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R.O.L. Beta

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1 R.O.L. Beta el Miér Feb 26, 2014 9:11 pm

R.O.L.
β






DALIA


Me desperté y desperece. Era un nuevo, brillante día, todo me lo indicaba; el sol brillaba con una fuerza que enceguecía, atravez de la ventana entre las paredes de madera de mi habitación. Me levante emocionada y vibrante y di un salto hasta la puerta, por sobre mis escazas pertenencias. Abrí hacia afuera de un tirón… pero algo la detuvo a medio camino. Una mano. Asome la cabeza lentamente, a medida que la energía abandonaba mi cuerpo… Era mamá. No era debido que anduviera saltando por ahí.
Había cumplido los diecinueve el anterior ciclo lunar, pero no parecía que la libertad en mi vida hubiera aumentado ni un poco. Siempre tenía que estar vigilando a papá, con su pecho doliéndole y ataques que podían suceder en cualquier momento. Está bien, él había dejado el trabajo por culpa de esas cosas, pero que estuviera enfermo no significaba que fuera un inútil. Podía moverse por la casa con toda facilidad, y realmente no me necesitaba. Aun así… Los dolores podían pasar en cualquier momento. Siempre debía haber alguien con él. Lo entendía, y nunca hubiera expresado mis quejas en voz alta…
Mamá estaba por salir a recibir a los chicos, vestida con ese traje blanco que le daba finura a su cuerpo delgado y a mí me encantaba. Tome aire. Me calme, relaje el cuerpo, y le di los buenos días. Le dedique una falsa sonrisa, a lo que ella sonrió, y siguió por el pasillo hacia el patio que teníamos atrás. Yo fui en dirección contraria, atravesando la pared de madera para ver a papá. Nuestra casa no era muy grande, y pronto estuve frente a la puerta. Papá dormía solo, y no dejaba que nadie entrase sin su permiso, temeroso de que mamá pudiera contraer algo si estaba con él. Toque la puerta.
¿Dalia? –Pregunto.
Sí, papá.
Abrí despacio y me lo encontré. Era bajo de estatura, y la cama parecía extenderse infinitamente bajo su cuerpo, reforzando aún más su imagen de fragilidad. Pero yo estaba acostumbrada y lo trataba como siempre.
Vamos, arriba, arriba.
Palme el borde de la cama, y empecé a abrir las cortinas. El sol entro en el cuarto. Mire con un suspiro hacia el bosque, atravez de la ventana… Pensé un momento en el, y luego me di vuelta. Los muebles de la habitación, frente a la cama, brillaban lustrados contra la luz que les daba de lleno. Papá solo rezongo, tapándose los ojos, y se puso de pie. Se vistió y fuimos a la cocina.
El té, Dalia. –Me indicó.
Fue a tomar asiento, y yo le prepare algo con hierbas dietéticas. Hacíamos lo posible para que por su estómago solo pasaran cosas saludables, y confiábamos en que esto redujera los ataques en algún nivel. Los ataques, esos retortijones de dolor que llegaban sin aviso y lo tenían gimiendo por el suelo, mientras se agarraba el pecho. Siempre era horrible de ver. Era un hombre joven; desgraciado por su condición.
Serví el desayuno y me senté con él. Revolví mi brebaje desanimada, sin prestar atención… Papá seguro se dormiría luego del almuerzo, mamá enseñaría a otro grupo de niños y yo sería la que tendría que quedarse esposada a la casa. Pensé en lo que había visto en el cuarto antes; en que emocionante seria explorar el bosque solo una vez. Pero conocía los peligros.
Papá tomo sin más, y yo levante todo. Junte las cosas sucias en el cesto, y estaba por ir afuera para lavarlas, pero papá me llamo por detrás. Me gire. Aun sentado en la mesa, su mirada era profunda.
Hija… gracias.
Me quede ahí. Atine a sonreír; forcé otra sonrisa falsa, un clásico gesto de aprecio tu agradecimiento. No quería mostrar que realmente quería sonreír; cuanto me había gustado oír eso.
Papá, por favor. No me molesta ayudarte. –Dije, agitando la mano que no estaba usando para levantar el cesto.
Como digas. –Papá bajo la mirada, ensimismado. Los dos entendíamos lo que el otro pensaba. Estaba bien. Tenerlo ahí, vivo, era lo más importante para mí.
Salí afuera, donde me puse a lavar los vidrios.
Estábamos en el extremo del pueblo, junto al bosque. Este limitaba el reino, y daba hacia el Oeste. Con el viento soplando, me aleje un poco de la casa, y me asome hacia adelante; hacia el Este. Allí estaba el camino, y el mercado. El corazón del pueblo; gente yendo y viniendo sin parar. Hacía tiempo que no iba. Solo visitaba cuando tenía que comprar provisiones, cada cierto tiempo. Disfrute el sol y el ambiente. Parecía un buen día, y estaba segura de que mi pelo rojizo se beneficiaba de esas cosas.
Ya había terminado con la limpieza y no quería volver adentro tan pronto, así que pensé en ver a mama. Rodee la casa hasta la parte de atrás. Ella estaba sentada sobre un tronco, con varios chicos en el piso alrededor. Detrás de ella habíamos instalado una repisa en la pared, donde ponía varios libros. Siempre daba clases en el patio trasero, lo que compraba nuestra comida y educaba a los chicos del pueblo. Estaría ahí todo el día, y lo había estado por años.
Espere a que terminara de enseñar donde estaban los reinos a esa clase, de chicos pequeños, y me le acerque.
Ma –La salude nerviosa— Ehh, sabes…
Ella se giró hacia mí, tranquila.
¿Pasa algo?
Bueno… –Desvié la mirada—. Tengo que ir a preparar la comida adentro. ¿Estas por terminar acá?
Todavía me falta un poco.
Aja, bueno. Eh… –Apreté el puño, y adopte un tono casual—. También me preguntaba si podía visitar el bosque más tarde.
¿Eh? –Mama se me quedo mirando---. ¿Fuera del camino? Sabes quienes pueden estar ahí…
Ugh, nunca se acercan tanto al pueblo, ¿sabes? ¡No sé si realmente rondan en el bosque! ¿Y qué se supone que haga cuando papá se quede dormido?
Pues yo voy a seguir dando clases. Podrias venir acá.
Otra vez…
Me agarre la cara y me revolví el pelo. Todos los nenitos me miraban raro. Decidí dejar de hacer un escándalo, y fui adentro de una vez. Sí, sabía que las criaturas andaban entre esos árboles… Pero no les tenía miedo. Algo me llamaba hacia el bosque. Podía entrar cada vez que iba a juntar agua, y todo era igual, pero ese día la atracción empezó a ser casi irresistible. Cuando hoy miro atrás y pienso en ello, solo puedo deliberar que fue obra de Destino; el ser etéreo estaba indudablemente obrando en mí. A todos les llegaba la hora de encontrarse con él; de seguir el motivo por el cual nacieron.

Efectivamente, papá se durmió luego de que todos comimos. Lo deje en su cuarto y me hizo salir antes de que llegara a verlo cerrar los ojos, pero luego pude oír sus ronquidos. Y ya había visto a mamá cuando entro para comer, en medio de sus turnos, pero ahora tenía que ir a verla enseñar de nuevo. Temí que sospechara que iba hacer algo estúpido si no iba, así que lo hice, resignada.
Ahora estaba el grupo joven. Varios me conocían por verme salir regularmente, y me saludaron en cuanto aparecí. Me senté a un lado de mamá, mientras hablaba sobre el reino del Oeste. Ese era un tema divertido, afortunadamente. Siempre era bueno escuchar sobre la cuna de las bestias que acosaban nuestro bosque.
Unciæ era una ciudad prospera, tan grande como nuestra gran capital –Empezó a decir mamá. Y no señalo hacia los arboles detrás nuestro, o hacia la calle central adelante; señalo en medio de ambos, hacia el Norte—. Dos centros económicos que compartían mercancía y amistad.
Un chico se mostró despectivo ante esto, y gruño algo; la capital no era muy bien recibida por nuestros lares, un lugar que tenía toda la riqueza y el desarrollo, y dejaba a pueblos como Lignus para morir.
Al menos no somos de interés para las criaturas –Pensé en voz alta, recordando la cantidad de seres que vivían en la capital, como les era posible, que no eran humanos. Mi mama me echo una mirada rápida.
Sí, las criaturas. Entonces llegaron ellas. Unciæ era un lugar prospero… hasta que el asedio sucedió. El ejército contuvo a las fuerzas enemigas tanto como les fue posible, pero las puertas cayeron al final, los demonios entraron… y el reino cayó también.
—Las arañas. –Dijo un chico.
…Sí. Las arañas.
Mamá miro al cielo. Nadie sabía que eran, o de que reino venían, aunque se rumoreaba que habían llegado por mar. Era imposible comunicarse con ellas; las arañas solo viajaban de un lugar a otro, derrumbando todo lo que encontraban y causando muerte. Parecían una fuerza de la naturaleza; animales salvajes por cuya desaparición rezábamos. Una plaga que el gobierno no podía permitirse exterminar. Y ahora estaban en Unciæ; a solo kilómetros de Lignus…
El gobierno general temía que intentaran avanzar de nuevo, aunque no lo habían hecho en años, pero el miedo de nuestro pueblo era aún mayor. Algunas arañas se adentraban en la zona… rondaban los bosques de nuestro pueblo. O eso decía la gente. Por culpa de ellas, nunca había podido jugar ahí de nena; nunca había podido pasar tiempo allí de adulta.
Pero ni siquiera había visto una. Estaba cansada de tener que ceñirme al camino marcado para juntar agua en el rio, y ni un centímetro más; estaba cansada de que no pudiéramos salir de casa luego de la noche por nuestra cercanía a los árboles. En ese momento, escuchando a mamá, tome una decisión. Y estoy segura de que Destino mismo me guio.

Tomo tres días para que las reservas de agua se acabasen; tres días monótonos de cuidar a papá y ocuparme de la casa mientras mamá trabajaba, como siempre. Pero espere pacientemente, sin quejarme de la situación ni una vez ni mencionando el bosque. Consulte las enciclopedias de mamá buscando dibujos de las arañas, pero nada era conclusivo, y solían variar demasiado. Seres altos, flacos, más de seis piernas, con pesuñas, como personas. Las descripciones tenían muchas contradicciones… Yo sabía lo que tenía que hacer, lo que mi corazón me pedía hacer. Necesitaba ver uno con mis propios ojos, necesitaba que mi propia vida comenzara. Y ese era un punto de inicio tan bueno como cualquier otro… Efectivamente, iba a iniciar mi propio camino, solo que yo no lo sabía entonces.
Esa noche el agua se había acabado. Mamá y papá ya habían ido a dormir, en cuartos separados, y agradecí por otro día sin que papá tuviera problemas en el corazón. Si se enteraba de lo que pensaba hacer definitivamente iba a alarmarse, así que me asegure de que no se me escapase ningún detalle. Junte los baldes, espere a oír los ronquidos de papá… Solo entonces salí.
La puerta de madera se abrió con un quejido. El hacerlo lentamente solo empeoraba las cosas, así que maldije y pase de un tirón. Me quede quieta un momento, me asegure de que nadie se movía adentro, y me puse en marcha. Era importante que llevara los baldes para tener una excusa si alguien me veía, pero realmente solo hacían que la caminata fuera incomoda. Por suerte, pronto alcance los bosques.
Seguí el camino hacia el rio, derecho, alrededor de árboles que se abrían justo encima de mi cabeza. El frio me daba escalofríos, y el ambiente no era mucho mejor. Los insectos estaban en completo silencio, el viento era seco. Entrar en ese lugar parecía como entrar en otro mundo. Un mundo donde no había nada atrás ni adelante, solo mas arboles; donde nadie podría oírte ni tendrías adonde huir, donde las certezas del otro lado solo eran chistes. El rio estaba frente a mí. Fluía en silencio hacia la derecha.
Tome aire. Ya había decidido lo que iba a hacer—no iba a arrepentirme ahora. Deje los baldes en el suelo, y empecé a seguir el rio, alejándome del camino y adentrándome en el camino hacia el Oeste… en muchas maneras.
Los primeros metros fueron sencillos; me desensibilice de todo y solo continúe moviendo mis piernas. Pero entonces empezaron los sonidos: pequeñas rozaduras en arbustos, extraños susurros que traía el aire… Las sombras parecían mil cosas ahora, y parecieron cerrarse sobre mí.
Tuve que detenerme. Las arañas estaban rodeándome. Las arañas iban a mostrarse y ni siquiera quedaría nada para que mi familia encontrara… Las arañas y sus seis piernas, moviéndose todas a la vez… Sus bocas sobre mi piel. Levante el pequeño cuchillo que había traído, temblando. Y aunque mi cabeza maldecía haber venido a ese lugar… Mi corazón palpitaba lleno de emoción.
No había arañas, no había demonios. Solo era el viento, y la espesura del bosque. Baje mi cuchillo y deje de temblar. Mire hacia adelante. Entonces lo encontré.
Más adelante, en el rio, había un pequeño cráter. Me acerque tambaleando y me agache… Era como si un trueno hubiera caído ahí, lo que era extraño, pero había algo más. Bajo el agua había un pedazo de papel, en medio del agujero, bloqueado por una piedra que no permitía que la corriente se lo llevase. Quite la roca y lo levante. Leí:

CONIUNGUNT

…Me quede mirando el papel; sus letras hipnóticas. No había visto ninguna mano con esa finura en el papel reproducida antes, y… algo en la palabra me impedía correr la mirada.
Debí haberlo hecho. Podría haber escuchado el sonido seseante. Podría haber evitado el horror de ver eso.
Podría haber levantado la mirada antes, y evitado ponerme al borde de la muerte tiempo después. Podría haber hecho todo más fácil si el papel no se disolvía entre mis manos a causa del agua… Si no olvidaba la palabra por el impacto de lo que vino después.
Pero solo pude mirar arriba cuando escuche que algo impactaba contra un arbusto frente a mí, y la araña ya estaba a pocos metros de distancia en ese entonces.
Levante la mirada… Y el papel se desasió en mis manos, mojado.
La silueta se entendía hacia arriba, y de la quebrada y delgada espina se extendían una multitud de brazos (¿piernas?) que se perdían en el suelo. La mirada refulgía por lo alto, dos puntos blancos en la oscuridad. Dios mío, pensé. Tiene cola. Eso no puede ser una persona. Pero su rostro. Dios. Mire hacia su rostro.
Una sonrisa se formó en mí. Esa abominación tenía el rostro de una persona… Era lo más increíble que había visto nunca. Pero entendía que podía morir. Mi mente ya no se preocupaba ni un poco por el papel, que ya se había destruido, o la palabra; considere mi cuchillo por un segundo y supe que no tenía oportunidad. Me di vuelta en un movimiento y empecé a correr.
Mis piernas se movieron como nunca lo habían hecho, como nunca habían necesitado hacer. Las hojas y los arbustos pasaban a mí alrededor en un borrón, mientras atravesaba saltando o agachándome ese terreno de crecimiento selvático y salvaje que me había tenido temblando un momento antes. Oía muchos sonidos ahora, con toda claridad; oía al viento y a los insectos y a la naturaleza, pero no a una araña. No oía a ninguna araña, porque ninguna había intentado perseguirme esa noche. Me di vuelta. Efectivamente, el monstruo no había ido tras mí. Eso había sido… solo un vistazo.
Llegue al camino, luminoso y seguro. El lugar era iluminado por la forma en la que los árboles se abrían por encima. Y aunque el rio corriendo en silencio todavía tenía la capacidad de hacerme sentir extraña, pude hacer que mi corazón volviera a la normalidad, y mi respiración se normalizo. Descanse un momento ahí. Eso había sido… todo lo que había querido. Casi lamente que la araña no hubiera ido detrás de mí. Tome la empuñadura del cuchillo con fuerza.
Era mejor que volviera a casa. Mientras más tarde llegara, peor sería si despertaba a alguien al entrar. Tome los baldes, y volví corriendo, solo porque podía hacerlo, mientras un cielo increíblemente estrellado brillaba arriba.
Entre por la puerta rechinante, deje caer los recipientes y puse el cuchillo en su lugar. Mi cuerpo estaba tan tenso que casi no podía hacer nada. Necesitaba liberar esa energía. Corrí a mi cuarto, y pronto mi noche termino.

Apareciendo por el Este, llego el sol. Era un nuevo día. Me levante agotada… antes de darme cuenta de que era realmente tarde. ¡La comida de papá! Vivíamos tan alejados que no tenía ningún sonido del exterior que me hiciera saber que el día había comenzado; solo podía valerme de mi ritmo interno. Corrí a la cocina, donde vi a papá sentado. Salí al patio rápidamente.
Mamá estaba enseñando a los pequeños, usando su ropa blanca. Cuando me vio, interrumpió su instrucción inmediatamente.
¡¿Qué estabas haciendo?! Tu papá estuvo teniéndome ocupada toda la mañana. Prepara algo rápido, Dalia.
Asentí, con mi cabello colorado todavía hecho una maraña. Los chicos parecieron reír ante esto. Mire hacía el bosque durante un segundo… Lo que hizo posible que pudiera responderles con una sonrisa, y no un grito. Estaba de muy buen humor. Entre de nuevo a la casa, y cocine algo animadamente.
Voy a hacerlo de nuevo, pensé. Lo sabía. El impulso a salir cada noche a partir de ahora era demasiado poderoso… Pero también sabía lo que significaría para mis padres que algo me pasara. Ni siquiera podía permitirme levantarme tarde. Empecé a revolverme el pelo.
¿Pasa algo?
Era papá. Quite la preocupación de mi rostro, lo que esta vez se sintió natural, y negué con la cabeza.
No, es solo… que recordé que tengo que llenar los baldes de agua.
Ah… –Dijo el bajito, y retomo la lectura de algún papel que habría traído mamá. El papel impreso no era difícil de conseguir, pero el trabajo de la caligrafía a mano era muy complicado. Las copias no eran de fabricación sencilla, tampoco, por lo que no había mucho que obtener. Las cartas eran el uso preferido para el papel.
Termine la comida, llame a mamá y nos reunimos todos en la mesa. Le dije que pasaría la tarde con ella otra vez; quería estar cerca del bosque, al que ahora veía con una extraña confidencia. Había visto una araña. Real. Y ella no me había hecho nada. En mi cabeza, esto probaba que podía defenderme mejor que como papá y mamá creían. Estaba segura de esto.
Fui a buscar agua al bosque, luego. Y no pasó nada, pero algo era diferente al entrar. Era como si ya no pareciera estar en otro mundo… Ahora todo era el mismo lugar para mí. Llene los recipientes con rapidez.

Esa tarde, mamá les hablo a los jóvenes sobre los dioses.
Los siameses y el inmortal son los trillizos; estos cuidan el espacio que tocamos y el tiempo que pasa. Los siameses permiten el arriba y el abajo, y el inmortal nos da el adelante y el atrás, lo que paso antes y esta por pasar; direcciones que siguen nuestras vidas. Ellos componen la creación. Espacio y Tiempo. Etéreos.
Los chicos escuchaban en silencio. Esas eran las cosas que todos sabíamos, pero era importante decir. Los etéreos, que daban forma al mundo que podíamos ver y sentir alrededor del gran espacio y las estrellas.
Eran una multitud, uno para cada aspecto que había. Vida, quien nos hacía levantar por primera vez. Muerte, quien corría en pos de nosotros. Cielo, que despertaba por la noche y hacia todo negro. Destino, que siempre visitaba a la gente tarde o temprano… Y el día anterior me había visito a mí.
Esa noche no volví al bosque. Entendí que debía tomar las cosas despacio, y avanzar lentamente. No podía despertarme de nuevo tarde otra vez, no dos veces seguidas. Planee escabullirme de a poco, cada ciertos días, y confiar en que podría ver a las arañas de más cerca mientras más fuera. Así es que después de la cena solo acompañe a papá a su cuarto, y luego me fui a dormir. Cuando estábamos en la puerta, apareció mamá y lo abrazo. Casi no se veían desde que la enfermedad había empezado… pero no se amaban menos ni un poco. Hasta mañana, se saludaron. Y él entro en su cuarto, siempre brillante por la forma en que sus muebles de roble reflejaban la luz. Pronto fui para mi cuarto.
Pero mi plan no iba a funcionar. No sabía que mi tiempo en Lignus se estaba acabando.

La carta llego al día siguiente. Yo me había despertado temprano, y pude recibir al entregador en la puerta. Abrí la puerta esperando ver al cartero del pueblo, que siempre repartía lo que llegaba de puerta en puerta; pero frente a mi apareció un cartero de la capital.  Una persona que había viajado desde allí personalmente para entregar esa carta. Trague saliva, y acepte la carta. Iba dirigida a mi nombre… Puse mi mano en el dobladillo. Pensé en abrirla, pero una voz me sorprendió por detrás.
¿Hija? ¿Quién era ese?
Era papá. Me gire hacia él, y lo salude con una inclinación de cabeza.
Un… cartero, papá. Me trajeron esto. –Levante mi carta por lo alto.
¿A vos? ¿Por eso no hiciste té? Bueno, ¿Qué dice?
Fruncí un poco el ceño, pero me concentre en la carta. La abrí, y leí para mí misma.

Señorita Dalia, estoy seguro de que habrá escuchado de mí, así como yo escuche de usted. Cada uno conoce al otro, si bien es debido a razones diferentes, por supuesto. Lea esto confidencialmente. Mi nombre es Wendagon, y arribé a la ciudad que ocupa el centro de este reino hace un puñado de ciclos. Fue entonces que empecé a saber de usted, inmediatamente. De la fuerza increíble que trae consigo, y la manera en que Destino esta obrando en usted, como si estuviera marcada por toda una red de hilos que se atan alrededor de usted y, a la vez, en muchos otros. Usted está unida al paradero de todo un mundo; más grande que ese pequeño pueblo donde vive. Estos son los hilos de Futuro. No voy a pretender que crea en mucho de lo que podría decir, así como no tiene caso que intente explicar cómo la conozco. De nuevo, usted probablemente escucho de mí. Desde que llegue a la ciudad, y debido a mi riqueza y posesiones, llame cierta atención, aunque mi voluntad de no mostrarme al público fue aún más alborotadora. En fin, estoy seguro de que ha escuchado de mis influencias, y estoy dispuesto a hacer una orden para que venga a mis aposentos si es necesario, más voy a pedirlo por favor. Yo, personalmente, creo que está de acuerdo con mi visión de usted, y que puede sentir a Destino. Su presencia es requerida; esa es la conclusión de todos los planteos. Estoy dispuesto a hacer de esto una orden oficial, pero confió en que usted sepa que esto es lo que debe hacer. Su partida debe suceder en cuanto lea esta carta; se lo ruego.
Pregúntele a su padre por la espada. Usted debe ser un caballero. Debe cazar.


Wendagon


Mire atrás y adelante. Leí las especificaciones del envió. Era oficial. Me acerque a la mesa lentamente, y tome asiento.
¿Dalia?
Papá me estaba hablando. Lo mire por un momento.
Papá… Yo… –Apoye la carta sobre la mesa, pero la estruje con mi mano—. Eh… ¿Tenemos una espada?
Él se tapó la cara.
Oh… Oh… ¿Qué dice ese papel?
Es… Es de un señor de tierras. Wendagon.
Papa levanto la mirada.
Piden mi presencia… para ser un… caballero, o algo por el estilo. No lo entiendo bien, quizá no deberíamos darle importancia…
De nuevo estaba agitando mi mano, restándole seriedad al asunto, fingiendo que no entendía todo lo que la carta estaba diciendo. El señor de las tierras había dejado muy claro que podía hacer del asunto una orden oficial, y podrían venir a buscarme directo a la casa. Pero papá se veía mortalmente serio.
Sabía que esto podía pasar. –Susurro.
¿Qué?
Se levantó de la mesa, y empezó a dirigirse hacia el pasillo. Yo iba tras él.
Pa, sabes que no pienso irme a ningún lado; no podría dejarlos acá a mamá y a vos, no pienses…
Él me ignoraba. Giro a la derecha, y empezó a caminar hacía su cuarto. Mamá seguía dando clases. Llegamos a la puerta, y pasamos los dos. El cuarto privado. El aposento del herido.
Paso cuando naciste, Dalia.
Papá se acercó a uno de sus muebles brillantes, y abrió una puerta superior. Metió la mano adentro… Y saco algo envuelto en una túnica.
Yo todavía estaba en el almacén esos días. Me encontraba ahí unas horas antes de que vos aparecieras en este mundo.
Tomo asiento en su cama, y me indico que hiciera lo mismo. Me apoye a un lado, y el conto su historia. Esa mañana, todo iba a cambiar.
Recuerdo que llovía con fuerza; el viento silbaba en un estruendo. Esa noche no estaban viniendo clientes, obviamente. Pero escuche las campanillas de la puerta, y algo paso por ella.
Papá hizo una pausa. Parecía estar juntando sus memorias.
Pasó en una sacudida, y cayo enseguida al suelo, como si hubiera saltado hacía la puerta para abrirla. Y, efectivamente, la persona apenas tenía fuerzas para hacer nada más. Era un hombre encorvado, cubierto por una capa negra alrededor de todo su cuerpo. No creo que vaya a poder olvidarlo. Estaba temblando, mojado y en necesidad de calor. En ese momento no pensé; teníamos dinero más que suficiente por esos días, y el pobre hombre estaba por morir. Tome cosas del almacén y lo alimente como pude. Lo recosté en unas sillas, y le di carne. Fue entonces que note el corte. Una gran cortadura a lo largo del lado izquierdo de su cuerpo, una herida mortal contra la que no podía hacer nada. Vi el rostro del hombre, en sombras por su capuchón, y vi el rostro de alguien que sabía lo que estaba por pasarle.
“Así es que estaba dispuesto a quedarme con él hasta el momento fatal—pero creo que él sintió mis intenciones. Se incorporó, de alguna manera, y hablo. No tengo forma de pagar por tu hospitalidad cuando nadie más hubiera considerado dármela por mi condición ahora mismo o muchas otras, dijo, o una variación de esto, y…”

¿Muchas otras? ¿Qué quería decir? –Pregunte, refiriéndome al extraño encapuchado que había aparecido el día de mi nacimiento.
Nunca lo supe… Pero pensé incontables veces sobre este día. Creo que él no se consideraba merecedor de salvación; una persona que no merecía ser ayudada. Su acento era extraño, como si estuviera tratando de imitar como sonaban las palabras en verdad. Pero bueno, entonces él mostro esto…
Papá levanto el paquete cubierto, y lo abrió despacio, pasando por cada una de las vueltas de la envoltura hasta revelar el objeto oculto en ella. Ya lo estaba esperando. Papá estaba sosteniendo una espada corta, de mango negro y una hoja que podía reflejar mi propio rostro por su claridad.
Quería pagarme, dijo. Una recompensa por haberle dado unos minutos más. Puso la espada en mis manos, como está ahora.
“Y trate de detener lo que vino después, pero él fue más rápido, y pronto se había levantado de la silla y colocado junto a la puerta. La abrió, y puso un pie afuera… iba a irse, iba a morir lejos. Se dio vuelta un momento más. Me agradeció, y entonces se perdió en la lluvia.”
Afuera del cuarto, el viento soplaba, como si se tratase de la ventisca del día de mi nacimiento.
Papá levanto el arma, y la coloco sobre su brazo izquierdo. Salte hacia él, sobresaltada, pero levanto la mano y me indico que me detuviera un segundo.
Apretó la hoja contra su piel, hundió la espada… Y no pasó nada. No broto sangre. Su gesto no cambio. Levanto el arma y la dejo a un lado.
Pero la espada no cortaba. El regalo que nos fue dado esa noche no parecía servir de nada, aunque yo entendí que simplemente no respondía ante mí. Y más tarde, esa noche, naciste vos, Dalia, y yo supe lo que iba a pasar… Que esta espada eventualmente iría a vos. Y por eso la oculte, yo… Yo no quería que eso pasase. Que te fueras.
Papá bajo la cabeza. Parecía arrepentido, angustiado. Pero ver esa expresión en él solo lograba afectarme.
¡Basta! No voy a ir a ningún lado. No me importa lo que “se supone” que tenga que pasar, esa nota no significa nada…
Tu madre y yo siempre sentimos que esto iba a suceder, Dalia. La carta decía que debías viajar a la capital, ¿no?
-S-Sí, pero… no debo hacer nada. Y esa espada tampoco va a funcionar en mí.
No va a ganar filo por arte de magia, me decía. No tengo que dejar a nadie. Lo que Destino dicte no significa que puede forzar mi voluntad.
Papa permaneció en silencio unos momentos, y entonces me otorgo la espada. Mis manos la tocaron, y mi corazón empezó a latir con fuerza. Emoción.
No busques engañarme, Dalia. Esto no es acerca de lo que se supone que tiene que pasar. Esto es acerca de lo que vos queres, y de lo que crees que se supone que debes hacer.
¿…Como? Pa…
No tenes que estar atada a este lugar, hija. –Su voz era dulce y comprensiva, y el oírla hacia que las fuerzas abandonaran mi cuerpo, así como la voluntad de discutir. Era verdad. Realmente no me molestaba que se supusiera que dejara el pueblo, sino el hecho de que quería hacerlo—. Visitaste el bosque, ¿no?
Levante la vista de la espada. No era necesario preguntarle si se refería a una de las visitas para buscar agua. Así era papá… Solo él me entendía…
Puse mi vista de nuevo en el arma, y la coloque en mi propia piel. No dude. Apreté hacia abajo… pero no sentí nada. La espada parecía una piedra.
T-Tampoco corta conmigo. –Balbucee, mirando a papá.
Está bien. La nota solo indicaba que te dirigieras al Norte.
¿…Estás seguro de esto? –Susurre.
Los caballeros son una necesidad, hija. Todos tienen que servir al reino como su deber.
Papá dijo esto con una sonrisa amarga. Realmente no iba a convertirme en caballero, no iba a unirme al ejército… ¿no? El llamado había sido de un señor de tierras. Pero se me había otorgado una espada…
Mi boca se movió sola.
El señor indico que debía salir hoy mismo.
Deberías explicarle a ma. –Fue toda la respuesta que me dio.
Tenía sentido. Mamá debía saber lo que estaba pasando. Me levante, me di vuelta y corrí a hablar con ella. Con una sonrisa.

Más tarde, cuando estuviera separándome de la carretera del pueblo para dirigirme a la capital, pensaría en lo que significaría para mi familia el dinero que había usado para ese caballo, o que pasaría con la enfermedad de papá. Me preguntaría quien haría la comida si mamá estaba enseñando, o cuando podría pasar el siguiente ataque en el viejo. Pero entonces las montañas aparecerían frente a mí, y todo eso desaparecería de mi mente. Era el llamado de la aventura.
La charla con mamá no fue fácil, y ella parecía más reticente a dejarme ir. Pero no fue una discusión. Se trató de mí explicándole que iba a pasar, y la visión del bosque junto a nosotros me lleno de valor para hacerlo con firmeza. Empezaron a aparecer lágrimas sobre su vestido blanco, aunque al final ella también me otorgo un objeto. Se trataba de su enciclopedia, un libro enorme donde estaba acumulado todo el conocimiento del continente del Este. Mamá adoraba leer de él durante las clases. Lo levanto hacía mí, pero no tome el libro. Tome sus brazos, y la abrase. Ella lloro en mis hombros unos minutos más.
Luego de eso, me dispuse a preparar mi equipaje. Tome uno de mis bolsos, y junte abrigo en él, así como mantas y provisiones, aunque no me atreví a quitarle demasiadas a la casa. El clima veraniego se sentía a pleno, por lo que no iba a salir con más que mi ropa simple, pero tenía que estar lista para lo helado de las noches. No debían haber muchos problemas hasta llegar a la capital, pero tome un cuchillo por si acaso. Junte mis ahorros. Puse la espada de papá, inservible para cortar algo, también en el bolso, así como la enciclopedia. Quedo bastante abultada, pero fue un proceso rápido. Ya estaba lista para partir.
Salí por la puerta de afuera, y me detuve frente al portón. Sentí la necesidad de darme vuelta. Era la hora del almuerzo… Quizá podía quedarme con ellos por una comida más…
No. No podía girarme. Mi futuro estaba hacia adelante.
Saque el pestillo, y abrí la pequeña puerta. Estaba por poner un pie afuera, cuando algo me detuvo. Era mamá… Me estaba tomando de las ropas. Pero no era un agarre violento. Se acercó un poco más, y me abrazo. Una vez más.
Me gire, al borde de la emoción.
Yo… Yo…
Papá también estaba ahí, unos metros más atrás. Viéndolos a los dos, de esa manera, las palabras no me salían. Balbucee otro “Yo…” y entonces junte voluntad. Y hable con firmeza.
Voy a servir al reino.
Este es el designio de Destino, hija.
Papá avanzo un poco, y me palmo la cabeza.
Así es como tiene que ser.
¿Esto es lo que Destino quiere? ¿Qué abandone a mi familia?
Hija… –Balbuceo mamá. Ella quería decir “Sí”… Pero no podía decir semejante cosa.
No te separes de esa espada. –Dijo papá—. Con ella, siempre vamos a protegerte. Vas a estar bien… Esto es lo correcto.

◘◘◘◘◘

Me monte en el caballo, y comencé mi camino. Pase por los campos fuera de la casa, hasta llegar a la calle del pueblo, que terminaba en el centro. Pero seguí de largo, y subí por la colina que delimitaba Lignus. Llegue hasta arriba y mire atrás. Las pocas casas del pueblo se extendían bajo mí. El viento acariciaba mi pelo, y bancos de nubes bañados por el sol adornaban el paisaje por encima. Le decía adiós a Lignus. Me di vuelta. El hombre que envió la carta, ese Wendagon, había dicho en ella que yo tenía que saber a qué se estaba refiriendo; a los hilos alrededor de mí. Y no se equivocaba. Los sentía, sentía que tenía mucho por delante, y que la capital me había estado esperando por mucho tiempo.
Frente a mí se hallaban las montañas, brotadas con árboles por doquier. Podía tomar el camino oficial, al otro lado del pueblo, pero a mí no me interesaba nada de eso. Las montañas eran un terreno salvaje que recorrer, eran una vía abierta. Eran todo lo que tenía por delante. Cabalgue con fuerza, y me adentre en ellas.
Era un atajo hasta la capital, además.
El viaje no iba a ser largo; la carta había sido enviada un día antes de su llegada a mi casa, por decir. Había salido por la mañana, y debía llegar a recorrer casi toda la distancia con el sol a la vista. No tenía forma de perderme; la luz también me servía para reconocer el Norte. Todo debía ir bien.
Espolee a mi montura, y acelere la velocidad. Corría atravez de las piedras, levantando polvo y desafiando al viento. Solo se escuchaban sus pezuñas y el golpear rítmico de mi bolso; algunos animales se escabullían entre los árboles, pero nunca estaba lo suficientemente cerca como para escuchar que podían estar chisporroteando sobre los humanos. Creía que eran inteligentes, pero se mostraban demasiado atemorizados cada vez que pasaba. Lo ignore.
El terreno era siempre cambiante, siempre disforme, lo que hacía que el caballo saltara en muchas ocasiones y yo riera por sobre sus relinchidos. La ciudad no podía estar muy lejos, pero era difícil precisarlo porque había decidido tomar una ruta alejada de los otros pueblos.
Ninguna nube parecía tener ánimos de tapar el sol, así que tomamos un descanso al atardecer. Lleve el caballo hasta la congregación de varios árboles, donde había un charco abajo y él podía tomar. Fue entonces cuando todo sucedió.
Me senté a la sombra, viendo al animal tomar, y estaba pensando en sacar algo de comida del bolso cuando lo escuche. El repiqueteo. La respiración agitada. Era como si alguien estuviera haciendo a sus dedos tamborilear, pero el ritmo era más corto y más profundo. Reconocí el sonido de algo golpeando contra la piedra seca rápidamente—no eran dedos, eran pies; pasos. Seis pasos ocurriendo a la vez.
La respiración se hizo más fuerte. Se estaba acercando. Entendí que aparecería entre los árboles en cualquier momento, pero no hui. No hice al caballo escapar. Saque mi cuchillo, y espere con una postura rígida. La araña apareció prontamente.
La luz del atardecer le dio de lleno, y pude ver su cuerpo en toda su visceral gloria. No debían llamarse arañas… eso se parecía más a una langosta. Una langosta enorme como dos hombres; su cuerpo compartía textura con el de los gusanos, y su rostro era el de una persona. Era un rostro bebé, rubio, sonriéndome y mirándome a los ojos.
Sabía que esa araña no iba a quedarse quieta como la otra lo había hecho. Efectivamente, empezó a correr hacia mí, con sus piernas como un tambor y hablándome. Decía incongruencias, palabras que soy incapaz de escribir y dañaban mis orejas. Había algo familiar en el tono, pero la adrenalina y la emoción borraron estos pensamientos, mientras yo corría hacía el monstruo a mi vez. El caballo chillo, al ver al demonio, y salió huyendo, pero tampoco preste atención a esto.
Corrí hacía la bestia, y rodé por el suelo cuando vi que levantaba una de sus patas hacia mí. Logre que el golpe cayera a unos metros, y salte bajo su cuerpo erguido. Sus patas no podían alcanzarme; apreté el mango de mi cuchillo y lo clave en su estómago viscoso. Él bebé grito, mientras la sangre salía.
Entonces enloqueció. Todo sucedió en un momento. Arqueo sus patas hacia adentro, algo que no creía posible, y bajó su cuerpo hasta que su cabeza estuvo frente a mi rostro. Levanto sus patas delanteras, y me abatió con ellas. No sabía que era esa fibra negra… pero el corte se extendió por todo mi abdomen. La sangre empezó a salir. Caí a varios metros, y trate de levantarme e ignorar el dolor. Descubrí que no me era posible. Aun gritando, la araña empezó a avanzar en mi dirección. El cuchillo había caído de mi mano. Todo sucedió en un momento.
Por un momento llego el pánico, pero lo corrí a un lado y pensé con rapidez. La araña se estaba acercando… Me había cortado en un movimiento… Protección, gemí. Necesitaba protección.
No te separes de esa espada… Con ella, siempre vamos a protegerte.
Sí. Papá había dicho eso. Solo papá me entendía… Podía confiar en él.
Necesitaba la espada.
Gire la cabeza, sin fuerzas, y vi el bolso a unos metros. Lo había colocado contra una roca, bajo la sombra de los arboles donde me encontraba descansando. Me arrastre como pude hacía él… Mi pecho estaba muy frio, la sangre continuaba saliendo… La araña solo seguía acercándose.
Sentí la textura del bolso contra mí mano. Había llegado. Alcé mis dos manos, lo que era considerablemente difícil considerando que no podía levantar mi pecho del suelo, y empecé a abrirlo frenéticamente. Busque, busque, la espada, tenía que encontrar la espada… No, no, tela, eso era el libro de mamá… Y sentí roca. La espada. Sí.
Pero…seguía siendo como una roca. No había ganado filo.
La saque de todas maneras, insegura de que se suponía que iba a hacer, pero confié en Destino. Rodé hasta estar boca arriba, y me enfrente al monstruo que se había colocado sobre mí.
Levante la espada corta hacía arriba, casi como en ofrenda.
La araña se irguió, su estómago aun sangrando, y levanto su primera pata izquierda… Ese tajo iba a matarme. Pero empezó a hablar; empezó a hablar sus incoherencias y entonces lo entendí todo.
¡Ese tono! ¡La forma de la lengua! ¡Ya había oído una palabra así antes!
Coniungunt –Susurre—. Coniungunt, coniungunt, coniungunt.
No pasaba nada. No había una luz, nada… pero sentí un clic en mi interior. Algo se había movido, pero no podía reconocer qué y el monstruo seguía bajando su pata… Algo había pasado.
La pata arremetió directamente contra mi cuello, abriéndolo hasta llegar a mi busto. Empezó a manar sangre inmediatamente, pero no había dolor alguno. Todo en mi cuerpo era… vitalidad. Me incorpore, mientras mis ropas se llenaban de sangre. La araña retrocedió un poco, mientras su cara de bebé cambiaba a un gesto de llanto. Sí, debía ser un cachorro, pensé. Su tamaño debió habérmelo dicho.
Tenía que matarlo.
Levante ágilmente la espada, que ahora parecía moverse con el viento. Salte hacia el monstruo, y atravesé dos de sus patas con un movimiento. La espada los corto limpiamente, si bien eran algo resistentes, y el bebé cayó al piso.
Sus chillidos cubrían todo el ambiente. Movía sus miembros en frenesí, desesperada por incorporarse pero incapaz de hacerlo. Evadí ponerme cerca del peligro cortante, y avance hasta su cabeza. Tome sus pelos rubios, y la levante. El bebé no paraba de llorar. Use mi espada, y cacé al monstruo.

Me aleje unos pasos.
La herida en mi cuello se había cerrado, así como la de mi vientre. Mis ropas estaban manchadas, pero no era nada que me afectara. Levante la vista hacía el cadáver. Realmente había acabado con una araña. La espada de papá había respondido. Lo entendía. Ese era el camino que debía seguir.

Me tomo trabajo encontrar al caballo, que había huido a una gran distancia debido a los gritos. Cuando me subí a él ya estaba anocheciendo, y mis ropas mojadas me hicieron empezar a temblar. Mientras buscaba mi vestido en el bolso, pensaba.
Había recibido un golpe fatal y sobrevivido… pero me sentía bien. No estaba conmocionada. Y es que todo lo sucedido se sentía natural. La espada de papá debía protegerme, él lo había dicho. Era natural.
Espolee al caballo, y me puse en marcha hacía la capital. No debía estar a una hora de camino. Por encima, Cielo estaba despertando, cubriéndolo todo con su figura negra, y las estrellas empezaban a mostrarse en él.
Efectivamente, la capital pronto se mostró frente a mí. Tuve que parar el caballo, y dejar escapar mi aliento al verla. Primero estaba la muralla: una gran e imponente estructura de piedra que se alzaba más que cualquier árbol y protegía a las casas del otro lado. El otro lado, del otro lado se extendía la ciudad… Más allá del horizonte, más lejos que lo que mis ojos permitían ver.
La capital era nuestra más grandiosa obra.
Me acerque a las puertas, enormes y siempre abiertas. El transito era libre, pero esos eran tiempos turbulentos y aquello podía cambiar en cualquier momento. Todos lo decían, eran tiempos turbulentos, aunque yo realmente nunca había podido precisar por qué.
Baje la colina de la montaña. En la oscuridad de la noche, la muralla parecía una gran pared negra que terminaba el mundo. Con las puertas solo era un poco diferente, con la luz de la ciudad que dejaban entrever, y la manera en que podía adivinar su forma por cómo estaban abiertas hacía mí. Allí había dos guardias. Parecían recostados… incluso durmiendo. Aplaudí con las manos, y se levantaron de un respingo.
—¡¿Quién anda ahí?! –Grito uno, moviendo su lanza al viento.
Perdón… Hola. –Murmure. Había guardado mi espada en el cinturón de mi pantalón.
—¿Uh?
El guardia bajo su arma, mientras el otro me miraba con las manos en las caderas.
—¿Qué haces acá, mujer? –Dijo este—. ¿Buscas pasar en estas horas?
Me encontraba tranquila, regulando la excitación luego de lo que fue cazar a esa araña.
–Respondí con calma, entonces. Los guardias se miraron.
—¿De dónde venís?
Hey, ¿puedo pasar o no? –Conteste. Podía contener la emoción de estar tan cerca de la capital, pero estaba impacientándome.
—Mmm… –El guardia desarmado se puso una mano en el mentón, pensativo—. Tenemos que regular que no entre ningún individuo dañino acá adentro… ¿Qué buscas en la ciudad? –Se asomó hacía mí, y agradecí que la oscuridad de la noche no dejara ver la sangre entre mis ropas, que se filtraba incluso sobre mi abrigo.
Tengo que ver, eh, a Wendagon.
—¿El señor de tierras? –Ambos se miraron, burlones.
Sí. Tengo una carta directa de su persona.
—¿Ah, sí? ¿Puedo verla? –Dijo el guardia desarmado. Se acercó a mi caballo, y yo empecé a buscar el documento entre mi bolso. Le pase la carta poco después.
Estuvo intentando leerla durante unos momentos, pero la oscuridad lo hacía imposible.
—No puedo constatar que no estés mintiendo. –Dijo al fin. Le arrebate la carta.
¡Vengo desde Lignus! –Exclame—. Soy del reino de la capital, no una conspiradora.
El compañero de la lanza suspiro.
—Bien, bien… Ya es muy tarde para esto. Al menos sos humana, eso digo yo. Yo digo que pases, vamos.
El guardia junto a mí se encogió de hombros, sus ojos cansados por la falta de sueño.
—Supongo que es aceptable. –Se giró hacía mí, y palmo al caballo—. Ea, vamos, adentro, mujer.
Los mire unos momentos, e hice andar a mi caballo. Atravesé lentamente las puertas a la capital.
—¿De Lignus, eh? –Dijo el de lanza entonces, cuando los estaba dejando atrás—. Suerte con los bichos.

Pronto entendí a que se estaba refiriendo. Las arañas impedían que la gente saliera de sus casas por las noches en mi pueblo, pero eso… casi parecía que había menos humanos que las otras cosas. Los vi en cuanto puse un pie dentro de la ciudad; en los carteles de los negocios, durmiendo entre callejones. Los que no eran humanos. Sapos, gusanos, lobos.
Corrí la vista y sacudí al caballo para que avanzara. Me tomaría tiempo acostumbrarme.
Todo a mí alrededor era negro. Los edificios eran más altos de lo que esperaba, pero no llegaba a impresionarme por esto debido a la oscuridad, que solo los convertía en molestias. Pensé si debía dormir esa noche o buscar a Wendagon en ese mismo momento, pero no sabía por dónde empezar para ninguna de esas dos cosas. Galopé a ritmo lento por varias calles, absorbiendo el aire y el hecho de que estaba allí, atravez de las cuadras uniformes que constantemente subían o bajaban.
El cielo parecía menos oscuro en ese lugar.
Me había parado en medio de una calle, sin veredas, y miraba hacia arriba absorta en mis cavilaciones. De pronto, una mano palmo mi pierna, y yo me di vuelta con una exclamación.
Era un vigilante. Envuelto en el uniforme oficial, con una linterna en la mano.
—¿Qué estás haciendo a esta hora? –Me pregunto.
Ah, ehh, hola. –Agite la mano, y decidí aprovechar la oportunidad—. Buscaba la residencia del… ¿señor Wendagon?
Me puse a buscar la carta otra vez, pero no fue necesario.
—Sí… Todos saben dónde vive el señor –Me respondió el hombre, apático—. Subiendo por la colina del distrito privado, hacía allá. –Levanto la mano, y señalo hacia el noreste.
Pensé que me haría más preguntas, o me indicaría que no se puede entrar al distrito privado, pero el vigilante solo me recordó que las calles podían ser peligrosas por la noche, y siguió su camino paso abajo. Supuse que estaba bien, y marche. No sentía cansancio alguno; quería ver a Wendagon esa misma noche.
El viaje hasta el distrito privado tomo un par de horas, pero todo fue tranquilo. No es que la ciudad estuviera quieta, claro; los movimientos entre las sombras, los murmullos, los estruendos que traía el viento hacían evidente la ciudad estaba demasiado viva, incluso cuando Cielo estaba despierto y todos dormían en mi pueblo.
No había ninguna señal que indicara que el distrito había comenzado, ni era realmente privado, pero se hizo evidente por la forma en que las casas aumentaban su refinación y ya no había gente durmiendo entre ellas. La calle empedrada ya no tenía papeles en ella—ese lugar parecía adecuarse a lo que había oído de Wendagon. Lo poco que había oído, al menos.
Sabía que, seguramente como muchas de las personas en ese distrito, Wendagon era un señor de tierras, y poseía muchas propiedades al Este. Sabía que había llegado a la capital hacia algún tiempo… Y pasado la mayor parte de su tiempo allí encerrado. Recluyéndose de la población, del resto de las personas.
Y ahora estaba pidiendo por mi presencia. Él dijo ver hilos en mí…, pensé. Había recibido esa carta, y menos de un día después me encontraba cabalgando entre las calles empedradas del circuito adinerado de la gran capital. Levante la cabeza. Su hogar se encontraba al final de la calle—una estructura de piedra más grande que el edificio de reuniones de Lignus. Subí por una escalinata, con plantas pequeñas a los lados, que me llevo hasta una puerta ovalada. La entrada de madera no hacía honor al gran tamaño de la pared donde se asentaba, y la casa, que podía ver que seguía elevándose y extendiéndose por detrás.
La roca proyectaba su sombra en mí. Era el momento. Hice avanzar al caballo, y golpeé con decisión.
Abrieron inmediatamente.
¡Deus! –Deje escapar, en la sorpresa. Del otro lado me esperaba un hombre anciano, con ropas blancas y la cabeza desnuda.
Cuidado con esa boca, mujer. No quiero blasfemias acá dentro.
Me quede mirándolo, sin entender.
¿Eh? Digo… --Me sacudí el cabello—. Digo, ¡perdón! Solo es algo que mis padres solían decir.
El hombre sonrío.
Entra, Dalia.
Me sorprendí, pero solo un poco. Quien estaba frente a mí… Wendagon, definitivamente… parecía saber muchas cosas.
Me indico con un gesto que pasara. Estaba por bajarme del caballo, pero sacudió la cabeza y dijo que estaba bien. Levante los hombros, y entre con el animal.
El lugar también era de piedra por adentro. Era una sala espaciosa, pero sin nada realmente en ella. Solo era una entrada; un acceso a todos los demás cuartos. La pared del otro extremo cortaba para dejar paso a otro lugar, probablemente el comedor, y a la derecha había una escalera. Wendagon empezó a caminar hacia ella, por lo que deje al caballo ahí y corrí tras él.
El pelado no decía nada. Solo subió, lentamente, y paso al segundo piso. Este mostraba dos pasillos con diverso cuartos, pero Wendagon tomo una puerta, en la pared derecha junto a la que nos encontrábamos. Me llevo a una especie de terraza.
Necesito descansar. –Murmuro.
El balcón de piedra se extendía hasta estar en el aire, con una forma circular en su borde. Había dos sillas en el lugar, así como varias plantas repartidas aleatoriamente. La vista mostraba a la muralla con todo detalle, y a varios techos más humildes por debajo. Al parecer esa casa era el límite del distrito privado. Levante la mirada para encontrarme con la impresionante vista del cielo estrellado.
Wendagon había tomado asiento, pero el paisaje me tenía absorta hasta que volvió a hablar.
Sentate, Dalia.
Me gire hacía él, con los brazos cruzados.
Vos sos… Wendagon, ¿no?
Así es. Veo que seguiste mi consejo. –Dijo, mirando hacia la espada de mango negro que colgaba de mi cinto.
Camine hacía el, y tome asiento a su lado. Ambas sillas miraban hacía la muralla.
Por cierto… –Hable, luego de un instante—. Siempre quise saberlo. ¿Qué significa Deus? Eso que dicen por mi pueblo…
En la oscuridad de la noche, Wendagon miro hacía el paisaje y se recostó.
Es una palabra en la lengua del Oeste… Un canto de adoración blasfemó.
¿Lengua del Oeste…?
La lengua que nombra todas las ciudades del reino, la lengua que hablan todos los bichos.
Bichos… Las criaturas.
Los humanos pensamos varias maneras de llamar despectivamente a quienes viajan desde el Oeste para poblar acá… Apodos animalescos para cada una de las razas que viven con nosotros. Es una actitud…
Wendagon hizo una pausa, rumiando sus palabras.
…Precavida.
¿Eh?
Dalia… por esto mismo te llame. Algo esta surgiendo en el otro continente.
N-No entiendo que estás diciendo –Balbucee.
El Oeste. Puedo sentir su alzamiento, así como sus efectos en todo lo que nos rodea. El clima en la capital está cambiando… Las tensiones crecen.
La araña, entendí. Nunca se acercaban a más distancia que el bosque, pero yo había visto una en las montañas mientras viajaba. Nunca se habían adelantado tanto.
Quizá sea un demonio… Quizá sea su “Deus”. Pero siento que va a traer oscuridad.
Palpe mi espada.
Y… Y estas diciendo que yo tengo que viajar al Oeste…
Primero necesito más información.
Me deje caer en el asiento.
Wendagon… ¿Cómo sabes todas estas cosas?
Yo veo. –Dijo él—. Tengo la capacidad de ver más allá de mi visión, de sentir al mundo como una consciencia de individuos que se mueven a través de ella… Y está cambiando. Normalmente solo es un sentido, una sensación en mi piel siempre que estoy viviendo, pero las visiones son más claras cuando duermo. –Wendagon me miro a los ojos—. Así vi que eras El Caballero, Dalia. Supe que tenía que llamarte. Pero otros vienen en camino.
Me removí en mi asiento. Tome mi espada… me mire, reflejada en su filo. Todo lo que él estaba diciendo…
Sentí que había nacido para escuchar esas palabras. No podía dejar de sonreír.
Otros a quienes vas a acompañar. –Termino, y se me quedo mirando—. Veo que conseguiste la espada. –Me gire hacía él, y asentí—. Te mande una carta en cuanto sentí que habías obtenido el poder para usarla.
La palabra… –Susurre—. Wendagon… Señor, esta espada que me dio mi padre no podía cortar ningún objeto. Nada en lo absoluto, hasta que pronuncie una palabra.
Wendagon levanto una ceja.
Coniungunt. Sí, y sentí algo extraño en mí, y todas mis heridas se me habían curado.
El hombre palideció. Pude verlo, aun en la oscuridad y con las estrellas como única fuente de luz.
Uh… Eso es… –Empezó a decir, pero pareció cambiar de idea—. Es… no importa ahora. Escucha, Dalia.
Alargo su mano hacía mí. Yo sentía que podía confiar en ese hombre. Le otorgue la espada, y él la alzo hacía el cielo.
Ahora esta espada está unida a tu sangre. Puede no ser demasiado extensa, ni muy poderosa. Pero mientras este tocando tu piel, ninguna fuerza va a poder hacerte daño.
¿Eso es…?
Es magia, sí. ¿Estás de acuerdo con todo esto, chica? Se están formando lazos alrededor tuyo, lazos que puedas no ser capaz de controlar.
Asentí. No dude ni un momento.
¿Estás de acuerdo en embarcarte en este viaje? –Iba a acceder una vez más, pero el hablo primero—. Sé que dejaste a tu padre atrás. Vos… tenes que sabe que puede que él no lo logre antes de que vuelvas de este viaje.
Me quede quieta.
¿…Qué? Yo…
Su enfermedad está en una etapa muy avanzada. Pero puedo darte algo…
Wendagon se puso de pie, y se acercó hacia mí. Primero volvió a poner la espada en mi regazo, y luego, una mano sobre mi pecho.
Mis capacidades están dedicadas a observar, no a intervenir. Pero puedo compartirlas… hasta algún punto.
¿E-En serio? –Balbucee, exaltándome ahora ante su mano.
¡No te muevas! Sí… –Ahora una luz emanaba de ella, una luz que parecía un sonido, una sensación, un sentimiento. Eso era la luz siempre cambiante de la magia.
Sentí otro clic dentro de mí… y Wendagon dio un paso atrás.
Te otorgue la habilidad para viajar con Sueño.
Estás hablando de tus… ¿visiones? –Dije, todavía un poco aturdida.
Sí. Confió que la trasmisión que acabo de hacer te permita ver lejos cuando llegue el sueño… Ver otros lugares cuando duermas. Y espero que esto te ayude a estar, en cierta manera, con tu padre.
No tenía palabras para responderle. Pensé en balbucear en agradecimiento, pensé en llorar, pero al final dije algo muy diferente.
¿Sabes… usted sabe que iba a hacer este viaje aunque usted no… no hiciera eso, verdad?
Wendagon asintió, pero no respondió al comentario.
Quizá sea hora de ir entrando. Va a ser mejor que duermas acá hoy; los otros van a reunírsenos muy pronto. Voy a tratar de ver algo más sobre este ser durante mi sueño; esta noche.
Wendagon rodeo una maceta, se dirigió a la puerta y entro en la casa de piedra. Yo fui tras él.

