el tejado, que por suerte era lo suficientemente plano como para no rodar hasta nuestra muerte, precisamente algo de ese estilo era como esperaba morir, no ejecutados.

Podíamos ver la destrucción que Aldara causaba, se había bajado del teatro y recorría la plaza, a su paso dejaba los cuerpos destrozados de nuestro captores y de gente inocente también, la pequeña tienda donde habíamos estado hace unos segundos no era mas que un cúmulo de madera y escombros ahora.

–¿Que haremos con eso?– Lang soltó el cuerpo de Dalia y señalo a Aldara.
–Esperar que se calme supongo.–
–No puedes hacer algo, ¿Controlarla?
–No, no se que hace ella, pero no es magia, al igual que la mujer que nos ataco, no es magia, la única razón por la que estamos vivos es por este amuleto, eso y que la espada de Dalia no corta.
–¿Ahora que mencionas eso, porque la usaste de vaina?– Pregunto Lang mientras señalaba a Dalia, al parecer Italo no lo había notado porque se sorprendió al verlo y trato de sacar la espada.
–No, espera– Italo se detuvo y me miro aun mas sorprendido al igual que Lang –No estoy seguro, pero creo que la espada es la razón por la que Dalia siempre se recuperaba, quiero decir, no perdía nada en intentarlo.
–¡¿Y se va a recuperar con la espada atravesándole medio cuerpo?! – Italo tenia razón, debía habérsela puesto en la mano o algo parecido.
–Puede ser que tengas razón, trata de sa–
–¿Que es eso?–Lang señalaba a Aldara, o donde debía estar, en su lugar había una pared de hielo rodeada completamente de fuego, la mujer de las llamas se encontraba frente a ella, creando un incendio a su alrededor.

–Es ella, la mujer que nos ataco, supongo que quiere completar lo que inicio, es la misma mujer de Havenstad.
–Debemos Ayudarla, llevanos allá Cregh.– Dijo Lang al escucharme.
–Si, Italo, cuida a Dalia, Lang y yo ayudaremos a Aldara– nos moví rápidamente para evitar oír su respuesta, que se encargara de sacar la espada el.

Nos moví a otro tejado, mucho mas cerca de la batalla, ahora Aldara se movía por la plaza esquivando llamaradas mientras creaba paredes de hielo.

–Lang, este amuleto me protege de las llamas, mantente alejado y espera el momento para disparar, iré a distraerla. – Sin perder ningún segundo empezó a correr por los tejados acercándose a la batalla, note que malo se había quedado con Italo, nos seria de gran ayuda.

Me moví en medio de la batalla, al frente tenia a la mujer, apenas me vio desvió una mano hacia a mi y mi amuleto absorbió todo el fuego, era el momento perfecto para que Lang disparara, vi un destello en los tejados y el sonido de ambos revólveres resonó en la plaza. La mujer parecía ilesa, no creía que Lang hubiera fallado, mucho menos dos veces, pero luego una explosión voló media casa, justo donde se encontraba Lang.

La mujer voltio hacia la casa al mismo momento que note la magia en el ambiente, el mago había regresado, Aldara tomo su oportunidad y antes de que pudiera reaccionar una bola de hielo golpeo a la mujer y la mando rodando por el suelo, antes de que se pudiera levantar Aldara la cubrió en trozos de hielos, supongo que no necesitábamos defenderla después de todo.

–¡Cregh!– El pistolero corría por el medio de la plaza, detrás de el, el mago salia de los escombros de la casa, una ráfaga de energía puso al pistolero en el suelo, sin perder un segundo le lance una llamarada, pero este simplemente desapareció.

El pistolero se puso de pie y corrió hacia Aldara, pero esta solo me miro y luego de unos segundos una estaca de hielo se dirigía hacia mi, al igual que el mago, me transporte fuera de peligro, detrás de Aldara.

–¡Aldara, soy yo idiota!

Aldara me ignoro completamente y volvió a lanzar una estaca de hielo a donde me encontraba antes, estas explotaban antes de golpear al mago sin hacerle daño, tal vez quería ayudarme.

Lang empezó a disparar sus armas, pero al igual que en Havenstad, estas no tenían efecto alguno. El mago preparo su brazo para otro ataque, recordé como me había sentido en el teatro, tal vez podría bloquear su magia si me concentraba, si lo lograba los ataques de Lang y Aldara podrían hacerle daño. Cree una muralla de energía para evitar el ataque del mago, logre bloquear la mayor parte y en seguida me concentre en crear una burbuja alrededor del mago, pero no tenia la menor de idea en como hacerlo, al parecer sintió mis intentos de bloquearlo pues respondió lanzando otra onda de nuevo, no iba a poder bloquearlo mientras me estuviera atacando.

Pensé en distraerlo con Lang, pero Aldara empezó a atacarlo sin parar, uno tras otros cristales de hielo se formaban en el aire y eran disparados hacia el enemigo. Me moví detrás de el y me concentre en crear una llama como nunca lo había hecho, solté el flujo hacia el mago y me concentre en mantenerlo, el mago había tomado una posición defensiva y con cada mano trataba de desviar los ataques, este era el momento.

– ¡Lang!– Lang se había posicionado al frente del mago y levanto su revolver, un rugido resonó en toda la plaza cuando el cuerpo de Lang fue lanzado al aire mientras una llamarada cubría el cielo, detrás de el, la nereida de fuego sangrando en prácticamente todo su cuerpo, centraba su atención en Aldara.


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Siempre que escribo mis partes tengo las dudas que si las hago muy largas no tendran calidad, y si me concentro en la calidad me qeudan cortas, asi que solucione el problema haciendo partes cortas y malas.
ba dum tsss

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44 Re: R.O.L. Beta el Vie Mar 06, 2015 9:23 pm

El Oeste era un lugar extraño. Una deidad unica encerrada que creo el mundo, criaturas parlantes en todos lados, oraculos, un angel de la muerte... algo que trato de atraparnos en lo que fue su hogar, y una religion que al parecer buscaba iniciar otra guerra santa contra los humanos. Y con miembros humanos, para variar.

Nos habiamos encontrado con que Dalia, Aldara y Cregh fueron atrapados e iban a ser ejecutados publicamente. Hicimos un plan para salvarlos, y de ahi todo empeoro. Ahora casas y calles enteras eran destrozadas por 3 bestias imparables. Pedazos de hielo y escombros volaban por los aires, rafagas de viento aplastaban todo a su paso, y el cielo se cubria de fuego. Y entremedio de todo eso estaba yo, una vez mas flotando en el aire.

La caida fue mas suave esta vez, pero de todas formas dolorosa. Logre ponerme de pie rapidamente y me reubique en la escena. La mujer, que asumo era una especie de nereida de fuego, trataba una vez mas de atacar a Aldara, que de alguna forma lograba mantenerse en pie contra ella y el mago. Este ultimo lanzo otra rafaga mas desde lejos, y Cregh logro hacer algo para atenuarla. Con dificultad logre llegar hasta su lado llegar a su lado.
-Hay que acercarnos al mago. -dije casi gritando
-Estas loco -me respondio
-Lo se. -y acto seguido empece a caminar. Aldara se estaba concentrando ahora en la otra mujer, y Cregh sin mas opcion me empezo a seguir. Alcanzamos a dar algunos pasos antes de que nos tuvieramos que apoyar el uno al otro. Paso a paso, acortabamos la distancia, y el mago, parecia golpear con mas fuerza.
-No puede seguir asi para siempre. Debe cansarse en algun momento.
-Si, yo tambien. -llegamos al punto en que era imposible avanzar mas sin caer o deslizarnos, a tan solo unos metros del mago. Era increible lo que Cregh habia mejorado desde el primer encuentro. Se agacho para mantener su puesto, y yo apunte con mi revolver pequeño.
Dispare una bala, que pude ver deteniendose a centimetros del mago, y que por el viento se devolvio y me golpeo en el muslo.
-Pu-- -dije aguantando el dolor. Mire atras, asegurandome que Aldara estuviera bien sola, y luego mire al mago. Este empezo a caminar hacia nosotros. Perdi por un momento el equilibrio, mientras el viento se hacia cada vez mas fuerte. Con el revolver grande, y a punto de deslizarme, apunte con ambas manos.
Dispare, y el viento ceso.
Vi al mago cayendo de espaldas, su mascara ahora fracturada. Santas putas, cuanto me alegro ver eso. Volvi a apuntarle para dispararle mientras estaba indefenso, pero al presionar el gatillo, no ocurrio nada.
-¡Cuidado!
Cregh salto a un lado mio y logro de alguna forma absorver una inmensa llamarada que venia dirigida a mi. Pero el calor nos golpeo fuertemente de todas formas, y Cregh nos movio de inmediato a unos metros tras la mujer. Teniamos la vista despejada, y cuando era el momento de acabar con uno de los del grupo del oeste, nos dispararon a nosotros. Nos tiramos al suelo, y desde lejos vimos al pistolero acercandose a paso rapido. Nos lanzo una lluvia de balas, pero magicamente ninguna nos llegaba.
-Hago lo que puedo Lang. Hazlo rapido.
Con el revolver pequeño trate de apuntar discretamente, pero el se detuvo, y desaparecio. Se materializo a unos metros de nosotros, y Cregh rapidamente nos movio a otro lugar. El aterrizaje fue brusco, sobre una pila de escombros, pero de inmediato me levante a ubicar al pistolero.
Para cuando lo vi, el habia cambiado de objetivo.

Con una punteria exacta, disparo, y oimos a Aldara gritar.

Mi revolver estaba vacio, y cuando apunte con el grande, lo vi hacer un saludo con una sonrisa en la cara. Dispare una vez, el tiro fallo, y el desaparecio. La nereida, cubierta de sangre, y apenas en pie, se acercaba ahora a Aldara que yacia en el suelo, trozos de hielo alrededor de ella. Empece a correr para detenerla, Cregh tras mio, solo para que nos recibiera una muralla de viento. Caimos al suelo, y las casas se estremecieron. El mago estaba de pie una vez mas, y luego nos empezo a atraer. Las casas de dos pisos empezaron a crujir. Le dispare al mago, pero la bala solo le reboto con un ruido metalico. El viento ceso un segundo, y luego volvio una vez mas con toda su fuerza. Las casas cedieron, y aunque Cregh nos movio, apenas fue lo suficiente.

Con esfuerzo logre sobreponerme al dolor y me levante. Dispare dos veces mas a la silueta entre el polvo solo para fallar, y el arma quedo vacia. El mago abrio su capa, y saco una bolsa que llevaba colgando. De esta, saco polvo rojo, y con una voz ronca dijo unas palabras en el idioma del oeste mientras lo esparcia en el aire frente a el. Cregh nos movio de nuevo tratando de escapar, esta vez solo un poco mas lejos, pero el mago con una rafaga esparcio el polvo en casi todas las direcciones. Cregh atenuo el viento del mago y desvio el polvo para que pasara por nuestro lado. Entonces el mago centro toda su fuerza en nosotros, y nos hizo deslizarnos y caer. Cregh se repuso y trato de frenar el viento, pero era inutil. Luz salia y se apagaba instantaneamente de sus manos. El mago alzo la bolsa en el aire, y la dio vuelta dejando caer todo el polvo que traia.

Pero el viento se detuvo, y todo el polvo paso al lado nuestro una vez mas. Mire atras para ver a Cregh con algo de luz en sus manos, y Malo, transformado, a un lado de el.

Malo corrio y se abalanzo sobre el mago, y este se lo quito de encima haciendo un ruido metalico como de armadura. Confiando en los dos, me levante de inmediato para ir por Aldara, mientras el mago empezaba a levantar escombros con su magia. La nereida, ya casi al lado de Aldara, centro su atencion en mi entonces. Tenia poca posibilidad contra ella, pero mantenerla alejada de Aldara era la prioridad para mi. Levanto su mano, y una llamarada vino en direccion mia. Trate de esquivarla, pero no resulto ser necesario. Esta solo se hizo a un lado mientras pasaba, quizas por obra de Cregh. Sin dudar un momento, llegue hasta ella y pasando mi mano izquierda entre el fuego, le tome el brazo con el que me atacaba. Y con la mano derecha, acerque la daga a su cuello.

Es interesante como la idea de matar cambia con la situacion. Se vuelve distinta cuando estas bajo presion, con una mision en tus hombros. Se vuelve una necesidad, y una facil de pensar. Los bichos son tan distintos a los humanos, que es como si no pensaras que son seres vivientes. Aun con los humanos, mientras lo consideres el enemigo y no le veas el rostro, es como si solo fueran un objeto, una representacion, una tunica blanca. La empatia y la preocupacion se van por la ventana, porque crees que es para un bien mayor.
Pero luego, miras a una persona a los ojos y la ves asustada, y todo cambia. Mas aun si es un niño o una mujer. Te preguntas si se justifica hacerlo por toda la gente que se salvara. Esta mujer era hermosa, incluso. Uno hasta se cuestionaba sus motivos. Y mientras acercaba la daga a su cuello, me pregunte quizas por primera vez

¿Cuanto estamos dispuestos a hacer por el Este?

La nereida me detuvo el brazo con su mano libre y empezo a quemarme como si hubiera tocado fuego de verdad. Por reflejo la solte de inmediato, y recibi un puñetazo en la cara tan solo un momento despues. Ella dio un salto hacia atras, y juntando las manos produjo una llamarada tan grande que se volvia imposible que se pudiera hacer a un lado.
Lanze la daga a traves del fuego, y para suerte mia, oi un grito y corri mientras el fuego se disipaba. La nereida retrocedia con una mano en el estomago, y la daga en el suelo, la punta apenas ensangrentada, pero quizas por la sangre que ella ya tenia encima. La recogi, y estire mi mano para agarrar a la nereida del brazo, al tiempo que ella parecia desaparecer.
Alcance a tomarla de la mano. Aparecimos casi en el mismo lugar, pero en el aire. Oi disparos. Vi flechas volando. Senti algo en su dedo. Un anillo. Ella me agarro del brazo en que traia la daga una vez mas, pero me olvide de eso. Tome el anillo y se lo quite de un tiron.
Caimos al suelo. Ella de espalda y yo de pie. Trate de aprovechar el momento para alejarme, pero ella me tomo la pierna y cai de frente, soltando el anillo. La nereida se levanto de inmediato para buscarlo, y yo apenas logre interponerme. Me empujo de vuelta al suelo, el anillo bajo mi mano, y produjo una enorme llama en su mano. Antes de que pudiera hacer algo con la daga, ella me agarro el brazo. Y acerco el fuego a mi pecho.

La llama crecio,

mi ropa se prendio,

y toda el agua congelada de una fuente nos golpeo de la nada. La nereida rodo a un lado mio, y cuando trato de levantarse, el agua la golpeo de nuevo. Atras, estaba Aldara sentada en el suelo con su brazo estirado, Dalia abrazandola.

Me levante una vez mas. El mago le podia hacer frente a Cregh y a Malo a la vez. Ya era momento de terminar.

Con la daga en mano, me acerque una vez mas a la nereida, indefensa en el suelo.

Hay que preguntarse, ¿cuantas vidas se salvaran si tenemos exito?

Al acercarme, el agua dejo de moverse. La nereida quedo sola.

Generaciones vivirian si evitamos una guerra.

Quede a un lado de ella, y me agache. Vi su cara una vez mas.


¿Hasta donde llegariamos con esto?



Presione la hoja contra su cuello. Ella apenas pudo mirarme.




¿Cuanto estamos dispuestos a hacer por el Este?





Una mano negra me rodeo. Una vez mas me encontre en el aire.

Que original.



-Ya fue suficiente.
Aldara y Dalia me ayudaron a sentarme. Malo me miraba. A algunos metros, un cuervo nos hablaba, mientras cargaba una cruz de madera casi del doble de su tamaño. A su lado, otro cuervo, dos humanos, y algo enmascarado. Todos en fila.
-Esta pelea ya ha ido demasiado lejos, ¿saben?
Desperdigados, estabamos nosotros.
-Hay un mensaje para ustedes. Desistan y vayanse del Oeste de inmediato.
-¿Y quien te crees que eres para darnos ese tipo de ordenes? -le conteste molesto, quizas contra mi buen juicio. Estaba algo enojado por lo de lanzarme por el aire. Aldara y Dalia me hicieron callar, pero el cuervo solo me quedo mirando.

-No soy yo quien lo dice.

El cuervo golpeo el suelo con la cruz, y la levanto hasta dejarla casi erguida. Y cuando la solto, esta sola se enderezo.
-¿Que es e--?

30.Silencio


Todos ellos se arrodillaron ante La Cruz,
y su brillo opaco el sol y los cielos.
Y fue lo unico que pudimos ver.

32.No ERAN bienvenidos en esos lugares,
O en cualquier lugar de Su Creación.
DEBIAN LAVAR de sus cuerpos la sangre,
O sufrir la furia del Hacedor.


La ira de Deus nos sobrecogio.
Su voz mato a los divinos.
Y desnudos quedamos frente a el.

34.Cada gota que habían derramado,
Como respuesta a su miedo de aceptarlo,
Se contó en SU Libro Divino.


35.Aquel es el Creador,
Soberano de todas las tierras
,

36.
Los cinco mueren,
Sucede antes del Juicio,
No queda ni un alma impura,
Y el pueblo del Oeste goza.


37.¿Es el destino que quieren elegir?

Miramos hacia la luz, y tan repentinamente como aparecio, nos abandono.
Cayo la cruz, y el cuervo la atrapo. Su grupo nos miro un momento, y todos juntos desaparecieron. Quedamos solos, entremedio de ruinas y restos de lo que fue una plaza con gente. El aire olia a lluvia y a sangre.
-¿Te encuentras bien, Lang? -me pregunto Dalia luego de unos momentos, en que trataba de procesar lo que habia ocurrido.
-S-Si, estoy bien... Yo deberia estar haciendote esa pregunta. -le respondi mirandola a los ojos.- Por un momento pensamos que ibas a morir. Por suerte Cregh te...
-Despues podemos hablar. -interrumpio.- Esa gente de la multitud podria volver con un ejercito. Voy a sacarnos de aqui ahora mismo.
Las manos de Cregh brillaron antes de que pudiera decir algo. La luz nos envolvio, y aprete fuertemente mi mano.

Llegamos en medio de la oscuridad. Por un momento me senti confundido, tirado solo sobre lo que note en un momento que era pasto. Empece a tantear, hasta encontrarme con otra persona. Una luz se encendio, y note que era Dalia quien estaba al lado mio. Aldara tirada al otro.
-Bueno, los saque de Aqlatan, -dijo Cregh, mientras Italo se levantaba a mirar, de vuelta en el bosque.- aunque parece que ya es de noche. Debi haberlos desplazado en el tiempo tambien. Es una de las cosas que pasan cuando uno... esta... -Cregh se desplomo de pronto, e Italo apenas alcanzo a sujetarlo. Dalia se levanto y lo ayudo a levantarlo, pero Cregh se paro solo.
-Estoy bien, estoy bien... -dijo mientras se acercaba a un arbol para apoyarse.- Me sobreesforze en la pelea. Fueron muchas emociones... Mierda. Aun con todo este poder nuevo no le llego ni a los talones a ese mago. -Cregh se deslizo hasta quedar sentado y apoyo la cabeza en las manos.- Me duele todo el cuerpo, y creo que mañana sera peor.
-Aun asi, creo que resulto mejor que la pelea en Havenstad. -nos dijo Dalia, mientras se sentaba con los pies cruzados- En ese entonces uno nos pateo el trasero a todos. Ahora nos logramos patear equitativamente.
-Pero contra tres. Hay dos cuervos mas, y uno de ellos fue capaz de casi hacernos mierda a los cinco en la mansion de Elderan... Estuve cerca. -me empece a lamentar, apoyandome contra otro arbol.- Tenia la hoja de la daga presionada contra el cuello de la nereida. Necesitaba tan solo un cuarto de segundo. No. Menos que eso. -me refregue la cara con la manos. Quizas eso hubiera llegado a cambiar el resultado de cualquier encuentro futuro. Quizas hubiera cambiado el resultado de esa pelea... Haberlo acabado entonces... Pero...
-No sacan nada con lamentarse asi. Dalia y yo apenas tuvimos tiempo de pelear. Estamos iguales. La proxima vez ganaremos.

"Los 5 moriran Antes del Juicio, Ni un alma impura quedara y Gozara el pueblo del Oeste..."

-Ellos tienen una deidad de su lado. No se como vamos... -mire hacia el cielo, tapado por los hojas- Dijo que creo el mundo. No podemos enfrentarnos a algo asi...
-Esta encerrado. -dijo Dalia levantandose- Fue encerrado por alguien. Por lo tanto, podemos hacerlo de nuevo...
-Pero ¿como?. Perdimos el Thi-yit. No podemos entrar a Aqlatan de nuevo sin que nos vean y nos maten.
Y entonces recorde. Aprete mi mano, y en mi dedo anular, encontre el anillo.
-Cregh.
El levanto la cabeza para mirarme, y alce el anillo.
-¿Que es eso?
-Es el anillo que traia la nereida.
Cregh de un salto se acerco, y lo tomo en sus manos.
-¡Es un anillo del espacio! -Cregh lo inspecciono unos segundos y se lo coloco en un dedo, y en un momento frente a nosotros se desvanecio. Sin luz, sin ruido, -Con un rastro minimo de magia. -dijo caminando atras de mi- E-Esto es increible. Podemos ir a cualquier lado en un segundo, sin cansarme...

-Pero... -Cregh se detuvo entre todos mirando el anillo.- Es demasiado eficiente. Ni hacer chispas produce tan poco residuo... Y por minima que sea la energia, debe venir de algun lado... Esto tiene demasiadas implicaciones... mas de las que puedo contar. Pero quien los haya creado, es demasiado poderoso, o inteligente... y podria desactivarlos, o ubicarlos en el peor de los casos...
Cregh contemplo el anillo durante unos momentos, y se lo coloco en el dedo anular una vez mas.
-Voy a entrar a la Biblioteca y voy a buscar el libro antes de que pueda ocurrir algo. Si me descubren, puedo moverme con mi magia y luego usar el anillo para opacar el pequeño rastro. Deseen--
-Espera un momento Cregh. Acabas de decir que estabas cansado. Yo ire. -dijo Italo acercandose a tomar el anillo.
-¿Que? No puedes, tu...
-Se que buscar, y no puede ser muy diferente a usar un pergamino. -Italo le quito el anillo de la mano a Cregh, sin que este se opusiera. Se lo puso en un dedo, y luego de unos momentos logro moverse.- ¿Ves? Pan comido.
Italo dejo su arco y su carcaj reposando sobre un arbol, y se tapo la cabeza con su capucha.
-Si no vuelvo para el amanecer, no vayan a buscarme. -Y con eso, se fue, en medio de la noche.
-...Suerte.

Nos quedamos en silencio. Cregh se sento una vez mas y se acomodo para dormir. De pronto nadie hablaba. Todos estaban cansados, supongo. Y confiabamos en que Italo volveria con el libro de alguna forma. No nos preocupaba tanto en ese sentido. No tanto como Aldara, al menos. Le habian disparado, pero al preguntarle dijo que estaba bien. Fue lo unico que dijo. Se recosto mirando a otro lado y luego no hablo mas. Habia creado un infierno alla atras...
No paso ni un minuto para que la llama se apagara. Cregh debio haberse quedado dormido.