Me indico que podía quedarme en uno de los cuartos del pabellón de arriba. Tome la primera puerta con la que me tope, caminando derecho desde la escalera, y me metí en el cuarto. Todo estaba tapado por las sombras, así que salte directo en la cama. Pensé por un segundo en mi bolso, pero recordé que lo había dejado con el caballo…
Tenía tanto sueño…
Mis ojos fueron cerrándose, y otra escena fue abriéndose en su lugar. Ese sería el primero de mis sueños, y no lo recordaría con claridad. Pero sé que no fue como esperaba, que no me llevo a ver a papá o a mamá. Mostraba una mesa, un ambiente poluto de humo, y tres personas jugando en ella…













Así, escribo otro día más.
Continúo guardando mi registro, poniendo fe en los días por venir con este gesto, y también rezando que el futuro de mi especie de lugar a menos idiotas descerebrados.
—¡¿Por qué crees que las ciudades en este reino de stercore están nombradas en nuestra lengua?! ¡¿Eh?! ¡¿Eh?! –Exclamo Dip, golpeando la mesa del bar y salpicando cerveza por todas partes.
—¡Sí, sí, sí! –Apoyo su compañero.
—¡Sí, Sil! ¡Porque nosotros habitábamos esto eones antes, nosotros éramos los que ocupábamos este suelo antes de que no los arrebataran!
—¡Sí, immo! –Grito Sil, mientras recordaban las enseñanzas de nuestro pueblo, que se extendían en más o menos la misma medida entre todos aquellos venidos del Oeste.
—¡Pero las cosas van a cambiar! ¡Vamos a tomar lo que es nuestro! ¡Nuestras tierras! ¡Puedo sentirlo…!
Dip bramo alguna cosa más, y se terminó su copa de un trago. Sil lo festejaba con aplausos y exaltación, pero yo solo me limitaba a apoyar mis piernas en el borde de la mesa. Odiaba a mi raza, y estar en la capital, pero esos dos hablaban con razón. Hablaban con razón, sin más.
El pequeño pareció ganar coraje, y se asomó hacía Dip.
—¿Y los humanos vienen con todos sus magos? ¿Y si aparece un mago ahora mismo, y levanta su mano hacía vos, Dip, haciendo que aparezca una luz de ella…?
Dip le aplasto la mano a Sil, rompiéndosela contra la mesa y también rompiendo está de paso. Dip odiaba a los magos.
Les tenía miedo, en verdad. Le habrían quemado el culo de pequeño. Me incorpore, mirando hacía el desastre que habían hecho esos dos.
Bien dicho. –Hable—. Si un mago aparece, le aplastas la mano así, Dip; crujís sus huesos y rompes su carne hasta que no pueda levantarla para hacer ningún hechizo más.
Ambos tontos se me quedaron mirando, y yo pedí por otra copa.










Spoiler:

Lo negro muestra el avance de las arañas.

‘Immo’ seria el ‘Sí’ del lenguaje del Oeste, que obviamente es Latin.
No especifique el nombre de la capital ni la fecha en la que estamos, si alguno quiere.



Última edición por Zeh Roh el Sáb Mar 01, 2014 11:38 pm, editado 1 vez


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2 Re: R.O.L. Beta el Jue Feb 27, 2014 7:36 pm

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Cregh


A las diez decía su carta, llegue quince minutos tarde para que esta vez fuera el quien tuviera que esperar, pero no, Cresso siempre tenia que llegar tarde, media hora esperando su llegada.

El local se encontraba casi vacío, mi mesa estaba junto a la pared, cerca la ventana, en la otra esquina dos personas comían y conversaban sobre algo, en el bar un encapuchado tomaba y dormía sobre la mesa, del final de su túnica salía una cola peluda que se enroscaba en una silla, supongo que para darse soporte.

Por la ventana podía ver parte de la ciudad, la taberna se encontraba en un segundo y piso sobre una colina, por lo que la vista era bastante buena, sino fuera de noche y el cielo no estuviese totalmente nublado.

Pero no importaba, mirar la oscuridad de la ciudad era cientos de veces mejor que mirar al cantinero y su mirada de “Pide algo ya maldita sea”, pero supongo que el truco de mirar por la ventana ya no me serviría porque al parecer el cantinero se aburrió de pulir el mismo vaso y venia hacia mi. Ahora vendría la explicación de que hago aquí y que voy a ordenar.

Por suerte nunca sucedió, la puerta se abrió y caminando a paso firme Cresso entro, sus escamas moradas y verdes hacían perfecto juego con su traje marrón y rojo oscuro.

–Cresso…
–CREGH  – grito mientras se acercaba a mi mesa – Cantinero, un par de lagartijas ahogadas para mi hermano y yo.

El cantinero hizo un leve gesto de confusión y se fue a preparar las bebidas, Cresso no desperdiciaba oportunidad para llamarme hermano y disfrutar la cara de confusión de la gente.

–Sabes que no puedo tomar eso cresso.
–Tonterios, solo es un trago.
–Sabes lo que pasa cuando tomo un trago, despues viene otro y otro y terminamos en casa de tu madre llorando y pidiéndole perdón.
–No digas mi madre como si no fuese tuya.
–Tecnimante–
–Por las escamas de mama Cregh, quedaría devastada si le dijeses eso.
–Lo se, lo se, disculpa.
–Pero anda dime, que haces aca, la carta de mama solo decía que estabas aca, tenia que venir a Veringrad de todos modos pero adelante mi viaje una semana para encontrarte. Lo ultimo que nos dijistes es que ibas al norte con un grupo a hacer un trabajo.
–¿Si, te acuerdas que te mencione la compañía de mercenarios a la que me uní?
Crezzo asintió mientras el cantinero ponía las bebidas en la mesa.
–Bueno resulta que se disolvió a mitad del camino.
–¿Pero que paso? –Dijo mientras bajaba el vaso medio vacio, si no fuese un reptil seria un alcohólico de tiempo completo.
–Al parecer nuestro jefe, además de líder y guerrero era alcohólico y apostador, y justo cuando salíamos de un pueblo se topo con alguien a quien le debía bastante dinero. Hubo una discusión, insultos y empujones, no lo volvimos a ver después de que se lo llevaran arrastrado hasta una carreta y se fueran con el.
–¿No te vas a beber eso? – Dijo señalando mi vaso.
–No, adelante. En fin, después de eso la compañía quedo sin líder así que aproveche para postularme como líder, hubo una votación entre los otros once y aceptaron siempre y cuando les pagara por adelantado.  Obviamente no tenia nada de dinero, por eso me uní a la compañía en primer lugar. Les dije que si me seguían les conseguiría trabajo y ahí si les pagaría.
Crezzo termino el segundo vaso y le grito al cantinero que le trajera una sopa de lo que tuviese.
–¿Y?
–Luego de eso solo dos idiotas me siguieron, uno dijo encontrar el amor de su vida cuando trabajamos en un pequeño pueblo cortando arboles por comida y posada, se quedo a vivir ahí el idiota.
–¿Y el otro?


–No tengo la menor idea, llegamos aca hace una semana a buscar trabajo, dijo que primero tenia que arreglar cuentas con alguien y no lo volví a ver, eso fue hace cuatro días.
–¿Y no trataste de buscarlo?
–Claro, por dos días. Pregunte por donde lo vi la ultima vez y me dijeron que habían visto a alguien parecido dirigirse hacia las puertas, tal vez me abandono o lo apuñalaron yo que se, tu sabes que es casi imposible encontrar a alguien en esta ciudad.
–¿Y que haras ahora?
–No lo se, es difícil conseguir trabajo como mago sino tienes un anillo de ninguna universidad.
–Podria ayudarte a conseguir trabajo.
–No Cresso, no voy a trabajar contigo. –Cresso trabajaba de mercader, no se realmente que hacia pero viajaba de ciudad en ciudad, era un negocio que venia desde los abuelos de nuestra madre y lo manejaban los hermanos de ella, Cresso tenia su trabajo asegurado desde que era niño.


La comida llego pronto, el cantinero trajo dos sopas a pesar de que yo no ordene nada, Cresso empezó a contarme de sus viajes y su trabajo, que habia conocido a una chica mientras viajaba a Cordinal y que planeaba visitarla dentro de un mes.


–Ahh se me olvidaba, Wendagon te manda este paquete.
–¿Quien?
–¿No lo conoces? Crei que lo conocias, un mensajero me dio este paquete cuando me baje de la carreta al llegar a la ciudad, crei que era de alguien que conocias.
–No conozco a nadie aca.
–Bueno pero alguien te conoce, simplemente me dijo “Entregale esto a Cregh, es de Wendagon”


Puso el paquete sobre la mesa, era solido y cubierto con papel, tenia un sello de cera que lo mantenía cerrado.


–Anda ábrelo ya. – Dijo Cresso.
–¿Y si es una trampa? –Rompí el papel, una caja de madera quedo al descubierto.
Cresso volvió a insistirme que lo abriera, adentro habia una carta, una bolsita de cuero y una llave.
El cantinero paso y recogio los platos y vasos –Treinta cobres por favor. – Cresso saco un puñado de las diminutas monedas marrones y las puso sobre la mesa.
–¿Que dice? – dijo una vez que el cantinero se habia marchado.
–Ehh “Cregh, me ha llegado información sobre su intento de crear una compañía de mercenarios, tambien me han informado de su fracaso, a pesar de no haber visto sus habilidades en persona, confio en que las historias y rumores son ciertos –Mire a Cresso, el sabia de que rumores e historias hablaba–  y es capaz de cumplir la tarea que le voy a ofrecer, uno de mis asociados se encuentra en una misión, una misión que requiere de protección y compañía capaz. Esa será su tarea, proteger a mi cliente y llevarlo hasta su objectivo.”
–¿Que quiere decir eso, y quien es este Wendagon?
–Déjame terminar Cresso “Una vez cumplido su trabajo, le entregare personalmente  doscientos ocatos. Adjunto un adelanto de su pago y una llave, si acepta el trabajo con esa llave podrá entrar a mi residencia, solo tiene que preguntar en la calle y cualquier persona le dira donde es, espero que eso sea suficiente prueba sobre la veracidad de esta carta.


–¿Cantinero quien es Wendagon? –Grito Cresso de un lado de la habitación al otro.


Adentro de la bolsa de cuero había un ocato, según el cantinero Wendagon era un anciano que vivía en una de las casas del distrito privado, al parecer era dueño de gran cantidad de tierras y locales. Tambien nos dijo donde vivía y las instrucciones para llegar ahí.


–¿Que vas a hacer?
–No lo se, no se que tipo de trabajo es.
–Tal vez quiere que quemes a un pueblo .
–Queme una posada por accidente y ahora todos creen que queme a un pueblo enterpo, aunque no me pudo quejar gracias a ese rumor conseguí el trabajo en la compañía.
–Y parece que también conseguiste este.
–Ire mañana.


Luego de eso salimos del local y nos separamos, Cresso debía salir temprano a Teorani, iba a tomar un barco en el puerto, nos despedimos cuando llego a su posada, le mande saludos a mama.

Trate de dormir pero no pude, quien era este Wendagon que podía andar regalando un ocato a cualquiera. Cuando salí de la posada aun era oscuro, no conocía aun la ciudad así que mejor salía temprano a buscar al supuesto Wendagon, conmigo llevaba solo una pequeña cartera que colgaba de mi cintura, ahí llevaba todo mi dinero, 4 rorintios y el ocato. Unas hojas de valma para las quemaduras y el anillo de mi padre.

No llevaba nada mas aparte de la cartera y la túnica, ni si quiera un juego extra de ropa, lo había vendido todo al entrar en la compañía. Despues de tres horas de búsqueda llegue a la puerta del tal Wendagon, use la llave y la puerta abrió fácilmente, adentro un grito desde un segundo piso llamo mi nombre. Wendagon, una anciano calvo y pequeño se encontraba en un sillón, al otro lado una chica joven estaba sentada en otra silla, en el medio había una mesa con una espada corta. Había llegado a un culto.

Wendagon hablo de muchas cosas, me dijo que el tenia visiones, debía ser el decimo que me lo decía esta semana, me dijo que algo sucedía en el oeste y que mas personas se nos unirían, dijo que esa espadita era mágica y teníamos una misión relacionado con la espada, la chica y el oeste. Y lo mas importante, me dijo que la paga era segura, solo si cumplía la misión claro.

No se quien estaba mas loco, el viejo que veía cosas, la chica que le creía, o yo que aceptaba el trabajo.

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Clase de economia

Clase de economia:
Para explicar un poco sobre las monedas, basicamnte hay 3 unidades:

Cobres: La mas pequeña, un almuerzo caro cuesta unos 30 cobres, monedas pequeñitas y marrones.

Rorintios: Cien cobres, un sueldo de alguien normal, un campesino o empleado normal estaria entre los 7-12 Rorintios semanales. plateada.

Ocatos: Cien rorintios, dorada y de mucho mucho mucho valor, con diez ocatos te compras una casa, con uno o dos te compras un caballo. Un Ocato serian 10000 cobres.

Asi que cuando le ofrecen a cregh 200 ocatos, le estan dando para comprarse una casa inmensa, dinero para regalar, y morir asquerosamente rico ºJº

Para simplificar todo imaginen que un cobre es un dolar y ya, eso hice yo.

No describi dalia, zeh aun no ha posteado como es :<

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3 Re: R.O.L. Beta el Mar Mar 04, 2014 4:37 am

Caminaba bajo el sol abrasante en el mercado de la ciudad de Craster, con una vara de madera en mano. Era el medio dia y montones de personas estaban comprando y moviendose de un lado para otro, dificultandome el paso. Un poco mas atras, Malo, mi gato negro, trataba de seguirme el ritmo sin ser aplastado por el pie de alguien. Nos dirigiamos hacia la plaza, hacia la oficina policial, y a buscar de paso un bar, ya que estaba sediento.

Vimos mientras caminabamos un puesto de carne, y Malo corrio de inmediato a robar un pedazo. El dueño apenas lo vio trato de espantarlo, pero el gato se escabullo entre sus piernas y logro agarrar un corte casi tan grande como el mismo. El dueño trato de agarrarlo una vez mas, pero Malo se escapo y, antes de que el dueño se girara, aproveche de sacar yo otro pedazo, que guarde en mi abrigo, y segui caminando como si nada. El dueño dijo algunas grocerias al aire y siguio en su puesto, sin darse cuenta de mi obra.

A las afueras del mercado, me encontre a Malo en una esquina comiendose el pedazo de carne que habia robado, y me empezo a seguir hacia la plaza, arrastrando el trozo por el camino, con cuidado de no tropezarse con el.

No tenia ni el mas minimo presentimiento de en que me estaba metiendo.



Pocos saben mi nombre, en parte porque no me gusta, en parte porque los que lo conocen estan lejos de aqui. Invento uno nuevo para cada vez que me lo preguntan, lo que no ocurre muy seguido la verdad, y no es muy necesario tampoco. Mi unico conocido y acompañante es mi gato que, curiosamente, nunca me lo ha preguntado.

Soy un simple vagabundo cazarrecompensas. Viajo buscando criminales y entregandolos ante la ley a cambio de dinero, que por alguna razon, se evapora de mis bolsillos. No es particularmente dificil, la parte de encontrarlos al menos. Quizas es porque los criminales abundan, quizas porque la policia es floja, o esta ocupada en otra cosa. Sea cual sea el caso, el resultado es el mismo, hay mucho de que elegir. Me centro en los fugitivos con una recompensa mas o menos alta, ya que los baratos los atrapa pronto alguien mas y los mas buscados estan por lo general muy acompañados y protegidos. Pero como dije, el dinero me dura solo unos dias.

Encontre un feo bar de mala clase mas adelante. Afuera frente a la ventana, tres viejos jugaban a las cartas bajo la sombra, con dos botellas a medio acabar de licor. En la pared, un cartel ofrecia una recompensa por capturar a alguien que le debia bastante dinero al dueño. No muy interesante, la verdad. Entre con Malo, ignorando la poca gente que habia y el olor a tabaco, y me sente en la barra mientras mi gato terminaba de comer su carne a mis pies. Empece a buscar en mis bolsillos para juntar las monedas que me quedaban. 40 cobres, iba a tener que trabajar rapido.

Llame al cantinero, al tiempo que Malo terminaba su carne y se subia a la barra.
-No se permiten los animales. -me dijo sin cambiar de expresion.
-No se preocupe, no molesta. -le asegure, y mire a los sujetos al lado mio. Un hombre barbon, grande y peludo, similar a un gorila, se encontraba a mi izquierda, contemplando pensativo el fondo de su vaso. A mi derecha, un hombre borracho trataba de mantenerse erguido. A ninguno parecia importarles que mi gato estuviera sobre la barra, asi que el cantinero lo dejo.
-Traigame un trago de aguardiente y un vaso de leche.
El cantinero se agacho para buscar bajo la barra. Luego de un rato por fin encontro una botella de leche, y despues tomo del estante una botella de aguardiente. Sirvio los dos tragos y los dejo frente a mi. Empece a beberme el vaso de leche, mientras Malo empezaba a tomarse el aguardiente. El cantinero levanto una ceja y siguio en lo suyo.

Malo se acabo hasta la ultima gota de aguardiente, y empezo a molestar al hombre borracho. Este lo golpeo con la mano tratando de alejarlo, y Malo lo empezo a arañar en la cara. No le tomo ni dos minutos emborracharse a ese gato. El hombre recupero algo de consciencia y lo lanzo al suelo, y Malo se acerco a mi lado.
-Oye, cuida a tu gato. -me dijo agresivamente
-No es mi gato. -le respondi, tratando de evitar problemas, y me bebi un poco mas de leche. Malo volvio a buscar pelea y le mordio el pie al sujeto, y este grito y lo pateo.
-Ya fue, dejalo en paz. -le dije a Malo, pero el borracho penso que me referia a el. Se levanto, tirando la silla al suelo, y me dio un golpe en la cara mientras seguia bebiendo, lo que me derribo de mi silla, golpeando al hombre gorila de paso. Lo que me quedaba de leche me cayo en la cara.
-Perdon. -le dijo el borracho al gorila, y este sin decir nada se alejo. Me levante y le di al borracho un golpe aun mas fuerte en la cara, y este se sujeto en la barra para no caerse, botando algunos vasos. El cantinero no estaba por ningun lado. El borracho tomo una de las sillas y me la lanzo, a la vez que trataba de alejarse sin caerse. La atrape en el aire y la deje con cuidado en el suelo, y corri hacia el. Sin darme cuenta, pise uno de los vasos pequeños y me resbale, cayendome de espalda. Tomando otro vaso del suelo, se lo arroje con fuerza a la cabeza para detenerlo un momento, acertandole. Me levante rapidamente y lo tome de la camisa para golpearlo, pero a la vez alguien mas me tomo a mi.
Dos sujetos grandes habian aparecido, atras de ellos el cantinero mirandonos enojado. Nos tomaron a cada uno y nos lanzaron fuera del bar, y a mi gato tambien, que maullo mientras volaba por el aire.
-Y no vuelvan. -nos dijo el cantinero, y se adentro al bar junto con los dos sujetos, al tiempo que los tres viejos nos miraban riendo, el mas alejado aprovechando la distraccion para cambiar cartas. Me levante y me limpie el polvo. Apenas me di vuelta fui recibido con la vara que me lanzaron desde adentro. Sheesh.
El hombre borracho trato de levantarse, pero con los golpes habia quedado mas aturdido aun. Y Malo, sin daño alguno, parecia contento con la situacion.
-Gato tonto. -le dije, y me puse a caminar. Malo me siguio con la cola levantada.- Al menos no tuve que pagar, aunque hubiera preferido ahorrarme el problema.
Me dirigia en direccion a la plaza una vez mas. Era imposible no saber donde estaba, pues se podia ver la punta del templo, que era el lugar mas alto de casi cualquier ciudad, asi que debia estar cerca. Trate de limpiarme un poco mas mientras caminaba, pero ya era imposible quitarme las manchas o el olor de la leche, y aun me dolia un poco el ojo, pero no estaba hinchado ni nada. Malo solo tenia un poco de polvo encima. Gato suertudo...
Pronto llegue a la plaza de la ciudad. Nada muy deslumbrante en si misma, pero se notaba que era importante. Tenia una simple forma cuadrada, sin ningun arbol. La estructura mas impresionante era el templo, por la altura y por la decoracion. No sabia exactamente para que eran, pero no me importaba la verdad. Segui mi camino hasta la oficina policial, pasando cerca de un grupo de gente que miraba alguna cosa, seguramente un espectaculo. Afuera de la comisaria, los carteles pegados a la pared ofrecian recompensas variadas, desde 2 rorintios hasta mas de 50. Y esta nisiquiera es una ciudad muy grande. En la capital, las sumas mas altas llegan a cantidades absurdas, y aun asi, las tres veces que he pasado he visto algunos de los carteles con los mismos nombres.

Los carteles tienen por lo general dibujos del criminal en cuestion e informacion basica, aunque en el peor de los casos solo tienen un pseudonimo y el crimen que se sospecha cometio. Que util.

Camine lentamente mirando los carteles, considerando mis opciones, hasta que Malo empezo a maullar y a arañar la pared de madera.
-¿Que pasa? -le dije, mientras el seguia mirando arriba. Levante la vista y, justo frente a el, habia un cartel con la cara de un hombre gorila barbon. Arranque la hoja de la pared y sali corriendo de la plaza con Malo, de vuelta al bar. Debia ser ese sujeto con el que estaba sentado.

"Nombre: Hanno 'Gomina' Lebier
Crimen: Hurto repetido de frutas.
Recompensa: 3 rorintios y 50 cobres."

No era mucho, pero estaba al alcance de la mano. Pronto llegue al bar, donde los viejos seguian jugando cartas, las botellas ahora vacias. Mire adentro y el gorila ya no estaba.
-¿Alguno de ustedes vio salir al hombre gorila? -les pregunte apurado, ellos jugando con calma
-Si. -dijo uno con voz rasposa sin despegar los ojos de las cartas, y puso una sobre la mesa.
-¿Y a donde se fue?
-Eeehm... por alla, creo... -dijo apuntando hacia atras, aun mirando sus cartas. Realmente me preguntaba como lo habia visto. Me puse a correr una vez mas, no habia casi nadie en la calle que me estorbara. Mirando por los calles perpendiculares, encontre pronto al gorila alejandose a paso calmado.
-¡Hanno Lebier! -grite, y el gorila se detuvo- ¡Estas bajo arresto! -dije con mi palo de madera en mano. No era polcia, pero me gustaba la frase.

El sujeto gorila se giro rapidamente y se puso en una posicion de arte marcial, con mirada desafiante. Por lo visto no iba a necesitar compararlo al cartel para asegurarme. Habia tenido buena suerte de encontrarlo tan pronto, pero considerando que se superaba en tamaño y en anchura, podia ser un poco dificil.

El gorila tomo la iniciativa y se acerco corriendo hacia mi. Me puse en posicion defensiva y, cuando estuvo a solo unos pasos mas, saque de mi abrigo mi revolver y le apunte. El gorila se detuvo frente a mi apenas lo vio, y lo golpee fuertemente con la punta del palo en el cuello. El gorila se desplomo y empezo a tocer, y con una cuerda delgada que llevo en el bolsillo le amarre las manos. Lo hice levantarse y empece a caminar hacia la comisaria para entregarlo. Los 350 cobres mas faciles de mi vida, y nisiquiera tenia balas.

Pero en el camino de vuelta, frente al bar, habia un caballo de pie, y un hombre alto con un bolso hablando con los viejos. Uno de ellos señalaba hacia atras en direccion mia, sin dejar de mirar las cartas, y el hombre alto me miro mientras me acercaba con el gorila capturado. Cuando estuve cerca, se acerco a recibirme.
-Traigo una carta para usted.
-¿Para mi? -dije al tiempo que me detuve con el gorila y Malo tras de mi. El sujeto saco una carta de su bolso.
-Si. Es del señor Wendagon.
-...No lo conozco. -le dije luego de no hacer memoria ni por medio segundo- Ni nadie me conoce a mi. Debe estar usted equivocado. -le asegure, y me puse a andar de nuevo. El hombre se interpuso.
-Estoy seguro de que es usted. El señor Wendagon me dio informacion especifica de usted para no confundirlo. Con un abrigo feo y un gato. Que lo buscara cerca de las comisarias o de los bares, y que si lo encontraba con un gorila que lo detuviera de inmediato.
El gorila hecho aire por la nariz, en señal de molestia, y creo que algun gesto, porque el hombre retrocedio un poco asustado. Creo que no le gusta que le digan gorila.
-Lo siento, pero no espero carta de nadie. Ahora si me disculpa tengo que entregar a este grandulon por una recompensa. -intente caminar una vez mas, pero el hombre trato de impedirme el paso.- Ok, no me importa un carajo quien seas pero si no me dejas pasar voy a sacarte a la fuerza, y creeme que tengo bastante. -dije señalando al gorila, pero el sujeto parecia decido a entregarmela.
-Es muy importante que reciba esta carta. Por favor, leala.
-¿Como se que no es alguna especie de trampa?
-Es solo una hoja de papel. -me respondio, y sin querer perder mas tiempo, se la quite de las manos y la abri. Efectivamente era una simple hoja de papel. La saque y empece a leer. Malo se acerco a mis pies.
-"Se que no le gusta que se diga su nombre, ni lo comparte con la demas gente con la que se encuentra. Aunque respeto su decision, esto, junto con el hecho de que es de muy bajo perfil, dificulta enormemente la tarea de ubicarlo y mas aun de que acepte esta carta. Pero creame que es usted, y su gato, a quienes busco.
Mi nombre es Wendagon. Usted no me conoce, ni tiene razon para hacerlo, pero yo si a usted. Lo vi de casualidad hace algunos años en la capital, pues hasta yo me llevo sorpresas de vez en cuando. Estaba mirando los carteles de los criminales buscados, buscando su proximo objetivo. Fue de inmediato que supe que era alguien especial, pero no entendi en ese preciso momento el porque. Ahora todo es claro.
Tengo una mision para usted. Una mision muy peligrosa, pero que lo llevara a conocer otros lugares aun mas lejos de casa y de este reino. Aunque puedo pagarle una gran suma de dinero por este encargo, quizas se sienta mas atraido por el viaje en si, y por quien podria encontrar.
No estara solo, tampoco. Lo acompañaran mas personas. Como dije, es una mision peligrosa, y usted es el indicado para esto.
Encuentreme en la capital la noche del 12 de abril, ni un dia antes ni un dia despues. No le costara encontrar mi casa si le pregunta a algun guardia. El mensajero tiene algo de dinero que le deberia servir para llegar hasta aca. Desearia no haberlo molestado con tanta anticipacion, pero como dije, es dificil encontrarlo, y debia asegurarme de que recibiera esta carta a tiempo.
P.D: Si de casualidad ya ha atrapado al gorila, dejelo libre y vayase de la ciudad. Le pagare el valor de la recompensa una vez que llegue. Y no lea esta carta en voz alta frente al gorila. Se puede enojar."

Me gire hacia atras. El gorila se veia realmente enojado. De verdad no le gusta que le digan gorila.
-Disculpa Hanno. -le dije al gorila. Este parecio al menos calmarse un poco.- Este tipo parece saber algunas cosas, pero no se. ¿Que dices Malo? ¿Deberiamos ir?
-Miau. -me respondio.
-Bue, confiare en ti. -le dije, y me dirigi hacia el mensajero.- Voy a aceptar.
El mensajero metio la mano al bolso, y de el saco una bolsa con monedas.
-Aqui hay un total de 500 cobres. Le bastara para llegar hasta el 12 de abril y viajar a la ciudad. Trate de respetar la fecha limite y de no perder tiempo capturando criminales. Y recuerde liberar al gori-- digo, a Hanno... -se corrigio el hombre antes de casi provocar al gorila a que lo haga pedazos.
Me guarde la bolsa de dinero y me gire hacia el gorila.
-Bue, tienes suerte grandote. -le dije a la vez que trataba de deshacer mi propio nudo.- Te dejare libre para que sigas robando comida. No es nada personal claro. Era solo por la recompensa y porque estabas cerca. Habria sido hipocrita de mi parte haberte entregado de todas formas. Trata de no meterte en problemas, ¿ok?. -decia mientras trataba de deshacer mi nudo, sin ningun exito. El gorila, que aun estaba enojado, separo las manos y rompio la cuerda sin mayor esfuerzo. Me quito el cartel con su retrato y se fue caminando sin decir nada mas. Mi ser y mi cuello estuvieron peligrando todo este rato. Ese Wendagon sabe algo...
El mensajero, mientras tanto, se despidio y se subio a su caballo.
-Oye, una pregunta antes de que te vayas. ¿Que dia es hoy?
-28 de marzo. -me dijo, y se fue cabalgando. Con un caballo, me tomaria... no se, ¿tres dias llegar a Veringrad? Ni idea que tan rapido va un caballo. Por otro lado, a pie podria tomarme mas. Posiblemente llegaria el mismo dia si salgo mañana.

Aunque me ahorraria bastante dinero.

Con mi bolsa con cobres, me devolvi al mercado y compre (y "pedi prestado" si podia) algo de fruta y pan. Iba a guardar la carne para la noche. Mañana iba a salir a pie a la capital, e iba a exigirle a Wendagon mis 3 rorintios y 50 cobres por lo del gorila. E iba a comprar balas de paso. Si es tan peligrosa la supuesta mision, iba a necesitarlas.

Y ahora que me doy cuenta, nisiquiera sabia que era la mision.

Acercandose la noche, empezo a llover sobre la ciudad. No me aproblemaba el que lloviera teniendo que dormir afuera. Me aproblemaba el hecho de que no iba a poder hacer fuego para cocinar mi carne. Me quede sin banquete esta noche. Pero mañana sera un buen desayuno. Supongo...



No tuve mayores eventualidades para llegar a Veringrad. Si, estuve caminando medio mes, y me atacaban algunas criaturas de vez en cuando, pero hey, me habia ahorrado bastante en transporte. Tenia 21 cobres aun y creia que Wendagon me recibiria con un gran banquete cuando llegara.
Por otro lado, "la noche del 12 de abril" era un poco ambiguo. ¿Era la noche del 11 al 12 o la del 12 al 13? Porque habia llegado en la del 12 al 13, y temia que por haber llevado un dia de atraso Wendagon no me de comida.

Llegue a las puertas de la ciudad en medio de la oscuridad, ya que tuve la suerte de que me tocara llegar en luna nueva. Aunque no la podia ver claramente la entrada, recordaba mas o menos como era. Un gran portal de piedra con decorado de lo que creia era mitologia, y algunos papeles pegados encima. Los lados se unian a las altas murallas que impedian el paso de cualquier cosa no voladora por cualquier lugar excepto por las puertas.
Ah, si, y la reja estaba baja, bloqueando el paso. Cerrado. Empece a llamar a algun guardia, y cuando eso no resulto, a golpear la reja con una piedra ruidosamente. Del otro lado alguien balbuceo algo y deje de golpear. Pronto, vi una luz de antorcha y un guardia con cara de sueño se acerco del otro lado.
-Oye, ¿tienes idea de que hora es? -me dijo cuando me vio apenas iluminado por la antorcha.
-No, pero se supone que ustedes trabajan de noche. Quiero pasar.
-¿Para que demonios quieres pasar a estas horas? Vuelve en la mañana.
-¿Que sucede Mel? -dijo desde atras otro guardia que se venia acercando. No parecia haber estado durmiendo, pero me hace preguntarme porque no vino el en primer lugar.
-Este sujeto quiere entrar ahora mismo a la ciudad.
El otro guardia le quito la antorcha a, ehm, Mel, y se acerco a mirarme de pies a cabeza.
-Es solo un vagabundo. Vuelve mañana chico, cuando levantemos la reja. -me dijo mientras se devolvia
-No, insisto en pasar de inmediato. El señor Wendagon requiere de mi presencia. -les reclame
-¿Wendagon? ¿Tu presencia? ¿Para que querria el verte a ti? -dijo el segundo guardia, intrigado
-Me envio una carta hace medio mes pidiendo mi presencia. Vine caminando desde Craster para verlo. -dije agitando la carta en el aire, que se habia mojado, ensuciado, roto y parcialmente quemado en el camino.
-Hey, piensalo Marcos, antes del cambio de turno paso una mujer con la misma historia.
-Si se que paso una mujer con la misma historia Mel, no tienes que recordarmelo. -le dijo molesto a Mel, y me miro una vez con la antorcha cerca.- Parece solo un vagabundo, pero si Wendagon esta juntando gente rara sera por algo. Puedes pasar chico. Mel, levanta la puerta.
-¿Que la levante?
-¡Si! ¡Que la levantes! Deja de perder el tiempo. -le ordeno Marcos a Mel, y este fue corriendo a algun lugar detras de la puerta. Al poco tiempo, la puerta se empezo a levantar muy lentamente, y cuando estuvo a unos centimetros, me arrastre por el suelo para pasar. Malo paso caminando. Marcos le hizo una seña a Mel y este bajo la puerta.
-Y una cosa mas antes de irme. ¿Donde vive Wendagon? -el guardia se rio.
-Sigue por este camino grande hasta la plaza. Hay un camino bajo un arco grande. Siguelo y llegaras al distrito privado. La casa esta justo al final. Aunque no se si vaya a recibirte a estas horas de la mañana, mucho menos cuando llegues. -me dijo, y se fue a sentar en una silla que tenia cerca, una lanza apoyada en la pared a su lado.
Mire al cielo. El sol se habia ocultado hace algunas horas, asi que quizas si era un poco tarde. Decidi mejor apurarme y empece a trotar.

Me detuve a descansar varias veces, hasta que llegue recien a lo que era la plaza. Era el unico lugar iluminado de noche en la capital. Aun asi, no se podian distinguir mucho los edificios, lo que es una pena porque el templo y la corte son unas de las obras arquitectonicas mas impresionantes que he visto en todo el reino, junto con el Palacio y su Jardin Real que se ubican en la colina mas alta, dando ademas una vista de toda la ciudad y mas alla de sus murallas. Era un lugar hermoso, aun cuando solo lo habia visto desde afuera y de lejos. Ni idea como sera adentro. Pero de cualquier forma, la plaza la cruce caminando para no llamar la atencio de los guardias. No era la idea que me detuvieran a hacerme preguntas. Unas cuadras mas alla, segui trotando.

Para mi mala suerte, que de cierta forma debi esperarme, me encontre con que el distrito privado tambien estaba subiendo una colina, asi que abandone la idea de seguir corriendo, y camine apoyandome en la vara mientras me recuperaba. Malo caminaba adelante mio, al parecer sin cansancio alguno. Gato suertudo...

Algunos kilometros mas en subida, ya luego de pasar una bonita entrada que curiosamente estaba sin guardias, llegue hasta el final de la calle principal. No podia distinguir la casa muy bien en la oscuridad, pero se notaba que era grande. Tropece con una escalera que no vi y cai de cara al suelo. Me levante y me limpie el polvo, y subi hasta llegar a la puerta de entrada. Alli empece a golpear con la mano fuertemente contra la madera, hasta que me di cuenta de que tenia uno de aquellos aros de metal para golpear.

*Tac tac*
*Tac-tac-tac-tac*

*Tac ta-ta tac tac, tac tac*

*¡TATATATATATATATATATATATATATATA!*

Nadie salia a abrirme la puerta, ni habia señal de que alguien viniera. Habian pasos adentro, si, pero no pasaba nada mas, lo cual me desconcertaba profundamente. Empece a gritar, hasta que alguien me dijo al fin que me callara de una vez, pero era de otra casa, y creo que me lanzo algo. De cualquier forma, la puerta se abrio cuando estaba tomando piedritas para tirar a las ventanas, asi que las deje caer al suelo y me levante rapidamente.
Un anciano calvo un poco mas bajo que yo y en un simple pijama blanco me abrio la puerta. Adentro, habia una bonita sala bien iluminada, que no podia ver bien por el hombre que estaba entremedio.
-Hola, busco al señor Wendagon. ¿Vive aca? -le dije al viejo, sin saber quien era.
-Soy yo. -me dijo muy serio y claramente recien despertado.
-Oh... ¡Hola! Soy, eh, Ana. Ana Maria. -invente de inmediato, sin saber entonces nada del nombre que elegi. Nunca la diferencia cultural me habia jugado una broma asi.- Y este es mi gato, Malo. Aja. -le dije mientras lo levantaba para que lo viera, y luego lo deje caer al suelo.- Usted me envio una carta. Si. Vengo por eso. Si. -le dije con una sonrisa forzada, tratando de que olvidara todo el escandalo que habia hecho. Wendagon se refrego la cara y me hizo pasar a la sala sin decir nada mas. Me limpie los pies afuera y entre.
-Tome asiento y espereme un momento... "Ana"... -dijo mientras subia las escaleras con cansancio. Creo que debi haberle hecho caso al guardia y volver en la mañana.
Me acerque a una de las sillas y me sente al lado del caballo, porque habia uno con un bolso en medio del salon. Este me miro e hizo un sonido con la garganta.
-Buenas noches. -le respondi. El caballo siguio tranquilamente en lo suyo.
Pronto Wendagon volvio bajando la escalera, vestido con ropa blanca casi indistinguible de su pijama. El caballo lo saludo tambien, pero Wendagon no respondio.
-Que quieres que te diga Ana, llegas bastante tarde. Son las 5 de la mañana. Los demas ya estan durmiendo.
-Estaba preocupado por la fecha. La carta era un poco ambigua respecto a eso y no sabia si era esta noche o la anterior.
-Era esta. Hubiera preferido que llegaras en la mañana en vez de a esta hora, pero supongo que ya no importa. Ven, te explicare la situacion arriba. -Wendagon subio la escalera, y yo lo segui. Me llevo a una terraza donde se podia ver el cielo, y encendio una pequeña vela que habia en la mesa. Se sento comodamente en uno de los sillones y me invito a tomar asiento, que acepte con algo de culpa pues el abrigo que llevo estaba algo sucio.
Luego me explico brevemente lo que ocurria. Basicamente, hay algo que esta ganando fuerza en el continente del oeste. Una fuerza desconocida que traera oscuridad, lo cual es demasiado vago como para darme una idea de lo que ocurria realmente. Pero estabamos cansados y ninguno con animo de hablar de mas, asi que no pedi mas detalles, ademas que parecia que ni el mismo lo sabia todo. Pero nuestro objetivo, no solo mio y de Malo, sino que de otros acompañantes mas, era viajar alla, a un punto aun no especifico, y hacer algo al respecto. Era una mision peligrosa y extraña, sin ningun objetivo claro y con causas que no entendia de ninguna forma.
¿Por que estaba aceptando este trabajo?
Porque Wendagon al parecer me necesitaba a mi. Y si sabia de mi, debia saber muchas cosas mas y no tener otras opciones. El hecho de que pareciera conocerme mas de lo normal era desconcertante.
Eso, y porque en el viaje podria encontrar una cosa o dos.

Wendagon me mostro las habitaciones, y me señalo que las primeras estaban ocupadas por los acompañantes que habian llegado.
-Duerme lo que puedas, porque mañana seguramente amaneceras con sueño. Seguramente tendre mas informacion, aunque quizas no tanta como desearia por esta... interrupcion... -me dijo, yo sin enteder exactamente a que se refirio.- Mañana puedes bañarte y cambiar tus ropas por algo mas nuevo. Las tuyas se ven bastante viejas.
-Gracias. -le dije, y me dirigi a elegir habitacion con Malo mientras Wendagon bostezaba y bajaba las escaleras.
-Ah, una cosa mas. -le dije a Wendagon antes de que se fuera.- ¿Donde esta la letrina?
-¿La le--? Ah, el baño. Abajo, la penultima puerta a la izquierda.
¿Tenia la letrina adentro de la casa? Wow...

No sabia cuantos acompañantes iba a tener en el viaje, asi que me fui a la ultima habitacion de como 20 para asegurarme absolutamente de no entrar a la de alguien mas, ya que habia tenido una mala experiencia con algo asi en el pasado. Entre al cuarto con Malo y cerre la puerta tras de mi, quedando en la completa oscuridad. Me quite los zapatos y el abrigo y me recoste en la cama, la primera que habia usado en años. Se sintio extremadamente comodo, y en menos de un minuto ya no supe mas de mi.

Luego de medio mes, ya me habia olvidado completamente de lo del gorila.



Última edición por Fabianpx el Miér Mar 05, 2014 10:36 pm, editado 1 vez

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4 Re: R.O.L. Beta el Mar Mar 04, 2014 6:34 am

Ítalo

    Un aliento suave en mi cuello me hizo volver en sí. Sentí el tacto de unos labios tibios,casi instantaneamente después.Los sonidos empezaron a reorganizarse y a tomar sentido en mi cabeza. Abrí los ojos.Entre mis manos había un vaso prácticamente vacío de Crystalina.Sentía a algunos idiotas tocando música no lejos de donde estaba yo.Los mismos labios que me habían besado el cuello ahora lo hacían en los míos.Y todo terminó de cobrar sentido.
    Torcí el cuello un poco y me acomodé. Sentí su mano acariciandome el pelo mientras que corría mi capucha cariñosamente con su nariz.

-Cariño,¿por que traes la cara pintada?-dijo mientras ponía una rodilla a cada lado de mis muslos.

Noté como una sonrisa se me dibujaba en la cara.

-Estoy partiendo a una misión,tal vez la más importante de mi vida.

Ella sonrió y la miré a los ojos.Era una puta belleza.

-Y cuándo vuelva,¿sabes que voy a hacer?-dije mientras apoyaba mi mano en su pierna izquierda.
-¿Qué?-susurró mientras se revolvía el pelo.
-Comprarte lo que quieras,vas a poder ser una reina-le dije al oído.

Se sonrojó y rió.Me quede mirandola,sientiendome extraño.Será que su sonrisa me cautivo,y me hacía sentir mal.Esta era mi manera de tapar esa sombra que había nacido en mí hace ya varios años.Por supuesto nadie sabía de eso,nisiquiera tenían la más mínima sospecha de que algo así podía pasarme a mí,un del Valle.Pero esos ojos,su cuerpo y Crystalina con arándanos hacían que me olvidara por completo.Sin embargo,la palabra sombra siguió rebotando en mi cabeza.

-Tu...reina?-Susurró en mi oído.
-Sí,claro que sí.-le dije mientras desprendía su sostén con mi mano derecha.

Solo me sentía complacido cuando creaba ese "algo" dentro,sino no valía la pena.Tenía que ver como se le formaba su sonrisa y se ruborizaba. En ese momento,si podía olvidar mi sombra.Aunque,tal vez solo disfrutaba de todo esto,por que él no lo disfrutaba.
Empezó a desprender mi camisa oscura,y luego apoyo su pecho desnudo sobre el mío.Sus besos no tardaron en volverse más y más salvajes.Podía sentir su corazón latiendo rápido,pero suave.Eran como los latidos de una virgen enamorada.Eso me volvía loco,o por lo menos borraba la sombra completamente,y eso me volvía loco de felicidad.
Sombra.
Quizás ella era la indicada para lo que seguía después.Una vez que ahogara mi sombra.Si,tal vez ella si lo era.
Bajo una mano,y desprendió mi pantalón.
Quizás lo era.Era una belleza.Pero quizás no lo era,tal vez si lo fuera si no fuera solo una puta.Aunque era mi favorita,la que mejor hacía desaperecer la sombra,pero cuándo la sombra no este seguiría siendo lo mismo?
Ella se acomodó,y sentí un leve gemido.Sus látidos se volvieron más rápidos,pero seguían siendo suaves.
Existía la pequeña chance de que la ame,pero también podría ser demasiada Crystalina.


Desperté temprano,con una leve llovizna afuera.Tenía ganas de pagar otra moneda plateada más y quedarme en la cama con la chica,pero lo que me esperaba era mucho más grande que mis sentimientos melancólicos por un día lluvioso.Dejé 3 rorintios sobre la cama.
Tomé mi carcaj de flechas,el arco,y también mi túnica.Empecé poniendome la camisa,seguido por la pequeña prenda que utilizaba como armadura.Luego el abrigo,y por fin la túnica con el arco y las flechas.La miré por una última vez.Mi reina.
Dejé el lugar,y me dirigí a donde mostraba la carta.Wendagon,sector privado de la capital.

Caminé lento por la llovizna,casi sin darme cuenta lo temprano que era.La luz filtrada por las oscuras nubes se veían en un tono rojizo.Todavía no había amanecido siquiera.
La sombra dentro de mi permanecía tranquila,aunque aveces vibraba para recordarme lo raro que era todo este asunto.
Un señor de tierras,me llama mediante una carta en la que me solicita para una misión,en la cuál me promete que voy a encontrar la cura a mis demonios interiores,de los cuáles nisiquiera mis más cercanos sospechan que existen.Ah,y la jugosa recompensa de 250 dorados.Una oferta irresistible,tanto,que huele a peligro.Mucho peligro.Más como una puta trampa.
Desconocía quíen era Wendagon,solo sabía lo que todos sabían,tenía dinero,tierras,y poder.
Todo me sugería como que el Destino obraba sobre mí.Esto era lo que necesitaba,una oportunidad verdadera de crecer,de independizarme.Esto era una lucha directa contra mi sombra,cosa que había evadido por cerca de 5 años.Con putas,y arquería.Pero no me había ido mal,sin embargo era tiempo de esto.Una maldita misión de un rango superio, por una recompensa demasiado jugosa con la posibilidad de curar los punzantes pensamientos que rondaban en mi cabeza.

Al levantar la cabeza,ya me encontraba delante del hogar de Wendagon.Golpeé la puerta varias veces,sin respuesta.

-Genial

Seguí golpeando con un tono más impaciente.


A pesar de la lluvia,escuché unos pasos desde adentro.Un pequeño anciano abrió la puerta,vestido con su prenda para dormir blanca.
No era la apariencia para un señor del calibre de Wendagon,pero podía serlo de todas maneras.
-Wendagon?
--dijo algo molesto.
Me arrodillé enfrente de él.
-Sr. Wendagon,recibí su carta.Acepto la misión.
-Vamos,pasa.-se veía cansado.Realmente era muy temprano.

Me guió por unas escaleras hasta una sala,en donde se dispuso a contar un poco de que iba toda esta misión.Ignoré la mayoría y me preocupe más por el estado en el que lo veía. Peligro en el oeste. Es lo poco que me quedo.

-Sr.Wendagon,debería ir a descansar.No me interesan los detalles de la misión en este momento.
-Uff-suspiró como agradeciendo a la divinidad.
-De todas maneras,creo en tu experiencia y habilidad,y además sos un del Valle.Cuándo se reunan todos,voy a aclarar los detalles de nuevo.
-¿Todos?
-El resto del equipo...¿nunca lo mencioné?-dijo llevandosé una mano a la cara.
-Es una misión en conjunto con otras personas.Un grupo el cua-
-Sr,por favor,descanse.En otro momento será.

Intentó decir algo,e hizo unos ademanes,pero termino mostrandome mi cuarto,y luego despidiendose.A pesar de que no tenía sueño,el estar tirado en la cama me hizo dormirme.Soñe con mi reina,y Wendagon estaba ahí también.Yo era un fantasma,ninguno de ellos podía verme. Se encontraban enfrentados en una mesa,con una bola de cristal en el medio.El señor parecía estar adivinando su futuro.En la bola de cristal,podía ver a mi hermano,sentado en un trono de oro y joyas con la cabeza de la chica en su mano.A una poca distancia,estaba yo,arrodillado frente a él.Estaba sosteniendo un revólver.

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5 Re: R.O.L. Beta el Mar Mar 04, 2014 6:37 pm

Aldara



Odio todo esto, pero lo tengo que hacer igual.
“Mi nombre es Aldara, tengo 23 años, nací en Álera y me mudé a este pueblo no hace mucho. Trabajo en la panadería con su bar contiguo.
Quisiera saber si podría trabajar con Ustedes a la mañana, tengo experiencia en el trato con público.
Además, no es que me hayan echado del trabajo, es simplemente que ya el salario no es suficiente para la situación en que estam-“
- ¡Lali!
- Uh?
Miré a mi alrededor. La voz era, sin lugar a dudas, de mi novio, Rodrigo. Cómo odio a este estúpido, como si yo quisiera casarme con él. Papá me lo impuso como última voluntad.
- Acá estás, mi linda.- Me abrazó fuerte por la cintura y me corrió el pelo de la cara.
- Siempre tan morena y hermosa. Me gusta tu vincha, preciosa.
Puaj.
- ¿Dónde estuviste?
- No empecemos con los reproches, mi linda. – me agarró fuerte de un brazo, como si fuera una pinza. Comenzaba a dolerme.
– sabés que vos sos mía, lo quieras o no, así que no me compliques las cosas.
Tenía un aliento horrible y pasaba los 40 años. Era el mejor amigo de mi padre. Llevamos unos horribles 2 años juntos, que parecían una década.
- Soltame, ¿querés?
- No me vuelvas a hacer la misma escena que el otro día, nenita caprichosa- cada vez me abrazaba más fuerte contra su cuerpo sucio mientras yo intentaba zafarme.
- ¿Por qué tan negativa últimamente?
- Tenés olor a mujer.
- ... ¿y qué? Vos tenés que estar conmigo igual, mi amor.- Intentaba besarme pero yo corría la cara. Me logré soltar de sus brazos, pero me tomó por las muñecas con una fuerza inmensa, y me retuvo con fuerza, obligándome a mirarlo a los ojos.
- Escuchame, pendeja. Más vale que te acostumbres porque no quiero estos jueguitos más adelante.
Mis cejas se juntaron en una mirada de odio profundo.
- Vos sos mía, lo quieras o no, y ya dentro de tres meses nos vamos a casar. Es tu decisión si querés que te haga imposible la vida o no...
Puso una sonrisa socarrona que habría querido borrarle de una trompada.
- Así que tranquilita, ¿sí?
- Sos una escoria.
- ¿Y qué vas a hacer al respecto? ¿Decirle a tu madre? Si está tan borracha que ni sabe qué día es.
Enfermo.
- A ver, dejame ver la carta que escribías.
Me levantó y me empujó con fuerza contra una pared, poniendo su antebrazo contra mi tráquea. La respiración se me entrecortaba y sólo podía mirar de reojo.
- "Mi nombre es Ald-"
- ¡Dámela! ¡Devolvémela, hijo de puta, eso no te pertenece!
Apretó más fuerte contra la pared. Aún así yo seguí estirando las manos, pero no lograba llegar al papel.
- ¿Buscando trabajo? ¿Ah, conque no querés casarte conmigo, no? ¿es eso? ¿ES ESO, NO?
Me dio una bofetada que me hizo girar la cabeza.
Siguió hablando, pero todo se me hizo muy confuso. Cada vez apretaba más mi tráquea, y su rostro se notaba enojado.
Finalmente logré comprenderlo
- ... y vos no sos más que una rata estúpida que no se merece nada de esto, malagradecida
Me agarró del pelo.

Me escupió a la cara.

- Dejá de hacer pelotudeces porque cobrás, ¿ME ENTENDISTE?
- ...
- HABLAME
- ...
- CONTESTAME

Me volvió a escupir a la cara. Hijo de puta.
La ira me sobrepasó, y le di un puntapie a la pierna, mientras gritaba cosas initeligibles y me refregaba la cara a una velocidad frenética.
Rodrigo se asustó y dio un paso atrás, pero ya era tarde.

Volvió a pasar.

Esa misma sensación de frenesí.

____

- Nenita
- ¿Sí, Señor?
- Este café está frío. Yo vengo acá con la esperanza de relajarme después de un día de recolección y me das el café frío.
- Señor, perdone, pero esta es la temperatura con la que siempre servimos el café
- No me prepotees. ¿Cuántos años tenés vos?
- 11.
- ¿Ponen al mando de esto a una nenita de 11 años? Si sos una estúpida. Andá a llamar a tu mamá
- No está, Señor.
- pero QUÉ LUGAR ESPANTOSO, ¿OYERON TODOS? ESTA NENITA ME DA CAFÉ FRÍO Y NO ME LO QUIERE CAMBIAR.
- pero..
- Sos un fracaso. ¡VÁMONOS TODOS, EN EL BAR DE EN FRENTE DAN WHYSKEY! Si vine acá es porque me diste lástima, pero se ve que sólo eso te merecés: lástima.

Una lágrima me corrió por la mejilla mientras miraba anonadada a todos los clientes, que se reían y se levantaban para irse. Si no ganaba más de 3 rorintios, mamá no me iba a dar de comer.

Seguí llorando, mirando fijo al café.

- Chau, linda, suerte- me dijo el hombre mientras acariciaba mi mejilla.

Estaba TAN furiosa, que miré al tipo directo a los ojos, amenazante, y noté un gesto de sorpresa de su parte, pero luego volvió a la sonrisa socarrona.

No lo pude tolerar. Sentía que el odio me subía por las piernas y me llenaba el espíritu, dándome las fuerzas suficientes como para destrozarlo.
Lo volví a mirar a los ojos, dispuesta a arrancarle todos los pelos de la cabeza, pero el hombre ya no me miraba, sino que tenía una expresión de terror en los ojos, y miraba hacia la mesa.

Sorprendida, dirigí mi vista hacia allá, sólo para comprobar que el café salía a borbotones de su taza: estaba hirviendo.

El hombre me volvió a mirar, con los ojos como platos y una mueca de disgusto en sus labios, y se dio la vuelta para salir corriendo, llevándose una silla por delante.

Volví a mirar el café, con los ojos ciegos de ira. Tenía la vista borrosa y entre los gritos de afuera, todo me daba vueltas.
Caí inconsciente.


Cuando me encontraron, la taza de café se había volcado, vertiendo el café en mi brazo. La marca de las quemaduras persiste en mi piel hasta el día de hoy.

_____

Miré a Rodrigo directo a los ojos. Estaba a tres pasos de mi. Yo estaba en cuclillas en el piso agarrándome de la cabeza. Tenía gusto metálico en la boca, probablemente era sangre.

- ¿No ves que sos una inútil?- puso la sonrisita socarrona de nuevo.

Y allí fue cuando lo noté: la botella de leche de detrás de Rodrigo se agitaba sobre la mesa.

- ¿Ahora cómo le explicamos a tus hermanos sobre la marca que tenés en la cara, a ver?

Fijé mi vista en la botella de leche. Sabía que iba a lograrlo. Tenía que lograrlo.

- Pudrite.
- ¡Mocosa!
Se abalanzó sobre mí, tomándome de los hombros y golpeándome contra la pared otra vez.

Y ahí fue cuando lo oí.

Un sonido agudo, penetrante, inconfundible. El "crash" de un vidrio.

Rodrigo cayó mudo sobre mi cuerpo, un peso muerto.
Abrí los ojos como platos.
Mientras él caía, noté la leche esparcida por el piso, en un festín con el vidrio. Había astillas por todos lados.

Pero lo importante era el pedazo grande que le había revanado el cuello a la mitad a Rodrigo.

Seguí mirando al frente, aterrada, mientras sentía cómo las manos de Rodrigo se soltaban de mis pantorrillas. No me atrevía a mirar hacia abajo.
Cuando sentí un líquido viscoso entre mis dedos, miré hacia abajo.

Allí estaba, el charco rojo de sangre, que se mezclaba perfectamente con el blanco de la leche. Había astillas por todos lados. Miré mis manos, estaban cubiertas de sangre. Pensé en gritar, pero iban a encerrarme si me encontraban.

No había tiempo que perder. Tenía que huir, y lo más rápido que pudiera. Ni siquiera quería tocar al cuerpo, por las dudas respondiera. En el fondo deseaba terriblemente que eso pasara.

Junté todos mis ahorros -unos 50 rorintios - y dejé gran parte en la mesa, llevándome sólo 4 monedas. No quería que mis hermanos murieran de hambre.
Tomé el gran saco, me calcé con unas sandalias viejas y salí corriendo en dirección al bosque, aprovechando que ya era la tarde-noche.
Tomé un camino de tierra angosto y desgastado, que alguien habrá aprovechado para usar antes. Los árboles me cubrian la cabeza y los helechos me pinchaban los pies, pero yo seguía corriendo.

Pasada lo que pareció una eternidad, me apoyé sobre un árbol, exhausta. Sentí mucho pesar, y lloré largamente. Sentía que mi alma se desgarraba, y lo único que podía recordar era a mi hermano Muño, quien tanto me había ayudado. Luego recordé a mi madre borracha, y a Rodrigo en el piso, y me llené de odio y dolor. Apoyé mi espalda contra el tronco, cubriéndome la cara con las manos, y seguí llorando. De tanto en tanto me atragantaba y tosíacon fuerza, deseando vomitar mis propios pulmones.
Me deslicé hacia abajo con el tronco, y me senté en el barro.

---

Cuando desperté, era ya de día, por lo poco que se filtraba entre los árboles. Me refregué los ojos con el revés de mis dedos y me incorporé.
Lo primero que noté fueron mis manos, completamente manchadas de sangre, al igual que mi ropa. Sentí un escalofrío que me recorrió de los pies a la cabeza, y se me formó un horrible nudo en el estómago, a la vez que mis mejillas enrojecían febrilmente.

Lo había matado.

No sabía cómo, pero estaba segura de que tanto el incidente del café hace tantos años como el de la leche, estaban conectados, y eran mi culpa.
Sabía que de alguna forma había logrado interactuar con esos objetos.
Me puse de pie, con intenciones de buscar un arroyo para lavarme, pero sentí un horrible tirón en la pierna.
- Ay dios santísimo

Me levanté la falda del vestido, para encontrarme con un pedazo de vidrio clavado en el cuádricep derecho. De él brotaba sangre, y los bordes de la herida tenían un color azul-negruzco.
En el apuro, había olvidado mi cuchillo de panadera, por lo que me estiré hacia una ramita de árbol.

- Bueno, tranquila, no va a doler tanto, tengo que hacerlo suav- AAAGGGGHHHHH.

Eso sí que era dolor. La herida comenzó a sangrar de nuevo. No obstante, sabía que sólo iba a empeorar si lo dejaba ahí, así que con paciencia fui urgueteando y escarbando hasta dar con el pedazo de vidrio. Mi pierna reaccionaba a los reflejos y mi visión se enturbiaba rápidamente por las lágrimas, pero hice presión y lo saqué.

- Ya está, ya está, tranquila.

Hablarme a mí misma me tranquilizaba de una manera inimaginable.
Con el pedazo de vidrio (bastante grande) corté una tira de mi vestido, y la até con fuerza a mi pierna. Me paré, y comencé a andar, lentamente, entre las ramas y las raíces de los árboles de tronco enorme.

Las horas pasaban y no encontraba un puto arroyo. Sin embargo, logré hacerme una especie de cutter usando el vidrio, una rama y un pedazo de tela. También me había hecho muletas. Eso sí: tenía el vestido hecho jirones,  mi pierna derecha estaba al descubierto y le había cortado el largo para poder caminar/correr mejor.

No sabía adónde estaba yendo. Todos los árboles me parecían identicos, y no lograba ver ninguna salida. Comí varios frutos para saciarme y utilicé el jugo de un limón como antiséptico para mi herida. Demás está decir que maldije a todos los dioses y su familia por el ardor que me produjo. Sentía la cara hinchada por los golpes que Rodrigo me había dado, y me dolía si me tocaba.

Medio adormecida, seguí deambulando con el crepitar de las hojas, cuando oí un ruido.
No sabría describirlo, pero sentí como si algo se hundiese en el barro, justo detrás mío.
Sin dudarlo, caminé despacio hasta un tronco caído, me agaché, y observé por el espacio que se formaba entre los troncos.

... Pero no vi nada. Habría jurado que algo caminaba a mi par. Luego de un rato, me puse de pie de a poco, dispuesta a seguir mi rumbo.
Sin embargo, cuando di el primer paso oí un crujido. Miré hacia abajo levantando mi pie, era un pedazo de papel.
Decía:

Querida Aldara, mi nombre es Wendagon. Quizás no me conozcas, pero yo sí a vos. Si recibiste esto, ya debés estar huyendo.
¿Pero... adónde?


Tenía razón. No tenía rumbo. Seguí leyendo.

Estás perdida, y no veo por qué deberías rechazar mi propuesta.
Sé de lo que sos capaz.
Vení a mi hogar, en la ciudad de Veringrad. Se encuentra a 23km al este de donde estás. Tenés suerte de que en esta parte del bosque no haya más que pequeños insectos, así que por favor, apurate.

Te estaré esperando, Lali.




Qué.


¿Cómo era que sabía tantas cosas sobre mí? ¿Quién era este hombre?
¿Haría bien en ir con él?

Estuve meditándolo un rato, pero luego me decidí: iría, al menos para echar un vistazo. Además necesitaba trabajar en alguna ciudad.

------------------------

Fueron 3 días con sus noches los que me tomaron para llegar a Veringrad. Ya terminando el bosque me trepé a un arbol, y pude ver la ciudad. Era hermosa. Tenía 3 cúpulas en total, y al oeste se extendía un amplio cementerio.
Noté que había unos guardias en la entrada. Maldita sea, no lograría pasar, ni siquiera deben de hablar en mi lengua.

Opté por escabullirme a través de la muralla. Busqué un sector alejado, puse mi oído contra el muro y no escuché ni el más ligero murmullo. Probé escalando las piedras que sobresalían del muro, pero siempre terminaba resbalándome.
Fueron 4 los intentos fallidos, y el 5to fue un completo fracaso: al estrellarme contra el piso vi que una cara se acercaba.

Me incorporé violentamente, temblando, y me hice un bollo contra la pared. El tipo era el guardia.

- ¿Qué hacés acá? ¿Se te ofrece algo?
Oh, hablaban mi idioma. Vamos.
Aún así, me aterraba darle explicaciones.

- Eso no es asunto suyo.
- Te voy a dar otra oportunidad. Si no me decís, tengo órdenes de apresarte en el calabozo.

Mierda. Tenía que pensar, y rápido.

- Vine para ver a un doctor. ¿Ve lo que tengo en la pierna?
Le extendí la pierna, asegurándome de apoyar el pie en su mano.
- Aja... mire, el doctor se encuentra en-

Veloz como una pantera, pisé fuerte su mano con el pie, elevándome. Me tomé del borde del muro, y dando pataditas en el aire, logré subirme a la cornisa.
- ¡...!

Salté del otro lado, sintiendo la adrenalina mezclarse con el viento que me revolvió el pelo. Cuatro metros y medio tenía el muro: del lado de adentro el piso estaba más profundo.

No puedo explicar el dolor que me abatió cuando toqué el piso. Fue como un relámpago que empezó en el empeine y recorrió todo mi cuerpo, hasta detrás de las orejas, pero centrándose en la herida de mi pierna.

Levanté la cabeza: estaba en el cementerio. Del otro lado del muro se escuchaba al guardia gritando algo como "mel", debe ser un insulto.

Empecé a correr a toda velocidad por entre la tierra seca, notando que mi herida se había resentido lo suficiente como para volver a sangrar.
Era un cementerio rectangular y enorme, de una docena de filas (por las que corría) con más de 75 columnas. A los 2 minutos ya me sentía desfallecer. Vi a la derecha a los dos guardias corriendo y gritando, haciendo señas a otro grupo de la izquierda y señalándome.

Sin pensarlo dos veces, me agaché en una lápida de tamaño considerable, y me quedé un ratito así. Sentía mi corazón latir violentamente, y mi aliento se dibujaba sobre el mármol gris. Miré hacia mi pierna: la venda estaba completamente roja ahora. Dios Santo, no iba a salvarme de esta.

Los pasos y vituperios eran cada vez más cercanos, así que decidí hacerme la señal de la cruz y orar por... no sabía por quién, así que leí la lápida que me ocultaba.















Aquí yace Alfonso Ríos, infante de Álera












...


Papá.



----------------------


Al abrir los ojos me recibió una sala iluminada muy ténuemente. La pierna me ardía como mil diablos. Me incorporé- o eso intenté- sólo para descubrir que mis muñecas estaban fuertemente esposadas con cadenas de hierro. Atrás mío había una reja, y detrás de ella, un hombre que cada tanto sacudía la cabeza para evitar dormirse.

Tenía que escapar rápido y sin que el estúpido me oyera.
Miré a mi alrededor: no había nada, salvo un par de velas. Fuera de la reja había una mesa con una biblia apoyada, y un florero a su lado.

... Clic. Tenía un plan.

Tardé 20 minutos en lograr concentrarme lo suficiente como para que el agua del florero comenzara a calentarse.
10 minutos después podía ver los borbotones agitar los tallos marchitos. El guardia ni lo notó.
El vapor fue llenando la pequeña habitación, alcanzando las velas, dispuestas paralelamente en el estante superior, que se apagaron. El guardia se sorprendió entonces, pero ninguno de los dos podía ver nada ya. Se agarro de los barrotes de la reja.

- ¿S-señorita? ¿m-me escucha?

Traté de hacer el menor ruido posible mientras me ponía de pie.

- ¿Chica..?
Escuché que sacudía la reja.
*Esta es mi oportunidad*, pensé.

Armé mi brazo, y tres segundos después, mis fuerzas convergieron en la cara del tipo, que cayó tumbado hacia atrás.
Sin embargo, por más que logré vislumbrar su silueta por el ligero rayo de luna que emanaba de la ventana, no di de lleno en el blanco, haciendo estrellar mi meñique contra el fierro.

Sentí que me desmayaba del dolor, y ni siquiera podía gritar. Me limité a apretar los labios y cerrar los ojos con fuerza, de los que salieron varias lágrimas.

Sintiendo mi corazón en el dedo, tiré del pantalón del guardía dormido, arrastrándolo hacia mí, y revisé su bolsillo.

La llave.

Abrí la puerta y salí apurada, dispuesta a abrir la otra.
Sin embargo, justo cuando puse la mano en el gran picaporte, me sorprendió una voz de atrás mío

- ¿A mí no me vas a ayudar?
- ...
Maldita sea, ¿qué se supone que tengo que hacer?

Revolée la llave hacia donde yo creía que el sonido provenía, y escuché su tintineo contra el piso. Salí sin escuchar si el hombre había logrado alcanzarla.

----------------

Ya era de noche en Veringrad. Había un par de estrellas, pero el cielo estaba nublado. Con los labios cuajados, muerta de sed, me interné por las callejuelas de la ciudad. Tenía casitas pintorescas y otras que estaban un tanto destruídas.


- Dejá de huir a Destino, Lali.
- ...?
- Soy Wendagon, acompañame.
- ...!

En la luz de la noche logré percibir a un viejito un tanto más bajo que yo, con gran nariz y ojos tranquilos. Su sola presencia me calmó lo suficiente como para ceder a su invitación.

Caminamos en silencio los siguientes 15 minutos.
Luego llegamos a una plaza, que tenía un arco, y más tarde nos adentrábamos a su hogar.

Allí Wendagon mandó a que un médico viniera, y mientras éste me revisaba las heridas (tuve ocasión de ver que mitad de mi mano derecha estaba completamente negra, y que mi miñique estaba inclinado 60º hacia afuera) Wendagon me hablaba de la misión.

No nombró mis poderes, pero tengo la certeza de que el sabe que los tengo.

Más tarde, luego de haber aceptado, me indicó una habitación, en la que me eché, exhausta.

Sin embargo, no pude dormirme: la visión de la lápida de mi padre me mantuvo en vela toda la noche.

Escuché unos pasos, cerca del alba, pero no les puse atención.


A las 8 am Wendagon nos despertó a todos.

No estaba sola.


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6 Re: R.O.L. Beta el Dom Mar 09, 2014 8:24 pm




Mi descanso estuvo repleto de visiones fugaces, luces que iban y venían como mesclas de mi mente y lo que El Oráculo quería que viera. ¿Se trataba de la magia de Wendagon aun estableciéndose en mi cuerpo? ¿Debía ser un proceso doloroso? Aunque no sentía dolor. Era como una negación a que mi cuerpo descansara, luego de que había cerrado mis ojos. Había tenido una primera visión sobre un bar, aunque fue demasiado nebulosa. Y en cuanto estaba por aparecer algo más, Wendagon toco mi hombro.
El anciano estaba junto a mi cama, sacudiéndome para que abriera los ojos. Aunque ya lo había hecho, y estuve sorprendentemente despierta al momento.
Eh, ah, ¿qué pasa? –Pregunte, mientras estiraba mi mano hacía la espada negra a un lado de la cama.
El cuarto se encontraba en la penumbra. Recordé las brillantes mañanas de mi habitación, y mi hogar en Lignus, y la oscuridad me hizo sentir perdida, pero apreté el mango negro y todo tuvo sentido. Wendagon era casi una silueta.
Vamos –Me susurró—, hay alguien en camino.
¿En camino? –Rumoree a mi vez. Era cierto que el anciano había anunciado la llegada de más—de otros… La poca ensoñación que me quedaba desapareció al instante. Me incorpore fuera de la cama, mientras sostenía la espada con una mano y apretaba el puño de Wendagon con la otra.
El anciano inclino su cabeza desnuda ante esto, y lo solté al instante. Me había sobrepasado. Pero él solo permaneció tranquilo, sereno como siempre lo era. Me guio fuera del cuarto sin decir nada.
Me calce mi abrigo corto, y fui tras él.

Salimos al balcón.

¿Qué…? –Empecé a decir, pero él me callo.
Esta acá. –Dijo. Y a continuación, exclamo el nombre. La palabra Cregh resonó fuera del cuarto y atravez de los pasillos, y se hizo silencio. El hombre que esperábamos subió a los pocos momentos.
Las cosas que se dirían ese día me acompañarían por mucho tiempo, y llegarían a ser hechos a los que me aferraría para ganar valor. El hechicero, de gran estatura y vistiendo una gran túnica, casi llegaba a ser intimidante, pero su actitud era relajada, y parecía encontrar toda la situación graciosa. Wendagon hablo, y conto la historia una vez más. ¡Esos eran tiempos de cambio! ¡Los reinos atravez del continente temblaban en tensión! Las razas del Oeste parecían más atrevidas con cada día. Y Wendagon sentía que una gran fuerza estaba surgiendo en el Oeste mismo, que eso era el catalizador de todo y ahí debíamos viajar.
Cregh y yo iríamos a nuestros cuartos luego de nuestro encuentro, pero los otros fueron llegando atravez de la noche. Hombres en sombras, hombres extravagantes, mujeres marcadas. Gente extraña, y Wendagon le diría algo distinto a todos ellos. Como le dijo al hechicero que debía protegerme a mí; que se subiría a esta empresa como el guardián de mí y mi espada. Levante una ceja ante esto, pero sentía que no era correcto que dijera nada en ese momento, en el balcón.
Los minutos pasaban; las emociones se acumulaban. La gente llegaba mientras intentaba soñar, sin éxito. El anciano nos despertaba y todos nos conocíamos, y yo tenía que contener el saltar de emoción. Y Wendagon hablaba sobre el trabajo que nos aguardaba por delante. Una mañana agitada. Pero empezó con una decepción.
No tengo más información sobre el demonio –Nos dijo a todos, luego de hacernos levantar temprano y llevarnos a la recepción. Mi caballo andaba detrás de él, con mi bolso a cuestas—. Mi sueño fue, hm, interrumpido… –La mirada de Wendagon se paseó por todos. Aproveche para mirarlos yo, también, y fue tan impresionante como cuando me desperté y los vi por primera vez.
Cregh, con su gran porte, solo llevaba una pequeña cartera, pero ya había visto a Wendagon usar magia en mí el día anterior y estaba segura de que ese hombre podría hacer todo tipo de cosas. Se paraba con soltura, dejando caer su cuerpo y sin preocuparse por estar recto. Justo lo contrario del hombre a su lado; un tipo tapado en ropas oscuras con un arco detrás. ¡Un arco y un carcaj! Eran guerreros de verdad, ese Ítalo, y Cregh, y el tercer hombre, también. Este dijo llamarse Ana, lo que me sonó extraño, pero supuse que no podía entender todas las costumbres de las ciudades principales. Sus ropas también cubrían todo su cuerpo, pero estas eran viejas y llenas de polvo. Portaba un palo largo de madera, y bajo el rondaba un gato negro.
Todos ellos eran verdaderos mercenarios… Gente que sabía lo que hacía. Levante mi espada, que trataba de mostrar tanto como era posible, y me vi en el reflejo. Debía esforzarme para no quedar atrás. La otra persona en la habitación se trataba de una mujer; parecía agotada y su vestido estaba cortado a la altura de sus rodillas toscamente. Note vendas en una mano y una pierna, y… Me estaba mirando. La salude agitando la mano, mientras pensaba que no veía ningún arma en ella, como Cregh.
Wendagon carraspeo, y me arranco de mis pensamientos. Todos nos giramos hacía él.
Como decía, mi sueño no arrojo más información. Esto viene sembrándose hace tiempo ya, y no esperaba que se hiciera más claro de repente… Pero ustedes son recientes. No hace demasiado que empecé a verlos. Pero sé que están conectados a todo. Si parten al Oeste…
Eh, ¿Qué estamos tratando de parar, exactamente? –Me obligue a preguntar. Recordé a las siluetas que había visto mientras cabalgaba por la ciudad, y a las arañas, plaga que destruía todo lo que se cruzaba. Los monstruos con rostro de humano que cada vez avanzaba más. ¿Estaba surgiendo una fuerza que afectaba a todos estos seres que no eran humanos? ¿Se suponía que queríamos detener a las otras razas antes de que se hicieran más peligrosas y… afectaran nuestro estilo de vida o algo parecido?
Cregh no parecía muy interesado, pero el resto escuchaba con atención. La chica, Aldara, estaba callada, pero parecía tratarse de algo más que el querer callarse para prestar atención.
Es cierto que los bichos tienen varias ciudades a lo largo del continente, pero hay que afrontar los hechos. Si decidieran juntarse y expulsar a los humanos, podrían alcanzar un éxito devastador a lo largo del reino, y en la Capital. Este demonio…
—¿Sabés que no es que todas las razas vienen del Oeste, no? –Murmuro Cregh, a mi lado—. Hay varios pueblos que llegaron con los humanos, desde los otros continentes, como los lagartos. Solo digo…
El anciano se quedó callado, pero Ana hablo.
Eh, bueno, solo es una misión de búsqueda y captura. –Ana nos miraba a todos—. No lo llevemos demasiado lejos.
…No creo que solo sea eso. –Susurro Ítalo.
Bueno, sea como sea, vamos a saberlo en cuanto partamos. No tiene sentido hablar sobre lo que puede estar por pasar mucho más tiempo.
Escuchen. –Dijo Wendagon—. Efectivamente… los eventos se van a desarrollar por sí mismos. Pero ahora tienen que escuchar. Tienen que llegar a los puertos de la cordillera para ir al otro continente. Pero la ciudad próxima, Laertes está en guerra, y no van a poder pasar por ahí…
Me sobresalte.
¿En guerra…? ¿Qué significa “próxima”?
Laertes está a unos kilómetros. –Dijo Ítalo.
Podríamos rodear la ciudad, pero extendería el viaje varios días. –Dijo Ana.
Eh, ¿con quienes están en guerra? –Pregunto Aldara, de pronto—. ¿No es parte del reino?
Parece ser una guerra civil –Dijo Wendagon—; la familia de un señor de tierras en la ciudad fue asesinada y empezaron a sembrarse dudas sobre la organización política del lugar. Los cargos eran puestos en duda, y todos se acusaban de los asesinatos. –Bajo la cabeza—. Las ciudades exteriores se negaban a participar. Más gente apareció muerta… los cuerpos continuaron apareciendo, y finalmente paso esto. La policía no está dejando que nadie entre.
Que estupidez, pensé. ¿La gente estaba muriendo en ese lugar, y nadie hacía nada?
Laertes es bastante grande –Murmuro Ana—. Si los señores de tierras que viven en el lugar se disputan por una nueva organización no puede ser nada bueno.
—Hey, no es nuestro asunto. –Dijo Cregh—. Solo rodeemos la ciudad.
Bueno… –Susurre, algo conflictuada, y todos se giraron hacia mí. Pero no tenía nada que decir—. …Supongo que tiene sentido.
Por cierto, ¡vos me debes dinero! –Exclamo Ana, dirigiéndose a Wendagon.

La reunión termino después de eso. Cada uno fue por su lado, mientras nos preparábamos para salir; Wendagon nos permitió usar sus baños y cambiarnos las ropas. A pesar de eso, no me importo lo que hicieron los otros. Yo solo espere en mi cuarto; con mi espada a mi lado no sentía que necesitara nada más. Parecía que mis ropas no se ensuciaban, y ni siquiera me calce mis zapatos cuando finalmente Wendagon nos llamó atrás de su casa.
Allí había otro camino de escaleras, que llevaba a la calle. Había preparado cinco caballos.
Vi que todo el resto ya estaba ahí. Me acerque corriendo, por encima de un cielo nublado. Wendagon me explico que mi caballo no era malo, pero parecía asustado y débil. No era un animal entrenado, y usar los suyos facilitaría nuestro viaje. No me queje. Eran caballos esplendidos.
Mientras el resto se subía a los animales, Cregh se acercó a Wendagon y a mí.
—Hey. Estaba pensando, ¿Qué causa los asesinatos en Laertes? –Miro a Wendagon—. ¿…Tiene que ver con este demonio?
No suenes tan incrédulo, hechicero. Este ser solo está haciendo que su presencia sea más notoria ahora, pero estoy seguro de que ya empezó a obrar, y que tiene varias criaturas que obrarían para él. –El anciano nos miró a Cregh y a mí, y su tono se hizo más serio—. Vi cuervos… Vi cuervos más adelante.
—¿Cuervos…? Pensé que solo había un puñado, acá en la capital.
¿Cuervos? –Balbucee, pero nadie me respondió. Wendagon camino hasta estar en el centro de los cinco de nosotros.
Las puertas del otro lado se encuentras cerradas. Sigan la calle más adelante, y van a poder rodear la ciudad hasta la puerta frontal.
—Eso era claro –Dijo Ana.
—¿Volver por toda la ciudad…? –Se quejó Cregh, mientras caminaba hacia los caballos junto a mí. Los dos nos subimos en nuestras montaduras, y alzo la voz—. ¡Hey! Podría intentar un hechizo del espacio, y movernos fuera de la muralla.
¿Podes hacer eso? –Dijo Aldara, desde su caballo.
—Claro, podría intentar. Si nos movemos hasta la muralla no debería ser demasiado complicado.
Hm…
No estoy seguro de que esto sea una buena idea. –Dijo Wendagon—. Hay algo en el aire…
—¿Eh? –Cregh se giró hacía él.
Hay algo extraño en el aire. Cregh, deberían caminar la ciudad.
—Vamos a estar bien, viejo. Ya es hora de partir.

No hubo discurso, no hubo una gran charla. Ana espoleo a su caballo, y solo nos alejamos lentamente de Wendagon, mientras él nos miraba desde la escalinata. Y pronto el viejo quedo atrás, y supe que mi hogar estaba más y más lejos.
Los cinco marchábamos en silencio por las calles, mientras nos acercábamos a ese extremo de la ciudad. La gente se giraba al vernos pasar, gente que entonces pude ver bien; todo tipo de rostros y pieles y animales que nunca había creído posibles en mi pueblito, justo como se veían en la enciclopedia que mi madre me dio.
Mi caballo resulto junto al de Ana, mientras trotábamos. Aproveche para hacerle una pregunta que me rondaba desde que lo había visto.
Ana no es tu verdadero nombre, ¿no?
Suspiro, y me miro por un momento. Todos se habían girado hacía él.
No, es verdad. Es nombre de mujer. –Dijo, mientras paraba a su caballo. Su tono se hizo solemne—. Me llamo… Joseph. Y este es mi gato Malo. –Joseph señalo al felino, agazapado atrás suyo. Sonreí.
Soy Dalia; un placer conocerte. ¿Sos de la capital?
No, vengo de… ah, más lejos.
Ah, yo soy de Lignus. ¿Qué hay de ustedes? –Dije, mientras miraba al resto. Cregh, que andaba atrás, fue el primero en responder.
—¡Yo tampoco!
Eh… Es la primera vez que veo la ciudad. –Dijo Aldara. Se había cambiado de ropas, y se veía arreglada, pero sus heridas seguían mostrándose. Quería hablarle, pero decidí que ya podría hacerlo cuando estuviéramos fuera de esas murallas.
Hey, ¿no te molesta llevar los pies así? –Me dijo Ítalo, de repente. Baje la vista a mis pies descalzos, y solo me encogí de hombros. No estaba muy segura de cómo debía actuar con él; en cierta forma, solo Joseph actuaba con normalidad, aunque todavía no había explicado porque mintió respecto a su nombre.
Toda esta charla logro que pudiéramos llegar a la muralla ignorando a toda la muchedumbre que nos rodeaba; cinco personas habían salido de la casa del reservado Wendagon usando sus caballos, y casi todas ellas venían de fuera. Era claro que íbamos a llamar la atención. Entre las cabezas se asomaban lagartos, cerdos, gente con la piel verde o con plumas. Me revolvió el estómago, y corrí la mirada.
Recordé como Cregh había defendido a los bichos por la mañana, y pensé en los cuervos que Wendagon había mencionado, así que me le acerque para preguntarle sobre ellos.
Nos habíamos parado frente a la barrera de piedra. Cregh se encontraba tenso, con los brazos extendidos y la mirada baja.
Eh, ¿Cregh…?
—Dalia… ahora no.
¿V-Vas a hacer esa cosa de movernos ahora mismo? –Me sobresalte.
—¡Sí! ¿Podes… callarte…?
Mire a mis compañeros durante un instante, asustada, y volví la cabeza para ver que aparecía una luz en los dedos de Cregh.
Y todo empezó a sacudirse.
Mis alrededores desaparecieron, en un resplandor blanco; caí de mi caballo y cada parte de mi cuerpo empezó a hormiguear. Empecé a sacudirme, y podía escuchar gritos a lo lejos. Era la voz de Aldara… los gritos se hicieron más bajos.
Algo había salido mal.
Hay algo en el aire…
Eso había dicho Wendagon.
Perdí la consciencia.

La chica se encuentra muy lejos de su ciudad; la chica abandono todo lo que conocía. La chica ya no está en la capital.
Y su visión viaja aún más lejos.
Se trata de Laertes. Ella ve casas en llamas, gente huyendo y gente persiguiendo; y estas detienen la huida de las otras con la muerte. Una criatura se alza entre el fuego y la cacofonía. Ella es quien causa todas esas muertes. Sobre su capucha sobresale un pico negro. Laertes.
Se encuentra en Laertes.


Cuando abrí los ojos, me encontraba sobre pasto. Mi bolso estaba tirado a unos metros, y pude ver mi espada en otra dirección. Me levante, tambaleando. ¿Así funcionan todos los hechizos de espacio…?
Mi cuerpo aún se sentía extraño. ¿Y dónde están los otros? Mire a mí alrededor.
Estaba en medio de un bosque. Los arboles me rodeaban en toda dirección. Busque por detrás, pero no veía la muralla por ningún lado. Dioses, ¿Dónde estaba? El bosque estaba a un kilómetro de la ciudad. Estaba sola… Los otros no… no podía encontrar a los otros.
Y una mano toco mi hombro. Me di vuelta de un salto, con la espada por lo alto.
—¡Dioses! ¡Ah, Dalia! –Exclamo Cregh, mientras se cubría la cara y saltaba a un lado—. Cuidado con esa cosa.
Perdón… yo… –Baje el arma, y mire los arboles una vez más—. Yo, ¿Qué paso? ¿Cómo terminamos acá?
—El… hechizo salió mal. Algo estaba interfiriendo con la magia en Veringrad. No sé quién pudo poner un bloqueo así, pero altero todo el hechizo. Debíamos aparecer a unos metros de la muralla, no en… medio del bosque. Esto es un desastre, esto lleva a la ruta principal…
Cregh se agarró la cabeza, pero se recompuso.
—Tenemos que encontrar a los otros y volver a la ciudad.
Alto, yo… Vi algo. Sentí algo, creo… Yo… En Laertes. En Laertes hay alguien del Oeste.
—Dalia, hum, ¿estás loca?
¡No! Lo vi en un sueño. Eh, como hace Wendagon.
—Dioses, digo, ¿estás segura?
El demonio existe, Cregh. Mando a alguien al Oeste, y hace que las arañas avancen, cada vez más…
—¡¿M-Me estas jodiendo?! –Me interrumpió—. ¿Las arañas están avanzando?
V-Vi una en las montañas. Pero eso era más cerca de la ciudad… Ellas suelen rondar por el bosque.
Cregh y yo nos quedamos callados, y observamos en silencio. Miramos los árboles que nos rodeaban. Había una respiración en el ambiente. Había algo más cerca.
—Dioses. –Susurro Cregh.
En las montañas, yo había acabado con una cría. Lo que yacía ahí, durmiendo entre un grupo de arbustos, era uno de los demonios que había diezmado Unciæ; una fuerza de la naturaleza como lo eran las arañas adultas.
Cregh y yo nos miramos, y trague saliva.

























Sil y Dip podían acercarse a lo que uno llamaría amigos, y efectivamente apreciaba su presencia como parte de nuestra especie, que debía permanecer unida. Pero ya había tenido suficiente de ellos.
Salí del bar, dejándolos a ellos con su borrachera, y vague por las calles.
Tenía trabajo que hacer. Había tomado el trabajo de acabar con el fugitivo hacia dos días, pero no había logrado demasiado. Era un caso complicado… El tipo se había conseguido el estatus de buscado y huyo a Veringrad. Esperando poder fundirse entre la multitud, supongo. Le había resultado, pero la policía había venido a mí en cuanto comenzó todo, y yo no iba a tardar mucho más en dar con él.
Al parecer era un ladrón de nenes; los agarraba cuando oscurecía y nunca volvían a verlos. El negocio le iba bastante bien, porque la gente tardo semanas en entender que se trataba de la misma persona haciendo las desapariciones. Aumentaron los patrullajes durante la noche, y la ciudad cayo en la paranoia, pero la vigilancia extrema termino por revelarlo—y huyo a la capital.
Grazné. No podría dejarlo con vida. Un trabajo así no me venía mal. Llevaba un buen tiempo tomando cazas de la policía, aunque no me gustaba colaborar con todos los humanos que tienen ahí en Veringrad, e invariablemente terminaron conociendo mi rostro.
Sabían que yo no devolvía los cuerpos, tampoco. Así es que, a pesar de que me conocían, no esperaba que vinieran a mí personalmente. El nombre de Bernard Rhodes no sería publicado en un cartel. Necesitaban que el asunto se solucionara cuanto antes. Geeh, escupí, immo, la caza va a tener lugar.
Continúe avanzando por las calles de Veringrad mientras pensaba en todo esto. Tras una vuelta en la esquina llegue a la plaza; el rastro me había llevado ahí. El olor a sangre. Los rastros que la policía me había mostrado. La ropa rasgada… los cuerpos. Immo, pedí poder oler los cuerpos, olí los cuerpos de los chicos y mi cuerpo se agito. Habían rastros de varías personas, sí. Y había todo tipo de cosas. Esos cuerpos habían sido profanados. Bernard Rhodes había tomado el alma y el cuerpo de esos chicos humanos.
El templo se encontraba frente a mí.
Bernard estaba ahí dentro.
No me moleste en ser silencioso. Me calce mi capucha, y entre en el edificio sagrado. Los dibujos que decoraban cada ventana eran casi invasivos; eran gigantes y coloreaban la luz y te rodeaban desde que dabas un paso adentro. Vi a los trillizos, el tiempo y el espacio; vi al espacio y a la creación y a Día y a Noche. Y desvié la mirada, y pronuncie por Deus, que su gracia y bien me acompañen hasta el día que la noche me reciba para el sol nunca llegar.
Atravesé un cuarto corto, y llegue al pasillo principal. El templo mostraba dos hileras de bancos, horizontales, que llegaban a un pequeño alzamiento del suelo donde había una plataforma para hablar. Más allá el establecimiento continuaba, pero… No necesitaba avanzar un centímetro más. Rhodes estaba ahí mismo, mirándome en medio de las hileras de asientos. Sonriéndome.
Santo –Masculle.
Bernard Rhodes no era humano. Su piel se hacía rocosa a la altura de su rostro, y dos piezas  de hueso sobresalían de su pelo.
Cuernos. Su rostro era carmesí. Santo, ¿eso era un diablo? Me agazape, despacio, pero pensando frenéticamente. Nunca había visto uno, pero se suponía que eran salvajes que solo andaban por el continente del Oeste… Había entrado en ese lugar esperando un humano.
Bernard estaba parado, simplemente, con ropas formales. Y la cara, roja, era como si estuviera usando una máscara de madera. Solo su pelo me recordaba características humanas…
Heir –Dijo mi nombre—. Escuche que me buscabas, supe que venias, y yo te estaba buscando, quería verte, Heir, Heir.
Stercore. ¿Qué carajo es esto? ¿Bernard Rhodes?
Sí, así es. –Dijo Bernard, inclinando su rostro sin boca, con solo una línea trazada en la piedra roja que asemejaba una sonrisa.
Alzo las manos hacía mi
Tttenes que matarme.
Bernard, ¿te hicieron esto…?
Los pensamientos se apilaron sucesivamente. La policía lo había descrito como un humano; ya lo habían acorralado en el otro pueblo… había reconocido su persona como Bernard Rhodes… ¿Cómo es que ahora se me aparecía como un diablo?
Pero todas esas dudas no importaban. Podía reconocer la voluntad de un hombre libre en esas últimas palabras. Bernard Rhodes deseaba morir, y yo iba a otorgárselo.
Salte hacía adelante, avanzando antes de que pudiera reaccionar, y estuve frente a él en un movimiento. Antes de que mi túnica dejara de volar, ya había tomado mi sable por debajo de ella, y lo baje contra el demonio.
Corta el viento y la carne.
Pero no dio resultado.
El diablo se movió a un lado y retrocedió, fundiéndose en las sombras del templo. Mire para todos lados, buscando algún sonido, o el olor… pero todo parecía haberse esfumado. De pronto, sentí un tirón por detrás, y vi al demonio tomándome del brazo.
Su agarre ardía. Sus brazos eran como la boca de un dragón. “Ster…” empecé a insultar, y el diablo apretó con más fuerza. Mi sable cayó al suelo, pero baje mi otro brazo a mi túnica y tome un cuchillo. Podía soportar el dolor mientras solo quemara la armadura.
Le di en el rostro; esa roca roja no se rasgó. Aproveche para levantar una pierna y quitar su mano de mí, y rodé al siguiente momento para terminar en su espalda. Baje el cuchillo a su cuello.
De sus manos surgió fuego, y me hizo retroceder. No podía acercarme de esa manera… Deje que mis brazos se relajaran, y las quemaduras pasasen. No quería que las plumas me olieran más tarde.
Bernard avanzaba hacia mí, lentamente; se palmaba la cara con las dos manos y dejaba pequeñas hileras de humo en el aire.
Diablo.
Tenía que matarlo. Baje a mi pecho; busque por una bolsa de cuero.
Yo no haría eso –Chillo, de repente. Su voz resonó por todo el edificio; a oscuras por el cielo nublado—. No vas a poder hacer ninguna magia ahora. Conjure alrededor de todo Veringrad.
Conjur… ¿Hiciste un sello? ¿Un humano puede hacer eso? ¿Qué usas para sostenerlo?
¿Ttte parezco un humano? –Bramo.
¡Immo! –Grazne, por mi parte—. Bernard, oí… voy a completar la caza.
El diablo inclino la cabeza. No podría usar magia, bien… Podía creer a su palabra. Si ese horror había buscado chicos para potenciar un sello con su sangre…
Bueno, solo le cortaría el cuello.
Salte hacía adelante, portando mi sable. Él se cubrió con las manos de mi caída, y entonces se agacho para hacerme tropezar por el envión. Se puso bajo mí, y apretó en mi pecho… la túnica empezó a arder, y todo el dolor vino a mí. Podía soportarlo. Caí al suelo, a lo que él se acercó más… Entonces tome una de sus manos, y la moví a un lado hasta dislocarla de la articulación.
Me levante, en medio de un gemido. El diablo se había arrodillado, mientras miraba su brazo izquierdo. Apoye mi pata en su cara, y lo tumbe. Tome mi sable… y lo clave en su pecho.

Negra. La sangre debía ser negra. Pero solo manaba rojo. Ese monstruo era un humano.
Me agache junto a su rostro. No podía morir…
Bernard. Bernard, habla. Solo un acto más… Tenes que hablar. ¿Cómo te paso esto? ¿Quién te arrebato tu cuerpo?
La sangre de los chicos, solo para hacer un sello… Como había dicho mi nombre cuando entre… Era como si hubiera querido llegar a mí. El cuerpo empezaba a perder su rojo, volviendo a un aspecto humano.
Pero el diablo en que se había convertido no solo había matado a los chicos. Se había divertido con ellos. Imagine el horror que Bernard debía haber experimentado, el lado de Bernard que permanecía humano cuando cambiaba.
Asome mi oído al hombre moribundo, y pronuncio cuatro palabras.
Como… vos. Uno como vos.

Mis ojos se ensancharon.

Laertes.

Sus ojos se cerraron.
Me levante.
Un cuervo en Laertes… creía que todos estábamos juntos en Veringrad.
Un cuervo que había convertido a un humano en un diablo. Si se había pasado por las ciudades cercanas, Sil y Dip podían saber algo… les preguntaría más tarde.
Levante la cabeza, y mire el templo. Detrás de las cortinas, más allá del pasillo principal, debía encontrarse el sello, junto a restos de los sacrificios. Estaba claro que Bernard también había matado en Veringrad. No me interesaba ver el espectáculo; ya sería un problema de la policía.
Mire hacía la puerta de salida por un momento. Laertes. Debía echarle una visita.
Por el momento, solo me agache hacía el cuerpo de Bernard Rhodes. Tome mi cuchillo, abrí su cuello, y empecé a beber.













Espero que me haya quedado bien. Croft, Laertes estaría siguiendo el primer camino que marcaste en el mapa. Ponelé que no está muy lejos del bosque que hay fuera de Veringrad; Pensa que es la ciudad más cercana a la capital.


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7 Re: R.O.L. Beta el Lun Mar 10, 2014 10:06 pm

Croft

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Dalia, Aldara, Ana, e Italo, esos eran mis compañeros en mi compañía, por fin tenia una compañía. Estaría orgulloso sino fuese una decepción, solo faltaba que se nos uniese el viejo y seriamos un ejemplo perfecto de como no formar un grupo de defensa, Dalia, la del cuchillo mágico, parecía una niña y wendagon su profesor, hablaban de un mal del oeste y ahora de que habia guerra en Laertes,  pude ver como se le cruzaba la idea de intervenir, como si pudiésemos hacer algo.

Italo tenia la mirada de perdido en el horizonte, quitando el hecho de que pareciera que fuese  a desparecer en las sombras se veía relativamente normal.

Aldara parecía que estaba en medio de Laertes, tenia cortes y una venda en la pierta como si fuese un soldado al final de una guerra.
Y luego estaba ella, Ana, no tengo problema si a alguien le gusta su mismo sexo, hey no tengo problema si alguien le gusta otra raza, pero por favor no digas que eres algo diferente a lo que naciste, tenia pinta de vagabundo con todo y gato negro, y de paso insistía que el viejo le debía dinero.

Y para hacerlo peor, todos tenían ese acento del sur del reino, dios como lo odiaba “¿Poder hacer eso?” Claro que puede, no me ofrecería a movernos si no pudiese.

Aunque para ser sincero llevaba al menos media década sin hacerlo, recuerdo que cuando estudiaba en la universidad de Silis era un experto en hacerlo, y tenia que serlo, no nos dejaban salir entre semana por lo que un hechizo de espacio era la única manera, y los profesores sabían que lo haríamos, el problema no era salir de la universidad y aparecer en medio de la ciudad. El problema era que aparecíamos agotados y sin un poquito de energía para hacer magia, no importaba mucho si al final íbamos a tomar, lo feo venia cuando teníamos que regresar a la universidad antes del amanecer, tomados y sin poder movernos en el espacio. Los profesores siempre esperaban con ansias ese momento para vernos arrastrar por las puertas pidiendo ayuda.

Tampoco duro mucho tiempo, lo dejamos de hacer cuando una noche el difunto Ghilod se canso de subir a pie hasta la universidad y escabullirse hasta su alcoba “Voy a aparecer en la recamara del profesor Wanden, yo le enseñare quien no puede hacer dos hechizos de movimiento en 24 horas.” Se paro de la mesa y luego de unos momentos y luces desapareció.

“A que lo encontramos afuera de la taberna” dijo Lira, no sabia que tan equivocada estaba, ese día Ghilod se movió diez kilómetros hacia una granja bien afuera de la ciudad, un logro grande incluso para alguien sobrio, hay que admitir que Ghilod tenia tanta energía como palabras, una lastima que nunca podría celebrarlo. Un granjero que estaba preparándose para la mañana lo vio todo, Ghilod apareció unos dos metros en el aire, cayo atrás de un caballo y se sujeto de su cola, nunca supimos si se gano el titulo de difunto por ser golpeado por un caballo, estrellarse contra un establo, rodar doscientos metros colina abajo o quedarse bajo el agua por los diez minutos que tardo el granjero en llegar al lago. Desde ese día, todos disminuimos el uso de hechizos de espacio.

—Me llamo… Joseph. Y este es mi gato Malo – Ah gracias a los dioses, no esta loco, de entre todo el grupo parecía el mas aceptable, al menos era viejo algo de experiencia debía tener. Aun recuerdo a Vidali, un raksho de las montañas mas al norte de nuestro reino y muchos mas, era amigo de Crezzo y cada noche que estábamos juntos terminaba con Vidali ebrio abrazándome y diciéndome como un dia se cortaría todo el pelo y revelaría su verdadero yo, como el era un humano realmente. Claro, porque los doscientos kilos y la cola mas larga que mi cuerpo son características de un humano promedio, era bueno saber que eso no se repetiria con Joseph.

Los demás seguían hablando cuando note algo inquietante, al final de la calle, un traje rojo y marrón caminaba hacia aca. Cresso, no podía tener tan mala suerte por favor.
—Eh, ¿Cregh…?—¿Seria el? No podía soportar otra conversación con el. —Dalia… ahora no.
—¿V-Vas a hacer esa cosa de movernos ahora mismo?—¡Ah por los dioses era perfecto!
—¡Sí! ¿Podes… callarte…? — “¿Podes?” Porque siempre hago lo mismo, porque siempre tomo el acento de con quien hablo, debe ser insultante escucharme con una mala imitación de su acento.

Pero eso no importaba ahora, iba a movernos de aca, afuera de la ciudad estaríamos bien y libres de Cresso, el viejo había dicho que había algo en el aire, pero lo cierto es que dudo que alguien de esta ciudad tuviese los conocimientos sobre magia para hacer algún hechizo de negacion o alteración, y dudo que hubiese alguna fuente de magia cerca. ¿Que podía salir mal?


¿Agh era siempre tan agotador? No, algo habia salido mal, no habia ninguna muralla cerca, demonios no había ninguna ciudad cerca. Parecia un bosque, pero no podía ser, el bosque mas cercano estaba a un kilometro y estoy seguro que no podía haber fallado tanto. No creo que el viejo tuviese razón, debió ser una casualidad, a pesar de que toda la evidencia indica que tenia razón, si estoy seguro de que fue una casualidad.
Lentamente me pare, sentía que acababa de correr por dos horas. Si, definitivamente era un bosque, “¿como me había movido tanto?”, dios si este era el bosque cerca de Veringrad se que extendia por al menos 30 kilometros, lo único bueno es que el camino principal del reino pasaba por el, por algún lado.

Camine un poco y me encontré a Dalia, casi me apuñala con su cuchillito de mantequila. Empezo a mencionar a Laertes, Laertes estaba a unos cinco días de la ciudad, no sabíamos donde estábamos y ella ya pensaba a donde ir. Luego la escuche, una criatura dormía a unos 10 metros de nosotros, era negra y parecía una mezcla de langosta y hormiga, estaba enroscada en el suelo pero media fácilmente unos cuatro metros. “Es una araña” dijo Dalia, genial, justamente eso era lo que necesitábamos.

Dalia preparo su espada, la hale del brazo para alejarnos.
—No podemos dejarla vivir Cregh.
—Si son tan peligrosas como dices, ella va a ser la que no nos dejara vivir.
—¿No podes quemarla?
—En mi estado, con suerte podría encender una vela, y dudo que tu con tu navaja puedas acabar con ella.
No respondió, estaba mirando la araña, un gato negro había salido de un arbusto y saltado sobre el pecho,  o uno de los pechos, de la araña, nos miraba con toda la tranquilidad del mundo.
—¿Ese no es el gato de Joseph?
—Si, debe estar cerca—Ella tenia razón, el vagabundo debía estar cerca, los demás también debían estarlo, deberíamos haber llegado juntos.
Joseph salió detrás de nosotros, vio a su gato a través del arbusto y lo llamo con un movimiento de la mano.

—No— Dalia salió corriendo, la araña se despertó cuando el gato salto de ella.

La araña se levanto y con una tenaza mando a Dalia a estrellarse contra un árbol, menos de un día y ya había fallado como guardaespaldas.
La araña corrió hacia Joseph que solo logro decir “oops” antes de lanzarse al suelo y usar su palo para golpearla en una de las patas.

Trate de lanzarle una llamarada, una bola de fuego, una chispita pero ni humo logre crear, maldita sea Cresso esto era tu culpa. Una flecha se incrusto en la espalda de la araña, quien se volteo y ahora venia hacia mi, genial.

Corri hacia atrás para encontrarme a un Italo preparando otra fecha, detrás de Italo estaba Aldara, sus ropas nuevas llenas de barro del bosque. Hice otro intento para lanzar algo pero fue en vano de nuevo, italo lanzo la otra fecha y esta le dio en una de las patas a la araña se tambaleo y cayo al suelo. La araña se estaba levantando de nuevo cuando Dalia salto sobre ella con su cuchillo de barbero, me sorprendía que todavía estuviese consciente. Atravesó la espalda de la criatura quien emitió un gemido extrañamente humano, pero luego se levanto como si Dalia no fuese mas que una mochila y la araña quisiese sacar un libro, Dalia soltó la espada que quedo incrustada en la espalda de la araña.

Italo preparo una flecha pero no le hacia mas que cosquillas a la araña, Dalia trataba de escapar de la araña que ahora tenia toda su atención. Dos explosiones sonaron y el bosque se ilumino brevemente, la araña grito de nuevo y de su rosto brotaba la sangre, Joseph cargaba un revolver en su mano y se acercaba a la araña, le había disparado dos veces en la cara, si eso no la había matado al menos la había dejado ciega. La araña cayo al suelo y Joseph guardo su revolver, en la otra mano llevaba su palo de madera con el cual termino de deformar el rostro de la araña.

Luego de cada uno confirmase la muerte de la araña y Malo el gato de Joseph durmiese sobre su cadáver, decidimos ponernos en marcha, Dalia les conto a los demás sobre Laertes además dijo que era posible que hubiesen otras arañas cerca así que lo mejor era salir del bosque. Caminamos unas dos horas hasta encontrar el camino principal del reino, lo seguimos hacia el oeste hasta que luego de otro par de horas de caminata, encontráramos una posada, Joseph dijo que había estado ahí antes, dijo que Laertes se encontraba a tres días de acá.

—Hay otra posada a medio día de acá, y aun es temprano, seria mejor seguir– Dijo Joseph que reconoció el área.

Decidimos seguir, pronto llegariamos a Laertes, Joseph se me acerco y dijo que le debia las dos balas que disparo, habia sido mi culpa que las usara.

—¿De verdad estamos a tres días de Laertes?— Le pregunte a Joseph, debía estar seguro.
—Si, seriamos mas rápido si tuviésemos los caballos, me pregunto que habrá sido de ellos, pobres inocentes caballos.

No importaban los caballos, no sabia la distancia exacta, pero nos habíamos movido al menos veinte kilómetros, parece que Ghilod había perdido su record.

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8 Re: R.O.L. Beta el Lun Mar 17, 2014 12:07 am

Unos golpes fuertes a mi puerta me despertaron en la mañana, pero aun tenia demasiado sueño como para siquiera abrir los ojos. Seguro era Wendagon el que tocaba para que nos levantaramos. Como no tenia ningun animo de levantarme habiendo dormido tan poco, me tape la cabeza con las sabanas y trate de seguir durmiendo. Pero obviamente no iba a poder descansar mas, no. Era algo demasiado bueno como para que me ocurriera a mi. A punto de quedarme dormido, algo se clavo en mi pierna, y de un salto se me fue todo el sueño que tenia. Era Malo por supuesto, que me habia clavado sus garras para levantarme. Ese gato no iba a dejarme araganear un solo dia de mi vida. Pero claro, lo mismo no se podia aplicar a el. Cualquier intento mio de hacer lo mismo iba a resultar en una perdida de mi sangre. Afortunadamente, yo era el del dinero y por ende el de la comida buena y del licor, asi que tendra que hacer bastantes meritos si quiere volver a comer y beber bien este mes. Ya lo he acostumbrado a la buena vida.

Mire por la ventana para hacerme una idea de la hora. Estime que el sol apenas habia salido hace unos minutos. Excelente. Llego a "las 5 de la mañana" y como a las 7 ya tengo que levantarme.

Me puse mi viejo abrigo y mis botas, y revise que todo estuviera en sus bolsillos. Revolver a la orden, 21 cobres, piedras para hacer fuego, carta destruida, todo bien.

Sali de mi habitacion junto con Malo mientras Wendagon caminaba por el pasillo para encontrarme con dos personas mas en el piso de abajo. Uno era un sujeto alto que llevaba un arco y varias flechas en esa cosa que llevan los arqueros, y cerca de el una chica bastante lastimada. No sabia a que se dedicaba Wendagon, asi que pense que podrian ser clientes de el o gente que busca su ayuda.

Baje para encontrarme de frente con el caballo de anoche. Lo salude y me fui a sentar, mientras esperaba que Wendagon bajara de una vez. Pronto, otro sujeto mas bajo las escaleras, y en ese entonces se me ocurrio que quizas el, junto con el arquero y la chica herida, fueran del grupo que Wendagon habia reunido por algun motivo extraño. Lo que me parecia bastante logico, no hay nada que diga "grupo de ataque" mas que un sujeto alto con arco y flechas.

Por otro lado, la chica estaba herida de hace muy poco, y el sujeto que bajo no parecia muy interesado en, bueno, nada. Y ni hablar de mi, que nisiquiera se que posible relacion podria tener en tierras ajenas. Eso ultimo me quedo rebotando en la mente un rato. Y Wendagon parecia un tipo con bastante dinero y poder. ¿No podria haber contratado un ejercito o algo? Y hablando de dinero, ¿no me debia 3 y medio rorintios por lo del gorila? Todas estas preguntas se apilaron en mi mente como trigo en una pila de trigo mientras esperaba y luchaba por no quedarme dormido en el sillon. Por suerte no paso mas de un minuto hasta que bajo una niña con una espada, bastante brillante y bonita. Me refiero a la espada, claro. La niña era muy niña. Detras de ella, bajando mas lento, venia Wendagon.

Nos reunimos todos en una especie de semicirculo frente al viejo sin necesidad de mas indicaciones, Malo junto a mis pies. A mi derecha, un sujeto de 1.80. A mi izquierda, otro sujeto de 1.80. Y yo en medio, con como 20 cm menos mirandolos hacia arriba. En serio, ¿para que me habian elegido?
-No tengo mas informacion sobre el demonio. Mi sueño fue... interrumpido. -bien, ahi se fueron mis expectaciones. Seguro fue culpa mia por llegar en mitad de la noche y por hacer tanto escandalo. Deberia hacerme un favor y comprarme uno de esos relojes de bolsillo.
Wendagon nos presento unos con otros, y todos me miraron raro un momento cuando dijo que me llamaba Ana. ¿Era un nombre poco comun? Yo pensaba que no. Aunque bueno, lo habia escuchado hace tiempo en una ciudad mas al norte. Seguro era por eso.
Wendagon hablo de que debiamos atravesar el oceano y llegar al otro continente, donde se encontraba el demonio que amenazaba de alguna forma y por alguna razon la seguridad del reino. Me pregunto si el Rey sabra sobre esto. El problema es que para llegar a las costas rapido necesitamos pasar por Laertes, lo cual es toda una odisea en si misma considerando que estan en medio de una guerra civil. Estuve ahi hace mas o menos dos meses cuando empezaron los problemas y tuve suerte de salir con todas mis extremidades unidas a mi. Las entradas estaban bloqueadas y una bala de cañon golpeo la muralla a la que me habia trepado para escapar. El resultado: perdi el equilibro y cai desde tres metros de altura sobre un charco de lodo afuera de la ciudad. Y nisiquiera sabia porque estaban peleando. Llegue a Teorani muerto de hambre y esperando una completa invasion de algun reino cercano. Para mi sorpresa, era una cosa solo de Laertes, pero no sabia nada de las causas hasta que Wendagon ahora nos conto. En cualquier caso, ibamos a tener que rodear la ciudad, que podria ser un poco incoveniente de todas formas si la cosa estaba muy mal. Pero no es que tuvieramos todo el tiempo del mundo tampoco.

Terminada la conversacion, me acerque a Wendagon a exigirle el dinero del gorila que me habia prometido en su carta mientras la alzaba en el aire, a punto de partirse sola en pedazos. Wendagon me hizo esperar un momento y volvio con una pequeña bolsa y me la entrego. Adentro habian varias monedas de cobre, bastante nuevas y brillantes.
-Voy a preparar todo para que salgan de inmediato. Ve a cambiarte. Sera un viaje largo.
Me guarde la bolsa en el bolsillo y luego de pedir indicaciones, parti con Malo a buscar mejores ropas. Creo que estas las tenia hace mas de dos años, aunque no estoy muy seguro porque no tengo forma de medir el tiempo. En cualquier caso, tenia a mi disposicion ropa gratis, asi que iba a aprovechar.

El guardarropa de Wendagon era enorme, como el de una tienda de ropa, con varios tamaños y colores. E incluso tenia ropa de mujer, lo cual me hizo elaborar unas cuantas teorias. Pero la mayor decepcion fueron los abrigos. Tenia bastantes, si, pero ninguno tenia tantos bolsillos por adentro como el mio. Y si algo me habian enseñado todos estos años de viaje, es que iba a necesitarlos.
La chica herida entro mirando al suelo mientras yo buscaba ropa. Ehm... ¿se llamaba Dohlia? No... ¿O si? Me habia olvidado de los nombres de todos. Nunca fui bueno para eso. Hasta olvide la ultima vez que tuve que recordar un nombre. Ugh...
-Ehm, ¿hola? -la chica levanto la cabeza
-Hola... "Ana"... -dijo titubeando, como tratando de recordar mi nombre. Ok, sabia que era poco comun, pero no era tan dificil de recordar, sheesh.
-¿Te encuentras bien?. -le pregunte refiriendome a sus heridas.
-Si, estoy bien. Un medico de Wendagon me ayudo un poco anoche. -me dijo, y empezo a ver los vestidos uno por uno.
-Deberias buscar pantalones, o te va a doler si tenemos que cruzar por un campo.
-Aun me duelen las heridas en los pies... Preferiria algo mas suelto.
-Eh, como quieras. -le dije, y tome una polera y pantalones cafe, igual al color de mi abrigo. No iba a andar por ahi pareciendo cualquier cosa.
Me agache para buscar zapatos, y empece a comparar las botas. Habia un par negro de cuero, y pense que quizas servirian contra el agua. Las tome y fui a tomar unos calcetines.
-Oye, ¿te puedo hacer una pregunta? -me dijo Dohlia de la nada.
-Si, ¿que cosa? -dije levantando la cabeza para mirarla.
-¿Por que Ana? Pense que era nombre de mujer.
Agh, por la p--...
-Eeeh porque, ehm... -Si sere idiota, miles de nombres para elegir y tenia que escoger uno de mujer- Creo que Wendagon escucho mal, o no se. Me llamo... eh, Joseph, aja. -le menti, con un nombre que ya habia usado antes y que sabia era de hombre, y Dohlia parecio creerselo. Tome un sombrero bonito que vi y me fui a bañar. Deberia haber pensado esto mejor.

Para mi grata sorpresa, me encontre con que podia calentar el agua para bañarme. Wendagon si sabia vivir bien. Cuando cresca, quiero ser como el.
. . .
Nah.
Con algo de esfuerzo me saque la mugre que nunca antes podia haberme sacado en los rios o en los lagos. Creo que mi piel blanqueo unos cuantos tonos. Cuando sali, la tina estaba llena de agua negra. Wow. Me puse mi ropa nueva y con agua mas limpia me puse a lavar mi abrigo. Se veia igual de viejo y tenia un agujero en uno de los bolsillos, pero al menos estaba mas claro. Guarde todas mis pertenencias y sali con una nueva pinta.
Malo, por otro lado, estaba igual que siempre. Era un gato, se podia limpiar solo.