Desperte cuando estaba aclareciendo, junto con Cregh. Algunas aves cantaban y volaban entre los arboles. Malo se trepo a uno y trato de atrapar algo, pero fracaso. Pense en subirme a un arbol yo tambien a sacar huevos de un nido, pero no parecia haber ninguno. Dioses, lo que daria por un filete, o un pescado. O siquiera un vaso de leche.
Desde un espacio, veiamos la ciudad de Aqlatan en la montaña. Era casi una vista hermosa, con los rayos de sol pasando entre algunas nubes. Desayunamos alli mismo cuando Dalia desperto. Una vez mas solo frutas. Estaba seguro de que estaba mas delgado que cuando iniciamos el viaje.
Las horas pasaron en silencio, sin señal de Italo. Luego desperto Aldara, y comio un poco. Cregh nos pregunto si queriamos hacer algo, y Dalia quizo quedarse a esperar mas. Aceptamos quedarnos.

-¿Ayer mate gente?
La pregunta nos tomo por sorpresa, y mire atras esperando que alguien dijera algo. Pero Cregh miro a otro lado, y Dalia se quedo callada. Pense una respuesta, pero finalmente, dije la verdad.
-Si.
Aldara no parecio reaccionar. Probablemente, ya lo sabia.
-Ellos se lo buscaron. -dije tratando de restarle importancia- Ejecutarlos solo por ser humanos del este...
-Pero porque crecieron con esas creencias. -me respondio de pronto.- Eran personas... Podria haber sido distinto. Temo haber hecho lo incorrecto.
Ninguno se animo a decir nada. Aldara solo miro al suelo.
-Y ahora mas temo que esto nos vaya en contra.
-¿En contra? ¿A que te refieres? -le pregunte sin entender
-Una retribucion. Un castigo por lo que hicimos. -nos dijo, mirandome a mi.- Nos enfrentamos a una deidad... podria suceder eso.

¿No lo crees, Lang?


-Dioses, esa libreria es enorme. Pero lo pude encontrar.
Y ante nosotros, cayo una copia del Thi-yit, seguido de Italo que venia entre el bosque.
-Estaba en una pila de libros apartados en una bodega, quizas listos para quemar. Es el idioma antiguo pero fue lo primero legible que encontre. Cualquier cosa mas moderna podria ya haber sido quemada.
Cregh se apresuro a tomar el libro en sus manos y lo abrio. Nos quedamos todos observandolo. La cubierta estaba casi desprendida, y las paginas amarillentas de lo antiguo.
-Esto es genial...
-¿No tuviste problemas adentro? -le pregunto Dalia. Italo se sento en un arbol a descansar.
-Habian varias personas a pesar que era de noche. Podia ocultarme con la capucha, pero tuve que desaparecer unas cuantas veces... Y luego un tipo me vio, peleamos y tire algunos estantes. Escapando di con la bodega, y luego de como una hora encontre el libro. Yo ya esperaba que se hubieran ido sin mi.
-Esto nos sera muy util. Puedes descansar si quieres. Yo me encargo del resto.
Italo se dio vuelta, y tan pronto como llego, se quedo dormido. Dalia contemplo el libro, apretando la espada.
-Con esto lo lograremos. Podemos vencerlos...

Dalia se giro hacia mi.

¿No lo crees?


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Creo que esta fue una pesima parte, pero es lo que hay.

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45 Re: R.O.L. Beta el Dom Mar 15, 2015 8:58 pm

DALIA


No, Lang no lo creía. Podía verlo en sus ojos.
No parecía quedar mucho espíritu en el cazarrecompensas. Por otro lado, Cregh estaba vibrante, y tomo el libro de las leyendas de mí, ojeándolo a pesar de que no podía leerlo. No tardó en pasárselo a Ítalo, golpeándolo para que despertara. El arquero se levantó pronto, incapaz de haber logrado conciliar un sueño profundo.

—Muy buen trabajo, Ítalo —le dijo Cregh—. Lo conseguiste sin que pasara nada grave. Es distinto cuando no nos están esperando, como cuando entramos a la ciudad…
Sí, puede ser. —dijo este, placido. Supuse que no era tan malo despertarse ante halagos. Note que me estaba mirando. Se tornó hacía mí—. ¿Estás bien? —me pregunto entonces.
Sí… sí. Yo apenas note que pasó nada, apenas tengo recuerdos después de que perdiéramos el conocimiento en esa capilla y, eh, nuestras cosas se quemaran… —mi voz bajó a medida que recordaba. La imagen de mi bolso en llamas volvió a mí, y de la enciclopedia de mamá quemándose. Me refregué el pelo—. Supongo que el tirón que sufrí en mi cuello hizo que todo mi cuerpo dejara de responder, aunque aún no estaba… muerta del todo… dioses. Todo paso muy rápido… Cuando desperté las cosas eran difíciles de creer.

Recordé todo lo que había estado pasando. Las calles destruidas, el fuego, la lluvia congelada. Me acerque hacía Aldara, que estaba jugando con una manzana sin comerla. Ítalo vino detrás de mí.

Gracias por todo lo que hiciste, Aldara. —Dije a la nereida, y ella me miro conmovida. Se puso de pie, y trato de alejarse, al parecer disgustada consigo misma… con los que habían muerto… pero no la deje. Avancé hasta ella y la envolví con mis brazos, pero ella se sacudió y cayó al suelo con un gemido. Cregh vino corriendo.
—¡Cielos! —Exclamó, y se puso a revisar sus bolsillos—. Había olvidado que le habían disparado. Le apretaste la herida, Dalia. A ver, Valma, debo tener hojas de Valma por acá…

Cregh se acercó a Aldara, y le reviso el brazo derecho. Las ropas de Aldara habían sido caras y hermosas cuando las había aceptado en Veringrad, pero ahora se encontraban arrugadas, sucias y negras por quemaduras en la batalla; y sobre la tela se extendía una mancha húmeda, mostrando la sangre en su brazo.

—Ah, mierda, aquella puta me quemó todo, nos quemó cada una de nuestras cosas… No me queda nada. Ni siquiera sé si me quedaba Valma. —Balbuceó el mago.

Pero yo no lo estaba escuchando. Solo miraba hacía el rostro de Aldara, acongojado y mirando hacía el suelo, corriéndose de mí. Tome su brazo bueno y lo cruce sobre mí, acercándola, y abarque a Cregh para abrazarlos a ambos. Los sostuve contra mí, sintiendo su cercanía. El mago estaba extrañado, pero pronto me devolvió el abrazo. Aldara hizo lo mismo, sin decir nada. Los sentí, y agradecí a esas dos personas por mi vida.
Esto duro unos momentos, y me levante. Aldara miro detrás de mí, hacía Ítalo.

Perdón —le dijo—. Perdí tu bolso.

Ítalo mostro una sonrisa que parecía casi cómica. Debía ser lo último en lo que estaba pensando.

—Ítalo, disculpa —dijo Cregh, llamando su atención—. Pero estoy algo ansioso. ¿Podes leer el libro o no?

El arquero miro hacía el Thi-Yit, sopesándolo  en las manos.

El viejo de aquella casa mágica nos dijo que apenas habían un par de copias de esta cosa —murmuro—. Que era tan raro que apenas algunos recordaban como leerlo. Pero este no es como el que teníamos. Parece traducido, de alguna manera. Está en un lenguaje antiguo, pero puedo leerlo.
Es tan extraño —dijo Lang, callado hasta entonces. Estaba recostándose contra un árbol—. ¿Por qué habría una copia de semejante libro en ese lugar? En una bodega apartada…
Bueno, parecería un buen lugar para esconder un libro. En una librería organizada, si alguien quiere guardarse una edición solo para sí, debería hacerlo en un cuarto apartado.

Lang no opino nada respecto a la teoría. Ítalo se dejó caer al pasto, cruzo las piernas, y abrió el libro. Se sacó el anillo del espacio, y se lo paso a Cregh.  Entonces avanzó hasta el final del libro, buscando la última sección. El Antiguo Testamento, la leyenda sobre lo que iba a pasar en el futuro. Malo anduvo hasta él, y se acurruco a un lado.

Me senté junto a Aldara, y lo mire. Ítalo leía con ojos brillantes. Estábamos cerca, muy cerca. Solo nos faltaban algunos kilómetros para alcanzar la ciudad capital; para encontrar el lugar donde dormía el Deus, o donde estaba sellado.

De pronto note que alguien estaba gritando, y me gire para ver que Lang estaba discutiendo con Cregh. Supuse que iban a tomarse un buen rato, pero de alguna forma Cregh asintió, resignado, y pareció ceder ante Lang. El pistolero se puso de pie con debilidad.
No es nada, ¿no escuchás? —masculló—. Está perfecto que no puedas curar todo por arte de magia, ¡ya estuve en peores!
El pistolero hacía gestos hacia su pierna derecha, y me di cuenta de que él también había recibido un tiro en la pelea de Aqlatan. Aunque su herida parecía más un moratón que una mancha roja.
—Pero no vamos a poder andar si tenes la pierna en ese estado —insistió Cregh—. Dejame verla, quizá puedo tratarla con algo.
Viví en este cuerpo por muchos años; creo que puedo decidir si está bien o mal. Fue mi propia bala, por los dioses; no me pegó de lleno. Iba lenta.
—Bueno… —Cregh mostro una expresión que ya había visto en otras discusiones, cuando estaba por alzar su voz y repetir sus puntos con más fuerza. Pero esa mirada no duro, y la remplazo una de respeto—. Está bien. Es verdad que supiste qué hacer ayer. Me cubriste bien, Lang. Voy a dejarte esta vez.
Lang bufó, y mostro algo que parecía una sonrisa, pero no llegaba a eso.
Vos conseguime unas hojas largas, y puedo hacerme unas buenas vendas. Eso es más que suficiente.

Y cumplió su palabra. Un par de horas después, la pierna de Lang y el brazo de Aldara estaban vendados y nos encontrábamos andando (había sido bueno que la bala de Aldara no se había quedado dentro de ella). Ítalo no podía soltar el libro, y caminaba mientras leía y sin decir una palabra.

—Puede que estemos a dos días de Verin —dijo Cregh, mientras atravesábamos las praderas—. Quizá tres días. ¿Creés que puedas leerlo para entonces, Ítalo?
¿Por qué no podemos transpórtanos con el anillo? —pregunto Aldara, con tono agobiado.
—Porque vos y el vagabundo no servirían de nada si no tuvieron tiempo para curarse…
Sí, los versos son más bien cortos —dijo Ítalo por sobre el mago—. Pero es increíble. Estoy leyendo todo sobre lo que me habían contado de niño… La historia de mi apellido… Del primer Del Valle.

Nos giramos hacía él, curiosos. Ítalo leyó un poco más, sin bajar el ritmo de su caminata; iba al mismo paso que nosotros, y nunca se tropezaba. Era increíble que ni siquiera hubiera estado agotado después del combate. Era incansable desde que tenía esa piedra clavada en el pecho.
Al final levanto la mirada.

Fue durante La Gran Guerra que hubo, cuando los humanos descubrimos a los bichos y tomamos Veringrad… Los ejércitos recorrían las ciudades y barrían a todos los bichos de ahí, exterminaban a todos los que no fueran humanos. El Del Valle, mi… primer ancestro, era un general en esas campañas. El libro lo llama El Cazador. —Ítalo hizo una pausa. Todos permanecimos callados, en entendimiento. El arquero bajó la mirada al libro—. Y ahí menciona al Deus. Dice que cruzó el mar junto a los pueblos de todos los bichos… no sé qué tanto sea una metáfora, debe referirse a un general por cada especie, o a los tarnies… Y que aplastaron la ola que eran los humanos. Debería seguir traduciendo.
Por favor, Ítalo —dije.
No te distraigas mucho —dijo Lang—. Aceleremos un poco el paso para poder hacer campamento más adelante, y entonces vas a poder leer con tiempo.

El arquero asintió, y cerró el tomo. Los cinco —seis con Malo— avanzamos, y el valle empezó a mostrar elevaciones de nuevo; aparecieron rocas puntiagudas que alcanzaban nuestra altura. Nuestros estómagos rugían, pero podíamos ignorarlos. Podíamos concentrarnos en avanzar. Pensaba en los cinco, como los habíamos visto en Aqlatan. En ese cuervo enorme; en cómo nos había aplastado contra el suelo, nos había reducido, y había quemado Laertes sin que pudiéramos hacer nada. Se había reído sobre como tenía control sobre nuestra vida o muerte. Pensé en aquel pistolero, que parecía humano. Él había saltado en medio del festival de Craster, y barrido a la gente que estaba intentando disfrutar; había llenado las calles de cuerpos y había intentado llevarse a Aldara. Pensé en aquel mago negro destrozando Havenstad. Pensé en la nereida, esa mujer humana, quemándonos vivos en Aqlatan.

Y ahora estábamos a unos días. A un poco más caminata para llegar al centro de todo eso. Podíamos ignorar el llamado del hambre.

Cayó la noche, e hicimos campamento en una colina. Las rocas ahora aparecían por todos lados, y nos cubrían desde todas las direcciones. Cregh mostró que para comer habría frutas de nuevo, sin mucho entusiasmo. Esa noche no había luna, y las sombras eran de un negro pesado. Mientras masticaba la comida, pensé que habían muchos sonidos esa noche.

Quizá sea un oso —bromeó Lang, escuchando también, y me hizo agua la boca—. Sería bueno cazar un poco, aunque ahora es muy tarde. ¿No, cazador?
De alguna forma, su tono parecía enojado. Miró hacía Ítalo. El arquero se apoyó contra una piedra y retomo su relato.
Claro, Lang. Podemos cazar algo mañana, bueno, puedo hacerlo yo. Con esa pierna tuya… En fin… El Thi-Yit continúa diciendo que los humanos estaban condenados; que los ejércitos de Alles no iban a ser nada contra las fuerzas del Oeste, así que tuvieron que usar el engaño. Esta parte es algo difícil de leer; la palabra más cercana que usaríamos es “engaño.” Pero los ejércitos de Alles se dividieron en un grupo de cinco, y este grupo de personas pudieron engañar al Deus y convencerlo de que debían encontrarse en el oeste, en su ciudad.
Vaya —murmure—. Un grupo de cinco, eh…
Malo maulló algo, que casi pareció una protesta.
Perdón, Malo —dijo Ítalo con una sonrisa— Pero no, no dice que el grupo fuera de seis.
Seguí, cazador. —dijo Lang. Cregh solo escuchaba atentamente.
Estos cinco eran… Eh… —Ítalo se aclaró la garganta—. El cazador, citado con nombre como Ansala Del Valle. Luego menciona a un pistolero, un hechicero, un caballero, y una nereida. Al parecer ellos emboscaron al Deus, y cortaron su piel con “una espada bendecida contra la naturaleza…”
¿Eh? —Levanté la cabeza—. ¿Qué quiere decir eso?
No tengo ni puta idea —suspiro Ítalo—. El relato se pone raro en esta parte. Empieza a hablar de corrientes, lo que podríamos llamar con nuestras palabras como flujos positivos y negativos… A hablar de cómo el “mismo orden de las cosas” sufrió un corte en esa tarde…
—Sí, escuchamos algo sobre eso. —Dijo Cregh—. En la capilla de Aqlatan. Los del Oeste piensan que Deus es Destino, Vida y Muerte todos en uno… La “espada contra la naturaleza” debe referirse a una espada contra él.
Dioses —tragó Lang. Su frente estaba húmeda. Seguí su mirada, y mire hacia el cielo negro, vacío de estrellas. Parecía inmenso, devorador. Trate de imaginarme a una sola criatura abarcando todo eso, y sentí que mi estómago se tornaba del revés.
—Quizá era un arma bendecida por humanos, ya que parecen creer que ellos sirven a lo opuesto del Deus —continuó Cregh.
Hmm —dijo Ítalo—. Bueno, en fin, y estos soldados de Alles derribaron al Deus sobre… por lo que pude entender, hay una cadena de montañas, o una cordillera, alrededor de la ciudad de Verin… y los humanos pudieron derribar al Deus sobre la cima de una de estas montañas.
Ítalo se recostó contra su piedra, cerrando los ojos.
Eso es todo lo que leí hasta hoy. Las escrituras, como son llamadas, no entran en detalle acerca de este momento, además de mencionar que el caballero tenía esa espada brillante.
Asentí, abstraída, aunque él no podía verme con los ojos cerrados. Lang agitó una mano por el aire.
Está bien, pero que pena. Menos cuento para esta noche. Cuanto antes durmamos y sigamos adelante, antes vamos a poder terminar con todo. —El pistolero miró hacia mí, y su rostro en la noche parecía una roca inmovible—. No va a importar si esos versos nos dicen cómo superar a los cinco, Dalia… nos vamos a encontrar al dios antes.

Lo mire en silencio. Ítalo también había abierto los ojos, pero no decía nada.

Cregh se centró en su fuego, en su palma que generaba una llamarada de luz, y pronto la llamarada se apagó, y estuvimos entre la noche. Aunque los ruidos permanecieron sin cesar.




Frente a mí se encontraba Wendagon, en la oscuridad.
Su cabeza pelada reflejaba la luz que venia del centro de la sala, entre él y yo, desde una bola de cristal.
Mire hacía la esfera, y supe que era Destino.
Mire hacía Wendagon. El viejo estudiaba la bola con cuidado. Entendí que él no podía verme. Mire hacía el objeto, hacía su interior, y vi eso que Wendagon había visto hacía tantos días, hacía tantos kilómetros. Vi al Deus, lo vi como una energía latente, lo vi como una posibilidad tornándose en realidad, lo vi como a una promesa concretándose. Vi su despertar como una sensación, como el sol pasando por mi ventana, entre las paredes de madera de mi hogar, por la mañana.

Mire hacía la bola de cristal, y supe que estaba viendo ese momento, el día cuando Wendagon había sentido ese nacimiento y había decidido llamarnos. Ahora era el momento de que yo lo viera. Sabía por qué. Había tenido ese mismo sueño, o variaciones de ese sueño, desde hacía semanas. Su despertar —esa luz—, era cada vez más grande. Y yo estaba cada vez más cerca. La presión aplastaba a todas las demás cosas; no podía ver a mi mamá, no podía ver al Este.

Me levante con un salto. Mi corazón latía con fuerza. No conseguía calmar mi respiración. Sentí el brazo de Aldara, y escuche su voz preguntando si me sentía mal. Me di vuelta, y vi esos ojos  suyos, que ya no parecían los mismos. Habían perdido su color en Aqlatan. Los habían perdido por mí, al haber temido perderme a mí. Le di la única respuesta que podía darle, y negué con la cabeza, sonriendo. Ella sonrió a su vez.

Ese día Ítalo decidió tratar de cazar algo para todos, y cuando me levante él estaba corriendo entre las piedras, con Malo a su lado. Entre el pasto debajo correteaba una lagartija; o lo que parecía una lagartija, al menos, con una cabeza gris y un caparazón por sobre todo su cuerpo.
La alimaña zigzagueaba por el campo, cruzando entre las piedras enormes. Ítalo corrió sin separar los ojos del suelo, y cuando una roca se puso en su camino, saltó y la cruzo por encima, superando toda su altura sin problemas. Malo maulló en desafío, sin quedarse atrás, y se lanzó por abajo para emboscar al animal; pero cuando se encontraron en el otro lado, el humano y el quitnar se golpearon el uno con el otro, y descubrieron que el animal ya no estaba ahí. No había más lagartijas… u osos… alrededor.

Pronto retomamos la marcha, y los seis continuamos hasta subir la colina sobre donde estábamos; llegamos hasta su otro lado, y en el horizonte pudimos ver una gran montaña en el horizonte.

—Es esa —dijo Cregh—. Esa tiene que ser la montaña del Deus, ¿no?
Supongo que es normal que aparezca antes que la ciudad —dije—, porque estamos atravesando el oeste, no siguiendo los caminos. Y el Deus siempre se encontró siguiendo al oeste, a través del Oeste.
Escuchen, quizá sea mejor que se los diga ahora, pero quizá no sea fácil entrar. —murmuró Ítalo.
¿Eh? —dijo Lang, dejando de caminar.
Estuve leyendo un poco más, y las escrituras pasan a hablar sobre esa montaña —dijo Ítalo—. Dicen que cuando Deus cayó, la tierra lo abrazo, y lo tomo para… nutrirlo, alimentarlo hasta que su cuerpo se recuperara, y pudiera despertar de nuevo.

Ante esto me sobresalte, y me frote los brazos mientras pensaba en mi sueño, y en el cosquilleo que sentía por toda mi piel. Mire a la montaña, terriblemente cerca, y el cosquilleo pareció crecer en intensidad.
Y que la montaña lo rodeo para protegerlo, y se cerró a todo el monte, solo para él —continuo el arquero—; pues ahora esa montaña y todo el alrededor eran Tierras Sagradas. Cerradas para que nadie interrumpa el sueño.
—Ah, vamos —chistó Cregh—. A la mierda. Ya vinimos hasta acá… Vamos a poder pasar por esa montaña como pasamos por todo.
Sí. Sé que va a ser así. —Dijo Ítalo. Y a Lang se le escapo una risotada sarcástica.
Por cierto, Ítalo —empezó a decir—. ¿Y qué pasaba con los cinco soldados? ¿Qué les pasaba luego de que hacían caer al Deus?
El arquero lo miro con gravedad.
Voy a tratar de revisarlo luego.





Continuamos nuestra caminata a través de los prados rocosos, que se hacían más ásperos a medida que nos acercábamos a la cadena de montañas. La vegetación también crecía junto con lo montés, y podíamos ver arbustos y pequeños arboles brotando desde todas partes. Todo tenia los colores oscuros de la maleza del Oeste. No volvimos a ver ningún animalito cascarudo.

Se respiraba una gran paz, aunque no podía calmarme. No podía dejar de pensar en la montaña, o incluso en más allá. Pensaba que justo por el otro lado estaba Verin, la gran capital de todo ese continente, donde querrían nuestras cabezas por aquellos a quienes habíamos matado. Palpé mi cuello. Y los bichos no cumplían sus amenazas.

Estaba atardeciendo cuando llegamos al pie de la montaña. La elevación gigante subía hasta donde podíamos verla. Era aún más grande que Aqlatan.

—Dioses, podría tomarnos días solo subirla —dijo Cregh.

Pero no necesitaba decir que quizá no tendríamos la oportunidad. A los pocos metros comenzaban las Tierras Sagradas, y podíamos ver a la pared de enredaderas que se elevaba sobre todo y bloqueaba el camino. Todo lo que podíamos ver de la montaña se veía cubierto por esta capa negra.

Subimos por entre las piedras, y alcanzamos el espinal. La enredadera se extendía en ambas direcciones, cubriendo el cielo rojo.
Bueno —dijo Lang—. Ya usa el anillo, mago.
—Hace rato que estoy tratando —respondido este. Levantó el brazo, mostrando que tenía el anillo puesto—. No lo entiendo, no reacciona. Este anillo no es como la magia común; casi ni siquiera es magia, así que debería funcionar aunque hubiera un bloqueo. Pero es como si no hubiera nada del otro lado.

Ítalo gruñó algo, y avanzo hasta estar junto a la pared de plantas. Estiro su mano, e hizo aparecer a un relámpago que golpeo contra las plantas e ilumino al cielo. Pero no ocurrió nada. Las plantas no se cortaron. El trueno dejo un residuo en el aire, como cuando puede olerse la lluvia, aunque no había muchas nubes en el cielo.