Al pasar por el salon grande me di cuenta de que los floreros solo tenian los tallos de las flores. En el medio, estaba el caballo aburriendose solo. Lo lleve hasta afuera para dejarlo libre, y me encontre con Wendagon y otros cinco caballos en fila, comiendo. Al lado de ellos, un sujeto que parecia ser el cuidador.
-¿Y esto? -le pregunte mientras me acercaba con Malo, y el caballo se iba a comer pasto.
-Son caballos para su viaje. Les tomara varios dias llegar a pie a la costa. Con ellos, menos de la mitad del tiempo.
-Excelente... Pero nunca he andado en caballo.
-No es dificil, y estan muy bien entrenados. Ya veras como te va.
Uno de los caballos era bastante negro, negro como, bueno, algo negro. Apenas termino de comer, me subi con algo de dificultad a el. Segui las indicaciones de Wendagon, y en poco rato ya lo habia hecho andar.
-Me gusta este. Lo llamare Carbono. -el sirviente giro los ojos, y Wendagon no comento nada. Pronto, los demas fueron llegando, y luego de que llegara la chica de la espada, Aldaah creo, Wendagon nos dio indicaciones de como salir de la ciudad, pues la puerta principal estaba cerrada. Pero uno de los sujetos, Croft creo, dijo que podia hacer un hechizo y dejarnos del otro lado de la muralla. Me parecio interesante que fuera mago o algo. Habia oido hablar de ellos pero nunca habia visto uno en accion. Cuando terminamos, Malo de un salto se subio al caballo mio.

Nos pusimos en marcha hacia la puerta, en contra de las recomendaciones de Wendagon. Aunque preferia el camino corto, me ponia un poco nervioso eso de dejarnos del otro lado con un hechizo. ¿Iba a levantarnos y a pasarnos por arriba? Wow.

Pasamos por la plaza, y yo admire el paisaje. Era extraño poder ver por sobre el resto de las personas y no al reves. Algun dia cuando tenga dinero, me comprare un caballo como este y viajare en el. Me hara todo mas facil. O podria comprarle este mismo a Wendagon, aunque si es de el debe ser bueno, y por ende cueste un monton.
-Ana no es tu verdadero nombre, ¿no? -dijo una voz a mi lado. Gire la cabeza y vi que era Aldaah. De pronto, todos se giraron hacia mi para escuchar. ¿Todos lo sabian? Seguramente si. Ugh, que bueno que habia preparado un nombre.
-No, es nombre de mujer. -dije mientras detenia el caballo.- Me llamo Joseph. -¿ese habia dicho? creo que si- Y este es Malo. -dije mientras señalaba con el pulgar a mi gato que estaba atras mio.
-Soy Dalia. -¿Dalia? ah, excelente. No solo confundi los nombres, si no que los memorize mal. ¿La otra chica era Aldaah?- Un gusto. ¿Eres de la capital?
-No, soy de... uh, muy lejos. -necesitaria un mapa para indicar de donde. No es que tuviera ganas de todas formas.
-Ah, yo soy de Lignus. -Oh, recuerdo Lignus. Estuve alli hace algunos años. Una tormenta destruyo el unico puente para cruzar y tuve que juntar dinero para atravesar el rio en bote, que por cierto se termino hundiendo a medio camino cuando empezo a llover de nuevo. Creo que debi haber planeado mejor ese viaje. El dueño se devolvio en la unica tabla para flotar que tenia y yo insisti en cruzar de alguna forma en medio de la tormenta, con todo el peso que traia. Pero a Malo no lo hacia reir ni un bufon. Anduvo de aun mas mal genio el resto del dia. Aunque considerando que terminamos unos kilometros rio abajo y casi con hipotermia, no lo culpo.- ¿Y ustedes?
-Yo tampoco.
-Eh, es la primera vez que vengo.
-¿No te molesta llevar los pies asi? -y asi fue como todos evadieron la pregunta. Diria que facilmente Dalia es la mas comunicativa del grupo. Finalmente, nos acercamos a la pared de piedra, y Croft empezo a hacer su hechizo.
Se concentro, y de pronto empezo a aparecer una luz de sus dedos.

Un resplandor blanco me envolvio. Cerre los ojos por el brillo, y cuando los abri, vi un arbol.

Y note que estaba en el aire. Apareci sobre el arbol, con Malo a mi lado.

Cai sobre la primera rama que se rompio cuando trate de agarrarme, y me segui golpeando con todas las otras ramas hasta que cai libremente por dos metros y me estrelle contra el suelo, donde finalmente me detuve, y algunas ramas mas cayeron sobre mi. Trate de levantarme, y Malo, maullando, cayo sobre mi estomago junto con otra rama mas y varios piñones, dejandome tendido en el suelo. ¿Que habre hecho para merecer tanto castigo? Afortunadamente, el caballo no habia aparecido sobre mi.

¿Y los demas? Levante la cabeza para mirar alrededor, pero no vi a nadie, ni parecia que estuvieran cerca. No se escuchaba ningun ruido humano. Solo pajaros y el zorro ocacional. Excelente, el hechizo de Croft nos habia perdido. O me habia perdido. Wendagon tenia razon. La proxima vez que diga algo lo voy a escuchar. Malo levanto la cabeza y me miro, y luego se fue corriendo al bosque. Gato suertudo, seguro no se golpeo con casi nada. Me levante quitandome las ramas de encima y fui tras el.

Varios metros mas adelante, lo encontre parado sobre un bicho negro gigante como langosta y con cara de persona, Dalia y Croft parados a unos metros de el. "Oh, no de nuevo..." Le hice una seña a Malo para que se alejara, y exactamente eso hizo.
-¡No! -grito Dalia, y entonces el bicho se desperto. Se levanto por sobre todos nosotros y cuando Dalia se acerco con su espada, la golpeo con una tenaza y la lanzo unos cuantos metros en el aire.
-Oops. -corri hacia el bicho mientras sacaba mi vara y empezaba a golpearle los pies. El bicho se giro a atacarme, y de pronto una flecha atraveso el aire y le dio en las espalda. Era el sujeto del arco. El bicho se volteo y corrio hacia el, mientras Croft trataba de escapar. Por un demonio, ¿no podia hacer algun hechizo de ataque?. Corri tras la langosta mutante, y otra flecha mas se incrusto en una de sus patas, derribandola. Dalia volvio corriendo con su espada, y se la enterro al bicho en la espalda, que procedio a lanzar a Dalia como si nada otra vez. Ella cayo cerca mio y el bicho se nos acerco. Dalia empezo a correr y yo, sin ningun animo de pelear contra una de esas cosas, saque mi revolver y le dispare al bicho dos veces casi a quemarropa en la cara. Esas balas eran demasiado geniales para usar, pero no habia otra forma ni tenia mas tiempo. La langosta gigante cedio, y cayo al suelo sangrando. Con la vara la golpee varias veces mas, y luego con la espada nos aseguramos de que estuviera muerta.

-Hay mas arañas de estas en el bosque. Hay que salir al camino principal de inmediato.
-¿Arañas? ¿Se llaman arañas? -pregunte confundido
-Si. ¿No sabias de ellas?
-Las habia encontrado mas de una vez pero no sabia el nombre. ¿Que demonios son?
-Nadie sabe. Aparecieron de la nada y atacan las ciudades a su paso. Rondan los bosques, y han llegado hasta Unciae. Pero ahora parece que se estan agitando. El demonio del Oeste debe estar influenciandolas.
-Uhm...
-Lo vi cuando el hechizo de Cregh fallo. -¿Cregh? Ah, el nombre de Croft. Ugh.- Envio a alguien del Oeste aca. Esta en Laertes. Hay que ir a buscarlo.
-Eso es facil y todo pero, no sabemos en que direccion esta el camino. -dijo Croft, mientras miraba entremedio de los arboles.
-Podemos ir hacia el sur. Si no encontramos el camino principal encontraremos eventualmente el Mar de Serena, y de ahi podemos volver a Veringrad y partir de nuevo. Aunque podria tomarnos mucho tiempo, es lo mas seguro.
-¿Si? -pregunto Dalia al resto esperando confirmacion. Los demas asintieron con la cabeza y nos dirigimos hacia el sur, y para nuestra buena suerte, nos encontramos eventualmente con el camino principal, sin ninguna casualidad entremedio. De ahi, continuamos por el camino a pie, hasta finalmente encontrar una posada que recuerdo haber visto en el camino a Veringrad. Habia otra mas adelante que fue en la que estuve. Ya que aun era temprano, era mas mejor llegar a esa.

Continuamos bajo el sol hasta que ya al atardecer, llegamos a una pequeña casa con un letrero afuera y una carreta desarmada. Era la Posada de la Señora Norma.
-¿Esa es...?
-Si. Esa misma.
La puerta de la recepcion estaba cerrada, lo que me dio una muy mala vibra. Toque a la puerta, pero nadie respondio.
-Seguro no hay nadie. -dijo el del arco cuyo nombre aun no sabia.
-No, no es eso. -dije mientras empezaba a llamar el nombre de la dueña- El marido estaba muy enfermo anteayer. Puede que haya pasado algo.
-Deberiamos irnos entonces. No es la idea molestar. -dijo Aldaah.
-La posada mas cercana es la que pasamos, pero llegariamos demasiado tarde, y si es cierto lo que dice Dalia seria peligroso andar de noche en medio... -La puerta se abrio detras de mi. Me gire y en vez de encontrarme con la vieja dueña, me encontre con una mujer joven.
-Hola. -nos dijo sin ninguna buena cara.
-Eh, ¿hola? -dije confundido- ¿Y la dueña?
-En la capital. -me respondio friamente- ¿Vienen a alojarse? -nos dijo casi enojada. Todo lo contrario a la dueña.
-Si.
-Eh, pasen. -nos dijo haciendo una seña, y nos adentramos a la casa. Estaba bastante mal iluminada, pero igual a como cuando me habia ido.
-Uhm, y, ¿quien seria usted?
-Milana. Nieta de la dueña. Son 75 cobres por la noche.
-¿75 cobres? Anteayer eran 55 -le reclame a la tipa, pero no parecio importarle
-Pues ahora esta a 75. Tomalo o dejalo.
-Podriamos decirle a la dueña que tenias cerrado y estas cobrando de mas.
-Je, como si me importara. -rio ella
Saque mi bolsa con monedas y le pague en monedas de medio y de 1 cobre. No le parecio hacer mucha gracia porque me miro feo, y nisiquiera se dio el trabajo de contarlas, lo que es bueno porque todo daba 50 cobres.
-Las habitacion esta al final a la derecha. -dijo señalando un pasillo.- Atras de la casa esta el pozo y mas alla el baño. Que duerman bien. -creo que era la primera vez que escuchaba a alguien decir eso ultimo de tan mala manera.
Con nuestras cosas, nos instalamos en la habitacion con 6 camas. El sol ya se habia ocultado, y pronto encendimos una vela para iluminarnos.
Sali luego con una vela y junto con Malo a buscar un poco de agua en un balde. Porque al parecer la princesa Milana no podia hacerlo ella misma. Deje caer el balde hasta el fondo y luego lo subi con la cuerda. El agua era clara, y se veia el reflejo de la luna en ella.
Oi un ruido entre los arbustos, y de ellos salio un gato blanco. Malo lo miro y le gruño fuertemente, y el gato blanco retrocedio y se volvio a perder en el bosque, para no volver mas.
-Uhm...
Volvi adentro con los demas, y hervimos el agua para beber algo de te, y nos dormimos temprano. Mañana caminaremos todo el dia.

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9 Re: R.O.L. Beta el Sáb Mar 22, 2014 4:35 am

Cuándo Wendagon golpeó la puerta de la habitación,ya me encontraba sentado en el borde de la cama.
Me tomé la cara con las manos y exhalé una vez,con un gusto a muchos sentimientos juntos,que no sabría describir,pero podría decir cuál era su nombre. Sombra
Me vestí sin pensar en mucho más que quería seguir durmiendo.Ví que en una esquina de la amplia una había algo muy parecido a un tocador,con un espejo que parecía realmente caro,inclusive para mí.Ví mi reflejo,mi capucha tapando prácticamente todo mi rostro.Rostro que estaba pintado con las Anymas de la familia. Dos triángulos isóceles que ocupaban todo debajo de mis pómulos.Tres líneas debajo de cada ojo,y por último la corona de la gloria en el ojo derecho,recordando al primer del Valle.La causa de la pintura en la cara significa que un varón del Valle estaba cumpliendo un rito de madurez.En el caso de que sea una dama del Valle,la pintura se encontraba en los costados del vientre,jurando fertilidad ,y honor para los que vendrán.En los varones no era más que un amuleto de buena suerte y una distinción del resto.
Justo al lado del espejo se encontraba un pequeño retrato de una dama,cuya cara me resultaba demasiado familiar. Se encontraba en algo que se parecía mucho a el lago de las afueras de veringrad.Se encontraba con en prendas de dormir tan blancas,que casi eran transparantes.A pesar del tamaño del dibujo podía ver claramente la expresión de sus ojos.Y sus ojos parecían seguirte.
Con sus brazos cruzados y el viento revolviendo su pelo daba la sensación de frío.Las nubes grises en el fondo daban toda la sensación de lluvia.Abajo del retrato había una frase,o potencialmente el título de la obra,aunque estaba seguro de que era un retrato,la cuál estaba escrita en Alta Lengua.Ésta decía "Y la verdad los hará libres".
Casí podía sentirme a mi mismo viendo a la chica mientras era retrada.Sentía algunas pequeñas gotas de la llovizna.Veía como ella se frotaba los brazos para darse calor.Casí podía ver como la tormenta se acercaba.
Busqué mi arco y mi carcaj,me dispuse a ir a ver a Wendagon.Al bajar vi a una chica,me acerqué a ella,pero no la saludé,solo me quedé al lado de ella.
El viejo hacía dicho "los demás",así que seríamos uno más,por lo menos.Esperaba una misión solitaria,o tl vez ser parte de un ejército de 30 personas,pero no fue así.
Seguido de mí bajo un tipo de una apariencia extraña,y tenía un curioso gato.Luego otro tipo,y una chica más.Resulto que ese era el equipo,solo 5 personas,de las cuáles solo yo parecía apto.Realmente sentía que todo esto era una broma,no podía creer que un tipo como Wendagon juntara a esta gente,y les pagará una fortuna.El viejo llegó después y empezó a hablar.Estaba bastante indignado,por lo que no escuché demasiado de lo que habló.Recordaba que el tipo del gato se llamaba Ana,y eso me hacía poner más indignado,aunque también me daba un poco de risa.Terminé tomándolo con un poco de mejor humor,porque todo el asunto era demasiado raro.Laertes,algo en el oeste,este equipo,este viejo,dios mío,sí que va a ser un viaje largo. Para cuándo empecé a tomarmelo mejor,ya estábamos arriba de los caballos,yendonos de la Ciudad.
Recuerdo haber levantado un ceja cuándo el tipo del pequeño bolso,Cregh,dijo algo de poder movernos con magia.Tal vez había juzgado demasiado rápido a Wendagon,quién sabe que clase de poderes ocultaban esas personas bajo esos disfraces de tan bajo perfil.Sin embargo,desde el primer momento que ví a la chica herida,Aldara,sentí algo en ella. Sentí como que ella pudiera estaba en camisón al lado de un lago,mientras se viene la lluvia.Pero definitivamente,ella no era la del cuadro.
Una vez casi en las afueras de la Ciudad,Cregh,chasqueó los dedos y un brillo salió. Sonreí,pensando que esto se podía volver realmente interesante. Un blanco encegesedor nos cubrió. Inmediatamente sentí la adrenalina de estar suspendido en el aire,y luego de que el brillo se fue,me encontré cayendo en medio de unos árboles.Mi caída fue suave,pero me encontraba solo. Cuándo las cosas empezaban a mejorar,el pequeño hechicero la cagaba.

-Oh Wendagon,en que me metiste.

El viejo nos había avisado de no usar la magia,porque sentía una rara presencia sobre la Ciudad.Lo cuál llevaba a la posibilidad de que sea una casualidad y Cregh era un fracaso,o que realmente el viejo pudiese adivinar el futuro,o una mezcla de las dos.

Unos arbustos no muy lejos se movieron,y algo empezó a quejarse. Sin miedo,me acerque y vi que era Aldara.La chica seguía teniendo esos ojos de tormenta que tanto me llamaban la atención,le sonreí y le ofrecí tiernamente cargarla.

-No,gracias.-me dijo con una sonrisa fría,pero no falsa.

Le ofrecí la mano para que se levantará y la acepto.Mientras estaba quieta y parada podía ver como sus heridas en la pierna todavía no cerraban y por los golpes que habían recibido iban a tardar un buen rato en cicatrizar.Pero ella no se quejaba.Esa sensación de dureza es lo que la hacía interesante,e inmesamente poderosa.Su pesada respiración parecía cargada de algún veneno que ningún mortal pudiera resistir,ni la dosis más pequeña.Y sus ojos de tormenta,no quisiera estar en su contra cuándo llegue esa tormenta a nuestro mundo.

-¿Los demás?
-No pueden estar lejos.

Seguímos caminando por unos metros.

-Hey,deberías dejarme revisar tus heridas más tarde,no tienen buena pinta.-le dije,como tirando un tiro al aire.
La miré y seguía teniendo esa actitud de no aceptar el dolor,diciendome "Dolor,esto no es dolor." Pero sonrió con un poco menos de frialdad que la anterior.
-Seguro.

Su sonrisa se deshizo rápidamente,y continuamos caminando. Un grito no muy lejano rompió la quietud del bosque.Era Dalia,con una araña mucho más grande de las que cazaba cuando era más joven.Saqué una flecha y traté de disparar,pero un fuerte dolor en la espalda me lo impidió.La caída no había sido tan suave. Disparé 2 veces igualemente,pero sin lograr demasiado efecto más que hacerla tropezar.Dalia que de alguna manera seguía parada ataco,para luego dar lugar a 2 explosiones que rompieron con la paz del lugar totalmente.El tipo del gato había disparado con su revólver. Me acerque a la bestia para recuperar las flechas,mientras lo miraba con desprecio.

-Revólveres...-susurré.

Si había algo que creaba en mi el efecto contraria a lo que producía la Crystalina era el latido de los revólveres siendo disparados.Frío y sintético.Metálico.Sombra.



Caminamos hacia el sur hasta reencontrarnos con el camino,y de ahí hasta una pequeña posada,a unos cuántos kilometros de Laertes.El tipo que parecía llamarse Joseph,y no más Ana,trato de regatear el precio del alojamiento sin éxito alguno.El viaje fue bastante tranquilo,sin muchas palabras,solo caminando hacía delante sin preguntar nada.
Desde los 2 disparos del revólver me sentía diferente.La sombra había controlado los latidos de mi corazón,y ahora latían despacio y con miedo.Creo no haber dicho ninguna otra palabra en el día,solo me limité a tomar unos vasos de agua.Dormí como un tronco,sin pensar realmente en nada.Recordé lo que le había dicho a Aldara,pero supongo que se postergará para después.
No desayuné más que un vaso de agua.Salí afuera esperando a los demás. El cielo se encontraba nublado,y había bastante humedad. Una hora y media más tarde todos estaban listos para salir.El hechicero se mostraba fastidiado,y consultó con todos los demás tomarse una revancha con el hechizo.

-Realmente creo que puedo hacerlo,ya estamos lejos de Veringrad.Lo que sea que haya interferido con el hechizo está lejos de nosotros.

Todos lo pensamos pensamos 2 veces,temiendo en fallar y volver al bosque,pero terminamos aceptando. Cregh se concentró y junto fuerzas para lograr el conjuro.Chasqueó los dedos y el mismo brillo de ayer salió de sus dedos,y el mismo blanco nos cubrió.La adrenalina volvió,y sentir estar de nuevo en el aire.



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Si,llegamos a Laertes °L°. Estuve ocupado,y no pude darme el lujo de pulir más esta parte.

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10 Re: R.O.L. Beta el Vie Mar 28, 2014 7:55 pm

DALIA


Habíamos llegado a Laertes. El cielo era gris, por sobre nosotros, y el clima era pesado. Cregh había logrado movernos hasta la ciudad con éxito, y estaba lista para todo. Aun así, en las puertas no había nadie. No había ningún guardia.
Wendagon había dicho que no se permitía la entrada, ¿no? –Pregunte, girándome al grupo.
Sí. –Respondió Joseph, simplemente, mientras avanzábamos despacio. Pero parecía haber algo más en su mente, y no tardo en volver a hablar—: Pero, Dalia, ¿estás segura de lo que viste? ¿Cómo podes saber que quien este allí viene del Oeste?
Bueno… –Balbucee, y mis palabras se atropellaron entre sí, pero no estaba nerviosa. Creía en lo que había visto; solo necesitaba traer el recuerdo hacía mi—. Bueno… Wendagon me dio algo, cuando nos conocimos. Toco y mi pecho y empezó a salir una luz…
—¿En serio? –Ahora Cregh parecía interesado. Todos habían quedado a mí alrededor; el pasto húmedo se sentía bien en mis pies descalzos.
¿Hizo un hechizo en vos? –Dijo Ítalo. No miraba hacía mi, y hablo casi en un susurro; estuve cerca de no llegar a oírlo.
Sí. Él lo había dicho como si me hubiera dado una parte de su ser, la parte relacionada a ver mas allá. Sentencio que mis sueños serian ventanas a partir de ahora, ventanas a lugares más lejanos como puede ver él. –Mire a Cregh—. Me desmaye cuando el hechizo salió mal…
—…O fue bloqueado… –Mascullo él.
Y entonces pude verlo. Pero fue más que ver; fue entender. Ahí adentro hay una criatura con un pico negro, y está causando los disturbios.
¿Pico negro? –Murmuro Aldara.
Pueden haber muchos bichos en las ciudades… –Dijo Joseph, pensando.
—Tengo una buena idea sobre que puede tratarse. –Dijo Cregh. Di unos pasos hacia él.
Lo que nos dijo Wendagon, ¿no?
¿El viejo les dijo algo? –Pregunto Joseph, mientras que Cregh me asentía.
—Hablamos con el justo antes de salir; él llego a ver algo sobre el futuro. Dijo ver cuervos, pero vamos, se supone que solo quedan en Veringrad. –Cregh hizo un gesto para restarle importancia.
Nadie sabe que hay en el otro continente, o que puede venir de ahí. –Hablo Ítalo, y todos nos quedamos pensativos. Empezo a andar hacía la ciudad—. Entremos de una vez.

Laertes, como ciudad, era grande. No llegaba a ser la capital, por supuesto, pero las calles que yo había conocido de Lignus— un par de cuadras que fueron todo mi mundo por años— no eran ni una porción de este lugar.
La calle principal que nos recibió también estaba vacía, pero Ítalo pareció tensar su cuerpo y tomo su arco. La cuadra era muy parecida a las de Veringrad, empedrada y sin veredas. Todos estábamos atrás de él, y Aldara le pregunto que ocurría sin temer levantar la voz.
Joseph le puso una mano en el hombro, gesteando para que se callara, e Ítalo nos miro serio. Movió sus ojos a las casas a nuestro alrededor. Joseph hizo lo mismo. Yo las mire sin entender por un momento, pero pronto note los movimientos y sonidos. Esas casas estaban habitadas, había mucha gente en ellas, y todos estaban mirándonos. Desenvaine mi espada.
Hey… Dalia. –Me llamó Aldara—. No deberías sacar tu arma así; no queremos mostrar que buscamos agresión.
¿Qué? –La mire con perplejidad. En mi cabeza, mi espada significaba nobleza y protección; jamás la había visto como una amenaza. Le sonreí—. No seas ridícula, vamos.

Nos adentramos en la ciudad. Anduvimos una serie de cuadras, donde empezó a mostrarse gente; personas y bichos que nos evitaban y se alejaban lo más posible de nosotros en la calle. Nadie se veía en buen estado; todas las ropas eran sucias y los nenes parecían flacos.
Nos paramos en una esquina, sopesando, y yo me senté en el suelo.
Deberíamos buscar por un policía, o el templo de acá; algún edificio oficial donde podamos informarnos de cómo va la cosa. Por lo que sabemos, ese cuervo es nuestra única conexión con el Demonio; tenemos que llegar hasta él. Aunque si de verdad hay un conflicto pasando acá, quizá la policía ya no patrulle…
Mientras escuchaba a Joseph hablar, abrí mi bolso y revolví dentro de él. Pronto saque mi enciclopedia; era el libro que mamá más usaba para dar clases, y me había dado el día de mi partida. Pase mi mano por la portada con respeto, apreciando el relieve de un dibujo que mostraba al bicho dragón. Lo abrí, y empecé a buscar por la entrada sobre los cuervos. No me tomo mucho dar con la página. La enciclopedia los llamaba por sus nombres verdaderos, así que tuve que guiarme por el dibujo para saber que había encontrado lo que buscaba. Los huginn, cuervos, eran criaturas ave; pelaje negro y fino, gran estatura y con la capacidad física para hacer magia, aunque no era una tradición para su pueblo. Huh.  Podían volar…
—¡Eh, Dalia! –Me llamo Cregh—. Vamos, ya seguimos camino.
Ah, eh, sí.
Estaba levantándome cuando se escucho un trueno en la lejanía. Inmediatamente lo siguió un rumor; un grupo de gente se acercaba desde la calle de al lado, exclamando, mientras parecían perseguir a alguien, y lo estaban llevando en nuestra dirección.
¡¿Qué es?! –Exclamo Joseph, mientras mostraba su vara desde su túnica. Cregh también se paro en medio de la calle, esperando a lo que se acercaba. Ítalo aferro su arco con más fuerza, y Aldara y yo permanecimos mirando— sin entender que pasaba aun.
El murmullo se acerco, y finalmente dejo ver. La muchedumbre estaba persiguiendo a una mujer cubierta con una especie de mascara. Las personas que estaban con nosotros en la cuadra parecieron mostrarse furiosas. La mujer era anormalmente rápida, y mientras que parecía que nadie más estaba de su lado, nadie llegaba hasta ella. Pero se detuvo cuando una flecha entro en su hombro.
Pudimos escuchar su exclamación gutural cuando impacto contra el suelo; pronto la gente tras ella y quienes estaban con nosotros en la calle se reunieron alrededor de la mujer.
¿Y eso? –Dijo Joseph. Aldara y yo nos miramos. Ítalo, quien había lanzado la flecha, parecía mortalmente serio.
Mientras nos acercábamos al grupo de gente, Cregh se me acerco.
—¿La viste, no?
No llegue a tener una buena visión. ¿Llevaba una máscara?
—No era una máscara.
La multitud estaba fuera de control. Un par de personas mostraban intenciones de lanzarse contra la mujer, pero eso se estaba haciendo demasiado barbárico para mi gusto. Cregh trato de pararme, pero salte al centro de la gente y me interpuse entre la mujer y el resto.
¡¿Qué hacen?! –Exclame, levantando mi espada negra, sintiéndola como una parte de mi cuerpo.
—¡Es un demonio! –Grito una voz entre la multitud, desde donde podía ver miradas de desaprobación por parte de mi grupo.
¿Q-Qué?
Me gire en seguida. No era un cuervo… Seguía siendo una mujer. Aunque tenía esa mascara roja. Pero, ¿Dónde terminaba? No llegaba a ver que la máscara terminara en ningún lado. ¿Era posible que se tratase de su rostro natural?
Ítalo salto al frente, tomándome de un brazo con fuerza.
¿E-Es un bicho? –Le pregunte, ignorando los abucheos.
Es un diablo. Salí de ahí; no son asuntos nuestros.
Pero… –¿Qué era un diablo? ¿Por qué le hacían eso? Las preguntas se amontonaban.
Estas cosas no deberían existir. –Ítalo tenso su arco, y lo apunto hacía abajo, hacía la mujer. Todos los gritos cesaron. Y soltó la cuerda, y atravesó el pecho. Toda la muchedumbre estaba quieta.
Venimos buscando un cuervo. –Hablo Joseph, de repente, y todas las miradas se posaron en él junto a Cregh y Aldara—. Venimos en misión de búsqueda.
—Acá no hay ningún cuervo. –Dijo un hombre desde la multitud— . Están todos en Veringrad…
—¿Misión de búsqueda? –Lo interrumpió otro. Entendí que necesitábamos llegar a acercarnos al pueblo si queríamos conseguir información, por lo que me apresure en hablar.
Sí. Queremos parar lo que está pasando acá; para las muertes en la ciudad. Queremos buscar al responsable.
—Pero… –La gente se miraba, insegura, pero al final se nos acercaron—. Vengan.

Nos llevaron adentro de un bar, donde todos escuchamos toda la historia. Un grupo de personas entraron el cuerpo de esa diablo; era la primera vez que podían atrapar uno, y querían mantenerlo con vida. Mientras nosotros escuchábamos un grupo se esforzó por tratar las heridas del diablo, pero las flechas habían sido demasiado certeras. Y cuando el monstruo perdió la vida, y su rostro falso desapareció, pudimos entender que no se trataba de ningún diablo. Pero, antes de eso, escuchamos.

El relato fue breve y crudo. Miembros de las casas de señores de tierras habían empezado a morir; sus cuerpos encontrados siempre en el amanecer de un nuevo día. Estos asesinatos nocturnos eran aleatorios y anónimos. Sucediendo siempre por la noche, no podía adjudicárseles un responsable, ni podían culpar a otros señores de tierra. Y cuando llegaban a verse, los asesinos usaban mascaras rojas, lo que cubría su identidad.
Pero ahora sabemos que no eran mascaras. –Dijo Ítalo.
Miramos por encima de nuestros hombros, hacía la mesa del bar que habían vaciado y sobre la cual estaban tratando al diablo. El ciudadano en nuestra mesa, de nombre Marr, siguió hablando.
—Los señores de tierra le pagaron a la policía, a los altos puestos. Tuvieron a la ciudad sellada, cortaron las transacciones; pronto, cuando en las calles se hizo oscuridad total, se declaro un toque de queda. Todavía es de mañana, pero con las nubes que tiene el día –Marr miro por la ventana junto a nosotros; había empezado a llover y no podía verse demasiado hacía ninguna dirección— el día es bastante oscuro. Cuando realmente se haga oscuro, cuando el sol se ponga, no va a estar permitido salir a las calles.
Nosotros vamos a tener que salir. –Brame—. Esto no lo está haciendo ningún señor de tierras.
Marr pareció no hacer caso. Su mirada era abatida.
Pero nosotros pudimos pasar –Dijo Aldara—. ¿Dónde está la policía?
Yo soy policía. Todos dejamos el servicio el día anterior; gente era arrestada y gente era asesinada, y nada tenía justificaciones. Nadie era culpable. ¿Y ahora ustedes me dicen que ni siquiera era obra de un señor de tierras? –Marr se cubrió la cara—. Si quieren salir por la noche… háganlo. Ya murieron bastantes…
Tenemos que encontrar a ese cuervo. –Susurro Joseph.
—Pero no lo entiendo. ¿Cómo puede un cuervo hacer esto? ¿Cómo puede alguien? ¿Hace aparecer a los diablos o algo así? –Dijo Cregh. Todos permanecimos en silencio unos momentos, aceptando que no teníamos forma de resolver esa cuestión.
Lo importante –Dijo Ítalo— es encontrarlo. Esta noche, encontrar esa capucha negra.
Fue entonces cuando sucedió. Los gritos, los gemidos y el temor que se extendió por todo el local. El diablo no lo había logrado; su alma abandono la tierra, y en su lugar yacio el cuerpo de un humano.

Nos quedamos mirándolo, perplejos.
¿Cómo es posible? –Dijo Joseph.
—¿El diablo no era un diablo? –Murmuro Cregh.
—¡Dioses!  –Exclamo una mujer, abalanzándose sobre el cuerpo—. ¡Tim! Tim…
Empezo a sollozar. Ítalo le pregunto a un viejo junto a él quien era Tim, y este explico que era un habitual del bar; solo un joven. Tomaba algo luego del trabajo. Ni siquiera podía pelear. Y lo habían convertido en un monstruo. De sus manos todavía brotaba un hilo de humo de diablo.
Todos intercambiamos miradas.








Spoiler:
Para que no queden dudas, el cuervo usa una sustancia para convertir gente en diablos y sembrar discordia, pues viene del Oeste. La sustancia puede ser un polvo especial, como los que tiene Heir en bolsas (se ven en mi parte anterior); con esas sustancias se puede hacer magia sin tener la capacidad. Esto no es muy elaborado así que pueden cambiar lo que quieran. Iba a hacer una parte de Heir, también, pero va a ser más fácil planear bien lo suyo después de que sepa cómo termina nuestra estadía en Laertes.


_________________
La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
Spark-a-dark, who's my sire? Will I lay me? Will I stay me? Bless this camp with fire.



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11 Re: R.O.L. Beta el Lun Mar 31, 2014 5:30 pm

Croft

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Laertes se encontraba frente nosotros, sus muros grises se encontraban intactos, pequeños, pero sin daño alguno, si algo había pasado debía haber sucedido en el interior. Afuera de la ciudad habia mas evidencia de eso, a la distancia podíamos ver granjas y sembradíos todos intactos, lo único raro era la falta de gente, estábamos justo en la entrada de la ciudad en el camino principal, debería estar lleno de gente.

Logre movernos con éxito hacia Laertes esta vez, las puertas estaban abiertas y no había ni un guardia protegiéndolas. Mientras caminábamos hacia la ciudad Dalia nos explicó como vio a un cuervo en la ciudad, al parecer wendagon le había transmitido la habilidad de ver cosas en sus sueño, cosas que están sucediendo en otro lugar o cosas que ya han pasado. Es cierto que es posible, pero también es cierto que es poco común que alguien pueda hacer eso. Aunque hasta ahora todo lo que el viejo había dicho parecía ser verdad, confiaba en que Dalia no mentía.

Adentro la ciudad estaba desierta, podíamos ver el ocasional rostro mirándonos a escondida desde una ventana, cuando por fin encontramos gente todos se nos alejaban y andaban con cautela, no ayudaba que Dalia se encontraba con su abrecartas desenfundado. Estábamos buscando a un guardia cuando vimos una diabla correr mientras una multitud la perseguía, Ítalo le disparo una flecha que la tumbo de inmediato, la multitud se acercaba a la mujer con todas las intenciones de terminar el trabajo de Italo cuando Dalia salto al frente de la mujer a defenderla, la punta negra de su lápiz apuntando a la multitud.

Italo calmo la situación disparándole al diablo o diabla, su sexo era cuestión de debate ya que al morir nos enteramos de que era un joven, humano. Eso fue despues de que Marr, un policía de la ciudad, nos contase la situación, al parecer los señores de las tierras estaban cayendo como moscas, asesinados por diablos, eso causo que la ciudad se aislara para investigar la situación, pero luego los guardias arrestaban y asesinaban personas sin juicio o evidencia alguna, ahí fue cuando el caos empezó, ahora las calles no están protegidas y los guardias en sus casas.

—¿Y la gente, apenas vimos unas cuantas personas? — pregunto Dalia.
—¿Muertos? — le respondi.
—Algunos, otros huyeron cuando se abrieron las puertas de la ciudad hace cinco días. — Dijo Marr.
—¿Pero que están esperando, porque la guardia no pone orden? —le pregunto Aldara a Mar.
—Los guardias que quedábamos tratamos de hacerlo, pero despues de las ordenes de ejecutar y el toque de queda muchos se fueron, nos quedamos sin ordenes, lideres o alguna misión.
—¿Y quien dirige la ciudad? — tenia que haber alguien en control de la ciudad.
—Desde hace un año que estamos sin señor, fue asesinado, seguro eso tambien fue parte de todo esto, mientras esperábamos respuesta del reino sobre quien iba a ser el nuevo señor de la ciudad, un consejo de señores de tierra, comerciantes y líderes de las casas políticas se formo para dirigirla mientras. Cuando todo empezó y las puertas se cerraron, varios generales se sumaron al consejo para controlar la situación, no hemos sabido nada mas de ellos desde el toque de queda.

De hecho, antes de abandonar la guardia, otros soldados y yo fuimos a la Sala legal, donde el consejo se reunía para controlar la ciudad, vacía, de hecho toda la zona estaba vacía, el palacio del señor de la ciudad estaba vacío, aunque ese estaba sin ocupantes desde la muerte del anterior señor, pero aun mas extraño es que todas las casas de los señores de tierra están abandonadas ya sea porque fueron asesinados o huyeron, excepto una casa. La residencia de Elderan, tratamos de acercarnos pero estaba rodeada de mercenarios, totalmente protegida del mundo exterior.

—¿Y quien este Elderan? —Dalia se estaba impacientando con tanta charla. —¿Necesitamos información, quien dirige todo esto, es el?
—Elderan siempre fue extraño, siempre andaba con varios mercenarios protegiéndolo cuando salía, y no formo parte del consejo cuando se formo, a pesar de ser uno de los comerciantes mas ricos de la ciudad. Estoy seguro de que el debe saber algo, aunque dudo que forme parte de esto, siempre fue precavido
—Bueno que esperamos, busquemos a ese tal Elderan— Dijo el vagabundo mientras se paraba de la mesa.
La lluvia ya estaba empezando a pasar, pero ya debían ser al menos las cinco de la tarde, pronto el sol se escondería.
—No pueden salir, pronto va a ser de noche y varios de los guardias que abandonaron la policía formaron una banda, salen de noche a robar a quien se encuentren, eso si tienes suerte de que no te maten primero.
—Tenemos que irnos ya. —Dijo Italo.
—Aca tenemos una habitación, los cinco podrían dormir en el suelo, descansar en la noche. —ofreció Marr.
—No podemos descansar, debemos salir ya.—Respondió Italo
—¿No podemos? —Aun estaba cansado de la caminata por el bosque.
—No, no podemos—Dijo el idiota del arco.

Y asi sin descanso alguno partimos en busca de Elderan, pronto se hizo de noche y andábamos a oscuras tratando de encontrar la casa de Elderan según las direcciones que nos dio Marr.

—¿No puedes hacer algo de luz con tu magia? —Me pregunto Dalia.
—Claro, asi cualquiera con un arco o ballesta solo tiene que apuntar a la bola de luz flotante para dispararme.
—hmpf— El arquero soltó un soplido mientras cogía una antorcha apagada y la encendía con algo que saco de su túnica, mejor el que yo.

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Spoiler:

El Elderan puede ser el que nos informe de la situacion, de como paso todo y demas, o tal vez es el que esta detras de todo y donde se encuentra el cuervo, dejo todo para que fab se encargue ºJº

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12 Re: R.O.L. Beta el Lun Abr 07, 2014 2:49 am

Laertes estaba mucho mas tranquila que cuando la habia dejado. La gente ya no parecia estar matandose entre ella a cañonazos, pero la ciudad se veia... desordenada. Algunos escombros por las calles, algunos edificios por el suelo, y los que tenian daños estaban arreglados muy a la rapida. Entendible, considerando que en cualquier momento podian haber problemas.

Nos dirigimos a la plaza, para buscar informacion y quizas algun lugar donde alojarnos, ya que se sentia ese caracteristico aire de lluvia. Pero en el camino nos encontramos con algo... raro. Bueno, raro para mi al menos, para el del arco al parecer no tanto. Y he visto cosas.

Una persona con una mascara roja escapaba velozmente de una multitud que trataba de matarlo. Pero la mascara no era una mascara, era en realidad su rostro natural. Excepto que tampoco era su rostro natural, era una persona que habia sido transformada en un... "diablo". Por alguien. Y si... Dalia, estaba en lo correcto, ese alguien es el cuervo al que buscamos.

Un policia, Marr (parece que todos los nombres de policias y guardias que encuentro empiezan con M) nos explico la situacion una vez dentro de un bar, y nos ofrecio alojamiento. Pero aunque habia llovido un poco, y amenazaba con seguir despues, no teniamos tiempo que perder. Sin los caballos, debiamos apurarnos para llegar a la costa. No podiamos pasar mas de dos dias aca buscando cuervos. Salimos en busca de Elderan, el unico señor de tierras que quedaba vivo en la ciudad. Era la unica pista que teniamos, y posiblemente supiera algo. Y si no, el cuervo y sus diablos debian ir tras el.

Llegamos a la plaza y continuamos al Alto Distrito, lo que es extraño porque parte del camino parecia ir en bajada. Encendimos una antorcha cuando cayo la noche y por lo que Marr dijo sobre las noches en Laertes, decidi llevar mi revolver a la vista para que cualquiera se lo pensara dos veces antes de atacarnos.

Habian velas encendidas en las casas, pero realmente no habia un alma afuera. Ocacionalmente mirabamos atras, esperando a alguien que nos estuviera siguiendo. Pero estaba tan vacio hacia atras como hacia adelante. Mas de una vez me sobresalte cuando crei ver una sombra, que era en realidad Malo que se confundia en la oscuridad.

Y en medio de la completa oscuridad, nos encontramos con luces brillantes al final de la calle. Una entrada resguardada. Varios hombres armados cuidaban un arco que se veia algo dañado. Mas atras, muy bien iluminada con extrañas lamparas mas brillantes que las velas, se encontraba la mansion de las que nos hablo Marr. Esta era la residencia de Elderan.

Por supuesto, al acercarnos a unos metros de la entrada los guardias nos amenazaron con sus armas.
-¡Alto ahi! ¡¿Quienes son ustedes?! -nos grito uno mientras nos apuntaba con un arco. Levantamos las manos, y cuando recorde que llevaba el revolver a la vista, lo escondi.
-Venimos a ver al señor Elderan. Necesitamos hablar con el. -le dije al guardia, que me miro igual de serio sin bajar el arma.
-No.
-¿Pero que--? -eso fue... inesperado- Oye, es importante que hablemos con el. -le reclame, pero al tipo parecio no importarle.
-No me importa. Vayanse.
-Escucha, si no nos dejas hablar con el-- -empece a amenazar, pero el sujeto me interrumpio
-El señor Elderan no espera ninguna visita. -y apenas dijo esto, otro guardia grande se acerco desenvainando lentamente su espada.
-Sabemos quien esta tras los asesinatos. -dije mientras retrocedia- Pero necesitamos hablar con Elderan.
-. . . -ni el bruto de la espada ni el del arco parecian interesados
-Buen plan Joseph. Diles como vas a dejarlos sin trabajo. -me dijo Cregh susurrando
-¿Y que quieres que le diga, que nos envio un viejo que no conocemos?
-Venimos de parte del señor Wendagon de Veringrad. Buscamos a un huginn que esta detras de los diablos y los asesinatos -dijo Dalia, pero a nadie parecio importarle. El de la espada corrio hacia nosotros y entonces nos alejamos de el y de la mansion. Nos persiguio hasta volver a la oscuridad, y el sujeto se quedo en donde estaba hasta que nos fuimos.
-Ok, eso no salio bien... -dije apenas giramos en una calle. Los demas solo me miraron desanimados.
-¿Y ahora que hacemos? -pregunto Dalia, esperando alguna idea de parte de nosotros.
-Tecnicamente Wendagon nos dio la mision de ir al continente de oeste. Deberiamos apegarnos a eso y a nada mas. -dijo Cregh al parecer queriendo seguir con lo nuestro- Este es asunto de Laertes. No vamos a ir de pueblo en pueblo arreglando los problemas de la gente.
-Pero esto es importante. Ese cuervo viene del otro continente. -le reclamo Dalia, pero a Cregh no le importo.
-Wendagon nos hubiera dicho que era importante.
-Este no es el momento de discutir que es importante y que no. -dije interrumpiendo la pelea antes que pasara a algo mayor- Concentremonos en ver donde vamos a dormir esta noche. Con el toque de queda, encuentro dificil que haya algun lado donde nos reciban.
-Puedo discutir y buscar a la vez. -agrego Cregh. Lo mire seriamente, y al menos se quedo callado.
Las luces de casi todas las casas estaban apagadas ahora, y no habia luna ni estrellas que iluminaran. Solo quedaba la luz de nuestra antorcha para iluminar, asi que cualquier persona nos vera a calles de distancia.
-Si los poderes de Dalia vienen de Wendagon, entonces tiene que ser importante. Puede que el mismo vea ahora lo que vio Dalia. -dijo Aldara.
-Mañana vamos a planificar algo. Hablar con los policias que quedan, con la gente, no se. Quizas mañana nos reciba Elderan.
-Lo dudo bastante.
-Bueno, algo hay que hacer. Si mañana en la noche no... -me detuve donde estaba. De pronto Malo estaba mirando atentamente hacia atras, y me gire para ver. Los demas hicieron lo mismo, preparando sus armas para pelear. Pero nada ocurria. No parecia haber ningun ruido alrededor, ni ninguna luz. Malo miraba y escuchaba alrededor, y entonces se giro completamente y gruño fuertemente hacia el callejon a menos de un metro de nosotros.
Cuatro sujetos con uniformes de policia salieron corriendo del callejon, y antes de poder reaccionar uno de ellos me dio un puñetazo directo en la cara, derribandome, mientras los otros atacaron al resto. Una flecha salio disparada sin darle a nadie, y la antorcha cayo al suelo. Un grito desgarrador se escucho, y cuando mire, Dalia le habia hecho un corte a uno de los sujetos con su espada. El del arco estaba inmovilizado, y Cregh estaba en la misma condicion que yo a menos de un metro de mi, con el sujeto que me golpeo sujetandolo en el suelo. Aldara estaba detras de Dalia, y un sujeto con un cuchillo se les acercaba amenazantemente. Me levante de inmediato y corri hacia el que me golpeo, pero este se levanto e intento atacarme con una daga. Retrocedi y tomando la vara, intente golpear al sujeto de lejos. Este logro agarrar la vara y me tiro hacia el, tratando de enterrarme la daga. Solte el palo y cuando se lanzo sobre mi para atacarme, Malo se subio de un salto a su espalda y empezo a arañarle el cuello desde atras, logrando sacarle sangre, y de un salto se bajo cuando me acerque.
-Hijo. De. -con el impulso le di un golpe con la izquierda en el estomago al sujeto, que retrocedio hasta apoyarse en la muralla- ¡¡PUTAAAAAAA!! -y con la derecha, le di un puñetazo en la cara, aplastandole la cabeza contra la muralla de la casa, y cuando cayo al suelo, le quite la daga.
Cuando me gire al resto, ya habian retomado el control. El del arco tenia incluso tirado frente a el a uno de los sujetos, y le apuntaba con una flecha. Los otros dos estaban con algunos corte de la espada de Dalia. Cregh tomo la antorcha del suelo, y espanto a los sujetos, que se fueron apoyandose entre ellos. Cregh los miro un poco mas, concentrado, y la ropa de uno de ellos aparecio una pequeña llamarada de fuego.
Dalia suspiro, y el del arco guardo su flecha. Unas palmadas se oyeron luego.
-Si va a ser asi el camino no tenemos las de salir vivos. -comento Cregh, y me acerque a el y tome la antorcha. Con ella, me dirigi al callejon anterior, donde Malo escucho por primera vez el ruido, e ilumine el lugar. En un lado, habian varias mantas tiradas en el suelo.
-Aqui. -dije pasandole la antorcha a Cregh que estaba al lado mio, y tome algunas de las mantas, las puse al reves, y me recoste en el suelo, dejando los 4 colchones al resto para que usaran. Los demas se miraron entre ellos, pero no dijeron nada e hicieron lo mismo que yo.



Despertamos cuando el sol nos llego directo en los ojos. Teniamos algo de sueño aun, pero teniamos que movernos si queriamos saber algo sobre el cuervo. Y como desde ayer en la tarde que no comiamos, buscamos un restaurante. En el que entramos habian 3 personas solas en sus mesa respectivas, mirando a cualquiera que se acercara. Por otro lado, el mesero era joven, y parecia indiferente ante todo. Esta gente no estaba muy bien al parecer. Pedi una leche y pan con mermelada de frutilla, y Malo pidio un pollo. Bueno, no lo pidio el realmente, pero se entiende la idea. Y al final pidio un whisky. Nos fuimos del restaurante antes de que se pusiera odioso.
De vuelta en el camino, nos dirigimos a la plaza. Esta vez, para preguntar a cualquier figura de autoridad que hubiera, aunque fuera solo un policia retirado, o no fuera autoridad. Pero, quizas para suerte nuestra, la autoridad llego a nosotros.
-¿Ustedes son las personas que preguntaron por el señor Eldenar anoche? -dijo un hombre a caballo que nos habia encontrado.
-Si, lo somos. -le dije. El tipo giro el caballo en la direccion de la que venia.
-El Señor desea verlos. -no hubo mas que decir. El sujeto guio el camino de vuelta a la mansion de Eldenar. Y pronto, nos sentamos en una sala con el.
-Y ustedes, ¿quienes son?



Última edición por Fabianpx el Miér Jun 04, 2014 9:02 pm, editado 1 vez

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13 Re: R.O.L. Beta el Miér Abr 16, 2014 12:03 am

Ítalo


El aterrizaje fue mejor,y la precisión impecable.Ya estábamos en Laertes.


Si bien todo era parecido,la esencia de la ciudad no era lo mismo. Estaba muerta,completamente. Sus calles eran de color gris opaco,que se fundía perfectamente con el color del cielo,y con la esencia del lugar. La ciudad despedía olor a muerte,y agudizando lo suficiente el olfato se percibía la saturación de cenizas el aire.
Volteé para ver a la de ojos de tormenta.Sus ojos reflejaban lo mismo que veía en las calles de la ciudad que hacía 2 años que no visitaba,con la excepción de su mirada estaba viva,en cambio lo que fuera que sea Laertes no.
Imaginaba por todo lo que la gente paso,la gente inocente, para llegar a esto. Mirandonos con miedo detrás de las cortinas de sus hogares,con miedo,frío,hambre. A pesar de ser un del Valle,entendía esto a la perfección.La sombra me hizo me entender mucho mejor el dolor ajeno,aunque la sangre que corre que heredé diga lo contrario.

La suciedad se arremolinaba con el viento,y cada vez que soplaba con dirección al Oeste la fragancia de la sangre no tardaba en cubrirnos.Los cadáveres escondidos en los callejones,los ahorcados colgados en los postes a la lejanía.Dioses,¿qué era esto?

Sin darme cuenta,ya tenía el arco en mi mano y la sombra palpitaba fuerte en mí.
A pesar de mi buen olfato,no pude olerme a mí mismo,mi temor.Estaba asustado y no noté cuánto lo estaba.Inclusive tapado por mí sombra,no había sentido ese miedo y los escalofríos que Laertes me transmitían ahora.Todo esto era un matadero envuelto en una muralla.La gente había sido reducido a corderos. Con el único culpable de ese puto cuervo.
No fue hasta que descubrimos la identidad del chico que había tomado la forma de un diablo que todo se volvió personal.Mi puntería fue certera,como siempre,a pesar de que hubiera deseado ser menos preciso,o al menos no dejarme llevar por los rumores que corrían en los bares de Veringrad. Ver el rojo intenso de su cara me hacía pensar en que le había hecho un favor en matarlo.
Su nombre era Tim.

Me quedé contra una columna del bar apoyado,meditando los úlimos instantes.El olor a sangre ya no presentaba ningún temor.Con el correr de las horas,lo único que hacía era enojarme más y más,queriendo terminar con este asunto lo más rápido posible.

Tenemos que irnos ya. -dije impaciente,pero desde mi posición contra la pared.
—Aca tenemos una habitación, los cinco podrían dormir en el suelo, descansar en la noche. —ofreció un oficial.
No podemos descansar, debemos salir ya.
—¿No podemos? —dijo el mago,sonando como un niño.
No, no podemos.

La noche no tardó en caer,y tuvimos que buscar una antorcha para alumbrarnos.El paisaje era demasiado oscuro,lo que escondía lo trágico de la ciudad,y el viento ya no traía el hedor a muerte que traía.Así que todo iba bastante mejor.Me atrevería a decir que estaba tranquilo.Y hasta relajado. Se me antojaron unos vasos de Crystalina,y también unos mimos de mi reina.

A lo lejos se veía la casa de Eldenar,reluciente como un pequeño sol.Joseph se acercó y preguntó por ver al señor,pero los guardias negaron nuestro paso.Tenía una mano en la capucha,lista para sacarmela para dejar en evidencia la Corona de la Gloria,pero retrocedí.Los guardias parecían muy brutos para conocerla,y dada la situación en Laertes,decidí que no era una buena idea.

Nos atacaron unos imbéciles al irnos,y dormimos en una casilla.Por segunda vez consecutiva en mucho tiempo dormí como un tronco.Desde niño no conciliaba el sueño así de rápido.
Soñé,pero no podía ver nada,solo recordaba algunas sensaciones,muy difíciles de describir con palabras.
El sol pegaba en mi cara.Me gustaba amanecer de esa manera,con esa cálida sensación en mi cara.Aunque había niebla cubriendo la tierra,y el aroma estaba sumamente concentrado ahora.Por un momento dude si Dalia no estaba muerta al lado mío.
Mis compañeros se levantaron sin notar en absoluto el olor en el aire.Que suerte para ellos.
Desayunamos en un pequeño bar,y partimos hasta la plaza,a empezar a buscar al cuervo.Clara lo había llamado huginn.
Un policia montado llego en nombre de Eldenar,y nos guió hasta la mansión.Los guardias eran otros a los de la noche anterior.
Dentro de la lujosa casa del último señor de Laertes nos guiaron hasta una sala,donde nos recibió él mismo.
-Y ustedes,¿quiénes son?
Se produjó un breve silencio en la lujosa sala,mientras 2 guardias armados abrieron la puerta y se ubicaron detrás nuestro.
-Venimos de parte del señor Wendagon de Veringrad. Buscamos a un huginn que esta detras de los diablos y los asesinatos- repitió Dalia las mismas palabras que les dijo a los guardias.
El señor no cambió su mirada en absoluto,desde un principio estaba completamente vacía. Sus ojos se veían pesados como plomo,rodeados por un aura de color púrpura.Era un tipo fornido,de unos 40 años,aunque aparentaba bastante más.Estaba usando una camisa de altísima clase,con un pantalón y zapatos acordes.Un anillo de zafiro verde en su mano izquierda terminó de aclarar lo obvio.
-Wendagon...-susurró tomándose la cara
-Señor...necesitamos toda la información acerca del cuervo.
-No sé por que,pero siempre sospeché que era un puto cuervo.
Se creó otro silencio.
-Hoy,no puede ser otro día.Hoy va a atacar.
Nos miramos algo desconcertados.
-Bueno-dijo tomando cordura -Sé que hoy será el día en que venga por mí.Ya se encargó de todo el resto.Solo quedo yo.Yo.
-...
-Hoy termina la condena,esta maldita y larga condena.
Pudé ver realmente el cansacio de esta situación.El hartazgo,y también las ganas de llorar de felicidad por solo pensar en ser libre.
-Fueron muriendo,uno por uno,hasta llegar a mí,Eldenar,pero no podrá conmigo.Y ustedes llegaron para ayudarme.
Nos dió la espalda,y empezó a revisar en su biblioteca que tenía a su izquierda. Los libros brillaban,y parecían costar una fortuna cada uno.
Solo revisandolos y tocandolos para sacarse los nervios,se giró hacía nosotros.
-Gasté fortunas manteniendo a la policia de la ciudad,y no fue sufienciente.Tuve que armar un puto ejército y mantenerlo.Y aun así no me sentía seguro.Todo por un maldito cuervo.

La calidez en su cara era diferente,estaba sonriendo,convencido de que había encontrado la solución a su muerte,y se dejaba ver el rostro joven que mantenía detrás de la máscara de ansiedad,nervios y tristeza.

-Su llegada-dijo mientras nos invitaba a acercanos a lo que parecían planos de Laertes,y de unos edificios.-No pueden ser más que buenos augurios.Hoy se termina el ciclo de la cuarta luna.Y sus ataque fueron sistemáticos y metódicos. He estudiado cada uno de sus movimientos.-dijo con una sonrisa que rayaba la locura.

Cuestioné realmente la salud mental de Eldenar,sin saberlo él ya culpa a los asesinatos a un ente y no a una guerra civil sangrienta.Cuestioné cuántas teorías debía tener,y también pensé que debía tener una excusa para pensar que todas las noches el cuervo lo atacaría.

-Miren,miren,¿ven?Aquí,y aquí-dijo señalando en un mapa -Él mató a todo lo que consideraba amigos y familia.Saben...es..- su voz empezó a quebrarse,y las lágrimas se derramaron por sus mejillas.Sus rodillas cedieron y cayó al piso.Miré a los guardias que estaban atrás nuestro permanecían callados,mostrando un sentimiento vacío en sus rostros.

El silencio solo interrumpidos por el sollozo del señor se volvió más y más incómodo,nos miramos buscando una respuesta a que hacer.Derepente los sollozos cesaron y Elderan se incorporó lentamente,mirandome.

-La...corona...-dijo mientras acercaba su mano a mi cara y corrió la capucha-de la gloria...ESTAMOS SALVADOS!-gritó mientras sus gritos se fusionaban con una risa histérica.

Lo aparté y puse mi capucha en su lugar.Realmente no sabía como sentirme.

-Si usted lo dice...señor.-solté cuando la risa de Elderan pareció tener un final.

Una vez que secó sus lágrimas y se reincorporó volvió a dar una imagen de un hombre estable y completamente cuerdo.Aunque en sus ojos todavía rojos se podía ver por toda tensión que aquel hombre estaba pasando.Elderan ordenó llamar a todos los guardias para que estén toda la noche en su mansión,sin importar el costo.Luego de gritarles un poco tenía un aspecto mucho más serio,a pesar de que cuando hablaba con nuestro grupo su voz se ablandecía bastante.Nos guió más tarde hasta un cuarto muy lujoso y bastante amplio.Nos sirvió un precioso almuerzo y nos dejo la tarde libre,ya que tenía otros quehaceres.
Nadie habló demasiado,había bastantes cosas para distraerse en la habitación.
Pero recuerdo que Dalia sacó un tema de conversación.
-¿Cómo encontraremos al huginn?-dijo mientras hojeaba un libro que saco de su bolso.
-Ya vendrá.-dijo el tipo del gato,realmente despreocupado.

Dalia lo miró bastante feo.

-No vendrá.Diganme que no fui la única que lo sintió.
-No,no sos la única.-dije sin sacar la vista de la ventana.El día era nublado,de un gris muy particular.El color y la textura de las nubes me hacían recordar al cuadro de la casa de Wendagon y eso a la chica de ojos de tormenta,la cuál justamente no estaba en la habitación.-Lo de las lunas,lo de mi corona.Realmente no creo que signifiquen algo.
-Y no podemos irnos sin arreglar este desastre.Por cierto,Ítalo,¿qué signfican las marcas de tu cara?¿Sos un del Valle cierto?

Un escalofrío me recorrió de cabeza a pies,y la sombra dijo presente.

-Nada especial,simboliza que estoy en una misión familiar,por decirlo así.Esta en particular simboliza lo que la mayoría de la gente conoce por un rito de madurez.En mi familia hay varios de estos "ritos de madurez" ,haciendose cada vez más complicados de lograr.Lo que da cierto status en la familia.En mi caso,este es el último.-dije desinteresado.
-¿Y esa cosa de tu ojo?¿Por que Elderan se emocionó tanto al verla?
-Mi familia tiene un origen con cierta intervención divina y supongo que el hecho de que un del Valle venga a ayudar lo hace pensar que sus cálculos astrológicos son acertados.Supongo que es algo así.

Se produjo un silencio en la sala.

-Hey...-dije mientras me volteaba para dirigirles la palabra-¿Ustedes no sentían el olor en la calle?

Los dos me miraron sin entender.

-Nada,olvidenlo.

Por suerte la casa de Elderan estaba perfumada con fragancias muy potentes(y caras) que neutralizaban el hedor que venía de afuera.
Decidí tomarme una siesta por la tarde,ya que no había nada para hacer. Cuando estaba por dormirme, me di cuenta que el mago tampoco estaba en la habitación.


¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯

Ella juega con su pelo y me mira. Lo enrolla en su dedo índice izquierdo,sin sacar la vista de mí.Abre la boca,como para decir algo pero se queda callada.
La curva de su sonrisa es simplemente perfecta.No hay sombra,solo paz.¿Qué es este lugar?¿Dónde estoy?...¿Quién es ella?
Busco un punto de referencia en las paredes tono sepia.No existe olor que pueda reconocer de alguna experiencia pasada.Pero la música suena increíblemente relajante.Ella sigue ahí,jugando con su pelo.¿Por qué incluso los colores parecen tan vivos?


¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯¯

-Ítalo,Ítalo,despiertate!

La habitación estaba en completa oscuro.Había dormido por horas.Que bien estaba durmiendo últimamente.

-ÍTALO!-gritó tirandome del brazo.

Me paré y Dalia me arrastró hasta afuera de la habitación.Ahí pude ver su pálidez y sus ojos completamente abiertos.Por los pasillos corrían varios guardias,todos con dirección al patio frontal.

-¿Qué pasa?

Había varios guardias en ronda,en la esquina derecha del patio.Se escuchaba una tos fuerte y persistente que venía desde el centro del círculo.

-¿Qué pasa?-repetí.

Dalia desenfundó su pequeña espada y se acercó hasta la fuente del centro.Los guardias empezaron a separarse y a gritar ordenes.A medida que la ronda se abrió más y más,pude ver a un guardia arrodillada tosiendo sangre,con una garganta completamente al rojo vivo.Ese rojo subía lentamente tomando su cara,hinchandola y deformandola.Cuándo el rojo llego a la mitad de su cara,sus prendas comenzaron a incinerarse. No hacía falta más.
Corrí hacía la habitación para buscar mi arco y flechas.Volví por el pasillo con el arco en la mano izquierda y la otra en el carcaj,buscando una flecha.
Los gritos de dolor,envueltos en fuego,ocupaban la toda la atención de los presentes.Su cara ya era toda roja completamente,no se necesitaba ser un genio para saberlo.Era un puto diablo.
Cubierto de fuego,siendo visto por todos sus ex-compañeros,me paré enfrente de él y apunté a su ojo izquierdo.Cayó de espalda al suelo,donde siguió incinerandose. En su cuello se habían empezado a formar esa piel de color negruzca con intervalos rojos y textura rocosa que distinguía a los diablo.
Podía sentir el olor a su sangre siendo evaporada.
La escena se torno como una ceremonia de bárbaros,con un cadáver en el medio de todos los presentes.Solo faltaba música y bailar alrededor.También podríamos decorarnos y vestir las tripas de los vencidos.
Retiré la flecha de su ojo y la guardé en el carcaj.
Un diablo en esa noche,no podía ser coincidencia.Miré a la luna,la cuál estaba terminando su ciclo en ese preciso instante. Eldenar...no se había equivocado.
La cuarta luna terminaba su ciclo,iluminando una pluma negra a solo metros del guardia-diablo.


El sonido de un revólver retumbó en la noche.Un sudor frío recorrió por mi cara y mi corazón casi se apaga,para luego latir endemoniadamente rápido.¿Dónde carajo estaba Eldenar?
Corrí hacía dentro temiendo lo peor,aunque lejos estaba imaginar lo que seguía.
Una llamarada iluminó la mansión,mandado por los aires el portón que daba a la calle.Las flechas de los guardias no tardaron en caer sobre los diablos que se apróximaban,con su velocidad inhumana.
Salté una cerca y alcancé a Dalia,que corría a la casa.

-El cuervo esta acá.Encontralo,y a los demás chicos también.-le dije tomando una flecha y pegandome contra una columna-Tené cuidado.

Los diablos se desplazaban a una velocidad asombrosa,con saltos que doblaban a lo que un hombre podía lograr en sueños.Y como si fuera poco,lanzaban fuego de sus manos,lo que hacía todo mas difícil.La primera batalla frente a los guardias armados con espadas y lanzas fue perdida en un santiamén,ya que fueron incinerados instantáneamente.Desde la distancia se los podía combatir mejor,pero los inexpertos arqueros fallaban mucho de sus tiros y eran alcanzados y quemados vivos.
Los guardias estaban siendo masacrados por los diablos,y no se podía hacer mucho por cambiarlo.No mucho más que seguir teniendo buena puntería.
Los rojos comenzaron a incendiar el frente de la casa,donde nos encontrábamos la mayoría de los arqueros.Se hacía difícil apuntar con el calor sofocante en la cara.Pero mi puntería siguió siendo impecable.Llevaba 7 diablos.El problema es que eran cerca de 50. Seguí disparando,a un ritmo más apurado.Siempre apuntando al pecho,sabiendo que con una flecha bastaba con matarlo,o con menos suerte,tumbarlos.Muchos de los aliados incinerados corrían a la fuente a tratar de salvados por el agua,aunque solo eran recibidos por más fuego.
El calor ya era totalmente insoportable bajo el techo de la entrada de la casa.La madera comenzaba a crugir,dando los primeros sintomas de debilidad.Dentro del a casa el alivio sería corto,pero no podíamos hacer otra cosa.Del posible centenar de guardias de Eldenar,solo quedaban 15.
Una vez dentró de la casa,tomamos posición arriba de las escaleras,esperando la entrada de los diablos.Desde las ventanas ahora solo se podía ver el fuego tomando lentamente la mansión. Los tirantes del techo comenzaban a derritirse y caer sobre nuestras cabezas. Los diablos estaban haciendo un trabajo impecable neutralizandonos.Seguímos adentrandonos más en la casa,tratando de evitar el fuego.
Sentíamos que se acercaban,que estaban incendiandolo todo,pero no sabíamos donde estaban.
Los balas del mismo revólver de hacía instantes volvieron a sonar en la noche,aunque esta vez mucho más disimuladas por el terror que vivíamos.
Dando cada paso con temor a que la madera cediera por el calor,nos retraímos a la última habitación de la mansión.Solo quedabamos 9.



Última edición por Bake el Jue Abr 24, 2014 6:27 pm, editado 1 vez

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14 Re: R.O.L. Beta el Mar Abr 22, 2014 11:01 pm

Aldara

Spoiler:
la historia no agrega nada, es nomás ponerme en la misma fecha que ustedes

______

Envuelta en una manta en un callejón frío y húmedo, de pura madrugada, con gente que no conozco, no puedo más que evocar todo lo que estuvo pasando estos días. Morfeo no me visitará esta noche.

El grupo con quien debo llevar a cabo esta aventura, es por suerte muy gentil. Hay una chica, llamada Dalia, o Dahliah, o Daliah, que tiene una espada mágica; y tres chicos muy audaces. El más bajito tiene un gato, Malo, que me recuerda a mi Sissel. Los otros dos más grandes tienen apariencia muy fornida: uno parece ser hechicero y el otro porta unas flechas que varias veces ya nos sacaron de los apuros. Este último, Ítalo, no deja de mirarme, como si me conociera o algo así. Estoy algo paranoica.
Desde que me levanté que todo es muy confuso. Siento como si no estuviera inmersa del todo en la realidad y no dejo de recordar las últimas escenas en mi casa. Todo brilla demasiado y no logro estar atenta o concentrarme del todo. Con Wendagon hablaban de una guerra civil… no quise seguir preguntando porque ya sería una falta de respeto hacia ellos.

El hechicero, Cregh, nos teletransportó fuera de la ciudad, pese a las advertencias de Wendagon. Ese viejo sabe mucho. Aterricé sobre un gran montón de lodo, atrás de unos arbustos, machándome toda la vestimenta. Las heridas me ardían mucho, y mi dedo seguía negro. Tenía ganas de sentarme y llorar amargamente hasta que todo hubiera sanado, pero justo apareció Ítalo, ofreciéndome ayuda. No pude más que apretar los dientes con fuerza y correrme el pelo embarrado de la cara, sosteniéndome de su mano para ponerme de pie.

Cuando giré la cabeza, algo mareada, un bicho gigante había golpeado a Dalia. Me cubrí la boca con las manos y me escondí detrás de un árbol. Cobarde, pensé. Intenté ayudarlos con mis poderes, pero fue en vano: nada surtía efecto. Estaba debilitada y no podía fijar mi atención, me resultó imposible calentar el barro.
No obstante, no quise que nadie lo notara, porque sabrían que en el fondo no soy más que una chica débil.

Luego Cregh hizo el conjuro de nuevo (creo que antes había fallado porque alguien o algo lo bloqueaba) y llegamos a Laertes, la sucia ciudad donde ahora mismo me encuentro.

Nos recibió agitada: vimos una persona siendo perseguida por una horda. Traté con mis poderes hacer algo, pero tampoco lo logré. Me frustré. Ítalo le disparó un flechazo al hombro. Abrí los ojos como platos, ¿cómo era posible que lo atacara, sin saber siquiera por qué lo perseguían?
Lo miré. Su brazo seguía sosteniendo la posición hacia el horizonte, al igual que su mirada, distante. Parecía estar preocupado, pensando en cosas que sólo él de todos nosotros parecía comprender.
Me extrañé, pero no quise preguntarle nada porque ya estaba bajando el brazo, lentamente, moviendo sus pies hacia adelante. No quitaba los ojos de lo que luego me enteré era un "diablo".

Tampoco podría decirse que extraño mi casa, con el aliento alcohólico de mi madre saludándome cada mañana. Mis pies se acostumbraron a los pastos pinchudos, pese a que cada vez me preguntan si no necesitaría zapatos.

Lo próximo que recuerdo es ver a una mujer abrazando a Tim, el ya-no-diablo. Sollozaba desesperada, acariciándole el pelo. Se me hizo un nudo en el estómago y me fui hacia atrás de la ronda que se había formado, sin que nadie lo notara. Sólo Dios sabía cuánto esa mujer lo había amado. En la tierra barrosa, con su vestido oscuro, ella estaba muerta en vida.



Todo fue aclarándose de a poco, la caminata por la ciudad me refrescó el genio. Siempre ventilarse un poco hace bien. Estábamos buscando a un tal Elderan, el único sobreviviente. Nuestro camino luego debería tomar rumbo desde ahí.

Esto fue hace un par de horas: caminando, ya de noche, el gato se puso tenso, y el hombre bajito (María José.. o Ana José, quién sabe?) prestó atención. Al parecer confiaba mucho en su peludo amigo. Yo también apostaría lo que sea por Sissel.

Del callejón inmundo donde me encuentro ahora, surgieron cuatro personas con cara de pocos amigos. Nos rodearon. Miré de reojo a mis espaldas: uno de ellos se me aproximaba, cuchillo en mano. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Incapaz de calentar nada (el callejón sólo tenía la humedad de las paredes, y no serviría de mucho), empecé a temblar, apretando los ojos.

Una sucesión de imágenes me sacudió de pies a cabeza. Mis párpados me pesaban mientras mi mente divagaba, como si llevara días enteros sin dormir. Me ensordecí.
Por la mente se me cruzaron un par de ideas, cosas que parecían estar conmigo desde hace rato ya.

-----

- Yo sé que algún día me vas a olvidar, pero no te preocupes ahora, linda.
- Cómo podría? Sos como un padre para mí.
- No, nena, nunca nadie va a poder reemplazar a Alfonso. Contame, cuántos años tenés ya?
- Nueve.
- Voy a volver, Lali. Esperame.

----------

Esa voz sonaba increíblemente familiar, pero... ¿de dónde? ...! ¿Sería acaso posibl-

¡¡PUTAAAAAAA!!
- Ah?

Abrí los ojos frenéticamente. ¿Cómo podía haberme quedado dormida en un momento así? Por suerte ya mis compañeros habían tomado el control de la situación. Noté que alguién me observaba. Disimuladamente, miré hacia ese lado, sólo para ver cómo Ítalo me percibía, envuelta en mi palidez mortal.

----------

Así que acá estoy, pensando todo desde el callejón donde decidimos pasar la noche. Ya los primeros rayos de luz empiezan a filtrarse por los bordes de las paredes precarias. Pronto va a amanecer y me siento más sola que nunca. Todos parecen descansar muy tranquilos, cómo pueden?

Mi pierna sana lentamente, a mi desgracia. No siento mi dedo (el que me golpeé con las barras de la celda al noquear al guardia), afortunadamente, porque si lo sintiera, no sería más que dolor inmenso.

Hablando de la celda, quién sería aquel a quien le arrojé la llave...?





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Spoiler:
una mierda y re cortito pero si no posteaba me iban a linchar y con justa razón

no me maten, lkm, re lindas sus partes ;_;

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15 Re: R.O.L. Beta el Jue Abr 24, 2014 12:35 am

DALIA


El cuervo esta acá –Dijo Ítalo—. Encontralo, y a los demás chicos también. Tene cuidado.
Nos habíamos encontrado con Elderan, el último señor de tierras de la ciudad, esa mañana, luego de que nos hubiera mandado a llamar. Estaba seguro de que habíamos llegado a Laertes para protegerlo; incluso le había pagado a la desbandada fuerza policial para que protegieran su mansión junto a sus propios soldados. Basándose en el orden de los otros ataques del cuervo, que ni siquiera sabía que existía, había armado toda una teoría que conectaba a las muertes con los ciclos lunares, y estaba seguro de que esa noche era su turno. Estaba seguro de que había alguien a quien culpar detrás de todos los horrores, y que lo buscaba a él.
Sin importar cuanto de eso fuera cierto, o si su locura de la luna era verdad, no pensaba dejarlo morir. El huginn era nuestra mejor opción para saber más del Oeste, y no podíamos irnos sin él. Además, las dos noches anteriores mis sueños habían sido nublados… Todo lo que había visto eran cuerpos, pilas de personas removiéndose y sufriendo. Y había una sombra sobre todos ellos… El huginn.
¿Por qué hacía lo que hacía? ¿Qué lo movía a… tomar gente de esa manera, y usarla para matar a incluso más personas? No había ninguna ganancia detrás de sus acciones. Solo habían vidas destruidas, hogares que no volverían a ser lo mismo. La misma ciudad ya estaba arruinada, destruida por la desconfianza entre su propia gente. Mientras corría por los pasillos de la mansión, donde nos había permitido quedarnos, apretaba el mango de mi espada con fuerza, y sentía un gran deseo de ver al cuervo morir.
Destino nos había llevado hasta ahí, y él parecía pedir por Justicia.  No había otra explicación; cazar al mal del Oeste era traer justicia, al fin y al cabo. Los bichos no son como las personas, no era lo mismo acabar con su existencia. No había pecado en ello. Yo traería justicia en su juicio, yo me aseguraría, pensaba mientras corría por la multitud de guardias que pasaban junto a mí. Corrían en dirección contraria, hacia la entrada por donde surgían diablos. Ítalo parecía conocer a la raza; él podría contenerlos mientras buscaba al resto. Sí, él podría; tenía plena confianza en que cada uno seguía expresamente su rol.
El resto, el resto… ¿Dónde estaban? Aldara y Cregh habían pasado el día en otra de las habitaciones, y no los había visto en un par de horas. Era lo mismo con Joseph, sin embargo, que había estado conmigo e Ítalo; aunque sonidos de sus disparos resonaban por todo el lugar. Había estruendo por todos lados. Incluso escuchaba movimiento más allá de las paredes, afuera del edificio… Estaban rodeando el lugar.
Salí al patio trasero, en la otra punta de la planta. Ahí habíamos contemplado como un guardia se convertía en diablo, mientras todo su cuerpo cambiaba para aceptar esa existencia de fuego… Todo había sido una distracción. El cuervo había estado entre nosotros, había entrado a la mansión para convertir al guardia frente a nuestras narices, y solo había sido una distracción para que destruyeran la entrada principal. Y mientras todos los guardias se congregaban allá, no podía evitar preguntarme si eso no era solo otra distracción; si el huginn no estaría corriendo por los pasillos y acercándose al señor de tierras.
Todo el cuerpo me temblaba, tenso de energía que quiera ser liberada. Transpiraba, pero no sentía calor; no mientras sostenía el mango de mi espada negra. Me aferraba a él, y pensaba en mis padres. Me centre en sus rostros… Y estuve un poco más sosegada. Me revolví el pelo colorado, y mire distraídamente por encima de las paredes del patio. Eso daba a la ciudad… y había volutas de humo sobresaliendo por ellas. Diablos. No había llegado a reaccionar cuando aparecieron manos por encima de las murallas, y los salvajes empezaron a saltar adentro. Era la única ahí, además del cadáver; mire a mí alrededor, sin poder organizar mis pensamientos, buscando algún apoyo. Solo estaba la fuente de agua, y… Aldara estaba llegando desde adentro.
Iba a gritarle algo, pero me volví para enfrentarme con un diablo que ya estaba junto a mí. Se movían demasiado rápido… Sus cuerpos parecían humanos, pero la falta de consciencia hacía que se movieran más allá de sus límites, sin pensar en sus cuerpos. Levante mi espada, y apunte a su rostro. El impacto contra la roca rojiza apenas lo movió, y el monstruo salto sobre mí. Nos tiro al piso, donde apenas pude seguir sosteniendo la espada, y él cubrió mi rostro con sus manos. Empezó a surgir un calor… y pronto se hizo fuego.
Quería gritar, quería removerme, pero no podía oponer resistencia. Y entonces ocurrió algo. No sentía dolor alguno. Abrí los ojos como platos, mientras miraba el fuego fluir alrededor de mi visión como un rio de agua roja. Y mientras estaba hipnotizada con la imagen, Aldara quito al diablo de una patada.
¿E…Estas bien? –Pregunto.
Me arrodille, aun algo perdida. Mire la espada corta… y agradecí a mis padres, en silencio. Me levante.
Sí… Sí. –Me gire hacía ella—. Gracias… ¿Dónde estabas?
Estaba con el resto arriba –Empezó a explicar Aldara, mientras yo me ponía sobre el diablo derribado, y lo tomaba por la cabeza. Pase mi espada por su cuello—. Ellos estaban… Estábamos, eh…
Aldara corrió la mirada. Solo estaba acabando con su sufrimiento. El muerto empezó a recobrar forma humana.
Estaba el cuervo, el cuervo estuvo frente a nosotros en el pasillo.
¿Qué? –La mire.
Sí, ehh… Fue hace unos minutos; Cregh y el otro corrieron contra él.
¿Entonces qué haces acá…? –Empecé a preguntar, pero reconocí que ella no tenía ningún arma. Aun así, Aldara bajo la cabeza, avergonzada. No pude evitar preguntarme que podía hacer.
Hey, ¡atrás! –Grito, de repente. Antes de que pudiera girarme, una bola de fuego impacto contra mi cara; haciéndome girar en el aire y caer contra el suelo. Ninguna espada mágica pudo evitar ese dolor. Ya había tres diablos en el patio, y seguían trepando desde afuera.
Sabía que Aldara contaba conmigo. Me levante, temblorosa, y blandí mi arma por lo alto. Esta vez sabia a donde dirigir mi filo; sus cuellos se movían demasiado bajo la roca roja, pero el resto de su cuerpo llevaba piel. Así es que apunte a los torsos, y use mi espada como una lanza. El arma salía y entraba con algo de esfuerzo, cortando atravez de la tela y el cuero… pero esos no eran guardias con armadura, eran habitantes del pueblo. No era difícil atravesar. La sangre nunca se mantenía sobre el filo, que con sus propiedades mágicas la corría incesantemente y se mantenía limpio; y aunque algunos de esos habitantes transformados eran bichos, ninguno tenía una piel especialmente resistente.
Ya había acabado con cuatro. La temperatura del aire había subido demasiado. Apenas debían haber pasado sesenta segundos, pero se sentían como seis minutos.
Tres diablos se habían agrupado a mí alrededor. Intentaban rasgarme o quemarme; y las sacudidas me hacían daño aunque ellos no me penetraran. En medio del frenesí, no pude ver al otro diablo que había saltado desde afuera del edificio; solo note como corría hacia Aldara por el rabillo del ojo, y me di vuelta demasiado tarde.
Aldara empezó a correr y retrocedió hasta la fuente. Y cuando ya no tenía adonde huir, siguió adelante; saltando al agua. El diablo pasó a la fuente de un salto, también, con humo sobresaliendo incluso debajo de su piel roja.
Me saque al grupo que me rodeaba con un empujón, y corrí hacía Aldara sin pensar. Sin embargo, un empujón no había hecho nada; los diablos detrás de mí expulsaron fuego, y cayó en mis pies. Caí. Mi espada salió rodando.
¡A-AH!
Mi primer instinto fue levantar la mirada hacia Aldara. El diablo le piso un pie, haciéndola caer en el agua cuando estaba por salir… Le apretó un brazo con la mano.
De la mano empezó a salir humo… Iba a quemar.
Dos lanzas atravesaron los ojos del diablo. Y las lanzas empezaron a girar en sí mismas, como tornados en miniatura; y el diablo salió despedido por el aire. El impacto contra el suelo termino con él, quebrándole el cuello. Pero no habían sido lanzas. Estaban hechas de agua.
¿Eh…?
Me incorpore lentamente. Aldara, con los brazos en alto, estaba dirigiendo los dos brazos de agua. Se encontraba pálida. Pero debía ocuparme del asunto inmediato. Me voltee al grupo de diablos que me había hecho caer; los brazos de todos estaban en llamas. Pero a los pocos pasos, no pude avanzar; estaba demasiado caliente. ¿Qué? Mire mis manos. Las mire un momento más, y entendí; no estaba sosteniendo la espada. La había perdido.
Los diablos dispararon hacía mí. Salte a un lado, esquivando el fuego, y empecé a correr por la espada. Aldara, desde la fuente, dirigió otra de esas lanzas al grupo, llamando su atención y cortando a uno de ellos.
No tarde en llegar a mi arma, y unirme a la pelea.

Unos momentos después, el patio se encontró libre de diablos. Seguíamos viendo hilos de humo del otro lado del patio, que se elevaban hacía las estrellas, pero no parecían dispuestos a cruzar adentro de la mansión. Se sentía una vibración pequeña, y el rumor era constante.
Hm –Balbucee, entre jadeos—. Deben estar buscando quemar la mansión.
Si… Deberíamos subir –Dijo Aldara, junto a mí. Se encontraba empapada de la cintura para abajo, y podía ver que eso no ayudaba a la herida en su pierna. La apoyaba con flaqueza. Aun así, no creía que esa fuera la razón de sus temblores.
Hey… ¿te duele algo? Cregh no suele ponerse así luego de usar su magia… –Mi tono intento ser conciliador, pero ella solo reacciono con un salto.
No, no pasa… nada, deberíamos subir. Arriba está el cuervo.
Aldara dijo esto último casi en un susurro. Alce una ceja; no entendía cuál era el problema. Pensé en ponerle una mano en el hombro, pero recordé esa mañana en casa de Wendagon y retrocedí. No sabía cómo debía actuar fuera de mi pueblo.
En todo caso, Aldara tenía razón. Ya habíamos perdido demasiado tiempo. Si el cuervo estaba arriba, no podíamos perder la oportunidad. Corrimos adentro, donde seguía habiendo movimiento por la entrada, y fuimos hacia las escaleras. No tardamos en subir; el pasillo del segundo piso se encontraba vacío.
¿Por dónde…? –Susurre.
La duda no duro más que unos instantes. Enseguida apareció Cregh, corriendo desde los cuartos con todos nuestros bolsos encima. Aldara y yo nos apuramos en llegar hasta él.
¿Qué haces? –Pregunto ella, mientras Cregh liberaba aire aliviado y dejaba el equipaje en el suelo.
—Gracias a los dioses… Joseph se perdió por los cuartos más adelante, y yo fui a buscar nuestras cosas.
¿De que estas hablando? ¿Por qué necesitaríamos tenerlas encima? –Exclame, incrédula ante la idea de dejar al cuervo atrás.
—¡Están por quemar todo! –Grito, y yo me quede callada—. Eso que hacen los diablos no es fuego normal. Es alquimia con los elementos, un lazo biológico que conecta tus propias energías a las del elemento…
Un lazo de sangre… Pensé en mi espada, y me mire, mientras Aldara también miraba sus manos.
—Yy, es largo de explicar. Pero es magia, no es como que están respirando cuando lo emiten. Y, eh, entonces, la tensión mágica se está acumulando en el aire. Puedo sentir que están por liberar muchísimo fuego.
¿Y fuiste a rescatar nuestras cosas? –Comentó Aldara.
No dije nada. La cadena de pensamientos tenía sentido, pero… Era inevitable pensar que Cregh lo había hecho para escapar del huginn. Y Joseph apenas tenía su revolver para hacerle frente…
Como sea, hay que ir tras él. Hay que buscarlo, ahora.
—Yo no dejo las mochilas atrás.
Bien.
Los tres estábamos corriendo por los pasillos. Nos dirigíamos a la otra punta del edificio; la gran oficina de Elderan, donde nos había recibido horas antes. El cuarto más grande del edificio. Según Cregh, Joseph se había perdido en los pasillos que llevaban allí; sin embargo, lo encontramos una esquina antes. Tuve que reprimir una exclamación de “deus”, y a Cregh casi se le caen los bolsos…
Joseph estaba tirado en el suelo, desangrándose desde un corte que cruzaba sus costillas derechas. A unos metros de él se encontraba su daga, y todo el suelo estaba manchado con su sangre.
—¡Vagabundo! –Grito Cregh, mientras corría y se agachaba a verlo.
Uhh… –Balbuceo este.
Dioses. Josh… –Dijo Aldara.
Joseph levanto una ceja ante la manera que todos tenían para decir su nombre de forma incorrecta, pero estaba demasiado herido para quejarse.
¿Qué paso? –Le pregunte, mientras Aldara y yo nos arrodillábamos a su alrededor.
El... cuervo. El cuervo de mierda. Esas putas balas le dieron, estoy seguro. –Joseph se mordió los labios—. Estoy seguro de que le di.
Mire hacía el pasillo. No había un rastro de sangre.
El techo se sacudió con un pequeño temblor, a la vez que la temperatura era aumentada. Pedazos de escombros cayeron junto a nosotros.
—Puto Elderan de mierda… Putos diablos, puto cuervo. –Mascullo Cregh. Hubo un momento de silencio, mientras venían gritos y explosiones desde abajo, y suspiro—. Suerte que traje los bolsos.
Se dio vuelta, y empezó a revisar entre su mochila. Luego de unos instantes, saco un puñado de hojas secas.
—Hagan lugar. –Nos dijo.
Aldara y yo retrocedimos unos pasos. Cregh retiro la capa de Joseph, dejando ver su herida con más claridad, y su revolver. Mientras empezaba a poner las hojas por sobre la herida, y el pistolero apretaba los dientes, la visión del revolver me hizo pensar en Ítalo; espere que estuviera bien ahí abajo. Él estaba conteniendo a todos los diablos; nosotros también teníamos que hacer nuestra parte.
Cregh –Hable—, esas hojas buscan curarlo, ¿no?
—Sí. Pero solo van a servir como un apoyo; ahora iba a conjurar algo en la piel.
¿E-En serio? –Se sobresaltó Joseph.
Quizá deberías conservar la magia. –Dije.
Cregh, que iba a decir algo, se quedó callado. Aldara me miraba con seriedad.
¿De que estas hablando? –Me pregunto.
Joseph está demasiado herido como para venir con nosotros al cuarto… Es mejor que estemos lo mejor posible y enfrentemos al huginn. Aunque lo cures un poco, no va a estar en condiciones de ayudarnos.
—Pero estas equivocada, Dalia. –Dijo Cregh—. Te aseguro que puedo curarlo. No sabes cuánto puede hacer mi magia.
“El transporte fuera de Veringrad dice lo contrario”, pensé, pero no lo dije. Parecía que Cregh era la persona con quien podía entenderme mejor en ese grupo; no quería arruinar nuestra posible amistad. Me quede callada.
Mientras Cregh empezaba a susurrar unas palabras, y un zumbido surgía de sus manos y las pasaba por el gran corte de Joseph, este desenfundo su revólver, y me miro con una sonrisa débil.
No te preocupes, eh. No voy a fallar mis tiros. No importan un par de golpes con este bebe. En unos momentos vamos a poder ir todos juntos a ese cuarto.
Menos Ítalo. –Dijo Aldara.
Joseph cerró su boca.
—Por como siento esta presión mágica… –Empezó a decir Cregh, sin correr la vista de la herida—, va a ser mejor que suba rápido, o el fuego va a alcanzarlo.
Eso es cosa suya. –Dijo Joseph—. Ocupémonos de nuestro propio problema, que es bastante grande.
—Sí… jaja. –La risa de Cregh era nerviosa, y pude notar gotas de sudor cayendo por su frente. Sus siguientes palabras las pronunció en un susurro—: Carajo, que grande era. No esperaba que los cuervos fueran así.
Hubo un instante más de zumbido, y Cregh retiro sus manos. La sangre había dejado de manar del corte.
Joseph atino a tocar las hojas, pero Cregh lo detuvo con un chistido.
—¡No! Las hojas de valma se quedan ahí. No te preocupes; no van a caerse.
Eh… entonces, ¿me curaste…?
—Solo es temporal. Va a ser mejor que no saltes de ningún techo, por el momento.
Hurm. –Joseph gruño, y cargo su arma—. No voy a saltar ningún techo para lo que vamos a hacer ahora. Ese cuervo no va a tener adonde huir.
Vamos. –Dije.
Todos nos incorporamos. Intercambiamos miradas tensas; si el huginn realmente estaba al final del pasillo, entonces se había detenido a esperarnos en la oficina. No sería ninguna casualidad; ya serian un buen par de minutos de espera.
Mientras avanzábamos, hable:
Quizá no sea buen momento… Pero estuve pensando en el diablo que encontramos el día anterior, ese Tim. ¿Por qué estaba correteando en una mañana? Los diablos solo atacan por las noches…
—¿Qué estás diciendo? –Dijo Cregh.
Quizá todo había sido armado. Quizá el cuervo nos estaba llevando hacía él.
Las puertas ya estaban frente a nosotros. Pensé en abrirlas despacio… Pero Joseph arremetió de una sacudida, y en cuanto pudimos atisbar adentro disparo.

Las balas impactaron el pelaje negro. Una mancha rojiza no tardó en aparecer. Pero eso fue todo. El demonio en esa sala era gigantesco; su contextura física era imponente, tanto que esos dos balazos apenas lo hicieron removerse un poco.
No había imaginado a los huginn así.  Físicamente, parecía un humano; poseía dos brazos y dos piernas, pero sus manos se formaban en alas. Sus plumas eran de un negro hermoso, que reflejaban el fuego de afuera, y subían hasta cubrir todo su rostro, sin contar esa zona por donde sobresalía el pico. Solo empezaba a estar vestido a partir de la mitad de su torso, donde una serie de tiras de tela se entrecruzaban hasta cubrirle los pies de manera ajustada. Dejaba ver su pecho, musculoso y violento. Nos miraba de frente, parado en el centro de la sala sin reserva alguna.
Estaba esperando armas, a una criatura refinada… No a un gigante. Todo lo que tenía encima eran tres bolsas de cuero, que colgaban de sus ropas atravez de unas cuerdas.
Instintivamente, retrocedí. Pero era lo correcto; debíamos interrogarlo, no asesinarlo. Ni siquiera podía ver al señor de tierras en la habitación; el cuervo no lo había matado, por lo menos no allí.
Sin embargo, todo eso solo lo pensé después… y el resto también reacciono sin pensarlo. Su sola presencia era demasiado intimidante, demasiado llamante a la auto-preservación. Y Joseph ya había cometido el primer ataque.
El vagabundo salto adentro de la habitación, poniéndose detrás de un mueble a la vez que les dejaba espacio a los demás. Aldara y Cregh también entraron, y Cregh estiro su mano hacía el cuervo y grito unas palabras a la vez que se movía. Sin embargo, no ocurrió nada; El huginn solo empezó a correr hacía nosotros, con cada pisada siendo un pequeño temblor.
No puedo recordar si estaba adentro o afuera de la oficina, solo sé que el monstruo estuvo frente a nosotros antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando. Perdí agarre en los brazos, asustada, y el acerco una de sus garras hacia mí. Me hizo estrellar contra una pared, con un grito y mi espada salió despedida lejos.
Quedate abajo, Caballero. –Pronuncio.
Se giró hacia Cregh, que seguía agitando su mano frente a él frenéticamente. Sin preocupación alguna, el huginn levanto su ala…
Y de pronto, el jarro con flores junto a ellos estallo. El líquido en su interior se elevó por los aires, dejando una estela de humo, y el agua hirviendo cayo en el rostro oscuro.
El graznido fue horrible; un chillido de cuervo a todo volumen. Aldara, sin embargo, no pareció flaquear; detrás de ellos dos. Joseph también se acercó, cubriendo a Aldara con su cuerpo. Pero no tardo en juntar el valor para acercarse al cuervo, que se había arrodillado de dolor, y apoyar su pistola en su cabeza. Sin embargo, pude ver como el cuervo acercaba una garra a sus bolsas de cuero.
¡JOSEPH! –Exclame. Él no levanto la vista para verme, pero entendió el tono de alarma, y salto hacia atrás.
El cuervo, que ya se había impulsado hacía adelante con el saco de cuero, gruño de rabia al ver a Joseph escapando, y se giró hacía mí.
Entonces, todo pareció perder sentido. El cuervo se desvaneció en el aire, como si su figura fuera un rostro en una carta, y la giraras hasta no verlo más.
¿…Q…Que…? –Balbuceo Aldara.
Cregh tenía los ojos como platos, y estaba pálido. Supuse que no le faltaba experiencia; el instinto asesino del cuervo era solo demasiado grande.
Qu… –Empecé a decir a mi vez, mientras juntaba mi espada…
Y apareció de nuevo.
Por detrás. Me tomo de un hombro con fuerza, y antes de que pudiera hacer algo tiro del hilo sujetando una de sus bolsas. Todos los polvos cayeron sobre mí.
Ni siquiera su agarre fue suficiente. Su garra era firme, pero el dolor que sentí inmediatamente fue tal que me liberé solo por mis sacudidas. Me tire al suelo, gritando, mientras mi piel se tornaba rojiza y sentía que mi cabeza iba a estallar.
—¡D-Dioses! –Exclamo Cregh.
¿La está convirtiendo en diablo? Por la puta madre…
Joseph corrió hacia el pasillo, mientras volvía a apuntar su arma. Esta vez apuntaba a la cabeza. Pero el cuervo se hizo a un lado, con demasiada rapidez, y las balas se dispararon hacía el aire. Esta vez el brazo de Cregh sí empezó a resplandecer, y del hocico del huginn surgió una explosión. Cayó contra una pared, aturdido, con sangre cayendo entre sus pelos.
Mientras tanto, yo rodaba y me sacudía… pero había dejado de gritar. El rojo empezó a retroceder. La infección estaba perdiendo…
…Aún estaba sosteniendo mi espada. Pensé que mi papá estaba protegiéndome, y una lagrima rodo por mi rostro.
No podía levantarme. El shock había sido demasiado grande. Solo permanecí ahí, derrumbada, por unos instantes, mientras oía impactos sordos por encima… Cuando pude levantar la mirada, a duras penas, Joseph y Aldara también estaban fuera de combate. El pistolero había caído, con su revolver tirado en el otro extremo de la oficina. No mostraba ningún corte nuevo, afortunadamente, pero sangraba por la nariz y parecía inconsciente. Aldara solo había retrocedido, mientras observaba paralizada. Supuse que necesitaría alguna fuente de agua… Si sus poderes realmente funcionaban así…
Estaba por perder la consciencia, pero la espada no me lo permitió. Me dio nuevas energías, y pude levantar mi torso de alguna manera. Presencie la escena que tuvo lugar a continuación.
Solo quedaban el huginn y Cregh. El cuervo avanzaba con movimientos toscos, caminando lentamente y con obvio fastidio. Su cuello herido le trastornaba la voz, y hacía que su respiración pesada pareciera un montón de vidrio quebrado, que era lo único que sonaba en la habitación. La cara de Cregh mostraba rabia, pero parecía consternado de frustración.
Sabés, estaba especialmente interesado en vos, Hechicero. –Hablo el monstruo.
—¿Q-Qué?
Por favor, baja el brazo. Solo quiero hablar, sabés.
—¡¿H-Hablar?! –Rio Cregh, fuera de sí. No bajo la guardia, pero se permitió el extender los brazos alrededor de la habitación, pasando por cada uno de nosotros—. ¿¡Esto te parece hablar?! Hijo de puta…
No, no; solo quería ver si eran como decían. –El tono del huginn parecía divertido. Creí adivinar una sonrisa entre sus rasgos monstruosos.
—¿C…Como decían quiénes?
El Testamento. Kjj… –El huginn imito reir, pero su voz quebrada lo redujo a un murmullo—. Sabes, todos los estábamos esperando…
El cuervo dio un paso adelante. Cregh tenso los hombros, asustado. ¿Estaba diciendo que estaba de nuestro lado, o…?
Pero solo me dieron vergüenza. –El cuervo alzo una pata, y embistió a Cregh por el pecho. Este exhalo un grito, y cayo a metros de distancia—. ¿HECHICERO? Ni siquiera pudiste conjurar algo en un minuto. –La voz del cuervo crecía, se alzaba en su tono roto y oscuro—. ¿Sabés lo que es mover una montaña con tu voluntad? ¿Doblar todo el espacio?
Hizo una pausa. Cregh no se sentía realmente avergonzado, pero levantarse le tomaba dificultad.
—Eso no puede… No puede ser alquimia natural.
¿Hmm? –El huginn inclino la cabeza.
—Sí que se de magia, cuervo de mierda… La energía solo puede ser tomada de un objeto externo, de tus propias energías o del ambiente. Esto es lo más común, y lo que permite llevarlo más lejos… Nadie podría remover una montaña sin destruir sus propios alrededores, no podes pedir tanto del mero aire.
Se hizo un silencio. El cuervo no parecía estar esperando eso. De pronto, rompió a reír.
—B… –Cregh empezó a rumorear algo. La riza horrible resonaba más y más alto, lastimando las orejas—. B…Bast…
Vergüenza. –Dijo el cuervo, rompiendo la risa de pronto. Aleteo sus manos en el aire, elevándose y cayendo junto al mago de un solo salto. Me sobresalte, temiendo que fuera a aplastar a Cregh, y Aldara se cubrió la boca.
Pero no lo agredió. Giro su cabeza por todo el ambiente, deteniéndose en cada uno de nosotros.
El Pistolero. El Hechicero. El Caballero, la Nereida. –En esta última parte se giró hacía Aldara, que lo miro sin comprensión. Nunca había oído esa palabra—. Y sé que el Cazador está en el edificio. No son como los describía el Testamento, saben. –Hizo una pausa, sosegadamente. Miro a Cregh—. El mago negro. Él puede hacer todas esas cosas, sabés. Incluso nos dio estos aparatos para movernos por el espacio. Nunca van a sobrevivir si se lo encuentran.
Y, antes de que pudiéramos reaccionar, volvió a rebuscar entre sus  harapos, retiro un anillo, y lo puso en su dedo medio. Volvió a desaparecer. ¿También lo había usado cuando desapareció antes?
—¡No! ¡No, no, no! –Exclamo Cregh—. ¡No nos haces esto y te vas!
¿P-Podes seguirlo…? –Susurro Aldara.
—N-No siento nada, es como si no hubiera estado acá, no hay rastro alguno… Si esa magia era de transportación, no puede haber surgido de él. Aunque él sí dijo algo sobre doblar el espacio…
Cregh hablaba frenéticamente, casi mordiéndose la lengua y solo concentrándose en sus pensamientos.
—No nos hablan así, no nos dejan así y nos dicen que vamos a morir y se van… Hay…
Cregh, no nos muevas solo por movernos. –Logre escupir. Detrás de mí solo había fuego… El centro de la casa estaba en llamas, con un incendio que había subido por la escalera y estaba llegando a los extremos de la casa. Aun podía sentir movimiento entre las llamas, sin embargo… quedaban más diablos. Agradecí en mi fuero interno que Cregh hubiera acercado todas nuestras cosas, pero me recordé que estaba por hacer algo estúpido ahora mismo.
—Dalia, qué… ¡AHÍ! –Salto, de pronto—. Acaba de aparecer, ¡un residuo mágico!
Y aunque apenas había podido concentrar sus energías antes, en un segundo apareció una luz de sus manos, y la luz se hizo enorme y todos nos desvanecimos. En realidad, el cuarto pareció desvanecerse mientras nosotros seguíamos igual… Nos movimos yo, Cregh, Aldara y Joseph, que estaba recuperando la consciencia. Nuestro equipaje también estaba ahí.

Caímos en nuestra habitación. Los extremos de la casa eran los que seguían en pie, como había pensado. El huginn estaba apareciendo en ese mismo instante, e Ítalo también estaba ahí.
La entrada estaba en llamas, y el piso repleto de cuerpos. Por las ropas, pude notar mientras caíamos que un grupo se trataba de guardias, y otro grupo de diablos que habían muerto. No había más personas en el cuarto.
Ambos hechizos terminaron a la vez. Ítalo no hizo preguntas, y en un momento estaba apuntando una flecha al cuervo gigante. Todos estábamos listos.
Bueno, bueno. –Dijo él, levantando las manos conciliadoramente.
Por un momento pensé que quería paz, pero enseguida embistió con un brazo y lanzo a Ítalo contra nosotros de una sacudida. Todos caímos al suelo. Y pudimos incorporarnos rápidamente, pero no lo hicimos. El cuervo se quedó en su lugar. No seguía arremetiendo contra nosotros.
Los cinco enviados. Es justo como lo dicen las escrituras.
¿Qué estaba diciendo…? ¿Acaso… todo estaba escrito? ¿Destino, el dios, escrito? Pero recordé que los bichos del Oeste no creían en los dioses de la existencia misma. Creían en un solo ser, en esa expresión blasfema que se me había contagiado de mí pueblo, dicha por los de rudo hablar… El Oeste solo creía en su Deus. Dios.
Saben… Incluso estamos nosotros, saben. Estoy yo. –El huginn levanto su cabeza, como si estuviera dejando a su imaginación volar—. Todo ocurre… perfectamente.
¿Qué…Qué están haciendo? –Hablo Joseph, por primera vez desde que se había recuperado.
El cuervo se nos quedó mirando.
¿No saben? El Antiguo Testamento, saben. Estamos trayendo a la última raza, a la primera raza. Al deus. Es como las escrituras decían que iba a ocurrir, el pueblo del Oeste iba a levantarse otra vez. Está despertando. Immo.
Recordé las enseñanzas de mamá, mientras daba clases… Acerca de cómo llamábamos a los bichos con nombres de animales, de insectos, pero en realidad tenían otros nombres, su nombre real en su idioma podrido. De esa manera, los cuervos eran huginn. De esa manera… ¿Un deus es una raza?
Todo en Laertes salió perfectamente. Pero, saben, por ahora no me atrevo a hacer más. No creo que este en mi mano el matarlos… Creo…
¿Todo…? –Balbuceo Ítalo—. ¿Dónde está Elderan? ¿Dónde está el señor de tierras?
¿Son idiotas? –Se rio el gran cuervo, con su voz quebrada, y busco por su anillo una vez más—. El viejo murió antes de que cayera la noche. Nada de esto fue por él. –Y se puso el anillo… y desapareció una vez más.
No volvió a aparecer.

Todo había terminado. Con la ayuda de Cregh, pudimos salir del edificio; fue atravez de una ventana, y acabamos de contemplar como la mansión del último señor de tierras de Laertes se incendiaba. La casa de Elderan había caído.
Los momentos siguientes se sucedieron en una bruma. Mi cuerpo seguía en shock, dañado por ese polvo extraño… Cregh y Joseph tenían varias contusiones, y el corte de Joseph no había cerrado bien. Aldara había terminado golpeada, y sin fuerzas. Ítalo había sufrido varias quemaduras… y nunca recuperaría todas esas flechas perdidas en el fuego.
Me aferre a mi bolso. Al menos la enciclopedia de mamá seguía bien. Así fue como volvimos a la ciudad, y ayudamos con las consecuencias inmediatas…
Extinguimos el fuego, separamos a los muertos. Dimos testimonio por lo que había pasado—todo cuanto nos atrevimos a contar. Permanecimos en Laertes por las horas siguientes, pero perdí todo mi espíritu cuando el policía Marr fue reconocido entre los muertos. Como uno de los diablos.
Juntamos todas nuestras cosas, y partimos por la salida en el sur de la ciudad. Esa ciudad muerta, gris, asfixiada por sus propios brazos, que ni siquiera noto nuestra ausencia. Abandonamos en el amanecer.
En verdad… esa fue una experiencia fuerte. Podría haber muerto, y así es que yo… –Empezó a decir Joseph—. La verdad, es que siento que les debo el ser honesto. No les dije la verdad completa. Mi nombre no es Joseph, me llamo… Lang.



















Se me ocurrió todo mientras escribía, dwi °w°
El cuervo grande se llama Krieg Waltz, sus amigos lo llaman Waltz.


_________________
La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
Spark-a-dark, who's my sire? Will I lay me? Will I stay me? Bless this camp with fire.



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16 Re: R.O.L. Beta el Vie Abr 25, 2014 1:34 pm

Croft

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Cregh

Un desastre, era la única forma de describir lo que había sucedido ayer, cuando el caos se desato en la casa de Elderan me encontraba en el segundo piso, le preguntaba al vagabundo donde estaba su gato “no lo he visto desde que llegamos” me respondió, las primeras explosiones nos tomo por sorpresa, íbamos en camino a bajar cuando nos encontramos a Aldara al borde un pasillo.

—El cuervo — señalando a una figura grande y negra.
Mire a Lang, y corrimos detrás del cuervo, Aldara había corrido escaleras abajo y desde la ventana podíamos ver la luz del fuego ardiendo en el patio.
—Joseph—
—Eh— Dijo el vagabundo deteniéndose en el pasillo, el cuervo se había perdido en un esquina.
—Algo no esta bien, ese fuego, la casa se esta quemando, pero ese fuego no es normal— Cada segundo que pasaba podía sentir el ambiente cambiar, se sentía igual que cuando trate de movernos de veringrad.
—¡Entonces encontremos al cuervo antes de que se derrumbe el lugar!
—Mi magia no funcionara.
—¿Como?
—Al menos no a distancia, anda tu solo yo iré a buscar a los demás.

El vagabundo me miro por un segundo antes de empezar a correr de nuevo, fui a bajar las escaleras cuando pase por nuestro cuarto, nuestro equipaje se encontraba ahí, dinero, ropa y equipos necesarios para completar nuestra misión, cogí los cinco bolsos como pude y corrí hacia las escaleras cuando unos disparos me detuvieron “El vagabundo”
Iba de regreso por Lang cuando me encontré con Dalia y aldara

—¿De que estas hablando? ¿Por qué necesitaríamos tenerlas encima? — Trate de explicarles que mi magia no funcionaría pero antes de terminar ya estábamos corriendo por Lang, estaba en el suelo con un corte en el abdomen y empuñando su revolver.

Era mi culpa, debía haber estado con el, recordé los bolsos y un poco de los primeros auxilios que nos enseñaron en Silis, saque las hojas de Valma y las puse sobre su herida, en teoría debería poder curarlo sin problemas, el fuego solo afectaba el aire y esto no necesitaba del aire, en fin lo peor que podía pasar era que lo terminase de matar.
Pronto nos encontramos los cuatro en frente del cuervo y como lo sospeche mi magia fue inútil, de hecho todos los fuimos, la única razón por la que seguimos vivos fue porque el cuervo no quiso matarnos. Eso si, tuvo tiempo para darnos un discurso sobre sobre sus ideas e insultarnos de paso.

Laertes ardía, muchos murieron, cuando nos fuimos en la mañana lo ultimo que supe es que algunos de los sobrevivientes iban a formar una banda de vigilancia, no se que tan efectivo seria pero ahora que el cuervo se habida ido no creo que tengan muchos problemas.

El camino al sur de Laertes estaba, era relativamente plano con la ocasional colina de poca elevación, de hecho desde aca pareciera que no hubiese pasado nada. Eventualmente llegamos a un desvio, al sur marcaba “Teorani”, al oeste “Camino real – Valle hondo – Craster”

—¿Y ahora? — Pregunto Aldara.
—El oeste claro esta, si seguimos hacia el sur llegaremos a Teorani, podríamos tomar un barco ahí hasta la costa, pero los únicos barcos que pasan por ahí son los que regresan de Veringrad y muy pocos se detienen ahí y aun menos toman pasajeros, podría tomarnos meses encontrar pasaje. Por el contrario el oeste nos lleva al camino real, a las montañas ahí llegaremos a craster donde podríamos reabastecernos y luego de las montañas la costa y nuestro destino.
—El oeste entonces—Dijo Lang.
—Podríamos ir a Teorani, tomar un barco hasta Veringrad y decirle a Wendagon que fallamos. —Dalia nos miro a todos después de decir eso.
—No nos vamos a rendir tan temprano, deberíamos llegar hasta Craster antes de rendirnos, por respeto al viejo.
—No tiene sentido Cregh, fuimos a Laertes para acabar con el cuervo y ayudar a la ciudad.
¿Y que conseguimos? Nada, la ciudad ardió, Elderan murió y el cuervo escapo.
—No sabíamos que íbamos a encontrar, la ciudad ya estaba condenada antes de nuestra llegada— Comento Lang.
—¿No sabíamos? Si esa fue la razón por la que fuimos a Laertes, sabíamos que el cuervo estaba ahí, sabíamos que el cuervo había causado todo y aun asi casi nos matan allá.
—¿Y que quieres que hagamos? Si, es cierto que la única razón por la que estas viva es por tu espadita mágica, de hecho, la única razón por la que estamos todos vivos es porque el cuervo no tuvo las ganas de acabar con nosotros, si, es cierto que fracasamos, fallamos nuestra misión, ahora, podemos quedarnos a llorar acá o podemos pon—
—No fallamos realmente—Italo Interrumpió mi discurso inspirativo.
—¿Eh?
—La única razón por la que fuimos a Laertes fue por las visiones de Dalia, nos dijo que había un cuervo y debíamos encontrarlo, y lo hicimos. Ahora sabemos que las visiones de Dalia son ciertas, sabemos que el cuervo esta de alguna forma conectado con el oeste, con nuestra misión, no veo como fallamos si logramos obtener la información que necesitábamos.
—Es cierto, el cuervo menciono que el pueblo del oeste se iba a levantar, y nosotros vamos al oeste, no creo posible mas evidencia de que vamos en buen camino Dalia.

Dalia suspiro y empezó a caminar por el camino del oeste, se veía derrotada.
Caminamos todo el día casi en total silencio, de vez en cuando alguien comentaba algo pero la mayoría el tiempo solo caminábamos siguiendo el camino de tierra, pasadas unas horas después de medio día llegamos al camino real y retomamos el rumbo a la costa, aun así el silencio nos acompaño todo el viaje. Cuando el sol estaba cerca de ocultarse llegamos a un rio, el camino real continuaba por un puente de unos cien metros de largo, con suficiente ancho para que dos carretas avanzaran en paralelo.

—Podríamos acampar aca, deberíamos avanzar rio arriba para alejarnos del camino y continuamos en la mañana— Lang, el cual dudo que sea su nombre real, comento.

Montamos un pequeño campamento cerca del rio y vimos como el sol se escondía en las montañas del oeste, para mañana en la noche ya deberíamos estar iniciando el camino a través de las montañas..

—¿Hey Cregh, no puedes movernos como hiciste para llegar a Laertes? —Dalia parecía que al menos ya se le estaba pasando la depresión.
—No lo se, en Laertes me sentí igual que en Veringrad y no se si sea buena idea tratar de movernos grandes distancias, no se por cuánto tiempo o distancia me afectara el ambiente de Laertes, preferiría intentarlo cuando estemos bien lejos de Laertes, si lo hago ahora quien sabe donde terminaríamos.
—Oh.
—Espera un momento, pudiste curarme sin problemas en la mansión y cuando nos moviste hacia el cuervo también lo hiciste efectivamente. —Vagabundo inútil ahora tenia que explicarles como funciona la magia.
—Eh, curarte no fue ningún problema, los hechizos se separan en varias escuelas dependiendo de su función, y a su vez también se separan dependiendo del medio por el cual se obtenga la energía para producirlo, para curarte la energía salió de mi cuerpo y de las hojas de valma.
Para lanzar una llamarada necesito la energía del aire, sin aire no puedo crear fuego, alla el aire estaba cargado energía por ese fuego, el fuego normal al producirse solo produce mas aire, en un estado diferente, pero ese fuego mezclado con quien sabe que, votaba energía en el ambiente por eso no podía usar el aire para crear fuego.
—Aja, pero nos moviste sin problemas hacia el cuervo. —Dioses, lang deja de ser tan curioso.
—Un hechizo de movimiento esta compuesto de varias fuentes y proviene de varias escuelas, pero cuando lo use para acercarnos al cuervo solo seguía el rastro que había dejado, no fue gran trabajo y lo único que necesite fue usar mi energía para seguir el camino.
—Per—
—Dioses, si quieres que terminemos debajo de algún rio o dentro de una montaña entonces dímelo y hare el hechizo, además, no nos hará daño caminar un poco, cuando llegamos a las montañas ahí si nos moveré, es mas, si quieres que te haga un paseo por las montañas hasta llegar a Craster también lo hare.