Note que Lang y Aldara se habían sentado en unas piedras, apoyando sus cabezas en los brazos.
Al mismo tiempo, Cregh lanzaba una ola de fuego contra las espinas, sin lograr nada.
Miraba de izquierda a derecha, tratando de que se me ocurriera algo. No podía pensar que habíamos llegado ahí para nada. No podía dejar que ese pensamiento entrara en mi cabeza.
Había una luz blanca alrededor de Cregh, pero desapareció a los pocos momentos; un hechizo de transportación también había fallado. Ítalo lanzo una flecha, y empezó a buscar en su carcaj por otra. Al verlo, perdí la respiración, y corrí hasta él y le baje el brazo. No podíamos empezar a hacer cosas así; a delatar que estábamos desesperados. Pero él me miro sin más ideas.
Dalia, ¿cómo conseguiste tu espada? —escuche a Lang de pronto.
¿Eh? —me gire hacía él, angustiada. El pistolero parecía una silueta contra el atardecer—. ¿Por qué? ¿Mi espada? ¿Pensas que va a poder hacer algo contra las plantas?
No veo que la luz pasé entre los tallos. —Dijo Aldara—. Y no parece que nadie los haya manipulado antes, tampoco. No creo que ni esos otros cinco hayan podido pasar.
Quizá sí —me respondió Lang—. Quizá las pueda romper, ¿no?
¿Pensas que es la espada brillante de la leyenda? —me reí.
Quizá. ¿Cómo la conseguiste?
Fue… Fue hace diecinueve años, nos llegó el día que nací. —Me senté en el suelo, haciendo memoria. Pensé en mi papá, sentado junto a mí, contándomelo todo, y deje que las palabras salieran solas—. Era de noche y llovía, pero papá no había cerrado el negocio, porque en ese entonces todo iba bien y era seguro, y… entonces entró un bicho… un bicho entró pidiendo ayuda, desangrándose. —Hablaba sin parar, sin pensar en cómo sabía eso. Las palabras parecían salir desde mi interior, y no de mi cabeza—. No era humano, pero estaba sangrando, y eso era todo lo que importaba. Papá lo ayudo, y… y en agradecimiento el bicho le dio la espada, y ese día nací así que papá supo que esa espada iba a ser para mí…
Me quede mirando al suelo, perdida en mí misma.
Supo que iba a cortar para mí.
Bueno —bufó Lang—. Un bicho… quizá no sea la espada brillante, está bien. Pero aun así podes probar si corta a las plantas, ¿no? ¿Por qué no?
¿Por qué no, Dalia? —dijo Aldara, alentándome. Sostuve su mirada durante unos momentos, y suspiré.

Me levante con esfuerzo, y camine hasta la enredadera. Ítalo tenía dos cuchillos en las manos, y los usaba contra las plantas una y otra vez. Yo tome mi espada de mi cinturón, y me sume junto a él, pero tampoco pude abrir un camino. La vegetación se agitaba bajo el peso de nuestros golpes, pero era como cuando mi espada no tenía filo, antes de que empezase a sanarme; parecía un pedazo de piedra inútil, y las capas de espinas no se quebraban.

Podíamos ver desde nuestra posición que rodear la montaña desde afuera no iba a traer ningún resultado; empecé a pensar que podía intentar pasar entre los tallos, si no quedaba ninguna otra opción, mientras mi espada me curara, y tratar de encontrar un camino desde adentro.

Entonces mire a Ítalo. Su rostro estaba agitado, y su pelo resplandecía por el sudor. Me di cuenta de que yo también estaba así. El hormigueo se sentía más fuerte que nunca. Esas plantas no eran normales. Esa montaña parecía vibrar bajo mis pies descalzos. Ítalo me miro a los ojos, respirando por la boca, y entonces dio un paso atrás. Dejó caer sus cuchillos sobre la hierba.
Ansala Del Valle pisó estas tierras hace doscientos años. —Dijo—. Y ahora yo sigo sus pasos; llegue al mismo lugar al que él llego. No puede cerrarse ante mí.
Avanzó despacio hacía las plantas, mirándolas fijo. Vi que tensó los hombros, y supe que él también estaba sintiendo el hormigueo. Entonces bajó sus manos sobre las plantas, y las cerró bajo dos espinas.

Pero no brotó nada de sangre. Sus puños se cerraron con fuerza. Un rumor sacudió a toda la montaña. Las raíces se sacudieron, y toda la figura de la montaña se removió. Lang y Aldara se levantaron de inmediato, y se acercaron a mí y a Cregh. Ítalo parecía sobrecogido. El hormigueo era más fuerte que nunca.

El mago miró a Ítalo de arriba abajo, y del arquero a las plantas, intentando entender. Las plantas continuaron removiéndose, y se agitaban en todas las direcciones.
—¿Es por qué sos un Del Valle? —pregunto Cregh en vos baja.
No… No se… —murmuró Aldara, que se acercó a Ítalo. Los temblores continuaban. Aldara miraba derecho. Movió sus manos hacía las enredaderas, pero justo antes se detuvo, temerosa.

Entonces yo me moví a su lado, y cerré mis manos sobre una rama. La marea de espinas se sacudió de nuevo. Aldara me sonrió, y apoyo sus manos a su vez. Cregh se sumó, y Lang hizo lo mismo. Ninguna espina dolía. Toda la montaña parecía moverse, pero la enredadera no hacía ruido. O quizá el rumor que sentía ofuscaba todos los otros sonidos.
La pared de ramales empezó a abrirse, despacio, desde el centro entre nosotros. Ninguno de los cinco corrió las manos, y entonces la vibración sobre nuestra piel se detuvo. El rumor calló. Hubo silencio por un instante, y entonces sonó un crujido enorme, recorriendo todo el aire, cuando cientos de ramas se doblaban para abrir un camino; se torcían, se quebraban hacía los lados y nos abrían un paso, una puerta.

La enredadera estaba abierta ante nosotros, e Ítalo dio un paso dentro de la montaña. Yo lo seguí atrás, antes de Cregh, y luego Aldara. Entonces note que Lang estaba mirando afuera.

Malo nos contemplaba desde la entrada en silencio, con calma. Él no había hecho más que esperar con paciencia desde que habíamos alcanzado la montaña.
El pistolero extendió su mano hacía su gato que no era un gato, y este permaneció en su posición por unos momentos. El pistolero no dijo nada, no movió su mano, y el gato al final salto hacia él.

Las puertas no se cerraron detrás de nosotros, de cualquier manera. Las plantas de espinas se inclinaron hacía el suelo, mostrando sus troncos y despejando nuestro camino, y eso fue todo. El movimiento de las ramas separándose se oyó como un eco que recorría la montaña hasta su otro extremo. Seguimos adelante en las Tierras Sagradas, cuesta arriba. La tierra olía a polvo y humedad, después de haber pasado tanto tiempo sellada del aire puro.

Las raíces dentro continuaban creando un techo, pero evitaban estorbar el suelo. El camino que mostraban no era recto, siguiendo las irregularidades de la montaña, que se hacía cada vez más erguida. No había una ruta definida y limpia, y teníamos que luchar con el terreno tanto como nos era posible para avanzar; el camino se elevaba de repente, y muchas veces teníamos que usar la maleza como apoyo para subir a rocas altas. Una vez incluso necesitamos subirnos a la espalda de Malo, como canino, para poder saltar sobre un barranco.  

El recorrido era silencioso y sereno. No había viento, y el cosquilleo había desaparecido; ahora estábamos solos con la dureza franca de la piedra. Mientras continuábamos subiendo la montaña el tiempo empezó a desaparecer; perdí la escala de todo, y olvide esas cuestiones. Por encima, los últimos trazos rojos en el cielo desaparecieron, y las estrellas empezaron a salir.

La imagen de lo que nos esperaba más adelante no lograba abandonar mi cabeza. Pensé en el Deus durmiendo en esa misma montaña, y pensé en mis sueños sobre un despertar. En ese momento estábamos gateando sobre una pendiente especialmente resbalosa. Los cinco avanzábamos con las manos y los pies, muy despacio. Malo se adelantaba de a saltos y revisaba lo que había más adelante, como había hecho en todo el recorrido. Ya había salido la luna, y esa noche era un faro inmenso y azul.

El gato llegó a la cima de la inclinación y agazapó la cabeza. Dejó escapar un maullido agudo. No se dio vuelta hacía nosotros, y saltó adelante. No tardamos en alcanzarlo y compartir su vista: la enredadera de ramas se abría de nuevo en esa altura de la montaña, despejando un terreno ancho de tierra. Podía divisar un objeto a la distancia, acostado contra un árbol; las ramas en las alturas hacían un agujero sobre él, lanzando un rayo de luz. Me acerque despacio, abstraída.
El resto del grupo termino de subir, y permanecieron ahí. Solo Lang se adelantó, despreocupado, detrás de mí.
Contra el árbol se encontraba una armadura. Su metal ya era gris y oxidado por el paso de los años, pero la luna pegaba en él y lo hacía resplandecer, brillar como si fuera de plata. Desde el casco se asomaba una calavera silenciosa. Reconocí la forma de un humano. Ese no era ningún oráculo. El caballero se encontraba recostado contra el árbol, con una rodilla levantada como si estuviera recuperando sus energías. Estaba extendiendo un brazo, sosteniendo una espada en él. Yacía contra una punta del claro, discreto. Malo maulló de nuevo contra la noche.
No podía separar mis ojos de la espada. Era cristalina, tan alta como todo el caballero, y el cadáver tenía que extender todo su brazo para poder aferrar el mango. La hoja le devolvía una mirada de sus huesos, tan brillante como la armadura. Pero sin el óxido y vejez de esta. De alguna manera, parecía brillar con su propia luz, más allá de la luna.
Ítalo dio unos pasos hacía nosotros, alcanzando a Lang. Sentía que ya sabía lo que estaba viniendo. Empezó a crecer una nueva presión en mí, pero esa vez no venía de la montaña; no.
La espada brillante —dijo entonces el arquero.
Se quedó doscientos años en este lugar… —masculló Lang, lanzando un escupitajo.
Sí. Y ni siquiera está oxidada. —Murmure, dirigida a nadie en particular.
Tiene que ser esa. Tómala, Dalia. —Dijo Ítalo—. Este soldado tiene que ser el caballero que cortó al Deus. Él que lo hizo con esa espada hecha para poder herirlo…
—dije—. Entiendo.
Moví mi mano, despacio, hacía el mango de la espada. De repente me sentía cien veces más pesada. De pronto podía sentir una brisa contra mi pelo, tan pequeña que no me había fijado en ella, pero ahora parecía un vendaval cortando por mi piel. Entendí que esa presión no venía de mí. Era como cuando me había desviado del camino del rio, en Lignus, hacía tanto tiempo, y había encontrado esa palabra mágica bajo la corriente. Casi podía sentir a Destino junto a mí, obrando, tomando mi mano y moviéndola conmigo.
Mire hacía las cuencas del cráneo podrido, y no vi a una figura sombría, sino a un compañero que me estaba pasando su tarea. Matar al Deus. Para eso había recorrido todo ese camino y llegado hasta ese lugar. Sostuve el mango por encima de la mano del caballero, y tire con fuerza. La espada se negó a salir. Su guardián la había guardado por mucho tiempo. Tire con más fuerza, y por fin el agarre cedió. La mano del muerto no se quebró, sino que solo dio una mota de espacio para la hoja. Incline la espada plateada hacía mí, dejando que el filo reflejara mi cara. Me vi sonriendo.
Moví mi mano hasta el espacio en mi cinturón donde descansaba mi espada negra. La saque, la aprecie una última vez, y la lleve hacía el puño anhelante del caballero. Ocupe ese espacio vacío y concrete el intercambio.

El viejo tiene un agarre fuerte —dijo Lang—. Me temo que no vaya a ser muy útil tratar de sacarle esa armadura.
Dejala. Llevan ahí doscientos años —dijo Ítalo—; ya deben ser una parte más de ese árbol.
Guarde la espada brillante en mi cinturón mientras reemprendíamos la marcha. Nos unimos al resto. Ahora el camino hacía una bajada corta, y la atravesamos con un saltito. Cregh empezó a sugerir que quizá debíamos montar campamento, antes de que la noche se hiciera más oscura, y por un momento no pude evitar en la enciclopedia de mamá. Me la había dado cuando estaba dejando casa, pero luego se había consumido en el fuego de Aqlatan. Pensé en ese fuego, y vi la luz de la bola de cristal de Destino.

Me refregué la cabeza. Esos eran pensamientos extraños. No tenía por qué preocuparme. Nunca había parecido que yo iba a remontar a nada, una chica pobre en una ciudad delegada… Pero Destino había querido que yo, entre todos los soldados del reino entrenados, llegara hasta ese lugar.
Dejamos el claro del caballero, y avanzamos un poco más hasta encontrar otro lugar bueno. Pronto dejamos todas nuestras cosas en el suelo, nos recostamos en un círculo, y Cregh hizo aparecer una flama. La luz temblorosa floto en la oscuridad, entre la tierra húmeda. Y se hizo más oscura, y más oscura. Mientras que yo me hundía en el sueño.



~•~



Cuando Aldara tomo mi hombro para despertarme, salté hacía adelante con un grito. Ella no retrocedió, sino que me ofreció un poco de agua, servicial.
Su mirada lo decía todo. Debía verme horrible, y estaba transpirando por toda la frente. Ese sueño había sido peor que todos los demás. Habían estado haciéndose peores, y ese había sido el más intenso, pero no podía permitirme creerlo… Tenía que ser un mensaje, un símbolo a través de las imágenes, como los de los días anteriores… Sonreí a Aldara una vez más, y le dije que me encontraba bien.

Frente a mí se encontraban los cuatro hombres de nuestro grupo, levantados. Ya habían desarmado el campamento, pero me habían esperado con paciencia.

—Queríamos dejarte soñar con calma —explicó Cregh. Sus palabras eran lentas… salían con esfuerzo. Era visible que se hallaba tenso—. Pero entonces empezaste a verte algo mal. Ahí fue cuando Aldara insistió en despertarte…
Es posible que veamos al Deus hoy, Dalia —dijo Ítalo, sin dar más rodeos—. ¿Con qué soñaste?
Pues… —empecé a decir. Lang, Aldara e incluso Malo también me miraban con atención. Tomé otro sorbo de la cantimplora. En realidad no tenía caso ocultar nada—. Puede que hayamos llegado muy tarde. Que ya haya despertado. Que ya no se encuentre en esta montaña.
—¿Eh? —balbuceo Cregh, casi sin poder hacer que lo sonidos salieran de su boca.
Dalia, ¿de qué estás hablando? Las enredaderas seguían cerradas cuando llegamos —dijo Lang.
¿Qué fue lo que viste? —Preguntó Ítalo—. ¿Viste al Deus?
Sí. —Dije—. No sé. No sé lo que vi.  —Me tome la cabeza, abrumada. El resto me dejó respirar. Era claro que querían saber más; no tenia caso lanzarme preguntas. Trate de recordar las imágenes durante un momento, y entonces hablé—. Vi un lago. Creo que era un lago, al menos… Estaba al pie de una montaña. Pero no creo que fuera esta; el libro de Ítalo decía que Verin estaba en el centro de una cadena de montañas, así que del otro lado debería estar Verin. No sé. Quizá estaba en la espalda de otra de las montañas…
Ahí… ¿ahí viste al Deus? —me pregunto Aldara, que se había puesto de pie a mi lado. Asentí.
Pero, ¿por qué? ¿El Deus? ¿Qué estaría haciendo en un lago? —dijo Lang.
Creo que estaba… refrescándose, despertándose, estirando su cuerpo. Terminando de despertar. —Murmure—. Todo el sueño estaba nublado, no, nublado no… poblado de esa sensación que había en la entrada. Ese rumor, pero mucho más grande. Creo que eso es la presencia del Deus. Yo creo que es eso. Pero ahora era inmenso. Me asfixiaba. Quizá solo era por ser un sueño, pero…
Estás segura, ¿no, Dalia? —dijo Ítalo.
—Entonces eso significa que, ¿qué…? ¿El Deus ya no está acá? —Dijo Cregh.
Me parece que ya lo entendimos, Cregh —lanzó el pistolero, irritado.
Bueno… bueno. —Empezó a murmurar Ítalo, mientras yo me levantaba. Me acerque al resto, e Ítalo levanto la mirada. Parecía taciturno—.Está bien. Es solo un poco más. No contaba con matarlo mientras dormía, de todas maneras, no realmente.
Está bien, sí —repitió Lang—. Sigamos de una vez. —Y empecé a caminar con él, a dar los primeros pasos, pero Aldara nos paró.

Esperen —dijo—. ¿No podemos hablar de lo que vamos a hacer? Es que…Lo que pasó en Aqlatan…
Dioses, ¿podes dejar de pensar en eso? —se quejó Lang. Entonces le puse una mano en frente del pecho, callándolo.
Aldara, ¿qué pasa?
No, yo digo… —Aldara se llevó las manos al pecho, nerviosa, y luego a la cintura, guardando la cantimplora que me había prestado con torpeza—. ¿Vamos a seguir así?
¿Así cómo? —Saltó Lang—. Dioses, gente, ¡Dalia acaba de decir que el Deus está despierto! ¡Un dios! ¡Y ya está caminando! ¿Es que no entienden…?
Estoy hablando de todos los que maté, todos esos bichos. —Dijo Aldara entonces—. ¿Vamos a seguir así, haciendo cualquier cosa que necesitemos? Y ahora, que hay que hacer lo más importante de todo…

Lang miró a Ítalo, en confidencia. Dos personas con miradas comunes.

Tenemos un trabajo que hacer —dijo Ítalo con calma. Malo lanzo un maullido, como aprobando sus palabras. Aldara solo bajo su cabeza.
—Aldara, ¿qué podríamos haber hecho? ¿Dispararte? —Dijo Cregh—. No había nada que hacerle, no eras vos… deja de lastimarte por eso. Pero vos… —el mago se giró hacía Lang—. No me gusta esa mirada, Lang. Vos no podes decir que tenes magia… bueno, nada parecido… corriendo por tu cuerpo. Espero que no intentes nada así. Recuerdo bien que tenías a esa nereida y elegiste no hacerle nada.
Sí, pero después escuche esa voz. —Replicó el pistolero, agrio—. Desde la cruz. Vos también la escuchaste, vos sentiste… aquello.

El mago no respondió nada. Me di cuenta de que Aldara me estaba mirando, como pidiendo una respuesta de mi parte. Pero no podía. Yo había comunicado el sueño, nada más… Destino me lo había mostrado para que fuéramos hacía allá. Así es como eran las cosas. Aldara entendió mi mirada, e hizo desaparecer la mueca de sus cejas, con un suspiro.
Vamos a estar bien. Ahora tengo la espada que puede cortar al Deus. —Dije.
Me di vuelta y empecé a caminar, dejando a Lang atrás. El resto se puso en marcha unos momentos después. Los pasos de los seis resonaron sobre la tierra.

Alcanzamos la cima de la montaña a las dos o tres horas de marcha. Los ramales eran más abundantes ahí, así como la maleza; en esa área el pasto había crecido, cubriendo todo el suelo. El centro era ocupado por un gran cráter. La tierra se hundía en una maraña de raíces desgarradas.

El lugar estaba vacío. No me había equivocado. El Deus había abandonado su cama.

¿De verdad se había levantado durante la noche anterior? ¿Acaso nosotros le habíamos abierto las puertas?
Pero no. Algo me decía que no había sido así. Pensé en ese sueño que había tenido la noche antes de la montaña. Ver a Wendagon en aquel día, en el principio. Creí entender el significado de que apareciese aquel día. Las enredaderas podrían evitar que todo lo demás entrara, y seguían cerradas entonces, pero no era una prisión para él. No buscaban contenerlo. Él era capaz de salir.

Bajamos la montaña durante todo el resto del día. Las horas pronto dejaron de tener sentido, justo como en el día anterior, entre todos los saltos y descensos; el aferrarse a las rocas, el aferrarse los unos a los otros. Pronto la luna estaba radiante entre las estrellas, pero no podía faltarnos demasiado para llegar abajo. Decidimos montar campamento, y nos acostamos en las Tierras Sagradas una vez más.

Esa noche Cregh estaba demasiado frustrado; no estaba de humor para encender una flama. Nos llegaba suficiente luz a través del techo de ramales negros; plantas sombrías. Todo en el oeste parecía estar cargado de un color oscuro. Aun así, la luna seguía igual que siempre, brillando igual a como lo hacía en casa, donde podía mirarla con mamá y con papá. Resplandeciendo junto con mi espada. Brillaba con una fuerza que enceguecía. Pronto bostecé y me dormí.



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Spoiler:
Ahora posteo la segunda mitad. Me pase del limite de caracteres.


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La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
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46 Re: R.O.L. Beta el Dom Mar 15, 2015 8:59 pm

HEIR


Krieg me paso otra jarra de cerveza, y me pregunte si no estaría ya por su segunda docena.

El líquido caía del pico del cuervo enorme, mojando su pecho y haciendo que el negro puro de sus plumas se manchase y pareciese sucio y maltratado. Al principio temí que esta imagen —el huginn bebiendo— me remontase a los bares de Veringrad, donde lo que quedaba de nuestra especie en Alles se pudría en la bebida; pero Krieg lo hacía ver como a un acto noble, adecuado. Eso era un festejo de celebración, después de todo. Las buenas noticias merecían regocijo. Acepte la jarra —no sería más que mi segunda— y recosté mi espalda contra un pilar.

Habíamos llegado al templo el día anterior, después del combate en Aqlatan. Los territorios alrededor de Bandao eran considerados sagrados; las tierras anteriores a la ciudad de Varoa estaban plagadas de capillas y templos sobre el Deus, y el hechicero había decretado que ese era un gran momento para nuestra fe. Los sitios estaban mayormente proclamados por la iglesia de los Iluminados en esos días; pero seguían siendo lugares de espiritualidad, y ahora estábamos esperando allí.

Mire a Krieg terminarse otra jarra, y buscar más de su barril. Por detrás se asomaba el templo, donde Karus estaba hablando con los humanos; sabía que eso no estaba siendo lindo. La situación podía hacerse mortal, de hecho. Había notado que Karus cambió cuando esa cruz empezó a hablar. Su postura se había hecho rígida, su tono nunca abandonaba ese registro grave que antes solo había escapado su voz un par de veces. Krieg me lo había explicado todo.
Hale, hale el Oeste —había dicho entre tragos—, Deus despertó. Se estuvo revolcando en la cama por dos siglos, sintiendo las torturas del Este, pero ahora fue distinto, ¿sabes? Cuando una matanza así sucede en sus tierras, él no puede quedarse revolcándose. Pasa algo como lo de Aqlatan, ¿y qué va a ser? ¿Eh? ¡Pues claro que va a despertar! ¡Ahora sí, la noche cae, el sol no llega! Esa cruz estuvo juntando polvo por años… y entonces pasó eso. De pronto hizo esa cosa. Pues, ¿qué va a ser? La cruz por fin habló; Deus tiene que haber despertado. Después de pasar tanto, tanto tiempo solo juntando polvo en la Biblioteca…

Pero aun así, la situación era mortal.

Desde que el humano había vuelto de la Biblioteca, Karus lo había encerrado en el templo y hablado con él. Sabía que el Hechicero estaba al borde de su paciencia… que no podía tolerar nada ahora que eran los momentos críticos. Y el humano había llegado con malas noticias. El Antiguo Testamento estaba perdido.