Spoiler:
-Valle hondo es un pueblo pequeñito que esta... en un valle, si quieren ir vamos o directamente al llegar a las montañas saltamos a craster.
-En teoria el inicio de las montañas esta a uno o dos dias, como el camino es plano y directo es mucho mas rapido que entre veringrad y lartes, miren el mapa para guia.

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17 Re: R.O.L. Beta el Vie Mayo 02, 2014 12:34 am

Hablamos con Elderan una vez que estuvimos con el en una sala. O mas bien, el nos hablo a nosotros. Resulta que el sabia un poco mas que nosotros respecto al cuervo, lo unico que terminamos aportando fue un poco de ayuda a su ya grande guardia. El ya habia estado estudiando los movimientos del asesino, y habia deducido que al termino del ciclo lunar el cuervo vendria por el. Considerando que anoche ya era casi luna nueva, el cuervo atacaria esta noche segun su prediccion. Me parecio legitimo, aunque al parecer al resto no tanto. Hasta Malo no parecia convencido.
Aunque Elderan se veia bastante angustiado por todo esto, se recupero completamente al ver de cerca al del arco. Dijo algo de "La corona de la gloria", mientras le sacaba la capucha y veia sus dibujos de cerca. ¿Que significaba eso? ¿Era el del arco relativo del Rey o algo asi? Posiblemente. Despues el nos explico a mi y a Dalia que el dibujo era un simbolo de madurez de su familia, la "del Valle", pero eso no respondia ninguna duda mia, principalmente porque no sabia si el Rey se apellidaba asi tambien.
Por otro lado, dijo que su familia tenia un origen divino, y creo que por aca el Rey es supuestamente el representante de los dioses en la tierra. Supongo que el del arco es parte de la nobleza o algo, quizas hasta el principe. ¿Pero no nos habria dicho algo tan importante el o Wendagon cuando nos conocimos? Quizas eso es conocimiento popular y yo soy el unico que no entiende. Hasta Dalia parecia conocer a los del Valle, que parece no saber muchas cosas sobre el mundo fuera de Lignus. ¿O tal vez eso es solo impresion mia? Quiza si lo sea, porque al parecer ninguno de nosotros parece tratar al del arco como nobleza. Quizas todos lo saben. Quizas son todos gente ultra-importante y yo soy el unico vagabundo entremedio. ¡Por todos los santos no se nada! Es en estos momentos que vuelvo a cuestionarme porque estoy aca y porque Wendagon me envio junto con personas tan importantes.
O quizas era la idea que no supiera nada. Si, eso debe ser. Debo tranquilizarme y actuar con naturalidad, como lo he hecho hasta ahora. Nada de tributos ni cosas fuera de lo normal hacia nadie. Si. ¿Pero si hay un peligro tengo que sacrificarme y morir yo primero? Santas putas celestiales...

Malo me mordio el pie, sacandome de mis dudas existenciales. Si, seguro me estaba preocupando mucho. Dalia y el del arco ya se habian ido y ni me habia dado cuenta.

Tuvimos la tarde libre, y eventualmente llego la noche. No se veia el cielo porque estaba nublado, pero ya sabia que era luna nueva. Si Elderan estaba en lo correcto, el cuervo podria aparecer esta noche, quizas en la mañana, o hasta al mediodia. Independiente de eso, me prepare para levantarme armado de inmediato si la situacion lo requeria. Habia que capturar a ese cuervo.
-¿Verdad Malo?
Malo me miro y me ignoro completamente, y se acurruco cerca de mis pies. La noche fue un poco fria, pero no habia aire de que fuera a llover al menos.

Me desperte en mitad de la noche, por alguna razon, y al mirar alrededor, note que Malo no estaba. Encendi una vela para ver mejor, y mire incluso bajo la cama. Malo no estaba en la habitacion.
-Uhm...
En cualquier otro momento, no me hubiera molestado siquiera. Ese gato tiene la costumbre de irse a donde se le antoja y volver todo el tiempo, por lo general con un pajaro o un raton muerto en la boca para ponerlo frente a mi como ofrenda. Como si no supiera yo como encontrar mi propia comida. Pero esta noche era distinta. Me puse mi abrigo, cargue mi revolver y sali a buscarlo.

Camine por los pasillos de la enorme mansion de Elderan llamando a Malo. Todas las habitaciones estaban bien iluminadas, pero no por velas. Eran lamparas unidas a la pared con algo que producia una llama, pero daba mas luz que una simple vela. No tenia mecha ni cera. Este Elderan si sabe vivir.
Camine por un pasillo largo, con ventanas que daban hacia afuera. Los varios guardias de Elderan estaban corriendo. Corri de vuelta sin perderlos de vista, hasta que escuche unos ruidos y vi a varios de los guardias en un circulo afuera.
-Oh por favor...
Con el revolver en mano y la daga en la otra me dirigi de vuelta a la habitacion de Elderan. Debia estar bien resguardada, pero seguro ninguno de los guardias tenia un cañon de mano propio. Si Malo se habia levantado buscando al cuervo, el tambien deberia estar alli para ayudarme. Posiblemente ya lo haya encontrado.
La casa se empezo a alborotar mas mientras corria. Todos los guardias adentro estaban corriendo hacia afuera. Me encontre con Cregh en el camino, y el me pregunto por mi gato, lo que me parecio un poco extraño. Nos encontramos con Aldara, y despues, con el cuervo en cuestion, alejandose de nosotros. Apenas lo vi un segundo, pero distingui que era una especie de hombre gigante. Corrimos yo y Cregh tras el cuervo, mientras Aldara se devolvia, pero Cregh se detuvo. Me advirtio que la casa se iba a quemar pronto y que su magia no funcionaria en este ambiente, y se devolvio a buscar a los demas.
Me quede solo. Debia sacrificarme yo primero. Putas celestiales ayudenme.

Corri siguiendo al cuervo, hasta que me lo encontre de frente en el pasillo antes de la oficina de Elderan.
-Detente ahi mismo cuervo gigante. -le grite apenas lo vi. Era como un hombre gigante pero con pico, plumas negras, y con un bolso. Y lo primero que hizo fue darme un fuerte puñetazo en la cabeza.
Cai al suelo con fuerza, pero me levante furioso antes de que siguiera avanzando.
-¿Que demonios? -dijo al verme en pie de nuevo. Y lo primero que hice fue dispararle a quemarropa directamente en la cara. Seguro eso no se lo esperaba.
El cuervo retrocedio un poco por el dolor de la herida, y saque mi daga para aprovechar el momento, pero me atrapo el brazo antes de que pudiera tocarlo.
Me azoto contra la muralla y me enterro la daga entre las costillas, y me dejo a morir, mientras seguia caminando hacia la oficina de Elderan. El dolor era demasiado para levantarme y seguirlo, y no pude hacer mas que quedarme a ver como se iba. ¿Donde demonios estaba Malo?

Para mi buena suerte, Cregh junto a Aldara y Dalia aparecieron en mi ayuda. Cregh hizo... algo... con su magia y unas hojas de palma, y de pronto ya estaba mejor. Esta magia suya era realmente algo increible. Y luego de eso fuimos tras el cuervo una vez mas.

No tengo mucho mas que contar luego de eso. Principalmente porque quede inconsiente unos momentos luego de lo que me dijeron fue una explosion practicamente al lado mio. No recuerdo en realidad nada mas que el fuerte dolor. Cuando desperte, el del arco estaba con nosotros, el cuervo se desvanecio frente a nosotros y la casa estaba en llamas. Logramos escapar con ayuda de Cregh, y una vez afuera, la mansion colapso completamene. Elderan ya habia muerto antes de que el cuervo apareciera. Al parecer, se quedo solo para hablarnos.

La fuerza policial de Laertes ya practicamente no existe y no hay nadie para governar. Quizas si la gente se organiza puedan levantar la ciudad de nuevo, pero ese ya no es asunto nuestro. Malo llego caminando antes de que nos fueramos. Movia la cola y me miraba completamente despreocupado.
-¿En donde diantres estabas? El cuervo nos ataco y casi nos mata.
Malo empezo a tocer, y escupio frente a mi un pedazo de pluma negra. Lo mire un momento y luego empece a reir. Ese cuervo parecia un hombre grande, pero era casi un ave de todas formas. Malo no parecia estar herido, asi que supongo que por lo menos lo habra molestado un poco.
-Ven, ya es hora de irnos.
Cargue mi revolver con las 6 balas que me quedaban y continuamos nuestro viaje hacia el oeste, Malo cerca mio.

Asi llegamos al Camino Real, la parte continental de la Ruta del Acero, y uno de los caminos mas importantes del reino. Va desde el puerto principal de Havenstad hasta Cordinal evitando las cavernas, y es gracias a este que el reino basicamente existe. Transitamos por el hasta la noche, donde acampamos cerca de un rio.

La noche fue fria una vez mas, solo que esta vez no teniamos comodas camas. Dormimos en el suelo alrededor de un fuego que se apago solo al poco tiempo de todas formas. Me sentia como en casa.

Me levante por la mañana y encendi el fuego. Saque algunos de los panes que traimos y los calente para comermelos, pero el olor y el calor desperto al resto. Juntamos lo que teniamos y tomamos un buen desayuno al lado del fuego y del rio.
-¿Soñaste algo Dalia?
-Solo con mi hogar.
Las montañas aun estaban a un dia de camino, y el pueblo mas cercano, Valle Hondo, estaba un tanto mas lejos. Aun asi, pasar alla era nuestra mejor opcion ahora, o nos ibamos a quedar sin nada que comer antes de llegar a algun otro lado. Es en estos momentos que extraño aun mas a Carbono y los caballos de Wendagon.


_____________________________________________________________________________________

Llegamos en mitad de la noche a Valle Hondo, completamente empapados y agotados. Desde la tarde habia empezado a llover despacio, y luego de esperar bajo los arboles una hora, decidimos que seria mejor seguir igual. Yo meti el pie a un charco que resulto ser bastante mas hondo de lo esperado, y el viento helado no ayudo no en nada. Llegamos ya sin mas comida en mitad de la noche a un bar, que ya era casi el unico lugar iluminado.
Habia humo de tabaco en el lugar y unas cuantas personas durmiendo sobre las mesas. Nos acercamos a la barra, y el cantinero nos miro antes de acercarse.
-Preferiria buscar alojamiento. -dijo Cregh, mientras inspeccionaba el bar.
-No nos vamos a quedar mas de 10 minutos Cregh, tranquilo. Yo quiero un vaso de ron y uno de leche. -le dije al cantinero, que vio que andaba con un gato.
El del arco inspecciono el bar y pidio "una cerveza cualquiera".
-¿Dalia? ¿Aldara? -les pregunte. Dalia no parecia muy decidida.
-Uhm... supongo que una cerveza tambien.
-Lo mismo.
-Quiero un cafe. -le dijo Cregh al cantinero, al parecer sin ganas de beber o de perder el tiempo aca.
-No queda cafe.
-Bueno entonces una leche. -dijo, y el cantinero se puso a buscar entre las botellas, hasta encontrar la leche.
-Espero que esta cosa no me haga mal. -agrego.
El cantinero sirvio las tres cervezas, las dos leches, y el ron frente a nosotros. Malo se subio de un salto a la barra y empezo a beber el ron mientras yo me tomaba la leche. Los demas se miraron entre ellos desconcertados y siguieron bebiendo. Pagamos cada uno lo nuestro, Dalia pregunto por alojamiento, y agarre a Malo y salimos antes de que ese gato se pusiera a armar una escena. El empezo a agitarse y a moverse hasta que a la salida lo deje bajarse, y me miro molesto durante un momento.
-Tres cuadras mas abajo y una hacia la izquierda hay un alojamiento, segun el cantinero. -dijo Dalia, guiando el camino.
-Oye Jo--... "Lang". ¿Es seguro que tu gato beba alcohol? -me tomo un momento recordar que ahora tenia un nuevo nombre. Uno mas cercano al mio del que desearia. Esto me pasa por dejar que se me ablande el corazon.
-Con Malo es mas seguro que no darle. No te preocupes, siempre lo hace y nunca le ha pasado nada. -le dije para calmarla, y Malo empezo a caminar tambaleandose de un lado a otro, aparentando estar borracho como nunca lo habia estado. Y Aldara le creyo y se acerco a el.
-No lo tomes o te va a arañar... -le adverti, pero Aldara lo tomo de todas formas en sus brazos y este se acurruco con ella.
-Me recuerda mucho a un gato que yo tuve... -Gato maldito, ahora te haces el tierno y agradable con las mujeres. Me las vas a pagar algun dia.
Aldara llevo a Malo en brazos hasta el alojamiento, donde un buen hombre nos recibio a estas horas y nos dio 5 cuartos. Terminamos de secarnos junto a una chimenea que habia en la entrada y luego nos fuimos a dormir. Aldara dejo a Malo en el suelo y se fue a su habitacion. Malo camino bien luego de que se fuera. Definitivamente nunca habia visto a un gato tan manipulador e inteligente.

Nos abastecimos de suficiente comida en la mañana para llegar hasta Craster. Cregh iba a movernos parte del trayecto, pero su magia no era suficiente para llegar de un salto hasta alla, asi que parte del camino lo tendriamos que hacer a pie.
Desayunamos y caminamos hasta llegar a las afueras del pueblo, donde Cregh haria el hechizo. Estabamos lejos de Laertes y no habia ninguna interferencia en el ambiente que pudiera hacer que algo saliera mal. Nos detuvimos a un lado del camino, y al igual que como hizo en Veringrad, un brillo salio de sus dedos, y todo alrededor se desvanecio.

Pero al abrir los ojos, no estaba en un camino ni 3 metros sobre el suelo. Estaba acostado sobre algo duro, y tenia una manta encima. Senti un golpe y hubo un pequeño estruendo, y entonces reconoci el sonido del trote de un caballo. Por pura coincidencia, yo habia aparecido en una carreta en movimiento.

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(DUN DUN DAAA)
Spoiler:
Quien lo quiera que me acompañe a Craster en carreta.
Spoiler:
Havenstad es el puerto al que nos dirigimos.
Spoiler:
El hechizo de Cregh no fallo, solo tuvimos la suerte de aparecer en el lugar por donde pasaba una carreta.
Spoiler:
No se me ocurrio otra forma mejor de terminar.
Spoiler:
Tengo 281 cobres.
Spoiler:
lol

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18 Re: R.O.L. Beta el Sáb Mayo 10, 2014 11:25 pm

Ítalo

Acorralados en la última habitación,las paredes,los cuadros,todo estaba siendo incendiado.Los diablos se movían rápido,en círculos,mareandonos.Esperaban el momento exacto para atacar mientras parecían hacerse uno con el fuego que nos rodeaba. Formando un círculo logramos cubrir la mayoría de los ángulos y matar varios diablos.Esa era la única ventaja,eran fáciles de matar.Pero el calor se volvía insoportable,los ojos se cerraban cada vez más,deseando ver un gran cielo celeste en algún lugar cerca de las costas. Uno por uno cayeron los 2 lados,dejando 3 arqueros y unos cuantos diablos.La temperatura subía,nuestros rostros se sentían hirviendo.Nuestros cabellos amagaban a inicinerarse en cualquier momento.El sofocamiento era demasiado.
Los bastardos giraban en círculos con una destreza sin igual,entre más fuego había en el ambiente más y mejor se movían. Hombro con hombro,formando un triángulo,intentamos luchar contra el infierno.Las flechas comenzaron a fallar,las flechas comenzaron a escasear. El aire penetraba en nuestros pulmones y contaminaba todo nuestro cuerpo con su quemante presencia,cada segundo,solo interrumpido por la ilusión de no volver a necesitar respirar,pero el mismo calor lo hacía imposible.
Los diablos empezaron a consumirse, sus piernas parecían volverse fuego. Comenzaron a despegarse del suelo. Estaban levitando, por el amor de los dioses más puros.
El arquero de mi derecha aprovecho su transformación para bajar varios bastardos,no tardamos un sumarnos,pero no fue suficiente. Con un ave fénix,envuelta en fuego,se acercaron a nosotros a toda velocidad.Con una voz sin algun razgo humano gritaban y se quejaban.Parecían sirenas envueltas en fuego. El último arquero sacó una espada y embestió contra una de los diablos.Sus prendas se envolvieron en fuego en un santiamen,pero el diablo murió. Quedaba un solo individuo,y apesar de todo sabía que era una diabla.Volaba encima mío. Rodeaba mi cabeza,pero apenas podía levantar la cabeza ya que el fuego quemaba mis ojos.
Estaba arrodillado,con la última flecha en mi carcaj,y lo sabía muy bien.La última flecha era diferente al resto.Y estaba ahí por una buena razón.Incluso la sirena de fuego iba a caer.Con fe ciega.Aunque sentí un escalofrío en mi cuerpo cuando me paré.
Corrí hacia la puerta mientras seguía a la diabla por el rabillo del ojo.Había mordido el anzuelo.Al verme correr se lanzó sobre mí.Y ahí entro en juego la última flecha.
Giré sobre mi mismo y saqué mi as.La sirena de fuego volaba rápido hacía mí. Fue muy fácil predecirla.Clavé mi daga en su cabeza justo antes de saltar a la derecha. Su vuelo siguió recto,hasta tocar el piso y chocar contra una pared.Su fuego se extinguió rápido,recuperé mi última flecha y varias más y corrí atraves de las llamas hasta un lugar seguro.
Realmente me arrepentía de que ese espéctaculo hubiera pasado en otra situación.Todavía seguía boquiabierto de su gracia a la hora de volar.Nunca había visto algo aprender de volar así de fácil.Y sobretodo,el hecho de volar sin alas.
Nisiquiera pude recuperar el aliento cuando el cuervo apareció enfrente mió,junto con los demás.No fue necesaria de que lo miré con detenimiento para que me paralice el cuerpo y lo llene de la sombra que conocía también. Era una bestía gigante. Apenas podía hablar. Creo que llegue a formular una pregunta.Tal vez fueron 2.
El cuervo nos neutralizó y luego desapareció,diciendo cosas que solo lograron confundirnos.

Una vez afuera,la mansión se redució a cenizas ardientes.Todos los cuerpos inocentes,de los guardias y de los diablos,se consumieron a la luz de la luna naciente. El humo lleno la ciudad y por primera vez en mucho tiempo en Laertes reinó la paz.Una paz relativa,manchada de sangre e impura.Pero paz al fin.Su característico olor a muerto se camuflaba con los residuos de la casa,pero el inegable sabor metálico justo al final de la lengua que produjo la bestía era posible de ignorar.
El resto de la noche fue fría y tétrica.No hubo ni una sola palabra dentro del grupo.
Elderan había muerto,y fue imposible no dejar la sombra fluir. Dormí inmerso en ella. Y tan bien la conozco que volví a dormir como un bebé. Aunque antes de dormir mil pensamientos surgieron en mí.
Todos lejanos,poco concretos,pero recordaba la mayoría.Sentía esa sensación que era muy parecida a lo que sentía por mi familia. Se suponía que era como una caja,de un materia frío y duro,indestructible.Que poco a poco se comprimía sobre mí.Cada pensamiento que pasaban por mi cabeza el espacio se hacía más y más chico,hasta no poder gritar.Hasta no poder escapar.

El río corría tranquilamente al lado de nuestro fogata. Recordaba esto. Las primeras veces que me sentía así solía estar solo enfrente a una fogota. Podía pasar horas mirando el fuego consumiendo las leñas.Me gustaban las cosas que estaban o en movimiento,o que lo aparentaban al menos.Algo así como los ojos de esa chica.

_____

Al día siguiente fue igual de callado que la noche anterior.Fue una tarde lluviosa y luego de caminar mucho llegamos a Valle Hondo sobre la noche.Nos abastecimos y dormimos.Fue una noche muy tranquila y por ,creo, quinta vez consecutiva dormía un plácido sueño.Esta vez con la sombra en un estado más lejano de mí. Conocía muy bien esa sensación de ser 2 seres en un mismo cuerpo.Pero no me sorprendía en absoluto,los pensamientos sobre el tamaño del huggin seguían siendo recurrentes en mi cabeza.Imaginaba siendo aplastado por esa cosa,sintiendo mis órganos siendo desgarrados por su peso. Necesitaba sacudir la cabeza para poder pensar en otra cosa.

Una vez en Camino a Craster,Cregh accedió a movernos para evitar un buen rato caminando.Cuándo se dispuso a realizar el hechizo reaccioné que fechas se acercaban y que realmente estaba volviendo a Craster.Vendría muy bien para reabastecernos,descansar y incluso hasta pasar un buen rato.También era posible que Marco estuviera allí.

Lo que sucedió después no me sorprendió para nada. Nuestro aterrizaje fue sobre una carreta.De hecho era una caravana a Craster.
Cada año se realizaban los carnavales de primavera por estas fechas.Eran de los más concurridos en todo el continente.Se caracterizaba por su preciosa decoración y los antifaces indispensables durante la semana festiva.Los colores se volvían protagonista de las noche con música y alegría en las caras conocidas de la ciudad y también la de los extranjeros que recorrían tantos caminos. Las sonrisas se ensanchaban al mismo tiempo que los días se volvían más largos,llegando el verano.Recordaba con una gran sonrisa los festivales de Craster,viviendo con Marco los últimos años donde la barba era una pelusilla y solo se afeitaba 1 vez por semana.
Recordaba que las señoritas se volvían locas cuando les contaba el origen de la familia,y que cuando fuera grande iba a tener mi castillo y mis tierra se extenderían hasta el infinito.Contaba como mis familiares directos eran simplemente lo mejor de todo,insuperables.Como mi primer ancestro había triunfado sobre el mal y como se había convertido en una santidad.Se ruborizaban cuándo les decían que cuando rezaban, en parte, me rezaban a mí.Recordaba como Marco a pesar de ser de la estirpe baja de la familia , sonreía cuando escuchaba las historias y también inventaba las suyas.
Las cosas habían cambiado bastante, llevaba mucho tiempo sin ver a Marco.Posiblemente desde que todo el tema de la sombra sucedió.Debía ser todo un hombre ahora.

Aterricé con Dalia al lado,en el techo de una carreta.Sorprendemente,el techo resistió.La chica rebotó y casi se resbala hacía su potencial muerte.La tendí la mano y se estabilizó. Se paró en el techo y giró la cabeza hacía atrás. Había una caravana inmensa de carretas y otros móviles hacía Craster.
-Dioses...el hechizo salió mal de nuevo?
-No...-contesté -Van hacía Craster,estoy seguro.Es época de carnavales.

Delante nuestro,el que manejaba el carruaje,nos miraba de reojo,tratando de coordinar los músculos de su cara para poder formular una palabra.Dalia lo notó y trató de calmarlo.

-Señor! Soy Dalia,y el es Ítalo-dijo algo nerviosa. -Nuestro amigo Cregh,que es mago,realizó un hechizo y terminamos aquí,por arte magia-rió simpáticamente -Ah,y el es un del Valle.

El conductor giró completamente su cabeza con lo último y levantó sus cejas.Corrí mi capucha.

-Señor,soy Ítalo.Esto...es algo raro de explicar.Pero,¿podemos permanecer aquí el resto del viaje?
-Se-ervir a un del Valle siempre es un placer.-dijo tartamudeando un poco.
-Muchas gracias,señor...?

Simplemente giró su cabeza y fingió no haber escuchado mi pregunta.También nos ignoró casi todo el viaje,girando la cabeza ocasionalmente para fijarse si estábamos ahí.

Dudaba de cuán efectivo había sido el conjuro de Cregh,pero igualmente,suponía que a paso de carruaje estaríamos en unas horas en Craster.Llegando en la noche,justo a tiempo para los festejos.Tenía una sonrisa que no podía despegarme.Realmente me gustaba la idea de volver a Craster,y encontrar a Marco en lo posible.
Revisamos las demás carreteras con la vista,buscando a los demas,sin éxito.Nos pareció escuchar la voz de las pistolas.Cambio su nombre 3 veces en 5 días.Igualmente creo que era Lang.
No era importante,confiaba en que los demás estaban no muy lejos.

El techo no era lo más cómodo,pero fue lo suficiente para mantener una larga y agradable sobre todo y nada con Dalia.Nos reíamos pensando que debajo de nuestros aposentos había gente escuchando lo que decíamos.
El sol recorrió su camino,como cada día y todavía no llegabamos.Dalia decidió tomarse una siesta antes de llegar.Se volvió más aburrido solo,y el hambre y la sed hicieron la última parte del viaje un poco más dura,pero nada que un vaso de Crystallina luego de comida abundante no ayudara.
El sol se despedía del día,y en sus últimas llamas en el horizonte,vimos a la colorida Craster.Viva y llamativa parecía totalmente lo contrario a Laertes.

La luna arriba,en el cielo,brillaba intensamente.Recién nacida,con su blanco puro.El sol se termino de despedir,y nosotros pisábamos Craster.


Las puertas de la ciudad estaban abiertas,y las carreteras extranjeras pasaban hacia el centro de la ciudad para no perder ni un solo segundo.Pensando en que la convocatoria sería menor por la guerra en Laertes,la decoración era todavía más colorida y alegre de lo que la recordaba. No había color que faltase,con luces,con pequeños hechizos de luces flotantes,que flotaban con al compás de la música.Banderines,disfraces,bebidas,comida.Estaba todo listo para otra noche del carnaval en Craster.
La caravana se paró y la gente empezó a bajarse a toda velocidad,ansiosa.Los anfitriones recibían a los invitados con antifaces de varios motivos,colores y formas.Desperté a Dalia y la ayuda a bajarse del carro. Tomé 2 de los antifaces y me los puse ansioso por revivir aquellas épocas.Dalia corría su cabeza,y ponía su mano parandome.

-Ítalo.
-Es la tradición,no te preocupes.-dije mientras la ponía el antifaz.
-Ítalo.
-¿Ves? Ya esta.
-ÍTA..lo -dijo en un tono extraño. -Creo que...
-Si ya sé que tenemos que buscar a los de-

Entre la muchedumbre,otra vez,debajo de la cuarta luna.

-Vamos,no hay tiempo que perder.-le dije tomandola de la mano y llevándola atrás mío.
-Heyhey,espera,Ítalo...ÍTALO

Me giré y la miré a los ojos.

-Entiendo todo,busquemos a los demás.

Gritamos los nombres de nuestros compañeros.A pesar de la gente y la música,pudimos encontrar a los demás.Cregh había utilizado su magia para escribir ,con algo parecido a las luces flotantes que decoraban el ambiente , nuestros nombres.Todos tenían su antifaz puesto.Inclusive el gato.


-Que gran fiesta se apróxima.
-No estoy así de segura-dijo en un tono increiblemente tétrico.

Todos la miramos,aunque yo ya sabía a que se debía.

-Él esta aquí,no debemos perder su rastro.



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PASE TODO EL PUTO SABADO HACIENDO ESTO. DIOS. Maldito tiempo,pase demasiado tiempo haciendo y mucha bull shit en el medio. Perdón,perdón de enserio por hacerlos esperar.Mientras escribo hay un amigo en la puerta de mi casa subido a un taxi esperandome. Lol.

Saquen sus propias conclusiones cuando llego aclaro todo.

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19 Re: R.O.L. Beta el Mar Mayo 20, 2014 10:11 pm

HEIR


El asesinato de Bernard Rhodes había sido un trabajo limpio. Hubieron más complicaciones de las esperadas— no esperaba que fuera un diablo— pero al final había podido con él. Bernard había secuestrado niños, jugado con ellos y asesinado solo para traerlos, en una pila de sangre y restos, a la capital. Había usado sus cuerpos para potenciar un bloqueo mágico en toda la ciudad— y al final de todo este proceso para atraerme, di fin a su vida.

Ser cazarrecompensas implica que no hay ninguna seguridad, pero ciertamente nadie me había advertido que estaría frente a un monstruo en la catedral. Bernard estaba convertido en diablo contra su voluntad; el pidió por que lo matara, y me hablo sobre un cuervo en Laertes justo antes de morir.

Un cuervo. Un cuervo como yo… fuera de la capital. Después de que nuestro pueblo fuera arrasado, nuestro numero bajo drásticamente, y el último puñado de huggin se refugió en Veringrad, donde era más aceptada la convivencia con bichos. Tendría que indagar sobre ese rumor.

Tome el cuerpo, e hice buen provecho de él. Luego de hacer uso de la sangre, lo envolví en varias mantas, y lo traje a mi hospeda conmigo. Ya estaba oscuro, y necesitaba algo de sueño. Reporte lo ocurrido al día siguiente; la policía me recompenso con un puñado de buen botín plateado. Cinco rorintios, revise. Serviría.
Hay una pila de cuerpos atrás de la iglesia. Deberían hacer algo, ¿ah?
No me preguntaron dónde estaba el cuerpo. Ese era nuestro arreglo.

Esa tarde fui al bar. Sil y Dip estaban ahí, como siempre; pasando la vida tomando, como la vergüenza de la especie.
¿Saben algo de Laertes? –Fue lo primero que dije.
Ambos se miraron entre sí, confundidos.
—Está en una guerra civil.
Immo, seguro, pero… ¿No escucharon nada raro?
—¿Paso algo, Heir? –Hablo Dip, el más inteligente del dúo.
Bueno… –Suspire—. Escuche algo extraño.
—Mm, ¿sí? –Dijo Sil, antes de hacer una pausa para tomar un trago—. ¡Oímos entre los humanos que agarraron al secuestrador de nenes!
Immo –Asentí.
Tome asiento, pidiendo un vaso de Crystalina.
Immo. Fui yo. Escuche algunas cosas…
—Vaya, que raro que lo admitas –Opino Dip rascándose la barriga—. Nunca nos comentas del trabajo, eh. ¿Pero qué escuchaste?
Por todo lo que pensara sobre el resto de los cuervos, aun eran mis hermanos. Me acerque a ellos por sobre la mesa, con un gesto confidencial.
Me hablaron sobre otro cuervo fuera de esta ciudad protegida… y practicando magia contra los humanos.
—¿M-Magia? –Grazno Dip, recordando su fobia a los magos.
Sil, como un perro faldero, miraba a Dip con ansia, como aguardando su opinión para saber qué hacer.
—…No, no escuchamos nada, vaya. –Dijo Dip, y tomo una copa.

Grazne algo entre dientes.
Tenía sentido; era algo demasiado extraño para ser más que un secreto, o menos que una noticia.

Aunque ya tenía suficiente fama entre la policía como para que acudieran a mí cuando necesitaban un trabajo que debía permanecer en secreto, mis relaciones con ellos no eran demasiado buenas. Detestaba tener que trabajar para humanos, y ellos no se tomaban a bien lo que me gustaba hacer con los cuerpos. Por eso decidí no salir a Laertes el mismo día; Bernard Rhodes no había sido un trabajo normal, por más que yo había asegurado que no había habido ningún problema.
Los humanos no son estúpidos –hasta cierto punto—; con todos los niños muertos, la policía debía ser consciente de que en ese caso había algo más que un simple asesino en serie.

Si realmente iba a encontrarme a uno de los míos, era mejor llamar la atención lo menos posible.

Además, estaba el asunto de la barrera mágica sobre la ciudad. Yo no podía hacer magia, pero tenía distintos polvos para imitar sus efectos y compensar esta debilidad. Quería estar en perfecta condición; y era mejor esperar a que ese bloqueo pasase. Ahora que habían limpiado la pila de sangre en la iglesia, no podía tardar demasiado.

Finalmente estaba listo para partir, dos días después. Pensé en despedirme de Sil y Dip— pero afronte los hechos, y acepte que detestaba a todos los cuervos viviendo en Veringrad como habitantes del Este. Entregados a la dominación de los humanos. Si lo que sentía era cierto… Y creía que lo era… encontraría mi verdadero camino en Laertes. Si creyera en los caminos del Este, hasta podría decir que Destino estaba sobre mí.

Y efectivamente, el destino se puso en marcha esa tarde. Nunca llegue a salir de la ciudad ese dia. Esa mañana, cuando me moví a mi cocina, había alguien ahí.
Me había calzado mi túnica y estaba listo para salir, por lo que tenía mi sable conmigo. Lo tome, en un pestañeo, y salte hacía el intruso; pero él me esquivo moviéndose suavemente hacía un costado. Caí sobre mi mesa, dándola vuelta y haciendo un desastre en mi hospeda.
S…Stercore. ¡¿Quién es?! –Grazne, levantándome con un aleteo.
El intruso levanto una mano, como pidiendo paz.
Que la gracia de deus y su bien me acompañen hasta el día que la noche me reciba…
Para el sol nunca llegar. –Termine, casi sin darme cuenta—. Eso es… Un verso del Oeste.

Saludos, caballero. –Dijo el hombre entre sombras—. Estaba esperando esta conversación.

Mis ojos se abrieron aún más. Reconocí el título; parte de una promesa recitada entre susurros por la gente del Oeste, una que era prohibido mencionar. El extraño vio mi expresión desconfiada, y rio. Un sonido amortiguado, y metálico.
Estaba esperando que nos encontráramos. Veras, toda la promesa es cierta. El Antiguo Testamento está sucediendo, y ya llego la hora de tu llamado. Yo resulto ser… el hechicero.

Y movió una mano, y todo se sumió en tinieblas.

Cuando recupere la vista, estábamos en medio de una casa de piedra. Por el tamaño de ese solo cuarto, debíamos estar en el distrito privado.

Con un gruñido, me centre en la persona frente a mí. Mi sable volaba junto a mis garras, mientras caminaba a su alrededor en amenaza.

¿…Que fue eso, eh? ¿Usaste un hechizo…?
Pero no dije nada más. Bajo la luz de la estancia, pude ver al mago frente a mí. Sobre su cuerpo, medio cubierto por una túnica de cuero, sobresalía una máscara negra de metal. Sus formas demenciales le quitaban todo aspecto de cualquier raza— sus varias puntas negras lo hacían ver como un demonio. Dos orificios negros me miraron, inescrutables, y volvió a hablar.
Heir. El caballero. ¿Vas a servir a la promesa?
¿Hablas de los cinco del Antiguo Testamento? ¿La segunda venida del Oeste; la leyenda en la que recuperamos el continente? –Hablaba sin aliento.
Sí. Los cinco del Este ya aparecieron; el Cazador, Krieg Waltz, va a encontrárselos este mismo día.
Por primera vez en mucho tiempo me había puesto a temblar.
¿Vas a servir al Oeste? –Me pregunto la voz metálica una vez más… y su voz formulo la pregunta fatal.
Caballero. ¿Vas a servir a deus?
Asentí. No podía hacer nada más. Ninguna otra respuesta era concebible.
El Hechicero se adelantó hasta mí.
Desearía darte mis anillos ahora mismo, de verdad. Pero primero tenes algo que demostrar, caballero.
Guarde mi sable y me levante, solemne.
En esta casa vive un enemigo; un Oráculo que sirve al enemigo. Va por el nombre de Wendagon. Aun duerme. Blandí tu espada hoy, caza; y volvamos a encontrarnos.
El mago saco un anillo, y empezó a jugar con él entre sus dedos.
Caballero… encontrémonos en Laertes.
El mago se puso el anillo, y se esfumo. Dejo el cuarto vacío; en completo silencio. Por un momento mi mente estuvo en blanco.

Entonces mire por encima de mi hombro, hacía una escalera que subía por la casa de piedra. Empecé a andar. Me dispuse a servir al Oeste.

































DALIA



¿Qué te parece, Dalia? –Pregunto Ítalo. Frente a nosotros, la carretera hacía Craster levantaba polvo, y un cielo muy colorado nos cubría.
¿Hm? –Murmure, distraída por el movimiento de la carreta en la que viajaba con Ítalo—. Las cosas parecen estar mejor, ¿no?
Casi parecería que sí. Las festividades van a levantarle el ánimo al grupo. –Hizo una pausa, y me miro a los ojos—. ¿Seguís pensando en volver a la capital?
Recordé que habíamos acordado llegar a Craster, al menos, antes de decidir si íbamos a volver. Apreté el puño.
Habíamos ido a Laertes para ocuparnos del cuervo, Ítalo… Pero no pudimos arreglar nada.
Hey… Nuestro encargo no es salvar gente. Solo viajar. No te sientas tan mal.
Pero estoy segura de que también lo sentiste. Estuvimos los cinco frente a él, y solo nos tumbó con un movimiento. Podríamos haber muerto, eso realmente fue así. –Baje la voz, ahogándome en mis pensamientos—. Nunca había estado en ese tipo de situación antes. Apenas salía de mi pueblo.
Dalia… –Ítalo parecía reticente a hablar, pero suspiro y lo hizo—. Sí, yo también tuve miedo. Pero vos tenes esa espada. Yo tengo la Corona de la Gloria. Ella dice algo sobre mí, como un Del Valle; dice algo sobre mis capacidades. Y yo se eso. Si no confías en vos misma, al menos confía en tu espada.
Cuando decidí dejar mi casa, creía que Destino había querido que llegara a mí.
Sonreí perdidamente. Tantee los bordes negros de mi espada corta. El momento de silencio no duro demasiado.
Destino siempre alcanza a todos. –Dijo Ítalo, repitiendo el dicho popular—. El cuervo dijo algo raro respecto a eso.
¿Qué habían escrito sobre nosotros en “el Antiguo Testamento,” ¿no? Lo recuerdo. Nunca había oído hablar de algo así en las clases de mi mamá.
Yo tampoco lo conozco. –Ítalo se quedó pensativo—. Hurm, dijo que estaban trayendo a un deus…
Sí, tampoco vi hablar de esa raza en mi enciclopedia… –Levante la cabeza hacía Ítalo—. El cuervo nos llamó de formas extrañas cuando estábamos en la oficina. Yo era un Caballero, y vos un Cazador.
Debía estar loco. De cualquier manera, su “deus” debe ser el demonio que tenemos que cazar.
Seguro…
¿Estuviste soñando con algo más? –Pregunto de pronto. Me sobresalte, y mi ánimo bajo aún más.
Eh… No pude dormir mucho la otra noche. Vi a mis padres, y… algo parecía ir mal. Um.
Entiendo. No voy a preguntar más.
Vos podrias contar un poco de tu familia, para variar. –Dije, hablando sin pensarlo mucho. Solo estaba haciendo tiempo, mientras mis recuerdos volvían a ese sueño.
Wendagon me había dado sus habilidades para no estar tan alejada de mis padres durante mi viaje, pero solo parecía traerme malas noticias. Ningún sueño era preciso, solían componerse de un conjunto de sensaciones… Y estas solo habían sido oscuras. Había visto a mamá, comiendo sola. Papá no estaba por ningún lado, y todo estaba cubierto en sombras. Todo era sombrío.
Antes de poder ver más me había despertado sobresaltada—como si mi cabeza no hubiera querido ver más.
Sí, no estoy tan seguro de eso. –Respondió Ítalo. Me devolvió a la realidad.
Um…
Hey, ¿y qué hay de ayer? En el campamento antes del puente.
Ah… Sí hubo algo ese día. Pero todavía no estoy segura de que fue, y quería esperar a enterarme de algo más antes de comentárselo a todos.
Dalia, ¿Qué viste?
…Una casa empedrada. Tiene que ser la casa de Wendagon, estoy segura. –Ítalo pareció mostrarse interesado—. Pero las escaleras hacia arriba, hacia los cuartos, se fundían en negro. Como si no hubiera nada más allá. No sé. Adonde sea que miro veo oscuridad.
Recordé que Wendagon había dicho que la sola existencia del demonio influenciaba todas las cosas hacía la destrucción… Pero el cuervo había dicho que el demonio ni siquiera había despertado, ¿y ya pasaban cosas como la guerra de Laertes?
Trague saliva. No quería pensar en lo que mis sueños podían significar.

Ítalo pareció ver mi expresión, y cambio de tema hacía algo más alegre. Empezó a describirme Craster, y la tradición del carnaval. Como una versión en miniatura de nuestro mismo viaje, dejar de hablar de Laertes para hablar de Craster aligero el ambiente, y pronto hasta reímos los dos.
Ítalo no parecía el mismo cuando hablaba de la ciudad; sus ojos brillaban como si fuera alguien más joven. Hablamos durante algún tiempo más. Decidí que no conocía muy bien a Lang y, como él, Aldara parecía mantener una distancia de las personas, pero podía confiar en Ítalo y Cregh.

El cielo del atardecer llego a su rojo más fuerte, y pronto se oscureció.
Seguía necesitando sueño, así que me hice una almohada con mi bolso y me acosté por unos minutos… Minutos que terminaron extendiéndose mucho más.

Tuve otro sueño. Un vidrio multicolor ocupaba todo mi rango de visión. Todo se encontraba borroso, las figuras mezclándose entre sí, y supuse que debía ser el cielo. Pero pronto un pie se puso sobre el vidrio, y más y más gente apareció. El vidrio eran luces; estaba habiendo una fiesta. La gente, que ahora era una multitud, iba y venía con antifaces; mascaras que resaltaban en sus cuerpos oscurecidos detrás de todas esas luces. Pero una máscara era oscura por sí misma. Un ser que era todo negro.
Caminaba entre todos los demás desapercibidos. Caminaba tranquilo, sin apuro.
Y el cuervo empezó a darse vuelta hacía mí.

Una mano me estaba zarandeando; era Ítalo. Note que estaba llena de transpiración, mientras él me gritaba que ya debíamos bajar. Habíamos llegado a Craster. Intente contarle mi sueño, que el cuervo debía estar en la ciudad, pero él solo me arrastro adentro de la ciudad. Nos puso un antifaz a los dos, y antes de que pudiera explicarle encontramos a los otros.

Todos habían llegado bien; Cregh estaba llamándonos escribiendo nuestros nombres en el suelo.
—¡Qué gran fiesta que se aproxima! –Exclamo cuando nos acercamos. Debía decirlo ahora.
No estoy tan segura… Esta acá. No podemos perder su rastro de nuevo.
¿E-El cuervo? –Pregunto Aldara.
El huggin. Sí. –Dijo Ítalo, entendiéndolo todo de alguna manera.
Hey, ¿pero por qué escribiste el nombre de Ítalo con su apellido…? –Intercedió Lang, de repente—. Mejor movámonos de acá antes de que venga gente.

Efectivamente, ya toda una multitud se había formado; pero no era alrededor de nosotros, sino en toda la calle principal. Las carretas seguían llegando, y nosotros bloqueábamos el camino. Salimos como pudimos del lugar, haciéndonos paso entre la gente; todos teníamos antifaces, incluso el gato Malo. Habían muchos bichos entre los humanos, y note razas de las que nunca había oído hablar.

Estaba sintiéndome un poco asustada, y sin darme cuenta acabe junto a Aldara. Pensé en saludarla, pero era imposible entre todo el estruendo de la ciudad; en cambio, note que una serie de alforjas de cuero colgaban de su cintura.
Aldara, ¿eso…?
Tienen… agua. Las conseguí en Valle Hondo. Pensé, ya sabes, que podía ser útil…
Quede encantada. Recordaba esa magia que había hecho con el agua en Laertes; si esa era su especialidad, definitivamente era una buena idea.
¡Bien pensado! –Exclame, embriaga por el ánimo de la ciudad, dándole una palmadota en la espalda.
Aldara se soprendio y cayó sobre otra persona, empujándola. Todo el grupo se detuvo.
¡EH! ¿QUÉ HACES? –Exclamo la mole, mientras se giraba hacía nosotras. Las dos nos quedamos petrificadas.
Era un bicho. Verde, con dos metros de altura y el pecho al descubierto, inspiraba temor; su rostro parecía el de una rana y tenía dos cuernos enormes que sobresalían de su cabeza.
Un troll. –Oí susurrar a Lang.
P-Perdón. –Masculle, mientras alcanzaba mi espada. Aldara ya se había recompuesto, y su mano estaba sobre una de sus bolsas…
¿PERDÓN? SE ME CAYERON TODOS MIS COBRES POR ESTO.
¡Eh, anda para atrás, bicho! –Exclame, y Cregh pareció molestarse ante esta última palabra.
—Hey, Dalia, tiene derecho a estar molesto. –Dijo, mientras se adelantaba y me paraba con el brazo.
SUPONGO QUE… –Empezó a decir el troll, pero levanto la cabeza y vio a Ítalo apuntándole con el arco. Su capucha estaba caída—. HHH, UN DEL VALLE…
—Ah, carajo.
SABEN, QUIZÁ DEBERÍAN DEVOLVERME TODO LO QUE SE ME CAYÓ, ¿NO?
—Eh, eh, ¡para atrás!
Y de repente, antes de que todo fuera a peor, Ítalo bajo su arma. Estaba mirando sorprendido hacía su derecha.
Una mano se apoyó sobre el troll.
Bueno, bueno. Yo estaría feliz de pagar por todo.
¿HHH? MMM… SUPONGO QUE POR MÍ ESTÁ BIEN; BIEN.
Perfecto.

A los pocos minutos, el troll se estaba yendo por la dirección contraria. El hombre se quedó en el lugar y nos miró a todos.
Tanto tiempo, Marco. –Dijo Ítalo.
Tanto tiempo. –Respondió él. Paseo otra vez la mirada por nuestro grupo—. Por cierto… ¿Qué estás haciendo viajando con el tipo que quemo un pueblo…?
El tal Marco estaba mirando a Cregh. El mago bufo… a la vez que esa persona que parecía ser amigo de un Del Valle nos invitaba a acompañarlo a su casa.




:B
Por cierto, estaba pensando que debería HABER algún “plan del Oeste”… o sino por poco parece que los malos quieren ayudarnos a nosotros. Solo digo, que pensemos alguna razón para que Krieg vaya a Craster que no sea “Porque nosotros fuimos”


_________________
La oscuridad enciende, ¿quien es mi padre? ¿Me tenderé? ¿Me quedaré? Bendice el campamento, haz que el fuego brille.
Spark-a-dark, who's my sire? Will I lay me? Will I stay me? Bless this camp with fire.



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20 Re: R.O.L. Beta el Jue Mayo 22, 2014 7:55 pm

Croft

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Cregh

Craster estaba encendido totalmente, no había nada mejor como una noche totalmente iluminada, todo tipo de personas correteaban por el lugar, algunos llevaban mascaras y otros andaban casi desnudos, en el cielo podías ver una mezcla de pólvora y magia iluminando el lugar, habíamos llegada a una caravana a unas horas de Craster, una carreta llena de comida y alcohol me dejaron subir y me llevaron hasta la ciudad, la ultima vez que entre a Craster lo hice en cadenas, lo cual me recordó que no seria buena idea ser reconocido ahí, busque una especie de mascara o antifaz que tenia un pico y bigotes de gato y me lo puse, luego fue solo cuestión de llamar a los otros, puse sus nombres en el cielo y pronto nos reunimos, la alegría no duro mucho ya que que Dalia menciono al cuervo de nuevo, decía que estaba cerca.

Tratamos de alejarnos de la multitud, al frente mio una mujer de al menos dos metros de altura con piel oscura y azulada caminaba con solo el pelo para cubrirle el cuerpo, unos gritos llamaron mi atención y cuando me di cuenta Dalia peleaba con un troll o algo parecido, el troll reconoció la marca de Italo y eso lo molesto, pero se calmo cuando un conocido de Italo lo detuvo, al parecer eran familia, a pesar de la máscara me reconoció y nos invito a su casa, el y Italo pronto se pusieron a hablar mientras caminábamos.
—¿Quemaste un pueblo?— Me pregunto Dalia.
—No.
—Pero el dijo— El vagabundo se unió también.
—Quiero decir, solo fueron un par de edificios y uno estaba abandonado, no fue gran daño la verda—
—Quemaste una posada, no hubiese sido gran cosa sino estuviese al lado de un almacén de cervezas para el festival y no se encontrara en todo el medio del pueblo, tan solo a una semana del festival y medio pueblo arde.—El familiar de Italo, Marco parecía recordarlo muy bien.
—Y si eso no fuera suficiente quemaste una granja en construcción cuando trataste de demostrarle a los guardias como todo había sido un accidente, la única razón por la que no estas preso fue porque la universidad de Silis no podía dejar que un estudiante preso manchara el nombre de la institución.
—Bueno pero al menos nadie murió, no cualquiera puede quemar un pueblo y no matar a nadie.
—Porque casi todos estaban en la ceremonia de la llegada del rey en la ciudad, y de hecho un anciano murió a la semana por todo el humo que trago ese día.
—Ese año arruinaste el festival ,hay algo que no le puedes quitar a una persona son las fiestas y el alcohol, tu lograste quitarles ambas en un solo día.

Pronto llegamos a la casa de Marco, aunque casa le quedaba pequeño, era inmensa. A pesar de estar relativamente alejada del centro de la ciudad aun se podía escuchar la música y la gente celebrando. Y como no si el mismo Marco tenia una fiesta en su propiedad, un gran patio en la parte trasera de su casa albergaba al menos unas 200 personas, los 6 estábamos en una habitación del segundo piso de la casa, Italo le había contado a Marco de nuestro viaje, no se que tanto le habrá dicho pero si el confiaba en marco yo confiaba en el. No paso mucho tiempo hasta que Dalia volviera a mencionar al cuervo, Marco le dijo que hoy seria imposible buscarlo sobre todo de noche, seria mejor esperar a mañana.

—Siéntanse como en casa, si viajan con Italo son básicamente de la familia. —Y con eso salió de la habitación, italo lo siguió y dijo que disfrutáramos del lugar.

Dalia dijo que si no íbamos a buscar al cuervo al menos debíamos ir al centro de la ciudad tal ves pudiéramos oír algo importante. Mientras salíamos del lugar vi un hombre con traje, llevaba una bandeja con copas llenas de Agua de pantano, el liquido verde parecía brillar, llamándome. El vagabundo cogió uno copa, la olio y con una cara de repulsión me la dio.
—No… yo no—
—Has lo que quieras con ella, los orines de Malo huelen mejor.
Un trago no me haría mal, además si iba al festival lo iba a necesitar.

Decidí llevar un par mas para el camino.


Desperté en un charco de lodo, desde el suelo podía ver la casa de Marco a unos cien metros, cuando trate de levantarme algo salto de mi espalda, el gato negro del vagabundo ahora estaba al frente mío, me levante y note que mi franela y pantalón habían sido remplazadas por un vestido verde con flores, de corte bajo de paso. El gato se acerco a mi y orino a mis pies, pude ver que la cola la tenia quemada.

—Oh.




Hay partes malas, y luego esta eso. Lo siento pero la verdad por mas que lo intente no logro avanzar la historia sin borrar todo a los pocos segundos. No quiero retrasar mas el rol.

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21 Re: R.O.L. Beta el Mar Jun 03, 2014 1:11 pm

Las carretas nos llevaron rapidamente hasta Craster. Con rapidamente me refiero a un dia completo de viaje. Estaba un poco lejos, veran. Afortunadamente habia comida que podia robar pedir prestada, y lo unico que quedaba hacer ahora era esperar a que los señores de las carretas nos dejaran en nuestro destino. Asi que aproveche de tomar una larga y merecida siesta de casi medio dia. Uno nunca puede dormir demasiado.

Cuando desperte, nos habiamos detenido al llegar a las puertas. Los guardias estaban revisando las carretas, en caso de que algun señor carretero llevara alguna cosa rara. Tenia sentido, considerando como quedo Laertes hace poco.

Un escandalo se armo en una carreta, al parecer por que llevaban a una persona escondida entre el equipaje. Me acerque a ver de curioso, y para mi sorpresa, resulto ser que el que se estaba infiltrando era el ahora llamado Lang, si. Nunca me dijo su nombre luego de que yo le permitiera adoptarme, veran. Pense que su nombre era Allegro, hasta que me di cuenta que era distinto cada vez que le preguntaban. No es que me importe, de todas formas. Yo no tenia nombre antes. Yo simplemente era yo, no Malo. Aunque hubiera preferido El Gran Tormentagedon, creo que va mas acorde conmigo. Pero como dije, no me importa.

Como iba diciendo, le hicieron varias preguntas, y Lang invento algo tan tonto que los guardias no tuvieron mas opcion que creerle y se pudo ir sin mayor problema, y lo primero que hizo fue buscar un baño. Al parecer aparecio entre el equipaje de una carreta y de ahi no pudo salir hasta ahora. Tenia todo el cuerpo marcado con cosas, que se demoraron varios minutos en desaparecer. Jaja, pobre.

Como ya todas las carretas se habian ido, y el señor que llevo a Lang no queria ni verlo, tuvimos que seguir a pie hasta la calle principal, donde estaba todo... bastante decorado y animoso.
-Este es el Festival de Primavera, Malo. Gente y criaturas de todos lados vienen a celebrar el inicio de la primavera natural. Los agricultores preparan los campos para la futura cosecha, los artesanos hacen mascaras y juegos, los niños aprenden a hacer dulces y todo el mundo es mas feliz. Por estos dias tambien ocurrio la fundacion de Craster por Sir Lorian Frigio hace mas de 200 años, asi que la diversion se duplica.
-Ya me lo habias dicho la ultima vez. -maulle
-Es que me encanta la historia. -dijo Lang, mirando alegre las decoraciones y custiones. A mi no me parecia nada divertido todo este festival, porque habia demasiada gente y mas de un idiota me piso la cola. Y si no fuera porque Lang me estaba vigilando, lo hubieran lamentado el resto de sus mortales vidas.

Para variar, Lang compro un antifaz para mi. Uno de perro simplemente. Exigi uno de tigre o de leon por lo menos, pero Lang me dijo que fuera realista. ¡Que yo fuera realista! ¡He asesinado a sangre fria a criaturas infernales del infierno mas grandes que tu! ¡Merezco un trato digno de mi! Pero Lang me dijo que me callara. Como sea. Ni que me importara.

El tipo mago hizo al fin algo bien y escribio el nombre de Lang junto con los de los demas en el cielo para reunirnos. Lang finalmente aprendio que el del arco se llamaba Italo, y la niña de la espada nos dijo que el cuervo estaba aca ahora. Gran forma de arruinarnos la diversion.

Tuvimos un encuentro con un troll, del cual afortunadamente no resulto nada malo, o extraño. Te cuento: una vez fuimos yo y Lang en busca de un troll fugitivo, y cuando lo encontramos tuvieron ellos dos una estruendosa pelea a muerte en un bar, y terminaron como amigos pasando las penas con alcohol. Y al dia siguiente, Lang no podia moverse por el dolor de cabeza. Y solo se tomo un vaso cerveza. ¡Uno solo! Te digo, este sujeto no puede ni oler el alcohol sin enfermarse. No como yo, que soy un minino tan resiliente. No hay suficiente alcohol en el mundo para emborracharme.

Pero no hablemos tanto sobre mi grandeza. Un amigo del tipo del arco aparecio de la nada y evito una muerte necesaria, y de pronto lo seguiamos a su casa. Ahora, yo esperaba llegar a un lugar tranquilo y alejado de todo el alboroto donde pudiera dormir, pues el viaje me habia dejado muy cansado y necesitaba dormir un poco mas, pero resulto que el sujeto tenia en su humilde casa otra fiesta propia. Y luego de que el sujeto del arco le contara todas nuestras aventuras salimos de vuelta a donde habiamos estado, a buscar algo que nos llevara al cuervo. Ese fue un paseo bastante estupido, pero que podia esperar de criaturas tan desorganizadas. El sujeto mago se llevo varios tragos que parecian de pozo septico y cuyo olor a alcohol podia sentir de lejos. Por su cara, tenia intencion de tomarselos todos sin compartirme, y supe que las cosas iban a salir mal. Y para empeorarlo Lang fue a un puesto donde habian cervezas.
-Oye, Lang, alejate del alcohol, hay trabajo que hacer. -le ordene de lejos. Dalia me miro.
-Lang, tu gato no para de decir "miau". Creo que quiere algo. -¿Entiendes siquiera lo que estoy diciendo niña? Ahora recuerdo porque Lang es el unico humano que soporto. Es el unico que me entiende.
-Esperame un momento. -dijo mientras se compraba una taza de cerveza para el y otra pequeña para mi. Y le dio un sorbo a la suya antes de darme la que segun Dalia yo habia pedido. Bien, trate de advertirte. Al diablo con todo esto, yo me voy de aca.
Pero antes me bebi la cerveza mia.

Me dirigi de vuelta a la casa del sujeto que recien conocimos. Tenia varios arboles en el patio y posiblemente haya algun pajaro que me pueda comer. Pero para sorpresa mia, en el camino senti el olor de un pajaro grandote. Era el olor del cuervo de Laertes. La niña de la espada tenia razon, estaba por aca. Y era inconfundible, considerando que le saque unas plumas el otro dia. Creo que ya tengo cena para esta noche.
Segui el olor por las calles. Me fui acercando mas y mas al centro de la ciudad, hasta que llego un punto en que habia demasiada gente para seguir el olor, todo se confundia demasiado. Excelente.