Tome un sorbo y decidí que quería saber lo que iba a pasar. Avancé hacía el templo, dejando a Krieg festejando entre los pilares tallados de aquel lugar santo.

Pude escuchar los gritos a metros antes de entrar. Corrí la manta que servía de puerta para ver a Karus clamando contra el humano, que se sentaba y parecía indiferente a todo el estruendo. Afectada solo parecía la nereida, en el otro lado del cuarto, que cubría la cabeza bajo sus manos. Aquella habitación no era demasiado grande, y sus paredes circulares ensombrecían las luces de la mañana.
Espere en la puerta, mirando, hasta que el mago me noto. Se volvió hacía mí; su casco negro estaba roto, quebrado, aunque aún lo portaba. Estaba sosteniendo uno de los revólveres del humano.
Caballero —me dijo—. Podes pasar. —Entonces lo hice.
Si vas a matar al humano, entonces quiero ver —dije.
El pistolero va a estar bien, aunque no lo merezca. Pero no vamos a matarlo otra vez. No podría traerlo de vuelta de nuevo. Ya no. Reemplazar su pecho… El esfuerzo fue demasiado grande. Hubo que pedir demasiado a Deus.
Grazné. Pedir prestado al Deus… La magia, o como él llamara a la magia, no era lo mío. Karus había empezado a arquearse mientras hablaba, cerrándose hacía su pecho y bajando la cabeza. Era como si estuviera sufriendo algún tipo de dolor. Aun en esa posición, levantó su brazo armado y apuntó al Pistolero con una de sus armas. Se mantuvo en esta posición durante algunos momentos, incapaz de calmar su pulso. El Pistolero no se movía. No se asustaba. Me pregunte si de verdad estaba vivo del todo, o si acaso podría demostrarlo. Quizá había visto algo terrible del otro lado, y el esfuerzo de vivir ya lo superaba. Quizá solo no tenía miedo. Quizá esa bala ya no podía matarlo. Karus seguía quejándose.

¡Perdió el Testamento! ¡Perdió el Testamento! Vio al Cazador en la Biblioteca, vio que se le había adelantado y no fue capaz de pararlo. Ay, Deus. Ay, Oeste.
Está bien —dije—, ya lo sé.
Me acerque despacio y apoyé mis alas sobre sus hombros. Al final el Hechicero bajó el arma, así que lo ayude a incorporarse y a incorporarse bien. Pronto dejó el revólver a un lado, y tomó asiento en la recepción. Pero su cuerpo no se relajó. Se sacó el casco y lo apoyó en su regazo, mostrando su rostro Hylesio. Pero a esa bola de pelos negros le faltaban sus dos puntos de luz; no podía abrir sus ojos. Pues ese cuerpo estaba muerto. Lo había tomado prestado.

Karus se puso de pie, haciendo mover su cuerpo, y caminó hasta la Nereida. Cuando la humana sintió que alguien hacía una sombra sobre ella, levanto la cabeza y lo miró. Estiró sus manos hacía él, en un ruego. Él aceptó tomarlas sin más. Los ojos de la humana mostraban una entrega infinita. Como si su persona ya no fuera pertenencia suya. Alrededor de Karus los cuerpos no parecían tener una propiedad sólida.
Ay, Oeste. —Dijo entonces el mago—. Perdiste tu anillo, Nereida. Tu anillo del espacio te fue arrebatado. ¿Cómo podes servir al Oeste ahora? ¿Cómo podes corregir tu error? Me temo que no sos el Pistolero.
La Nereida asentía a medida que Karus hablaba, a través del discurso. Entonces él la tomo del cuello y dio un pequeño tirón, y ella bajo de su asiento al momento. El Hechicero estaba complacido. La humana se arrodillo a sus pies, postrándose, y él levanto un brazo.

El cuerpo de la Nereida se prendió fuego; la estela cubrió sus pies, entonces su cintura, entonces su pecho; creciendo alrededor de ella. La Nereida lo soporto inmóvil durante el primer instante, pero pronto saltó hacia atrás y empezó a retorcerse, resistiéndose.

Había creído que el fuego no lastimaba a la Nereida, pero quizá solo había sido una presunción. O quizá eso no era fuego. Alrededor de Karus las cosas parecían no ser lo que aparentaban. No se oía ni una voz en la habitación. El Pistolero miraba en silencio. Era claro que no tenía intención de correr la vista o abandonar la sala a pesar de que ella fuera una humana; por mi parte, el aroma de la carne de la mujer llegó hasta mí, y dejar esa escena hubiera requerido de gran voluntad.

Los esfuerzos de la Nereida se hicieron mayores, y empezaron a aparecer unas segundas llamas alrededor de ella, formadas en la espontaneidad por su dolor. El Hechicero estiró su otra mano, y este fuego intruso se extinguió. La Nereida se vio arrebatada de toda forma de responder a su castigo. Entonces Karus levantó ambas manos hacía arriba.

He ahí tu nuevo aporte. He ahí tu retribución.

Krieg se asomó por la puerta. Su mirada se contorneo en una mueca, aunque podía deberse al humo que cubría el techo de la casa y se escapaba hacía afuera. Yo sabía que él no podía encontrar molesto al hecho de un guerrero indigno encontrando la muerte. El mago Karus mantenía sus manos en alto, y casi parecía eufórico, aunque no pudiera mover aquel rostro putrefacto.

Ahora todos estábamos presentes, y miramos hasta que la Nereida dejó de retorcerse, y yació en el suelo, sin más vida en ella.

Sí. Se acerca la retribución para todos. Se acerca una nueva guerra, como Deus debe quererlo, y así… él va a tener su venganza contra quienes lo obligaron a reposar. Sí.

El mago siguió diciendo más cosas, pero solo me fije en que las ropas y pelo de la Nereida seguían ardiendo, y estaban ennegreciendo al humo. Respirar estaba tornándose complicado. Mire hacía Krieg, deseoso de que dijera algo. Por suerte, encontró mi mirada y no tardó en tomar una de las manos de Karus, parándola en el aire en medio de su vocifero. Le dijo unas palabras, y este pareció entender. Pronto salimos todos afuera, dejando que la Nereida, con sus ropas blancas, se quemase en ese templo Iluminado.

Karus lo miró durante un momento.

Ellos no entienden las palabras del Deus… Esa iglesia sigue lecturas equivocadas de sus palabras… Pero de cualquier manera, van a ayudar a que se realice nuestro objetivo. El Oeste está listo.
Entonces se giró hacía mí. Retrocedí casi sin darme cuenta, chocando con Krieg. El huginn soltó una risotada de olor a cerveza, y me sostuvo los hombros para que me calmara.
Caballero —me dijo el mago—. ¿Decís que cumpliste tu tarea en el Este? ¿La ciudad de Craster está libre de señores de tierras?
Immo —asentí—-. Los señores de la ciudad están muertos, junto con el noble que vivía allí.
Y las arañas deben estar acercándose a la capital para ahora. —dijo Krieg, sonriente.
Ya es la hora, entonces —dijo Karus—. Deus se acerca.

Tenían razón. En todo lo que decían tenían razón. El Deus debía de las Tierras Sagradas muy pronto. Las escrituras iban a realizarse.

El Hechicero caminó hasta mí y pidió mi mano. Cuando se la cedí, puso un anillo en ella. Era un anillo del espacio.

Portá esto, Heir. —Dijo desde su rostro muerto.
Sí, Karus.
Muy bien, Caballero. Muy bien. —Sonaba complacido, aunque a la vez agotado. Pero todo iba a realizarse.
Estaba alrededor de personas fantásticas. Personas que sabían exactamente cuál era el camino que seguía ante ellos. Tenía que hacer algo por ellos.

Yo no podía ser menos. No podía ser la Nereida… o Sil… o Dip. Tenía que cumplir para el Deus. Tenía que completar mi rol. Había visto a aquella Caballero en Aqlatan. Cuando Krieg tomó la cruz y nos transportó ahí… en medio de la lluvia… había podido verla claramente. Fue en medio de la lluvia, pero supe quién era en cuantos mis ojos encontraron aquel pelo rojo.

Krieg, Karus y el pistolero estaban caminando hacía los pilares religiosos, en el otro lado de ese lugar. Pero yo no me moví. Mire hacía las nubes, pasando a través del cielo con calma. La tormenta del día anterior había desaparecido. Aspire el olor del Oeste.

Me senté sobre el pasto, y aprecie el anillo que me habían dado. Rumie sobre la forma en la que la Nereida había actuado con el suyo. Ella no había sido digna. Ahora mi tarea era clara. Me puse el anillo y sentí partir al espacio en dos.
Fue como girar un picaporte. Como recortar una puerta en medio del destino al que quería llegar. No me movía, cual un hechizo; el mundo se movía a mí alrededor.
De pronto estaba en Aqlatan.
Las tierras áridas que estaban a mí alrededor habían sido cambiadas por praderas. Podía ver la figura de la ciudad sobre su montaña. Observe su punta, y pensé con amargura en las muertes que habían tenido lugar. Mire alrededor.

Me encontraba en los pastos que circundaban la montaña. Me agache, y busque alrededor del suelo, olisqueando y revisando entre la hierba hasta que encontré lo que buscaba. Contra una piedra había una manzana medio comida. Había elegido ese lugar con cuidado.

Me levante del suelo, satisfecho, y empecé a caminar. Sabía que esa dirección particular desde la ciudad llevaba directamente a las Tierras Sagradas. Sabía que la Caballero tenía que estar siguiendo esa ruta. No debían haber salido de la ciudad por la puerta, no; debían estar dirigiéndose hacía Deus. Y esa manzana me lo había confirmado. Había encontrado un rastro.
Marché a través de las praderas, siguiendo la dirección del sol y caminando derecho. Sabía que podía llegar a perder la estela, pero no sería un problema dar con la montaña. Y ella sin duda estaría allí.
Saque mi sable, relamiéndome, y lo blandí por el aire. No tenía que preocuparme de que alguien me viera. No habían casas tilisias ahí, tan alejados del norte, de los caminos; y tampoco veía a los humanos. Pero no tenía que preocuparme por eso. Solo tenía que ser paciente, y mantenerme en el suelo. No usar el anillo y siempre mirar hacía el camino. Tenía que esperar.

Cuando cayó la noche no tarde en encontrar una luz. El campo había empezado a llenarse de piedras, y a la distancia vi un resplandor viniendo desde un circulo de rocas; casi en el horizonte. Era una noche sin luna, y sabía que no podrían verme. Pero no iba a dejarlo a la suerte. Rodee la fogata a medida que me acercaba, tratando de cubrirme detrás de piedras en cada paso, y al final me acosté contra un montículo que me cubría a no demasiados metros. Podía escuchar sus voces, susurros en medio del viento; con la oscuridad parecían bajar sus tonos por instinto. Uno de los hombres parecía estar contando una historia. Me pregunte si acaso estarían leyendo el Antiguo Testamento, y fruncí el pico con odio. Pero no estaba ahí para recuperar eso. Ellos podían leer sobre lo inevitable si eso querían. Tome algunas semillas de un saco, y mastique y repose mi cuerpo. La luz no llegaba hasta mi posición, y por un momento jugué con la posibilidad de dejarle paso al sueño.

En cambio, solo relaje mi cuerpo hasta que la diferencia se hizo indistinguible, y deje que llegara el día a su propio ritmo. Los sonidos de su campamento no tardaron en extinguirse.

Abrí mis ojos en cuanto los escuche otra vez. Había pisadas muy cerca de mí. No debían haber podido acercarse tanto. Me incorpore con un rodeo, desenvainando mi sable y preparándome para atacar, pero solo vi a uno de los humanos saltando por el aire, cruzando una gran roca con un solo salto. Podía haberme visto si giraba su cabeza solo un poco. Alarmado, me puse el anillo del espacio y desaparecí. Volví a mostrarme a un centenar de metros de esa posición.  Los humanos ya estaban despiertos. ¿Cómo se me habían escapado? Estaba seguro de que había mantenido la guardia durante toda la noche. Había sido ingenuo.

No tenía caso intentar seguirlos en ese momento, tan próximos a ellos. Decidí esperar un par de horas antes de retomar su rastro, para permitirles alejarse. Entonces quizá podría ver lo que estaba deseando ver. Las Tierras Sagradas no estaban lejos.

Ya estaba de nuevo en el camino, luego de que mucho del día hubiese pasado, cuando escuche el murmullo. El sol estaba cayendo, y podía ver a la cadena de montañas que comenzaba más adelante como una silueta. Sabía que ese pico que veía eran las Tierras Sagradas, y que la Caballero ya debía haberlas alcanzado.
Entonces la silueta de la montaña empezó a agitarse, y pareció como si toda una bandada de pájaros se hubiera echado a volar. Entendí que debía tratarse de la maleza que cubría la montaña, agitándose. Lo que había supuesto debía ser cierto. Mi cuerpo temblaba bajo mi armadura, incitándome a correr, pero al mismo tiempo me detenía. Tenía que esperar. Tenía que ser paciente. Continúe caminando hacía la montaña con paso normal, sabiendo que las Tierras Sagradas debían estar abriéndose ante los humanos. Recordaba bien lo que Karus y Krieg me habían enseñado en esas últimas semanas; habían pasado doscientos años desde que esa montaña había visto la luz. Y ahora por fin estaba ocurriendo.

Avancé hasta el pie de la montaña, y vi que la pared de árboles que la cubría se había abierto en un pequeño pasillo. Los humanos lo habían logrado de alguna manera. Quizá esa era la voluntad de Deus. Subí al interior de la montaña, conteniendo el aliento; apreciando la tierra húmeda y toda su importancia. Empecé a escalar, a adentrarme en la montaña como ningún ser había hecho en doscientos años; ni siquiera un insecto. El atardecer ya se había apagado, y ahora me encontraba de nuevo en la oscuridad. Bien. Estaba acostumbrado a viajar así.

Pronto me topé con una extensión de tierra, y temí que los humanos hubieran acampado allí. Pero el terreno estaba vacío. Camine un poco por él, y encontré un cuerpo al extremo del lugar, cuando la montaña ya volvía a ir en subida. Era un esqueleto en una armadura derruida, y sostenía una espada negra. Dude un poco, pero al final pase la mano por su hoja, pues no se veía antigua como su portador; pero no parecía tener filo alguno. No era mejor que un pedazo de roca en punta.  

Mire hacia arriba. La luna brillaba plena. No podían haber seguido mucho más sin montar campamento; iba a ser mejor que guardara mi distancia mientras me era conveniente. Me acosté junto al esqueleto y descanse la mirada, apoyado contra los arboles de espinas. Ese lugar daba a los troncos y podía evitar las puntas afiladas. Descansé. La distancia se estaba haciendo más corta. Mi paciencia no iba a resistir mucho más.
No perdí la concentración esa noche. Pude permanecer alerta durante todo el tiempo, observando como la oscuridad se retiraba hacía el oeste, despacio, y el sol volvía a mostrarse. Entonces me levante de nuevo. Era tiempo de cazar.

Los humanos habían salido antes, y supuse que habría algunas horas de marcha entre nosotros. Continúe el ascenso sin peligro de que me vieran, y no paso mucho hasta que note que los arboles dejaban de elevarse. Subí otra elevación de la roca, y llegue a la cima de las Tierras Sagradas.
El suelo estaba cubierto de verde; un forraje que se había mantenido corto. El lugar se hundía hacía el centro, y sabía que ahí había caído Deus. Y que Deus ya no ocupaba esos lares. Hale.
Camine hasta el centro y me arrodille. Junte mis manos hacía mi pecho, y permanecí en esa posición durante un minuto. Rece hasta que estuve satisfecho, y aprecie el lugar donde me encontraba. En ese lugar había comenzado un nuevo capítulo de la Historia. Deus iba a corregir todas las cosas de nuevo, y Veringrad iba a poder estar llena de tantos huginn como ellos quisieran.
Rece por un buen porvenir, y por una buena caza. Ya había visto todo lo que quería. Ahora iba a completar mi tributo.

Comencé la bajada de la montaña, exaltado; apenas pudiendo mantener mi sable en su funda. Pero tenía que concentrarme en la bajada, y junte todas mis energías para calmarme. Trague otro puñado de semillas, y continué el descenso a través de las rocas y la piedra inclemente. Pronto volvió a empezar a oscurecer, como me di cuenta entre exhalaciones desesperadas; apure el paso, dejándome resbalar por las bajadas y saltando abajo de cada declive. El cielo entre las enredaderas se hizo rojo, y pronto ese rojo empezó a dar lugar al azul…

Me detuve contra un árbol, recuperando el aliento y reuniendo mi cabeza. Eso estaba bien. Eso estaba perfecto. La noche podía darme una cubierta perfecta. Tenía que permanecer frío, o no iba a lograr nada. Eso estaba bien. Immo.  

Ahora la noche era un manto negro a mí alrededor. Salté de una roca, y el camino empezaba a inclinarse, así que me acerqué a los arboles de espinas, usándolos como soporte mientras bajaba por el terreno resbaladizo. El camino volvió a interrumpirse a los pocos metros, dando lugar a otra caída. Me asomé por ahí, ganando vista del gran panorama de la montaña. La oscuridad no era un problema para mis ojos. No habían prendido una fogata, pero ahí estaban. Pude verlos con total claridad. Los cinco humanos dormían en un círculo, con dos bolsos a un lado; junto a ellos yacía un pequeño animal. Recordé lo que el Hechicero había contado sobre un perro inmenso que los defendía, y decidí tomar precauciones.

Empecé a rodear el suelo donde estaba, buscando evitar bajar hacía el centro de su campamento, y lo hice tanto como las cercas de ramas me lo permitieron. Salté abajo, y me cubrí contra los arboles mientras me acercaba. Todos descansaban pesadamente. Reconocí al Pistolero, que había apuñalado a Karus en Havenstad. Él había estado tirado cuando los conocí. Junto a él había una mujer; la Nereida que había destrozado Aqlatan. Junto a ella se encontraba su Hechicero, que Krieg había llamado un inútil tras probarlo en Laertes, pero luego había resistido todo el fuego en la ciudad montaña. El otro hombre dormía junto a un carcaj y un arco, y supuse que debía ser el arquero que habían visto los Reblor cuando los Campos Elíseos estuvieron bajo ataque. Tenía que ser el Cazador.

Entonces estaba el Caballero. La chica que había apuñalado a nuestro humano. Salté contra ella, cayendo sobre su estómago y motivando un grito desde su garganta. Entonces golpee su mejilla, buscando callarla; lo que sacudió su cabeza. Su mirada mostraba confusión y pánico. Sus manos recorrían mi cuerpo sin rumbo, sin duda tratando de organizar sus pensamientos en la oscuridad.
De pronto escuché más gritos viniendo desde mi espalda; oí movimiento y a un rugido, y supe que debía ponerme el anillo. Empecé a transportarnos, justo cuando la Caballero junto aire para exclamar algo…

…Y su grito de auxilio salió al pie de la montaña. Nos había llevado abajo. Caímos por el suelo, rodando, hasta que me puse de pie. Ella seguía tirada, aun esforzándose por entender que estaba pasando. Note que llevaba su espada atada en su cintura. Eso le resultaría útil.

La montaña terminaba en una colina de hierba rodeada de árboles. Sabía que la sierra mostraba el mismo paisaje con cada una de sus montañas, pues esas colinas descendían hasta la ciudad de Verin. También sabía que no tenía que preocuparme de que su Hechicero pudiera rastrear nuestra transportación. No podía rastrear al anillo, incluso aunque tuviera uno.

Avancé hasta la Caballero y aplasté una bota contra su nariz. Su cabeza cayó hacía atrás, sangrando, y la seguí para patear otra vez contra su estómago. Su cuerpo se encorvó hacía mí junto a un grito sordo. Entonces me alejé.
La observé en silencio, dejando que se retorciera por el pasto, intentando respirar. Entonces pareció recuperarse… oí su aliento… y al final se levantó, débil. Pero su mirada parecía desafiante. Tomó su espada con un brazo inseguro, levantándola hacía su rostro. La espada era hermosa, y reflejaba la luz de la luna de manera que la sangre de su nariz parecía el mismo rojo de su pelo. Su pulso se calmó, y extendió la espada contra mí. La observe complacido. Eso era lo que quería. La confusión de la noche no debía importarle. Mi identidad no debía importarle. Había un enemigo frente a ella, y eso era todo a lo que debía responder. Con su espada.

Desenvaine mi sable, relamiéndome. La Caballero corrió contra mí, atravesando el pasto que nos separaba en un par de pasos. Entonces lanzó su espada, y desvíe su punta a un lado sin problemas. Había sido lenta. La había usado como un arpón. Casi parecía demasiado pesada para ella. Grazné. Ataqué contra ella, que se defendió a duras penas. Su espada tembló bajo la mía, así que lo hice de nuevo, y de nuevo. Pronto su agarre no resistió, y cayó al suelo.
La Caballero se levantó al momento siguiente. Me alegró ver que no parecía asustada. Hice un corte largo por el aire, obligándola a retroceder, y empecé a llevarla contra los árboles. La noche era fresca, pero podía ver sudor cayendo por su cara y limpiando su sangre. Al final pareció cansarse de esquivar, e interpuso su espada en mi ruta, deteniendo mi sable. Avancé contra ella, juntándonos el uno contra el otro. Esta vez no parecía querer dejarme espacio. Apretaba contra mi sable con todas sus fuerzas, y el esfuerzo era admirable. Entonces bajé una mano hasta mi saco y tome mi daga, que clavé contra sus manos.

La chica chilló, dejando caer su espada. De pronto logro callar a su grito, y tomo la espada antes de que cayera; usando la mano que no había sido alcanzada. Mi cuchillo atravesaba su palma izquierda, que chorreaba contra la hierba. Pero no estaba quejándose. La Caballero levantaba su espada a duras penas; dando lo mejor de sí pero apenas soportando su peso.
Ya había visto suficiente. Hice un tajo contra su vientre, abriéndolo y lanzándola contra el suelo. La Caballero cayó contra uno de los árboles que se esparcían, e hizo un esfuerzo por incorporarse, recostando su espalda contra el tronco. Movió su mano hasta su herida, que no dejaba de manar sangre. No había soltado su espada.

Eso iba a ser todo. No había sido un buen rival. Apenas podía contener mis instintos al ver toda esa sangre. Me arrodille junto a ella, acercándome. Entonces note que estaba susurrando algo, hablándose a sí misma. Me acerque más, y note que era la misma palabra cada vez. “Coniungunt.
¿Eh? —le pregunte—. ¿Qué estás diciendo?
Coniungunt… Coniungunt… —continuaba repitiendo. No dejaba de llevarse la mano al vientre, empapándola. Luego la llevaba hasta su rostro y se palmaba con la sangre, como si no creyera lo que estaba viendo.
¿Qué es eso, Caballero?
Palabra mágica… ibas a protegerme… —su voz se hacía más débil. Su susurro empezaba a desvanecerse—. Papá, dijiste… Por todo mi viaje…
¿Sí? Pues esa es una palabra bicho, Caballero.
Siempre… Papá…
Tu viaje siempre siguió al Oeste. Tus horizontes fueron los del Oeste, y ahora ya cumpliste tu designio. Adiós, Caballero.
Sostuve su mano izquierda con fuerza y retire mi cuchillo. Entonces lo usé en su vientre, ampliando mí corte atravez de su estómago. Usé las manos para ensancharlo, y hundí el pico en él, alimentándome. Me satisfice con su interior. Del Caballero ya no venía ningún sonido. Su cuerpo no mantendría el calor por mucho más.

Sin embargo, no pude aprovechar la comida. Volví a escuchar las voces gritando que había oído hacía unos minutos, viniendo desde la montaña; sus compañeros estaban bajando. Relamí lo que ya tenía dentro de mi pico, y me incorpore. Le eché un último vistazo al Caballero. Todo su cuerpo brillaba como su cabello, rojo, y la espada seguía haciendo refulgir a la luz. Era una vista apreciable.

Me puse el anillo del espacio, haciéndome desaparecer, y volví con mi gente.


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Spoiler:
°L°

Ya es muy tarde para su espada negra btw. Como, infinitamente demasiado tarde


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47 Re: R.O.L. Beta el Miér Abr 08, 2015 5:42 pm

Ítalo

Ponerlo en palabras simplemente no era posible. No sé podía.
Se pudo haber evitado.No había duda de eso.El segundo sentimiento que sentí fue mis propias manos habían matado a Dalia. Tal vez había pasado demasiado tiempo recreando en mi mente las escenas de thi-yit. Quizás era que no podía sacarme de la cabeza como habían cambiado los ojos de Aldara y que ahora no atrevía a levantar la mirada para verla directamente a su cara. Probablemente nos creí invencibles por un momento e ignoré por completo que la luna había abandonado el cielo la noche anterior. Abrir las tierras que nadie había pisado en 2 siglos se había sentido tan bien.
No me atrevía a levantar la cabeza,pesaba el doble que el resto de mi cuerpo. Pude escuchar como sus pasos llegaban y se hacían más lentos. Sin darme cuenta, ya estaba de rodillas. Sin posibilidad de hacer algo al respecto sentía tan fuertemente dentro de mí que esto estaba mal. Demasiado mal.   A los pocos segundos sentía que no era capaz de lograr que mis latidos se coordinaran lo suficiente para mantenerme vivo ni un instante más. Pero de alguna manera sobreviví. Y volteé la cabeza ver al resto. Cregh intentó acercarse pero comprendió que ya no había ninguna chance. En una fracción de segundo su rostro se quebró en una mueca de mil sensaciones juntas. Lang bajo su mirada y la clavó el piso. Y Aldara...simplemente miraba. Sus ojos parecían haberse vuelto el doble de grandes. No estaban vidriosos,pero reflejaba a la luna igual que el cuerpo de Dalia empapado en sangre. No sentía que ella estuviera más viva que Dalia.
Fueron largos minutos,que parecían horas, de eterno silencio.
Cuándo intenté abrir la boca y sentí como mi rostro se contraría,mis ojos pesaban y mi garganta ardía. El llanto fue torpe por que representaba tantas cosas al mismo tiempo que mi cuerpo no sabía como responder exactamente. Las lágrimas brotaban hirviendo de mis ojos,llegando al climax de la desesperación total. No solo habían matado a uno de nosotros,habían matado a nuestra guía.El acto de la lágrimas terminó con un frío escalofrío que se generó detrás de los ojos al pensar cuan vasto era el Oeste y cuan solos estábamos ahora.
No debería hablar de lo que yo sentía cuando podía prácticamente escuchar el latido de los corazones de los mis compañeros golpeando contra sus costillas.Era terrible.Simplemente,no imaginaba un peor escenario.
La sangre coagulándose dio paso a las primeras palabras de la madrugada.Y también al odio empezando a opacar a la desesperación.Jamás había tenido tantas ganar de matar como cuando Aldara pronunció las palabras.

-H-hay...hay que enterrarla.-dijo tratando de no susurrar.

Sus ojos se abrieron como platos,las miradas se entrecruzaron.

-Yo...yo me encargo.-dije sin despegar las rodillas ni las manos del suelo.-Yo lo haré.

Di el primer paso y sentí que mi cuerpo pesaba el triple.Al segundo paso,pesaba 5 veces más.Detuve la marcha y miré mis manos.

-Dalia...

Tenía ganas de derrumbarme en el piso. Moría de ganas de tirarme en el piso y pegar mi cara en el piso. Y no moverme más. Continué caminando,con pasos lentos.Muy lentos. Necesitaba energía de la piedra para poder caminar. Mi cuerpo se había convertido en metal.De alguna manera podía sentir la mirada del resto en mi espalda. Y no podía caer. Caer significaba rendirse y por más cómoda que fuera una muerte con los ojos cerrados y la mente sin culpas sabía que no era así. Solo tenía que levantar la cabeza para saber las muertes que nos podían deparar.
Finalmente llegué hasta Dalia. Acaricié su mejilla y limpié su rostro. Acomodé su pelo que hoy hacía juego con su sangre. Al lado de su oreja había una pequeña pluma negra que volvía a brillar bajo la luna. Estaba tan frustrado. Tenía que dispersar mi mente para encargarme de Dalia y dejar de pensar en como matar al culpable. Sacudí la cabeza aislando las ganas de ver una garganta rebalsada en sangre y dirigí mi atención a los ojos de Dalia. Estaban abiertos e inyectados en sangre. Parecían esferas de cristal. Parecían realmente vivos y estaban mirando en una dirección específica.
Imaginé una situación peor en ese instante. La luna no estaría brillando y los ojos de Dalia estarían cerrados abrazando a una muerte infinitamente dolorosa. Bajo un hermoso manto de luz blanca y con su última voluntad teníamos un camino marcado. Cerré sus párpados para que Dalia entienda que aceptábamos continuar.
Acerqué su cuerpo a mí y pegue mi frente con la suya.Cerré mis ojos y suspiré una última vez. Volteé mi cabeza hacia la izquierda,hacia el Oeste.Teníamos que descender lo que quedaba de la montaña para encontrar un claro donde enterrar a Dalia. Rápidamente Cregh generó una chispa blanca y aparecimos al pie de la montaña. Vimos una piedra muy grande con forma triangular que daba el principio de una pequeña llanura y nos pareció el lugar adecuado. Seguí sosteniendo a Dalia mientras Cregh,Lang y Malo cavaban la tumba. Los miré unos instante pero luego giré y me quede mirando a Aldara. Su mirada se perdía en la llanura. En aquel brillo que parecía seguir a la luna. Realmente quería saber que había dentro de la nereida en ese instante. La distancia me impedía destinguir exactamente como se encontraban sus ojos,pero recordaba cuando grandes y vidriosos estaban. Pero parecía estar en calma y esa calma me desesperaba. Intenté penetrar en su interior mirándola fijamente,buscando algo. Era increíblemente difícil encontrar siquiera un rastro en su expresiones. Sabía que había mostrado su peor forma hacía unas pocas y si no lo hubiera hecho estaríamos muertos. Ella no sabía quién era. Debía estar pensando que Aldara tendría que seguir el resto del camino. Cuándo despertó se encontró que había matado a toda una ciudad y también nos había salvado,pero no había reconocido ninguno de nuestros rostros. La única certeza era una gran angustia que crecía y un odio que no se quedaba atrás.
Cregh me toco el brazo para indicarme que la tumba rudimentaria estaba lista. Fue tan fácil abstraerme en mis pensamientos que casi me había olvidado que tenía a Dalia en mis brazos.Con tanto cuidado como nunca había tenido en mi vida apoyé su nuca en su nueva y última cama. Acomodé sus brazos sobre su vientre y estiré sus piernas.Todavía sostenía en sus manos su nueva espada. Levanté sus dedos con cierto esfuerzo y tomé la espada. Lo mismo hice con su pequeña espada vieja. Comencé a enterrarla de inmediato y el resto pronto se sumo y sin darnos cuenta esa había sido la última vez que veíamos el rostro de Dalia.
Clavé la espada de Dalia en la tierra y recité un poema típico proveniente de mis ancestros.



Después de un pequeño silencio nuestras miradas se volvieron a encontrar. Sin duda que todos esperábamos que Dalia se levantara de tumba se sumara con nosotros y siguiéramos nuestro camino. Todos contentos y felices como en un cuento. Pero ninguno de nosotros podía mantener la cabeza por más de un instante. El sabor amargo detrás de la lengua de que todo esto se pudo haber evitado si le hubiera echo caso a la luna seguía ahí(y no se iba a ir). La cantidad de dudas que nos rodeaban hacían que mover la lengua fuera todo un desafío. Podía ver como no era el único que abría tímidamente la boca y esta se volvía a cerrar de inmediato.
Esta vez fue Lang quién rompió el silencio.

-Y ahora...¿qué?-dijo con desatándose la garganta.La pregunta de Lang podía tener ambigüedades, como ¿qué hacemos ahora?¿Nos rendimos?¿Servimos al deus?¿Estamos muertos? Pero no parecía estar preguntando eso,quería saber realmente a donde seguía nuestro camino.
-Nos queda una sola dirección.
-El Oeste- susurró Cregh
-Y más puntualmente Verin.
-Deberíamos empezar a caminar hacía esa luz.
-¿Qué es? No entiendo por que esta ahí flotando.El horizonte parece morir justo con ella.-acotó el mago. No había notado que no se veía nada después de aquella luz.
-Empecemos a movernos.No quiero recordarles que ahora saben donde estamos gracias al anillo.
-¿Qué?¿Están siguiéndonos?
-Nada de este mundo puede rastrear la magia de este anillo,Lang.
-¿Sugerís entonces que el cuervo estaba adentro de las tierras sagradas desde antes que nosotros y nos tendió una emboscada?-Seguramente el pistolero también había visto la pluma negra.
-Se supone que lugar era impenetrable. No hay manera de que estuviera acá desde antes que nosotros. De todas maneras, no es el anillo.
-Pues yo creo que deberíamos deshacernos de él.-soltó Lang
-¿Estas loco?-gritó Cregh y se puso enfrente de Lang- La única razón de que el que mato a Dalia no este muerto ahora mismo es por que la puta magia de este anillo es imposible de rastrear.
-Entonces...-comentó levantando una ceja-Nos estaban siguiendo y nadie lo noto?- como acto reflejo volteé mi cabeza para asegurarme que no haya nadie atrás nuestro.
-Si hubieran estado todos tras nosotros nos hubieran matado a todos mientras dormíamos.Y ya sabían lo del anillo. No veo por que esperarían un día para matarnos y ni siquiera a todos,solo a ...Dalia.
-Bien podrían saber que pensaríamos eso. O nos están respetando, saben que ahora podemos matarlos nosotros a ellos.
-No suena tan descabellado,cierto. Pero saben? Somos el objetivo más fácil quietos al pie de la montaña.
-Bien...Vamos.

Caminamos a ritmo lento,siguiendo aquel reflejo en el cielo. Pensé que no podía estar a más de 20 minutos caminando pero la caminata se prolongo cerca de 40 minutos y todavía no parecía estar cerca.Me había dado la sensación de que la luz se estaba moviendo,de todos modos me guarde el comentario y noté que necesitaríamos más de las capas blancas para entrar en la ciudad. Aunque fuera posible de que ni siquiera con eso bastará. Había que intentarlo de todas maneras,se me hacía difícil de creer que toleraran humanos en Verin por más iluminados que estén.

-Cregh,dame el anillo. Ustedes no tienen la túnica de los iluminados.Mientras ustedes llegan,voy a buscar las túnicas para ustedes.
-Está bien,toma-dijo Cregh mientras extendía su mano izquierda.
-Tengo que la corazonada de que no hay humanos en Verin. Es solo una sensación de todas maneras.
-No sos el único. Tengo el mismo presentimiento. Por lo menos con esto descartamos lo del anillo.Si realmente pueden rastrear esto, encontrarme solo en su capital es una oportunidad inmejorable.
-Uff-suspiró mientras se llevaba las manos a la cara-No entienden que no se puede seguir su rastro no? Cuidate con lo que haya dentro... si se supone que esa luz es Verin.
-Habrá humanos dentro.Y esa luz es Verin,estoy segura. -todos volteamos para ver a Aldara. Se achico de hombros y bajo aun más mirada.
-Deben faltar menos 2 de horas el primer rayo de sol-aunque pareciera que las noches acá fueran eternas. -Cuándo consiga las túnicas voy a volver donde están ustedes con esto. - saqué el pergamino verde y se lo entregue a Cregh junto con mi arco y flecha-Voy a volver,no se preocupen. Pero por si acaso encuentren un lugar donde dormir, nada nos garantiza que este no sea el último descanso antes de encontrarnos con el Deus.

Calcé el anillo en mi dedo anular de la mano izquierda y mire la luz. Al siguiente parpadeo me encontraba con la luz encima de mi cabeza. Una oscuridad absoluta se extendía a mi izquierda y derecha. Parecía que el pasto que reflejaba la luz de la luna hubiera desaparecido. Y así era, por adentrarme en la oscuridad me golpeé la cara con algo.

-Mierda,¿qué es esto?

Al tantear con las manos noté que era un paredón pero por alguna razón parecía no reflejar la luz de la luna. Mirarlo no era diferente a cerrar los ojos. Junté un poco de energía en mi mano izquierda y un versión diminuta de un rayo floreció de ella. Se movía inestable y confuso pero era más que útil para iluminar. Podía ver que el paredón seguía todo lo ancho hasta la próxima formación montañosa,era simplemente enorme. No tenía manera de entrar(además de un tiro de suerte usando el anillo),por lo que caminé hasta la luz. Fueron unos 5 minutos y solo cuando estuve frente a ella pude ver un pequeño reflejo que significaba la entrada a Verin.

-Que ser vivo quisiera entrar a esta cosa de noche? Seguro que no necesitan guardias.

No entendía como una ciudad podía ser tan oscura. No podía ver a más de unos pocos metros y con mi mano brillando ahí era más que un objetivo fácil.Dioses,no había manera de haya tan poca luz,quiero decir, la luna esta encima de mi cabeza. Me pegué a una pared que decidí pensar como segura y esperé a que mis ojos pudieran acostumbrarse. Mientras estaba agazapado recordé algunos "preceptos" del Oeste. Seguro que eran solo rumores,leyendas contadas de boca en boca. Algunas distorsionadas,algunas simplemente mentiras y otras ,por que no,verdaderas. Creía que haber escuchado nombrar mucho a la oscuridad. Y su dios relacionada con la misma. De repente noté como la luz de mi mano se corrompía en la dirección de la luz. Se distorsionaba y tendía a inclinarse a donde fuere que este esa luz. Sonaba loco pero no me sorprendía del todo, creía que la luz en el cielo estaba absorbiendo la luz de la luna. No tenía ni la más mínima idea de como eso sería posible pero cada vez que la miraba comprobaba mi teoría. Supongo que así de importante era la oscuridad para ellos.
Unos buenos 15 minutos después mis ojos se acostumbraron a la oscuridad prácticamente total y podía ver que pasaba a mi alrededor. Había algunas luces vagando en la noche,pero eran mínimas.
Caminé con mi capa de impunidad,adentrándome en la ciudad. La negrura de los edificios en contraste del cielo estrellado me perdía percibir mínimamente su forma. Eran muy altos en comparación de sus angostas calles. Solía aumentar la iluminación de mi mano para poder observar mejor algunos callejones, en busca de algún humano tal vez borracho y despechado durmiendo en las calles de refinado cemento. Bajo mis pies me pareció encontrar algún tipo de dibujo o indicaciones en las calles. Junto a ellas 2 líneas gemelas de metal que se adentraban aun más en la ciudad.
Era algo irónico que si oscuridad era sagrada,en el momento más oscuro del día no hubiera nadie en las calles. No era la primera vez,a lo largo de las noches en las ciudades del Oeste las noches eran lo más seguro de las 24 horas. Tampoco terminaba como su sueño era tan hegemónico , no había más que 4 o 5 luces en alguna ventana de las cientos que había. Quizás estuviera prohibido salir a la calle, tal vez estuviera prohibido divertirse,quién sabe.
Las líneas gemelas no veía que me llevasen a ninguna lado en especial.Sin más rodeos, no sabía ni siquiera que estas buscando. Sí, encontrar 3 víctimas para robarles sus prendas,pero... luego?  Era bastante difícil partiendo del punto de que no podíamos comunicarnos,interpretar,leer,escribir algo del idioma del Oeste. Y sin Dalia ahora se sentía como estar desnudo en medio del desierto. Se suponía que el Deus ya estaba despierto y para estas alturas debería estar muerto. Estaba vivo y respirando en algún lado.Pero no había despertado del todo de lo contrario el pueblo entero ya se hubiera levantado extasiados por la gracias de su Dios que ahora caminaba entre ellos.
Una luz apareció de repente,me pegué a la puerta de un edificio y miré. Lentamente un pedazo de metal venía andando. Llego hasta la esquina y paró. Abrió una gran puerta a su derecha y no volvió a moverse. No vi a nadie en su interior lo que me pareció más que llamativo. El vehículo estaba ahí esperando algo. Me mantuve al margen y observé. Con la capa blanca nadie debería sospechar de mí. Podía desaparecer en un segundo,sea con el anillo o el pergamino. Riesgos mínimos por un pez que tenía posibilidades de ser muy grande. El pedazo de metal no tenía ninguna intención de volver a reanudar su marcha y el ambiente empezó a tensarse. Justo como una orquesta mucho sonidos empezaron a despegarse de la calle muerta. Todos al mismo tiempo en una mezcla armoniosa,con movimiento torpes pero seguros. Las voces se hicieron presentes y apareció la primer persona en la calle. Miré el cielo y sentí un escalofrío inclusive mayor que encontrar el cuerpo de Dalia. Ya había amanecido,el sol comenzaba a trepar por el horizonte. Por el amor de los dioses,el cielo ya era celeste pero la oscuridad de Verin seguía igual. Había un poco menos de oscuridad y pero seguía siendo imposible ver a más de 10 metros.
La primera persona que vi en la calle,que era uno de esos lagartos grandes,se acerco al vehículo y se metió adentro,aunque esa porción de metal no noto diferencia alguna. Una pareja de búhos se acercó de calle abajo e imitó la acción del lagarto. Tres parpadeos después apareció un cuervo con una elegante toga y repitió el mismo proceso. Acto siguiente una de esas bolas de pelo apareció de la derecha y entró aquel extraño objeto. Y finalmente desde la izquierda apareció un de los Iluminados. Suspiré y agradecí que Aldara tuviera razón. Iba desperezándose sin algun tipo de problema.Al menos bostezar no era delito en el Oeste. Esperé a que este a 2 pasos de meterse en esa chatarra y me acerque tratando de parecer lo más Iluminado que se me permitía. Para mi suerte nadie presto atención a mi existencia. Con la luz que llevaba adelante el vehículo la vista se dio el lujo de poder diferenciar colores pero nada demasiado nítido. Al entrar en el aparato noté que estaban todos sentados,había un asiento al lado del humano. Lo consideré y recordé cuando estúpido sería sentarme al lado de la víctima.  Elegí el lugar entre el cuervo y la pareja de búhos. Observé como estaban sentados e imité su postura manteniendo la cabeza tan baja como pude. Lo último que quería es que alguien intentara hablar conmigo.
Entró un bicho de la misma especie que nos ayudó en Varoa y una especie que jamás había visto. Otra vez la fórmula de animales con forma humana proliferaba en el Oeste. Su cara era tan humana que asustaba, pero su cráneo se deformaba en un triangulo y cartílago que terminaba en pinches a la altura de la nuca. Su piel era escamosa y sus ojos oscuros y fríos. Parecían una máquina de matar sin sentimientos,a diferencia de los cuervos que parecían disfrutarlo.
Por último subió una de las bolas de pelo y el mecanismo empezó a vibrar.En cuestión de segundos estábamos moviéndonos a toda velocidad por las calles de Verin.No quería levantar la cabeza pero necesitaba ver que pasaba a mi alrededor. La máquina paraba y se subían más de los bichos y otros bajaban. Por suerte,el humano seguía ahí. El pedazo de metal volvía a arrancar.
Sentía la velocidad en la planta de mis pies. Sentía la adrenalina en forma de cosquillas. Contraje los dedos de pies y manos para apaciguar la sensación. Al resto de los que estaban a bordo no parecía importarles demasiado.Incliné lo más que pude la capucha para evitar que vean mi cara de novato. Me llenaba de pánico el hecho de pensar que alguien me dirigiera una palabra. No sabíamos ni siquiera una sola palabra en el idioma del Oeste y tampoco siquiera si moviendo la cabeza de lado a lado negábamos y moviendola de arriba a abajo asentíamos. Pegué el oido a la pareja de búhos que tenía a mi izquierda intentando rescatar palabras,lo básico. Reconocía palabras que no me servirían para nada. Agoté mis energías mentales intentando aprender un idioma en 10 minutos. Por lo menos deduje que asentíamos de la misma manera que en el Oeste. El búho que parecía macho reía y movía su cabeza mientras volvía a retomar la conversación.
El vehículo paro 3 veces más y este se lleno de gente. Ver la túnica blanca en la oscuridad y con tantas personas era un desafío más que digno. Un cuervo enorme se interponía entre mis ojos y el Iluminado. Dioses,ni siquiera podía pedir permiso. Simulaba algún tipo de dolor en el cuello para mover mi cabeza e intentar ver si el humano se movía. Encontré un pequeño hueco entre sus 2 piernas que me permitía ver el final de la túnica con sus triángulos rojos. Clavé mi mirada el pedazo de tela y no hice más que respirar y parpadear. Sentí como mi cuello se giraba hacia la derecha y encontraba un lugar demasiado cómodo. Parpadeé por demasiado tiempo y poco a poco los sonidos se apagaron. Me sentía tan confortable que mi cuerpo parecía desvanecerse. Una voz parecía susurrar cosas en mi oído. 3 palabras que se repetían y ganaban más intensidad. Más. Más. Recordé al búho moviendo la cabeza y abrí lo ojos. La túnica no estaba ahí, pero la puerta seguía abierto. Corrí al cuervo del mi camino y pasé por la puerta justo antes de que se cerrara. El vehículo ahora hablaba. Una voz muy potente que pertenecía a nadie les hablaba a los que estaban dentro. Era la voz que me despertó.  Normalmente,no entendía nada de lo que decía pero pude ver la cara del cuervo mirándome con intenciones que claramente no eran buenas.Giré la cabeza y volví a buscar a la túnica blanca. Levanté la cabeza y pude ver que el sol ya había salido. Estaba ahí como un círculo blanco. La manta de oscuridad que nos cubría permitía poder mirar al sol sin enceguecerse.
Bostecé y fue ahí cuando noté que no había dormido en toda la noche. La adrenalina por la muerte de la madrugada empezaba a desaparecer. Quería terminar esto rápido y dormir una vez aunque sea antes de enfrentar al deus.
No fue difícil encontrar al humano. El blanco parecía reflejar mucho más luz que el resto de los colores que abundaban en la ciudad. La sombra de lo edificios ahora era mucho más baja y se limitaban a casas de 2 o como mucho 3 pisos mientras que en su entrada eran edificios enormes.  Hacía el norte parecían distinguirse altísimos torre triangulares que intentaban llegar al sol. Un vago reflejo en las moradas me daban una pista de que pretendían ser de un sector más alto,aunque su altura fuese considerablemente menor.
La capa blanca giro a la izquierda y lo seguí 12 pasos atrás. Había demasiada gente para asesinarlo en la calle. Caminó por unos buenos 15 minutos y mi mirada cansada ya empezaba a engañarme. Los párpados se hacían cada vez más largos y la persecución empezaba a perder sentido. Ningún lugar parecía el indicado y ningún cuándo el acertado. Llegamos hasta un río que parecía dividir la ciudad. Había un puente de piedra que llegaba al otro extremo,donde parecía que las sombras de los edificios querían desgarrar el cielo. Aquella parte de la ciudad parecía aun más oscura. Era difícil pensar en algo más oscuro que algo tan negro que no se podía ver a mas de 10 metros,pero ese lugar ciertamente no era bueno. Y allí se dirigía aquel Iluminado.
Se alejó y desapareció en la oscuridad.Lo dejé ir. Fue entonces cuando comprendí que realmente había fuerzas que trabajaban para nosotros. De hecho,ya lo sabía, de lo contrario la luna se hubiera ocultado con la muerte de Dalia. Frente a mis ojos un símbolo tan familiar que parecía una broma de mal gusto. Frente a mis ojos el símbolo que se encontraba en las botellas de Vera estaba impreso en el diseño de un vitro en la puerta de una de las casas.
Era bastante difícil de pensar como las botellas con las que me había amigado tanto nos arrastraba todo el camino hasta Verin. ¡Verin! Dioses. Y juro por ellos que eso no era una coincidencia. Oh,claro que no lo era.
La capital del Oeste estaba vastamente poblada y era una tarea casi imposible escabullirse manteniendo el perfil bajo. La oscuridad ayudaba,claramente, pero el manto blanco era un signo de admiración sobre mi cabeza. No había manera. Iba a tener que usar el anillo.
Volví hacia el centro de la calle,donde la multitud paseaba y encaré la puerta con el símbolo del Vera desde unos 20 metros atrás. Me mezclé con ellos,siendo uno más en la multitud y miré la puerta y un poco más allá. Otra vez más el aterrizaje fue un éxito.  Intenté escuchar algún tipo de revuelo por la desaparición de un humano enfrente de todos,pero nadie chilló.
La casa era una impenetrable oscuridad. Adelante, unos metros enfrente mío una luz salía debajo de una puerta. Algo me decía que en esa casa había una túnica,o más. Volví a concentrarme para lograr un pequeño rayo en la mano izquierda para iluminarme hasta la puerta. Un pequeño escalón y una gran mesa de algarrobo se interponían. Avancé hasta la puerta. Respiré hondo y la abrí. No había nadie ahí.  