Empece a dar vueltas, buscando cualquier cosa grande con plumas. Pero no podia ver nada con toda esa gente entremedio. Y para empeorarlo, un niño me vio y se empezo a acercar. Por favor no esta humillacion de nuevo.
-Ven, gatito gatito. Cuchito cuchito cuchito. -los humanos tenian la estupida creencia que diciendo "cuchito" yo iba a ir hipnotizado hacia ellos. Pues adivina que. NO. Me di la vuelta para irme pero el niño se acerco a mi y me empezo a acariciar.
-Si hasta tienes un antifaz.
-¡Dejame solo niño! ¡Soy el Gran Tormentaggedon, Destructor de Universos! ¡He asesinado a dioses y arrasado ciudades solo con el movimiento de mi Patita Izquierda del Demonio! ¡Los tontos humanos rinden tributo a criaturas inferiores a mi! ¡TU NO ERES UN SER DIGNO DE TOCARME! -e invocando mi garras demoniacas le rasguñe la mano al tonto niño, y este se fue llorando mientras sangraba muy levemente para mi gusto. Ja, lloron. Agradece que tuve compasion o ni habrias alcanzado a sentir tu muerte.

¿Y sabes que? Yo ni deberia estar haciendo esto. Ese sujeto oraculo no me dio la mision a mi. Ese es problema de Lang. Yo deberia irme a buscar a dos gatitas hermanas para pasar la noche, una blanca y otra negra, y quizas otra mas de tres colores para tener variedad. Pero considerando que el cuervo solo casi los mato a los 5, parece que soy el unico ser competente que pueda hacerle frente.

Camine adentrandome mas entre la multitud, llevando la cola en alto para evitar que me la pisen, y en eso, me encontre a la niña hidroquinetica, la maestra del agua, la tipa que le gustaba cargarme. Estaba comiendo un dulce, pero ella era fuerte. Podria facilmente cocinar al cuervo si no fuera porque no sabe usar su poder. Siempre lo he dicho: la genialidad se desperdicia en los humanos. Pero podria servirme.
Me pare frente a ella para que me notara.
-Oye niña. Soy tierno. Levantame. -le ordene, y le estire mis dos patitas delanteras. Ella sonrio y me levanto para cargarme. Justo como lo planee.
Ella empezo a caminar hacia algun lado que no me importaba. Yo estaba pendiente de la gente cerca, pero aun asi no veia nada desde aca. Esta niña era muy baja. ¿No podria haberme encontrado al del arco o al mago mejor?
-Me recuerdas mucho a mi gatito Sissel... -oh no, es de esta gente que le cuenta su vida a los gatos como si les entendieramos. No se de donde sacan esa idea si ellos no nos entienden a nosotros. Yo era la excepcion, porque soy mas inteligente y entiendo el innecesariamente rebuscado lenguaje humano, pero no por eso iba a ponerme a escuchar la historia de la vida de alguien mas. Mire al frente buscando al cuervo mientras esta niña hablaba creo que sobre su gato, que era ciertamente mucho mas interesante que la de un humano pero no en esta situacion. En fin, llego un momento en que no hablo mas. La mire para ver que paso, y se veia triste, con los ojos llorosos. Ah, por un demonio.
Me acurruque entre sus brazos y le ronronee alegremente un poco, y eso parecio animarla. Al menos estaba sonriendo. Me subi a sus hombros para ver de mas alto.
-Oye, ¿que haces? -dijo mientras yo trataba de ver desde mas alto. Pero habian demasiadas criaturas y gente grande para distinguir algo. Necesitaba ir mas alto aun.

Vi a un sujeto alto pasando frente a un estante de comida. Este era el momento. Me baje de un salto de la cabeza de la niña y corri hacia el tipo.
-¡Malo! ¡¿A donde vas?! -me grito, y de un salto me subi a los hombros del sujeto y de otro al techo del estante. Lo alcance apenas, y bote algo de la paja que habia arriba. Seguro cayo sobre la comida, pero ese no era mi asunto. Subi un poco mas y llegue al techo de la casa adyacente.

Aqui arriba no habian luces, solo habitaban las sombras. Este era mi reino donde yo reinaba. El cuervo no podra ocultarse de mis ojos vigilantes. Porque yo soy La Noche.

Ahora que podia verlo todo desde arriba, encontrar al cuervo seria tarea facil. Empece a correr por los techos de las casas, bajando al suelo y volviendo a subir cuando era demasiada la distancia para saltar.

Vi muchas cosas desde lo alto. Entre ellas al niño que estuve a punto de arrancarle la mano y al mago que... andaba sin pantalones. ¡Por todos los CIELOS ALGUIEN QUE HAGA ALGO CON EL! ¡¿Es que nadie piensa en la seguridad de los niños ahora?! Estos humanos van a extinguirse solos en su idiotez.

Pero no todo fue en vano. Fue durante un salto que vi al cuervo en una calle, y decidi bajar elegantemente como minino que soy para atraparlo. Si, definitivamente no me distraje ni me cai al suelo luego de rebotar en el techo de un estante. En serio.

Caminaba a paso lento sin apuro por nada. Y me estaba dando la espalda. Era el olor que habia percibido. Esta era mi oportunidad de atrapar a mi presa. Sigilosamente me acerque corriendo, y de un salto me subi a su espalda y apunte al cuello.
El cuervo se empezo a agitar, pero yo me aferre con mi hocico y trate de sacarle un pedazo. Pero, sorprendentemente, su carne era mas dura de lo esperada. Me tomo de la espalda y me lanzo fuertemente al suelo, y se acerco a verme.
-¿Uh? ¿El gato de Laertes?... -murmullo, mientras yo me levantaba adolorido. Miro alrededor, como esperando ver a los demas, pero andaba solo, y una vez mas corri a atacar el cuello. Si lograba cortarle la arteria, la batalla estaba terminada. Pero se me hizo mas dificil de lo que esperaba. Apenas salte de nuevo, el cuervo me golpeo con el puño. Logre enterrarle mis garras en la mano, pero me lanzo por los aires una vez mas. Cai de pie esta vez, y volvi a correr hacia el, pero el se dio vuelta y empezo a correr. "Es un ave gigante, obviamente me tiene miedo." pense.

Pero la realidad es que solo me estaba alejando de la multitud. Lo segui hasta que llegamos a una calle vacia, sin ninguna persona observando. Entonces se detuvo y se giro. Yo salte para atacarlo una vez mas, pero el me atrapo en el aire y me arrojo directamente al suelo. Y antes de poder levantarme puso su pie sobre mi estomago y trato de aplastarme con todo su peso.
-Ya fue suficiente gato maldito.
Y de su bolso saco un puñado de polvo negro y me lo arrojo encima. Se alejo de mi a la vez que me empezaba a picar el cuerpo y la garganta, como si me estuviera quemando, y parecia expandirse. El cuervo murmuro algo que no entendi mientras sonreia cruelmente. El ardor me llego a la nariz.

Estornude dos veces y me sacudi el polvo del cuerpo, y la sensacion desaparecio. Habia comido ajises mas fuertes que eso. El cuervo me miro unos momentos.
-¿Por que no mueres? -dijo, y me pateo y volvio a correr. Me levante con algo de esfuerzo y trate de seguirle el paso, pero me dolia demasiado el cuerpo luego de que me aplastara. Pocas veces alguien me habia lastimado tanto. Logre subirme a un techo como pude y lo segui por sobre la multitud. Pero una fuerza cosmica no queria que lo alcanzara. Apenas puse una pata en el techo de un estante, este cedio y cai hasta el suelo. Abri los ojos por el calor, y note que todo estaba en llamas. Era un puesto de alcohol, santas putas. Me esforce por levantarme hasta que una tabla en llamas cayo encima de mi cola, y de un salto sali de ahi y me aleje de la escena, junto con toda la gente que escapaba. El fuego se expandio a los puestos y a la casa adyacente. ¿Quien demonios fue el idiota que le prende fuego a un puesto de alcohol?.

Camine, o mas bien arrastre mi cuerpo esperando encontrarme con la niña hidroquinetica para que me cargara, pero eso nunca sucedio. Tuve que andar yo solo hasta la casa del sujeto que habiamos conocido, y cuando llegue al patio, no aguante mas y me tire a descansar en un monton de ropa que habia tirada en el suelo, casi como si la hubieran puesto ahi para mi.

Estupido cuervo antropomorfico. Pagaras por haber insultado al formidable Tormentaggedon. ¡Hasta tus ancestros sentiran el infinito dolor que te provocare con mi patita izquierda del demonio! Nisiquiera Deus se podra salvar de mi ira imparable, ¡ya veras!
Enterre mis garritas repetidas veces en la pila de ropa y me acurruque para dormir calentito. Mañana me limpiare. Y tal vez busque al cuervo con los demas, si es que Lang no muere por el alcohol que bebio.



Spoiler:
Cuando dije "posteo mañana", me referia a la otra semana. Definitivamente no es que me haya enfermado y quedado en casa todo el dia. Era parte de mi plan. En serio.
Spoiler:
Solo Lang entiende lo que dice Malo. A veces. Mas o menos.
Spoiler:
Malo es como toda la gente cree que soy, no se porque.

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22 Re: R.O.L. Beta el Vie Jun 13, 2014 1:02 am

Ítalo

Mi corazón latía muy rápido.Deslizarse entre la muchedumbre se hacía difícil.Más difícil de lo que recordaba.Bastante más difícil.
Llevaba a Dalia de la mano,aunque más que guiarla solo la hacia chocarse contra otras personas y otros seres en Craster.A pesar del sudor frío,notaba como una leve sonrisa decía presente en mi mejilla izquierda.Todos esos colores,toda esa gente,los antifaces.Qué buenos recuerdos.

Unas potentes luces gritaban nuestros nombres. Cregh lo había hecho.
Sonrió al vernos y exclamó algo sobre la fiesta.Terminé volteando y ver nuestro entorno.Volví a mirarlos a todos y dudé sobre decirles sobre el cuervo.

Las caras de todos se oscurecieron,y tendieron a mirar hacia abajo.Lo de huggin era personal,estaba más que claro.Quería poner una flecha en cada uno de sus ojos y asar el cadáver,lo cuál podría significar terminar con el hambre de Craster por un día.Había escuchado que la carne de cuervo era una deliciosa,morbosa y escasa,pero delicia al fin.
Pero el ambiente,fue más que nosotros y nuestros pensamientos.Y sin importar el incidente del troll.Esa noche,no íbamos a buscar al cuervo.La sombra no estaba llamando esa noche.Y puede que la razón estuviera parada enfrente mió.

-Tanto tiempo, Marco.
-Tanto tiempo

Le tendí la mano,que tomo con gusto.Y el saludo terminó ahí,aunque imagine que lo abrazaba,y sé que el imagino lo mismo.No había nada que lo impidiera,pero simplemente no lo hicimos.

No recordaba cuánto tiempo había sido exactamente,Craster era mi segundo hogar.Había una buena parte de mi pubertad/adolescencia ahí,junto a Marco.Habíamos pasado por tantos errores que recordamos con una sonrisa y algo de nostalgia.

-Por cierto… ¿Qué estás haciendo viajando con el tipo que quemo un pueblo…?

Miré hacia atrás y vi a Cregh desviando la mirada.No tenía idea de que hablaba,pero era más importante cualquier otra cosa.

-Ja,es una larga historia.-le dije pasandole el brazo por el hombro y trayendolo. -No tan larga como trágica,hey.¿Que hay de ti?.Vestía de muy buena manera,imaginaba que el negocio iba muy bien.
-Las cosas han ido...bastante bien podría decir.Quiero saber todo los detalles de tu pequeña aventura y también más de esto-dijo señalandose el ojo derecho-Vayamos todos hasta casa,no es lejos de acá.

Durante el camino hablando de épocas mejores,dónde la luna brillaba más intensamente y los días eran más largos.Pero Marco no iba a tocar el tema,no sin alguna botella de Crystalina de por medio.La noche era joven,las gargantas secas y las luces brillaban intensamente.

Me hubiera gustado que la casa de Marco fuera la anterior,la casa de sus padres.La casa de familia donde pase mi estadía aquí,sin lujos y pocas ventanas. Comida caliente,en platos que brillaban por la limpieza obsesiva de mi tía. Un tío sentado en su sillón,que nos contaba sobre sus historias con mi padre.Noches oscuras,en las afueras de la ciudad,mirando la luna cambiar su ciclo.Experimentar el amor por primera vez,tener miedo,estallar de felicidad,inestabilidad.Vida.

La casa de Marco era una lujosa mansión. Lo miré y le sonreí,aunque realmente hubiera dando todo lo que tenía por hablar con en el en la casa de las escasas ventanas. Dentro de su casa había bastante gente,con sus antifaces,celebrando. Una chica se le acercó y lo besó,le dijo algo al oído rápidamente antes de que se fuera. Fuimos hasta la cocina,donde tenía una pequeña barra,con una colección de alcohol envidiable.Había olvidado cuánto disfrutaba Marco tomando.

-¿Sabes?-dijo entre risas -Casi te pregunto que vaso querías.
-El más grande,naturalmente. -me reí y volteé para decirle a los demás que disfrutaran de la noche.Al voltearme,ya todos se había dispersado y perdido entre la multitud. Dentro mío sabía que se iba a relajar y pasarla bien,aunque sea por unos instantes.

Marco sacó una botella de Crystalina de altísima calidad y sirvió 2 vasos,hasta el tope,con mucha destreza.

-Que los dioses la bendigan.

Se quedo parado del otro lado de la barra,mirándome algo extrañado.Luego sonrió y levantó la copa.

-Salud!Hale,del valle!
-Hale,del valle!

Chocamos nuestras copas y éstas comenzaron a vaciarse rápidamente. La regla de los 3/4 se cumplió en  los 2 vasos y largamos unas ruidosas carcajadas.

-¿Qué te trae por aquí,primo?Si no tuvieras eso en el ojo no tendría dudas de que venís a revivir viejos tiempos.
-Sí...la corona de la gloria. Tengo 21,podes imaginar que es lo que voy a buscar.
-Claro que lo imagino...la piedra.La última,del este,al menos.-Paró un segundo,y me miró a los ojos.En realidad solo al ojo derecho-Eso queda en algun lugar de la costa...Havenstad.
-Es difícil.Todo cambió desde que volví a Veringrad.Comencé a sentir algo que crecía dentro mío.Algo no muy bonito,que prefería evitar,pero dejé crecer muy lentamente.-Marco me miraba sumamente interesado-He tratado de ocultarla,negarla,pero es una parte de mí.
-¿Y esa gente?No es típico de ti,trabajar en equipo.
-Es que... hay al-
-Algo más.Lo sabía.-sonrió y se mantuvo en silencio por unos momentos-Qué poco cambiamos.

Una pulsación con tintes oscuros me recorrió de pies a cabeza.
A pesar de habían pasado solo un par de años,no me sentía como el crío con el jugaba con Marco. Sentía que había sido otra persona,otro Ítalo,no este.Traté de simular una sonrisa algo.No quería mentirle en nada a Marco.Tal vez era simplemente no querer pasar una noche descomprimiendo que se supone que es esto que siento.Tal vez era no querer borrar la sonrisa de su cara.Tal vez eran ganas de terminar la botella de Crystalina y olvidar la sombra,a Elderan,al cuervo y mi apellido.

Tomé el vaso y le di un buen trago.

-Esto...es algo complicado.Recibí una carta,de Elderan.La recibí cuando partía para Havenstad,o al menos a buscar esa piedra.La tarde anterior a recibirla mamá me ayudo con todo esto-dije señalandome la cara -Prometían un buen dinero y... simplemente no podía negarme.Este señor de tierras juntos a otros 4 potenciales incompetentes.-El mago-me interrumpió-Sus razones no fueron claras,pero deberíamos encarar a un algo que estaba despertando en el Oeste.

Los detalles eran precisos,estaban pegados en mi mente desde que partimos de lo del viejo.Mis ojos se cerraron y todo mi cuerpo se concentró en las palabras.Parecía recordar cada mirada,cada suspiro desde ese día.Cada detalle que Marco escuchó con atención.Cuándo llegue hasta la pluma negra entre la multitud y el sueño de Dalia estaba bastante más mareado de lo que creía.Mi primo me miraba con una expresión seria pero un tanto somnolienta,posiblemente había perdido algún que otro de detalle.

Si,se había perdido algun que otro detalle.

Levantó la botella de Crystalina,que llegaba al ocaso de su existencia,cumpliendo con si ciclo de emborracharnos con la mejor calidad.Él comenzo a reirse y vació la botella en nuestros vasos.Con la botella apuntando hacia el cielo exclamó

-A atrapar al cuervo! Hale,del valle!

Se paró y comenzó a correr hacía afuera de la casa.Traté de seguirlo,pero mi estado no era mejor que el de él.Creo.
Siendo lo menos violeto que mi estado me permitía,esquivaba gente siguiendolo.Podía como a lo lejos seguía gritano -"Hale,del valle".
Entre carcajadas intermitentes,perdí su rastro y quede en la muchedumbre de gente.

Las luces daban mucha vida al lugar,las mismas bailaban al compás de la música.La gente también danzaba y se movía feliz.Encontraba extraño como Laertes estaba teñida en ese manto de sangre y muerte,mientras que Craster era pura alegría.Dos pueblos similares,totalmente antónimos por la voluntad del Oeste.Busqué una pared para apoyarme,esperando que el alcohol y su hermoso efecto desaparezca.Quería evitar que me usaran de pista de baile si me caía.

Apoyé mi espalda contra la pared y lentamente comencé a resbalar hasta quedar sentado.Miraba confudido las luces,que aun danzaban a la par de la música. El sonido se fue perdiendo en mi cabeza,la vision se hacía cada vez más oscura.La gente se convertía en masa,que se unía y separaba constantemente.Poco a poco la oscuridad llegaba al centro.Trataba de mantener la cabeza erguida,pero mi cuello cedió y me encontré en una posición demasiado cómoda como para negarme a aceptarla. Cerré los ojos. Un calor en mi pecho se extendió hasta mi cara y recuerdo sonreir,justo antes de dormir.



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Las primeras luces del sol dieron en mi cara.Realmente no entendía nada.Mi cabeza daba vueltas,vueltas que trataban de decirme algo.Moría por un vaso de agua,por alguna razón tenía la garganta tan seca como un desierto.Me incorporé y sentí dolor en lugares del cuerpo que había olvidado que existian. Todavía era difícil pararme,noté que era temprano,las primeras luces del sol no queman.Posiblemente la Crystalina seguía en mi cuerpo y debía faltar un buen rato para que se vaya.Realmente era una bebida traída de los cielos.La gente envenenada por el alcohol descansaba en las calles,algunos otros también se despertaban con las primeras luces.

Caminé hacía donde creía que estaba la casa de Marco con la cabeza perdida en algun otro lado. Pequeños recuerdos venían a mí,atacando mi debilitada razón.Despacio,muy despacio comencé a atar los recuerdos.Esa noche no había dormido tranquilo.Algo,algo había pasado.Y no era bueno.Definitivamente no era bueno.Los pensamientos y recuerdos se volvían cada vez más turbios,cada segundo que pasaba era más y más difícil concentrarme. Nada era claro,era solo un augurio,una corazonada de un color muy oscuro.

Una leve brisa trajo todas las respuestas.Sonidos lejanos junto con un hedor incofundible rompían con la paz de Craster.Aceleré mi paso,acostumbrandome a mi equilibrio estando alcoholizado.Los pasos eran torpes e irregulares. Corrí en cuando mi cuerpo lo permitió. Los sonidos y el hedor se hacían más intensos,pero no podía encontrar su origen.Las calles de la ciudad se dividian y subdividian en más calles. Elegí seguir por el camino de la izquierda,que era el que tenía más sombra.Pude agudizar lo suficiente el oído para descifrar de qué trataban los sonidos,eran revólveres.Acaso sería Lang? Traté de correr más rápido,pero mi cuerpo no soportó un esfuerzo así en ese estado. Totalmente encontra de mi voluntad paré unos segundos,que se tornaron eternos.La sangre estaba en el aire,igual que en Laertes.
Sin siquiera buscar al cuervo,el nos encontró.Seguí corriendo en línea recta,mis sentidos me daban la razón para elegir ese camino.
El revólver era disparado nuevamente,era uno solo y parecía de un calibre muy parecido al que solía usar mi hermano.A pesar de la distancia,reconocía la munición que utilizaba y esa munición no era común.Sonaba mucho más seca,mucho más letal.Comencé a ver gente alejandosé de la calle de la izquierda,pegada a una gran muralla.Pude ver los rastros de sangre en el piso,no eran abudantes,pero eran claros.Había gente a los costados de la calle,era casi imposible saber si estaban muertos o borrachos mientras corría. Los ruidos provenían de la próxima curva a la derecha.
Pude confirmar el primer cadáver,un hombre lleno de sangre acostado en el piso.No era una buena señal.
El segundo cadáver era una mujer,de un largo vestido salpicado de rojo.El tercer cadáver,era mi primo.
Me acerque a él gritandole.

-MARCO,MARCO!-le dije mientras lo sacudía.El idiota estaba sonriendo.
-Íiiitallo,tu amiga es muy ... bonita-tenía sus prendas empapadas en sangre,sin embargo no sé quejaba-
-Da-dalia?
-Nooo,ella nooo.La otraaa...a la que secuestraron.
-QUE?! Aldara secuestrada?
-Siii...y estuve tan cerca de atrapar al cuervo que merezco una siesta,no crees?-sonrió estúpidamente

Dejé a Marco donde estaba,seguía demasiado estúpido para pedir más referencias.Tomé mi arco y lentamente saque una flecha del carcaj.Así no podría acertar una flecha desde lejos,rodeé el lugar donde estimaba que se encontraba el cuervo.Era una pelea intensa,los sonidos venían todo el tiempo desde diferentes lugares.Encontré un pequeño callejón ideal para el ataque a lo que sea que estaba allá afuera.
Miré y pude ver a Dalia envuelta en un manto de sangre brillante,peleando contra el cuervo.O lo que parecía serlo.Usaba una túnica tan negra como las plumas del maldito bicho y su cuerpo era de envergaduras similares.Usaba un revólver en la mano izquierda,¿era una humano disparando contra Dalia?
Me arrodillé para tener un poco más de precisión y apunté.Disparé por la espalda,como un traidor, y la flecha atraveso su hombro izquierdo.Dejé el arco tirado mientras me dirijí a neutralizar al enemigo en unos pocos pasos ya me encontraba sobre él.

-DALIA!AHORA!

Lo tomé por los brazos,tirandolos hacia arriba dejando sin defensa posible su torax. Dalia no me había visto antes,pero entendió a la perfección que debía hacer. Velozmente se acercó y le levantó su pequeño abrecartas y lo enterró en el estomago de él.Gritó de dolor,un grito bastante humano.Bastante.
Se retorcía y trataba de safarse,pero no se lo iba a permitir.Dalia tomó su daga con ambas manos,empezando a girarla dentro de el enemigo con un odio tremendo.Ella sacó su daga y la miró unos segundos,la tomó con su mano hábil levantadola en el aire,apuntando a un objetivo mucho más letal,el cuello.

Sentí un frío golpe en mi cabeza,y mi cuerpo dejo de sentir.Una persona apareció de la nada y detuvo el brazo de Dalia y con lo que pareció un hechizo la lanzo lejos. El hombre de las pistolas habló,pero no podía escuchar nada.La otra persona,que usaba una máscara de metal le dió un algo en la mano.El que utilizó magia desapareció tan rápido como le dio ese objeto al de la pistola.Con una mano tratando de parar el sangrado,tomó el objeto con la otra. No supe distinguir que era,solo sé que desapareció al igual que el otro tipo. Mi visión se volvió a tornar negra,y volvi al mundo de lo sueños.




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Secuestran a Aldara en algun momento de lla noche/madrugada mientras Marco y Dalia estaban con ella,Dalia ayuda a Aldara,la recupera y pelea contra este tipo.En la batalla por recuperar a Aldara hubo heridos e incluso muerto,como puse. Uno de ellos es Marco,que esta herido por ahi. Dalia queda peleando con el del revolver,y luego cierto personaje misterioso noquea a Italo y se va con el otro °L°L°L°

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23 Re: R.O.L. Beta el Lun Jun 16, 2014 7:26 pm

HEIR


19 de Abril; pude alcanzar Laertes luego de tres días de marcha. Logre llegar al no detenerme en ningún lado. Las celebraciones en Craster ya deben haber comenzado: apenas faltan días para el comienzo de la primavera.
Y tuve otro encuentro.
Este día supe que las escrituras eran ciertas. Al principio dudaba, no sabía si debía llenarme de esperanzas para caer en la decepción. Lo que ese hechicero había dicho era bueno, pero, ¿realmente éramos nosotros los que traeríamos el bien a nuestras tierras? ¿Cómo podíamos saber que las escrituras hablaban de nosotros? Era una gran responsabilidad. Tanto que casi no podía lidiar con ello en mi cabeza. Stercore, pensé, mientras recorría los caminos. Al final abandone Veringrad. Luego de tantos años, un cuervo la abandona. Supongo que en este punto ya no importa si el hechicero está loco o no.
Baje la mirada a mis garras. Había asesinado al señor de tierras. “Hmm,” murmure. No había sido como los humanos que me encargaba la policía. Los otros señores de tierra seguro se molestarían; quizá alguno daría testimonio de haberme visto por el distrito, y la policía terminaría buscando mi casa. Todavía tenía el cuerpo de Rhodes ahí. Quizá alegarían nunca haber tenido conexiones conmigo, y que no tenían idea de los cuerpos que yo guardaba. Horrorizados, hablarían acerca de la locura de los huggin, y como los habían aceptado en la capital pero en el fondo nunca habían cambiado; por los Dioses, siempre han estado haciendo estas fechorías bajo nuestras narices, dioses, quien ingiere la sangre de otro hombre no puede seguir cuerdo. Dioses. Quizá Sil y Dip, o mis otros hermanos en la ciudad, recibirían represalias. Quizá le había hecho las cosas más difíciles a todos con ese crimen.
Escupí. Hmm. Estaba bien. Todos íbamos a tener que aprender a levantarnos por lo que era nuestro. No me arrepentía de mi crimen, pues no era un crimen. Era una declaración. Todo el Oeste iba levantarse, ¡immo!
Suspire. Motivarse con esos discursos cada tanto no estaba mal. Si realmente estábamos por comenzar una revolución necesitaba ese tipo de cosas para perder los nervios. Mis plumas se arruinaban si me ponía tenso, y si transpiraba la armadura terminaba hecha un asc…
Detuve mis pensamientos ahí mismo. Más adelante me aguardaba alguien.
Aclare mi mente y me puse en guardia. Me agazape, desenfundando mi daga. Agudice la vista. No lograba discernir a la persona—era como una sombra más entre todas las sombras de los árboles (llamaba mucho la atención al viajar, así que lo hacía unos metros distanciado de cada camino). Hmm, un murmuro por tercera vez. Sí era negro podía tratarse del hechicero. Lleve mi mano con la daga a la espalda, y avance cautelosamente preparado para un aliado o un enemigo.
La respuesta—no fue nada de lo que esperaba. Sus plumas negras, expuestas al aire, brillaban con la luz del sol. Su postura era perfecta y relajada. Su cabeza estaba algo inclinada, como si estuviera irritado, pero tenía las manos en las caderas con relajación. Nada en él se reflejaba como hostil…
Me había encontrado con un aliado, pero no había esperado que fuera un cuervo.
Durante un momento solo estuve parado ahí, inseguro de cómo actuar.
Cielos. –El otro huggin se llevó una mano a la frente—. Sabes, parece que causo esta reacción en toda la gente, sabes.
Me tome mi tiempo para pensar una respuesta.
¿…Tenes un anillo? –Dije al fin.
¿Oh? –Mi hermano, de gran estatura y con varias vendas, rebusco algo entre las bolsas que llevaba atadas a la cintura—. Sí, hurm… acá. –Entonces tomo un anillo y lo levanto hacía mí, mostrándolo.
Se tiró al pasto, sentándose sin finura.
Ahhh. Que calor. Mierda. Y que cansancio. El puto Caballero me dio en la pata. –Vi que algo en su pata sangraba. Pero no me deje apiadar todavía.
Hm, ¿estás diciendo que venís de encontrarte con los otros cinco? –Recordé algo que había dicho el hechicero: “el Cazador, Krieg Waltz, va a encontrárselos este mismo día”—. ¿Acaso sos Waltz?
¡Sí! ¿Sabes? –Grazno—. Hace algo de silencio. Este pie…
El cuervo se tanteo la pata por durante unos minutos, en los que solo se escuchó a los pájaros. Empezó a rociar algún tipo de polvo sobre la herida.
Y vos, ¡Eh! Vos todavía no me mostraste ningún anillo todavía. Sabes, yo no tengo que ser el único que tiene que mostrar. –Dijo de pronto.
Uh…
Eso podía ser un problema. El hechicero me había comendado venir a esa ciudad; a Laertes, cuya entrada ya podía ver en la distancia. Por como lo había dicho, me otorgaría un anillo si no los traicionaba; una muestra de que estábamos del mismo lado. Entonces fue lógico preguntar a Waltz por eso; era una buena forma de confirmar su identidad. Pero yo no había ganado el derecho a uno todavía.
Uh… El hechicero debió decirte que me recibieras acá, ¿no? Él planeó este siguiente encuentro.
Krieg asintió, con los ojos cerrados.
Immo. Los que piensan bien son buena gente, sabes.
Entonces deberías saber que todavía no tengo anillo.
Immo. Tenes razón, sabes.
Hmm… –Gruñí. No parecía querer iniciar ningún tipo de conversación—. Eh, ¿Dónde está el hechicero?
Con el Pistolero. Justo fuimos a buscarlo, a ese. Pero hicimos mucho ruido, y el caballero me clavo su mierda en la pata.
¿Entonces los cinco te hicieron todas esas cosas? –Señale  a las vendas que tenía por toda la boca, y que le quebraban el tono de voz.
See… su puto mago, su Hechicero.
Supongo que son un peligro a considerarse.
Naa. No tienen capacidad de nada. Pero el Testamento dice que podrían ganarla algún día.
Eh –Dije, mientras me sentaba en el pasto frente a él—, ¿en serio vamos a seguir el Testamento?
Claro; habla de toda la verdad del mundo. El mundo siempre cambia y los sentidos pueden ser engañosos, pero el Testamento es inmutable. Solo dice verdad.
Pero la promesa de la segunda venida… Solo es algo que se dice por ahí. Es muy vago como para basarnos ciegamente en ello…
Na. Escucha: nosotros tenemos las escrituras.
Me quede sin aliento. Por un momento no pude responder nada.
¿Lo decís en serio? ¿Las escrituras enteras; todo el testamento?
Immo –Fue toda la respuesta de Krieg, y no creyó necesario agregar nada más.
Bien… h-hum. ¿Podría… mirarlo?
¿Sos el Caballero… no?
Asentí. Le dije mi nombre.
Caballero. Heir. Hermano huggin, escucha bien: el testamento se encuentra en casa. En nuestra verdadera casa. Hale… en el Oeste.
Por favor; dame mi anillo. Quiero ir allí. Quiero ver nuestras verdaderas tierras.
Nunca te olvides de esto. Ahora mismo estamos en nuestras verdaderas tierras. Los hombres del Este nos las quitaron, pero estos suelos van a ser por siempre nuestros, sabes. Hasta que los recuperemos. Estas tierras son el Oeste, sabes, en sí mismas.
Sí.
No necesitas el anillo. Yo estoy seguro de que sos el caballero; no tenes que confirmarlo; pero no lo necesitas. Sabes, tu viaje sigue por estos caminos. El Oeste está en esa dirección, para vos. El Oeste es el destino.
No… No sé si entiendo.
Por ahora no lo necesitas, al anillo. Solo seguí avanzando, ¿sabes? Seguí hasta Valle Hondo y más allá. Hasta Havenstad.
Tantee vagamente sus plumas. Más fuertes, más viejas que las mías. Las plumas de alguien que no necesitaba una túnica para andar por el mundo, ocultando su piel.
¿Estás escuchando?
…Sí. Entiendo claro.
Ahora parti, entonces.
¿Solo falta la Nereida?
…Immo. –Gruño.
Muy bien. –Me puse de pie. Supuse que por fin estaba en el camino correcto en mi vida. Yendo en alguna dirección, más que el buscar sangre día tras día—. Bien.


















DALIA


La tragedia ocurrió al amanecer. Era el festival de Craster en toda su plenitud. Aldara y yo empezamos a andar por ahí, entre inquietas y embargadas por la emoción. Habían muchos bichos, que recortados en la oscuridad parecían pesadillas grotescas y coloridas; todo era exótico, y embriagante. A pesar de todo, los humanos eran la mayoría, y la calle tenía suficiente espacio como para estar cómoda. Con todo, nunca había dejado mis cosas—mi arma. Solo como precaución.
Cregh se había ido por su cuenta bastante pronto, luego de que nos despidiéramos de Ítalo y su primo.
Marco parecía buen tipo; un poco frenético, pero solo estaba más acostumbrado a la vida de la ciudad. Tomar y salir debían ser cosas comunes para él. Me pareció un amigo extraño para el callado de Ítalo, y reí mientras me los imagine creciendo juntos.
Todos estaban tomando mucho, con las bebidas gratuitas que repartían en medio de las danzas por la calle y luces flotantes. Pensé que no estaría mal. Apenas tenía chances así en casa…

Y no quiero dormir, pensé en mi tercera botella propia. No pienso dormir, no quiero volver a dormir. Y, ¡Dalia! Escucho que me están llamando. ¿A dónde había ido Aldara? Nos habíamos separado de Lang después de que nos consiguiera cervezas a los tres, para llenarnos el paladar de “bebidas para humano”, como las llamo él, en vez de eso que había agarrado Cregh… Pero, ¿quién me llamaba? No había digerido bien el alcohol.
Me pegue en los cachetes, forzándome a entrar en razón. Si todos nos emborrachábamos el huginn podría estar en cualquier lugar. Esa oración no tiene sentido, pensé levemente molesta. Entonces Marco me puso una mano en el hombro.
Eh, ¡Dalia! –Me saludó.
Ah, ¿Í-Ítalo nos presentó? –Se me ocurrió preguntar, sin siquiera devolver el saludo. Marco asintió varias veces—. Dioses, ¿te conto cosas?
Jaja, sí, ¿eso es un problema?
No… ¿p-perdón? Solo estoy pensando en voz alta.
Está bien. Vamos, ahora. Estamos entrando en la madrugada y el festival acaba de empezar.
Marco me tomaba de los hombros, apurando nuestro paso por entre las calles de paredones altos. Donde sea que estuviéramos podía oírse música, como un remolino en el que todo se mezclaba. Pero entonces me zafe de sus manos, y me di vuelta con firmeza.
¡Bueno… esperá! Estamos en la ciudad por una razón, no para ir dando vueltas.
Sí, sí. Mmm… Para ir a Havenstad, ¿no?
Ah… Yo… –Dude, insegura de si debía confirmar eso.
Está bien. Para matar a un bicho, ¿correcto?
Para matar a un huggin. –Masculle. ¿Qué tan borracho estaba Marco? Y se me escapo—: ¿Estas borracho?
Marco soltó una carcajada.
Vos también estas borracha. Vamos, vamos, ¿Dónde está la otra chica que venía con ustedes…?
Ya estaba arrastrándome de nuevo. Tanto correteó me estaba acalorando, pero él se veía bastante bien, para las ropas que llevaba. Buenas ropas. Intente no separar mi mente del huggin, de centrarme en mi espada y lo que significaba…Recordé las palabras de Ítalo. “Si no confías en vos misma, al menos confía en tu espada.” En lo que significaba. Era una responsabilidad hacía mí, una responsabilidad hacía mis padres.
Pero mi cabeza continúo interrumpiéndose, alzando argumentos. ¿Realmente pensaba poder encontrar a un cuervo a esas horas, con toda esa gente? ¿O solo trataba de convencerme de que no quería divertirme?
Por favor, Marco, vos tenes una buena posición acá, ¿no? ¿No escuchaste nada de un recién llegado extraño, o…?
¡¿Qué?! –Me grito, moviéndose de estar atrás mío a pasarme corriendo. A la distancia podía verse a Aldara—. ¡Pero si no para de llegar gente extraña! ¡Es el festival! –Su voz comenzaba a perderse, entre risas.
Sentí que me faltaba el aire. Me arrime a Aldara, y de pronto los tres empezamos a andar. Ella nos contó como acababa de ver a Malo…
¿Quién es Malo? –Pregunto Marco—. ¿Eh? Por cierto, van a ayudar a Ítalo con su pasaje, ¿no?
¿Qué cosa? –Dijo Aldara, mientras Marco nos acercaba dos copas.
Recorrimos varios negocios, y presenciamos varías demostraciones públicas. En un momento acabamos en el medio de una calle, con lo que parecían cocodrilos gigantes bailando alrededor. Recuerdos de la enciclopedia de mi mamá aparecían en mi mente a la vez que todo saltaba a mí alrededor. Entonces me gire a Aldara, y la encontré haciendo mover un hilo de agua de una de sus alforjas… Levantándola hasta dejarla flotando entre sus manos, lentamente. Creía oír aplausos a la distancia. Entonces el alcohol pareció hacerle efecto a Aldara, que se sacudió por un instante, y el hilo de agua exploto en todas direcciones. Más bien, por sobre toda mi ropa. Ella parecía sorprendida, como tonta, y se me quedo mirando un rato al borde de la risa. Le pidió a Marco que nos disculpara un momento, y me llevo al lado de la calle.
Necesitaba silencio. Y había tanta gente que todo tenia privacidad, pero no era suficiente. Quería correr hasta salir del pueblo, hasta volver a casa sin parar. Aldara, sin embargo, solo me hizo sentarme en un banco ahí mismo.
Disculpá. –Hablo.
La mire. El agua me daba frio, pero estaba muy cansada como para temblar.
Eh… te llego el alcohol, ¿eh?
Aldara sonrió.
Sí, supong-…

Y rompí a llorar.
Lloraba sin ruido, pero sin atinar a intentar parar. Lloraba por los ojos y la nariz, como una nena. Sin darme cuenta me revolvía el pelo, como solía hacer cuando estaba confundida; todo como una nena.
Dalia, ¿Qué pasa? –Aldara estaba preocupada. Tenía una mano en mi espalda.
Entonces llegue a calmarme un poco. Había quitado mi espada de mi cinturón, y repasaba sus bordes negros con mi mano izquierda. Sin embargo, no parecía hacerme sentir mejor; no para eso. Moví mi mano derecha de mi pelo a mi frente, y apoye la cabeza en ella.
¿…Cómo puedo divertirme cuando papá ni siquiera puede levantarse de la cama?
Um… –Yo no miraba en dirección a Aldara; su voz simplemente callo por unos momentos. Quizá no sabía cómo responder—. Vamos… vamos. Está bien.

Sí. Ya me había calmado un poco más. ¿Pero qué era eso? Las lágrimas caían. La verdad era la verdad. Mis sueños también decían verdades, aunque los sueños normales no debían actuar así. Entonces no quería dormir. Quería estar lejos de la verdad… Incluso a pesar de que todo eso me había dejado la cabeza pesada. Hubiera podido dormirme en ese mismo banco.
Aldara me veía intentando mantener la cabeza levantada.
Je… ¿A quién le llego el alcohol ahora?
Sonreí. Me saque el antifaz, que hacía que las lágrimas picasen.
Son solo las emociones del día. Vamos, lo más sensato sería ir a dormir.
Um… no… Creo que yo estoy bien. Quiero seguir durante el resto de la fiesta.
Aldara suspiro.
¿Por qué…? Mirá como estas.
Entonces es mejor. Para olvidarme de todo.
Y ella no respondió nada.

Nos reunimos con Marco, que no hizo preguntas. Estaba incluso más borracho que antes, pero a nosotras solo nos pareció bien. Nos llevó por la ciudad, pensando en mostrarnos todos los edificios grandes donde se celebraban espectáculos elaborados. Pero no teníamos tanta energía, y le pedimos que eligiera solo un lugar para quedarse a ver.
En el camino nos encontramos con Lang:
¿Cómo les va? –Saludo.
¿Aun despierto? –Le pregunto Aldara.
Sí… bueno, estaba por volver a la casa de ese Marco… Ah, está por allá. –Lang saludo con la mano al primo de Ítalo, y siguió hablando—. Además, creo que Cregh andaba borracho por la casa. Tendría que ir a revisar; juro que le hago pagar todo con su ocato si llega a quemar algo. Entonces, ¿va todo bien?
No se… la verdad. –Dije.
Seh. Este festival es tan grande… –Lang se rasco la oreja, detrás un antifaz de zorro—. Comparado a lo que era Laertes… Cuando la temperatura cambia tan bruscamente de frio a cálido uno tiende a resfriarse, ¿entienden lo que quiero decir?
Um… Un poco. –Dijo Aldara.
—Jaja, bueno, mejor voy yendo.
Y lo saludamos con las manos hasta que desapareció de nuestra vista. Si hubiéramos sabido que íbamos a necesitar su ayuda pronto…

Marco termino de guiarnos hasta el espectáculo, donde nos quedamos sentados los tres. Observamos la danza y la música, al parecer solo de humanos, y así pasaron las horas. Pasaron hasta al amanecer.
Entonces sucedió la tragedia. Por supuesto. Porque la llevamos a donde sea que nosotros vayamos; la traemos con nosotros.

◘◘◘◘◘

Al principio los disparos no se distinguían de la música y toda la charla. Las balas alcanzaron primero a los bailarines; cayeron al suelo como si nada, sin siquiera llegar a cambiar de expresión. Unas personas delante de nosotros se salpicaron con la sangre. Todavía nada había reaccionado; seguíamos estando en el segundo anterior. Entonces vimos al cuervo parado atrás.
Nuestro estado somnoliento, la borrachera, las emociones; fue como si nos tuviéramos que deshacer de todo eso, porque lo que veíamos era más importante. Al tiempo que yo me levantaba, desenvainando, Aldara abrió una alforja; estaba mirando al frente, donde el pistolero se había dejado ver. Ahora habían pasado un par de segundos. Marco estaba en medio camino a ponerse de pie. Otra bala estaba por surcar el cielo. Y por detrás, el cuervo no permitía que nadie abandonara el escenario. Era un pequeño techo adyacente a un edificio, aun en la calle; mucha gente empezó a huir por los costados, pero yo entendía que el cuervo no buscaba bloquear a los ciudadanos.
“Todo fue por nosotros”, recordé. El pensamiento resonó en mí. “Todo en Laertes fue por nosotros, él nos dijo básicamente eso.”  Y me llene de rabia. Otra vez, era sobre nosotros.
Ojala hubiera prestado atención al revolver detrás de mí, que era disparado.
Aldara tomo agua de la alforja e intento parar la bala, suspenderla dentro de una concentración de agua. Era completamente imposible, pero ¿qué más podía hacerse? ¿Qué lugar había para el pensamiento racional? Al menos debíamos intentarlo, porque, ¿qué más quedaba por hacer? Entendíamos lo que pasaba si fallábamos. Otra bala alcanzaba un blanco, y otra persona cayó al suelo para morir.
Entonces el tiempo volvió a correr.
Entendí la realidad de los hechos.  Un pistolero, con una capucha tapándole el rostro, llevando dos revólveres.
¡¿U-Un humano?! –Exclame, en dirección a Aldara. Estaba pálida; intentaba levantar agua pero no podía, todas las construcciones se deshacían en el aire—. ¡CUIDADO!
Todo era sobre nosotros, el pistolero disparo en su dirección. Salte hacía adelante, cubriéndola con mi cuerpo. Hubo otro disparo y lo recibí.

Siempre había imaginado que las cosas se pondrían oscuras, que mis ojos querrían cerrarse. En cambio, todo se hizo blanco. Los músculos se paralizaron, y el sonido se cambió por un pitido incesante.

Todos mis sentidos se bloquearon, en el dolor.

Pero la espada actuó y la bala cayo fuera de mí, luego de un momento. Y un instante después no hubo ninguna herida.
Me levante con firmeza. Olvide al huggin, y empecé a avanzar en dirección al pistolero. Por detrás, oía a Marco gritándole algo a Aldara. El pistolero retrocedió al verme levantada, confundido. ¿Acaso no me había dado? Sonreí. Note que no dejaba de seguir a Aldara con la mirada.
¿Quieren matarla a ella? –Me pregunte en voz alta, llena de furia. Arremetí hacía adelante, pero él salto hacía un costado. Con la espada destroce una silla que había allí.
Gire la mirada para revisar el estado de Aldara y Marco, y abrí los ojos con horror al ver que el huggin estaba frente a ellos.
Deje al pistolero, y corrí hacía el grupo. Entonces una bala penetro por mi espalda.
Caí al suelo, sin aliento. No lograba cerrar la boca. El huggin levanto uno de sus enormes brazos y le dio a Aldara en la nariz; no supe precisar si se la había roto. Empezó a salir mucha sangre. No lograba perder el horror. Era justo como en Laertes.
No, me dije. Otra vez no.
Me levante, ignorando la herida, que se curó por si sola. Empecé a andar despacio, pero escuche otro disparo y me vi obligada a saltar al suelo en protección. Un metro adelante, Marco había revelado un cuchillo, y no sabía cómo actuar frente al cuervo. Note entonces que este tenía vendas a lo largo del pico y el cuello, los lugares donde Cregh había creado una explosión. Marco intento atacar, pero el monstruo le corrió la mano sin esfuerzo.
Entonces levanto una pata, y la bajo en las piernas de Marco. La patada se las removió hacía atrás, junto al sonido de huesos quebrándose. Marco grito. Aldara también grito. Entonces el cuervo golpeo de nuevo, Aldara recibió otro impacto en la cara y cayo inconsciente.
Fuera de mí salte hacía adelante, y clave mi espada en su pata. Su graznido cubrió el aire, aturdiéndome.
¡Puta mierdaa! –Insulto, y me lanzo hacía arriba de una patada.
La espada me hizo aguantar el dolor, pero cuando recupere el equilibrio el cuervo ya tenía ese anillo suyo en la mano otra vez.
¡Eh! A ver como haces.
¿Me hablaba a mí…? No estaba muy segura de cómo responder. Entonces entendí que se dirigía al pistolero.
Agarra a la Nereida, sabes. ¿Eh? ¿Sabes? A ver como haces.
El cuervo se puso el anillo… y entonces no estuvo más ahí.
Sentí que quería llorar de nuevo. Sentí que quería vomitar, que quería dormir y reposar del alcohol.
Pero no había terminado. El pistolero dio unos pasos adelante, apuntándome. Solo estaba yo entre él y Aldara.
Movió el revolver hacía un costado un par de veces: “Movete.” Yo sacudí la cabeza.
No. No hagas como que te molesta matar humanos. ¿Siquiera sos uno…? ¿Por qué haces esto?
No respondió.
N-No pienso moverme. No tengo miedo de tus balas.
Pero ojala me hubiera movido. Hubo un resplandor en sus ojos, una especie de brillo en lo poco que su capucha dejaba ver… Él había entendido lo que mi poder significaba: que no debía contenerse. Siguió una cascada de balas, cinco, cuatro, incapaz de contar… Mi cuerpo perdió toda sensibilidad, como si lo hubiera perdido y solo quedara mi cabeza. Como si todo se me hubiera sido arrancado. Todo.
Pero aun así… De alguna manera… Me levante.
Mi espada era yo. Mi espada no podía romperse. Mi espada hacía a mi cuerpo parte de su noble filo, y lo protegía tanto como a sí mismo; yo no era un simple cuerpo para derribar. No para él. Nunca sería tan baja como él; algo peor que un humano. Aun si era humano, ya estaba por debajo de nuestra escala.
Apretando los dientes, comprendí que el pistolero ya no se encontraba en el lugar. Había estado caída demasiado tiempo.
¿Dónde está? ¿Marco? ¿Lo viste irse…? –Baje la mirada, distraída—. ¿M-Marco?
El suelo bajo él estaba lleno de sangre. El huggin lo había dejado desplomado, incapaz de levantarse…
Oh, dioses. Mierda, mierda… –Al menos estaba mirando hacia arriba. Le palme el rostro un par de veces, y empezó a abrir los ojos. Sin embargo, parecía muy débil para hablar. Puse mi espada en su mano, rezando porque hiciera algo—. Vamos, vamos… Vamos…
Dalia… la chica…
¿E-Eh?
Se llevó a la chica.
Mis ojos se ensancharon. Cierto, Aldara… El demente había tomado a Aldara. Me incorpore inmediatamente, pensando en buscarlo. Pero no podía dejar a Marco así.
Me acerque a él una vez más. Tome una botella del suelo, e hice que se la tomara.
Bien. Bien, vos seguí tomando. No pierdas la consciencia. Marco, sujeta la botella –Lo ayude a tomarla, guiando su mano—. Bien… voy a intentar volver pronto.
Lo deje. Por la lejanía empezaron a sonar disparos. Mire a mí alrededor, y contemple horrorizada como habían muerto muchos más. No podía perder más tiempo; dejar que sea como en Laertes otra vez. Corrí atravez de la calle.
Estaba lista para ir tan rápido como fuera necesario. A pesar de todo, al doblar la esquina ya estaba ahí. Al momento de verlo me recibió con otro disparo. Esta vez fue diferente; levante mi espada y me cubrí. Todo paso sin que me diera cuenta… me quede mirando la bala aplastada contra el filo, sorprendida. Por el rabillo del ojo lo vi recargando, y empecé a correr hacia la derecha. Pronto empezaron a haber más disparos; podía esquivarlos si no me detenía. Llegue a ver que había dejado a Aldara en el suelo; debía detenerlo antes de que pudiera irse a algún otro lugar. ¿Tendría uno de esos anillos mágicos?, me pregunte.
¡DALIA! ¡AHORA! –Escuche, de repente. Y todo se puso en posición. Cada partícula de aire, cada latido de mi corazón me dijeron que arremetiera ahora. Y ese fue el momento. Unas manos surgieron de atrás del asesino, y le detuvieron los brazos. Ítalo me había alcanzado.
Con una sonrisa, embargada de esperanza, acelere—y antes de darme cuenta llegue adentro. La espada cortó al pistolero limpiamente y penetro. No fue como las arañas, insectos viscosos. No fue como los diablos, de interior chamuscado. O los policías de Laertes; cortes solo de defensa propia. Cuando oí el grito horrible que profirió, entendí que esa sería realmente la primera vez que mataría a un humano.
Y… de alguna manera… eso solo me motivo más. Empuje con más fuerza, con más odio. A los humanos los conocía. Los había visto toda mi vida. Eran un terreno conocido, y soltar la culpa en uno de ellos era de alguna manera más cómodo. Era fácil pretender que él era responsable por todo… Poner mi odio por el cuervo en él, y desquitarme. Gire la espada adentro suyo. Me aferre al mango como si no pudiera soltarlo. Mi sangre hervía. Iba a matarlo. Retire la espada, preparándome para cortar de nuevo… Apunte a su cabeza…
Y de pronto, un hombre apareció en el aire. Empalidecí, creyendo que era el cuervo. Pero era un monstruo completamente diferente. Su rostro fue como un borrón, pero no era nada que hubiera visto antes. En un momento levanto el brazo, y me encontré volando por el aire. Me había lanzado. Creía haber sentido esa sensación antes. Cuando Cregh nos movió. Sí, la sensación de… magia. Una especie de claridad. Y, además, en esa altura podía ver al amanecer muy bien. Con toda su belleza.
Pero mi espada había salido volando, lejos de mí… e iba a tener que afrontar la caída por mí misma. ¡Dioses! Me tense en un momento. El impulso termino, y empecé a ir en bajada.
Cerré los ojos, y me prepare para el impacto.









Emmm, para esta parte queria escribir más sobre los personajes y los dialogos.
A Krieg le gusta mucho decir “sabes.”


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24 Re: R.O.L. Beta el Jue Jul 03, 2014 9:18 pm

Recuerdo como los guardias casi encontraron el revolver. Tambien recuerdo juntarme con los demas.
Recuerdo que conocimos a un primo de Italo, y recuerdo haber comido algunos bocadillos en su casa.
Y recuerdo haberme separado de Dalia y Aldara para ir a juntar dinero. Y algunas peleas y disparos... Se que hice varias cosas...  Estuve en muchos lados... Creo que... recuerdo todo, pero el dolor de cabeza no me deja pensar. ¿Ya era de dia? Habia dormido el resto de la noche... no... estuve consciente toda la noche... pero no lo suficiente para darme cuenta que estaba consciente... ¿Ahora estoy consciente?
"Ni idea" me respondi.
¿Y donde estaba? Oia gente. Olia alcohol. Por favor ya nada mas de alcohol, ultima vez que bebo. ¿Cuanto bebi?
"Una taza"
Puta madre.

Senti el sol en los ojos, lo que llamo lo poco que tenia de atencion porque si de algo estaba seguro era de que estaba boca abajo, mi cara descansando sobre una piedra. Abri los ojos, usando toda mi fuerza de voluntad para mantenerlos abiertos. Queria dormir, o morir, que dejara de dolerme la cabeza, y el estomago... ¿Estaba encima de algo?
Meti mi mano floja bajo mi estomago... estaba durmiendo encima del revolver, pero el estomago me estaba matando tambien. ¿Que hice para merecer esto?
Mire adelante... un charco con agua. Se reflejaba el sol en el... Tanta sed. ¿Debia beber de ahi?
"No, no lo hagas"
Me arrastre hasta el charco, hasta quedar encima y saque la lengua para beber.
Lo escupi. Era orina. Me gire y quede tendido de espalda, sufriendo mi desgracia. Mas gente pasaba, mas gente hablaba. Pero ninguno cerca mio. Y la cabeza me palpitaba al ritmo de los pasos. ¿Y donde estaba?
Abri los ojos. Veia naranjo. ¿Dormi hasta la tarde? Ojala. Estaba amaneciendo. Dos murallas a cada lado se extendian hasta el cielo. La derecha tenia una ventana. Debia estar en un callejon.
Escuche a varios caballos corriendo, y mas gente pasando. ¿Donde estaban los demas? Malo se fue luego de que le di la cerveza.
Recuerdo a Dalia y Aldara... y a Marco. Si. Hable con ellos. Y recuerdo fuego... vi algo quemandose. ¿Porque recorde el fuego antes que a Cregh? El se quedo bebiendo algo... e Italo se quedo en la mansion con Marco... pero Marco andaba sin el.
Cai en la cuenta de que en realidad, si estaba consciente.
"Bueno, duh"
Sentia que queria morir, pero sentia aun mas sed. Y mas dolor de cabeza. Necesitaba agua, mucha agua. Apoye mis brazos flojos y temblorosos en el suelo para levantarme, y con ayuda de mis pies aun mas flojos logre pararme. Y estuve erguido por un momento, hasta que el suelo se giro 90 grados y me golpeo con toda su fuerza en la cara.
Mas adolorido, mas nauseado y mas mareado que hace un momento, volvi a levantarme poco a poco apoyado en la muralla. Estaba cansado, sentia ganas de vomitar. Pero no tenia nada en el estomago. ¿Ya vomite los bocadillos? Eso parece.
Me acerque a la calle, lentamente y con cuidado, mirando hacia el suelo. El brillo del sol me estaba partiendo la cabeza.
Y alli estuve al lado de la calle, esperando a que quizas el dolor se calmara un poco. Y veia formas indefinidas, gente de un lado a otro, y caballos. Estaban los puestos de cosas, desarmados. Las decoraciones en el suelo. Y nadie celebraba. ¿Porque nadie celebraba? Siempre habia gente que celebraba hasta el dia siguiente.
¿Y porque tanta gente uniformada como policia? ¿Habia un desfile?

...

¿O habia pasado algo?
Esta posibilidad llamo mas atencion que la que yo tenia disponible hace unos segundos. El cuervo. ¿El provoco el fuego? Quizas el incendio se expandio y aun sigue. ¿Donde estaban los demas entonces? Debia buscarlos. Debia salir de mi pozo de borrachez y vergüenza. Con mi pie firme di un paso, y con esfuerzo levante el otro. Ahora estaba de cara en el suelo. Este chiste ya nisiquiera es gracioso.