Una habitación de tamaño considerable que daba a un patio.  Un escritorio que ocupaba toda la pared de enfrente con una ventana muy ancha,pero angosta. Había una pequeña raíz que emitía la luz. Tanta oscuridad para gastar en luces en pleno día.Me acerqué al escritorio ya que volví a ver el símbolo de nuevo. Había un par de pergaminos desplegados, otros cerrados idénticos a los que solía usar. El color que los envolvía era negro y no recordaba para que era ese tipo de pergamino. Podrían servir para después. Pensándolo bien,todo podía servir. Seguí mirando que había en el escritorio y tomé el libro con el símbolo de vera en su tapa. Podía ver que estaba escrito en la misma lengua antigua que el thi-yit. Era completamente legible,pero no entendía a que iba el libro. Nombraba palabras raras con una descripción y una figura moviéndose. Pasé las páginas rápido y me detuve al ver que una de las figuras era malo. Bueno, al menos uno de la especie de malo. Kav-Quit-Jennar estaba escribo en el libro. ¿Acaso sería un libro de veterinaria? No lo creía,pero no entendía por que habría la figura de una bestia que es inmune a la magia. Raro, pero lo guardé también. Seguí revolviendo las cosas que había,pero la prácticamente todo estaba en otros idiomas. Abrí los cajones buscando las hojas que Cregh usaba para curarnos o algún bolso para que Aldara cargase agua.  Encontré un pequeño armario encajado en un hueco de la pared. Había colgando 2 de las túnicas blancas y una túnica azul. Más que una túnica era una toga,como la de llevaba el cuervo.
Deje la toga y me llevé las 2 túnicas. Consideraba que había sido una buena búsqueda y esperaba encontrar alguna botella de Vera dando vueltas. Y en lo posible una cama donde descansar.Giré mi cabeza para encarar la puerta cuando vi como el picaporte se movía.
Un iluminado abrió la puerta con un cigarrillo en la mano.
Sentí el olor de su tabaco mentolado. Noté las cicatrices en sus manos. Su cara no había cambiado en absoluto. Era él.
Levantó una mano y una ráfaga de viento me quitó la capucha.

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48 Re: R.O.L. Beta el Lun Abr 13, 2015 11:43 pm

Hanzel

No era la primera noche que no podía dormir por aquella sensación en mi estómago. Habían pasado unos días desde la última conversación con el hechicero y parecía que el eco de sus palabras seguían sonando en mi cabeza. Solo faltaba una oración más antes del punto final. No pensaba puntualmente en nada,pero pensaba en todo. Habían pasado muchos años, 2 siglos para que las cosas que se pusieran en su lugar.
Trataba de conciliar el sueño y miré por la ventana. Las cosas seguían su curso. La ciudad seguía igual de oscura que siempre. Tenía que acostumbrarme a la oscuridad, ya que de ahora en más todo sería oscuridad en todo el mundo.
Estiré la mano hasta la mesa de luz y prendí un cigarrillo. Quizás la sensación en el estómago se daba por que estaba fumando bastante menos,prácticamente nada. Sentía que las cosas se volvían pequeñas a mi alrededor. Realmente estaba pasando, la oscuridad volvería.
Moría de ganas de ver a Veringrad cubierta de oscuridad. Todo Alles.
Una oración antes del punto final.
Me acosté justo después de terminar el cigarrillo y dormir fue mucho más fácil. Tuve un sueño apagado y sin nada que destacar,pero desperté inquieto. Estiré una mano hacia los cigarrillos y la otra al armario. Dudé un segundo y terminé yendo hasta el armario. Tomé la bolsa y la abri para comprobar si seguían ahí. La ansiedad me llevó a sacarlos y volver a contarlos,por séptima vez en 48 horas. Ahí estaban los 23 amuletos. Suspiré hondo y traté de relajarme. Era difícil distenderse cuando los días estaban contados para todos. Volvía a repetir en mi cabeza una y otra vez que esta era la última oración. Una novela que se prolongó por 2 siglos estaba en sus últimas palabras.
Puse otro cigarro en mi boca mientras me vestía y bajaba a desayunar. Decidí primero ir a buscar el uniforme de la Colleg. Me dirigí hasta el estudio dándole una buena calada al cigarro. Al abrir la puerta me encontré con una figura blanca de frente a mí. Una túnica de los Iluminados se paraba enfrente mío,dentro de mi casa. En una mirada rápida vi como mi escritorio estaba totalmente desordenado.
Había sido demasiado iluso. Tal vez no quise verlo pero las pruebas estaban desde el primer momento. Las marcas en su cara,el arco. Tenía que ser él.
Ítalo.
Estiré mi mano para sacar su capucha y terminar con el problema.
Cuánto había cambiado su cara,ahora tenía barba y llevaba la sucia insignia de los defensores de Alles en su ojo. Reí por dentro pensando en cuanto podía hacer Ítalo frente al dios,¿tirar fechas?¿emborracharse y salir con prostitutas? Realmente él es el cazador de que el hechicero me había hablado. De todas maneras fue un emotivo encuentro familiar.

-Ítalo, déjame darte la bienvenida al Oeste.-le dije y pude sentir como su sangre se helaba.-Por favor,no temas. Tu hermano mayor esta acá para cuidarte-reí y las palabras salieron con un extraño acento,hacía años que no hablaba la lengua del Este y sentía como se me pudría la lengua por conversar en un idioma tan impuro.
-Ella está muerta?-inquirió con la mirada en alto.Su pregunta me descoloco un poco,pero pronto entendí a que se refería.
-Vas a tener que sobrevivir para saber eso,hermano.
-Acaso...acaso te atreviste a matarla con eso?-dijo señalando mi revólver-Nada me sorprendería de vos ahora,Hanzel.
-Oh... Hanzel... cuanta melancolía noto en tu voz,Ítalo.
-¿Cómo?¿Cómo y por qué? ¿cómo te transformaste en esto?Un puto...Iluminado
-Qué dices!! Si tu también te has convertido hermano mío. Déjame decirte que la túnica te queda de ma-ra-vi-lla.
-Además de lavarte el cerebro veo que te han hecho un estúpido.
-Tienes TODA la razón.Déjame mostrarte que más me enseñaron en estas tierras.

Di un paso hacia delante y puse mis 2 dedos a la altura de su cuello. Se corrió hacía atrás,pero no sabía que ya era demasiado tarde.Sus ojos se abrieron más de lo que estaban e instantes más tardes estaba tratando de controlar su cuerpo que se encontraba en estado de shock. Levanté mi mano y su cuerpo levitó. Sus gritos insonoros se podían apreciar a simple vista.Su rostro rápidamente tomo un color rojo que empezó a tomar tintes azules después de unos segundos.

-El cazador,no?Qué fracaso. Se suponía que los del Este debían batallar con el Deus. Una pelea digna de leyendas,pero sabiendo que vos vas a librar la pelea es mejor matarte aquí y ahora. Además tengo entendido que robaste mi thi-yit. Espero que hayas tenido una buena lectura,ya que fue la última.-saqué mi revólver y deje caerlo al piso. Sabía cuanto odiaba las armas de fuego desde que yo era el mejor en mi adolescencia,no podía permitir no darle ese detalle.
-Saluda al imbécil de Wendagon.-apunté y cerré mi ojo izquierdo.Él estiro su mano hasta las prendas que había dejado caer y se desvaneció.El tiró salió de todas maneras dándole solo al aire. Bajé la cabeza y grité. Muy fuerte.
-Los pergaminos...los pergaminos. Este inútil no puede hacer magia y yo soy inclusive más inútil al olvidar que usa esos putos pergaminos de transportación. Deus...deus.

Fui hasta el armario del estudio y corroboré que no se haya llevado el uniforme del colleg. Tomo las 2 túnicas y se fue.También había tomado simpáticamente el libro de hechizos robler y el pergamino negro.

-Qué bella es la familia.

Vestí mi uniforme,apenas tomé algo de agua y partí para el trabajo. Hoy si que estaría motivado, me aseguraría que para graduarse tengan que traer una extremidad de los integrantes del grupo de Ítalo. Casi que conquistaríamos sin la fuerza del Deus. Aunque claro,sin el libro de hechizos podría tornarse diferente.

-Deus ¿por qué no lo mate de la manera más simple?

Salí de casa y me dirigí al Colleg. Pensaba que como siempre que algo salía el mal el maldito hechicero vendría a reclamarme cosas,con su tono de semideus,como si le debería favores. Siempre se olvida que yo fue quién lo saco de la tumba,maldito bicho. Y sin los anillos que les conseguí hubiera muerto en Havenstad por que quiso matar al grupo del Este el solo mientras la mitad de su poder se lo dedicaba a revivir al pistolero. Y el pistolero! Apuñalado y asesinado en las primeras 3 horas de su campaña. Debían ser los peores defensores de continentes de la historia, seguramente.
No entendía como mi hermano menor estaba defendiendo Alles, parecía algún tipo de broma pesada. No es más que un mujeriego inútil con...con un arco! Me reí solo mientras caminaba hasta la línea rápida hasta el Colleg. El carruaje llegó apenas unos segundos y unos pocos minutos después llegamos a la parada final. Dos cuadras a la derecha estaba la entrada. Recibí algunos saludos de los colegas y me encontré con mis alumnos esperando en la puerta.Los hice pasar al aula y todos se sentaron en sus habituales lugares.

-Bien, perdón por la tardanza. Hubo unos pequeños y no tan pequeños inconvenientes.-estiré mi cuello,luego los 2 brazos y volví a mirar a mis alumnos.-Saben, no soy de permitirme influenciar por la nostalgia pero tomemos un segundo,bien? Hace 2 años no eramos más que extraños. Y hoy están listos para defender lo que somos. Bajo mi tutela, los seleccione e instruí a cada uno. Ustedes dieron su voto de confianza a un humano,un extraño mago del Este, y quiero agradecerles que lo hayan hecho. Ustedes 23 estudiantes tienen muy en mente que en las próximas 72 horas van a recibir su diploma. Se han formado a lo largo del tiempo que pasaron en el Colleg y cierran su ciclo teniéndome como su maestro. No me he guardado ni un solo secreto,les he enseñado todo absolutamente todo lo que sé.Y también fui más lejos de lo que se me permitía... Deben recordar la magia del este de las que les hable.-les comenté mientras veía como sus ojos se iluminaban más y más-Ni siquiera mis colegas están al tanto de esto. Ellos no conocen la magia de los roblers.Pero ustedes si.Ahora mismo estarán recordando alguno de los nombres que les he enseñado. Estarán recordando que les enseñe a hablar la lengua del Este para que pudieran leerlos.Conocen todo y solo faltaba un pequeño detalle. El colgante. Quiero decirles con una gran sonrisa en mi rostro que ya tengo los 23 colgantes.Es todo lo que necesitan para poder desarrollar este estilo de magia.Y así estarán completos. Y así, se convertirán en la élite del ejército del Deus. -tan rápido como terminé la oración una horda de aplausos y gritos explotó en el aula. -Calma,calma,que no terminé todavía. Quiero escuchen bien. Esta es su última tarea. Y no solo piensen en su graduación,quiero que piensen en el mundo entero.Prepárense.Les advierto que se preparen.-les dije mientras me relamía de imaginar el desastre que mi pequeña tropa podía llegar a causar. 23 lobos sedientos de sangre.La cacería terminó hermano.-El grupo del Este encargado de matar al Deus está ahora mismo en Verin-se produjo un silencio sepulcral- y ustedes van a tener el agrado de poder exhibir sus cuerpo en la plaza principal. -los gritos volvieron. Ahora muchos estaban parados y se dirigían a la puerta empezar la matanza. -Vuelvan! Sentados! Todavía no saben siquiera que es lo que buscan.-entre murmuros volvieron a sus asientos. -Uno del grupo,el Cazador, hoy robo de mi casa el libro de hechizos. Quiero que sus cuerpos,junto con el libro estén acá para el día de la graduación. El grupo consta de 5 humanos, posiblemente infiltrados como Iluminados y un quitnar. Uno de ellos se caracteriza por la magia y sus transportaciones instantáneas,otro pose calibres pesados,otra es una peligrosa nereida y los otros 2 no deberían ser más que un estorbo. El cazador quién posee el libro tiene una marca en su ojo derecho más que distinguible. Pueden estar en cualquier lado,bajo las capuchas blancas de las túnicas. Quiero que vayan,los encuentren y los maten.A todos y cada uno.
Buena cacería.


Los estudiantes se levantaron de sus asientos con rapidez y se dirigieron hacia la salida más cercana para empezar la búsqueda. Siendo Lunes 25 de Mayo y la graduación el Jueves 28 la caza terminaría prácticamente con el despertar del Deus, siempre y cuando los cálculos de Karus no fueran erróneos. Suspiré y mire el aula vacía. Realmente eran malas noticias para Ítalo y sus amigos. Les daba 18 horas de vida,como máximo.

Noté que me había quedado sin cigarrillos y comencé a liarme uno.Seguí mirando el aula vacía y recordé cuán importante habían sido estos 2 años,cuán profunda se volvió nuestra relación. Les había enseñado todo lo que pude enseñarles. No podía esperar a verlos detrás del dios usando las togas azules. Me pregunté quién podría ser el que trajera el cadáver de mi hermano a mis pies. Sin duda creía que Azkar,el único cuervo del grupo, tenía un gran potencial para cumplir la tarea. Tampoco dudaba que Ventus,el más alto de los 2 gurag, pudiera matar a los 5 si se mantenía sobrio.Pero quién sabe, cualquiera de los 23 podrían cumplir la misión.
Salí al patio y me senté en la fuente para fumar el cigarro. Parecía un día tranquilo,era mediodía y no había nada para hacer.Había tenido el presentimiento de que Karus iba a tratar de contactarme para hablar desde el encuentro familiar de la mañana.Mientras estaba sentado en la fuente traté de estirar lo más posible el cigarro ya que era el último. Cuándo el sol se paró justo por encima de mi cabeza decidí ir a la terraza de la torre 2 para ver si mi corazonada era cierta. Me ponía de mal humor pensar que iba a tener que discutir una vez más con el supremo hechicero pero de todas maneras me tomé la molestia de transportarme hasta allá. Creé una pequeña chispa blanca para encontrarme en la azotea de la torre donde Karus esperaba mirando al vacío.

-¿Ya estabas esperando? Parece que solo venís cuando hago algo mal.
-Esta vez son buenas noticias. Nuestro caballero asesino al tuyo por la madrugada. Los números corren a nuestro favor, Hanzel.
-¿Su caballero está muerto? ¿Y ese cuervo la mato?Debo decir que estoy más que impresionado.
-Las profecías no mentían. Ganaremos.-comentó ignorando por completo mi comentario.
-Hablando de profecías parece que mi hermano está teniendo algún tipo de inquietud de índole lectora. Hoy ha robado el libro de hechizos.
-¿Ese insecto ya estuvo en la ciudad? ¿Y entró en tu hogar? Nunca dejan de sorprenderme.
-Sisi,pero no subas el tono.Ya están muertos. Mis alumnos están a su caza.-le dije con una sonrisa en mi rostro. Karus volteó.
-¿Por qué harías eso?
-¿Realmente crees que van a llegar hasta el Deus y pelear con él? Tenemos que matarlos,con más motivo si están ensuciando nuestra capital con cada respiro.
-Deberíamos mantener el orden con que las cosas han sido profetizadas.
-¿QUÉ?-levanté mi voz al punto de que creer que todo Verin podía escucharme.-Bueno,claro sigamos el orden del thi-yit y matemos a nuestra Nereida por que odio a los humanos cuándo se equivocan. Matamos a los nuestros y quieres dejar vivo a los 4 restantes?Es hora de actuar.
-No vuelvas a mencionar lo de la nereida.Pensé que habíamos estábamos deacuerdo.
-Bueno,mentí.No te das una idea de lo estúpido que me parece matar a uno de los elegidos.
-Perdió su anillo.Ellos pueden transportarse a donde sea. Solo era una traidora.
-Tengo que recordarte que el Deus está en su etapa más vulnerable ahora mismo?. Si el inútil de mi hermano llega a matarlo en esta etapa por que de repente quieres a pegarte a las reglas juro que vas a tener la muerte más dolorosa y lenta que alguien recibió.
-Me gustaría ver como un del Valle me mata.
-Por lo pronto un del Valle te revivió. Y mientras mantengas esa lengua tan suelta,un del Valle te va a matar.
-Ja!... No voy a ponerme a discutir tan cerca de lograr lo que queremos. Falsea tu sonrisa una semana más. El resto será todo oscuridad.
-Siempre tan sensato,Karus.-dije aplaudiendo sus palabras.
-Buscaremos a los 4 restantes. Y los eliminaremos. No suena tan mal.
-Y el dios despertará.
-No suena mal.-repitió con voz más baja.

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49 Re: R.O.L. Beta el Sáb Mayo 09, 2015 5:37 pm

Ítalo

Su cara pareció relajarse al sacarme la capucha. Una pequeña muesca grotesca se formó cuando intentaba sonreír.Creía que mi sistema respiratorio había dejado de funcionar. También mi corazón parecía haber dejado de latir. Nunca me había expresado bien cuándo quise decir que se me heló la sangre,hasta ese momento. Un frío irreal envolvió mis manos y mis piernas.
Mis ojos no mentían. El gran Hanzel del Valle, el sangre pura que fue hechicero,mi propio hermano,estaba parado enfrente mío.

-Ítalo, déjame darte la bienvenida al Oeste.

Mis ojos se habían desorbitado y volvieron en si al ver su revólver en su cadera.Inmediatamente,e ignorando todo lo que estaba sintiendo desaté mi garganta y levanté la cabeza.

-Ella está muerta?- Hanzel frunció el ceño,no entendiendo la pregunta en un primer momento.Clavé mi vista en el revólver y lo señalé. Le pregunté si se había atrevido a matarlo usándolo.
Mantenía una mueca con una leve sonrisa infame todo el tiempo. No parecía sorprendido de verme en absoluto. La charla no duró demasiado y tampoco hubiera deseado que así lo sea, sus respuestas burlonas eran motivo de querer arrancarse los ojos. Tantos años pensando que volvería para encontrarlo en Verin y respondiendo preguntas como si tuviera 15 años.
Se acercó a mi con dos pasos rápidos. Levantó su mano hasta la altura de mi cuello pero no logró alcanzarme. Con el dedo índice y medio me señalo y volví a entender lo que significaba que se helé mi sangre. El no estaba tocandome,de hecho se encontraba a un metro de distancia. Levantó su mano un poco y sentí como levitaba. Sentía como mi corazón latía tan fuerte como nunca había latido. Una mano invisible apretaba mi cuello y mi cuerpo entero no reaccionaba. Él no parecía estar haciendo ningún tipo de esfuerzo y sentía como algo muy dentro mío se revolvía.
El aire faltaba y no importaba cuando esfuerzo hacía por respirar, mis músculos no respondían a ningun tipo de estímulo. Nisiquiera podía parpadear.Solo los ojos parecían responder a mis órdenes lo que era algo bastante inútil en esa situación.Los segundos se transformaron en horas y parecía no tener ningún tipo de problema en prolongarlo por un ciclo lunar entero. Cada vez más y más espesa se volvía la sangre en mis extremidades tapando mis arterias junto con un corazón que dejaba de latir.
Aquella sensación tan profunda,incluso más que la sangre condensándose se volvió derepente totalmente insoportable.Era algo tan profundo que llegue a pensar que estaba realmente apunto de comer mi alma.
Gracias a los dioses soltó su mano y aquella magia desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Abrí la boca y tomé una bocanada de aire enorme. Parpadeé 3 veces antes de entender que había desenfundado su revólver.Estiré la mano hasta las túnicas que había dejado caer y pensé en el pergamino mientras miraba a mi hermano. Creía que la bala llegaría antes de que la transportación funcionaría. Había escuchado más de una vez que los muertos por disparos certeros en la cabeza jamás escuchan la bala que les da la muerte. Me aferré a ellas y seguía convencido de que la bala llegaría antes de que pudiera desaparecer. Percibí en sus ojos una suerte de arrepentimiento, pero en su sonrisa macabra decía todo lo contrario. Tenía sus labios torcidos hacía un costado y la cabeza un poco inclinada y echada hacía atrás.
Esperaba ver el brillo del cañón salir y así fue. Una luz cegadora me rodeó por completo. Y luego oscuridad. Llevé mi mano hasta la cabeza,buscando sangre o lo que quedaba del resto de mi cabeza si es que Hanzel había disparado. Creí ver a Dalia de espalda,lo que significaba que ahora estaba muerto. ¿Donde estaría ahora? ¿Habría algo así como un infierno para los que no fueron suficientemente buenos para salvar al Este? Quiero decir,no lo estábamos haciendo mal pero el Deus despertaría. Rogué por el perdón de los etéreos,aunque las dudas se disiparon cuando mis manos llegaron a mi cara. Sentí que me desvanecía y caía al piso.Una punta filosa que sobresalía golpeó en mi cabeza y volví a sentir el dolor.

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-Los muertos no sienten dolor,pero los vivos si¿lo captas? -dijo Hanzel mientras trataba de parar mis lágrimas.
-No es justo.¿Por qué él?¿Simplemente no podían elegir a otra persona? ¿Tan malvados son los que viven sobre nuestras cabezas?
-Si y vaya que lo son.Y es nuestra culpa por adorarlos. Sin embargo, no debes preocuparte por el abuelo,como te acabo de decir,él esta de alguna manera bien. Al menos no está llorando,eso seguro.-rió-Supongo que todo se trata de saber aceptar ciertas cosas y ciertas otras no. Déjame decirte que esta es una de ellas. Cada vez que pienses que estas muerto,recuerda el dolor.Ellos no lo sienten.
-¿Se supone que es nuestro destino?
-¿Cuántos años tienes?
-11-dijé y finalmente enjuagué mis lágrimas.
-Si Ítalo,es el destino de todos.Es una de las cosas debes aceptar y entre más joven lo aceptes mejor, luego le perderás el miedo.-las palabras de Hanzel dolían tanto como la muerte de nuestro abuelo.
-Vos le temes a la muerte?-le pregunté con un hilo de voz.
-Mucho menos que antes.-comentó-Es solo un cambio de estado.Recuerdas cuándo fuimos al norte y nos bañamos en esos lagos?-asentí-No es diferente a zambullirse en un lago. Cuesta meterse,por que estamos bien afuera-viviendo-sin embargo luego de tomar valor y meterse todo está bien,no? Un cambio de estado simplemente.Ah, y no olvides lo del dolor. Ellos no sienten dolor.
-No,no sienten dolor.-asentí repitiendo las palabras-De repente no suena tan mal estar muerto.-comenté con la cabeza baja y Hanzel rió
-Aprendes rápido,chico

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Había tenido mejores despertares a decir verdad,pero me alegre de verlos a todos ahí.
Bueno,casi todos. Me desperté pensando que todo había sido un broma de mal gusto y Dalia iba a salir detrás de un arbusto. Claramente no iba a pasar y se notaba en la cara del resto. Con la mirada pérdida en algún lado y la cabeza baja esperaban que yo despertara. Ya tenían puesto las túnicas que había traído.
Era un enorme placer poder ver que tenía alrededor y no estar envuelto en esa oscuridad.Se respiraba un aire raro,húmedo y compacto. El día se estaba llenando de nubes,que parecían ser las mismas de aqlatan.No estaba seguro de si quería que lloviera.
Poniéndome de pie noté que el se encontraba ya no muy lejos del horizonte. Habían pasado unas cuántas horas desde que había llegado acá. Gracias a los dioses ya no me sentía cansado y ese sueño/desmayo se sintió bastante rejuvenecedor.

-Al fin-comentó Cregh. Volteó la cabeza y después volvió a mirar a la nada.
-Pasaste 6 horas desmayado.Bienvenido al mundo real ¿Qué paso ahí dentro?-dijo el pistolero acercandosé.Levanté la vista buscando a Aldara.
-Bien,no sé ni siquiera por donde empezar.-pensé por donde arrancar y todos los detalles de la ciudad invadieron mis pensamientos.-Hanzel. Hanzel es su aliado.
-¿Hanzel?-inquirió
-Hanzel del Valle.Mi hermano.Es un poderoso hechicero y además aprendió a manipular la gente por así decirlo. Casi me mata con sus artes oscuras.-nisiquiera toleraba recordar esa sensación-Sólo levantando sus dedos maneja el cuerpo del resto a gusto.
-¿Cómo una marioneta?-dijo Cregh y se acercó un poco más.
-Si-no había pensado en esa comparación -Pero infinitamente más doloroso,es algo oscuro.Realmente sentía que estaba manipulando mi alma.-No quieren vivirlo,confíen en mi.Y no queremos enfrentarlo,es muy bueno o tal vez el mejor en el campo de la magia.
-Todos dicen eso.-agregó Cregh
-Dentro de la ciudad todo permanece cubierto por una extraña oscuridad total.Podía ver el sol saliendo,pero en sus calles eran de noche. Viaje en un especie de cabina móvil con el resto de la gente de la ciudad.Y no encontré muchos humanos. Estas túnicas las tomé prestadas de mi hermano.
-Veo que se tomaron enserio lo que dicen en sus plegarias.
-¿La oscuridad? Si,pero no es solamente un poco de oscuridad. Es incómodo,apenas podes ver que hay más allá de tus manos.Es cómo caminar en medio de un bosque con los ojos cerrados. Simplemente se siente... erróneo. Cómo si realmente no fueramos bienvenidos en este lugar.-aclaré y Cregh rió.
-Es verdad,no había notado cuanta hospitalidad recibimos desde que llegamos al Oeste.
-No me refiero a la gente,me refiero a la ciudad. Como un algo,un ente. Cómo si estuviera viva y los humanos,no iluminados al menos,no somos bienvenidos.
-Eso no significa nada,de todas maneras.- dijo en un tono más que seco.
-No,claro que no. Parar ahora por eso no tendría ni una pizca de sentido.
-Sólo digo que mantengamos los ojos abiertos. Todavía siento como si me hubieran cortado un brazo por lo de Dalia.-tan rápido como nombre a Dalia una porción de lo que Hanzel parecía haber manipulado se revolvió-Aldara?
-Vamos-contestó inmediatamente.

Habían encontrado una pequeña arboleda al pie de la montaña donde limpiaron un poco sus cabezas. La mía todavía daba vueltas y por más que me gustaría seguir durmiendo no había ni segundo para perder. No estaba claro que debíamos hacer,pero ante esa pregunta la respuesta era seguir al Sol en la dirección que se esconde.Caminamos a la par de la enorme muralla que ya se encontraba envuelta en esa extraña oscuridad.

-No hay guardias en la puerta. Y cierre un ojo hasta que lleguemos, de lo contrario estaremos ciegos por más de 15 minutos.

Todos me hicieron caso y cerraron uno de sus ojos para poder estar mejor parados para cuando estemos adentro. La muralla era inmensa,por lo menos teníamos 20 minutos de caminata hasta llegar a la luz que marcaba la entrada a Verin.
Luego de caminar 5 minutos noté el hambre canina que había despertado en mi interior. Dioses,comería cualquier cosa pero se me antojaba una de esas tiritas de pescado como las de Varoa. Detestaba el hecho de que no podamos hablar la lengua del Oeste y no podamos conseguir ni siquiera las cosas más básicas. Wendagon podría habernos dado un pequeño manual " Oeste para principiantes" como mínimo. Pensé en lo anti estético que sonaría la historia de nuestro katet,sobreviviendo a base de hierbas que apostábamos que no fueran venenosas y desayunando brebajes preparados por mí. No recordaba una sola de las hierbas que fuera algo razonablemente aceptable para nuestro paladar.Quizás los primeros que conseguí no muy lejos del puerto,pero no entendía la razón de que no podamos encontrar un puto tomate.
Escuché que alguien aceleraba el paso y volteé.

-Ítalo,¿qué era ese libro que traías con vos?- llevé mis manos a mi bolso para notar que estaba ahí.-Lo hojee mientras dormías y lo volví a dejar en su lugar.
-No lo sé.Es de mi hermano.
-Es bastante curioso sabes,no podía entender todo lo que leía pero vi una figura muy parecida a-
-Malo,sí.
-¿Un libro de veterinaria? Solo vi esa figura una vez.
-Parece un estilo de diccionario,cada palabra con su descripción,aunque no entiendo donde esas figuras entran a jugar.
-Parece...un baile.
-Y las palabras están lejos de servir a alguien a comunicarse.-saqué el libro y lo abrí por el final.
-Ahí esta el dibujo de malo en su otra forma.¿Qué animal es el que está dibujado al lado?
-Jamás vi algo así.-seguí hojeando el libro-Las descripciones son unas pocas palabras seguidos por un nombre. A partir de ésta página la mayoría son... Roblers.
-¿Esa familia de Havenstad?
-Si,son hechiceros por naturaleza. No entiendo que es esto.
-¿Magia?
-¿Alguna vez usaste palabras para utilizar hechizos?
-Ehhh-Cregh prendió una pequeña llama azul en sus dedos.-no. Nunca había escuchado eso.
-Palabras-la palabra reboto en mi cabeza un par de veces-Si es magia,¿por que aparece malo?
-No tengo idea.

La caminata se hizo eterna con las tripas rugiendo,pero nada que la oscuridad de Verin no solucionaría cerrando mi estómago por un buen rato.

-¿Qué demonios es este lugar...?-susurró Cregh
-La lengua desaparece mientras estemos acá.Abran el ojo cerrado.
-Pero no hay nada dentro! Es solo...vacío.
-Silencio,Cregh.-volvió a hablar con ese tono sin algún tipo de emoción.

Aldara fue la primera en pisar Verin a pesar de mis intenciones de llevarnos hasta el pedazo de metal que se movía para transportarnos.El blanco de las túnicas hacía fácil vernos entre nosotros pero distinguir a la gente que caminaba era todo un puto reto. Cregh y Li notaron esto y comenzamos a caminar en línea recta,detrás de Aldara.La nereida mantuvo su paso derecho hacía el Oeste,sin ninguna intención de girar en alguna calle. A ese punto ya era inútil mi conocimiento de las calles de Verin,solo quedaba seguir caminando en esa dirección.
En ese punto en que la oscuridad del lugar cedió a mis ojos,mi estómago volvió a rugir.Ella seguía caminando en línea recta y no podía de ver cristales que parecían esconder un restaurante detrás. El olor no mentía. Qué extrañas delicias del Oeste se escondían en esas cocinas.

-Dioses,¿porqué de repente hay tanto olor a comida?-susurré

Sentí dos toques seguidos en mi hombro derecho. Cregh se acercó a mi oído cuando volteé la cabeza.

-Ítalo,muero de hambre.-dijo tratando de apagar lo más posible su voz.-Li y Malo opinan que tenemos que conseguir comida,de alguna manera.- gracias a dios que pensaban lo mismo.
-Definitivamente.

Estiré mi mano hasta el hombro de Aldara y la traje hasta mí sin ningún tipo de disimulo.Sus ojos se abrieron como platos. Aquellos ojos reflejaban una cantidad de luz increíble por alguna razón.Acerqué mi mano a su cara y me aseguré de que me pudiera ver. Abrí la boca y señalé adentro,luego mi muñeca izquierdo indicando la hora.
Comida.Ahora.
Ella abrió todavía más los ojos de alguna manera y rápidamente asintió.Por un momento pensé que estábamos viajando con la Aldara autómata de Aqlatan.
Bien,todos teníamos hambre. Ahora,¿como conseguíamos la comida? No podíamos hablar con nadie e incluso hablar entre nosotros era arriesgado.Mierda,todo era tan difícil. Si no eramos lo suficientemente llamativos por ser 4 humanos con túnicas blancas juntos teníamos un quitnar.Por suerte pasaba bastante desapercibido al ojo humano y también por suerte Cregh tenía mi arco y mi carcaj en... algún lugar.
No había demasiadas alternativas en ese momento y algo se me cruzo por la cabeza. No podría funcionar mal.En teoría al menos. Si bien no sabía como funcionaba el anillo,imaginé que era un pergamino de nuevo.
Tomé a Aldara y a Cregh. Indiqué a Li y a Malo que pusieran su mano y pata en mí.

-Rápido.-dije en voz alta esperando que el viento se llevara las palabras.Un búho que paso a unos pocos metros volteó para vernos.

Me concentré en el escritorio,con ese armario donde encontré las túnicas y esa toga azul.Quería dejarnos adentro de un solo intento. Ignoré la posibilidad de que él estuviera adentro,esperando quizás. Esta vez el hambre le ganó a la razón y de nuevo en menos de un parpadeo,nos movimos.

El aterrizaje fue más que perfecto. Desconocía si había sido una proeza mía o el poder del anillo,pero lo relevante es que 5 personas fueron transportados por el dichoso anillo con solo desearlo.Era increíble el poder que contenían en su interior.

-¿Qué es este lugar?
-La casa de mi hermano. De más está decir que tenemos que apurarnos.

Cregh y Li encontraron la cocina antes de que terminara de responderle a Aldara.

-¿Estas bien?-le pregunté mientras ponía mi mano en su hombro izquierdo.Puso su mano sobre la mía,entendiendo el gesto y luego tomando la mano y sacándola.
-No...No lo sé-me acerqué para abrazar,pero me rechazo como una novia celosa.
-Aldara estamos a solo un paso de completar el viaje. Necesitamos estar conectados como grupo.No creas que sos la única lastimada.-insistió bajando la cabeza y dirigirse hasta donde estaban el resto. El hecho de que no hubiera gritos ni revólveres resonando era un indicio.Me dirigí hasta allá y pude ver a los chicos revolviendo todo.

-Por todos los dioses,quiero carne.-suspiró Cregh mirando al cielo.
-Mierda,esto no es suficiente.-dijo poniendo una bolsa con unos panes adentro.
-Realmente no hay más que esa cantidad de comida?
-¿No lo ves?-dijo el mago señalando todas las alacenas abiertas.
-Esto es raro.Y no hay que arriesgarse por 3 panes,ordenemos todo.
-Voy a ponerte esto bien simple, 3 panes es mejor a nada.
-Y evitar que mi hermano sepa que estuvimos acá es mejor que 3 panes.-Cregh abrió y cerro las manos mirando para el techo y se sentó en la silla,golpeando la mesa.
-Bien,¿que hacemos entonces?
-Puedo jurar que ni la hambre que tienen ustedes 3 es comparable con la mía,pero no podemos comer esos panes,imaginé que tendría tanta comida que no lo notaría.-aclaré mientras me acercaba a los platos sucios que había sobre la mesada.No apestaban,pero llevaban un buen tiempo ahí,como si Hanzel no comiera nada más que aire.
-Creo que tengo algo.Dioses,por favor,creo que tengo algo.

Li nos hizo acercarnos y nos contó su plan. No sonaba nada mal,presuponiendo que algunas cosas funcionaban con en el Este.Era algo así como un "pagan los dioses" robando la comida de otros y me gustaba mucho.No era un plan perfecto,pero pensar en algo parecido a las tiritas de pescado de Varoa me hacían más que motivarme. Por alguna razón sentí que Malo había diseñado parte del plan, quizás él tenía más hambre que yo inclusive por la pinta que tenía su carita, pero no pregunté.

-Movámonos entonces.-Aldara volvió a intentar acelerar las cosas.
-Solo tenemos que encontrar un lugar donde vendan comida,no?
-Si,y vamos a necesitar que uses tu magia.
-Perfecto-dijo frotándose las manos.

Salimos por la puerta principal no sin antes dejar todo impecable dentro. Malo pareció tomar la batuta en ese momento ya que parecía olfatear comida cerca y nos guió hasta un pequeño restaurante a menos de 200 metros. Luego de comer tendríamos todo el tiempo para encontrar una manera de no llamar tanto la atención.Podríamos empezar en no generar incendios durante nuestra estadía en Verin,pero no eso no importaba ahora supongo.
El restaurante o por lo menos el lugar de donde venía el olor a comida era un edificio ubicado en la esquina que rompía con el ambiente.Parecía una cálida choza con techo de paja(gracias a la Luna).Y se iba a volver mucho más cálida en unos momentos.
Cregh se paro en la ventana del local y miró para dentro.

-Por favor!-se quejo-Quiero encender fuego para poder ver algo.

Li,Malo y yo dimos un paso atrás,sin embargo Aldara se quedo al lado del hechicero.

-Dioses!

Meneaba la cabeza en señal de desaprobación.Dudaba mucho que pudiera ver que había enfrente de su nariz y las cosas no iban a mejorar si la noche caía.

-Suficiente.

Chasqueó los dedos y la magia comenzó.

La chispa se convierte en llama.
La llama se convierte en un fuego.
Forjar una hoja para matar a los desconocidos.
Tomar lo que deseo.
Puros como llegamos.


La estructura tardó unos pocos segundos en amigarse con el fuego que él había creado. Se subió su capucha y comenzó a caminar hacia la izquierda mirando lo que había hecho.
Sin perder el tiempo Li y Malo entraron inmediatamente después de que los primero civiles salieran despavoridos. Atrás de su paso entré y una ola de calor me golpeó en la cara junto con un topetazo brindado por un cuervo que tenía una de sus alas en llamas.
El fuego dentro cegaba a los ojos acostumbrados a la oscuridad,pero luego se convirtió en algo hermoso.
Cumpliendo nuestro rol de bomberos,me acerqué hasta de esas bolas de pelos que parecía estar teniendo un ataque de pánico.Lo tomé por los hombros y chilló algo en su idioma. Ignoré por completo lo que pudiera haber dicho y lo guié hasta la salida.Se resistía y movía queriendo que lo soltara. Se volvió más que impaciente cuando la salida de embotelló de gente queriendo escapar. Volví corriendo hasta la mesa,donde había visto mi próxima víctima. La bola de pelos estaba comiendo unas tiritas de pescado iguales a las de Varoa. No podía esperar ni un segundo más. Si no las tomaba en ese instante iba a sufrir un ataque de nervios. Tomé las 2 al mismo tiempo, devorándolas de un solo bocado. Fueron difíciles de tragar y casi me ahogo dirigiéndome a ayudar a uno de esos reptiles con cabeza triangular que parecía haber entrado en años ya. Repetí el proceso y comencé a llevarlo hasta la salida que se encontraba mucho menos congestionada. Cuando faltaban 3 mesas para llegar hasta la puerta el reptil gritó, apure el paso y justo a mis espaldas sentí como una porción del techo caía al piso y comenzaba a incinerar las mesas de madera pesada. Había percibido un barniz oscuro y si no era muy diferente al del Este, ese barniz haría un show de fuegos artificiales en aquel restaurante. Ya iba siendo hora de que Cregh controlara su obra de teatro por que esto se estaba yendo de control. Volteé y vi a Li sentado sin ningún tipo de preocupación devorando la comida que tenía enfrente. Ya no quedaba nadie dentro y me aventuré a la cocina para poder robar toda la comida posible. Tomé un vaso de agua que estaba apunto de salir y lo que parecía un maldito tomate. Vi terminar su plato y levantarse e irse como si estuviera sentada en su casa. El lugar estaba completamente lleno de humo pero era un humo diferente al de un incendio por alguna razón apenas me hacía toser a mí o al resto. Disfruté de 3 tiritas de pescados que parecían ser toda una sensación en el Oeste y además el tomate no estaba nada mal. Claro que no era suficiente,pero todo esto se nos estaba yendo de las manos.
Cregh entro a buscar su porción de comida mientras esquivaba la paja incinerada que caía.
Vi como Malo salía con un pescado enorme en su boca y se dirigía afuera. Les hice seña a los chicos para que salgan,todo era demasiado evidente. Antes de salir fingí una cojera y una tos persistente. Por la mirada que recibí al salir afuera no fue de mis mejores actuaciones. Sacudí mi túnica y tomé distancia caminando hacia la izquierda.
Todo el mundo estaba expectante mirando el fuego consumiendo el lugar. Estaba seguro que Cregh había hecho algo para controlarlo por que no tenía sentido que el techo siguiera en pie.
Retorcí los pies esperando que los otros 2 salieran rápido de ahí y de una manera que llame muy poco la atención. Con el estómago apenas lleno noté cuan mala idea había sido.
Escuché un susurro a mis espaldas juntos con unos pasos lentos, casi imperceptibles con el ruido del incendio. Tomé con una mano el pergamino púrpura y lo abrí lentamente mientras volteaba. Ni siquiera había juntado energía con la piedra por las cosas salían mal. Dioses.
Un largato con una de las toga azules y a su lado un búho con la misma toga caminaban hacia mí.

-Ille-dijo el largato señalándome a mi y más puntualmente mi ojo.-Ille-repitió.

Tan rápido como aprendí a decir "él" en formato del Oeste, saqué uno de los sellos y lo pegué en el antebrazo derecho. Instintivamente lleve mi mano atrás de la cabeza buscando las flechas pero solo encontré aire. Mierda,Cregh las seguía teniendo.
Me alejé en dirección a la casa de Hanzel,caminando rápido. Por un momento pensé que los había perdido,pero 30 metros más adelante comenzaron a correr hacía mi. La energía de la piedra comenzó a fluir en mi cuerpo y finalmente otros 20 metros más adelante me di vuelta. Esperaba que fuera suficiente para que el resto de las personas no pudieran verme pero considere más importante que no me maten.

El lagarto ya tenía una llama en su mano derecha y el buho parecía no estar haciendo nada.La llama creció lentamente y se volvió una pelota de más de un metro que se dirigía hacia mí. Lamenté no tener mis flechas y lamenté aun más no haber cargado algo de energía. La pelota no era de velocidad considerable,era lenta,intencionalmente lenta. El búho corrió hasta ponerse al lado de la pelota y aleteó sus alas. La primera fue un ráfaga de viento apenas potente que solo logro quitarme la capucha de la cabeza. Quise dar unos pasos atrás para poder rodear el hechizo del largo que en este tiempo solo había recorrido unos 3 metros. El búho volvió a aletear las alas para generar un hechizo de la misma naturaleza que utilizo el mago de Havenstad.Reaccioné tarde para tratar de repeler el hechizo pero solo logré estamparme contra la pared al mismo tiempo que tenía la pelota sobre mí cara.A ese punto,era inútil esquivarla. Tapé mi cara con el brazo que tenía el pergamino y apenas sentí calor sobre mí. En el próximo parpadeo la pelota estaba fuera de juego y el pergamino parecía estar fuerte todavía. Y pensar que no sobrevivió ni un solo hechizo en el puerto del Este...
No sabía con exactitud cuánta energía era la necesaria para matar a alguien,de hecho nunca lo había logrado. Quizás nunca fue mi intención y sin arco y flecha esa sería la primera vez.
El mismo que había hecho el hechizo de fuego ahora se rodeó a sí mismo de una estela blanca mientras que el pajarraco se dedicaba a volver a agitar sus alas. El lagarto estaba loco si pretendía confundirme con tele transportaciones.Había pasado toda una adolescencia peleando contra Marco con los pergaminos verdes robados de nuestros padres.
Giré mi cuerpo en un movimiento rápido para ver como se aparecía su cuerpo con aquella burbuja blanca. Golpeé su cara con una fuerte trompada antes de que siquiera pudiera entender que había pasado. El otro insistió con su ventisca que esta vez fue absorbida por el pergamino sin algún tipo de problema. Di 2 pasos hacía adelante y desenfunde la daga de mi cintura. Tomándola como un arpón apunté a sus alas. Un chillido insoportable fue lanzado por aquel de toga azul. Ya sentía como la piedra había recargado mi cuerpo de energía haciendo mis movimientos considerablemente más rápidos y fuertes(de lo contrario el lagarto no seguiría quejándose acerca de su ojo herido a mis espaldas). El mago dio un paso atrás e intento repetir por 3ra vez aquel hechizo pero era demasiado tarde. Salté sobre su cuello con todo el peso de mi cuerpo tumbándolo fácilmente. Clavó su mirada en mis ojos pero solo encontró una muesca grotesca en mi cara. El hijo del Rayo no perdonaba.No en Verin.
Puse su mano sobre su pecho y dejé fluir la descarga sabiendo que esa vez no había límites.Sabiendo que ese bicho tenía que morir.Su cuerpo empezó a vibrar de una manera increíble. Un grito ahogado salió de su boca. En cuestión de segundos sentí que su cuerpo ya no vibraba más. Su toga azul estaba chamuscaba y un repulsivo olor a carne quemada estaba rodeando la escena.
Sentí cada gramo de esa energía azul que se desprendía de mi para invadir su cuerpo. Era energía que perdía y no volvía a mí. Inmediatamente empecé a colectar más para terminar en el lagarto que todavía tenía atrás.Clavé mis ojos en su rostro y sentí como la mueca se acentuaba. Él levantó la mano hacia el cielo cómo sosteniendo una pistola y una luz blanca salió disparada al cielo donde se extendió y quedo flotando. La ciudad se iluminó una vez más. Y fue de alguna manera absorbida lentamente por aquél punto lumínico en la entrada.
El mago volvió a optar por su hechizo de fuego y creó una pelota del tamaño del ancho de la calle. La masa de fuego volvió a avanzar hacia mí pero ésta vez bastante más rápido.Esperé otra teletransportación que jamás paso. En su remplazo una llamarada salió a toda velocidad desde el centro de la pelota. Salté hacia un costado esquivando el ataque. Otra llamarada se disparó y con un salto a donde estaba instantes antes volví a evadir el ataque.
La pelota había bajado considerablemente su volumen y acto siguiente se abrió como una mandarina y llenó el piso de un fuego tan espeso que parecía lava. La bola desapareció pero me dejo encerrado en una situación difícil. Por 4ta vez volvió a insistir con el hechizo de fuego y disparo contra mí. Sin poder moverme,opté por cubrirme.El pergamino resistió todo el impacto pero para la ingrata sorpresa,expiró en el mismo momento que él se disponía a atacarme de nuevo. Sabía que Cregh todavía el pergamino con él y pensé en tele transportame hasta él,pero un galope a toda carrera me hizo cambiar de opinión. Ni un brillo había salido de su mano cuando Malo en su forma canina apareció en la escena. Si bien el fuego logró salir,este no afecto en nada al quitnar e impactó sobre el cuello del lagarto. Luego de unos segundos el fuego del piso se debilitó y desapareció. Corrí hasta Malo que se encontraba encima de aquel tipo. Tomé la daga y desplazando a Malo con el hombro la enterré en el entrecejo del de toga azul.Con un último espasmo un segundo después de que el metal frío recorriera su cerebro terminó su vida.Limpié la daga y acaricié a Malo. Pude ver las 3 túnicas blancas se acercaban a la escena.Pero el tiempo apremiaba,la luz blanca todavía brillaba en el cielo. Una bengala.Y eso nunca podía ser bueno.