-aaa...
Debia levantarme como fuera y buscar a los demas. No habia tiempo que perder. Apoye las manos en el suelo y lo intente una vez mas.
-aaan...
Mi padre siempre decia que la voluntad hacia ocurrir las cosas. La voluntad mueve el cosmos.
-Laaang...
Santas putas ¿quien estaba gritando? Me dolia la cabeza.
-¡Lang! -grito una voz dolorosamente aguda al frente mio. Trate de taparme el oido, pero algo empezo a tirarme del brazo para levantarme.
-¿Lang? ¿Estas bien? -Papa tenia razon, ve tu a saber. Dalia empezo a tirarme del brazo ahora mas fuerte, e intente levantarme de nuevo, pero volvi a caer, y esta vez me di vuelta, mirando hacia arriba.
-¿Me escuchas, Lang?... -me pregunto en forma fuerte y clara.
-Si... -intente decir, llevandome la mano a la cabeza por el dolor que me provocaba su voz.
-Lang responde...
-Que si te dije... -balbuceaba levemente, pero Dalia no me escuchaba. Y se acerco para hablarme casi al oido.
-¿Me entiendes? -me pregunto una vez mas. Esto ya era casi una tortura.
-Deja de chillar. -le dije, esta vez inesperadamente fuerte y claro. Dalia se alejo sorprendida, y empezo a tirarme del brazo una vez mas.
-El huggin nos ataco, Lang. Y Marco esta herido. Hay que ir a la mansion y encontrar a Cregh, rapido. -chillo ignorando lo que le dije.
Efectivamente algo habia ocurrido. Con ayuda de Dalia logre levantarme, esta vez sin caerme. Me apoye en su hombro para no perder el equilibrio, y cuando levante la cabeza, vi a Italo y a Aldara sujetando a Marco, que estaba consciente pero solo mirando hacia abajo. Se veian muy heridos, en especial Marco y Aldara, que estaban cubiertos de sangre. ¿Que demonios habia pasado?
-Mantente aqui. -me dijo, dejandome apoyado contra una pared, mientras iba a cambiar de lugar con Aldara. Marco no debia ser muy liviano...
Aldara se acerco a mi lentamente, pero antes de que llegara me impulse contra la pared y di unos pasos para recibirla con un gran abrazo. Aldara se quedo paralizada.
-Eh... ¿Lang? -dijo riendo nerviosamente. Los demas solo me miraron un momento, hasta que logre tomar la alforja de Aldara.
-Oye... -empece a beber desesperadamente el agua que traia, hasta acabarla toda, y luego la solte, volviendo a apoyarme en la pared.
-Gracias. -dije mientras me secaba la boca con la manga y le devolvia la alfarja. Aldara no comento nada mas.
-¿Que te ocurrio Lang? ¿Bebiste mucho? -una taza, una taza...
-3 botellas... -espera, ¿que dije?
-No hueles a alcohol...
-No importa. Ya vamonos. -dijo apurandonos Dalia, aun cargando con Marco. Rechaze la ayuda de Aldara y me fui caminando apoyado en la pared. Al menos despues de un rato ya podia cruzar la calle sin sentir que me balanceaba sobre una cuerda.

Podia asegurar que la mansion de Marco estaba mas cerca anoche. Nos detuvimos a descansar un par de veces y en mas de una ocacion cai de nuevo al suelo, pero podia ponerme de pie solo. Y en la entrada, nos encontramos a Malo, caminando muy soberbio, y con una clara sonrisa burlesca, riendose de mi desgracia.
-¿Y tu donde estabas? -le pregunte. Malo se sento en el suelo ignorandome y trato de rascarse la oreja, pero se detuvo repentinamente.
-¿Que te paso? ¿Estas herido? -me agache para verlo mejor, pero retrocedio gruñendome. Y note que tenia la cola quemada. ¿Habia estado en el incendio?
-¿Viste al cuervo? -Malo se levanto y se dio la vuelta para irse. Claramente lo habia visto y lo hirio. Y se fue al jardin a descansar bajo un arbol. Mientras tanto, los demas habian entrando a Marco. Me levante rapido y...
woah...
me... mareo...

...

En la mansion, habia gente andando de un lado a otro, trayendo agua y cosas asi, mientras Marco yacia tendido en un sillon. Los demas, incluida una mujer que resulto ser la ama de llaves, estaban a su lado. En unos minutos, entro por la puerta una persona mayor, de escaso pelo blanco, barba larga y bien vestida, junto a un hombre mas joven pero mas alto que el, y que cargaba un bolso grande. Se acercaron a examinar a Marco, y Dalia intento decir algo, pero el hombre mayor la interrumpio.
-Ya conozco la situacion. Javier, encargate de la damisela. -le dijo al asistente y señalando a Aldara. Me dio la impresion de que era un doctor o algo...
El doctor atendio a Marco en unos minutos, usando ciertas hierbas y en mas de una ocacion sus manos parecieron brillar al aplicarlas. Aunque no curo sus heridas, Marco parecio aliviado. ¿Era magia como la que uso Cregh conmigo?
-Los huesos de sus pies fueron quebrados. Me temo que no podra caminar durante algun tiempo. -dijo mirando a la ama de llaves.- Vendre a tratarlo dos veces por semana durante un mes, tiempo luego del cual deberia ser capaz de levantarse con cuidado. Le preescribire una dieta para que recupere el humor sanguineo. -dijo mientras sacaba del bolso lapiz y papel, y empezaba a escribir a intervalos. El otro hombre trato a Aldara de forma similar, aunque le tomo algo mas de tiempo. Se fueron una vez que terminaron, dejandonos solos con Marco.
-Ire a entregarle la receta a la cocinera, y llamare a alguien para que lo lleve a su habitacion, Señor Marco. -le dijo la ama de llaves a Marco. Este hizo un movimiento con la mano.
-Esta bien Estela, quiero estar aqui un poco mas. -la ama de llaves hizo un gesto y salio de la habitacion. Durante unos momentos, estuvimos sin decir ni una palabra.

-Malo estuvo con el cuervo en el incendio. -le dije al resto, sin saber que mas decir. Pero solo se miraron entre ellos, confundidos.- Si Malo estuvo con el, entonces quizas podriamos seguirlo.
-Espera, ¿Que incendio? -pregunto Italo, mirando a Dalia y Aldara que no dijeron nada.
-El que provoco el cuervo. -les dije. Me miraron aun mas confundidos.
-No hubo ningun incendio. Nos ataco el cuervo y otro sujeto mas.
-¿Que? Pero si yo recuerdo un incendio anoche. Alguien quemo algo...
-¿No saben donde esta su amigo Cregh? -dijo Marco, que no habia hablado hasta ahora. Todo cobro sentido con esa pregunta. ¿Entonces donde estuvo Malo?
-¿Que sucedio exactamente? ¿Otro cuervo los ataco?
-No, era el mismo cuervo junto a una persona, un humano. -me dijo seriamente.- Llevaba dos pistolas y tenia--
-¿Una capucha que le cubria la cara...? -Aldara levanto la vista e Italo me miro seriamente. Lo recordaba. Si. Recordaba alguien como el...
-¿Lo conoces? ¿Sabes quien es? -me pregunto Dalia chillando una vez mas. Santas putas, mi cabeza...



Luego de invitarle una cerveza a Dalia, Aldara, y Malo, note que me quedaban solo 30 cobres. ¿En que momento gaste los otros 250? No sabia, pero de todas formas necesitaba juntar mas dinero si queria seguir con el viaje. Necesitaba algo mas rapido que buscar criminales. Y en un festival, era probable que hubiera mas de una forma.

--El Gran y Magnifico Cargal--
-Premio de 50 rorintios-
>----------->

¿Que era este anuncio? ¿Quien era Cargal? No sabia, pero habia un premio. Y para mi con eso era suficiente.
Y llegue a un puesto grande con lo que parecia ser una especie de escenario cuadrado en el medio, con cuerdas tirantes alrededor. Encima, habia una bestia bruta un poco mas alta que Italo o Cregh, con tanto musculo como pelo encima. ¿El objetivo? Derrotarlo.
Alrededor, estaban los cuerpos inconscientes o adoloridos de los que habian intentado semejante tarea. ¿Y el bruto? Apenas se veia cansado.
Me dirigi a la plataforma e intente subirme, pero un sujeto con un gran mostacho y con traje un tanto mas alto que yo me detuvo.
-Son 2 rorintios por la pelea. -dijo estirandome la mano y sonriendo. Tenia un pedazo de ensalada entre los dientes.
-¡¿Que?! ¡No tengo tanto dinero! -el sujeto bajo la mano y cambio de expresion.
-Pues estas sin suerte. Vuelve cuando dejes de ser pobre. -el sujeto se alejo un poco y empezo a llamar a mas gente que se atreviera a tomar el desafio. Saque las monedas que tenia.
-Tengo 30 cobres. Te doy esto y trabajo gratis el resto de la noche si pierdo. -el sujeto se giro para verme, y llamo a un chico que estaba limpiando el... vomito de un pobre sujeto que fue masacrado.
-Oye, Nicolas, ¿cuanto te estoy pagando por noche?
-90 cobres, señor.
-Creo que no sera suficiente...
-Hare el trabajo de dos personas. -dije confiadamente, y entonces el hombre volvio a sonreir.
-Ah, me gusta tu actitud. 30 cobres y si pierdes seras mi esclavo esta noche. Limpiaras los fluidos desagradables de los perdedores, la escupidera y te encargaras de los borrachos odiosos. -el hombre me extendio la mano y se la estreche.- No, dame los cobres.
Le entregue hasta la ultima moneda que tenia y subi a la plataforma, donde la bestia de Cargal se levanto para enfrentarme. Me quite el abrigo y el antifaz y los deje colgando en una de las cuerdas.
-Deberia haber pensado en esto antes. ¡Trabajadores gratis todas las noches! -le dijo el encargado al joven que limpiaba.- Si pierde, tu y tu amigo se van sin paga esta noche, y probablemente el resto de la vida.
Cargal se acerco al centro de la plataforma, y desde atras el encargado me empujo para que avanzara yo tambien. Camine hasta el centro y me encontre frente a Cargal, que me miraba hacia abajo.
-Y... ¡Empiecen!
Y lo siguiente fue que con un golpe en la cabeza cai al suelo.
-¡JA! ¡El peleador mas facil de toda la noche! ¡Estas despedido chico! -dijo el encargado celebrando, pero me levante rapidamente dispuesto a seguir peleando. Iba a ganar los 50 rorintios si o si.
El jefe se quedo callado y el bruto me miro un momento, viendo que su primer golpe no habia logrado mucho, y luego se acerco a golpearme una vez mas. Bloquee con los brazos los varios golpes fuertes que me lanzo, hasta que al final me golpeo con la rodilla en el estomago. Cai una vez mas.
-¿No es eso ilegal? -escuche a alguien decir desde afuera.
-Si lo hace Cargal es legal. -respondio el jefe. Me levante de nuevo, aun sin intencion de perder el dinero y mi libertad. A estas alturas, Cargal ya se veia algo cansado, y el presentador, preocupado. Pero yo estaba mas masacrado.
-¡Acaba de una vez con el Cargal! ¡Que no se pueda volver a levantar en su vida! -empezo a gritarle el encargado, al parecer olvidando que no podria trabajarle si estaba muy herido. Me dirigi hacia Cargal y lo golpee en la rodilla derecha, al tiempo que me lanzaba otro golpe. Perdi el equilibrio pero logre caer bien, y de inmediato me encontre de pie. Cargal me envio otro golpe, ante el cual retrocedi para esquivarlo. Pero el dio un paso extra y me golpeo con la otra mano. Alcance a protegerme del golpe, y me apoye en la cuerda para no caer. Corri hacia el, y con un pequeño salto le di otro golpe en la misma rodilla, a pesar de que intento retroceder. Entonces ya veia un avance.
Pero, aun asi, parecio que la suerte no estaba de mi lado. Cargal logro agarrarme y me golpeo contra el suelo, y cargo casi todo su peso sobre mi.
-¡La regla 34, jefe! -le grito el bruto a su jefe. ¿Que diantres era eso?
-¿La re--? ¡Oooh! Claro... -dijo el jefe y pauso un momento mientras parecia recordar.- ¡10!... ¡9!...
¿Era lo que creia? Santas...
Empece a agitarme, a tratar de sacarme al bruto de encima, pero, para mi mala suerte, pesaba mas que una mula. Para mi buena suerte, tenia un pie libre, y le di otra patada mas en la rodilla derecha. Podia ahora notar que le estaba doliendo, y con un segundo golpe logre quitarmelo de encima, por poco. Me puse de pie rapidamente, mientras que a Cargal ahora le costaba levantarse, mucho mas el moverse.
-¡Son 50 rorintios! ¡50 RORINTIOS! ¡Por favor matalo de una vez! ¡Te lo ruego! -el jefe estaba completamente histerico ahora. Corri una vez mas hacia el bruto, y el escondio el pie derecho tras el. Di un salto y me lance sobre el para empujarlo, y con el impulso, tuvo que apoyarse en su pie malo. Con un grito de dolor cayo con el peso suyo y el mio, y rapidamente me aleje de el, esperando a que se levantara.
-Vamos. Aun no acabamos. -le dije animandolo a levantarse.
-¡Levantate mastodonte inutil! ¡Te pago el doble pero tienes que ganarle! ¡Matalo! ¡¡MATALOO!! -le grito el jefe metiendo la cabeza entre las cuerdas y golpeando el suelo con los puños. Cargal se nego.
-No puedo jefe, no puedo. Mis golpes no le hacen nada...
-¡Levantate!
-Me rindo señor, me rindo. -me dijo desde el suelo Cargal. El jefe empezo a tirarse los pelos del mostacho, lamentando la perdida. Di un suspiro y me puse mi abrigo y mi antifaz de vuelta. Me acerque a Cargal y le extendi la mano para ayudarlo a pararse, y cojeando se bajo de la plataforma.
Me acerque al jefe, extendiendole la mano mientras sonreia.


El jefe conto las monedas mientras gruñia, y me asegure de que fueran 50 rorintios. Las meti en una bolsa y me fui con mi premio del lugar. ¿Cuando fue la ultima vez que habia ganado tanto? Aquella vez que atrape a dos criminales por el esfuerzo de uno. La diferencia es que esta vez no perdere las monedas cruzando un rio, espero. ¿Me alcanzara con esto para todo el viaje?
Decidi no tomar riesgos, y busque algun otro puesto. Algo en lo que pudiera ganar aun mas dinero.
Yo no lo encontre, precisamente. Mas bien, me estuvo llamo desde lo lejos.

Me acerque a la fuente de los disparos, por mera curiosidad. Habia algo extraño si se escuchaban estas explosiones sin que hubiera gente gritando. Y cual fue mi sorpresa, al ver que era un puesto largo con varios objetivos.
Una persona disparaba con un revolver (que estaba encadenado al estante), tratando de darle a los circulos como los que usaban los arqueros para practicar, pero mas pequeños. Y al parecer, el hombre nunca habia sostenido un arma en su vida. Aunque era entendible, considerando que los revolveres son muy poco comunes. Solo una vez vi uno en venta en una feria grande, a un precio prohibitibamente caro. En el rango de las monedas de oro. Mas de una vez los criminales se han quedado mirando que diantres es lo que tengo en la mano. Las balas, por otro lado, eran meramente dificiles de encontrar, pero cuando has recorrido los pueblos grandes, ya sabes donde buscar.
El hombre con suerte logro darle a 3 de 20 que cayeron con el impacto, uno de los cuales nisiquiera estaba apuntando. El hombre dejo el arma sobre el estante y se fue, mientras un sujeto volvia a poner los objetivos en su lugar. Esta era mi oportunidad.
-Yo quiero intentarlo. -le dije al hombre tras el estante. Era viejo y la barba le llegaba hasta el pecho.
-Son 10 cobres, hijo. -saque orgullosamente una moneda de plata de la bolsa, y el hombre me devolvio los 90 cobres de sobra. El cargo el revolver y me lo entrego.- Tienes que darle a los objetivos, hijo.
-Algo asi esperaba. -el hombre se hizo a un lado y apunte con la pistola al objetivo que estaba mas cerca. Pero al disparar, paso algo extraño. No se sentia la misma fuerza a la que estaba acostumbrado. Ni la bala golpeo el objetivo, a pesar de apuntar bien. Intente una vez mas, y vi que la bala pego en una de las paredes.
-Las balas salen desviadas. -le reclame al hombre.
-Asi son los revolveres reales. -me respondio, al parecer el tampoco habia usado un revolver. Al menos no con balas reales.
-Asi no se puede hacer nada. -deje el revolver malo y saque el mio propio. En 15 segundos gaste las 8 balas que tenia en el revolver, y no falle ni un solo tiro. Realmente las otras balas eran malas. Las mias sonaban mas fuertes. Cuando volvi a ver, el resto de la gente estaba escondida detras de lo que fuera. Me guarde el revolver.
-Ah, es peligroso usar balas reales. -dijo el hombre encargado. Ahora que lo pienso... si. Decidi dejar el juego, y el hombre me devolvio 5 cobres. Me gire para irme, pero una persona me detuvo.
-Veo que tienes un arma real. ¿Quieres hacer una apuesta? -era un sujeto encapuchado con una tunica larga. No podia verle la cara bien, pero parecia ser incluso mas joven que yo. Parecia de confianza.
-¿Que tipo de apuesta? -pregunte intrigado. Pude ver que el sonrio bobamente.
-El que le de a la mayor cantidad de objetivos gana.
-¿De cuanto hablamos?
-Tu di. -me dijo, al parecer confiado de si mismo. Esto iba a ser interesante.
-Bue... 1 rorintio y el costo del juego. -no parecia que iba a ser facil. El tipo acepto, y saco un revolver propio.
El que ponia los objetivos en su lugar termino el trabajo, y fue rapidamente a esconderse, al igual que el dueño, y la demas gente. El encapuchado se puso en posicion, apunto por unos momentos, y comenzo a disparar rapido. En unos segundos agoto 6 disparos, y abrio al revolver para recargar. Pero lo hizo con un instrumento raro, que sostenia 6 balas. Las metio todas de una vez, y volvio a disparar. Repitio el proceso y al final puso dos balas manualmente, y termino con 19 de 20 objetivos.
-Tu turno. -dijo haciendose a un lado. Santas putas este tipo era bueno.
Espere a que los blancos estuvieran en su lugar. Y una vez hecho eso, empece a disparar. Mi revolver tenia para 8 balas, pero no tenia esa cosa para recargar rapido. Me demore un poco mas en terminar, pero frustrantemente falle el objetivo mas lejano. 19 de 20.
-¿Segunda ronda? -pregunte. El encapuchado tomo posicion y espero a que los objetivos estuvieran listos. 20 de 20. Esta vez se tomo mas tiempo para apuntar, eso si. Estaba en problemas.
Con algo de nervios, tome mi revolver y comence a disparar, igualmente tomandome algo mas de tiempo, lo que parecio ponerlo todo peor, porque a uno de los objetivos le di justo en el borde. Y cuando fui a recargar, note que me faltarian balas.
-Uh, me van a faltar 8. -el encapuchado se metio la mano al bolsillo y, esperaba que me diera balas, pero en vez de esto me paso otro revolver.- ¿Tienes dos revolveres? -pregunte impresionado.
-Uno para cada mano. -Este sujeto estaba a otro nivel. Y debia ser millonario o algo. Tome su revolver, y con cuidado apunte y dispare. Sus balas parecian tener un poco menos de fuerza, pero nada por lo que no pudiera compensar.
Dispare dos veces, uno de los objetivos se rompio en dos pedazos. Cuatro veces mas. Recargue con las balas que me dio el encapuchado. Supongo que si nos quedabamos sin balas terminaria como empate. Dispare dos veces y empece a sentirme mareado.
-Woah... -me apoye con un brazo en la mesa y espere un momento. Se paso un poco. Dispare otra vez, ya solo quedaban 3 objetivos.
Dispare una vez mas. Falle.
¿Que fue eso? ¿Fue el alcohol?
Le devolvi el revolver al encapuchado. No habia mas que decir ni hacer. El sonrio bobamente una vez mas, y le di el rorintio, y al hombre del juego 20 cobres.
-Fue un buen juego. -le dije extendiendole la mano. El encapuchado me miro un momento como extrañado y la estrecho.
-Supongo que si. -el encapuchado se guardo los dos revolveres bajo la tunica, y se fue rapidamente. Que sujeto tan agradable.
...
Ahora tenia que comprar mas balas.

Me dirigi a la plaza de Craster. Alli habia una tienda de armas variadas, donde tambien habian balas. Lamentablemente, estaba cerrado. Tendria que volver mañana. ¿Y ahora que?
Tenia 48 rorintios y 70 cobres. Quizas si ahorraba me alcanzaria para el resto del viaje. Si, seria mas seguro que intentar ganar mas. Supongo que lo de la pelea fue suerte de poder aguantar los golpes.

Y me dirigi a la mansion de Marco. Ya no tenia mucho mas que hacer aca. Si me quedaba, seguro iba a gastar mas dinero. Podria comprar algo para comer, pero en la mansion de Marco quizas aun hallan bocadillos, y si no, quizas el nos invite a comer mañana. Seria lo mejor el ahorrar lo que pudiera.
En el camino me encontre con Aldara, Marco y Dalia. Dalia parecia haber estado llorando, pero preferi no referirme al tema. Me despedi de ellos y segui el camino a la mansion.
Pero no iba a ser todo tan facil. Camino a la casa, vi a una multitud de gente alejandose de algo. Una vez mas, de curioso, fui a ver.
Una cuadra de estantes se estaba quemando. "Hablando del Rey de Craster..."
Ahora, no soy exactamente el tipo de persona heroica que va de ciudad en ciudad ayudando a los necesitados. Mi primer pensamiento fue irme, y exactamente eso hice. Me aleje igual que un monton de gente, y choque con una mujer alta con un vestido floreado incomodamente corto que estaba corriendo. Cai al suelo, los mareos volviendo una vez mas. La mujer se fue sin siquiera ayudarme. Que desconsiderada.

Me levante una vez mas, pero el mareo no parecia querer pasar esta vez y todo se veia algo borroso. Decidi dirigirme a la casa de Marco de una vez, pero para mi desgracia, encontre otra cosa en el camino. Un salon de apuestas.
"Esta borracho, Yo, andate a la casa ya."
Entre al salon de todas formas. Olor a tabaco. Varias mesas, mucha gente jugando, una vacia.
"¿Que haces, Yo? Detente."
-¡Quiero hacer una apuesta! -dije en voz alta. Nadie parecia interesando. Podia mantenerme erguido, pero mi juicio ya era casi nulo. Ya no veia detalles, y creo que ya estaba hablando mal.
"Yo, detente."
-¡¿Que clase de apuesta?! -dijo desde una mesa un viejo riendo ruidosamente con voz de borracho.
-De "Azar". ¡48 rorintios y 70 cobres! -grite. Todos se quedaron callados repentinamente durante unos momentos.
Hubo gente que empezo a reir. Hubo gente que quedo mirando, y hubo gente que se intereso y se acerco. Y de la gente que se intereso, todos parecian poseer dinero. Todos bien vestidos. Todos con las manos bien cuidadas.
"Te lo adverti. Vete a la mierda, te quedas solo."
-Acepto tu apuesta. -dijo uno interesado, al cual ya nisiquiera podia distinguirle la cara. Y de inmediato otras cuatro personas tambien aceptaron. Pedi una baraja, y los demas pidieron una botella de vino. Querian ponerme borracho, lo sabia, pero yo era mas listo que ellos. *Hic*. No caeria en su juego sucio.
Deje la bolsa con monedas sobre la mesa, y los demas igualaron la cantidad. Mas de 292 rorintios en total. 2 ocatos, 92 rorintios, 20 cobres. Nunca vi tanto dinero junto. Se veian confiados, se veian sonriendo. Seguro pensaban que podrian quitarle el dinero a un pobre diablo como yo.
La gente curiosa se paro alrededor de nuestra mesa, esperando ver el resultado del juego. Una de las personas del salon logro pasar por entre la multitud para organizar el juego. Explico las reglas.
"Azar es un riesgoso juego de cartas de cualquier cantidad de jugadores. Se hace una apuesta con un monto que todos los jugadores deben igualar y se juega. Las cartas recibidas, 4 por mano, son elegidas por el jugador de la baraja sin saber cuales son. Un observador verifica que no se haga trampa, y en caso de atrapar a alguien en el acto, sale del juego sin llevarse el dinero que dejo. Son 5 partidas y el que gana mas puntos se queda con la mayor cantidad de dinero. La gracia es que las cartas tienen un distinto valor que aumenta rapidamente. El rey vale 1. La reina vale 1. La jota... 2. El 10, 3. El 9 vale 5. El 8 vale 8. El 7, 13. El 6, 21. El 5 34. El 4 55. El 3 89. El 2 144. Y, finalmente el As 233. El joker tambien se incluye en el juego, y toma el valor de la carta menos importante en la mano. Al final, se suman los puntos obtenidos. El que tenga mas puntos se queda con una parte del total de dinero en proporcion a los puntos que obtuvo. El segundo, se queda con otra parte segun su puntaje, obviamente mas pequeño, o todo lo que queda si el primero tenia muchos puntos y sobro poco. Si aun sobra dinero, el tercero, si lo hay, saca otra parte. Es raro que mas alla alguien llegue a tocar algo, y se vuelve a repartir todo en el caso de que aun sobre. La excepcion es si el primero obtiene 800 puntos. Entonces, el se queda con todo el dinero, y si supera los 800 los demas deben compensar con aun mas dinero del que apostaron. El que tenga menos puntaje debe pagar mas. Si el segundo tambien alcanza mas de 800 puntos, puede recibir una parte proporcional a su puntaje con un tope maximo equivalente a su apuesta individual. Si el primero logra mas de 1000 puntos, recibe el DOBLE de todo el dinero apostado, con 1200, el TRIPLE y asi sucesivamente."
Mas que un juego, era solo una apuesta complicada. Una vez iniciado debia terminar. Si el primero obtenia mas de 800, nadie podia ganar mas que lo que aposto.
¿Por que la gente juega entonces? Confian en Destino, una de sus divinidades. Es un riesgo alto, casi se obligaba a que se ganara mas o perdiera todo. La suerte de uno contra la de otro. Los ricos tenian aun mas razon para jugar.
Pero aunque mis divinidades fueran otras, yo iba a ganar. De alguna forma iba a sacar 4 aces las cinco veces con mis poderes psicolocos, y tendria una ridicula cantidad de dinero asegurada. O al menos eso creia. Lo averiguaria en solo 2 minutos.
¿La primera ronda? 8, K, 4 y 10. 66 puntos. ¿El que mas puntos gano? 165. Cai en la cuenta de lo que estaba haciendo. Pense en que iba a perder los 48 rorintios que tenia. ¿Como se me ocurrio hacer algo tan estupido?
Pero no podia detenerme ahora. Ya habia sellado mi destino. Y con toda esta gente alrededor, no iba a poder hacer nada inteligente. No podia agarrar mi bolsa y salir corriendo.
Solo me quedaba perder.
Hacia el final, solo alcance 490 puntos. Y con eso llegaba solo en cuarto lugar. ¿El primero? 775, y al sacar sus cartas, sonrio.
-Tengo un 2. -y dejo las cartas sobre la mesa, mostrandolas para el sufrimiento de todos. Tenia una Jota, una Reina y un 6, pero el 2 lo salvaba. El que iba quinto miro desinteresadamente. Seguro tenia mas dinero, ¿pero yo? Eso era todo.
El observador me extendio la baraja, y saque las cartas mias. Mirando hacia la mesa, las gire para verlas.
Joker. As. As. As.
-¡TOMEN ESO HIJOS DE LA PUTA! -golpee la mesa con tanta fuerza que las monedas saltaron. Los otros participantes se levantaron de sus sillas de la impresion.
-¡Este infeliz hizo trampa! -le grito uno de ellos al observador. Este nego con la cabeza.
Nadie del publico dijo ver nada.
Casi cayendome de la silla, tan mareado que debia sostenerme con la mesa, me guarde todo el dinero. El observador escribio algo en un papel en el que mantenia los puntajes, y finalmente declaro.
-El señor Esteban aqui tiene un total final de 1422 puntos. Esto le da un total de 12 ocatos y 94 cobres, de los cuales 9 ocatos, 8 rorintios y 74 cobres deben ser entregados por los otros participantes. Adicionalmente el señor Hansel logro un total de 943 puntos, lo que le recompensa un total de 34 rorintios y 82 cobres.
Todos me miraban enojados. Todos reclamaban que hice trampa. Pero a final de cuentas, pagaron todo. Por primera vez en mi vida toque una moneda de oro puro. Tenia tres de estas, el resto pagado en monedas de 50 rorintios o menos. Pero apenas tenia concentracion para darme cuenta de esto. Asi como si nada, tome todas mis ganancias y me fui del lugar, cargando con bolsas pesadas de plata como si fueran de cobre.
Choque con una persona afuera. Choque con otra. Pronto me iba apoyado en la pared, la pared negra, sin saber a donde iba. ¿Donde estaba la mansion? No me importa. Si queria me compraba una casa propia.
Sentia nauseas, todo estaba borroso, la cabeza me empezo a doler y... empece a vomitar. A vomitar conejos. Trate de alejarme de ellos, pero me perseguian. Querian atraparme, robarme mi dinero bien habido.
Corri tanto como pude y di vueltas en callejones y calles de un laberinto, mientras seguia escupiendo conejos. No podia perderlo todo ahora. La casa de Marco, de Macro, de Marco, ¿donde estaba? ¿donde estara?. Me alcanzaron, los conejos me alcanzaron, me empezaron a golpear. ¿Donde estaba Malo? Trate de disparar, del revolver salio humo rosa. Se disparo, se disperso, que disparate. Cubrio mi vision.
La vida era rosa.
Los conejos me roban. Los conejos se matan. Se mataran con su dinero por mis golpes. ¿Donde esta Elisa? Uno de ellos me mato, por cierto. Cai por el espacio. Una tortuga parada sobre otra, hasta el infinito, y llegue al final, y ahi me quede.
Los 10 pequeños conejos se fueron. ¿O volvieron a mi interior?
Yo me robe a mi. Yo fui el asesino. Y entonces no quedo nadie.
¿O no fue asi?
Recuerdo que me robaron. Todo el dinero que tenia.
Recuerdo que gane la pelea, y ese dinero use en la apuesta.
Recuerdo como los guardias casi encontraron el revolver...



-Si, lo vi anoche. Hicimos una apuesta de punteria. Me gano. Parecia buena persona... -dije luego de recordar al sujeto.
-Un hombre que esta ayudando a los del oeste... Debe estar bastante desilucionado con los humanos. -dijo Marco riendo. Estaba notablemente mejor.
-¿Te dijo su nombre? -me pregunto Italo intrigado. Iba a negar con la cabeza, pero me dolio solo con la idea de moverla. Ese medico podria haber atendido a mi tambien.
-No. Hablo lo menos posible. Pero como dije, no dio la impresion de ser un asesino. -hablando de impresiones, debo acordarme de comprar mas balas.- ¿Ocurrio algo mas en su encuentro?
-Lo atravese con la espada. Estuve a punto de matarlo, pero... algo, aparecio de la nada y se lo llevo. Asi como el cuervo desaparecio en la mansion. No pude ver que era.
-Ya veo... -un cuervo, un humano, otra criatura...- Deberiamos mantenernos unidos de ahora en adelante, siempre preparados. Asi como estamos no tenemos posibilidad de hacerles frente. Mucho menos si cada vez van agregando mas... "gente". -pause por un momento, pensando en que hacer.- Como dije... creo que Malo estuvo con el. Si es asi, podemos seguirlos.
-¿Como? ¿Con Malo? -me pregunto Dalia. No conocia a Malo...
-Malo es un muy buen rastreador. ¿Sabes lo dificil que es encontrar a una persona en las ciudades grandes? El es la razon por la que ser cazarrecompensas para mi es un trabajo viable. Quizas podriamos organizar un ataque sorpresa contra ellos, aprovechando que uno de ellos esta herido...
-No lo se... El cuervo por si solo es muy fuerte. Ese otro bicho quizas cuanto. Y el pistolero solo necesita los brazos para apuntar...
-Si los evitamos solo se volveran mas fuerte.
-Pero nosotros tambien nos volvemos mas fuertes. Aldara ya puede hacer formas con el agua, por ejemplo. -Marco levanto un poco la cabeza para mirar hacia el otro extremo de la sala.- Pienso que deberiamos buscar a Cregh ahora y... ¿descansar por hoy? O quizas seguir hacia Havenstad.
-Ya me adelante. Alla esta Cregh. -dijo Marco señalando a una figura que estaba cruzando sigilosamente la sala.

Lo que vimos en ese entonces nos perseguira por siempre en nuestras pesadillas.

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Borre la historia 2 veces porque no me gusto como quedaba. Al final decidi dejarla asi.
Azar es mi pobre excusa para multiplicar el dinero facilmente sin pensar en algo mas. Nisiquiera es un juego.

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25 Re: R.O.L. Beta el Lun Jul 28, 2014 12:30 am

Ítalo



Abrí los ojos lentamente,respiré hondo.Traté de levantar la cabeza,de reincorporarme,pero fue imposible.Reí,recordando que Craster era sinónimo de despertares difíciles.Ahora el sol ya se había levantado e iluminaba la ciudad con su cálida luz,la cuál nos da todos los días desde que el mundo es mundo.El calor que me proveía pasaba por mis prendas y me daba un poco de vitalidad al mismo tiempo que recuperaba la sensibilidad de todo mi cuerpo.

¡Dioses!Mi cuello parecía haberse transformado en piedra.Apenas podía realizar un movimiento,y si lo forzaba demasiado se anulaban todos mis sentidos por el agudo dolor.Cuándo me sentí lo suficientemente humano para despegarme del suelo,lenta y suavemente me reincorporé.

Algo,algo no iba bien.Lo sentí una vez que mis pies se alinearon con el piso y el sol me dió en la cara. Algo no andaba nada bien. No quise pensar demasiado,todavía tenía que ayudar a Marco y no tenía idea de cuánto tiempo había pasado.Pero no puede evitar ese suave eco que se tornaba cada vez más violento,que solo era opacado por el dolor en mi cuello.¡Dioses!Lo que me haya golpeado no estuvo demasiado lejos de romperme el cuello.

Volví hasta donde estaba Marco, donde ya estaba siendo ayudado por Aldara y también vi a Dalia a lo lejos. Me limité a ayudar a cargarlo y no abrí la boca en todo el viaje.

Dioses,volví a pensar,algo no andaba bien.

Una vez en la casa de Marco fue recibido por su gente,que lo trato sus heridas en sus pies. Se senté en el piso con el rostro clavado en el piso.

Miré al resto,moviendo lo menos posible el cuello.Luego de un pequeño silencio,comenzamos a atar los cabos sueltos de la noche.Lo que conto Lang no ayudó a esa sensación que tenía.Para nada.Era extraño,pero no era algo desconocido.Era la sombra,algo con ella,estaba seguro.Se sentía diferente,pero la forma en que alteraba mi cuerpo,como cargaba mi respiracion y cómo mi corazón se aceleraba.Apretaba mis puños queriendo que mis dedos traspasaran las palmas de mi mano.Al no lograrlo,las relajaba y a los segundos volvía a empezar.La tensión se corto al ver a Cregh entrar por la puerta.La risas se mezclaron con un poco de lastima,pero fueron más risas que cualquier otra sensación.

Cregh preguntó donde podía cambiar y se fue sin decir más.



Luego de un corto silencio todos los que podíamos nos paramos y nos dirigimos hacia donde nuestros pensamientos habían estado ubicados desde que despertamos.

Fui hasta la barra,donde había pasado la noche con Marco.Realmente tenía una gran colección de diferentes alcoholes detras de la barra.En cantidad,calidad,ediciones únicas.Era Marco,sabía divertirse.

Busqué detrás de la barra la bebida puntual que estaba buscando y no tardé mucho en toparme con ella.Su brillante lila carácterístico chocó con mis ojos,allí estaba la botella de Vera.Llené un vaso hasta el tope y tome asiento. Agarré algunos frutos secos que había cerca de mí y mire las botellas de nuevo.

Seguía sintiendo esa extraña sensación de ansiedad, mezclada con algo más oscuro. Pasaba por mis dedos impacientemente los frutos secos,sin quitar la vista de las botellas de mi primo. Risas ocasionales recordando el vestido verde de Cregh y los tragos de Vera eran lo único que me distraían de esa extraña sensación, que no dejaba de ser familiar.
El (negrita) Vera era conocida entre la gente que frecuentaba el alcohol y su trato rayaba el abuso. Su efecto era algo así como un vaso de agua en el desierto; en los amaneceres difíciles uno tomaba Vera para recuperarse de lo que sea que había hecho en la noche anterior. Poseía un color lila, que se transparentaba, creando una sensación extraña en quienes la mirasen. Su sabor dulce adormecía la lengua, su aroma curaba cogestiones y sus pequeñas burbujas reactivaban el cuerpo. Nadie conocía bien de que estaba hecho y tampoco nadie quién lo hacía. Simplemente estaba ahí, exhibiendo su mágico color. Más de uno aseguraba que tenía alcohol dentro de sus ingredientes ya que al tomar más de un vaso generaba un efecto parecido, pero un tanto extraño, al del alcohol. Pero no faltaba la leyenda del amigo de un amigo que abusaba del Vera y tenía una muerte horrible y lo bastante dolorosa para que todos mirasen al Vera con otros ojos.
Sin embargo, formaba parte de mis desayunos de mis amaneceres complicados. Aunque jamás había tomado más de un vaso, ni siquiera en las primeras mañanas en las que descubría la sombra.
Mi mirada seguía perdida en las botellas de Marco.Sorbo a sorbo el Vera se fue acabando,y la ansiedad apaciguando.Esta sensación se iba asimilando,no desaparecía,pero se volvía soportable.De alguna manera sabía por que se producía y a donde me llevaba.Lo sabía,pero no podía decirlo en voz alta ni aunque estuviera solo en medio del desierto más seco.

Unos leves crujidos sonaron a mi espalda.Volteé para ver y allí estaba Marco sentado en una silla sostenida por 2 ruedas de madera y ambas pies vendados.Recordaba haber visto ese tipo de silla no hacía demasiado,en Veringrad,la capital,durante un torneo de arqueros. En su mirada no encontraba dolor por sus heridas aunque tenía una extraña mueca de seriedad extrema.

-Marco.
-Ítalo.-dijo y se produjo un silencio bastante largo-¿A esto... es lo que te enfrentas,cazador?

Incliné en vaso para buscar un último trago de Vera pero estaba vacío.

-No entiendo como fue que te metiste en esto,pero entiendo que no podes salirte así como ási.
-No puedo salirme. Y tampoco siquiera lo pensé.
-Todo esto...No me parece más que una excusa.
-¿Excusa?
-Creo realmente en la profecía,Ítalo.Esto no es por el dinero que te ofreció aquel señor de tierras.Es imposible, ilógico.

Medité unos segundos.Si,tenía razón.Que un del Valle de mi linaje aceptara la misión suicida por monedas rayaba la estupidez extrema.

-Si,hablas con razón,primo.
-No creo además que una masa negra aparezca de la nada patearte la cabeza solo de por dinero.
-¿Masa negra?¿Viste acaso que fue lo que me golpeo?
-Sabes-rió-estaba agonizando y estaba también un tanto lejos.Pero parecía un hombre,vestido completamente de negro.

¿Otro hombre más?

-¿Acaso no era un cuervo?-indage
-No doy fe a lo que vieron mis ojos,pero estoy bastante seguro de que era un hombre.O al menos algo de proporciones normales.

Se generó otro silencio.

-¿Sentís lo mismo que yo acerca de todo esto?-dije mirandolos a los ojos.
-C-creo...-no había notado lo pálido que Marco estaba-creo que no estan a la altura,que no estan listos.-meditó unos segundos y movió la cabeza -Si,es lo que siento.
-Siento lo mismo-dije sin más rodeos-Necesito estar a mi máximo y nisiquiera sé si así será suficiente.
-Si,-Marco sabía que era lo que necesitaba,y volteó-pero yo creo que pueden lograrlo.¿Sabes? en las profesías los elegidos nunca son unos ínutiles,debe haber algo escondido en tu grupo.

Movió su silla con ruedas y me dirigió hacía la sala del Valle.Así la llamabamos entre las familias,era donde se guardaban las armas y todo lo que podía servir para guerras y/o cacerías.

-Hey,¿estas bien?-le pregunté
-Si...supongo.Duele menos de lo que parece.

Recorrimos unas salas hasta casi el fondo de la casa. Atravesamos una cortina roja,bastante pesada,  e inmeditamente después estaba la sala del Valle.

-¿Tus compañeros no necesitarán algo de acá?
-Lo dudo.Y mucho.

Como era de esperarse,sin dejar de hacer juego con el resto de la casa,la sala del Valle tenía alfombras rojas,con detalles naranjas y algunos rombos azul marino dando vueltas.Las paredes de piedra grises sostenían las armas favoritas de Marco,las espadas.Hacía el final de la habitación,sobre la derecha,un escritorio con unos mapas,instrumentos de medición,una taza y 2 libros abiertos.Justo detrás una biblioteca de unos 2 metros de altura.

Ayudé a Marco a subir un pequeño escalón que tenía la sala,hacía la mitad de la habitación.Él sonrió y se apuró a dirigirse hacía la biblioteca.

-Te leo el pensamiento,primo.Sé muy bien que mi colección de espadas y dagas te dan lo mismo que un libro de cocina.Vas a tener que ayudarme con estos,están en lo más alto de la biblioteca y me es imposible pararme.
-¿No tendrás revólveres,no?-lo amenace riendo
-Claro que no-rió-Son un instrumento frío...nada como atravesar un pecho de un enemigo con un daga,primo.Además,una persona en una silla con estas ruedas y revólveres,¿no te suena absurdo?

Rodeé el escritorio y señalé.

-¿Allá arriba?
-Si,por ahí hay un pequeño escalón para llegar.

Tomé el escalón.

-Insisto en que papá te pague lo que corresponda.-Marco rió casi a carcajadas.
-Ítalo,por favor,nisiquiera los tomaste todavía.Espero que todavía recuerdes los colores.

Allí estaban los pergaminos.Tomé un par de los verdes,y otro par de los morados.Tomé también un pequeño cinto,que se coloca en la zona lumbar para guardar los 4 pergaminos.Los 2 tipos de pergaminos que tomé eran de función doble,se necesitaban 2 pergaminos para que funcionase todo.Uno de ellos,el que se adhería a la piel, era el remitente.El otro,el que se marcaba la duración,el receptor.
Los pergaminos son casi una marca registrada de los del Valle,la genética de la familia prácticamente anula la posibilidad de ser mago o manejar algun tipo de arte sobrenatural.Los médicos a lo largo de nuestra historia nos han dicho lo mismo,es un problema de sangre.La sangre que corre por las venas del Valle,es muy espesa y pesada,cuando los magos entre sangre más ligera mejor se desarrollan en estos artes.Los casos de magos en la familia son muy escasos y puntuales.Tan especiales como polémicos y controversiales.Involucraban las ideas de infidelidades en el mayoría de los casos. A esos magos,se los alejaba de la familia suponiendo que no era un auténtico del Valle.En la extensión de nuestra historia la idea de mantener la familia lo más pura posible se mantuvo presente,siendo los que más carácteristicas parecidas al primer del Valle mantenía mayor status suponía.De todas maneras,se buscaban familias de sangre alta que fueran magos para adquerir esa cualidad en los del Valle,pero siempre nuestra fue incompatible.Por eso es que estos pergaminos eran utilizados por los del Valle,ante la imposibilidad de utilizar magia,se compraban los pergaminos que replicaban el efecto de la magia.Suponía un gasto carísimo,por lo que los del Valle era uno de los pocos que los utilizaban.
Estos pergaminos eran hecos por magos específicos. No puntualmente poderosos,sino que conocía como pasar su magia a un pergamino de efecto temporal.

De momento los guardé en mi carcaj vacío,el cinto que tomé era de uso casi exclusivo en batallas.Los pergaminos que había tomado eran de transportación y uno de repulsión de magia.Verde y morado,respectivamente.

-Recuperar la última piedra del oeste,será una buena prueba para ver si estoy a mi máximo.-dije hablando solo
-Ciertamente lo es.Me pregunto que habrá allá abajo.
-El tesoro de mil familias,pero a mi solo me interesa una cosa.
-La piedra del rayo,si.Tus pinturas,tus demonios internos.Todo esta conectado a esa piedra,no?
-...-no salían palabras de mi boca.No podía creer como Marco me conocía más que a mi mismo.Era capaz de poner en palabras lo que veía cuando cerraba los ojos,esos movimientos de sombras bajo mis párpados,cada escalofrío,cada gota de sudor frío,cada noche de insomnio,que cada vez que intentaba decirlo en voz alta mi lengua se acalambraba,que cada vez que pensaba en las letras que formaban la palabra mi mente colapsaba.-S-si...si...esta conectado...de alguna manera.
-Lo sé,primo,todo esto que te pasa no es ninguna coincidencia.¿Sabes?Creo que de todo lo que paso en tu vida,nada fue una coincidencia.
Recordé a mi reina.¿Qué sería de ella ahora mismo?Recordaba el tierno látido de su corazón pegado a mi pecho.
-Cada detalle que se me ocurre que pasamos juntos es como solo te hubieran guiado a esto.
Le había prometido un castillo,un reino para ella,para nosotros.Era solo una puta,sexo,pero de alguna manera llegaba a opacar mis pensamiento de la sombra,wendagon,el cuervo y hasta el hedor de sangre y muerte de Laertes.
-Por eso,realmente creo que eres el elegido.El cazador,el que cortará el cuello de cada uno que intente despertar a la bestia del este.Y si no tampoco es coincidencia que hayan roto los pies del primo más guapo y hábil.Es para que no te robe el protagonismo-rió,aunque luego su expresión se volvió seria-Sé que lo sabes,pero esto no es juego.Supongo que todo lo que conocemos esta en tus manos,primo.Y a pesar del poderío del enemigo,confío en que los elegidos tienen su razón de ser elegidos.Algo,adentro tuyo y de tus compañeros.Podría ser ese sentimiento que tanto sientes,no lo has pensando?
-De hecho,no lo he pensado.¿Piensas que el resto siente algo parecido?-dije algo distraído.Seguía pensando en su piel sedosa.También recordé el cuadro de Wendagon.
-Quién sabe,no lo sé.Solo espero que alguna de tus amigas sienta amor por mí.-volvió a reir.Yo también reí.Su sonrisa parecía verdadera,pero aún tenía un tono pálido enfermo en la piel.

Revisé por muy generalmente el resto del arsenal de Marco,pero nada llamo mi atención.Pensé en las flechas que debía comprar,también en las hierbas que podría mezclar para preparar venenos.También pensé en que débiles parecíamos enfrente del cuervo,ahora sumado con un pistolero humano y otro ente misterioso más.
Marco me interrumpió llamandome.

-Hey,por más que se que te gusta tirar flechas como si no hubiera mañana,tomala al menos como un regalo o un amuleto de buena suerte.

Marco le alcanzó una daga con su funda.Era curva y parecía bastante buen arma en general.

-Le daré un buen uso,de alguna manera.
-Me gustaría que la conserves bien,pensa en mí.No pido que mates a nadie con ella,pero mantenela hasta la última instancia.
-Hecho,primo.-le sonreí-Poniendonos en tema-carraspeé-Debemos partir hoy mismo.
-¿No te quedarás hasta el final del festival?
-No...no esta vez.Ya vimos de lo que son capaz,separarnos y meter alcohol en la ecuación no es una buena idea.
-Bueno,si.No hay demasiado que reprochar.

Le dije que si veía alguno de los chicos que los retuviera hasta la tarde en su casa.Saldríamos justo antes de la puesta de so,justo antes de que el festival explote.
Salí de la casa de Marco,caminando tranquilo como rara vez en mi vida.Mis pasos no era duditativos y mi cabeza no estaba perdida en algún otro mundo.Estaba sobrio en Craster,eso también era raro.
Permanecía tranquilo,ningún pensamiento que fuera respecto a mi optimización no iba a ser admitido.Mi cabeza estaba algo gacha,con los ojos clavados en el piso,solo apenas mirando arriba de mis pasos para saber donde iba.Pero estaba tranquilo.
Precisamente Craster no era una ciudad donde abundace las armas,siempre se caracterizó por ser muy pacífico aunque,como toda ciudad grande, nunca faltan las armerías.Necesita flechas,como primer punto.Con un poco de suerte conseguiría las cosas en unos pocos puestos.A pesar de la tranquilidad que vivía no me apetecía caminar demasiado.
La gente se movía rápido,apurada,ansiosa. Sus pies parecían dar pequeños saltos de alegría,de tal manera que casi olvidaba los asesinatos de horas antes.Mi mirada se mantenía baja,por lo que no pude ver las caras de los habitantes,sin embargo las imaginaba.Imaginaba una extraña luz en sus caras,inopacables.Notaba fuerza,ganas de vivir.Tal vez estuviera en el aire,como la sangre de Laertes.Pero esto era diferente.Planteé quedarme con los demás 2,3 días.Lo más probable era que el cuervo se hubiera ido,también pensé que si nos manteníamos sobrios podríamos combatirlo.Tal vez podríamos conseguir alguna cura y esperar a que Marco se recuperé y nos acompañe.Significaría agregar un sexto personaje en nuestra línea de defesa del Oeste,contradiciendo a Wendagon. Pero que Marco nos acompañase no podía ser malo.
Tan rápido como me di cuenta que me había sumergido en pensamientos laterales intracendentes,encontré una armería.
-Mierda-pensé-qué fácil me pierdo en estas cosas.


La tienda era atendida por un largarto bastante pequeño.Tenía bastante mal humor,aunque al verlo sentí esa luz con la que imaginaba a todos en Craster.

-Flechas,¿qué tenes?

El dueño de la tienda me trago un par de ejemplos de flechas. Elegí las más pesadas y también las más caras.Llevé 40 de esas,por un par de ronritios.Curiosé un par de cosas más,pero me parecieron obsoletas.Por suerte,no vi revólveres.Justo antes de irme,encontré una bolsa para agua con un diseño bastante bonito.Tenía unos detalles en rosa,y una leyenda en un azul ultramarino.No entendía que decía,pero me gusto para Aldara.Supongo que serviría para subirle un poco el ánimo a pesar de que no la conociera,no saber si le gustan los regalos,o tal vez nisiquiera lo necesitaba.Quizás odiaba los regalos.
Caminé otro rato,ya se iba haciendo tarde.Mi ojos habían subido un poco,ahora podía ver hasta la cintura de la mayoría de las personas.En mí cabeza seguía sintiendo esa luz en su vida,que parecía el reflejo del sol,directo en mi cara.La sensación no se disolvía con el tiempo,el viento soplo,las nubes caminaban,la gente vivía. Y yo no podía encontrar lo que necesitaba.
-Tenés flechas-me dije-el resto son excusas.
Hacía más bien años que no experimentaba con pólvora y otros elementos para las flechas.Noté que el sol seguía bastante más alto de lo que lo recordaba.Tendría hora y media antes de volver a lo de Marco.
Giré 2 veces a la izquierda y en una esquina crucé a Dalia.Estaba sentada,bastante tranquila.Estaba comiendo algo y parecía estar luciendo ropa nueva.La saludé con la mano al ver que ella también estaba saludandome.Poco a poco las calles se iban a llenando de gente que pegaba saltitos de alegría.
Un mago a lo lejos empezaba a desplagar sus luces que danzaba y iluminaban la noche.¿Faltaba tan poco para el anochecer?
Me caminé un poco más rápido y encontré otra armería.Donde sí había un revólver en vidriera.
Abrí la puerta sin tocar y me recibió un humano.Bueno,un casi-humano. Tenía metal en su cara como recreando su rostro antes de que pasase lo que sea que le paso. Tenía una luz en un su ojo derecho.

-Señor.-dijo en voz alta y clara.
-Pólvora,de la explosiva,de la mejor calidad.

El casi-humano asintió y fue hacía la parte de atrás del negocio.Volví a echar un vistazo y encontré un bolso ideal.Lo puse sobre el mostrador,junto con los pedazos de tela,e hilo necesario.La cosa volvió con un puñado de pólvora gris. Era bastante brillante y más clara de lo que recordaba.Le solicité otro puñado más.Me miro extrañado,pero la ausencia de expresiones en mí lo hizo volver hacía la parte de atrás del negocio.Podía tener una luz en su ojo derecha y mitad de la cara hecha de metal,sin embargo entendía eso a la perfección.
Volvió con otro puñado y me clavó su mirada artificial.

-Perfecto.

Metí todo en el bolso,incluidos los pergaminos que había acomodado en el carcaj ahora lleno.La pólvora había aumentado bastante,por que todo costo unos 10 rorintios.Coloqué el bolso transversalmente a mi torso,casi paralelo al carcaj. Le sonreí al humano de metal y me dirigí sin más distracciones a la casa de mi primo. Recogí una flor amarilla salvaje puntualmente llamativa. Tenía conocimientos de hiebras salvajes,pero creía nunca haber visto esa flor.La sostuve en mi mano izquierda hasta que llegue a lo de Marco.
Allí estaban todos,esperandome a mí.
Vi como Dalía seguían con sus prendas nuevas,Li acariciaba a un caballo y como Cregh sonreí.Aldara estaba con la cabeza un poco gacha.En el medio,Marco en su silla moderna.
Sin decir nada,levanté la cabeza para atrás en señal de saludo general.
Marco iba a decir algo,pero antes de que pudiera abrir la boca,le di la flor.

-Tu si que sabes como conquistar a una dama,primo.-dijo sonriendo.

Recordé el bolso de Aldara.Lo desprendí y se lo alcance.

-Hey,es para ti.

Aldara lo recibió con sorpresa,pero solo largo un gracias en voz baja.Miré de nuevo a Li,que seguía acariciando a un caballo blanco.Su gato Malo parecía molesto.

-Celos-dije por lo bajo.

Me acomodé y me paré derecho.

-Debemos irnos hoy mismo,todos sabemos de qu-
-Marco nos contó,estamos listos para irnos.Todos tenemos lo que necesitamos-me interrumpió Cregh.

Li se subió a la carreta a la que estaba atado el caballo blanco.

-¿Vamos?-inquirió
-¿Qué?¿Eso es tuyo?
-Sip.Todo mío.Y de Cregh en menor medida.

No sabía como sacaban una carreta de esas propociones y 2 caballos de la mañana a la tarde.No discutí y subí mis cosas a la carreta.Todos se acomodaron dentro de la carreta.Li tomo el mando luego de atar al segundo caballo(este era negro) que estaba a unos metros alimentandose.Bajé de la carreta para despedirme de Marco.

-Espero que la próxima vez que nos veamos,el mundo sea un lugar mejor.
-Lo será. Y quedará mucha Crystalina que tomar.
-Y muchas mujeres que amar.
-Y muchos pies que curar.

Marco rió y lo abracé para despedirme.Me subí a la carreta y partimos hacia nuestro próximo destino,Havenstad.

-HALE,DEL VALLE!-gritó Marco desde lo lejos.Se me plantó una sonrisa que tardó mucho tiempo en deshacerse.

El sol todavía no se había puesto,estabamos saliendo justo antes del anochecer.Justo antes de que la noche de festival explote.


La carretera avanzó rápidamente bajo la noche.Una noche muy quieta,un silencio que decidimos no romper.La luna brillaba intensamente,brindandonos una luz blanca que cubría el camino.Tal vez eran las 10 de la noche cuando decidimos para y acampar.Li no solo había conseguido la carreta,sino que había comprado comida y mantas para todos.Se ve que se encontraba de buen humor.Seguímos sin romper el silencio de la noche,una suave brisa y la luz de la luna eran las protagonistas. Las chispas del fuego que habia encendido Cregh pedían crecer más y más,pero se mantuvieron en su sitio.
Esa noche me costó dormirme,aunque no sentía nada. Estaba tranquilo,o eso creía.Era un vacío,pero confortable.
Recordaba que Cregh miró al cielo y dijo justo antes de conciliar el sueño.

-Llegaremos con una tormenta pisandonos los talones.

Sentí como en la noche el viento se soplaba más suave,más cálido. Soñe con nubes grises acercandose.Eran de un color muy parecido al cuadro de "La verdad los hará libres". Desperté justo antes que Dalia.Una fracción de segundo antes.

Estaba pálida,transpiraba sudor frío.Estaba llorando.


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DAWG


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