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50 Re: R.O.L. Beta el Vie Jul 17, 2015 4:03 am

Ítalo

Observé como la luz de la bengala parecía gravitar hacía la entrada de la ciudad. Ese orbe de luz la mitad exacta de la muralla.
Ya lo había visto con el fuego del incendio que creamos para poder conseguir comida, esa cosa parecía absorber la luz. Prácticamente sin dudas culpaba a esa cosa de la oscuridad que nos rodeaba. Me deleité pensando que Cregh podía llegar a hacer algo para destruirla y poder ver algo más allá de 3 metros de nuestras narices.
-Este no es un lugar para pelear.Al menos no para humanos.
-Y esa cosa que está brillando en el cielo no me gusta nada.
-Es una señal para alguien,sin ningún tipo de duda.-sentenció Aldara
-Si,son ellos...Ya saben que estamos acá.
-La gente del restaurante no parece muy feliz de ver esto que esta pasando. Diría de mover los pies, y rápido.-dije girando sobre mi eje para darle la espalda al pequeño incendio.
Agachando la cabeza emprendimos a alguna ruta de Verin. Noté que solo había un par de pies siguiéndome. Cregh levantó el rostro cuando volteé y luego miro hacía atrás.
-Vamos,Aldara.
-No.-dijo con una voz capaz de doblar acero.-Quiero pelear.
Escuché claramente el chasquido de las manos de Lang chocando contra su cara. A pesar de llevar unas pocas horas en la oscuridad noté cuánto protagonismo tomaban los oídos ante la ausencia parcial de la vista.
-Aldara,vamos-repitió Lang,con voz mucho más severa.
-Esa bengala-gritó y señaló al cielo -traerá a esos que forman nuestra contraparte del Oeste. Qué coinciden a la perfección con los culpables de la muerte de Dalia.
Si había olvidado por 3 minutos su ausencia,escuchar a Aldara gritar su nombre llenó mi cuerpo de sudor frío.
-Es insano. No podemos siquiera ver. Qué la ira no te cegué.
-El fuego de Cregh nos iluminará.No posterguemos esto más.Es el momento.
-Ni siquiera tenes agua para pelear. Te pido que reacciones.
-Eso no es cierto.-dijo casi en susurró.
-Aldara,ehm... Aquí no hay agua.-quise explicarle.Le tomé la mano para llevarla hacía adelante.
-El río-dijo Cregh-¿No es cierto?-
-No lo sé. Pero es una cantidad increíble de agua.
-En la casa tu hermano pude escuchar con claridad el agua correr,a pesar del hambre feroz.-dije mientras giró para mirarme a los ojos. Pude ver cierto reflejo de sus dientes.Estaba sonriendo. La blancura de sus dientes me recordó a la túnica que seguía en la primera entrada a Verin.En ese momento pude recordar el puente de piedra y eventualmente el río.

Lang rompió con el círculo que habíamos formado,caminando entre medio de todos,poniéndose enfrente a mí.

-Esto no es buena idea.
-Creo que no se trata de buenas ideas. Esta madrugada perdimos nuestra brújula.Corremos contra reloj. Corremos contra nuestra propia muerte y la muerte de todo lo que creemos correcto. Está ciudad oscura y hóstil no nos deja muchas chances,Lang.
-Esto es... un suicidio.
-Creo que Wendagon desde un principio lo sabía y excluyo la parte de "misión suicida al Oeste". Este es el final. No veo que otra cosa podemos hacer.-agregó Cregh.

Lang parecía frustado. Algo en él no quería luchar de verdad.

-Lang, pensa que nuestra mejor chance para conseguir comida en estas tierra fue crear un incendio en un restaurante y robar comida mientras la gente salía.
-Escapar tampoco nos garantiza sobrevivir una noche más.-esperaba poder ver la luna una vez más.Mientras,la bengala comenzaba a mostrar signos de debilidad y se extinguía lentamente.
-Llévanos hasta el río. El primer paso es movernos de acá a un lugar más seguro y evaluar lo mejor.

Sin demasiado disimulo nos dirigimos hacía el norte,donde Aldara aseguraba que se encontraría el río. La ciudad de Verin parecía estar hecha como un laberinto o siguiendo alguna lógica que no entendíamos.Estaba la posibilidad de que solo fuera la ausencia de luz el problema.
Unos pocos momentos después nos hicimos camino hasta el río.
Allí parecía un lugar más seguro. Seguro siempre que sepas hacer magia y tuvieras revólveres,claro. Pero se sentía mejor que al lado del incendio y lejos de las miradas de la gente del Oeste.
A todo esto,la bengala ya había muerto.

-Tiene que haber otro plan. Y quiero que abran sus cabezas. Puede ser la última vez que pensemos.
-Bien,es solo cuestión de tiempo para que nos encuentren.Si bien la luz se apagó,estamos en una zona que podrían estar patrullando.
-Las opciones entonces,son 2. Pelear,aquí y ahora. O...? -preguntó Cregh.
-Encontrar una situación óptima.
-Lo que significaría esperar y escondernos.¿Dónde?
-Podríamos entrar en la casa de alguien,matarlos eventualmente y ocupar su hogar. Manchar nuestras manos de sangre a esta altura no debería ser un problema. No tan cerca del final.
-Parece un buen trato.
-¿Y luego qué? ¿Vivimos felices en una cabaña del Oeste comiendo perdices?Significa solo perder tiempo.
-Podríamos simplemente salir de Verin,también.
-No creo que afuera sea un lugar seguro. Mataron a uno de nosotros incluso antes de que lleguemos. Después de hacer lo que hicimos,no lo consideraría una opción.
-Podríamos...avanzar.
-¿Qué es avanzar?
-Seguir con el siguiente paso. Seguir inclusive más al oeste.
-No sabemos que sigue.Dalia desgraciadamente no está aquí.
-Pelear. Pelear y ganar es el siguiente paso.
-Aldara,tranquilízate.-dijo Cregh levantando bien alto su cabeza,aunque no logro demasiado efecto en ella.

Tomé mi cara pensando en que realmente habíamos jugado mal nuestras cartas de entrada. El perfil bajo era valioso, pero ya era un hecho que lo habíamos perdido para siempre. Tal vez Lang no lo había terminado de entender, pero creía que Aldara tenía razón. Era el momento.
Y detestaba la idea de llegar a encontrarme a Hanzel del otro lado.

-No quiero que mi opinión sea la que determine todo.Pero creo qu-quise decir hasta que el hechicero interrumpió.
-Ítalo,ya siento magia cerca.Vamos a pelear.
-Genial.Un plan brillante.
-Iluminaré el camino. Confía en mi,Lang.-le juro mientras tocaba su hombro.-Aldara,quiero que te calmes.
-No sé si debería.
-La magia está cerca. Aunque tenemos tiempo para ajustar unos últimos detalles.
-¿Cuánto tiempo?
-5 minutos-dijo Cregh-en el mejor de los casos.

Lang saco su revólver y contó las balas.

-Exijo hacer de esto algo más sensato.No voy a dejar que regalen sus vidas.No mientras pueda usar esto-dijo tocando su sien con la punta de uno de sus revólveres.
-Osea....?
-Qué tengo un plan Cregh.
-Estas teniendo un buen día para eso Lang. Pensé que solo se te daba bien lo del plomo.
-Para nada.-respiró hondo y volvió a empezar-Para empezar, debemos pelear cerca del río donde Aldara tien más que ventaja. Segundo,podemos tomar por sorpresa a los primeros que vengan. La bengala es significa auxilio y quien quiera que sean estos tipos van a venir y rápido. Quiere decir que no tuvieron tiempo de organizarse. Vendrán de diferentes lugares,a distintos tiempo y probablemente solos o en pequeños grupos. Una carnada viva que los guié hasta a este mismo lugar,donde podemos darle una muerte más que sencilla.-concluyó
-Brillante
-¿Y no querías pelear?
-Sigo pensando que hay alguna mejor oportunidad.Pero jamás escuché a Aldara así. Cuándo me tome la cara fue por que no esperaba poder hacerla cambiar de opinión.
-Yo seré la carnada-dije antes de que pudiera seguir-,soy el más rápido.

Nadie se quejo por mi decisión. Era un plan primitivo,pero estaba era muy probable que funcionara. Con los últimos detalles pedí el arco y las flechas a Cregh y me dirigí a la esquina anterior. La oscuridad y la repentina soledad lo hicieron parecer una caminata a la eternidad. Y vaya si había chances de que pasara.
Apoyé mi espalda contra una pared y esperé que alguien me atacará. Parecía una consigna fácil,pero el tiempo pasaba y nadie pasaba por esa esquina.Me aventuré y me acerqué 2 cuadras más donde había sido lanzada la bengala.De la nada Verin parecía un pueblo fantasma. ¿Estaría pasando algo en otro lado que estaba captando toda la atención de la gente? Quién sabe,la ciudad era de proporciones épicas.
Quise hacer una cuadra más donde creía que deberían estar los cuerpos. Y no me fue mal.
Escuché a 2 personas hablando. Antes de que llegara donde la calle doblaba. Preparé una flecha y me asome para poder efectuar el disparo.
Hablaban en su idioma y revisaban los cuerpo si bien no podía distinguir que raza eran noté en el contorno azul brillando todavía con el fuego del restaurante. En un parpadeo el silbido de la flecha rompió con el armonioso silencio y la cabeza del de la derecha fue atravesada limpiamente con una flecha. Sin querer romper más las reglas decidí a pegarme al plan y dejar que el otro me viera,me siguiera y fuera asesinado por el resto de mi grupo. Del momento en que solté la flecha y di media vuelta ya me encontraba solicitando energía de la piedra.Sin voltear atrás pero escuchando los pasos acelerados tras mis pies.Aceleré aun más pidiendo prestada la energía de la piedra que se había incrustado en mi pecho y llegue al final del camino antes de lo que pensaba. El mal cálculo me obligo a saltar la pequeña pared de piedra y caer en el río.
Zambullirme en esa masa líquida y oscura no fue la mejor decisión,pero reaccioné por reflejos. Saqué la cabeza rápidamente del agua y vi como una llamarada iluminaba la escena. Acto siguiente,una de las togas azules cayó lentamente en el río. Ni siquiera tuvo chance de gritar,el plan había sido un éxito por lo pronto.
Una vez que la luz de la llamarada desapareció estar dentro del río se volvió una suerte de claustrofobia y empecé a intentar escalar por mis propios medios. La piedra era lisa y trepar era sencillamente imposible. Podía sentir como la corriente me alejaba más y más. Grité,levanté los brazos y preparé un pequeño haz de luz en mi mano para que me sacaran.
Noté como el rayo se esfumaba de mi mano y se ramificaba en el agua. Saqué la mano del agua con un poco más de luz,logrando ahora que el agua empezará a subir lentamente. Ya no sentía la corriente,solo un pequeña fuerza contraria a la gravedad que me llevaba hasta el nivel del suelo.El agua me dejo gentilmente sobre tierra firme,apenas unos metros de donde estaba Aldara. Su capacidad para manejar el agua a voluntad nunca terminaban de sorprenderme.

-Gracias querida. Y buen tiro,Cregh.
-Gracias,pero no era ninguno de nuestra contrapartidas.
-Esperaba que fuera el cuervo...
-O la puta de la nereida.
-Una pena.
-¿Quién son estos tipos? ¿Deberíamos esperar a que aparezca alguien más?
-¿Es la policía local?
-Lo dudo,en casa de Hanzel había una toga idéntica a esas. Y dudo mucho que Hanzel este metido en algo tan barato como la policía.
-Bueno,estamos en el Oeste, podría pasar cualquier cosa.
-Creo que veía más posible a mi hermano entregando el continente donde nació que en la policia,confía en mi.
-Imaginando que es la policía y esta es la capital,esto puede ser eterno.
-No,esto no es una policía. Más allá que nunca hubiera esperado que se hubiera convertido en esto él nunca estaría metido en esto.-dije en un tono que no podría repetir si no tuviera a mi hermano en mi cabeza. Un pequeño e incomodo silencio tomo todo.
-Entonces...¿qué hacemos?-preguntó Cregh
-No hay bengala,pero puede que todavía más gente nos este buscando.
-Movernos un poco,no demasiado.
-Sigamos al río.-propuso la nereida del este y nadie se opuso.

Algo justo debajo de mi nuez había empezado a crecer. No estaba ahí el día de ayer,pero ahora estaba latente. No sabía bien qué era pero sus padres,los que le dieron vida, eran sin duda Hanzel y Dalia. No olvidaba la sensación de suciedad cuándo toque su sangre. El peso de la culpa,las ganas de retroceder el tiempo atrás. La incapacidad humana de entender todo lo que nos rodea. Dalia había muerto durante nuestro sueño. Y Hanzel decide volver a mi vida,en el momento más crítico en 200 años. Con una casa en la capital de la oscuridad. Viviendo en el continente que el sol besa cuando se va a dormir. Pensar en él se volvía una ironía y quería romper a reír a carcajada en la oscura calle. Viví toda mi vida en su sombra. La sombra de un del Valle perfecto. Sangre pura y por alguna razón hechicero. El primogénito de Adán,mi padre.
Si bien no rompí a reír,una pequeña sonrisa se formó en mi rostro. Pero no era nada placentera.
Sentía que había aceptado ese segundo lugar. No era mejor que Hanzel en nada. Su figura me aterraba y me hacía correr. Competir contra él significaba fracaso. Por eso viví la mayoría de mi adolescencia,lejos de él y su fama,en Craster con Marco.
De repente las decisiones a lo largo de mi vida veía su real motivación. Quería estar lejos de él. Me volví experto en las cosas donde él no había puesto su huella. Jamás toco un arco,jamás toco una flecha.Jamás pago por estar con una mujer.Jamás tuvo tiempo para el alcohol,por que vivía en sus peleas y exhibiciones de magos.Si un del Valle tenía que salvar el mundo, tenía que ser él.
Ahora... él estaba del otro lado. Y yo tenía que enfrentarlo.No...tenía que matarlo.
Y no tenía la menor de como hacerlo.
La luz qué invocó Cregh me cegó por unos momentos. Escuché el cañón de Lang dispararse una vez y una mano en mi hombro empujándome para atrás. El hechizo de Cregh permaneció arriba de nuestras cabezas,brillando,parecido a lo que hizo en Craster.

-Un diablo?

Refregué mis ojos y vi una fiel representación de los mismos seres de Laertes. Detestaba la idea de que manipulen los cuerpos para crear nuevos soldados, pero parecía que el cuervo de Laertes había vuelto a nosotros.

-Es aquél cuervo. De nuevo.-gruño el mago.

Me aterrorizó la idea de que esa hubiera sido Dalia. Que se hubieran atrevido a perpetuar su precaria tumba para volverla en contra nuestra. Era simplemente terrorífico. Rechiné mis dientes de furia.
Si esos eran sus propias aliados,deberían ser solo cuatro diablos más. Ni había terminado de procesar los pensamientos cuándo 2 diablos más aparecieron sobre nosotros.Desde los techos apuntaron a Aldara. Ella reaccionó mucho más rápido de lo que esperaba y nos rodeo en una esfera de agua. En un parpadeo el agua se congeló. Esta chica no paraba de sorprenderme.
Los diablos no parecían entender de que se trataban estos poderes. Golpearon el hielo,que parecía ser bastante frágil. Sin darles siquiera una chance, al mismo tiempo que se entretenían con el escudo una parte del lado de Cregh,el izquierdo, se desprendía y tomaban forma de lanzas.
Los seres pseudo-pensantes fueron apuñalados por dagas de hielo que atravesaron limpiamente su pecho. Apenas chillaron y luego se dedicaron a descansar en paz de una vez.
Aldara entendió que el peligro había terminado, por lo que el escudo se partió en pequeños pedazos de hielo que reflejaban el hechizo que Cregh había realizado.

-Muéstrate,cobarde!-gritó,furioso.

Notaba que estaba algo perdido en esa situación.Mis pensamientos me habían consumido y gasté mi tiempo en ver a Verin iluminada. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo al notar que no parecía tan diferente a Veringrad. No era la primera vez que notaba que podíamos ser no tan diferentes. Pero debíamos matarnos para la diversión de los dioses,así estaba escrito.
Cregh actuó rápido y neutralizó al cuarto diablo. En su cara había una mueca de odio que no estaba allí ni en el entierro de la madrugada.Su voz volvió a rugir de nuevo.

No tenía dudas que poder matar al mismo cuervo que nos pateó el culo al mismo sería un subidón anímico importante. De hecho,quería apareciera ya mismo para ponerle una flecha entre sus 2 ojos. Al pasar la mirada por mis compañeros noté el todos compartíamos las ganas de abrir su cabeza por el entrecejo.
Quizás nos sentimos invencibles por unos segundos y el precio fue caro.
Simultáneamente desde todas partes aparecieron 7 hechiceros con su toga azul. Y el cuervo de Laertes no estaba entre ellos.
El primero de ellos cayó sobre nuestras cabezas con una espada enorme. Malo,ya en su forma canina,lanzó su cuerpo contra el mago,estampandolo sobre la pared cuando la espada iba a caer sobre la cabeza de Lang.
La tierra sobre nuestros pies se separó en 2,mientras un viento mágico nos despegaba del suelo con la fuerza de un huracán. El mismo mago que había atacado Malo,ahora se levantaba del suelo y lanzaba su espada,que sumada a la fuerza del viento era un proyectil de increíble velocidad. Si bien iba dirigida hacía mi pecho,la velocidad del rayo que provenía la piedra reinventaba mis reflejos.
Sin chance de reaccionar,un tercer mago sumo su poder al hechizo y invocando fuego al huracán. Ya tenía listo mi pergamino violeta en mi brazo izquierdo para absorber la magia,pero de nuevo Aldara demostró unas cualidades únicas moviendo una pared de agua de nosotros.
Sin embargo el ataque era tan potente que la pared de agua fue evaporada en unos pocos segundos,dando pie a un campo de batalla neutro,pero lleno de vapor.
Malo se lanzó contra los 7 magos en un pestaneo luego de que el fuego se apagará. Iba por el que había conjurado el viento mágico. El hechicero de toga azul formó una luz roja en su mano,de una naturaleza parecida a la piel de los diablos. Nunca había visto algo parecido a ese halo que había creado. Lang,dando un paso hacía adelante disparó 3 tiros dejando el primer muerto de la batalla.
Cregh disparó una bola rápida de fuego hacía adelante,con ningún fin más que cubrir a Malo,quién había quedado en una situación desfavorable.
Aldara ya había tomado más agua del río formando lanzas de hielo de un tamaño enorme lista para atravesar cualquier cosa.
Di un paso atrás,mientras preparaba mi arco y las flechas para disparar.Noté que el cuarto mago,quién estaba levitando a unos cuantos metros a nuestra izquierda conjuraba un hechizo de transportación.Con la luz brillante,y el chasquido de dedos no podía tener otra dirección que nuestras espaldas.
Enfoqué la energía de la piedra en la mano izquierda. Y me di vuelta,esperándome encontrar con el cuello de aquél bicho. Y así paso. No había tocado el suelo cuándo apareció a metro y medio de la espalda de Cregh,pero ya era demasiado tarde.
Dejé fluir el rayo por su cuerpo,tostando al segundo mago. Un olor a carne quemada,característico de Laertes empezó a llenar el campo de batalla. Terminé de confirmar que una vez que elegía dejar salir la energía está entera.No podía regularlo. Dejar salir tanta energía,me hacía experimentar una rentalización de mis movimientos inmediata. Notaba cuán rápido me volvía mientra acumulaba la energía en mi cuerpo.
No tuve tiempo para voltearme cuando una fuerza enorme salió del piso,haciendo vibrar la ciudad entera. Una grieta dividió el piso en 2,y hasta los edificios empezaron a danzar. Caí en el primer sacudón y desde el piso vi a Cregh y Aldara caer hacía el río. Malo estaba de pie, pero Lang se encontraba en el piso al igual que yo. El resto de los magos se encontraban levitando y conjurando nuestra perdición. El pistolero en un tiro asombroso puso fin a los días a un mago que todavía no había puesto su magia en la batalla. Disparó su última bala del tambor en el que creía que había hecho la tierra temblar,pero falló.
Intenté pararme a pesar de que era evidente que la tierra seguía sacudiéndose. Los edificios ahora danzaban ebrios y amenazaban con desplomarse encima nuestro. Malo distraía y recibía los ataques de los magos mientras buscábamos la manera de escapar. No entendía la naturaleza del hechizo,parecía que había vuelto la tierra de gelatina. Simplemente no iba a parar hasta que la grieta nos tragué o la casa de 2 pisos se derrumbará encima nuestro. Tomé el pergamino verde,pegué uno en mi brazo derecho y el otro lo lancé lo más lejos que pude.

-LANG!!Mi mano!-grité con todas mis fuerzas esperando que Lang escuchará algo entre los ruidos de roca roerse.

Me arrastré hasta él y estiré como nunca había estirado mi mano. El edificio ya estaba a punto de aplastarnos y de lo contrario la grieta nos llevaría pronto a conocer a algún dios que habíamos olvidado de venerar.Un parpadeo después estábamos a salvo, 20 metros más al Oeste. Allí la tierra no parecía de gelatina. Además Aldara y Cregh estaban volviendo a la superficie.
Metros adelante,Malo peleaba valientemente con 4 magos al mismo tiempo.

-Vamos.








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